Despertar al ogro

Algunos en el PP extremeño andan revueltos con la encuesta de Andalucía que otorga a los populares la posibilidad de desbancar al PSOE por primera vez en las próximas elecciones autonómicas. Piensan con grandes dosis de optimismo que si el vecino tiene esta opción, por qué no puede ocurrir un milagro en casa.
El desgaste que viven los socialistas a nivel nacional, con un Zapatero en caída libre y perseguido por los más de 4 millones de parados, pudiera tener reflejo a nivel autonómico, viendo el descontento generalizado que existe en todas las clases medias y bajas de este país. Aún así, hay populares más realistas y escépticos que entienden que esta encuesta ha sido manipulada por el propio PSOE, cuyos dirigentes andaluces han entendido que su electorado anda adormecido, en la creencia de que la derecha nunca alcanzará el poder por muy mal que vayan las cosas. Cuentan que el propio Javier Arenas señaló el miércoles en Sevilla, junto a José Antonio Monago, algo así como que «hemos despertado al ogro», en referencia a la maquinaria socialista que seguro se pondrá en marcha a partir de ahora para ganar cuentos comicios hagan falta en el que todavía es el gran feudo del PSOE.
En Extremadura, y a la espera de la encuesta que todos los años hace Ferraz en marzo, no hay estudios que indiquen cómo están las cosas electoralmente hablando. En el PP hay dirigentes que contemplan la posibilidad de realizar un muestreo serio algo más adelante, se supone que mejor que el que encargó Carlos Floriano en las pasadas elecciones y que no acertó ni una; pero hoy por hoy no hay más que el resultado de las europeas del año pasado, cuando ganó el PSOE pero dejó claro que estaba en horas bajas y el PP, por el contrario, apuntaba al alza.
Una mala encuesta no sirve para nada, si acaso para tertulia de periodistas y políticos, pero si se hace adecuadamente, utilizando el rigor científico, supone una herramienta de trabajo para afrontar con un montón de claves un periodo preelectoral como en el que estamos. Determina qué se está haciendo bien y clarifica qué aspectos deben corregirse antes de que llegue el momento de la verdad. En la encuesta andaluza, por ejemplo, si se analiza concienzudamente, se observa que el recién llegado José Griñán tiene un nivel de conocimiento ínfimo, del 23%, con el que es imposible conseguir buenos resultados. Además, los encuestados afirman tajantemente que es necesario un cambio de gobierno (un 61%), pero sin embargo cuando se les pregunta quién creen que va a ganar las elecciones dicen mayoritariamente que el PSOE (un 52% frente a un 20% el PP).
Poder autonómico
A nivel nacional el PSOE está asustado por la pérdida de poder autonómico. Sin embargo, la dirección nacional da por hecha la victoria de Vara. Es más, entiende que es de las pocas seguras. El PSOE extremeño opina de igual modo, tienen un líder nuevo que sacó mejores resultados que el anterior, y una transición que se sigue realizando, pero que se completará con la próxima victoria electoral.
Por el contrario, José Antonio Monago aún no se ha asentado del todo y su nivel de conocimiento sigue siendo menor que el del presidente. No obstante, para el escaso tiempo que lleva, apenas un año, ha impuesto una estrategia de pacto y diálogo a la par que Vara, lo que le ha reportado grandes dosis de popularidad. Se puede decir que practica el día a día, cambia de opinión si hace falta aún a riesgo de que le llamen incoherente con respecto a sus antecesores y lleva al extremo la idea de moderado. Está convencido de que la gente de centro en Extremadura vota PSOE, y es justo a por la que debe ir su partido si quiere tener una oportunidad en 2011. Los populares creen que es mejor no levantar campanas al vuelo. No quieren despertar al ogro, como decía Arenas, al menos tan pronto. Hacen lo que dice un dirigente avispado, seguir la estrategia del buen corredor de fondo, que deja las fuerzas para los últimos metros de carrera.

