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Autor: adolmar
El clima, factor turístico en Extremadura
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Adolfo Marroquín Santoña | 19-01-2018 | 11:57| 0

01-extremadura-paisaje-y-estrellasEs bien conocido el hecho de que el turismo se mueve a impulsos de un conjunto de elementos que deciden el destino a elegir, y que uno de esos elementos es muy frecuentemente el clima. Veamos por tanto los posibles atractivos, aunque a veces parezca que no los hay, que el clima extremeño puede presentar para un turista potencial.

Por mi parte, como enamorado de esta bendita tierra, afirmo categóricamente que a mí “de Extremadura me gusta hasta el clima“, ahora bien, como climatólogo, tengo que admitir que en ocasiones algunos elementos climáticos tienden a desmadrarse. Pero en esto, como en casi todo, conviene ser objetivos y no dejarse llevar por los sentimientos sino por los números o por los índices basados en ellos.

Un índice turístico bastante conocido, basado exclusivamente en valores climáticos, es el Índice Turístico de Peguy, al que nos referiremos como ITP para abreviar. Naturalmente no procede entrar aquí en los aspectos fisicomatemáticos de la fórmula que expresa el citado índice, pero señalaré que en ella intervienen como elementos esenciales para el cálculo, los valores medios mensuales de la insolación, medida por el número medio de horas de sol despejado, la temperatura y el número de días de lluvia.

Pues bien, al calcular el ITP mes a mes a 61 poblaciones, tanto de la España peninsular como de la insular, en las que existían observatorios meteorológicos dependientes del antiguo Servicio Meteorológico Nacional, después Instituto Nacional de Meteorología, con series de datos climáticos suficientemente largas y fiables, que figuraban en la publicación “Guía resumida del tiempo en España”, un estudioso del clima, Diego Jover, encontró que de los 732 valores obtenidos (61 poblaciones por 12 meses), el valor máximo para el índice ITP era 409, resultado que correspondía precisamente al ¡mes de julio en Badajoz!. Y, por cierto, el valor mínimo mensual del ITP era de -44 (negativo) en el mes de diciembre en Vitoria.

Según Peguy, el creador del citado índice turístico, el resultado es bueno cuando alcanza o supera el valor 100. Pues bien, hay que decir que Jover encontró que en Badajoz se superaba el valor 100, en todos los meses del año, excepto diciembre, en que era sólo de 92.

Analizados los 732 valores mensuales, así como las características de cada una de las 61 poblaciones, de las que proceden los datos, se observa que, en general, el índice turístico ITP, en las áreas montañosas es superior al obtenido para las ciudades cercanas a ellas, debido a su mayor insolación. Resultaba entonces que el Montseny era más turístico en invierno que Barcelona y Gerona, así como que Izaña, con su observatorio en el Teide, superaba a Las Palmas y a Tenerife durante todo el año, debido a la gran insolación del Teide, casi siempre por encima del mar de nubes producido por los alisios en Canarias.

Dado que estos resultados chocaban con la realidad turística, se propuso modificar el índice ITP, quitándole importancia a la insolación y aumentando la de la temperatura. Esto corrigió lo que parecían ser desajustes en la fórmula original de Peguy, al aplicarla a España; obteniéndose tras las correcciones, el ITPC (Índice Turístico de Peguy Corregido). Este nuevo índice corregía las anomalías detectadas en el Montseny, en Izaña, y en algunas otras áreas, casando mejor el valor del nuevo índice con la realidad turística observada.

Pero entonces, al obtener los valores anuales de ambos índices, ITP e ITPC, mediante la suma de los doce valores correspondientes a los doce meses del año, y ordenamos los resultados obtenidos en orden decreciente de bondad turística, obtenemos un nuevo ranking para cada uno de los dos índices, resultando que en ambos aparece Badajoz en el puesto 12 de los 61 analizados, como puede observarse en la siguiente tabla de los “Top-Twenty”. Por tanto, Badajoz estaría, según ambos índices turísticos, entre los veinte mejores destinos turísticos de España, o, para ser exactos “entre los doce mejores”.

