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Lluvia, malo no llegar, pero peor pasarse

El genial escritor y autor de teatro español, Pedro Muñoz Seca, en su obra “La venganza de Don Mendo”, nos refiere como Mendo le dice a su amada Magdalena, algo así como:

Mendo.-  Para no aburrirnos, propuse jugar a las siete y media.

Magdalena.- ¿Y por qué a esa hora tan rara? Pudo ser luego…

Mendo.- Es que tu inocencia ignora que a más de una hora, señora, las siete media es un juego. Y un juego vil que no hay que jugarlo a ciegas, pues juegas cien veces, mil, y de las mil, ves febril que o te pasas o no llegas. Y no llegar da dolor, pues indica que mal tasas y eres del otro deudor. Más ¡ay de ti si te pasas! ¡Si te pasas es peor!

Pues eso mismo podríamos decir de lo que pasa con las lluvias, que suelen ser bienvenidas cuando llegan en cantidades y tiempos “adecuados”. Pero falta concretar qué significa adecuado cuando se habla de lluvia. Bueno, para las cantidades podríamos recurrir a alguna de las medidas de centralización estadística (media, moda, mediana, etc.) y en cuanto al tiempo adecuado en que deberían producirse, podríamos aceptar que es el que nos señalan las series temporales climáticas de que se disponga en la zona.

En resumen está muy claro que, en el caso de las lluvias, lo adecuado es que llueva lo que debe llover y cuando debe llover. Pero nos queda por aclarar qué es aquí lo que Mendo llamaba el NO LLEGAR, y qué significaría aquí el PASARSE. El nombre es fácil de establecer, puesto que basta con mirar el diccionario. EL NO LLEGAR sería la SEQUÍA y EL PASARSE sería la INUNDACIÓN. Veamos lo qué son esos dos extremos y, lo que es más importante, qué se espera de ellos en cuanto a sus futuras ocurrencias.

SEQUÍAS

El término sequía puede hacer referencia a la sequía meteorológica (precipitación notablemente inferior al promedio), hidrológica (caudales fluviales bajos y niveles bajos en ríos, lagos y aguas subterráneas), agrícola (humedad del suelo baja) o medioambiental (combinación de las anteriores).

Ahora bien, cuantificar cada una de ellas es ya otra cuestión, por ejemplo para la sequía, así en general, podemos encontrar en la bibliografía muy variadas definiciones, como las manejadas a lo largo del siglo XX en distintos países, con diferentes climas:

“ …cuando la precipitación anual es el 75 % de la normal o  cuando la precipitación mensual es un 60 % de la normal” (Bates, 1935)

“…cualquier cantidad de precipitación  inferior en un 85 % a la normal” (Hoyt, 1936)

“…tres o más meses consecutivos con un déficit de precipitación igual o superioral 50 % de la precipitación media” (Baldwin y Wiseman, 1941)

“…periodo de quince días consecutivos en que la precipitación es inferior a 1 mm/día” (British Rainfall Organization, 1942)

“ …cuando la precipitación durante una semana es igual o inferior a la mitad de la normal en ese periodo de tiempo” (Ramdas, 1950)

“…periodo de tres meses consecutivos con lluvias inferiores al 80 % de la media mensual. O bien, la precipitación anual es inferior al 70 % del valor medio anual” (R. Heras, 1970)

Y así podríamos seguir avanzando hasta nuestros días, con muchos otros intentos de definir la sequía; por mi parte, me quedo con la que aconseja la OMM (Organización Meteorológica Mundial), que define la Sequía Climática en un área determinada, como “Un período, de más de dos años consecutivos, durante los que la precipitación registrada, en más del 50% del área, está incluida entre el 40% de los valores más bajos de su serie climatológica”.

Aspecto importante de este NO LLEGAR de las lluvias, al que hemos dado en llamar SEQUÍA, es el de sus efectos sobre la comunidad y su salud, que la OMS resume en el siguiente cuadro:

 

Por tanto el no llegar da dolor, nos enferma, nos lleva a emergencias de todo tipo, sanitarias, agrícolas, económicas, etc., para resolver las cuales hay que poner en marcha muchos recursos, que la sequía nos ha quitado. Más “ay de nosotros si la lluvia se pasa…”

INUNDACIONES

En muchos lugares de nuestro planeta, las inundaciones han aumentado notablemente. Este aumento parece estar vinculado a la deforestación, lo que da lugar a una escorrentía más rápida y a una mayor erosión de la capa superior del suelo.

Los cambios en el uso del suelo han contribuido a aumentar la frecuencia y la magnitud de las inundaciones, causando devastaciones generalizadas, que tienen como consecuencia la pérdida de vidas humanas y daños a los bienes personales y a las infraestructuras, lo que representa miles de millones de pérdidas económicas.

Ahora bien, resulta que al mismo tiempo que se produce el aumento del riesgo de sequía, sobrevendrá un aumento del riesgo de precipitaciones e inundaciones intensas, aunque resulte extraño y hasta cierto punto contrario a la intuición. Esto se debe a que, según las previsiones de los modelos climáticos a largo plazo, en los que se basan muchas de las conclusiones del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), la precipitación se va a concentrar en cortos episodios muy intensos, intercalados con largos periodos de precipitación escasa o nula.

 

Según se desprende de un Informe de la OMM, referido al final del siglo XX y primer decenio del XXI, el promedio de personas expuestas cada año a las crecidas e inundaciones aumentó un 114% a nivel mundial entre 1970 y 2010, período en el que la población mundial aumentó un 87%, y pasó de 3 700 millones a 6 900 millones de personas. El número de personas expuestas a tormentas violentas casi se triplicó en las zonas propensas a ello, habiendo registrado un aumento del 192% durante el mismo período.

A partir de ahora y a lo largo del siglo XXI, es muy probable que los episodios de precipitación intensa aumenten en frecuencia, particularmente en áreas tropicales y de latitudes altas; mientras que se aprecia una tendencia hacia un clima más seco en áreas continentales, que apunta a un riesgo de sequía elevado en esas regiones. Y, en todo caso, la precipitación extrema aumentará más que la precipitación media.

En resumen, la idea es que vamos camino de fuertes anomalías hídricas, que extremarán lo que ha venido ocurriendo desde siempre, puesto que siempre ha habido sequías e inundaciones y eso seguirá así, pero ahora ambas serán mucho más duras e incluso el daño potencial de su combinación puede ser mucho mayor, dado que, tras un período de sequía, los temporales con intensas precipitaciones provocarían serios daños

 

Así pues…   ¡ay de nosotros si se pasa la lluvia! ¡Si se pasa será peor!

Adolfo Marroquín Santoña

Fuentes: OMM, Organización Meteorológica Mundial; OMS, Organización Mundial de la Salud; IPCC, Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

 

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Sobre el autor

Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.


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