Gobierno sin cambios

Vara respondió en octubre a la pregunta de por qué no llevaba a efecto un cambio en su gobierno con otra pregunta: ¿Y para qué? El presidente trajo a colación lo que había hecho Zapatero, que ante la presión social y de la oposición, promovió una remodelación de su Ejecutivo. «Y no sirvió para nada, las críticas continuaron», aseguró. Según su criterio, lo importante no son tanto las personas como las ideas o el proyecto.
Cada cierto tiempo aparecen rumores acerca de una crisis de gobierno. Ha habido ocasiones en las que la palabra ‘crisis’ ha venido acompañada de ‘inminente’. Pasado el tiempo, se ha demostrado que no había nada de cierto en ello.
Es verdad que en el PP han sido más frecuentes estas sospechas, lo que responde más a un deseo que a una realidad, pero en el PSOE también ha ocurrido, lo que revela que no todos los consejeros gozan del respaldo unánime del partido. Un diputado o un miembro destacado del Partido Socialista jamás reconocería publicamente que un determinado consejero es flojo, malo o mejorable, pero en privado es otra cosa, en esta esfera se oyen críticas y se apuntan desaciertos del presidente a la hora de elegir equipo.
Su antecesor
Vara se quedó con parte del Ejecutivo de Rodríguez Ibarra: Dolores Pallero, José Luis Quintana, Eva María Pérez y Leonor Flores; e incorporó a otros siete consejeros nuevos, la mayoría sin experiencia política o de gestión previa. Se le ha reprochado que fue un equipo elegido para un periodo de bonanza, cuando uno se podía permitir determinadas licencias y experimentos, y ha tenido que capear en un tiempo de crisis.
Argumentan algunos ‘pesos pesados’ y con razón que quizás hubiera sido pertinente contar con gente de mayor talla política en algunas materias, viendo la que se le venía encima, y realizar cambios a mitad de legislatura.
No lo hizo. Sin embargo, todo hay que decirlo, el personalismo del presidente ha suplido las carencias. Para bien o para mal, Vara ha copado la mayor parte del protagonismo político de la Junta, dejando de lado la actuación del resto de su gobierno, que en algún caso ha sido inexistente. En la película de la legislatura él ha sido el protagonista más absoluto y si acaso ha aparecido algún que otro actor o actriz secundaria.
Esta forma de actuar le ha reportado grandes dosis de popularidad en determinados momentos, pero también de desgaste. Por inacción de su equipo o sobreactuación suya, Vara está allí donde se le espera, pero también donde no, y en el manual del político hábil aparece que uno no debiera sobreexponerse tanto, menos cuando se enfrenta a asuntos que, a priori, conoce que no le van a aportar nada positivo.
Lo cierto es que a estas alturas ya nadie espera un cambio de Gobierno en Extremadura. Se da por hecho que el Ejecutivo actual agotará la legislatura en su totalidad y que Vara se quedará con lo que tiene hasta las elecciones. Hay que tener en cuenta que la carrera electoral dará comienzo a la vuelta del verano (los comicios autonómicos son en mayo del año que viene) y un cambio sólo traería malas críticas y un montón de explicaciones innecesarias.

Aviso

Estos días de contienda electoral en Extremadura tengo un nuevo blog para quien desee saber u opinar de elecciones. Se llama Menuda papeleta y está también en hoy.es

Pedir perdón

SE mire como se mire, lo de las fotos de Montoya se ha desmadrado, un “artista” que, por cierto, toda la vida ha hecho lo mismo; es un provocador que busca esa reacción en el espectador más que el asombro de su particular “arte”.

El consejero de Cultura pidió ayer disculpas e hizo bien. Aunque ya lo hubiera hecho antes -como se encargó de recordar en el pleno de la Asamblea de ayer- algunos, por no decir muchos, no se enteraron. Por muy partidario que se sea de la libertad de expresión, un responsable político debe saber que, en ocasiones, ésta debe tener ciertos límites cuando se usan fondos públicos. Allá el “artista” con lo que hace y cuelga en galerías privadas, está en su legítimo derecho de hacerlo igual que el espectador de acudir a verlas, pero cuidado con lo que se sufraga con el erario público porque puede haber ofendidos y están en su derecho de manifestarlo.

La libertad está precisamente para eso, tanto para calificar una manifestación plástica como arte como para indicar que se trata de una ofensa, y las dos opiniones son respetables. Tan sectarios pueden llegar a ser los ofendidos como los otros al criticarles por mostrar su opinión.

El presidente de la Junta volvió a reprobar ayer también las imágenes de Montoya y dijo, además, que trabajará para que no vuelva a ocurrir, lo que indica que, para él, se obró mal en su momento, si bien se ha aprendido del error. Le honra reconocerlo, pues criticar la instrumentalización y oportunismo del PP no es óbice para reconocer que ha podido haber gente de bien a la que se ha ofendido.

En efecto, el PP ha utilizado este asunto y está en su derecho de hacerlo como oposición que es. Son los ciudadanos los que en las urnas decidirán si ha realizado su trabajo de control al Gobierno o, por el contrario, ha actuado tan sólo para conseguir un rédito electoral.

