Leo en el perfil de Facebook de la asociación de vecinos de Santa Isabel que las fuentes del parque de San Fernando serán reparadas en breve. Y lo leo justo después de escribir una noticia en la que cuento que tres jóvenes de 18 y 19 años fueron multados el miércoles por bañarse en la fuente recién reparada del parque de la Legión.
Cada uno de ellos deberá hacer frente a una multa de 60 euros por incumplir las ordenanzas. No es demasiado, pero servirá de escarmiento para quienes sienten la tentación de convertir este bien público en una piscina privada.
No es la primera vez que una fuente de Badajoz se utiliza como zona de baños. Y tampoco sería primera vez que el juego terminase en destrozo. Lo saben en el Cerro de Reyes, cuya fuente de las grullas sufre ataques frecuentes.
En San Fernando lo tienen claro y animan a combatir el gamberrismo desde el compromiso que exige ser un vecino de bien. Su comentario en Facebook no deja lugar a la duda: «Esperemos que los vándalos respeten nuestro parque. ¡Entre todos podemos! ¡Recordad que es obligación de todos los vecino respetar y cuidar lo que tenemos!».
Los periódicos, las radios y las televisiones recogen con frecuencia noticias relacionadas con sucesos desagradables. Estamos acostumbrados a leer y escuchar historias sobre timos, robos o agresiones. Esto se debe a que, lamentablemente, se dan con frecuencia este tipo de hechos en Badajoz.
Sin embargo, cada día –y parece que últimamente con más frecuencia- encontramos noticias de personas implicadas y comprometidas. Pacenses que ayudan a otros desinteresadamente, sin buscar un beneficio propio. A través de estas noticias tenemos conocimiento de que la capital pacense también está llena de viandantes que evitan que personas desesperadas se arrojen al vacío desde el puente o que sujetan a ladrones que han sustraído un bolso a una anciana, de ciudadanos que no dudan en saltar al río para intentar salvar una vida que no conoce, de profesores y artistas que cada jornada sacan lo mejor de sí mismos para mejorar el día a día de escolares que viven en zonas marginales así como de colectivos y organizaciones que recolectan artículos de primera necesidad para donarlos a comedores o roperos sociales.
Son estas personas las que hacen que la sociedad, esta sociedad, cobre hoy más sentido que nunca. Son los gestos de estos pequeños héroes los que empujan a otros a actuar de la misma manera. Son estas pequeñas historias las que satisface leer, escuchar o ver en los medios de comunicación.
El calificativo de héroe se ha desgastado de tanto usarlo, aunque cuesta encontrar actos heroicos de verdad.
Quizá el verdadero héroe es aquel que nunca quiso serlo, como Ángel José García, un brigada del ejército de Tierra en el regimiento Saboya de la base de Bótoa que pisó los escenarios más horribles de los últimos años.
En abril de 2004 le tocó sortear las dificultades que el clérigo iraquí Muqtada al-Sad y su ejército de al-Mahdi puso a las tropas españolas en Diwaniya. En al avispero iraquí estuvo cinco meses. Diez años antes, en el 94, cuando tan sólo tenía 26 años, recorrió Mostar, Dracevo, Jablanica y Kiselja durante siete meses mientras los balcanes se llenaban de muertos y refugiados.
Su penúltima misión fue en El Líbano en el 2008 en la que entonces era una de la frontera más peligrosa del planeta. En medio del fuego cruzado entre Siria, Líbano e Israel. La última misión fue en la puerta de casa. En el azud de la Granadilla, hace poco más de un mes, el 14 de abril, intentó salvar la vida a una piragüista y acabó pagándolo con la suya propia. Mucho se habló en Badajoz de la jugarreta que el capricho le guardó a Ángel José. Tres misiones internacionales a sus espaldas y terminar en la emboscada del Guadiana aquel domingo por la mañana.
La próxima semana, en la parada militar del día de las fuerzas armadas que se celebrará en Valdepasillas recibirá un homenaje. Hay héroes a los que merece la pena recordar siempre.
Por EVARISTO FERNÁNDEZ DE VEGA
Es una pena, pero cada día estoy más convencido de que hay ciertas normas que sólo se cumplen cuando pesa sobre nosotros la amenaza de la sanción. La prueba está en el éxito que ha tenido el radar de velocidad de Badajoz: desde que hay controles, el Puente Real ha dejado de ser una pista de carreras.
Pero no es sólo ahí. El otro día situaron el radar en Jaime Montero de Espinosa y los coches bajaban en dirección a la fuente a paso de huevo. No es que circularan a 50 kilómetros por hora, es que la mitad de los conductores no pasaban de los 30.
