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Trozos de naturaleza como mascotas
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Adolfo Marroquín Santoña | 01-09-2016 | 11:33

En principio, cuando hablamos de mascotas, tendemos a pensar en gatos, perros o algún tipo de animal más o menos de ese estilo, pero lo cierto es que, de acuerdo con el Diccionario de la RAE (Real Academia Española) una mascota es una persona, animal o cosa que trae buena suerte. Es curioso que la RAE no diga “que se cree que trae buena suerte”, sino que afirma categóricamente que trae buena suerte. Parece evidente que, aparte de la gran dificultad que supondría acometer una comprobación científica de esa afirmación, lo que está claro es que la subjetividad tiene mucho que decir en este asunto.

Lo cierto es que son muchas las personas que disponen de amuletos, y que aseguran que los mismos tienen la virtud de alejar el mal y atraer el bien. Algunos de esos amuletos más frecuentes son la herradura, a la que se asigna la capacidad de ahuyentar el mal de ojo; la pata de conejo, con miles de años de ejercicio como talismán prácticamente en todos los continentes del mundo; el trébol de cuatro hojas, símbolo de la buena suerte que no es fácil de encontrar porque su frecuencia de aparición es de uno por cada 10.000 ejemplares de tres hojas; recientemente se utiliza cada vez más como talismán el Maneki-Neko o gatito de la fortuna, que es de origen japonés y no chino, como se afirma a veces.

 

Un caso interesante, sobre el que escribí un artículo hace tiempo, es la planta conocida como “Rosa de Jericó” (Anastatica Hierochuntica), considerada por muchos como un auténtico talismán viviente, con propiedades en las que podemos creer o no. Por mi parte, la primera vez que vi un ejemplar de esta planta, hace de ello unos 40 años, fue porque mi mujer, muy aficionada a todo tipo de plantas y flores, la había comprado en un puesto que encontró por la calle, donde el avispado vendedor le contó las muchas virtudes de la planta en cuestión y su beneficiosa influencia para el entorno donde se la cultivaba.

Lo cierto fue que, al verla metida en una bolsa y absolutamente seca, me pareció lo que era, es decir un hierbajo seco en forma de bola, sin mucho interés. Aunque admito que mi interés aumentó bastante al ver que dos horas después, tras ponerla sobre un plato con agua, el hierbajo seco se había transformado en una planta de un verde brillante que, desplegando sus ramas, cubría todo el plato.

 

Cuenta la leyenda que estando Jesús orando en el desierto, la Rosa de Jericó seguía sus pasos movida por el viento, lo que en efecto debía ser cierto, dado que como casi no tiene raíces, puede ser fácilmente levantada por el viento y llevada por éste a través del desierto. Cuenta también que la Rosa se detenía una y otra vez a los pies de Jesús y le acompañaba durante el día, rodando bajo la forma de bola que adopta cuando está seca. Después, al amanecer, la planta se abría con la humedad del rocío y ofrecía al Maestro las gotas de agua posadas sobre sus ramitas, en las que Jesús, sediento tras una noche de oración, calmaba su sed tomando con sus dedos el agua que le ofrecía la planta.

Y, sigue contando la leyenda que, agradecido el Señor, por haberle apagado la sed, la bendijo, por lo que, en muchos pueblos alrededor del mundo, se cree que quien adopta y cuida una Rosa de Jericó atrae para sí mismo y para los suyos, paz, fuerza, felicidad, suerte en los negocios, energías positivas, habilidad en el trabajo y bienestar económico.

 

Otros trocitos de naturaleza que muy frecuentemente son adoptados como mascotas y fuentes de buenas vibraciones son las gemas, pero no las gemas de primera división, sino más bien las de segunda o tercera. A grandes rasgos, podemos considerar que las gemas se dividen en dos grandes grupos: las piedras preciosas y las piedras semipreciosas. Se consideraban preciosas las cuatro principales gemas: Diamante, rubí, zafiro y esmeralda. Y las semipreciosas, mucho más abundantes como es natural, son entre otras: amatista, ágata, turquesa, topacio, ópalo, jade, ámbar, lapislázuli, malaquita, el cuarzo y sus variedades, etc.

El cuarzo en particular es conocido por su propiedad “piezoeléctrica”, por la que produce impulsos eléctricos al aplicarle una fuerte presión. Dado que toda corriente eléctrica lleva aparejado el correspondiente campo electromagnético, y que estos campos se asocian frecuentemente a procesos curativos, se ha extendido la idea de que el cuarzo posee vibraciones internas naturales mediante las que canaliza las buenas vibraciones externas hacia quienes lo tienen a mano. De hecho, la gemoterapia, es decir la sanación mediante las gemas, es conocida y practicada desde hace muchos años para diferentes enfermedades.

Se dice que el cuarzo y sus muchas variedades, así como otras piedras entre las que citábamos antes, nos hablan y, cuando son las adecuadas para una persona, se ofrecen a trabajar para esa persona, por lo que lo aconsejable es no comprar nunca una de esas piedras si antes no te ha elegido ella a ti. Es decir, que cuando estés delante de uno de esos expositores en los que con frecuencia se muestran, elige aquella que te entre por los ojos… y por los oídos.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.