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Las chemtrails son variantes de contrails
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Adolfo Marroquín Santoña | 03-03-2016 | 17:18

El término inglés “chemtrail” es una abreviatura de la expresión inglesa “chemical trail”, cuya traducción literal es estela química. La denominación procede de imitar la que se da en inglés a las líneas blancas que, algunas veces, trazan en el azul del cielo los modernos aviones “de reacción”, a las que se conocen como “contrail”, de “condensation trail”, es decir estelas de condensación.

Empezaremos por “lo más natural”, las estelas de condensación, para ver después “lo menos frecuente y natural”, las estelas químicas… o lo que sean. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), una estela es el rastro que deja en el aire un cuerpo en movimiento. Y, según el mismo DRAE, una nube es el agregado visible de minúsculas gotitas de agua, de cristales de hielo o de ambos, suspendido en la atmósfera y producido por la condensación de vapor de agua.

Así pues, esas “trails” es decir esas estelas, realmente son nubes, cuyo origen está en el hecho de que el combustible que utilizan los motores de los turborreactores, que es el keroseno, tras su combustión para mover las turbinas de estas aeronaves, genera un flujo de gases que son expulsados al exterior a través de las toberas de escape, constituyendo una mezcla de dióxido de carbono, el tristemente famoso CO2, tan ligado al cambio climático, y vapor de agua.

Esta mezcla al salir se encuentra con un aire exterior que, a la altura de los 10 o 12 kilómetros, que son los niveles normales de crucero de los reactores, está a temperaturas entre los -30ºC y los -40ºC, y a presiones muy bajas, alrededor de unos 250 milibares. El resultado de mezclar los gases salientes, a muy alta temperatura y presión, con un aire exterior a muy baja temperatura y presión, da como resultado la condensación (paso de vapor a líquido) o la sublimación (paso de vapor a hielo) instantánea del vapor de agua.

Dependiendo entonces de las condiciones físicas de humedad, aparte de las ya citadas de presión y temperatura, aparecerá una nube en línea por cada una de las toberas de escape del avión, por ejemplo cuatro en el caso de un tetramotor, como el de la figura siguiente. Naturalmente, si la temperatura y la presión exteriores no son tan bajas, por ejemplo en las condiciones habituales que encuentra el avión al despegar o al aterrizar, o si la humedad no es suficiente, no se produciría esa condensación y la estela no sería visible.

Puede ocurrir, por supuesto, que a lo largo de su trayectoria el avión cruce zonas en las que las condiciones físicas varíen, con lo que el aspecto de la estela variará también. Así, en la parte central de la figura vemos, de arriba hacia abajo, el caso de que el aire a nivel de vuelo esté seco (arriba), húmedo (centro) o con vientos y turbulencia (abajo). Y lógicamente, a lo largo del vuelo el avión puede cruzar por zonas físicamente mixtas, derecha de la figura, en cuyo caso la estela será una traza también heterogénea.

Como resultado, al ser la atmósfera un conjunto dinámico y cambiante, el propio aspecto de la estela variará a lo largo del tiempo, a veces en minutos, a veces en horas, o pudiendo mantenerse incluso todo un día, si las condiciones de estabilidad en la alta atmósfera son las adecuadas.

Una de las consecuencias de lo anterior, es que en caso de zonas con intenso tráfico aéreo, como puede ser el que tienen las aerovías más transitadas, las estelas persisten y pueden mezclarse entre sí e incluso con cirros, es decir las nubes, digamos naturales, que pueden formarse aprovechando los núcleos de condensación que proceden de viejas estelas.

El resultado puede ser un cielo aparentemente caótico, en el que se mezclen las “contrails, pata negra”, es decir las que son de procedencia directa de los gases que salen de las toberas de los reactores, con otras viejas, que se han transformado en cirros, e incluso con cirros naturales, nacidos allí o bien asociados a algún sistema frontal.

