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Madre Tierra, un planeta para toda la vida
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Adolfo Marroquín Santoña | 05-11-2015 | 18:46

No deja de ser extraño que, en la actualidad, se estén invirtiendo cantidades ingentes de dinero y esfuerzos, para tratar de encontrar algún rastro de vida en planetas remotos, a cientos de miles o millones de km de distancia, cuando bastaría echar una ojeada alrededor de cualquier punto de nuestro propio planeta actual, la Tierra, para encontrar cientos de miles o millones de entes vivos, de todo tamaño y condición.

En mi opinión, son tres las razones fundamentales para buscar fuera lo que tenemos dentro; por una parte tratar de encontrar explicación al origen de la vida aquí, en la hipótesis de que “aquí” la evolución debió ser similar a la que se produjo “allí”, sea donde fuere ese allí.

La segunda razón sería el ir buscando, con tiempo suficiente, una segunda vivienda planetaria para las decenas de miles de millones de seres que, una vez llegado el momento en que se haga difícil la supervivencia aquí, opten por emigrar a otro planeta, más acogedor que la dañada Tierra. Y una tercera razón sería encontrar depósitos de nuevos recursos, que permitieran seguir explotando “allí” lo que ya habríamos esquilmado aquí.

Entiendo que el proyecto de esa búsqueda interestelar es atractivo desde el punto de vista de la investigación, pero, desde el punto de vista práctico, hay que separar claramente de qué proyección temporal estamos hablando puesto que la lógica de la búsqueda interestelar en muy diferente si se dirige al corto o medio plazo, es decir varios siglos o milenios, o si se está pensando en el largo o muy largo plazo, en cuyo caso se trataría del tiempo venidero dentro de cientos de miles o hasta millones de años

En el corto o medio plazo, las tres razones resultan muy endebles. La primera razón, es decir la busca de los orígenes de la vida y de su evolución no se compadece bien con el hecho cierto de que en la actualidad cada día se extinguen en la Tierra entre 150 y 200 especies, de los aproximadamente 100 millones de ellas que la pueblan, de las que por cierto conocemos apenas 2 millones. ¿No sería mejor, antes de buscarla por el espacio interestelar, evitar esa masiva destrucción y estudiar la vida y sus orígenes en ese inmenso laboratorio biológico que es la naturaleza que nos rodea?

La segunda y la tercera de las razones, la de la búsqueda de otra residencia para cuando nos carguemos ésta y la de buscar yacimientos de nuevos recursos, son a mi entender bastante irracionales. Las encuentro similares a la postura del indigente que se compra un coche, a base de enormes sacrificios, y después quiere cambiar a otro porque se ha llenado el cenicero de colillas, porque las alfombrillas están sucias o porque queda poca gasolina en el depósito de combustible.

No, hombre de Dios, antes de pensar en cambiar de vehículo, a un coste descomunal, limpia a fondo y no ensucies más el que ya tienes. Y en cuanto al combustible, utiliza el transporte colectivo, ahorra, busca otras energías que sean renovables (sol, viento, hidroeléctrica, geotérmica, olas, mareas o similares) o que sean prácticamente inagotables (como la fusión nuclear, la que abastece a Ra, el Sol).

 

Lo cierto es que la extinción forma parte del curso natural de la historia del planeta, pero el episodio de extinción de especies al que estamos asistiendo en la actualidad, es el más grande que el mundo ha experimentado en los últimos 65 millones de años, es la tasa más grande de extinción de especies, desde la desaparición de los dinosaurios.

Pero esta masiva extinción se debe en gran medida a los métodos no sostenibles de producción y de consumo del hombre, con la destrucción de hábitats, excesiva y con frecuencia incontrolada expansión de las ciudades, contaminación, deforestación, calentamiento global, e introducción de especies exóticas invasivas y destructivas. Por tanto, puesto que la situación actual ha sido provocada, en gran medida, por el hombre, dependerá de éste la evolución de las cosas en el corto o medio plazo.

En el largo o muy largo plazo, es decir cuando hayan transcurrido varias decenas de miles de años, si el hombre ha seguido su actual senda de desarrollo insostenible, puede que las condiciones medioambientales del planeta lleguen a hacerse difíciles de compatibilizar con la vida, en cuyo caso podíamos plantearnos qué ocurrirá con la Tierra y con sus habitantes de entonces; pues bien separemos el continente, la Tierra del contenido, los seres vivos y en particular el hombre.

En cuanto al continente, es decir en cuanto a la Tierra como soporte físico, los modelos geológicos y geofísicos de evolución del conjunto estiman que el límite de caducidad de la tectónica de placas se situará alrededor de los 2.000 millones de años en el futuro, cuando la temperatura interna del planeta habrá descendido tanto que el manto dejará de moverse, y la configuración de los continentes en ese momento se volverá definitiva, adquiriendo la parte sólida emergida un aspecto como el que se presenta en la parte derecha de la figura siguiente, con los continentes reconocibles, pero entremezclados.

 

Siendo interesantísimos y dignos de análisis los cambios socio-político-económicos, y de muchos otros tipos, que se habrán producido en el tránsito desde  la distribución actual, a la izquierda en la figura, hasta la futura, a la derecha, dentro de varios millones de años, no entraremos en ello, puesto que lo que aquí nos interesa es la futura posibilidad de vida en el futuro planeta Tierra, tenga la forma y distribución que tenga.

Pues bien, en mi opinión, estos cambios estructurales e incluso los medioambientales que se arrastren, no tienen necesariamente que ser el final de la vida de las especies que pueblan y poblarán la Tierra, incluido el hombre. La historia del planeta nos ha enseñado que una especie duraba, en las condiciones medias de las eras geológicas iniciales, entre 1 y 10 millones de años, de forma que si el hombre frena las causas del actual episodio de rápida extinción de especies, lo cual está en gran parte en su mano, las especies acompañarían la supervivencia humana.

Y, para resolver la duda de si los presentes y futuros habitantes de este planeta serán capaces de cambiar la tendencia a la extinción, sabiendo que está en sus manos, debemos tener en cuenta que si el hombre ha sido capaz de pasar del hacha de sílex a los microchips en apenas 10.000 años, es inimaginable de lo que puede ser capaz de conseguir con tantísimo tiempo por delante.

En consecuencia, parece razonable pensar, aunque con algunas reservas, que el hombre será capaz no sólo de frenar la tendencia negativa, sino de invertir la marcha, consiguiendo así que en un plazo de corto a muy corto, en unas pocas generaciones, las misiones espaciales para buscar algún rastro de vida extraterrestre, un depósito de valioso contenido, o cualquier otra sorpresa que la naturaleza quiera poner a su alcance, sean temas de investigación, pura o aplicada, que mejorarán la calidad y cantidad de vida, pero aquí, EN NUESTRO VIEJO PLANETA.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.