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El misterioso ajuste de las piedras poligonales
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Adolfo Marroquín Santoña | 14-01-2017 | 21:07

En un artículo anterior trataba de exponer algunos de los grandes enigmas que plantean las grandes piedras, muchas de ellas con un peso de varias toneladas, y que “algunos alguienes” parecían manejar, hace cientos y hasta miles de años, con una facilidad que hoy día, con todos los avances de la moderna tecnología, no seríamos capaces de hacer, e incluso tendríamos serias dificultades simplemente para cortar, tallar y pulir tales bloques.

Me preguntaba entonces, y me sigo preguntando ahora, para qué, quién y cómo hicieron aquellas descomunales obras, del tipo de los centenares de pirámides y otras construcciones repartidas por medio mundo. Pero cuando las cosas toman un cariz ofensivo para nuestros hipotéticos avances tecnológicos, por parte de aquellos “alguienes”, es cuando, en plan casi de exhibición, se permiten tallar los grandes bloques sobre la marcha, a medida que se iban necesitando en la obra, haciéndolo además a mano y con herramientas rudimentarias.

Juzguen ustedes mismos…

 

La imagen de la izquierda corresponde a la conocida como “Piedra de los 12 ángulos”, cuéntenlos y verán el porqué del nombre, que es una de las que más llama la atención y probablemente la más fotografiada por los visitantes de estos muros megalíticos, que pueden verse en la ciudad de Cuzco, a 1.105 km de Lima (Perú). Lo que más llama la atención es que esa enorme piedra se ensambla, ajustándose perfectamente, a once piedras periféricas, cuatro en la base, dos en cada lado y tres en la parte superior, lo que nos obliga a concluir que todas ellas fueron talladas “en la obra”.

La piedra de la derecha en la imagen es otra piedra también famosa, próxima a la anterior, pero que “solo” tiene diez ángulos, y está conectada a cuatro piedras en su base, una en cada uno de sus lados y cuatro en la parte superior, en total  diez piedras, diez ángulos.

La perfección con que eran capaces de ajustar, los autores de aquella obra, la forma de cada piedra a la de las demás que la rodeaban en la construcción, era tal que entre un bloque y otro no cabe ni la hoja de una navaja, e incluso los bordes de unión entre bloques están biselados, presentando el necesario rebaje oblicuo en todo el contorno. Resulta un verdadero enigma cómo se pudo conseguir esa perfección en el tallado, dado que las herramientas, en el caso concreto de la época de los incas, eran “martillos” de piedra, como se presentan en la figura, de manejo manual, y cuya dureza era solo ligeramente mayor que la de la roca a tallar.

 

El sacerdote jesuita José de Acosta, que viajaba por Perú con los conquistadores, escribió en 1589: “Los edificios y fábricas que los Incas hicieron en fortalezas, en templos, en caminos, en casas de campo y otras, fueron muchos y de gran trabajo (…) y no usaban de mezcla, ni tenían hierro ni acero para cortar y labrar las piedras, ni maquinas, ni instrumentos para traerlas; y con todo eso están tan sólidamente labradas, que en muchas partes apenas se ve la juntura de unas con otras.

Fíjense en el perfecto ajuste entre los cinco bloques, a la izquierda de la imagen superior, y reparen en que para que los dos bloques de la fila superior encajaran como lo hacen, con los de la fila inferior, la base de los de arriba tuvo que ser tallada antes de subirlos y ensamblarlos; sin que fuera posible utilizar el clásico método de “prueba y error”, puesto que eso hubiera obligado a desmontar lo ya montado, cada vez que hubiera un error. La verdad es que resulta difícil de entender esa precisión en la ejecución del trabajo, sin maquinaria alguna y contando con las herramientas que contaban, pero allí están los miles de bloques en cientos de obras.

Y, para acabar de completar el misterio, todas esas piedras están estrechamente unidas, sin argamasa, y no sólo han soportado los ataques humanos y las agresiones medioambientales, sino también los frecuentes terremotos de la región.

En un manual donde se anuncia la maravilla que constituye Machu Picchu, se incluyen precisamente unas líneas sobre las construcciones de piedras poligonales, de hecho, se dice, aún se tienen muchas dudas sobre cómo lo hicieron para que esas piedras, perfectamente talladas, encajen con tal precisión, sin ningún tipo de pegamento que las sujete entre sí.

Existen muchas dudas generadas por la falta de información, o de crónicas y archivos antiguos, sobre el uso de estas técnicas, si bien existen algunas hipótesis, dentro de las posibilidades lógicas. La más aceptable, indica un comienzo con paredes normales, que empiezan, como es natural por la parte más baja, y donde las filas superiores se van complicando, siendo las más difíciles de armar, puesto que las piezas de piedra debían encajar perfectamente, con las demás, con las ya colocadas, que las sustentaban y rodeaban.

Esta técnica que es posible encontrar en muchas zonas de Cusco, donde se tallaban las caras inferiores de los bloques a superponer a los ya colocados, golpeando esas caras ligeramente con pequeños martillos de piedra, tallándolas para que ajustaran esa superficie inferior a la superior de la capa ya instalada. Esta labor sería relativamente simple cuando se tratase de piedras pequeñas, porque podían ponerse y quitarse aplicando el antes citado método de “prueba y error”; pero la cosa se complicaba enormemente al hacerlo con piedras de varias toneladas de peso.

Los estudios sugieren, que los constructores incas, usaron maquetas, hechas con materiales ligeros, quizá arcilla, que posiblemente reproducían exactamente el estado de la bancada en que se estaba trabajando; el uso de este método habría facilitado mucho los trabajos, incluso con rocas enormes.

Gran parte de las piedras de los muros incas, sobre todo las de bloques no demasiado grandes, presentan una especie de abultamiento en la parte inferior, que podría servir como asa, para sujetar y manejar mejor el bloque, durante la construcción. Pero sigue siendo un misterio cómo se sujetaban y manejaban los grandes bloques, de cientos y hasta miles de kilos.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.