Hasta aquí hemos tratado de las “contrails”, es decir las estelas de condensación, formadas por agua o hielo. Pero, si alguien quiere buscarle “3, 5… o 16 pies al gato” es ya cosa de la imaginación de cada uno, y no seré yo quien critique los resultados de una imaginación, que en muchos puede ser creativa y fructífera.

Me refiero a las “chemtrails”, estelas cuyo contenido no es el agua o hielo de las estelas anteriores, sino formadas más bien por componentes químicos, presuntamente inyectados allí de forma artificial, entrándose con ello en lo que forma parte de una conocida “teoría de la conspiración”, según la cual se estaría buscando producir daños a una parte de la población, con fines bélicos, por supuesto secretos e inconfesables.

Hay que decir que estas teorías no han podido nunca ser contrastadas científicamente mediante pruebas experimentales, en las que se hayan analizado las componentes de estas estelas, digamos dudosas, y estudiado su origen, tanto en su composición como en su procedencia, calculando las oportunas retrotrayectorias, que podrían arrojar luz sobre cuál es su composición y de dónde proceden.

Pero, como diría “Jack the Ripper”, es decir “El Mozo Destripador” para los íntimos, ¡VAMOS POR PARTES!

Parece ser que, en efecto, el término “chemtrails” fue utilizado por primera vez por el propio Departamento de Defensa de los Estados Unidos, pero eso no parece razón suficiente para afirmar que el contenido de esas estelas dudosas esté directamente relacionado con las actuaciones sobre geoingeniería de aerosoles, que puedan estar, o haber estado, detrás del contenido y objetivo de esas “estelas químicas“, ni por supuesto que esas estelas hayan  estado contaminando nuestro planeta desde hace decenios.

El hecho de que a veces en la composición de algunas de las estelas puedan aparecer compuestos químicos, distintos al agua, hielo o CO2, se debe a la propia composición del combustible del avión, o bien a las reacciones entre los elementos emitidos con los que estén presentes en la propia atmósfera, llegados hasta allí a través de la circulación general atmosférica.

A veces se ha justificado la sospecha de la existencia de una especie de siembra de alguna sustancia a través del aire, en el hecho de que las trayectorias seguidas por los aviones de los que han partido las estelas formaban una especie de cuadrícula, dando lugar así a un especie de red, que sería una forma ideal para distribuir un producto en grandes superficies a nivel del suelo, suponiendo claro que la componente química del producto cayera por gravedad.

Sin embargo, lo más frecuente es que estas estelas se difundan horizontalmente, ensanchándose hasta casi cubrir el cielo, con lo que sólo la lluvia haría caer la sustancia hacia el suelo, pero las estelas y las nubes de lluvia no suelen ser compatibles. Y las nubes presentes, prácticamente siempre del tipo cirros, no provocan precipitaciones.

Por otra parte, los defensores de esta “teoría de la conspiración”, entienden que los objetivos que se persiguen con la siembra de estas estelas dañinas, son de lo más variopintos, citaremos cinco de ellos, entre otros:

.- Controlar el clima, para mitigar los efectos del cambio climático en zonas amigas, o para provocarlos e incrementarlos en zonas enemigas.

.- Alterar el balance radiativo terrestre, para modificar el clima de algunas áreas.

.- Usos militares de ataque, incluyendo la guerra química, biológica o bacteriológica.

.- Utilizar la red de estelas como Red de Comunicaciones.

.- Esterilizar a grandes masas de la población mundial para frenar la superpoblación.

Aunque personalmente no pondría la mano en el fuego por las intenciones de ninguno de nuestros dirigentes mundiales, civiles o militares, no creo que a ninguno de ELLOS se les ocurra pensar que modificando las “contrails” podrían generar “chemtrails”, que ELLOS pudieran manejar para conseguir sus “malvados fines”. Sinceramente, suena a lo peorcito de las películas de ciencia ficción.

Adolfo Marroquín Santoña

 

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.