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Los índices indican, como es su obligación, que climáticamente Badajoz no tiene porqué “acomplejarse” por su clima, a la hora de emprender campañas turísticas. La realidad es que la idea de que el turismo puede y debe ser un factor importante en el desarrollo de la Región no es nueva. Bien es cierto que “Vaya, vaya, aquí no hay playa…” como dice una popular canción, pero tampoco hay playa en muchas otras regiones y poblaciones del planeta que, sin embargo, disfrutan de un apreciable turismo.

Por otra parte, no somos pocos los que procuramos no meternos en la arena playera y procuramos quedarnos, bien en algún chiringuito costero, bien en alguna de las piscinas próximas, pero eso sí, disfrutando del clima. Ahora bien, como ya hemos expuesto, los índices al uso, indican que el clima es propicio, para el turismo en Extremadura, o al menos no parece ser hostil… ¿y entonces? ¿Por qué no buscar alicientes, complementarios a los que el clima nos ofrece, para suavizar algunos de los extremos meteo-climáticos que, admitámoslo, son también característicos de nuestra Región?

Pues bien, de hecho, desde hace ya bastantes años, aparecen y desaparecen periódicamente, como los famosos “ojos del Guadiana”, momentos en los que el interés sobre el tema se refleja en los medios de comunicación, e incluso parece que en la actualidad la idea está arraigando, y de hecho son cada día más numerosas las actuaciones de la Administración, y de un buen número de particulares, que han comenzado a hacer camino al andar, siguiendo el sabio y poético consejo al caminante.

En particular, en la web de la JEX, “Extremadura Turismo”, no aparece un apartado específico dedicado al clima de Extremadura, o al menos yo no lo he visto, pero sí son varias las referencias a ese clima, y en particular a sus extremos térmicos, Y así, buscando los términos frío o calor, encontramos enlaces muy interesantes. Por ejemplo, en relación con el frio enlazamos con “Escapadas para disfrutar de los días de frío”, donde se dicen cosas como:

Anochece antes y hace frío, pero Extremadura, siempre bella, ofrece numerosas opciones para disfrutar de sus pueblos y ciudades monumentales, sentir la naturaleza a través de sus paisajes y saborear su gastronomía. Guadalupe, lugar de peregrinación desde hace siglos, se ha puesto de moda gracias a los premios y distinciones que ha recibido recientemente. La villa serrana, en la que destacan el imponente Monasterio de Santa María de Guadalupe, Patrimonio Mundial de la Unesco, y su casco histórico, con hermosas callejuelas, plazas, soportales y balcones, ha sido elegida “Primera Maravilla Rural 2017” por los usuarios del portal Toprural y ganadora del concurso “Luce tu pueblo 2017”, organizado por Ferrero Rocher.

Se citan, además de Guadalupe, una serie de localidades con encanto que encontramos de norte a sur de Extremadura, todas ellas merecedoras de una visita para deleitarse con su belleza y patrimonio, a pesar de los rigores del frío.

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Análogamente, otra de las ventajas que nos ofrece nuestro clima es la bondad de las noches con cielos despejados en la región extremeña, que encuentra su referencia en la web de la JEX, en el apartado referido al astroturismo, donde se dice que Extremadura es un auténtico paisaje de estrellas.

A sus atractivos naturales se unen unas condiciones extraordinarias para ver el cielo estrellado y un sector turístico especializado. La baja contaminación lumínica en gran parte de Extremadura, el buen clima, con numerosos días sin nubes durante los doce meses del año, la existencia de localizaciones espectaculares y la creciente implicación de instituciones públicas, alojamientos y empresas para fomentar el astroturismo hacen de la región un paraíso para la contemplación de las estrellas.