Para quienes queríamos salir del Cerro del Viento, era maravilloso. Por una vez se podía ingresar en Montero de Espinosa sin tener la sensación de que uno se juega el tipo. Pero tan pronto como se marcharon los agentes, los vehículos volvieron a circular a la velocidad de costumbre.
Es incuestionable que la amenaza de multa funciona. Tanto en la circulación como en el control de los perros potencialmente peligrosos: las 50 sanciones de 300 euros impuestas por la Policía Local de Badajoz durante los últimos 18 meses han hecho que muchos pacenses se hayan decidido por fin a usar la correa y el bozal.
El problema de la coerción es que sólo funciona cuando hay un policía cerca: si veo que hay radar, respeto los límites; si no lo hay, piso el acelerador. Es lo que ocurre en las autovías, donde los conductores tienen localizados los puntos de control de velocidad y frenan al aproximarse.
Por eso es imprescindible que las campañas de control lleguen acompañadas de mucha concienciación. No basta con advertir de que pasear un perro peligroso sin licencia tiene multa de 2.400 euros, hay que contar a los dueños que animales como los suyos han acabado con la vida de personas como nosotros. Y eso, a diferencia de la multa, no se puede pagar con dinero.
Por TANIA AGÚNDEZ
Hoy es el turno de las antiguas instalaciones de Ifeba. Se trata de un espacio ahora ya vacío y con multitud de posibilidades. El lugar, que hasta el momento acogía la sede de la empresa de Limpieza FCC, permanece de momento sin uso y comienza a deteriorarse. El Ayuntamiento de Badajoz no ha concretado, de momento, a qué servicio destinará este emplazamiento.
Esta historia no es nueva para Badajoz, una ciudad que cuenta con varios edificios amplios, útiles y con una situación estratégica, pero que si embargo, no tiene asignado uso. Otro ejemplo, es el Hospital Provincial. La Administración Estatal, responsable del inmueble, ha descartado instalar el Parador de Turismo. Ahora el interior y exterior de la construcción, situada en pleno corazón de la ciudad, sufre graves desperfectos.
Una situación similar es la que vive los cines Puentes Real. El edificio, cerrado a cal y canto desde hace más de un año, espera ser convertido en Centro Joven. Sin embargo, este proyecto ha sufrido diversos retrasos y, de momento, la Junta no tiene fecha para iniciar las obras y convertirlo en espacio de ocio.
La capital pacense está pendiente de servicios como el citado Centro Joven, la Ciudad de la Justicia o más centros cívicos, pero no faltan lugares en los que instalarlos. Propuestas e ideas para revitalizar estos edificios sobran. Ahora todo está pendiente de la disponibilidad económica de las administraciones públicas y del interés que muestren hacia estos proyectos. Todo depende, al fin y al cabo, de las ganas que tengan de encajar las piezas del puzzle.
Por Antonio Gilgado
Ahora, lo más divertido de los plenos llega al final. Antes resultaba muy raro escuchar a vecinos tomar la palabra en el Palacio Municipal, pero en los últimos meses, casi siempre se termina con alguna queja. La calle mal asfaltada, el cobijo de los perros en la perrera municipal, una vivienda social… los reclamos se han multiplicado. Puede que sólo se trate de una anécdota y la coincidencia no pase de casualidades consecutivas, pero que la gente dé el paso y acuda a pedir explicaciones a sus representantes más cercanos a sitios donde antes no lo hacía hay que interpretarlo como una muestra más del descontento. Calles mal asfaltadas y perros en la perrera ha habido siempre en Badajoz, pero antes no se sentían con tanto derecho a reclamar. Dicen quienes estudian los movimientos sociales que quizá ahora seamos más pobres, pero más despiertos

NATALIA REIGADAS | En el pleno municipal celebrado este lunes, en la sección de ruegos y preguntas, el concejal de IU Manuel Sosa exigió a la concejala de Cultura, Paloma Morcillo, que pidiese perdón por lo que consideró un comentario sexista.
La edil, en la presentación de la Feria del Libro, anunció que finalmente Jorge Javier Vázquez no visitaría Badajoz y que en su lugar le sustituiría Christian Gálvez, el presentador del programa Pasapalabra. Añadió, y dirigiéndose a las periodistas, que estarían más contentas ya que se trata de un hombre guapo.
