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Ciencia y tecnología, según el papa Francisco
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Adolfo Marroquín Santoña | 06-10-2015 | 10:56

Tomada la palabra al pie de la letra, una encíclica es una carta solemne que dirige el Sumo Pontífice a todos los obispos y fieles del orbe católico. Y hay que admitir que así ha sido en el caso de la mayoría de las encíclicas de los papas habidos hasta ahora, pero también hay que admitir que Jorge Mario Bergoglio, al que me referiré a partir de aquí simplemente como Francisco, así sin más, puesto que es lo que él ha dicho que le gusta; hay que admitir digo, que Francisco no hace o deja de hacer cosas porque esa sea la costumbre.

Pues bien, desde su presentación, el 18/06/2015 en el Vaticano, la encíclica “Laudato si”, la primera redactada íntegramente por Francisco, ha sido muy comentada, con opiniones a favor y en contra, lo que está muy bien en el marco de la libertad de expresión. Pero esta encíclica, que trata sobre cambio climático, ecología y desarrollo, es el primer documento pontificio que se centra en esos asuntos, y desde su presentación ha provocado lo que podríamos llamar división de opiniones.

Estas opiniones van desde un cálido apoyo por parte de gobiernos y de algunas organizaciones, asociaciones, y personas en general, hasta críticas furibundas de grupos que se ven beneficiados por una irracional explotación de los recursos naturales, por países, organizaciones,empresas,  o simples particulares, a los que no parece importarles la creciente degradación del planeta, en beneficio de una minoría.

El propio nombre de la encíclica está tomado del cántico religioso denominado “Cántico de las criaturas”, como cita el propio Francisco en el primer punto de su encíclica, que reproduzco literalmente: Laudato si’, mi’ Signore” (“Alabado seas, mi Señor”), cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”.

Dado que me declaro admirador de la figura de Francisco, de sus formas y de su fondo, y dado que en algunas publicaciones, en algunos medios, y en las redes sociales, ahora tan en boga, he visto y he oído comentarios, en mi opinión muy desafortunados, en relación con Francisco y su encíclica, comentarios del tipo: “¿Y este cura qué sabe de esto? (sic.)”, opto por recomendarles la lectura de la “Laudato si”, que pueden encontrar con facilidad en la web, por ejemplo en el enlace que les adjunto al pie, junto a la firma de este artículo.

Pero, para aquellos que no tengan tiempo o ganas de seguir mi recomendación, me voy a permitir, simplemente como muestra, reproducir algunas de las ideas que Francisco viene defendiendo sobre el clima y sus cambios, las agresiones al planeta Tierra y los avances de la tecnología, para que ustedes puedan opinar sobre lo atinado, oportuno e informado que está el autor de la “Laudato si”:

El clima como bien común.- El clima es un bien común, de todos y para todos. En las últimas décadas, el calentamiento global ha estado acompañado del constante crecimiento del nivel del mar, y además es difícil no relacionarlo con el aumento de eventos meteorológicos extremos, más allá de que no pueda atribuirse una causa científicamente determinable a cada fenómeno particular. La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan.

Numerosos estudios científicos señalan que la mayor parte del calentamiento global de las últimas décadas se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero emitidos sobre todo a causa de la actividad humana. Al concentrarse en la atmósfera, impiden que el calor producido por los rayos solares sobre la superficie de la tierra retorne al espacio. Este problema se debe fundamentalmente a la tendencia al desarrollo, basado en el uso intensivo de combustibles fósiles por parte del actual modelo energético mundial.

A su vez, el calentamiento afectará a la disponibilidad de recursos esenciales como el agua potable o la producción agrícola, y provocará la extinción de parte de la biodiversidad del planeta. Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos, con graves consecuencias para todos nosotros. El crecimiento del nivel del mar, por ejemplo, puede provocar situaciones de extrema gravedad, habida cuenta de que la cuarta parte de la población mundial vive en zonas costeras.