Por toda la Comunidad Autónoma es muy fácil encontrar un lugar que reúna buenas condiciones para explorar el firmamento. En este sentido, la guía “Extremadura, paisaje de estrellas”, editada por la Dirección General de Turismo, propone hasta diez zonas de observación donde disfrutar al máximo de la experiencia. Zonas que la naturaleza y el clima han preparado para ser magníficos observatorios de las luces estelares, pero donde también se han aplicado los consejos para anular o al menos reducir en lo posible la creciente contaminación lumínica.

Bastando para ello con seguir tres principios que están al alcance de nuestra mano. El primero es iluminar solo lo que necesitemos que sea iluminado. El segundo, hacer uso de la iluminación exterior cuando sea realmente necesaria. Por último, usar luminarias que eviten totalmente el flujo de luz hacia el horizonte o hacia el cielo; es absurdo derrochar energía enviando luz hacia el espacio exterior.

Entre las formas de contaminación lumínica, la más polémica y frecuente es el brillo artificial del cielo nocturno en enormes áreas, sobre y alrededor, de las grandes ciudades. Una iluminación artificial inadecuada es la causa del actual incremento de ese brillo difuso del cielo nocturno que, al dirigirse parcialmente hacia arriba y hacia el horizonte, crea una burbuja de contaminación lumínica que diluye la oscuridad natural de la noche y nos impide ver las estrellas.

Acomodarse al clima, gozar con la naturaleza y mirar hacia el cielo es algo que se puede hacer en muchas regiones del planeta, pero disfrutar del clima, de la inmersión en la naturaleza y no sólo mirar, sino ver el cielo y sus infinitas luminarias, requiere estar en Extremadura.

Adolfo Marroquín Santoña

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Que el ciclo hidrológico, no sea hidroilógico
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Adolfo Marroquín Santoña | 09-01-2018 | 8:03| 0

Es evidente que, en cualquiera de los estados, sólido, líquido o gaseoso, en los que el agua se presenta en la naturaleza, resulta ser un elemento vital para nuestro planeta, pero resulta también evidente que, a medida que cambie el clima, cambiarán también los recursos de agua dulce, sobre los que se basan nuestras sociedades y economías. Por tanto, debería ser lógico vigilar atentamente, y cuidar nuestra relación con el agua.

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En las dos imágenes anteriores se presenta a la izquierda el ciclo hidrológico, con el esquema de los procesos que tienen lugar de forma natural, y a la derecha el que podríamos llamar ciclo menos lógico, o directamente ciclo hidroilógico (hidro-ilógico). No entraremos aquí en el detalle de los procesos físicos que tienen lugar durante el ciclo hidrológico normal, que citados de la forma más elemental posible son la evaporación,  por la que el agua pasa de líquido a vapor y asciende a la atmósfera, enfriándose en ese ascenso, por lo que se condensa en forma de nubes, precipita después desde estas hacia el suelo, y en él se produce la filtración hacia el subsuelo y la escorrentía superficial, que lleva el agua hacia los acuíferos.

Y la cosa ha venido funcionando así, desde hace miles de años, y sigue funcionando hoy, de manera que mientras el ciclo es lógico, es decir, mientras que las precipitaciones se presentan a lo largo del año, con valores similares a las medias estadísticas de las series climáticas, no tenemos problemas de suministro de agua, para todos los usos habituales de la misma, que son muchos. Pero cuando uno o más años las precipitaciones escasean, tienen lugar entonces una cadena de acontecimientos que van desde la inicial normalidad de la lluvia, con la apatía que esa normalidad provoca, a una secuencia decreciente de precipitaciones, inicialmente imperceptible, pero que acaba llevándonos a la sequía (drought, que dirían los angloparlantes), y es entonces cuando tomamos conciencia (awareness, que dirían ellos) de que algo no va bien, dando comienzo a una cierta inquietud, camino de la ansiedad (concern, ya saben), que, a medida que pasa más y más tiempo,  acaba desembocando en pánico (panic, eso está claro), lo que nos lleva a llamar a Emergencias 112 ( 911, en versión USA), desde donde desviarán nuestras llamadas a Protección Civil, o a la correspondiente Confederación Hidrográfica, o al Servicio de Meteorología, o a …

