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La Tierra está preparada para sobrevivir
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Adolfo Marroquín Santoña | 20-07-2015 | 09:42

Cuando digo que el planeta Tierra está preparado para la supervivencia, dejo pendiente de aclarar una duda ¿Esa supervivencia se refiere exclusivamente al planeta o también a sus inquilinos, incluido el género humano? No se trata de ser agoreros o alarmistas, pero ¿Por qué se dice con frecuencia que estamos poniendo en peligro al planeta?

¿De verdad cree alguien que está en peligro la supervivencia del planeta? ¿No será más bien que es la humanidad la que peligra? En mi opinión, que trataré de justificar, el planeta Tierra nos sobrevivirá ampliamente, a nosotros y a todos nuestros descendientes.

En realidad no debería plantearse siquiera la cuestión, puesto que, desde hace miles de millones de años, la Tierra ha sabido salir siempre airosa de las situaciones más o menos delicadas que se ha ido encontrando, incluyendo los cambios climáticos a los que se ha visto sometida. En efecto, desde sus orígenes, el planeta ha venido manteniendo el equilibrio entre los cinco subsistemas que constituyen el sistema climático terrestre.

El clima ha sido siempre cambiante, en el sentido de buscar permanentemente el equilibrio entre sus cinco componentes, es decir atmósfera (capa gaseosa que nos envuelve), litosfera (parte sólida del planeta), hidrosfera (conjunto de todas las aguas), criosfera (el hielo planetario, Antártida, glaciares, etc.) y biosfera (todos los seres vivos, vegetales, animales y el más dañino de ellos, el HOMBRE).

Se da la circunstancia de que las desviaciones de ese equilibrio, constantemente buscado y nunca alcanzado, han procedido siempre de algunos de los citados cinco subsistemas; por citar el último desequilibrio, el actual, es consecuencia del calentamiento global de la atmósfera y de la hidrosfera, que ha dado lugar a la fusión de la criosfera, así como a la desaparición de muchas de las especies de la biosfera, actuando como “colaborador necesario” para todo ello un miembro de la biosfera… ¡Sí, el HOMBRE!.

 

No vamos a remontarnos al origen del universo, el conocido como “Big Bang”, y desde luego no profundizaremos en los cambios anteriores que ha sufrido el planeta que nos acoge, puesto que lo que más nos interesa es el aquí y ahora de ese potencial peligro de la supervivencia, aclarando si es la del planeta o la nuestra. Haremos sólo un breve y somero recordatorio de algunos episodios vividos por nuestro sufrido planeta, desde que el mundo es mundo.

Inicialmente la Tierra era una masa incandescente, cuyas capas exteriores empezaron a lentamente a solidificarse, hasta que la temperatura bajó lo suficiente como para permitir la formación de una corteza terrestre, la litosfera, con una cierta estabilidad. La actividad volcánica era muy intensa, dando lugar a que grandes masas de lava salieran al exterior, enfriándose y solidificándose, consolidando así  la incipiente litosfera.

Y aquella actividad de los volcanes generó una gran cantidad de gases que formaron una capa que envolvía la corteza, la composición de aquella capa gaseosa era muy distinta de la actual, pero fue la precursora de una atmósfera, en la que la presencia de oxígeno y de hidrógeno dio lugar a la aparición de vapor de agua, que al ascender se condensaba, dando origen a las primeras nubes y lluvias, que con el tiempo, con la corteza más fría, llegaron a mantenerse en fase líquida, manteniéndose parcialmente en superficie y penetrando hacia zonas más profundas de la corteza, formándose el embrión de la hidrosfera.

Posteriormente, hace unos 2 500 millones de años, algunas moléculas complejas consiguieron unirse y en aquel ambiente cálido y húmedo, formaron los primeros organismos vivos, dando lugar al comienzo de la biosfera.

