Nos llega – como no – de Estados unidos la noticia de que un Senador se hizo pasar por indigente para saber de primera mano los rumores que le habían llegado de que en las casas de acogida y albergues sociales las cosas no funcionaban como debían.
Debidamente maquillado, como se puede apreciar en las fotos que se publican en el enlace, se presentó en una fría noche en varios albergues y en todos – hasta un total de 25 – fue rechazado, arguyendo que los recortes estatales hacían que no recibieran las ayudas sociales y gubernamentales.
Hasta tres meses de preparación de su estrategia tardó en completar el plan que le llevó a llamar a las puertas de la esperanza, que le fueron cerradas, constatando con ello que había un discriminación hacia los hombres en los albergues de la ciudad de Newark (Nueva Jersey).
Tras la experiencia, piensa usar las pruebas conseguidas como evidencia en su campaña para exigir mas fuentes federales para las decenas de miles(¿solo?) de personas sin hogar en la geografía estadounidense.
Es muy triste que se primen otras actividades o fundaciones, incluso sin necesitarlo, que son mas de relumbrón que de otra cosa y se nieguen las necesidades BÁSICAS a la ciudadanía que por una u otra razón se ha visto obligada a vivir sin domicilio fijo, deambulando por las calles a salto de mata a ver como pueden resolver su día a día sin ninguna meta ni esperanza en el mañana que se presenta mucho mas incierto para estos colectivos que para el resto de la sociedad.
Lo decía en otro escrito y me reafirmo en lo dicho entonces: llevaría a la clase política en pleno con autocares a dar un “tour de la miseria” por los barrios chabolistas que existen “todavía” – y van creciendo a causa de la crisis – en la periferia de las grandes ciudades. Una vez allí les invitaría a entrar en las chabolas y a llenar sus pituitarias con el dulce aroma de la basura y a sortear los charcos de aguas fecales, que, como en la Edad Media, aún surcan algunas de esas calles(por llamarles algo) donde la miseria en todas sus variantes campa a sus anchas. A ver si luego les quedaban ganas de saborear sin que se les cayera la cara de vergüenza la ensalada de bogavante y el entrecot de cuarto que les espera en la comida de partido (para preparar nuevas estrategias) a celebrar en un céntrico resaturante de los de 100 € por persona.
Dudo que a alguno de nuestros políticos (sea de la facción que sea) se le ocurriera una idea como la del senador Codey, porque uno se acomoda a una serie de privilegios que lleva implícitos la poltrona y es muy difícil arrancarlo de allí. Es mas fácil mirar hacia otro lado y hacer ver que todo ese submundo no existe y que la cuestión es antes con Europa y sus bancos que con la flagrante (y denigrante) realidad cotidiana de los barrios extremos.
Hay que vivir en la propia piel y el mismo hábitat que los míseros para comprender hasta que punto la injusticia se ha enseñoreado de las calles. Para captar en profundidad que el problema existe y es urgente resolverlo, sin pararse a pensar si ello desestabilizará nuestra balanza de pagos, porque es una cuestión de lesa humanidad.
Enlace a noticia Yahoo:
http://es-us.noticias.yahoo.com/fotos/senador-se-disfraza-de-indigente-slideshow/
Ah, y para los que piensan que estoy exagerando, y que en España la cosa no está tan mal, vamos a remitirles a datos de 2010 (cuando aún no andaba la economía tan depauperada, y mandaban los socialistas) que dicen (cito textualmente) que “8 millones de personas, estimadas, malvivían por debajo del umbral de la pobreza, y el 30% de la poblacion total no llega a fin de més”(datos sacados de Comunicas, periódico digital, del 18 de Marzo de 2010) “Será – como dicen las señoras de la excusa eterna – que se lo gastan en vino y las maquinitas”.
Se dispara indigencia en calles de España

Prácticamente todos son hijos de una misma madre: la crisis económica que se estanca en España. Los únicos brotes verdes que ven son los de las bolsas de lechuga o canónigos en el fondo de una bolsa negra, a pocas horas de cumplir la fecha de caducidad.
No pasan ni dos segundos y una veintena de personas cargadas con carros y bolsas se abalanzan sobre la basura y comienzan a rebuscar. «Nunca nos hemos peleado. Cada uno coge lo primero que encuentra y se lo guarda. Eso se respeta y punto», explican.
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