Pero, será inútil, nadie nos aliviará del pánico, que seguirá “in crescendo” con el paso del tiempo, tanto más cuanto más tarden en producirse las precipitaciones. Pero, mientras tanto, lo que ocurre, es algo muy difícil de conseguir en este país, la unanimidad; estando todos de acuerdo en que “hay que hacer algo y pronto”.  Y entonces es cuando se produce el milagro… LLUEVE, porque, como enseña la historia del clima, siempre que ha habido sequías, tras ellas acaba volviendo a llover, y justo en ese momento se cierra el Ciclo Hidroilógico, ya que, con la presencia de la lluvia (o sea, la rain anglosajona), todo vuelve a la normalidad, y de ahí se pasa a la apatía, etc. etc., reiniciándose el absurdo ciclo.

Ambos ciclos se han producido en nuestro país, y en los demás países del mundo, cientos de veces, desde siempre, desde bastante antes de que se pusiera de moda culpar de todo, y también de esto, faltaría más, al Cambio Climático, que algo tiene que ver con las modificaciones y anomalías en el ciclo hidrológico, naturalmente.

Pero ¿quiénes son los actores invitados a esta ceremonia de la confusión, que amenaza con complicarnos el suministro de agua, de calidad adecuada y en cantidad suficiente, para tener y mantener un nivel de vida y un ritmo de desarrollo, adecuados a las necesidades que nosotros mismos nos hemos impuesto? Pues, echemos una ojeada a uno de los actores principales de estos episodios, la SEQUÍA:

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Es evidente que, en principio, toda sequía está asociada a la escasez de recursos hídricos, pero la definición de sequía, depende del ámbito en que se padezca esa escasez.

Así puede hablarse, entre otras, de:

.- Sequía meteorológica.

.- Sequía hidrológica.

.- Sequía agrícola.

.- Sequía medioambiental.

.- Sequía socioeconómica.

.- Sequía climática.

En efecto, el término sequía puede hacer referencia a la sequía meteorológica (precipitación bastante inferior a la media), hidrológica (caudales fluviales bajos y niveles bajos en ríos, lagos y aguas subterráneas), agrícola (humedad del suelo baja) o medioambiental (combinación de las anteriores). Los efectos socioeconómicos de las sequías pueden provenir de la interacción entre las condiciones naturales y ciertos factores humanos, como pueden ser los cambios de uso de la tierra, alteraciones de la cubierta de suelo, o la propia demanda y uso del agua.

Pero en el marco del clima, y sobre todo del cambio climático, la definición que nos interesa es la de sequía climática, y en ese caso, recurriendo a la máxima autoridad en la materia, es decir a la OMM (Organización Meteorológica Mundial), encontramos que este organismo define la Sequía Climática en un área determinada, como “Un período, de más de dos años consecutivos, durante los que la precipitación registrada, en más del 50% del área, está incluida entre el 40% de los valores más bajos de su serie climatológica”.

De acuerdo con los estudios realizados por la propia OMM, así como por el IPCC, Grupo Internacional de Expertos en Cambio Climático, resulta que, desde comienzo de los años 70, las sequías se han hecho más frecuentes en todo el mundo, especialmente en las áreas tropicales y subtropicales. Se sabe que la superficie afectada por la sequía ha aumentado desde entonces, siendo muy probable que haya habido una contribución humana a esa tendencia. La disminución de la precipitación sobre tierra firme y el aumento de las temperaturas, que han incrementado la evapotranspiración y reducido la humedad del suelo, son factores importantes que han contribuido a la aparición de sequías en un mayor número de regiones del mundo, lo que se aprecia en los valores de un conocido indicador de la virulencia de las sequias, el PDSI (Índice de Palmer de Severidad de Sequías).

