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Badajoz, Cáceres y el Agua

 En artículos anteriores “Planeta Tierra y el Agua”, “Europa y el Agua”, “España y el Agua”, “Extremadura y el Agua (I)”“Extremadura y el Agua (II)”, comentábamos la situación actual y previsible de las aportaciones y disponibilidad de agua, a las escalas respectivas. Nos proponemos ahora echar una ojeada a los datos de precipitación registrados en los dos Observatorios Meteorológicos centenarios de que disponemos en Extremadura, el de Badajoz (1864 a hoy) y el de Cáceres (1907 a hoy).

En los datos de precipitación del Observatorio Meteorológico de Badajoz, con casi un treintenio más de datos disponibles que el Observatorio de Cáceres, se puede observar una tendencia al decrecimiento (línea roja, ajustada a la serie de datos por el método de mínimos cuadrados); pero esta tendencia no es estadísticamente significativa y de hecho no aparece en el caso de los datos de Cáceres, de forma que sólo debe ser considerada como un efecto de los datos de precipitación correspondientes a los primeros años del siglo XX, un período conocido como “decenio anómalo”, que al tener valores elevados, muy por encima de la media, pesan mucho en la serie de Badajoz y menos en la de Cáceres que comenzó más tarde.

 

 Una anomalía en la tendencia, que sí aparece claramente, tanto en la serie de valores de Badajoz como en la de Cáceres, es la correspondiente a las precipitaciones del mes de marzo, claramente decrecientes en ambas series, como puede apreciarse en los gráficos que se incluyen más abajo.

En cuanto a la tendencia “a futuro” de estas series, como localidades extremeñas, les es de aplicación lo que planteábamos en el artículo “Extremadura y el Agua (II)”, en el sentido que las precipitaciones que prevén los modelos climáticos para el año 2025 y para el 2050, bajo el escenario de emisiones A2 muestran de forma general una reducción de las precipitaciones. Así la precipitación media estimada para el año 2025 disminuirá de media un 5% respecto al valor de referencia (1961-90), mientras que la reducción será mucho mayor para el 2050, alcanzándose pérdidas de un 25% o más, respecto a los valores de la serie 61-90. Los resultados obtenidos bajo el escenario de emisiones B2, presentan un comportamiento muy diferente del A2, con una importante aridez en la totalidad del territorio extremeño, mientras que para 2050 se espera una distribución  mucho más parecida a la del periodo de referencia (1961-90).

Recordemos, como indicábamos en el citado post anterior, que en el escenario A2 se considera que el mundo evolucionará manteniendo nuestro actual comportamiento, con un crecimiento lento y cada vez más desigual entre las distintas regiones del planeta. Mientras que en el escenario B2 se considera un mundo más sostenible, tanto a nivel ambiental como económico y social. La protección medio ambiente y la igualdad social están más arraigados, y es un mundo que crece a menor ritmo, pero de forma más sostenible.

 

 Hablar del agua desde el punto de vista de la meteorología es hablar del ciclo hidrológico, al que algunos llaman ciclo hidroilógico dado lo poco lógico que les parece su comportamiento. En efecto, aunque la física de la atmósfera explica sin lugar a dudas las causas de todos los procesos que tienen lugar en ella, lo cierto es que, vistos desde fuera e incluso a veces desde dentro, no se acaban de entender muy bien esos aparentes caprichos extremos de la madre naturaleza que son las sequías o las inundaciones. En realidad hay que admitir que la naturaleza es todo menos maternal a la hora de repartir el agua entre sus hijos. Sin embargo, antes de acusar a nuestra madre, deberíamos preguntarnos si nosotros, los seres humanos, nos comportamos realmente como buenos hijos respecto a ella.

¿Será la naturaleza la que es ilógica? o ¿Seremos nosotros los que con nuestro mal comportamiento la hemos obligado a castigarnos sin paga (agua)?. Antes de contestar a esa pregunta convendría que refrescáramos nuestra memoria con temas como el de la deforestación, el dióxido de carbono, el efecto invernadero, los CFCs, el “agujero” de ozono y algunos otros.

Ciertamente en los últimos decenios no hemos tratado demasiado bien al medio ambiente, por lo que nada deberíamos objetar si la naturaleza nos pasa ahora factura. Sin embargo confiamos siempre en que nuestros pecados, en forma de agresiones al suelo que nos sustenta y al aire que nos envuelve, serán perdonados, y lo cierto es que así ha sido. Y así seguirá siendo, siempre y cuando seamos lo suficientemente razonables y prudentes como para no cruzar los umbrales de daño permanente al medio que nos rodea.

 

 La ciudad de Badajoz ha crecido y previsiblemente seguirá creciendo hasta llegar a ser, dentro de relativamente poco tiempo, una de esas gratas ciudades con una población en torno al cuarto de millón de habitantes, lo suficientemente grande como para tener prácticamente de todo y lo suficientemente pequeña como para no resultar agobiante para sus habitantes. ¿Contribuirá nuestro clima al desarrollo favorable de la ciudad?. Si analizamos las series históricas de los registros de precipitación en Badajoz, no encontramos nada que nos haga pensar lo contrario. Cierto que la atmósfera nos ha deparado algunos sustos, incluido el terrible e inolvidable noviembre de 1997, y cierto también que las aportaciones desde las nubes han dado saltos espectaculares de unos años a otros, pasando de los cerca de los 900 litros por metro cuadrado en el año 1907, a sobrepasar apenas los 220 litros por metro cuadrado en el cercano 2005.

Sin embargo, con ser muy variable y voluble, nuestro clima ha cumplido siempre con el refranero, escampando después de las tormentas y lloviendo después de las sequías. En cualquier caso, de un clima que, cada año, pone a disposición de la ciudad casi quinientos litros de agua por metro cuadrado como media, no puede decirse que sea cicatero desde el punto de vista hídrico; pensemos que esa cantidad equivale a una capa uniforme de casi medio metro de espesor cubriendo cada año todo nuestro entorno.

Volviendo al símil de nuestra madre naturaleza y teniendo en cuenta que no siempre hemos sido demasiado respetuosos para con ella, hemos de admitir que la paga (agua) que nos tiene asignada es justa. Otra cosa es que, como por otra parte pasa en las mejores familias, hay años en que se puede ser más generoso de lo habitual y otros en los que hay que apretarse el cinturón. Hagamos nosotros lo que recomendamos hacer a nuestros hijos en casos similares, sepamos administrar lo que tenemos y guardar cuando sobre, para poder tener cuando falte.

Adolfo Marroquín Santoña

Noticias y comentarios sobre temas científicos

Sobre el autor

Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.


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