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Cuidemos la Tierra, somos simples okupas
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Adolfo Marroquín Santoña | 21-10-2015 | 10:57

Con frecuencia se hace referencia a la Tierra como “la casa común” y debemos tener claro que toda casa tiene algún propietario, ante el que debe responder el inquilino; ahora bien, en el caso de la casa común todos somos “okupas” y ninguno de ellos tiene la propiedad global. La realidad es que “el propietario del planeta Tierra”, a quien llamaremos “Sr. Gaia” por concretar un nombre, nos tiene cedida su propiedad en usufructo, es decir que nos ha cedido el derecho a disfrutar de todos los bienes del planeta, pero… ¡Siempre hay un PERO!, pero con la obligación de conservarlos.

Es evidente que, globalmente hablando, los sucesivos okupas que han pasado por el planeta han sido cada vez más dejados en cuanto a la obligación de conservar los recursos de la Tierra, siendo los peores en cuanto a la conservación del inmueble los que pasaron por aquí a lo largo del siglo XX y los que estamos en este XXI siguiendo con más de lo mismo.  

Y lo malo es que no somos capaces de ver lo que es evidente y está a la vista, por ejemplo las lamentables condiciones en que se encuentran algunas de las habitaciones, e incluso pisos enteros, de ese edificio que es nuestra casa común. Un ejemplo es lo que está ocurriendo con la desertificación que está haciendo inhabitables algunos de los locales de la casa, que deberían ser muy acogedores.

La Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación, define este fenómeno de la desertificación como: “La degradación de las tierras en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, resultante de diversos factores tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas” (Artículo 1º de la Convención).

La desertificación es un proceso dinámico que se observa en los ecosistemas secos y frágiles, e incluye áreas terrestres (suelo, subsuelo, acuíferos), poblaciones animales y vegetales, y los propios establecimientos humanos, sus servicios e instalaciones.

En la actualidad un total de más de 110 países poseen tierras áridas más o menos degradadas; como ejemplos, en África, 1.000 millones de hectáreas, es decir, el 73% del total de las tierras áridas están afectadas por la desertificación; en Asia, 1.400 millones de hectáreas se encuentran afectadas.

 

Pero el problema de la desertificación afecta a muchos otros países: América del Norte presenta la proporción más elevada del mundo de tierras áridas, en vías de desertificación (74%) y al menos cinco países de la Unión Europea, entre ellos España, se encuentran también afectados por este problema.

Y volviendo a analizar lo que está pasando en esa casa común, encontramos que no sólo se están deteriorando las paredes, suelo y techo incluidos, de algunos de los pisos, sino que al mismo tiempo resulta que los okupas que malviven en ellos no tienen agua ni para subsistir, Resulta que la relación entre la disponibilidad de agua en cada planta y la población de okupas en esa planta no es en absoluto proporcional, ni equitativa, ni justa, llegándose a verdaderos agravios comparativos.

Por citar un par de ejemplos, resulta que en el piso que tienen ocupado los asiáticos, que alberga el 60% de los okupas que habitan el edificio común, dispone sólo del 36 % del agua que pasa por el contador, instalado a la entrada de la casa. Y al mismo tiempo, la planta entera que okupan los africanos, cuenta únicamente con el  11% del agua del conjunto.

A esta situación hay que añadir que el último informe sobre la futura disponibilidad de agua en el edificio común, redactado por el Sr. IPCC (aquí, el Investigador de la Previsión de Cantidad y Calidad de agua) apunta que el suministro futuro se hará de forma asimétrica, con pocas cantidades para los pisos en los que ya hay carencias y grandes entregas en los que ya están bien abastecidos, lo que probablemente dará lugar a desbordamientos de los depósitos de éstos, que ocasionarán goteras y daños en las plantas y locales resecos.

 

Así las cosas, es de temer que en las próximas reuniones de la Comunidad de Okupas, tanto los asiáticos como los africanos presenten serias quejas ante lo injusto del reparto; hay que decir que incluso se vienen detectando ya intentos, por parte sobre todo de los africanos, de dejar sus viviendas para acceder e instalarse en las de otros okupas, y como tales iguales que ellos y con los mismos derechos, lo que está dando lugar a enfrentamientos y a no pocas reacciones insolidarias. Estos hechos están desbordando ya a la Presidenta de la Comunidad, la Sra. ONU, que no encuentra soluciones satisfactorias. ¡Esperemos que no tenga que intervenir el Sr. Gaia, el propietario!

Otro aspecto que desgraciadamente parece que va a agravar las cosas en la Comunidad de Okupas, es el tema de la calefacción del edificio, que durante mucho tiempo había venido funcionando bien, puesto que el técnico calefactor del edificio, el Sr. Sol, contratado por el propietario, Sr. Gaia, ha demostrado ser de confianza para garantizarnos el suministro energético necesario y suficiente.

Sin embargo parece ser que en algunas de las viviendas del edificio común se están utilizando “otras energías” que además de ser poco naturales, generan gases perjudiciales para la salud de la comunidad, e incluso agresivos para la propia estructura y servicios del edificio, incluido el propio sistema común de calefacción.

El resultado ha sido un recalentamiento de todo el edificio, que no parece vaya a parar, sino que más bien se prevé que irá en aumento, hasta alcanzar subidas de varios grados, que se harán notar sobre todo en los locales y pisos que antes señalábamos como los que padecían la mayor sequedad y el menor suministro de agua comunitaria.

Cumplamos como es debido con nuestras obligaciones de okupas, para que Gaia, el propietario, no se vea obligado a tomar la decisión de impedir la entrada a los futuros ocupantes, que serían nuestros propios descendientes, pero siempre a título de usufructuarios.

Si conseguimos que la casa común les llegue, a los que vengan después, en mejor estado de como nosotros nos la encontramos al llegar, habremos cumplido con nuestro deber de okupas responsables e inteligentes.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.