Me consta que, antes de escribir estos párrafos en su carta, puesto que como antes he dicho, eso es una encíclica, una carta para cuya redacción Francisco se ha documentado bien, habiendo pedido información a algunos científicos que conocían bien el tema y en los que él confiaba. El resultado es que lo que él dice y escribe, lo suscriben la inmensa mayor parte de los expertos en geofísica y física atmosférica.

El cambio climático.- Cuando Francisco quiere entrar en un tema tan de actualidad como el cambio climático, lo hace señalando que es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea que, en las próximas décadas, los mayores daños los sufrirán los países en desarrollo.

Los cambios del clima originan migraciones de animales y vegetales que no siempre pueden adaptarse, y esto a su vez afecta los recursos productivos de los más pobres, quienes también se ven obligados a migrar con gran incertidumbre por el futuro de sus vidas y de sus hijos. Es trágico el aumento de los emigrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas, sin protección normativa alguna.

Muchos de los países que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir los impactos negativos sobre sus países del cambio climático. Pero muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores, y por eso se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente, por ejemplo reemplazando los combustibles fósiles por fuentes de energía renovable.

El acceso al agua potable.- El agua potable es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos. Las fuentes de agua dulce abastecen a sectores sanitarios, agropecuarios e industriales. La provisión de agua permaneció relativamente constante durante mucho tiempo, pero ahora en muchos lugares la demanda supera a la oferta sostenible, con previsibles graves consecuencias.

La escasez de agua se da especialmente en África, donde grandes sectores de la población no acceden al agua potable segura, o padecen sequías que dificultan la producción de alimentos.

Mientras en muchas zonas se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, hay algunos lugares en los que avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado.

Una mayor escasez de agua provocará el aumento del costo de los alimentos y de distintos productos que dependen de su uso. Algunos estudios han alertado sobre la posibilidad de sufrir una escasez aguda de agua dentro de pocas décadas si no se actúa con urgencia. Los impactos ambientales podrían afectar a miles de millones de personas, y es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo.

El deterioro del planeta Tierra.- Sobre muchas cuestiones concretas la Iglesia no tiene por qué proponer una palabra definitiva y entiende que debe escuchar y promover el debate honesto entre los científicos, respetando la diversidad de opiniones. Pero basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común. La esperanza nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre podemos reorientar el rumbo, que siempre podemos hacer algo para resolver los problemas. Sin embargo, parecen advertirse síntomas de un punto de quiebra, a causa de la gran velocidad de los cambios y de la degradación, que se manifiestan tanto en catástrofes naturales regionales como en crisis sociales o incluso financieras.

 

La tecnología, la creatividad y el poder.- Las palabras de Francisco aseguran que la humanidad ha entrado en una nueva era en la que el poderío tecnológico nos pone en una encrucijada. Somos los herederos de dos siglos de enormes olas de cambio: el motor a vapor, el ferrocarril, el telégrafo, la electricidad, el automóvil, el avión, las industrias químicas, la medicina moderna, la informática y, más recientemente, la revolución digital, la robótica, las biotecnologías y las nanotecnologías.

La tecnología ha remediado innumerables males que dañaban y limitaban al ser humano. No podemos dejar de valorar y de agradecer el progreso técnico, especialmente en la medicina, la ingeniería y las comunicaciones. ¿Y cómo no reconocer todos los esfuerzos de muchos científicos y técnicos, que han aportado alternativas para un desarrollo sostenible?

Pero no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, y tantas otras capacidades que hemos adquirido nos dan un tremendo poder. Mejor dicho, dan a los que tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el resto de la humanidad y de hecho sobre el mundo entero.

Afirma el papa Francisco que nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo ya. ¿En manos de quiénes está y puede llegar a estar tanto poder? Es tremendamente arriesgado que ese poder resida en una pequeña parte de la humanidad.

Finalmente, en palabras del propio Francisco, diré aquí que existen dos gritos que deben ser lanzados libremente y escuchados lealmente: “El grito del pobre y el grito de la Tierra”.

Adolfo Marroquín Santoña

Fuente: Pueden descargar la encíclica completa, en formato PDF, visitando: https://www.aciprensa.com/Docum/LaudatoSi.pdf

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.