A por los grises

Considero que el año que viene, cuando se celebren elecciones generales, la política antiterrorista del Gobierno podrá ser trascendental para conformar el voto de los españoles. Sin embargo, en el proceso actual, para la elección de alcaldes y diputados autonómicos, tengo serias dudas. Un destacado miembro de Izquierda Unida me decía hace unos días que su formación, junto con el PSOE, montó la mundial en 2003 con el ‘No a la Guerra’ y a la hora de la verdad los ‘populares’ se llevaron a los electores de Cáceres, Mérida y Badajoz a su redil sin apenas despeinarse.

Aunque el PP ande ahora empeñado en movilizar a la ciudadanía en la calle con el caso De Juana, debe saber que quizás no le reporte nada electoralmente. Primero, la gente se olvida en una semana de las cosas, no digamos en dos meses. Hoy día es tan trepidante el mundo que lo que un día es actualidad, al siguiente es historia. Y segundo, a la hora de votar, el votante no tiene un pelo de tonto y sabe diferenciar a quién vota, si es a su alcalde, su presidente autonómico o su presidente nacional.

Francisco Fuentes, portavoz del PSOE, suele decir que en una contienda electoral están los ‘blancos’ y los ‘negros’, unos propios y otros ajenos, y que hay que ir a por los ‘grises’, que son los que definen las elecciones.

La pregunta es: ¿Cuántos grises acuden a las manifestaciones del PP? Este tipo de actuaciones, como las del PSOE e IU en 2003, no buscan tanto el voto nuevo como fidelizar el que ya tienen.

A pesar de todo, queda la duda y hay quien opina de forma distinta. Carlos Floriano, presidente del PP, dijo ayer sin ir más lejos que «todo influye» y que las decisiones que perjudican intereses o sentimientos de la ciudadanía se pagan en las urnas.

Lo que sí es cierto es que el grado de movilización de los ‘populares’ está registrando niveles históricos. La calle ahora mismo es de ellos, como señalan algunos socialistas en privado. Es por eso, y no por miedo a una hecatombe electoral, por lo que el PSOE ha iniciado una estrategia para ‘reconducir’ el debate hacia asuntos regionales.

Todo es estrategia y en política juegan siempre dos bandos, los que mandan y los que aspiran a hacerlo.

Mano dura en el PP

Floriano ha sacado el hacha de guerra y ha arremetido contra algunos de los suyos diciendo que no va a aceptar chantajes de nadie, que quien manda es él y que si se presta a las amenazas estará siempre sometido a determinados intereses y anhelos personales. Contesta, de alguna manera, a las declaraciones del alcalde de Membrío, Agustín Gilete, de quien reveló que el verdadero motivo de su marcha es no haber conseguido que la dirección del partido le incluya en las listas a la Asamblea de Extremadura, un caso similar, dijo, al del concejal de Badajoz, Nicasio Monterde. Los dos han abandonado la disciplina del PP y ahora avisan de que concurrirán a las elecciones municipales con un partido propio.
Este planteamiento no es nuevo. Carlos Floriano ya protagonizó algo similar en el último congreso del partido, ese que ganó en 2004 y supuso en la práctica un borrón y cuenta nueva en la historia de los populares extremeños. Aquella tarde cacereña todo parecía atado. El contrincante, Óscar Baselga, y su aliado, Pedro Acedo, habían acordado in extremis integrarse en la candidatura “oficial”. Sin embargo, Floriano dio un pisotón, cogió aire y cambió de idea: «Votemos y que sea lo que Dios quiera».
Aunque desde el otro sector le acusaron de no tener palabra y no ser nada conciliador, él decidió arriesgarse y ganó el congreso. Desde entonces decide, coloca en los puestos estratégicos a su gente y hace y deshace dentro del PP lo que considera oportuno con el beneplácito de Madrid. Sin embargo, los otros, que no son precisamente los de la película de Amenábar, están a la espera y afilan cuchillos. Se han dado de margen hasta el 27 de mayo.
Si Floriano gana o consigue que el PP responda a las expectativas generadas, se irán para siempre. Si, por el contrario, ocurre un desastre y pierde con notable diferencia contra Vara, tendrá que rendir cuentas y quizás hasta marcharse.
No hace mucho que un servidor le preguntó en su despacho del PP de Mérida: ¿Se la juega en las elecciones? Su respuesta fue otra pregunta, lo que en realidad era una confirmación: ¿Y Vara no se la juega?