Sosa argumentó ayer que si un hombre hiciese el mismo comentario recibiría numerosas críticas. No le falta razón. Se le caería el mundo encima. Eso sí, que seamos demasiado críticos con un piropo de un hipotético hombre sin mala intención no justifica atacar a otra persona cuyo comentario no creo que ofendiese a nadie.
Fue una broma, un ‘”off the record” de esos que los políticos hacen delante del micrófono, pero solo para ganarse la simpatía de los periodistas, no con intención de que sea una declaración. Quizá estén mal o no, pero son comunes. Seguro que todos los políticos, incluido el señor Sosa, han hecho un comentario informal en medio de una comparecencia seria. Los periodistas no somos robots, sabemos interpretar una broma sea divertida o no, desafortunada o no. Fue un piropo y no es por nada, pero el chico es guapo de verdad. No creo que le moleste que se lo digan.
Por Rocío Sánchez
Iba una madre de unos 40 y tantos años con su hijo de unos 6 paseando por la Feria del Libro de Badajoz. Ambos se pararon ante una de las casetas y mientras ella estaba concentrada pasando la vista por los diferentes títulos expuestos, el pequeño espetó: “Mamá, el de las sombras de Grey ya lo tienes en casa, ¿no?”. Y la madre, con cara de apuro, respondió: “Sí hijo, pero cállate…” Y ambos seguieron su camino, ella con un medio sonrisa pícara. Sirva la anécdota para recordar que los libros pueden servir para muchas cosas y que cada uno tiene su momento. Lo importante es que nunca dejen formar parte de nuestra vida. San Francisco es esta semana un lugar privilegiado donde disfrutar de una agradable librería al aire libre donde encontrar títulos para todos los gustos. Merece la pena dar una vuelta
Por Evaristo F. de Vega
Uno de mis libros de cabecera es la ciudad de los Prodigios. Habla de un joven de procedencia humilde que logra medrar en la sociedad barcelonesa hasta convertirse en uno de los hombres más ricos e influyentes de España. Su éxito es innegable, el problema es que lo consigue a fuerza de pisar cabezas.
En uno de los capítulos, el protagonista de esta novela logra aumentar de forma espectacular el valor de sus propiedades haciendo creer a los incautos compradores que justo al lado se construirá una nueva estación de metro. Y lo consigue de la forma más burda que se puede imaginar: manda a una cuadrilla de operarios a descargar unos raíles que, una vez hecha la venta, desaparecen sin dejar rastro.
Esa escena imaginada por el genial Eduardo Mendoza se me vino el otro día a la cabeza cuando escuché que la nueva Ciudad de la Justicia de Badajoz ya no irá a la Ronda Norte. Doy por sentado que en este caso no ha existido ese ánimo de engaño, sino una brutal crisis económica que echa abajo el proyecto, pero a nadie se le oculta que una decisión así devalúa, de la noche a la mañana, el valor de los edificios ubicados en las inmediaciones del solar donde se iban a construir los juzgados.
Cuando se decidió el traslado judicial a la zona de expansión de San Roque, muchos abogados decidieron adquirir una vivienda en los alrededores con la intención de ubicar allí sus futuros despachos. De una manera u otra, el mercado inmobiliario se movió, para regocijo de los promotores.
Ahora, el efecto es el contrario: si finalmente no hay juzgados, esos pisos y locales pierden parte de su valor, y será difícil que un abogado o un funcionario judicial invierta en la Ronda Norte pensando en el día de mañana.
Los juzgados, la plataforma logística, los nuevos edificios administrativos… el anuncio de cada obra conlleva una revalorización de la zona, y cada marcha atrás, una devaluación con serias consecuencias.
Por Tania Agúndez
Una de las cosas positivas que tiene Badajoz durante la primavera es que la vida se hace en la calle. Los pacenses se desprenden de abrigos, bufandas y paraguas para ponerse las gafas de sol y poder disfrutar de unas cañas en las terrazas de los bares, vivir a tope la fiesta de los ‘Palomos’ o echar la tarde leyendo en el parque de la Alcazaba. Otro punto a favor de la ciudad es que durante esta época gana actividad lúdica y cultural. La feria del Libro, que arranca este viernes, o el Festival Ibérico de Cine, que se desarrolla del 15 al 18 de mayo, dan vida a la capital pacense. Los ciudadanos aprovechan al máximo cada cita o evento que se celebra en Badajoz con vistas a un verano más bien escaso de propuestas relacionadas con el ocio. Parece que esta estación del año le sienta muy bien a la ciudad, excepto por la alergia. Al margen de las reacciones temporales que puedan surgir por este motivo, me atrevería a afirmar que durante la primavera Badajoz vive al aire libre.