En la siguiente figura se muestran los valores mensuales, registrados en todo el planeta, desde el año 1900, del citado índice de sequía, que mide el déficit acumulado en la humedad superficial del suelo, teniendo en cuentas las precipitaciones registradas y la humedad atmosférica, con un sistema de contabilidad hidrológica. Como vemos en la figura de la parte izquierda, las áreas rojas y anaranjadas del mapa son más secas que sus valores estadísticos medios, y las áreas azules y verdes más húmedas que sus valores promedios. En la gráfica de la parte derecha, puede verse la evolución de la magnitud, desde 1900, del citado Índice de Palmer (PDSI), siendo la curva negra, ajustada a los valores, la que indica las variaciones decenales. Puede apreciarse cómo la serie temporal muestra una tendencia creciente del PDSI, a lo largo de todo el período, con pequeñas oscilaciones y variaciones interanuales, en toda la superficie terrestre mundial.

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En consecuencia, es prácticamente seguro que, salvo que se tomen serias medidas, a nivel de todo el planeta, para revertir el cambio climático, en los próximos decenios, en algunas regiones del planeta, que incluyen la cuenca mediterránea, y dentro de ella a la Península Ibérica, serán más abundantes y más severas las sequías. Por tanto, al circuito del ciclo hidrológico, que la naturaleza mantendrá activo, habrá que añadirle la alternancia del hidroilógico, que nosotros, como ilógica humanidad, hemos creado y mantenido. Por nuestra parte, lo lógico ahora sería cumplir el reciente Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, pero…

Adolfo Marroquín Santoña

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Calor para todos, agua sólo para algunos
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Adolfo Marroquín Santoña | 24-12-2017 | 1:19| 0

01-antes-y-despues-del-cambicliEn la actualidad, durante el año 2017, la mayor parte de España ha sufrido una seria sequía, otra más deberíamos decir, puesto que sequías las hemos tenido siempre y seguiremos teniéndolas para siempre y, lo que es peor, probablemente las que están por venir serán más serias que las ya pasadas, al menos para algunas áreas del planeta, como para la nuestra en particular, tal como indican la práctica totalidad de los modelos climáticos.

Por cierto, aclararé, para los que puedan no tenerlo claro, que un modelo climático, es la representación físico-matemática del sistema climático, es decir del conjunto formado por las cinco componentes principales implicadas en el clima: la atmósfera, la hidrosfera (el agua), la criosfera (el hielo), la litosfera (la parte sólida del planeta) y la biosfera (todo cuanto tiene vida en el planeta), incluyendo en el modelo todas las propiedades conocidas de cada una de esas cinco componentes, así como información sobre las interacciones e intercambios entre ellas.

Conviene recordar aquí que, en el marco del cambio climático en que estamos inmersos, es seguro el calentamiento global, es decir el calentamiento de todo el planeta, y son seguras las anomalías pluviométricas, que serán también globales; pero la diferencia, que debemos tener clara, es que la globalidad del calentamiento significa que las temperaturas son, y serán, más altas en todas partes. Mientras que las precipitaciones serán anómalas en todas partes, es decir distintas de las registradas hasta ahora, pero con cantidades de precipitación más altas en unas partes y bastante más bajas en otras. Añadiéndose una característica, que pone peor las cosas para todos, en el sentido de que la precipitación total anual, sea mayor o menor que la actual, se concentrará en el tiempo y en el espacio, con intensidades (cantidades registradas por unidad de tiempo) muy altas, dando lugar a sequías interanuales, y al mismo tiempo a inundaciones locales.