El adiós de Acedo

Pedro Acedo dijo ayer adiós a la vida municipal con el anuncio de que no se presentará a las elecciones locales del 2007. Con veinte años de vida política vinculada al municipalismo, doce de ellos como alcalde de la capital de Extremadura, afirmó que se marcha a su casa por motivos personales y porque no se encuentra «cómodo» con la actual dirección del PP. Con sus palabras, el alcalde emeritense saca a la luz el desencuentro que vive con el presidente regional de PP desde el congreso del 2004, cuando apoyó a otro candidato, en concreto a Óscar Baselga; pero a la vez pone de manifiesto su debilidad política frenre a la dirección regional de su propio partido. A diferencia de otras épocas, Carlos Floriano manda en el PP extremeño. Ha sabido colocar estratégicamente a sus ‘peones’ en Cáceres y en Badajoz y controla todos sus frentes. De ahí que su respuesta a Acedo, a pesar de los ataques directos, haya sido tan elegante como indiferente.

La refinería en clave electoral

    La refinería entra en escena y, como se esperaba, se
convierte en asunto de confrontación política cara a los comicios
autonómicos y municipales de mayo de 2007. Era inevitable que este
proyecto industrial estuviera en el ‘candelero’ electoral dada la
trascendencia económica y la contestación social generada en la zona
donde se pretende instalar. Sin embargo, era difícil imaginarse que el
punto de partida de una campaña pre-electoral -aún quedan ocho meses
para la cita con las urnas- iban a ser los dos partidos políticos
mayoritarios divididos entre el sí y el no a una refinería.
    Aunque evidentemente hay miles de matices en esta
disputa y, si me apuran, hasta un cambio de opinión en el Partido
Popular, lo cierto es que la ciudadanía tiende a generalizar los
mensajes y, lo que es peor, a resumirlos. Al final, toda la disputa se
va a traducir en el titular de que el PSOE abandera el sí y el PP, por
el contrario, apoya el no.
    Carlos Floriano ha decidido dar un golpe de tuerca
en este asunto y fijar la posición de su partido de una manera clara y
contundente. De su negativa a posicionar al PP hasta que estuviera el
estudio de impacto ambiental del proyecto, ha pasado a oponerse al
mismo y, de ahí, a negarse a que la administración autonómica invierta
un solo duro. Es más, ha llegado a decir que si gobierna tras el 27M
-un guiño cómplice a los opositores- no habrá dinero de la Junta de
Extremadura para la refinería.
    El líder de los populares quiere contentar a un
sector importante del empresariado vitivinícola pero, además, acaparar
al movimiento ecologista, generalmente vinculado a partidos de
izquierda pero también sabedores del voto útil.
    El PSOE, mientras tanto, trata de ridiculizar el
cambio de postura de los populares, confiados en el criterio de su
electorado y, como no, en sus propias encuestas. En la consulta
realizada en mayo pasado, el 57 por ciento de los consultados dijo que
la refinería sería beneficiosa o muy beneficiosa para la región y sólo
el 27 por ciento opinó lo contrario.
    De todas maneras, queda aún mucho tiempo y nadie
sabe a fecha de hoy qué efecto y trascendencia adquirirá la polémica en
las urnas. Hagan sus apuestas. El PP y el PSOE ya lo han hecho.La
refinería entra en escena y, como se esperaba, se convierte en asunto
de confrontación política cara a los comicios autonómicos y municipales
de mayo de 2007. Era inevitable que este proyecto industrial estuviera
en el ‘candelero’ electoral dada la trascendencia económica y la
contestación social generada en la zona donde se pretende instalar. Sin
embargo, era difícil imaginarse que el punto de partida de una campaña
pre-electoral -aún quedan ocho meses para la cita con las urnas- iban a
ser los dos partidos políticos mayoritarios divididos entre el sí y el
no a una refinería.
    Aunque evidentemente hay miles de matices en esta
disputa y, si me apuran, hasta un cambio de opinión en el Partido
Popular, lo cierto es que la ciudadanía tiende a generalizar los
mensajes y, lo que es peor, a resumirlos. Al final, toda la disputa se
va a traducir en el titular de que el PSOE abandera el sí y el PP, por
el contrario, apoya el no.
    Carlos Floriano ha decidido dar un golpe de tuerca
en este asunto y fijar la posición de su partido de una manera clara y
contundente. De su negativa a posicionar al PP hasta que estuviera el
estudio de impacto ambiental del proyecto, ha pasado a oponerse al
mismo y, de ahí, a negarse a que la administración autonómica invierta
un solo duro. Es más, ha llegado a decir que si gobierna tras el 27M
-un guiño cómplice a los opositores- no habrá dinero de la Junta de
Extremadura para la refinería.
    El líder de los populares quiere contentar a un
sector importante del empresariado vitivinícola pero, además, acaparar
al movimiento ecologista, generalmente vinculado a partidos de
izquierda pero también sabedores del voto útil.
    El PSOE, mientras tanto, trata de ridiculizar el
cambio de postura de los populares, confiados en el criterio de su
electorado y, como no, en sus propias encuestas. En la consulta
realizada en mayo pasado, el 57 por ciento de los consultados dijo que
la refinería sería beneficiosa o muy beneficiosa para la región y sólo
el 27 por ciento opinó lo contrario.
    De todas maneras, queda aún mucho tiempo y nadie
sabe a fecha de hoy qué efecto y trascendencia adquirirá la polémica en
las urnas. Hagan sus apuestas. El PP y el PSOE ya lo han hecho.

