¿Es programable la vida útil de las cosas?

                                 
Siempre se ha dicho que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque lo que si fue es distinto.
Pero no les falta razón a quienes solían afirmar que las cosas “duraban mas” antes: tanto la ropa como los cacharros de cocina, incluidos electrodomésticos, muebles, vehículos y ordenadores – como decían nuestros mayores – “se hacían a conciencia”. Mientras que ahora, la cultura de la prisa, por quemar etapas de una vida que se vive a ritmo frenético, hace que cualquier cosa, desde una simple silla hasta el gadget mas sofisticado duren lo justo hasta que salga un nuevo modelo y, sin saber la razón, de buenas a primeras dejan de funcionar con la misma efectividad que unos días antes. Ya ni semanas, o meses, o años; de un día para otro. Lo que nos hace reflexionar sobre ese misterio que todos hemos podido comprobar a nada que seamos consumidores compulsivos(la mayoría).
¿Que hace, o quien, que las cosas duren menos?. ¿Es a propósito, o sucede así por casualidad?.
Los sociólogos y también la industria – que de esto sabe un rato largo – han acuñado los términos “obsolescencia programada” y “obsolescencia funcional” que vendrían a definir a la perfección cuando un objeto se construye para durar un tiempo estimado por los fabricantes tras el cual empieza a fallar o a romperse, o cuando el fallo o la rotura son por causa del uso continuado.
En el primero de los casos(y siempre supuestamente), detrás, está la ambición de una pantagruélica máquina de construcción masiva y en serie, que devora su propia obra al cabo de un determinado tiempo que viene marcado ya desde el departamento de I+D donde se prueban exhaustivamente todas las piezas por medio de análisis y diversas condiciones de uso hasta dejarlas a gusto de los inversores que cada vez quieren recuperar lo invertido con mayor celeridad (tras lo cual vienen las ganancias) sin dejar casi tiempo al disfrute de lo que venden. Y lo malo de todo esto es que los compradores han sido aleccionados por la publicidad y educados por la sociedad para el consumo masivo de productos que la mayoría de las veces ni siquiera necesitan. Es el comprar por comprar, que la egotista población del consumo acata sin rechistar y asume como algo natural, cuando viene impuesto por las multinacionales de las novedades que hay que tener so pena de verse apeados de la carrera vital hacia la opulencia, cosa que es una total falacia, puesto que en la opulencia solo viven unos cuantos que son, precisamente, quienes comercializan esos productos que los demás se ven obligados a consumir.
Todo es susceptible de obsolescencia programada, pero, sobre todo, en el mundo de la electrónica aplicada y la informática ya es la locura: desde ordenadores hasta móviles, desde sistemas operativos hasta módulos de memoria, desde periféricos hasta chips que permiten conducir el metro desde la terminal de manera automática. Y lo verdaderamente atroz es que todo eso se podría evitar si los consumidores nos plantásemos e iniciásemos una huelga masiva de compras de cosas “no imprescindibles”. Entonces, sin hacer nada mas, se le plantearía a la industria la disyuntiva entre seguir fabricando para el consumo rápido y ganar menos, o hacer las cosas bien y vender más, aunque a mas largo plazo.
Los movimientos ciudadanos de este pasado año han demostrado que la acción consigue cosas. ¿Como podemos seguir cayendo en la espiral del consumo en tiempos de crisis?. ¿Por que ese individualismo cerril y competitivo que lo único que hace es separar voluntades en beneficio de todo lo que tiene que ver con la economía y el consumo?
A ver si de una vez por todas somos un poco mas responsables y coherentes con nuestros actos, pues de ello depende también la responsabilidad y coherencia de las futuras generaciones que aprenden de sus mayores(o deberían). Aunque, la verdad sea dicha, todo esto no son mas que divagaciones sobre leyendas urbanas, pues sabemos muy bien que las empresas jamás harían tales desmanes para vender mas y mas rápido, ya que son las encargadas de hacer nuestras vidas mas cómodas, mas comunicativas y mas informadas, favoreciendo con ello la felicidad de una sociedad cada vez mas tecnificada.
- Entonces, si el consumo y la tecnología proporcionan la felicidad, ¿por que somos cada vez mas infelices?…
                                                                                                       

El ordenador me va lento: ¿sufre obsolescencia programada?

