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Adolfo Marroquín

Ciencia Fácil

La naturaleza ayuda a la ciencia a ayudarnos

En un catálogo publicado en 1959, se presentaban todas las ciencias entonces conocidas, alcanzándose una cifra de 1.150, pero que, actualizada a día de hoy, sería bastante más alta, dado que la continua evolución ha hecho que los investigadores se vayan especializando en parcelas cada vez más pequeñas de “su ciencia”, dando lugar al nacimiento de nuevas ciencias.

Hace tiempo se planteó el riesgo de que, de seguir así, llegaría un momento en el que el moderno especialista sería alguien que sabría casi todo, sobre casi nada. Esto, que en sí no sería no bueno ni malo, sino “todo lo contrario” (permítanme esta pequeña broma), hace necesario desarrollar más las llamadas ciencias de encrucijada, o ciencias interdisciplinares; una de las cuales, relativamente reciente en su nacimiento oficial (1960), pero tan antigua en su contenido como la humanidad, es la biomimética, es decir la observación e imitación de la naturaleza, que muchos investigadores han estado practicando, sin saberlo.

Un claro ejemplo de ello son los trabajos y diseños del gran Leonardo de Vinci, puesto que fueron el resultado de una profunda observación de la naturaleza que le rodeaba, lo que daba lugar a que se planteará numerosas preguntas, como ¿por qué la humanidad se desplaza arrastrándose por el suelo, mientras que otras criaturas vuelan? Preguntas que, a un genio como él, le llevaron a la cuestión clave ¿por qué nosotros no?

Los murciélagos y su forma de volar llamaron poderosamente su atención, y a comienzos del siglo XVI Leonardo escribía en sus notas manuscritas que era a los murciélagos a los que había que imitar, si queríamos volar, porque su piel membranosa recubre y refuerza su esqueleto y en concreto sus alas, lo que resultaba esencial, mientras que las alas con plumas de los pájaros tenían que dotarse de fuertes huesos y músculos, ya que la separación entre sus plumas hacía que el aire las atravesara. No había duda, alas de murciélago y nada de alas como las de las aves con plumas.

El problema de las alas más convenientes quedaba así resuelto, pero faltaba encontrar el motor que impulsara a esa máquina potencialmente voladora, y resulta interesante recordar que casi cuatro siglos después de que Leonardo expusiera sus ideas, se pudo disponer del potente motor que se necesitaba, resultando que fue nuevamente la imitación de las alas del murciélago lo que permitió construir aquellas primeras máquinas.

Por supuesto que aquellos comienzos quedaron muy lejos de los posteriores avances que han dado lugar a las modernas aeronaves, pero está claro que todo camino empieza con un primer paso, y es evidente que en los primeros pasos de la aeronáutica la naturaleza estaba allí para mostrarnos por dónde encaminar aquellos primeros pasos, utilizando como modelo al murciélago.

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También en el avance de la hidrodinámica (rama de la física que estudia el movimiento de y en los fluidos), llevó a los investigadores a fijarse en otro animal, en aquel caso un delfín, nos dio ideas para navegar bajo la superficie del mar a gran velocidad y aparentemente con poco esfuerzo; el secreto estaba esta vez en que el delfín en vez de luchar contra las corrientes del agua, se adapta a ellas, de forma que el movimiento es armónico y regular, al contrario de lo que ocurría con nuestros primeros buques que, impulsados por potentes motores, alcanzaban grandes velocidades, pero a costa de provocar remolinos a lo largo de todo el casco del buque, convirtiéndose el movimiento en turbulento e irregular, lo que daba lugar a un gran aumento de la resistencia al avance, que se iba resolviendo con más potencia y más consumo de combustible, en contra del ahorro de recursos.

Esta resistencia no parecía afectar al rápido y elegante desplazamiento del delfín, de forma que se imponía la observación para tratar de averiguar el porqué, encontrándose que el secreto estaba en las primeras capas de la piel del delfín, la exterior muy delgada y elástica, y bajo ella otra capa, dotada de conductos esponjosos, capaces de amortiguar las variaciones de presión, que provocaban los remolinos, y que le eran transmitidos por la primera capa; el resultado es que no se producían los indeseables efectos de los remolinos, suavizando el avance del delfín.

Estos dos ejemplos, murciélago y delfín, no son sino una pequeña muestra de los miles que la naturaleza pone a nuestra disposición, a través de todos los seres vivos que la pueblan, y que son la consecuencia de millones de años de evolución, durante los que la naturaleza ha ido acumulando experiencias, modificando lo que convenía ser modificado, para ir consiguiendo mejoras, tarea en la que todavía persiste.

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Un ejemplo más es el de las soluciones que algunos animales han dado al diseño arquitectónico y a las soluciones técnicas aplicadas en la búsqueda de mejorar las condiciones de “sus viviendas”. Estas soluciones han sido conseguidas, poco a poco, por la naturaleza, mediante la tradicional técnica de prueba, error y corrección, a través de la experiencia de millones de individuos, orientados en esa tarea por la naturaleza, de forma que analizar esas soluciones y aprender de sus aciertos, parece una medida potencialmente interesante.

Esas son solo algunas de las enseñanzas que nos da la naturaleza, pero lo cierto es que, simplemente mirando y viendo a las criaturas que pueblan nuestro entorno, podríamos encontrar, tal vez, otras más útiles para nuestro breve paso por este mundo. Un razonable y natural consejo, podría ser fijarnos objetivos para mejorar y otro el dejar las prisas a un lado, y tomarnos el tiempo que sea necesario, dentro de lo posible, para mimetizarnos lo más posible con la naturaleza.

Adolfo Marroquín Santoña

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Sobre el autor

Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.


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