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Adolfo Marroquín

Ciencia Fácil

En clima es prudente mirar donde vamos, viendo de donde venimos

01-paleo-temperaturasCon frecuencia se habla del Cambio Climático y del Calentamiento Global, pero se habla menos de la combinación y resultado de ambos procesos, que sería el Cambio Global, en el que deberíamos considerar no sólo la atmósfera, que también, sino los otros cuatro componentes (litosfera, hidrosfera, criosfera y biosfera) que, junto con la atmósfera, constituyen el Sistema Climático Global. Y, tampoco estaría de más, echar una ojeada a los cambios que “este cambio está provocando ya”, entre los miembros de la citada biosfera, es decir entre el conjunto de todos los seres vivos que pueblan el planeta Tierra, incluidos los propios humanos.

Desde mediados del siglo pasado resultan evidentes los cambios en nuestro planeta, provocados por el calentamiento global, que se han reflejado, entre otros aspectos, en pérdidas de biodiversidad por la extinción de especies, en la destrucción de sus hábitats, en la alteración de los ciclos del nitrógeno y el fósforo, etc. En todos estos procesos, la huella de la actividad humana es evidente, bien a través de cambios en los usos del suelo, bien en el crecimiento incontrolado de las urbanizaciones, o en el aprovechamiento, hasta casi la extinción de muchos recursos naturales, con cambios en la dinámica del clima, debidos al aumento de los conocidos GEI (Gases de Efecto Invernadero) en la atmósfera, donde ya se han alcanzado y superado las 410 ppm (partes por millón) de CO2 equivalente.

Al hablar de Cambio Global debemos referirnos al conjunto de todos los cambios, a escala planetaria, provocados por la actividad humana; en la actualidad, prácticamente cada año se están batiendo, una y otra vez, récords de temperaturas, con inviernos más calurosos y olas de calor en verano, al tiempo que se funden tanto los glaciares de las cadenas montañosas, como los casquetes polares, en el Ártico y en la Antártida, con la expectativa, a no mucho tardar, de un Polo Norte sin hielo en los veranos de las próximas décadas. Pero, para saber hacia dónde vamos, resulta necesario estudiar y conocer, lo mejor posible, no sólo los cambios actuales, sino también los cambios anteriores similares, que se hayan producido en nuestro planeta.

Los registros de datos procedentes de mediciones instrumentales son relativamente modernos, como ejemplo, en el caso de los datos climáticos procedentes de observaciones meteorológicas, fundamentalmente de la atmósfera, hechas a las mismas horas y con las mismas técnicas y normas, con mediciones mantenidas y sistematizadas, en lugares representativos, no alterados por los cambios del entorno, arrancan apenas a mediados del siglo XIX; y prácticamente lo mismo puede decirse de los registros disponibles para otras variables relacionadas con los cinco subsistemas, que antes citábamos, que conforman el Sistema Climático.

En consecuencia, para poder “avanzar mucho hacia atrás” en la obtención de datos sobre todas esas variables, debemos recurrir a la paleociencia, con sus numerosos registros geológicos (hielo de los glaciares y de los casquetes polares, sedimentos del fondo de océanos y lagos, estalactitas y estalagmitas de las cuevas, anillos de los árboles, corales, etc.), que son registros en los que ha quedado escrita y preservada la historia del clima planetario.

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Es un hecho que, en la actualidad, el sistema climático del planeta Tierra opera fuera del rango de la variabilidad natural que se ha venido observando en los últimos 500.000 años. Se da por tanto una situación muy especial, que requiere en consecuencia un cuidadoso análisis al tratar de prever hacia dónde nos encaminamos, el planeta y nosotros; análisis en el que lógicamente debemos preguntarnos ¿Qué cambios ambientales ocurrieron en el pasado y cuáles fueron sus causas?

