Hoy

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Autor: Antonio Tinoco
Región
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Antonio Tinoco Ardila | 27-05-2015 | 7:25| 0

 

Es cierto, el viajero que desde su tierra haya llegado en los últimos tiempos a nuestra Región habrá sentido una sensación de desaliento que tal vez no le resulte nueva y le recuerde que allí de donde viene también la sufre. Sin embargo, si ha permanecido tiempo entre nosotros –mucho más si ha echado raíces y se ha quedado a vivir– pronto se habrá visto sorprendido por un decaimiento del ánimo cuyos síntomas son propios de nuestra Región, porque se habrá abatido sobre él sin previo aviso, y porque tal vez sólo lo habrá podido comprender si compara lo que le ha sucedido a su espíritu con la fatiga de otro viajero que atraviese desorientado y sin apenas víveres un desierto que parezca interminable.

Los ojos del viajero que desde su tierra haya llegado en los últimos tiempos a nuestra Región le habrán abocado irremediablemente al desconsuelo: habrán visto un panorama áspero, como si todo el desierto que se encontró ante sí fuera una llanura sin encanto, la extensión indómita de un mar de yeso.

Pero también es cierto que al viajero que desde su tierra haya llegado en los últimos tiempos a nuestra Región le han salido a su paso incansablemente noticias que han pretendido conducirle a pensar que nada de lo que estuviera observando era verdad. Se habrá visto rodeado por un ruido aturdidor como el de una lluvia que no escampa desplomándose sobre un techo de hojalata, como un telégrafo que trabajara sin respiro en la construcción de un edificio de palabras hueras escritas a golpe de tambor. Y todo para crearle al viajero la humana tentación de que se cobije en él para descansar de tanta intemperie. Muchos han estado trabajando para persuadirlo de que puede vivir ahí, en esa cuna mecida con sus cuentos, bajo la condición indefinida de huésped, y en la que no ha habido día en que le haya faltado el producto del laboratorio que crea incesante una realidad feliz.

Y así, el viajero que desde su tierra haya llegado en los últimos tiempos a nuestra Región habrá estado condenado a vivir entre las cosas crudas que le han mostrado sus ojos, y la salmodia de quienes le han estado atosigando sin sosiego para que abandone su juicio a su dictado; para que se les deje manejar su capacidad de ver y juzgar lo que ve; para que se la entregue a ellos con la promesa de que la mantendrán en un permanente deslumbramiento ilusorio.

Sólo la memoria habrá salvado al viajero de caer en el estupor por no ser incapaz de distinguir qué Región es la verdadera: si la que ve, siente, vive y comparte con sus habitantes o aquella otra que ha surgido desbocada de la industria de la invención. Ya lo dijo Juan Benet: la memoria es un dedo tembloroso. Recorre sin prisa y en silencio el mapa de lo que hemos llegado a ser. Avisa de las llanuras sin encanto y ayuda al viajero a superar el desaliento que supone atravesar desiertos interminables como un mar de yeso.

Y ventea la impostura como un perdiguero.

La memoria. El último domingo volvió a nuestra Región y levantó su dedo tembloroso.

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Pájaros
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Antonio Tinoco Ardila | 20-05-2015 | 8:22| 0

El día en que los ciudadanos estaban llamados a votar, el candidato se despertó a las 5.30 para esperar, impaciente, la llegada del repartidor de los periódicos. Había soñado que se encontraba en el teso de una dehesa, que caía un calabobo que picoteaba en su cara como una ducha tierna y que una bandada de pájaros cruzaba sin tropezar entre las encinas. Eran pájaros negros, cuervos quizá.

Al despertar notó un amargor en el paladar porque la noche anterior él y algunos de los suyos habían festejado, tal vez con un gin-tónic de más, el fin de la campaña agotadora en la que había recorrido Extremadura en busca de los votos sin dueño. Y junto al rastro de alcohol no pudo evitar sentir que aquellos pájaros habían llegado al sueño con la fuerza del presagio de un desastre. Lo sintió a pesar de que nunca creyó en supersticiones y de que su madre –que sobre los sueños decía que eran fogonazos de futuro que cualquier persona prudente tenía la obligación de saber interpretar–, le había asegurado siempre que los pájaros en los sueños eran el anuncio de un tranquilo porvenir.

Pero ni siquiera el recuerdo acogedor de su madre y de las dulces locuras a las que le llevaba su imaginación volandera logró disipar aquel pálpito aciago. Tampoco fue útil el café cerrero con sabor a fondo de puchero que, como esa mañana de vísperas, algunas veces se preparaba por el gusto de recordar los cafés de los tiempos del contrabando: allí seguía, indeleble, la imagen de los pájaros negros rompiendo el paraíso de la dehesa bajo la llovizna.

