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Miénteme, dime que el futuro será mejor

 

 

Julián Carretero, el ya ex secretario de Comisiones Obreras, decía cosas interesantes en la entrevista que publicó este periódico el pasado domingo. Una de las que me llamó la atención es que los extremeños nos mentimos mucho. Carretero se refería a que tenemos complejo de ricos a tenor de lo poco que exigimos (“nos creemos que no necesitamos el tren por la simpleza de tener coche”) y a pesar de que somos una sociedad palmariamente pobre. En este sentido es suficientemente elocuente el dato que daba de que la mitad de las 200.000 pensiones que se pagan en Extremadura tienen que complementarse a través de los Presupuestos del Estado porque con las cotizaciones a la Seguridad Social que habían hecho los beneficiarios en su vida laboral no alcanzarían a la cuantía mínima. Mes a mes y desde que tengo memoria en el periodismo, y van ya 36 años, el Instituto de Estadística constata que las pensiones de los extremeños son las más bajas de España. Podríamos ahora subirnos a la máquina del tiempo para situarnos dentro de otros 36 años: comprobaríamos que el Instituto de Estadística que haya entonces dirá exactamente lo mismo.

Pero también hablaba Carretero de la falta de valentía política –la segunda cara de esta moneda cuya primera cara es la atonía social– para abordar los desafíos que tiene una sociedad envejecida y dispersa como la extremeña. Unos desafíos cada vez más preocupantes porque Extremadura no puede hacerles frente sola y lo que ocurre alrededor no invita al optimismo: formamos parte de un Estado en el que cada vez hay más tensiones disgregadoras (¡madre mía, el delirante borrador de declaración de independencia de Cataluña!), cuya víctima principal es justo lo que necesita esta región: la solidaridad interna. Y, por si fuera poco, España forma parte de una Unión Europea a la que le ocurre exactamente lo mismo y con los mismos resultados.

El futuro, en comparación con lo que tenemos ahora, se presenta, por tanto, comprometido. Si utilizáramos el lenguaje épico de las películas de catástrofes planetarias podríamos decir que, con menos solidaridad del Estado y con pocos o ningún fondo europeo, se acerca a Extremadura un asteroide en trayectoria de colisión. El drama es que mientras tanto nadie, por falta de ese coraje político del que habla Carretero, nos ha dicho todavía que es preciso que dejemos de vivir como si no fuera a pasarnos nada.

Quizás lo prudente sería, antes de que se convierta en inexcusable, empezar a preguntarnos qué futuro nos espera y prepararnos para él si quienes nos podrían echar una mano para al menos desviar la trayectoria de ese asteroide disponen cada vez de menos fuerzas para atender esa misión.

Pero no hay visos de que alguien nos diga la verdad y seguimos como en la película ‘Johnny Guitar’: Johnny pidiéndole a Vienna, su viejo amor, que le mienta y que le diga que todavía lo quiere como él a ella. Y Vienna, hipócritamente compasiva, diciéndole que sí, que es exactamente como él dice, que lo quiere con el mismo amor que él le profesa.

Tal para cual: como nosotros, mintiéndonos.

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Un acontecimiento funesto

El escritor norteamericano Adams Johnson distingue entre sucesos y acontecimientos en ‘Huracanes anónimos’, uno de los cuentos que conforman su muy notable ‘George Orwell fue amigo mío’, la obra que le valió el Premio Nacional del Libro del 2015 en los Estados Unidos. Dice Johnson: “La vida está llena de sucesos: pasan y tú te adaptas, te apañas como puedes y sigues adelante, pero de vez en cuando (…) comprendes que hay sucesos que en realidad son acontecimientos. Si alguien deja un chaval en tus manos, acabas de darte de bruces con un acontecimiento. Si tu ex desaparece, no lo puedes ignorar como si nada, eso es un acontecimiento serio. A veces hay cosas que parecen acontecimientos dramáticos –te embargan los ingresos, tu viejo te manga el coche y se larga de la ciudad (…)-, pero con el tiempo te adaptas, encuentras otra forma de hacer lo que venías haciendo y te das cuenta de que en el fondo no te han hecho descarrilar. Que no eran más que sucesos”.

Esta distinción entre sucesos y acontecimientos y lo conveniente que en muchos momentos de la vida resulta distinguirlos porque es frecuente que se presenten enmascarados unos de otros, la deseché desde un principio para tratar de comprender la elección de secretario general socialista, prevista para el próximo domingo. Creo que acerté: no es necesario para este asunto andar con esas sutilezas y mucho más después de ver ayer [por el lunes 15] el debate entre los tres candidatos. Era imposible no percibir que lo que en aquella habitación se cocía (los tonos rojizos del decorado remitían a una cierta lumbre) era, sobre todo, el afilado afán de que el lunes que viene no llegara la paz a la calle Ferraz, sino la victoria. Por todo eso, es inútil preguntarse si la elección de Susana Díaz o de Pedro Sánchez al frente del partido socialista (descarto la posibilidad de victoria de Patxi López con pesar: es el único de los tres que para mí no desmerece el cargo) será un suceso o será un acontecimiento.

Esa pregunta podría haber sido pertinente en otras circunstancias; y también en otras circunstancias la respuesta obvia hubiera sido que la elección en primarias del secretario socialista es simplemente un suceso, es decir, una de esas cosas que pasan y a las que los militantes, el partido en su conjunto, se adapta sin que nada descarrile. Pero comoquiera que no hay ningún indicio que haga presagiar que después de la elección de Pedro o de Susana ese partido retomará el rumbo sin tensiones internas (al contrario: algunos vaticinan una fractura inminente; y hasta una escisión), la respuesta no puede ser otra que lo que va a ocurrir el domingo será un acontecimiento para el PSOE.

Porque el mal ya está hecho: el problema no es que gane Pedro o gane Susana; el problema es que Pedro y Susana se hayan presentado. Una vez formalizadas sus candidaturas, el resultado será el mismo: si gana Pedro habrá ganado el PSOE de Pedro sobre el de Susana; si gana Susana, será el PSOE de Susana el que haya ganado sobre el de Pedro. Gane uno u otra, el partido socialista perderá y se habrá dado de bruces con un acontecimiento funesto. Cuyas consecuencias no pagará sólo el partido socialista.

 

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Sobre el autor Antonio Tinoco Ardila
Blog personal del periodista Antonio Tinoco.

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