Móviles y ordenadores funcionan más lentos tras las actualizaciones de los sistemas operativos, lo que extiende la sospecha de una obsolescencia programada

Consumer Reportajes – dom, 11 mar 2012 13:55 CET

¿La obsolescencia programada es realidad o mito? Compramos el teléfono móvil hace tres años, cuando era el más moderno que había en el mercado. Nos costó nuestro dinero y, por tanto, lo hemos cuidado siempre con sumo cariño, lo hemos protegido con fundas y hemos evitado caídas y rasguños. Hasta pagamos un seguro. Sin embargo, cada día va más lento y ejecuta peor las aplicaciones que nos descargamos de las tiendas on line. En ocasiones se “cuelga” y hay que reiniciarlo, sobre todo cuando tenemos muchas aplicaciones abiertas. ¿Qué le pasa? Desde que actualizamos por última vez el sistema operativo no es el mismo…

Este hecho vale para los teléfonos con Android como para el iPhone; es un problema que, entre los teléfonos, se registra de manera exclusiva en los smartphones: de algún modo, son víctimas de su complejidad. Y lo mismo sucede en los ordenadores, ya sean Mac o PC: por muy bien que los cuidemos, el tiempo pasa demasiado rápido para ellos, al menos el tecnológico. ¿Hay algún plan perverso detrás diseñado por los fabricantes y los desarrolladores de software con el fin de que ni el móvil ni el ordenador nos resulten eficaces más de lo estrictamente necesario y ello nos obligue a cambiar a los modelos nuevos?

Obsolescencia funcional

En el sector inmobiliario, un concepto llamado “obsolescencia funcional” define a la vivienda que, a pesar de mantener las condiciones de su estructura y prestaciones intactas, ha perdido atributos por no responder al cambio de hábitos de sus ocupantes. Es el caso de una casa antigua y recia, pero que tiene una cocina de dimensiones muy reducidas y alejada del actual comedor, que ahora se sitúa en el salón con el televisor.

Desde el punto de vista funcional, es una casa obsoleta. Este símil se puede aplicar a nuestro móvil o a nuestro ordenador cuando no puede seguir el ritmo de las actualizaciones del desarrollador del sistema operativo. La diferencia entre la obsolescencia programada y la funcional está en que la primera responde a un diseño de antemano para forzar la compra de nuevo material y la segunda es producto del cambio de costumbres o la evolución de las cosas. ¿Cuál de los dos términos cabe aplicar a los productos tecnológicos? No está claro.

Obsolescencia en Mac OS X

En el caso de los ordenadores Mac y el teléfono iPhone, la sombra de la obsolescencia programada es más ancha, ya que fabricante y desarrollador son el mismo. Si se adquirió un iMac en 2009, el mismo integraba la versión Leopard del sistema operativo Mac OSX. En agosto de ese año, Apple lanzó la nueva Snow Leopard, que tenía unos requerimientos del procesador del equipo algo superiores, aunque no demasiado. La siguiente versión fue Lion, que implicaba cambios más radicales, con aplicaciones para superficies táctiles y mayores definiciones de gráficos. Esta se lanzó el 20 de octubre de 2010.

Apple controla a la perfección las actualizaciones en los equipos del usuario y lo último que desea es estropearle su experiencia de uso. Cuida mucho a sus clientes, pero no cabe duda de que, tras la última actualización, si el ordenador se compró con un procesador de mediana potencia, sufrirá cuando el navegador tenga abiertas muchas pestañas o use suites ofimáticas y otros programas multiplataforma que se basen en la tecnología Java. Por no citar a los pesados editores de imágenes. El procesador se ve muy exigido por el sistema Lion y le quedan pocos recursos para los demás programas, que a su vez se han actualizado para funcionar en Lion y son más complejos.