En su casa reinaba el silencio denso que se posa sobre los objetos cuando todos duermen. Miró el reloj. Todavía no eran las seis. Echó de menos los periódicos. Con la taza en la mano, el candidato se asomó a la ventana. El día en que los ciudadanos estaban llamados a votar estaba amaneciendo. Volviéndose, recorrió el salón con la mirada. Se acercó a la estantería en la que, junto a fotos familiares y recuerdos de viajes, estaban los libros que había ido reuniendo durante años. Se topó con ‘La crónica de una muerte anunciada’ y no pudo evitar que aquel título azuzara en su cabeza la sensación de los malos augurios. Por eso no lo abrió. Se salvó así de leer que el día en que lo iban a matar, Santiago Nasar, el protagonista de la novela, se había levantado como él a las 5.30. Y que, también como él, había soñado con árboles y con pájaros.

Le distrajo el ruido del repartidor deslizando los periódicos bajo la puerta. Sabía que traerían las fotos que le habían hecho el día anterior para ilustrar el reportaje del descanso de los candidatos el día de reflexión. Allí estaba él, fotografiado sonriente en el bar con sus amigos. Y también estaba el otro candidato, su contrincante, a quien le habían hecho fotos en un campo de encinas y, como él, sonreía.

De pronto, como un fogonazo de futuro, tuvo la certeza de que tenía ante sí el abismo de la derrota: al fondo de la foto de su contrincante, junto a la vastedad de la dehesa, estaban los pájaros de su sueño. Cuervos quizá.

 

 

 

 

 

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Gurb
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Antonio Tinoco Ardila | 13-05-2015 | 7:44| 0

El pasado sábado, Antonio Armero, un periodista al que nadie le negará que está tocado con el don de la narración, comenzaba su crónica del primer día de campaña de José Antonio Monago recordando a Gurb, el desternillante extraterrestre que inventó el novelista Eduardo Mendoza. Armero sostenía que si Gurb hubiese estado en el mitin de presentación del programa con el que el candidato del PP quiere seducir a sus paisanos, no habría tenido modo de saber que era el candidato del PP porque apenas hay rastro del partido en su campaña: a veces no está la sintonía oficial, ni el logo en los carteles ni en las fotos del candidato, ni mención en sus discursos. “Yo soy del partido de los extremeños”, contesta Monago adelantándose a quien quisiera preguntarle si está haciendo o no campaña por el PP. Sólo aparecen las siglas y la gaviota como a trasmano entre vespas, un Citroen ‘dos caballos’ ataviado con los colores de la bandera extremeña y fotos de Monago hechas para recordar a la Marilyn Monroe pop pintada por Warhol, puede que pretendiendo que los electores establezcan un paralelismo entre la estrella del cine Marilyn y la estrella de la política Monago, por el que cabe aventurar que Warhol se interesaría de inmediato si resucitara.

En su novela ‘Sin noticias de Gurb’, Eduardo Mendoza hizo que Gurb fuera un extraterrestre que está en nuestro país por una avería de su nave espacial. Picado por la curiosidad de lo que pudiera ocurrir afuera, Gurb sale de la nave y, como procede de una civilización superior y puede encarnarse en el cuerpo de quien quiera, elige para la ocasión el de la cantante Marta Sánchez. A partir de ahí, Gurb confraterniza con los terrícolas españoles mientras su compañero de viaje sale también de la nave y, bajo la apariencia de otros conocidos personajes, lo busca por todas partes, sin éxito.

Armero, en su crónica del sábado, plantea la posibilidad de que Gurb esté entre los asistentes al mitin de inicio de campaña de Monago, si bien no lo encuentra. Le sugiero que no busque entre el público y repare en el propio Monago. Que se plantee la posibilidad de que Gurb ha abandonado el cuerpo de Marta Sánchez y se ha encarnado en el candidato del PP. De que Monago sea Gurb, el extraterrestre. Lo digo porque sólo bajo la hipótesis de que Monago no sea de este mundo puedo entender que haya planteado la campaña como si fuera la creación de un grupo de adolescentes a los que les parece que las mayores preocupaciones de los extremeños sea dónde pasar el fin de semana con su ‘dos caballos’ y los Beachs Boys sonando en el radiocasete. Siguiendo la senda emprendida, y  a la vista de que ya ha pasado por el gimnasio y por la pista de pádel, ¿veremos a Monago con una tabla de surf en Proserpina? Todo puede suceder.

La política es un arcano y, por serlo, hasta es posible que acierte con su política de acné. Pero si fracasa, quizás lo mejor para Monago es que sea Gurb de verdad porque va a necesitar una nave espacial para huir de sus propios compañeros.

 

 

 

 

 

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Asedio
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Antonio Tinoco Ardila | 06-05-2015 | 6:12| 0

 

El pasado domingo se celebró el Día internacional por la libertad de prensa, esa delicada creación de la democracia asediada por enemigos emboscados cuyo denominador común es que, en cuanto se les descubre, se proclaman sus defensores. El último ejemplo del intento de un político de hacernos creer que es posible el doble juego de soplar y sorber al mismo tiempo cuando se trata de la libertad de prensa, tuvo lugar justamente el jueves anterior, cuando el ministro de Justicia, Rafael Catalá, propuso empurar a medios y periodistas que publiquen información reservada –no importa si es de interés ciudadano– y, cuando le llovieron críticas, Carlos Floriano, vicesecretario de Organización del PP, apareció cual Capitán Trueno asegurando que la libertad de prensa es, para el PP, “sagrada”.

