Vuelve el trueque por causa de la crisis

Era de esperar que con los apretones de cinturón, las burbujas inmobiliarias, las recesiones y las deudas con la comunidad, la población española tuviese cada vez menos fe en las entidades bancarias y mas en sus propios recursos. Los hay que piensan que nunca debimos haber abandonado la peseta para entronizar al euro, que empezó con buen pié pero que ha embarrancado presupuestos nacionales y endeudado a algunos de los paises que se las prometían mas felices.

La sabiduría popular que suele estar por encima del bien y del mal y que nos ayuda con sus sabios consejos a salir de mas de un atolladero suele decir que “mas vale pájaro en mano que ciento volando”. Un país que necesite de otros para sanear su economía es un país endeudado. Y eso es lo mismo aquí que en Sebastopol o Novosibirsk. El hacer planes a larguísimo plazo tiene estas cosas: que uno puede quedarse a mitad de camino sin dividendos y con el culo al aire por las deudas.

Pero a los desempleados, parados de larga duración, y familias rondando el umbral de la pobreza no les valen todas esas estratagemas de la economía, porque lo suyo es lidiar con la vida diaria, sin esperas ni demoras. Si no tienen con que salir adelante hay que inventarlo, sin esperar a las soluciones del gobierno que se eternizan, dejando al descubierto las carencias de los mas desfavorecidos de manera descarnada y realista.

A los currantes (sin curro) no se les puede pedir que no coman o que duerman debajo de un puente, “hasta que la cosa mejore”, pues lo suyo es de ahora mismo antes que de mañana. Esa es una de las principales causas de mal entendimiento entre el estado y el pueblo: un desfase entre necesidades “estimadas” y necesidades reales. Los políticos deberían pasar por esas circunstancias penosas por las que pasan tantas familias para darse cuenta “de verdad” como es la vida en España, y no como ellos piensan que es desde su nube de colores de los mítines y sus discusiones de patio de colegio en el Congreso y el Senado. Que hay vida mas allá de todo eso. Vida latente y desgraciada, con gentes de carne y hueso que pasan necesidades para malvivir mientras se prioriza a los bancos a la hora de repartir ayudas estatales.

Y en ese inverntar el día a día de una gran parte de españoles entra algo que nunca nos ha abandonado a pesar de todo: el trueque. La manera mas simple de hacer negocios sin complicarse la existencia: tu tienes esto que necesito y yo tengo lo que tu necesitas. Y punto. Sin tantos por ciento, ni cálculos de rentabilidad, ni intereses, ni zarandajas…

Pero, claro, la economía – y, por supesto, la ley – no podía dejar cabos sueltos de nada, y menos de esa economía sumergida que pretende burlar los impuestos por medio del intercambio de persona a persona (o de empresa a empresa). Y al darse cuenta de que el montante anual de esos trueques, que la necesidad ha revitalizado, era ya de cifras importantes, los águilas de la economía han lanzado sobre todo sospechoso de trueque a los Inspectores de la Hacienda Pública para llevarse su “mordida”, como dicen allá en el Rancho Grande. Hasta que la gente se harte de pagar por respirar y salte de veras a por los legisladores obligándoles a incluir cláusulas y excepciones de “lesa humanidad” en todas las leyes, pues siempre hay casos que escapan a una visión generalista de las cosas.

Como en Internet sucede, creada la necesidad siempre hay álguien que sale al paso con la solución: ya hay establecimientos especializados en el trueque y otros en los que valen las antiguas monedas,  de las que, por cierto, el Banco de España no se ha pronunciado respecto a su retirada definitiva teniendo en cuenta de que hay algún millar de millón desperdigadas por los hogares españoles, bien por desidia  o por esa desconfianza tan nuestra que hace que no nos acabemos de creer demasiado lo que nos llega del “extranjero” y conservemos eso “por si acaso”.

REPORTAJE- El trueque gana adeptos en una España en crisis

Son las diez y media de una gélida mañana de invierno y Emanuela Scena está abriendo su tienda en el centro de Madrid.

El suyo es uno de los muchos establecimiento con género de segunda mano abiertos en la capital española durante la crisis económica y está atestado hasta el techo con ropa, libros, CDs (SNP: ^CDSY - noticias) , y material eléctrico.

Pero a diferencia de otros, no acepta efectivo, sino que es parte de una economía de trueque de bienes y servicios que está ganando terreno a medida que el país se asoma a la recesión y aumentan las de por sí disparadas tasas de desempleo.

Encontrar vías distintas de hacer negocio ha llevado a las tiendas de dos ciudades españolas a buscar en el fondo de armarios y cajones una moneda que ya creían finiquitada en 2002.

“Cuando empezamos (en diciembre de 2010), España ya estaba en crisis. Al principio a la gente no le gustaba que todo lo que cambiábamos fuese de segunda mano, pero ahora lo entienden”, dijo Scena.

‘Ábrete Sésamo’ –”nos gustó la idea de que el nombre sugiriese la cueva de los tesoros de Alí Babá”, recuerda su propietaria– recibe ahora hasta 20 clientes diarios que consiguen productos a cambio de los puntos que ganan trayendo objetos personales y pagando una pequeña cuota de suscripción.

La gente también puede comprar puntos con euros, “pero les sale más caro porque queremos fomentar el trueque”.

Con una tienda así, Scena es una excepción dentro de una pequeña pero creciente economía paralela que se está viendo impulsada principalmente por una nidada de sitios de internet que viven de la publicidad y ofrecen plataformas para el intercambio en especie de prácticamente todo desde clases de idiomas a cuidado de perros, pasando por muebles y automóviles.

Además ha estimulado el descuento en el mercado de vivienda residencial en España, que se derrumbó en 2007 con el estallido de la burbuja inmobiliaria, inundando los balances de los bancos con una montaña de activos tóxicos y disuadiendo la concesión de nuevas hipotecas.

PROTEGER LA CAJA

Sabino Liébana, cuya compañía Atodatinta.com vende impresoras y accesorios para éstas en la red, es parte de la creciente comunidad de trueque entre empresas.

Durante 2010 pagó los 600 euros mensuales del alquiler de su oficina en Madrid con productos en lugar de dinero.

“Casi todo eran impresoras y cartuchos de tinta, y algunos ordenadores, dijo. “El casero me lo alquilaba al mismo precio que otros inquilinos. Yo le daba mis productos con descuento, pero nunca por debajo del precio de coste”.

A Liébana no le importaba asumir el descuento porque podía proteger mejor su flujo de caja.

“Debido a los problemas de liquidez, creo que (el trueque) es algo que cada vez emplearán más y más empresas, sobre todo en el sector servicios”, dijo, añadiendo que “prefería no decir” el beneficio que consiguió el año pasado con unas ventas de 500.000 euros.

Este empresario ha hecho cerca de una docena de transacciones en especie durante los últimos seis meses, la mayoría a cambio de publicidad y trabajos de diseño web y a menudo a través del portal de intercambios acambiode.com, con sede en Barcelona.

Fundado en España en 2001, el portal cubre la mayoría del mundo hispanoparlante, además de Italia y Portugal.

Tiene 310.000 clientes a escala global, la mayoría pequeñas empresas y profesionales de todo el espectro empresarial, y aumenta su base de clientes a razón de entre 2.000 y 3.000 al mes, dijo su director Jaime Martínez.

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