Para que apareciera sobre la Tierra el quinto subsistema, la criosfera, se tuvieron que producir enormes cambios en el sistema, incluyendo la formación del supercontinente Pangea (“toda la tierra”, en griego), fusionándose todos los continentes en una única y colosal masa de tierra, con unos 200 millones de kilómetros cuadrados, rodeada por un único océano, Pantalasa (“todos los mares”, en griego). La formación de Pangea hizo saltar por los aires los delicados equilibrios de la naciente Tierra, dando lugar a enormes cambios globales, incluida una fuerte actividad volcánica que envenenó la atmósfera con grandes volúmenes de dióxido de carbono, metano, dióxido de nitrógeno y cianuro.

Estos gases causaron además un aumento del calentamiento global, situación muy similar a la actual, puesto que, como consecuencia del efecto invernadero y del deterioraron de la capa de ozono de la estratosfera, expusieron la superficie terrestre a la dañina radiación ultravioleta. El deterioro de las interrelaciones entre atmósfera, litosfera, hidrosfera y biosfera aumentó, con resultados caóticos, a lo que vino a sumarse una complicación extra, consistente en la inversión de los polos magnéticos del planeta.

 

Por supuesto todos estos procesos duraron cientos de millones de años y fueron enormemente complejos, pero no se trata aquí de analizar dichos procesos, sino sólo de mencionarlos para dejar constancia de que el planeta Tierra ha pasado por etapas verdaderamente difíciles, incluidos muchos cambios climáticos, bastante más complicadas que la que puede representar el actual cambio climático. Y la Tierra siempre superó las circunstancias adversas, e incluso salió de todas ellas fortalecida como planeta, mejorando sus componentes, los cinco subsistemas antes citados, y preparándose para el futuro.

A pesar de aquellos complicados escenarios en los que se vio sumida la Tierra, ésta ha mantenido una temperatura bastante constante durante toda la evolución de la vida, y si bien es cierto que la temperatura media planetaria se ha movido, a lo largo de los millones de años anteriores, aproximadamente entre los 10 ºC y los 20 ºC, con una media de alrededor de 13 ºC o 14 ºC, es también cierto que el ritmo de esas subidas y bajadas fue, con frecuencia, lo suficientemente lento como para permitir que los seres vivos se adaptaran al cambio.

Desde que existe nuestro planeta, su clima ha está cambiando permanentemente, pero la gran diferencia entre los cambios climáticos anteriores, ajenos a la acción del hombre, y  el cambio climático actual, que ha sido causado en gran medida por las actividades humanas, según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (el conocido IPCC), radica en la velocidad de ocurrencia, velocidad de cambios que fueron muy lentos, de decenas de miles de años, pero que en el caso del cambio climático actual, está teniendo lugar a una velocidad tan grande que da lugar a muchas dudas sobre la capacidad de adaptación de los seres vivos a las nuevas condiciones climáticas.

 

Si a lo largo de los millones de años de vida de nuestro planeta la temperatura del mismo hubiera dependido únicamente del intercambio de energía entre el suelo y la atmósfera, podrían haberse alcanzado, como indica la figura superior, condiciones extremas de entre 60 ºC “bajo cero” (línea C) y 110 ºC “sobre cero” (línea A) y, de haber sucedido esto, prácticamente toda la vida, al menos tal como la conocemos hoy, habría desaparecido de la faz de la Tierra, lo que también hubiese sucedido si las temperaturas hubieran seguido pasivamente el incremento de radiación solar (estimada por la línea B) . Parece por tanto razonable pensar que si las cosas han evolucionado como lo han hecho, manteniéndose las condiciones compatibles con la vida, debe ser porque algo, o alguien, ha controlado la evolución ¿Habrá sido el propio planeta Tierra?

Puestas así las cosas parece claro que el planeta sabe cuidarse él mismo de las posibles agresiones que se produzcan en su entorno, vengan de donde vengan. Y no sólo eso, sino que además lo hace manteniendo las condiciones medioambientales necesarias y suficientes para que la vida sobre él sea posible.

La cuestión de la supervivencia del planeta como tal está clara, la duda surge en ¿Qué ocurrirá si se mantienen las actuaciones agresivas del hombre, obligando al planeta a tener que decidir entre protegerse él mismo o proteger a la humanidad? ¿Decidirá proteger el TODO (los cinco subsistemas) u optará por “amputar” una parte (la biosfera, incluido el hombre)?

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.