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Nos urge la energía del Sol, es decir la fusión nuclear
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Adolfo Marroquín Santoña | 01-10-2016 | 08:30

Una de las principales causas del actual deterioro del medioambiente, así como del cambio climático a que nos ha llevado, es la generación de energía a gran escala a partir de combustibles fósiles. Con frecuencia se habla ahora de salir de ese agujero ambiental en que nos hemos metido, recurriendo para ello a energías alternativas, lo que está muy bien, pero aclarando antes que no se debe confundir energía alternativa con energía renovable.

El propio diccionario de la RAE (Real Academia Española), que acierta cuando define la energía renovable como “aquella energía cuyas fuentes se presentan en la naturaleza de modo continuo y prácticamente inagotable, p. ej., la hidráulica, la solar o la eólica.”, se equivoca después, al poner el ejemplo, tras definir la energía alternativa, como “aquella energía procedente de fuentes distintas a las habituales como el carbón, el petróleo o el gas; p. ej., la energía eólica.”, puesto que la energía eólica que es una magnífica fuente de energía renovable, no es, sin embargo, una energía alternativa. En efecto el propio citado diccionario define una alternativa como lo que es “capaz de alternar algo con función igual o semejante.”, y resulta totalmente evidente que ni la eólica sólo, ni siquiera el conjunto de todas las energías renovables que hoy conocemos, serían capaces de alternar, con función igual, con el actual modelo energético global.

Dicho lo anterior, la que sí sería una energía alternativa es la energía nuclear de fusión, pero que nadie se alarme, puesto que esta energía tiene muy poco que ver con la nuclear de fisión, que es la que ahora se maneja todos los reactores en funcionamiento. En efecto, la fusión es una importante fuente de energía alternativa a largo plazo, que puede solucionar gran parte de nuestros problemas energéticos.

Hace ya bastante tiempo, concretamente el 11 de marzo de 1992, publicaba el Diario HOY de Extremadura, una entrevista que amablemente me hicieron con motivo del regreso de uno de mis viajes a la Antártida, y en aquella entrevista decía, entre otras cosas que mantengo hoy, lo que figura en el recorte de prensa que adjunto en la columna de la izquierda.

La fusión nuclear es el proceso que genera la energía del sol y de las estrellas. Desde que la ciencia se dio cuenta por primera vez, en los años veinte del siglo pasado, cuál era el verdadero origen de la cantidad ingente de energía que irradia el Sol, ha sido un sueño de la humanidad aprender a controlar esta fuente de energía en la Tierra. Al inicio de los estudios sobre la fusión nuclear se predijo que un reactor basado en la fusión podría entrar en funcionamiento en unos veinte años, pero esta estimación se ha mostrado demasiado optimista. Reconozco que yo mismo decía, en la entrevista antes mencionada de 1991, que para el año 2030 estarían en funcionamiento los primeros reactores comerciales basados en la energía nuclear de fusión, pero habrá que seguir esperando.

En un reactor de fusión se fusionan núcleos de átomos ligeros (isótopos de hidrógeno), liberando mucha energía en el proceso. La reacción de fusión se produce a temperaturas extremas, del orden de decenas de millones de grados centígrados. Cuando se calienta la materia a estas temperaturas, se encuentra en el estado de plasma, que es el término que se usa para un gas caliente de partículas cargadas eléctricamente (iones). Un plasma se puede contener (“confinar”) en un reactor en forma de anillo, mediante campos magnéticos, para así evitar que el plasma caliente entre en contacto con la vasija que lo rodea.

A partir de ahí, la enorme cantidad de energía que se libera en las reacciones de fusión puede usarse para generar electricidad, como forma más sencilla para ser distribuida a través de las redes eléctricas, con importantes ventajas medioambientales y de seguridad. Seguridad que se basa en que la reacción de fusión no es una reacción en cadena, por lo que no es posible que se pierda el control de la misma.

En cualquier momento se puede parar la reacción, cerrando sencillamente el suministro de combustible, cuyos componentes serían deuterio y litio, disponibles en cualquier parte, y hay suficiente materia combustible para la generación de energía durante millones de años. Además, la fusión no produce gases que contribuyan al efecto invernadero. La reacción en sí sólo produce helio, un gas inofensivo, usado habitualmente para inflar los globos de los niños, que flotan así en el aire.

La meta de la investigación internacional sobre este tipo de nueva-vieja energía está puesta en diseñar un prototipo de central de generación de energía de fusión, que cumpla con los requisitos que exige y necesita la sociedad, es decir que sea segura, fiable, sostenible, sin dañar el medioambiente, y económicamente viable.

En la energía nuclear de fusión, pese a los tradicionales retrasos que venimos arrastrando en alcanzar la fase comercial de esta fuente de energía, tenemos puestas nuestras esperanzas de disponibilidad, prácticamente ilimitada de energía y sin los riesgos de la nuclear de fisión, garantizando además la limitación del aumento de las emisiones de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) y con ello el freno al calentamiento global del planeta y al cambio climático asociado.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.