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La belleza del ocaso en Extremadura
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Adolfo Marroquín Santoña | 20-05-2015 | 10:13

”- Me gustan las puestas de sol, vamos a ver una puesta de sol…

– Pero tendremos que esperar…

– ¿Esperar a qué?

– Esperar a que se ponga el Sol.

Al principio pareciste muy sorprendido, y luego te reíste de ti mismo. Y me dijiste:

-¡Siempre creo que estoy en mi tierra!

Pero a ti, en tu pequeño planeta, te bastaba correr tu silla unos pasos. Y mirabas el crepúsculo siempre

que te apetecía …

– ¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!”

 (“El Principito” de Antoine de Saint-Exupery)

 

Nosotros no podemos verlo tantas veces cada día, pero tanto el ORTO (aparición diaria del Sol por el horizonte, hacia el este, como consecuencia de la rotación terrestre) como el OCASO (puesta de Sol al transponer el horizonte, hacia el oeste) son espectáculos que la naturaleza nos ofrece cada día, aunque a veces las nieblas al amanecer o los cielos cubiertos al atardecer no nos permitan disfrutar de ellos.

Sin duda ambos espectáculos son bellos en sí, con sus juegos de luces y sombras, así como con unas paletas de colores incomparables, pero es el ocaso el que más atracción ha despertado tradicionalmente y el que más literatura e imágenes ha acumulado, dando lugar a catálogos interminables en los que cada uno ensalza los de su tierra.  

Por mi parte quiero destacar el ocaso de Extremadura, pero Dios me libre de pensar siquiera en plantear ese ocaso como una tendencia hacia un final de las glorias de esta bendita tierra; muy al contrario lo que quiero es destacar la enorme belleza de las puestas de sol que pueden disfrutarse desde lo que ha dado en llamarse la Raya con Portugal.

Un excepcional observador de todos los fenómenos que tienen lugar en esa Raya fue mi entrañable amigo Antonio Pérez Garrido, geólogo de profesión y meteorólogo de afición, que desde su excepcional atalaya, en el último piso de un edificio de la ciudad de Badajoz, en la orilla del Guadiana, y con una terraza orientada al oeste, obtuvo una de las mayores y mejores colecciones de imágenes de nubes en general y de puestas de Sol en particular, que he visto en mi vida.

 

Mi amigo Antonio, dejaba conectada su máquina fotográfica en la terraza, programándola para toma de imágenes a la hora del ocaso de cada día, con lo que llegó a reunir miles de diapositivas. No fueron pocas las veces en las que convocó reuniones de amigos, en las que proyectaba sus últimas capturas, acompañadas con algún embutido y vinillo de la tierra.

Pero también dentro de lleno de la Raya con Portugal, podemos disfrutar de maravillosas puestas de sol, por ejemplo desde Valencia de Alcántara, que además goza de merecida fama por su conjunto megalítico, así como de un bello barrio gótico y los restos de la fortaleza árabe. Todo ello justo en la Raya, donde muchas aldeas rayan, literalmente, con sus vecinos portugueses de la región del Alentejo, como es el caso de Solana, Cedillo, Herrera de Alcántara, Carbajo o Membrío, localidades típicamente arrayanas o rayanas y todas ellas fuentes inagotables de bellísimas puestas de sol.

 

Estos atardeceres/anocheceres extremeños están presididos muy frecuentemente por los colores amarillentos y rojizos, o por preciosas combinaciones de ellos, aderezados a veces con azules, naranjas y grises, con resultados tanto más atractivos cuando existen nubes hacia el oeste y el disco solar es visible entre ellas.

Llegados a este punto conviene aclarar un par de cosas, una respecto a esos bellos colores y otra respecto a la verdadera posición del disco solar. En cuanto a los colores, sabemos que la luz solar es del tipo conocido como luz blanca, resultado de la suma de sus colores componentes, que de mayor a menor longitud de onda, van del rojo al violeta. Ahora bien, resulta que cada uno de estos colores es afectado de diferente manera a lo largo de su camino óptico a través de la atmósfera.

El fenómeno físico conocido como efecto Tyndall o la difusión de Rayleigh, hace que cuando la luz blanca pasa a través de un área que contiene aerosoles, es decir partículas en suspensión, como ocurre en la atmósfera terrestre, las longitudes de onda más cortas, como es el caso de las radiaciones violetas y azules, se dispersan fuertemente, por lo que, en ausencia de nubes y cuando el Sol está en lo alto, ese es el color que llega a nuestros ojos, desde todas las direcciones, lo que hace que veamos el cielo de color azul.

Por el contrario, a medida que se acerca la hora del ocaso, el Sol de acerca más y más al horizonte, con lo que los rayos solares que nos llegan lo hacen atravesando mucha más masa de aire que al mediodía, cuando el Sol está en lo alto; en esta situación podríamos decir que la componente de ondas más cortas, como el azul, se refleja y dispersa antes, en la primera parte del recorrido, dejando que continúen su camino los colores con las longitudes de onda más largas como el amarillo, naranja y rojo, que serán los que básicamente lleguen a nuestros ojos al ocaso.

Cuando al atardecer el cielo está despejado y con escasos aerosoles, el color predominante será el amarillo, porque la luz azul no ha desaparecido del todo en la radiación que llega al observador, y la mezcla de esa pequeña parte de azul con la componente naranja, amarilla y roja da lugar a un atardecer amarillento, muy frecuente en la raya con Portugal.

Por el contrario cuando existen abundantes aerosoles en suspensión en la atmósfera, es cuando se producen los atardeceres en los que predomina el naranja e incluso el color rojo profundo. En el caso de las puestas de sol observadas desde Extremadura y en concreto desde la Raya, estas partículas en suspensión proceden normalmente de los suelos de Portugal  y más en concreto del Alentejo, tanto de sus tierras como de sus costas, donde es fácil que los vientos dominantes levanten gran cantidad de partículas de su árido suelo e incluso, más lejanas pero ópticamente muy eficaces, de la sal del Atlántico.

En estas circunstancias, con una gran cantidad de partículas en el cielo, gracias a los aerosoles portugueses, las radiaciones de  longitudes de onda más corta, como las azules tienen mucha más probabilidad de dispersarse y debilitarse, hasta casi desaparecer antes de llegar a Extremadura, quedando sólo el rojo, el naranja y el amarillo para adornar el atardecer del cielo extremeño, con lo que la puesta de sol lucirá con colores que van del naranja al rojo profundo.

 

Finalmente, es bueno que sepan que ese Sol que creen ustedes ver durante la puesta de ídem, no está en realidad ahí, puesto que nuevamente las leyes de la física, en este caso la ley de la refracción, establece que la luz solar, no se propague en línea recta, sino que se curve siguiendo el valor del índice de refracción de la atmósfera terrestre, de forma que ese Sol que usted cree ver, hace ya rato que está bajo el horizonte. Pero… ¡Que nos quiten lo disfrutado con el espectáculo!

Y, háganme caso, si ustedes tienen la suerte de vivir en Extremadura, cerca de la Raya con Portugal, echen una ojeada cada atardecer hacia el oeste, y la naturaleza se lo agradecerá con un cuadro lleno de belleza. Y si, para su desgracia, no viven en Extremadura, pues programen una escapada, en cuando tengan ocasión, puesto que, además de la belleza de sus puestas de sol, esta bendita tierra les acogerá cordialmente y ustedes podrán comprobar que está llena de magníficas sorpresas.

Adolfo Marroquín Santoña

 

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.