El resultado es un ordenador que ha perdido eficacia y arranca con más lentitud, se cierra con reticencias y no se puede usar con la presteza de antaño. No está para cambiarlo, por supuesto, pero no es el mismo que compramos… ¡Hace solo tres años! Se estima que la vida media útil de un aparato de sobremesa ronda los cinco años. ¿Hay intencionalidad en Apple? Es difícil de determinar, porque lo cierto es que los avances tecnológicos van muy rápido en esta nueva era; los fabricantes se ven muy exigidos por los consumidores y no pueden evitar forzar una cierta obsolescencia funcional de algunos de sus productos.

Obsolescencia en iPhone y Android

En todo caso, no se puede negar que Apple se ve favorecida en sus ventas por este acortamiento de la vida eficaz de sus ordenadores. Y lo mismo ocurre con las distintas versiones del iPhone, donde la actualización de iOS, el sistema operativo, y las nuevas funciones de los modelos más avanzados (4 y 4S) dejan al iPhone 3GS a medio gas, aunque funcional. Apple aprovecha la relativa obsolescencia de este modelo para venderlo a precios más bajos y frenar así el crecimiento de otras marcas que fabrican smartphones de gama baja.

Respecto a los teléfonos con el sistema operativo Android, ocurre algo muy similar, aunque se debe destacar más bien cierto caos y no tanto una obsolescencia: cada fabricante adapta Android a sus móviles y lo hace mediante el uso de una versión más o menos actual, según el procesador que desee utilizar. Esta situación provoca que el mercado de aplicaciones para el sistema proponga programas unitarios para diferentes teléfonos, de modo que no funcionan igual de bien en todos. Los dispositivos que tengan mejores procesadores podrán usar una mayor proporción de aplicaciones, mientras que los más antiguos -quizá con un par de años- se verán rápidamente limitados a usar unos pocos programas de Android Market. Si se desea ampliar, hay que actualizar, con los riesgos que conlleva, o comprar un teléfono nuevo.

¿También obsolescencia funcional para Windows?

El sistema operativo Windows no es inmune a la obsolescencia funcional, aunque sus usuarios son mucho más reticentes a cambiar de ordenador que los de Mac OS X. Al contrario que en este último, las actualizaciones en Windows son mucho más frecuentes -pueden llegar a resultar molestas- y la ralentización es más imperceptible.

El problema en Windows surge porque, con cada nueva versión, la mayoría de los programas se actualizan para responder a ella y los usuarios que tienen el sistema operativo anticuado se ven limitados a usar la versión obsoleta, con lo que pierden funciones y quedan aislados de la evolución tecnológica. Hasta hace muy poco, todavía había una importante tasa de usuarios que utilizaban el navegador Internet Explorer 6, ampliamente superado y disfuncional. Microsoft tuvo que hacer una intensiva campaña para que los usuarios actualizaran el navegador a versiones posteriores.

Medidas para evitar la obsolescencia en ordenadores

  • Comprar un aparato con el mejor procesador posible. Aunque el precio sea mayor, a largo plazo, lo agradeceremos en la respuesta a futuras actualizaciones.

  • Comprobar que la memoria RAM sea amplia. Al igual que el procesador, la memoria de acceso al mismo, RAM, ha de tener mucha capacidad.

  • Cambiar la RAM y/o el procesador. En caso de que se quede corta, se pueden intentar cambiar los componentes de la CPU, solo en los PC, aunque dependerá de que el nuevo sistema operativo al que se quiera actualizar use la misma arquitectura.

  • Evitar actualizaciones. Esta opción tiene el riesgo de limitar las posibilidades de uso y crear vulnerabilidades en el ordenador por donde se cuele el software malicioso, pero permite trabajar con el mismo dinamismo del principio.

  • Usar programas para optimizar la memoria RAM y eliminar archivos ocultos inútiles que enlentecen el funcionamiento del ordenador.

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