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La luz solar es esencial para nuestra salud
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Adolfo Marroquín Santoña | 19-11-2017 | 19:43

01-corazon-solar-bateria-y-gusLa vida sobre nuestro planeta Tierra sería totalmente imposible, al menos tal como la conocemos hoy, sin la presencia vital del Sol. Esto es tan evidente que, en sentido general, no procede recordarlo, pero tal vez sí convenga recordar algunas características que, aun siendo conocidas, no son muy tenidas en cuenta, pese a irnos en ello nuestra salud.

El tipo de vida actual nos lleva a vivir gran parte de cada día, sin la luz natural del Sol. En invierno, la mayoría de los humanos, al menos mientras dura nuestra vida laboral, nos levantamos antes del orto, es decir antes de la salida del Sol, trabajamos la mayor parte del día en puestos de trabajo, los que tienen la suerte de tenerlo, sin luz natural, y en la mayoría de los casos regresamos a casa después del ocaso, cuando el Sol está ya por debajo del horizonte. Pues bien, la falta de luz natural, de luz solar en concreto, es muchas veces causa de desánimo, apatía, cansancio injustificado y hasta algunas depresiones; males estos, que suelen manifestarse preferentemente en la época del año, próxima al oscuro invierno.

Sin embargo, cuando, a finales del siglo XIX, se perfeccionó la lámpara incandescente, creímos haber encontrado la solución a todos nuestros problemas de falta de luz y, desde entonces, la vida de la mayor parte de la población mundial se ha convertido en un fenómeno fundamentalmente “de interior”. Nuestra vida se desarrolla entre las cuatro paredes de la casa o el trabajo, y bajo iluminación artificial, pero esa no es una buena solución, puesto que la vida depende de la luz del Sol y, de hecho, son muchos los procesos de la Naturaleza que se rigen por esa luz. Y la vida de los humanos no es, por supuesto, una excepción a esa regla.

En consecuencia, casi simultáneamente al exponencial crecimiento del número de bombillas incandescentes, que alumbraron la vida del mundo desde la puesta en el mercado de aquellas bombillas, comenzó la realización de estudios comparativos sobre la luz natural y la artificial, desde el punto de vista de sus efectos sobre los seres humanos. Por lo que, muy pronto se supo que nuestro organismo necesitaba de la luz del Sol, no sólo para eludir la oscuridad nocturna o la de los espacios interiores, sino sobre todo para mantener un equilibrado desarrollo, dado el positivo efecto de la luz solar sobre nuestro sistema nervioso.

Parece lógico pensar que, para intentar resolver el nuevo problema planteado, deberíamos recurrir a bombillas, y equipos de luz artificial, que trataran de imitar la luz solar y sus propiedades. Y así se intentó, y se sigue intentando, mediante numerosos estudios dirigidos a obtener la luz más adecuada, que sería la más parecida a la luz solar. Los primeros resultados se centraron en desarrollar lámparas, o bombillas fluorescentes, que lograran producir una iluminación de color blanco puro, similar a la del Sol, y que contuvieran todas las longitudes de onda de los distintos colores que componen el arco iris.

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En la imagen superior se muestran, a la izquierda los dos espectros (intensidad de la radiación en función de la longitud de onda) correspondientes a la luz solar fuera de la atmósfera (AM0), y su perfil cuando alcanza el suelo del planeta (AM1,5), después de atravesar la atmósfera, apareciendo en esta figura el área de ultravioleta (UV) y el infrarrojo (IR) a izquierda y derecha, respectivamente, del visible (VIS). Fijándonos sólo en la luz visible, la parte derecha de la imagen superior presenta los espectros correspondientes a la luz solar diurna, la denominada luz día, junto a los espectros correspondientes a una bombilla incandescente, un tubo fluorescente, una lámpara halógena, y dos bombillas LED, una de luz fría y otra de luz cálida.

Puede observarse que, los muchos avances en la investigación y en la tecnología, llevaron a fabricar las llamadas lámparas de espectro completo, es decir en las que están presentes prácticamente todas las longitudes de onda de la luz solar. Al mismo tiempo, entre los objetivos propuestos, uno esencial, además de que las lámparas tuvieran una composición espectral, equivalente a la solar, era que las lámparas presentaran una reducción en las frecuencias asociadas a los rayos ultravioletas (UV), eliminando así los efectos nocivos de estos. En la imagen presentada, puede verse como, excepto en el caso de la iluminación fluorescente, que tenía espacios casi vacíos en algunas longitudes de onda, todos los espectros de las demás luminarias contenían prácticamente todas las longitudes de onda de la luz solar, si bien con intensidades bastante diferentes a las de la luz recibida del Sol.