Miren lo sagrada que es la libertad de prensa para el PP y el PSOE que incluyeron en la Ley Electoral normas que hacen que se pongan por montera esa libertad al obligar a los medios públicos a que el único criterio válido para informar de ellos mismos durante las campañas electorales sea no el interés de sus propuestas, sino el tan periodísticamente ausente de objetividad como es la proporción de su representatividad política. Y no contentos con eso, obligan en la práctica a televisiones y ediciones digitales –a todas: públicas y privadas— a difundir el montaje de imagen y sonido que elaboran los propios partidos,  con el argumento de que no hay espacio para meter todas las cámaras de las televisiones en un mitin. Como es lógico, los partidos editan su resumen incluyendo en él no el mensaje informativamente más interesante sino el más conveniente para la causa. ¿Periodismo? No, propaganda.

Miren lo sagrada que es la libertad de prensa en Extremadura que cuando hace dos semanas este periódico informó de que el helicóptero del 112 se desplazó a Las Hurdes no para atender a una emergencia en un mitin del PP sino por si acaso la había, un diputado de ese partido se despachó con insultos contra este periódico por osar publicarlo. ¿Sagrada la libertad de prensa? Sólo si me beneficia.

Estamos a cuatro días de que se inicie la campaña electoral para elegir representantes en los ayuntamientos y en la Asamblea. Quizás les convenga saber que entramos en el periodo en el que la  libertad de prensa es más violentada, sin que haya hecho falta que venga el ministro de Justicia para amenazar a los periodistas si publican información de sumarios secretos. No sólo porque es el tiempo de la información por minutos y no por interés periodístico; el tiempo de los montajes y de las declaraciones enlatadas, sin preguntas incómodas. El tiempo en que los partidos quieren ganar votos a toda costa, para lo cual necesitan una Prensa cuanto menos libre, mejor. Y ya se sabe que, como dice la Asociación de Editores citando a Camus, “una Prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad la Prensa nunca será otra cosa que mala”. Algunos disimulan llamándola ‘sagrada’ para que no se les note que, embozados, trabajan en su asedio.

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Hormigón
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Antonio Tinoco Ardila | 29-04-2015 | 7:14| 0

 

Este periódico recogía el sábado el acto de presentación del programa electoral del PP para las próximas elecciones. En él, el presidente de la Junta y candidato de ese partido, José Antonio Monago, expresaba su rechazo a una política de bloques y, dirigiéndose al candidato socialista, Guillermo Fernández Vara, dijo: “Un bloque de izquierdas es lo que quieres… Un bloque de hormigón te daba yo”.

No es posible –sencillamente, no es posible, porque esa hipótesis es insoportable— que Monago haya pretendido decir lo que comúnmente se entiende por darle a alguien “un bloque de hormigón”. Es demasiado siniestro el recuerdo de los opositores de la dictadura argentina arrojados al mar desde aviones con un bloque de hormigón en los pies; demasiado impactante el modo como el cine nos ha hecho ver para qué utilizaba la mafia los bloques de hormigón… No es posible, por tanto, que el presidente haya querido introducir conscientemente en la campaña electoral referencias a los bloques de hormigón, porque si lo ha hecho, con esa sola cita no sólo habría colmado los contenedores de suciedad que tantos detritus recogen en las semanas previas a las votaciones, sino que se situaría fuera de la convivencia democrática. Si yo estuviera en un error y de verdad José Antonio Monago se refirió al bloque de hormigón con la intención de que se entendiera lo que comúnmente se entiende, ¿cabe temer que, siguiendo el mismo camino, en los próximos días diga que quiere que a sus adversarios les den ‘el paseo’? ¿O matarile? ¿O paredón?

Así que no puedo pensar otra cosa sino que se trata de un desliz. Un desliz que ya debería haber aclarado para tranquilizar a quienes pudieran pensar que no lo fue. Un desliz porque, si no lo fuera, esa sola frase bastaría para que en Extremadura se alzara sin demora un inmenso bloque, no de separación entre la derecha y la izquierda, sino el bloque de todos los que, de derecha y de izquierda, están comprometidos con que los bloques de hormigón nunca jamás puedan tener en Extremadura nada que ver con la contienda política; un bloque hecho con la fuerza del hormigón para acorralar a los que creen –entre ellos, Monago si lo que dijo fue con intención– que los bloques de hormigón son útiles para alcanzar, o retener, el poder.

Ya se sabe que en las campañas electorales se desborda la pasión. No debe ser fácil contenerse ante un micrófono y frente a centenares de los tuyos, enardecidos y jaleándote.  Me imagino que en una situación así se puede decir lo que no se tenía intención de decir. Pero por esa misma razón, cabe pedir a quienes nos tratan de convencer para que les votemos que midan lo que dicen. Porque más importante que las promesas contenidas en el programa electoral son los gestos, las actitudes, los talantes, las palabras. Aquello que te sitúa en el bloque de los que están fuera o de los que están dentro de la ciénaga del horror de los fascismos; de los que conciben el hormigón como un material de construcción o de los que lo emplean para destruir –hasta físicamente—al adversario.

 

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Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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