“Des-motivación” universitaria por una mala docencia




Tal vez sea por que las nuevas tecnologías dejan de lado cada día más a los docentes, centrándose casi exclusivamente en la enseñanza interactiva multimedia en las aulas de todas las disciplinas, o por la preocupación de la población por un futuro que no pinta nada bien, que hay  una desidia generalizada entre los enseñantes (no todos, pero si muchos).

Hay unas escalofriantes cifras de resistencia a reciclarse por parte de profesores respecto a la realidad informática en todas sus variantes. Como si viesen descender la espada de Damocles del desempleo sobre sus cabezas. No andan desencaminados, ya que en un futuro no muy lejano – como en otros campos – las máquinas pasaran a desempeñar las tareas que hasta el momento eran realizadas por humanos.

Es el progreso, y la sociedad quienes lo ha querido así. Pero, mientras eso sucede, no estaría mal poner un poco mas de entusiasmo, y no tirar la toalla antes de tiempo como el comandante del crucero embarrancado ante la costa italiana. En este sentido, aún sabiendo que estamos abocados a ello, hay que ser un poco héroes y, ante lo inevitable,levantar la cabeza, sacar pecho, y seguir adelante hasta que no se pueda más.

Lo cómodo es lo otro: rendirse ante lo inevitable antes de tiempo; que es lo que sucede, no solo en el campo de la enseñanza.

Es desesperanzador el ver como nuestras aulas, incluso universitarias (que ya es el colmo) se han transformado en “fábricas” de copiadores de apuntes que el catedrático va leyendo sin ganas, de diapositivas. No digo que no deba hacerse, puesto que los apuntes son el complemento de los libros de texto, pero no exclusivamente, como así parece suceder, según las declaraciones de uno de esos docentes que aguanta el tipo mientras pueda y que está harto de la mecanización en que se ha convertido la docencia.

Según el, las clases aburren a los koalas: son monótonas, cansinas, que inhiben la capacidad de discernimiento y de debate  (fundamentales para el desarrollo integral); pero lo que mas le duele es ver ese sentimiento que te transmiten cuando ver un aula llena, callada y escribiendo durante una hora es mas importante que los conocimientos que haya dentro de las cabezas.

No me gusta ser pesimista pero la realidad se impone, y ahora ya se porque nuestra educación está – con cifras en la mano – en el vagón de cola de las del resto de Europa. No me extraña nada el poco interés que muestran los alumnos por aprender, si se duermen en las clases.

Como dice nuestro catedrático, cosa que suscribo totalmente, “aburrir
en una clase es un crimen”. Que cada cual saque sus propias
consecuencias.

 

Motivación universitaria exterminada por una mala docencia

Hoy me ha vuelto a pasar, he agachado la cabeza y simplemente lo he encajado como otras tantas veces, no tenía ganas de discutir, probablemente me esté inundando de nuevo la desilusión…

Llevo años intentando engañarme a mí mismo, pienso y me digo mentalmente “son unos pocos docentes”, “no son todos así” pero ya van muchas veces. De nuevo, hoy, 80 personas se han puesto a copiar un texto que estaba proyectado en la pared; de forma simultánea podemos escuchar durante 60 minutos como una voz se limita a leer en voz alta esas frases, una vez, y otra segunda más despacio.

El rebaño lo copia, y pasamos a la siguiente diapositivia, los minutos se consumen poco a poco… otra hora desperdiciada, la oportunidad que nos brinda juntarnos casi 100 personas con algo de trayectoria en la espalda se esfuma. Un nuevo cartucho docente desperdiciado.Aburrir en una clase es un crimen.

En mi vida universitaria he estado gran parte sentado en aulas, gradas, bancos, taburetes de laboratorio… intentando sacar provecho de esas horas cargadas de pasividad.
He probado distintos formatos docentes: prácticas sin sentido, seminarios que se limitan a cambiar de aula y dividir la clase en dos; debates que en realidad eran clases magistrales… me he metido en la piel de estudiante universitario a todos los niveles: diplomatura, grado, licenciatura, máster y doctorado. Ahora sigo formándome para poder ofrecer mañana cosas distintas a las que me han brindado la gran mayoría de mis docentes.