De blanditos y sustitos

El candidato del PP, Carlos Floriano, dijo el martes que Guillermo Fernández Vara es «blandito» en su actitud política. Éste, en lugar de callarse, le contestó que dentro de ocho meses «se llevará un sustito» y se lo dará «el blandito», insinuando que ganará las elecciones autonómicas de calle. Ay, pobres ciudadanos si la campaña va a ir por estos derroteros.

Vara no es Ibarra

IBARRA se ha ido porque teme por su salud o porque le ha echado Zapatero? Es una de las preguntas que se lanzan estos días, como también: ¿Quién es Vara para, ajeno al partido, haber desarrollado una carrera meteórica, ponerse al frente del PSOE y heredar el puesto en sólo 48 horas?

Quien conozca un poco al PSOE extremeño puede afirmar, sin miedo a equivocarse, que Mérida jamás aceptaría una imposición de Madrid. Que Ferraz plateara una sustitución, como se ha hecho con Maragall en Cataluña, no se entendería en Extremadura y se rechazaría frontalmente, máxime si se tiene en cuenta el hiperliderazgo de Rodríguez Ibarra, sin nadie capaz de hacerle sombra y cogerle la delantera si no es con su consentimiento previo. Otra cosa es que la idea de marcharse de Rodríguez Ibarra haya coincidido con el deseo de Zapatero, aspecto apuntado como cierto por destacados miembros del PSOE.

El presidente del Gobierno, en sólo dos años, se ha quitado de encima todo un lastre del pasado, desde José Bono hasta Pascual Maragall, pasando por Manuel Chaves, quien fue nombrado presidente del comité federal para, a partir de ese momento, callarse todos sus comentarios díscolos desde Andalucía.

Con Ibarra en casa se acaba una voz disidente, que no desleal, y se termina un estilo, identificado con el ‘guerrismo’, que chocaba frontalmente con el nuevo talante de Zapatero. El PSOE está convencido de seguir ganando las elecciones en Extremadura, como aseguró el propio Ibarra el martes, lo que ha permitido que Madrid dé luz verde para optar por un nuevo líder.

A Guillermo Fernández Vara lo ha elegido Juan Carlos Rodríguez Ibarra el primero. Aunque ha tenido que pasar el trámite de la ejecutiva y el comité regional, después de treinta años de liderazgo la voz del presidente extremeño y secretario general del partido no sólo es escuchada sino atendida.

A pesar de ello, el nuevo candidato no es una imposición como pudiera pensarse. Guillermo Fernández Vara ha sido el ‘delfín’ casi desde su llegada a la política. Primero porque lo aupó su amigo Rodríguez Ibarra siendo un perfecto desconocido; y segundo, porque su perfil, dialogante y moderado, fue del agrado de propios y contrarios desde el principio.

A lo largo de diez años de carrera política, el consejero de Sanidad se ha destacado tanto por su capacidad de trabajo como por su destreza para las relaciones. Cuida con mimo las amistades y las formas y sabe casi a la perfección cómo ganarse las simpatías de la gente. Aunque es verdad que militó en su juventud en Nuevas Generaciones de AP, ha demostrado su lealtad al PSOE todos estos años, lo que le ha reportado la confianza del aparato, el núcleo duro, del partido.

No es Ibarra. Ni se le parece, pero puede ganarse el favor de la militancia y del electorado si se lo propone igual que él. Aunque candidatos había otros, al final el partido ha optado por quien puede seguir ganando elecciones, lo que de verdad importa. ¿O no?