Sabemos que en nuestro planeta han ocurrido con anterioridad cambios de temperatura muy rápidos, durante los periodos glaciales, pero la velocidad a la que está ocurriendo el calentamiento actual es mucho, para ser más exactos “muchísimo”, mayor a la de todos los otros cambios climáticos naturales, ocurridos antes. Sabemos también que no podemos, o más bien no debemos, esperar décadas o siglos para constatar los efectos de este periodo de cambio rápido en el aumento del nivel del mar, la temperatura, la fusión de los hielos, y más en general todos los procesos de retroalimentación internos al sistema climático, porque esa espera puede llevarnos a que sea demasiado tarde para poner en marcha estrategias eficaces de mitigación o de adaptación al cambio.

Estudios realizados por científicos pertenecientes al Instituto Pirenaico de Ecología, del CSIC, señalan que, en efecto, nuestra capacidad para anticipar el futuro y prepararnos para el impacto de todos estos cambios, se basa en modelos matemáticos basados en lo que conocemos sobre cómo se ha comportado el sistema Tierra en un pasado remoto. De forma que una manera prudente de comprobar si esos modelos funcionan bien es ver si son capaces de reflejar los cambios del planeta en el pasado reciente, del que se dispone de datos. Cuanto mejor reproduzcan esos cambios que la ciencia ha reconstruido para el pasado, más confianza tendremos en que predicen con acierto los escenarios futuros.

Como consecuencia de lo anterior, se ha recogido un enorme conjunto de datos, en base a los cuales, sabemos que las temperaturas durante el último máximo glacial, hace unos 20.000 años, fueron entre 3 y 5 °C más frías que las actuales y el nivel del mar estaba del orden de 120 a 140 metros más bajo que hoy día. Sabemos también que durante el último periodo interglaciar, ocurrido hace 125.000 años, las temperaturas globales fueron ligeramente más cálidas que las actuales, y el nivel general del océano era de unos 6 a 9 m más alto que ahora, con una concentración de CO2 muy similar a la que tenía el planeta en la segunda mitad del siglo XIX.

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Una reciente estimación del nivel del mar global para los últimos 3.000 años demuestra que, sin calentamiento global, el nivel del mar durante el siglo XX habría variado entre -3 y +7 cm, pero la realidad es que ha aumentado 14 cm, evidentemente incluido el calentamiento global; por cierto, según un informe del IPCC, para el final del siglo XXI está previsto un aumento del nivel del mar de entre 0,26 y 1,5 m.

El aumento en la temperatura media del planeta durante las últimas décadas, a escala global es indudable, y sin embargo, los cambios en las precipitaciones no parecen mostrar ningún tipo de tendencias globales; al menos no tan evidentes como ocurre con las temperaturas, aunque algunos datos sugieren que, a escala global, los océanos más calientes intensificarán la circulación general atmosférica y con ello el transporte de humedad a latitudes más altas, dando lugar a un aumento de los fenómenos extremos, tanto de viento (con potentes tornados, e incluso frecuentes huracanes), como de precipitaciones que, en cantidades serán menores, pero presentándose en episodios de enorme violencia, con grandes registros en cortos períodos de tiempo; provocando por tanto importantes riadas e inundaciones.

Podríamos preguntarnos ¿Cada cuánto tiempo se producían antes, y cada cuánto se producirán en el futuro, esas enormes riadas, que hemos calificado como de previsibles? Pues bien, sabemos que, en algunos periodos de la historia, cientos o miles de años atrás, cuando las condiciones climáticas guardaban “un cierto parecido” con aquellas hacia las que nos dirigimos, esos fenómenos extremos fueron más frecuentes que en la actualidad; como ocurrió por ejemplo, en periodos cálidos de la Edad Media, durante los cuales las tormentas intensas, con precipitaciones de más de 80 litros por metro cuadrado en 24 horas, duplicaron su frecuencia. Por tanto, lo prudente sería mirar hacia dónde vamos con el futuro del clima, viendo cómo fueron las cosas en el pasado.

Adolfo Marroquín Santoña

Temas

atmósfera, biosfera, calentamiento global, cambio climático, cambio global, clima, criosfera, escenarios futuros, gases de efecto invernadero, GEI, hidrosfera, litosfera, paleociencia, Sistema Climático Global, Tierra

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Sobre el autor

Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.

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