Por otra parte, no fue hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando se consolidó la Teoría de los Biofotones. Un fotón es una partícula de luz que se propaga en el vacío, y cuando los fotones entran en relación con sistemas biológicos, como plantas, animales o personas, pasamos a denominarlos biofotones. Pues bien, parece que, el primero en estudiar a fondo las interrelaciones entre los fotones y las células, fue el doctor Fritz Albert Popp, director del Instituto de Biofísica de Kaiserslautern (Alemania), para quien los biofotones, y por tanto la luz, eran los responsables de establecer la comunicación entre los seres vivos y sus células, por lo que, según este investigador, el origen de muchas de nuestras enfermedades podría encontrarse en una falta de luz en las células.

El Dr. Popp demostró que todas las células tienen relación directa con la luz solar, que todas ellas tienen y emiten su propia luz, y que todas reciben información de la luz natural. Todo esto explicaría por qué una mala iluminación puede provocar cambios de humor y de conducta, bajo rendimiento, falta de concentración, sensación de estrés, irritabilidad, ansiedad, trastornos del sueño, mareos, malestar general y cansancio injustificado.

En relación con estas dolencias, se ha observado que muchas de las deficiencias, asociadas al estado de ánimo, empiezan a manifestarse en otoño, y que su efecto se prolonga a los meses de invierno. Es frecuente que estos síntomas se traten con antidepresivos, pero hay especialistas que afirman que “una alteración del ritmo determinada por la falta de luz sólo puede combatirse con luz”, basando esta afirmación en el hecho de que al ser la luz responsable de la producción y regeneración hormonal, e influyendo por ello sobre nuestro estado anímico, físico y mental, lo importante es que las personas depresivas o que estén atravesando momentos de desánimo utilicen el revitalizador efecto de la luz natural en cualquier época del año, pero especialmente en los meses de otoño e invierno.

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La fototerapia es una técnica de tratamiento que emplea radiaciones electromagnéticas de origen natural o artificial para el tratamiento de algunas enfermedades dermatológicas; habiendo se demostrado también su utilidad en trastornos del estado de ánimo como la depresión. Esta recomendación de aprovechar los beneficios que reporta tomar el sol, con moderación, es muy antigua y de hecho era ya utilizada en las prescripciones de los médicos en la Grecia clásica del siglo X. Siglos después, con el paso del tiempo y una vez claramente probados los efectos beneficiosos del sol en enfermos con infecciones de piel, se puso de moda potenciar estancias en los balnearios, que anunciaban los beneficios de la luz solar.

Origen, y parte esencial de la fototerapia, es la helioterapia, que utiliza la exposición al sol de manera dosificada para fines terapéuticos, siempre en base a una serie de cuidados, que evitan, o al menos limitan, algunos de los efectos, potencialmente perjudiciales, que podría ocasionar una exposición excesiva a la radiación solar. Algunos consejos elementales, entre otros, a aplicar antes de “tumbarse al sol”, son el comenzar la exposición progresivamente, evitar las horas de mayor intensidad solar y proteger las zonas especialmente sensibles del organismo, como los ojos.

Como cualquiera de nosotros puede comprobar “en sus propias carnes”, la exposición moderada del cuerpo humano al sol produce, física y psicológicamente, una sensación de salud, de sosiego natural y bienestar general, además de una acción estimulante; esa formidable fuente de energía que es el Sol desencadena una serie de procesos biológicos y bioquímicos esenciales para la vida del hombre. Por citar sólo algunos de ellos, favorece la formación de vitamina D, refuerza el sistema inmunológico, estimula la circulación y contribuye a la regulación de estados depresivos.

De manera que, si usted tiene la suerte de poder incluir en su vida más luz solar, al tiempo que quita de ella algo de luz artificial, eso que saldrá ganando. Y si, para colmo de suerte, tiene la posibilidad de dar frecuentes paseos por el campo, la montaña o la playa, y tumbarse un ratito al sol, hágalo sin dudarlo, y su organismo se lo agradecerá, mejorando su salud física y mental, que buena falta nos hace a todos.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.