Seis años, distintas titulaciones, diferentes universidades, empezando nuevos proyectos con ilusión, y la amarga realidad vuelve a alzarse ante mis ojos.
Excusas, excusas baratas para justificar prácticas muy recurridas, antipedagógicas a todos los niveles, transparencias desactualiadas, diapositivas soporíferas o incapacidad docente… Casi todas relacionadas con la pasividad o el egoismo, sí, egoismo; ese sentimiento que te transmiten cuando ver una clase llena, callada y escribiendo es más importante que los conocimientos que haya dentro de las cabezas.

Si hay una práctica que me duele en el alma, es la de ir a clase para copiar, una hora dedicada a escribir en un papel palabra por palabra lo que un docente lee de sus diapositivas nivel amateur. Inocentemente, alguien levanta la mano por el bien de las muñecas colectivas, se le ha ocurrido que a lo mejor atendiendo a las “explicaciones” podemos estar más relajados y darle vueltas al coco.

-”Disculpe, ¿va a compartir las diapositivas? ¿estarán disponibles los apuntes?”
-”No, porque si no, no me escucháis.”

La contestación más adecuada ante esa observación debe ser “Efectivamente, si tus clases se van a limitar a repetir 3 veces cada una de esas frases, sin ampliar ningún dato adicional, sin dar un atisbo de relación con la realidad… nos ahorramos todos el esfuerzo”.

Entre esta colección de docentes también podemos deleitarnos con la fobia a la tecnología, hoy se ha juntado todo, y de paso nos hemos dado de bruces con la reticencia a tener ordenadores en clase justificado en “Porque no puedo saber qué estáis haciendo con ellos, si tomando apuntes o haciendo otra cosa…”.

Iluso de mí, personalmente desconocía que el folio en blanco y un bolígrafo eran garantía de atención y aprovechamiento. La creatividad remanente en nuestros secos cerebros probablemente permita a los alumnos inventarse un “ahorcado” o un laberinto a pesar de no contar con un portatil delante, y si no, podrían pintar símbolos fálicos en los bordes de la hoja.

Pérdida tiempoA lo mejor el que está loco soy yo, que le tengo un aprecio especial a mi tiempo; ese mismo que podría dedicar a mejores tareas investigadoras que a transcribir lo que escucho.

Creo firmemente en la docencia y en la educación, es más, amo la educación, le dedico toda mi dedicación voluntaria, y por ello me fastidia que la docencia universitaria me siga desilusionando tanto. Ya sea desde una pizarra, a los mandos de un ordenador pasando diapositivas, o al lado de un proyector de transparencias, no soporto ver como se destripan disciplinas maravillosas, haciéndolas cruelmente intragables y se reduce la motivación del alumnado a un cero absoluto.

Esto es la pescadilla que se muerde la cola, no sé si la desmotivación docente provoca la del alumnado, o viceversa. Pero me amarga llegar a clase y ver a 80 personas y a una con bata sentir que los próximos 60 minutos que tienen por delante van a ser una obligación.Relación Profesor alumno

La cuna del conocimiento, el “Alma mater”, ese término que pretende significar “un todo, algo universal, unidad”. Esa institución que aspira a formarnos como profesionales y personas. Cada día me toca más… la  moral.

Año a año descubro docentes muy buenos, pero la rutina en lo malo es una constante. Mi más profundo respeto a aquellos y aquellas que habéis conseguido que hoy esté aquí, y los que me motivan día a día; al resto simplemente recordarles que esto de transmitir es más complicado que superar un peer review.

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  • humoricia

    A mi me parece que también tiene mucho que ver con un sistema que no busca el conocimiento, sino la memorización de datos, el aprovado y el acumular formación y títulos en lugar de aprender, formar, integrar, dinamizar, abrir mentes y dominar el conocimiento. El fin no es aprender en la mayoría de los casos, es aprender a ganarte la vida y con eso basta. El amor al conocimiento y la información es otra cosa, y no tiene nada que ver con un uso exclusívamente práctico del mismo.
    También se dan los casos contrarios, un porcentaje importante de la clase dedicándose a prestar atención a cualquier tontería menos a lo que el profesor está tratando de enseñarles, amargamente desesperado. He visto aulas donde se daba 3D y lo que más veía en las pantallas (me sentaba atrás) era el marca, el as, las páginas de correo electrónico y el tuenti.
    Creo que en éste asunto se dan la mano 50% una cosa y la otra. Todo depende creo yo del uso que se haga tanto de lo que se trata de dar, como de lo que se espera recibir.

    es un buen tema éste.

    Saludos