En las nueve figuras siguientes se muestra el tanto por ciento de variación de las temperaturas previstas en este siglo XXI, respecto a los valores registrados durante el pasado siglo XX, resultados obtenidos mediante distintos modelos climáticos, trabajando con diferentes escenarios, es decir teniendo en cuenta los cambios que puedan producirse en la actividad humana. Puede comprobarse como ninguno de los modelos, en ningún escenario y para ningún periodo de tiempo actual o futuro, a lo largo de este siglo XXI, presenta tonos azules, que significarían enfriamiento. Todo son tonos marrones o rojizos en todo el planeta, es decir calentamiento global, extendido literalmente a todo el globo.

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Vemos también que la subida de temperaturas para el período inicial, en el que nos encontramos, el 2011-2030, está entre 1 y 2ºC, que pasa a ser entre 3 y 4ºC para el período 2046 a 2065, y superándose los 4 y 5ºC a partir del 2080. Se observa también que los aumentos máximos corresponden a las áreas de mayor latitud, sobre todo hacia el norte, en las zonas árticas. Pero queda claro que el calentamiento será planetario.

Por el contrario, esta homogeneidad de tendencia, que significa “siempre más calor para todos”, no se dará en el caso de las precipitaciones, puesto que lo que se prevé es que se produzcan aumentos de la cantidad media mundial de precipitación durante el siglo XXI, pero con una distribución espacial poco homogénea, con áreas de valores máximos de aumento en las regiones tropicales y también en latitudes altas de ambos hemisferios, tanto en el norte como en el sur. Mientras que, por el contrario, se presentan disminuciones generales en las regiones subtropicales, y también disminuciones generalizadas en latitudes medias, excepto en Asia oriental.

Los resultados sobre la distribución de las variaciones de los porcentajes de precipitación que se muestran en la siguiente figura, han sido obtenidos a partir de los modelos climáticos, manejados por el conocido IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático), y es destacable el descenso previsto en la escorrentía, es decir en el “agua potencialmente utilizable” tras las precipitaciones, descenso que debería ser preocupante, para algunas zonas del planeta, concretamente las “marrones”. Mientras que, al mismo tiempo las áreas “azules”, tanto en el hemisferio norte como en el sur presentan porcentajes crecientes de precipitaciones y escorrentía, con aumentos de hasta el 30 o el 50%.

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La clara disminución del porcentaje en los valores de la precipitación (del 20 al 30%) y de la escorrentía (del 30 al 40%) previstos para la cuenca mediterránea en general y para España en particular, durante la segunda mitad del siglo en curso, respecto a los valores medios registrados en esas áreas en el siglo pasado, hacen recomendable que nos planteemos algunas dudas sobre la atención a la creciente demanda de agua en el futuro.

El suministro de agua, de calidad adecuada y en cantidad suficiente, es esencial para tener y mantener un nivel de vida y un ritmo de desarrollo, de acuerdo con las necesidades que nosotros mismos nos hemos impuesto. Y ese suministro está condicionado por el llamado ciclo hidrológico; en consecuencia, sería lógico que nos preocupáramos y que, cuanto antes, nos ocupáramos de no perturbar la lógica de ese ciclo.

Adolfo Marroquín Santoña

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Las sombras de la luz
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Adolfo Marroquín Santoña | 10-12-2017 | 12:57| 0

En una de las publicaciones del Dr. Mercola, del conocido “Boletín de Salud Natural”, se dice que “incluso las velas son una mejor fuente de luz que algunas lámparas actuales”, y justifica esa afirmación en que no hay electricidad involucrada en la luz de una vela y en que además, es la luz que nuestros antepasados utilizaron durante muchos milenios, por lo que nuestros cuerpos ya están adaptados a ella.

No parece aconsejable, sin embargo, dar el gran paso atrás que supondría volver al uso de vela y candil, pero lo cierto es que todas las fuentes de luz, desde el propio Sol, que es la fuente cuasi perfecta, pasando por todas las luminarias conocidas, incluida también la luz de las velas, todas digo, tienen sombras; dicho sea lo de “sombras” en el sentido de “pegas o fallos”. De forma que vamos a dejar las velas para el caso de la oscuridad que acompaña al corte imprevisto de suministro eléctrico, y revisemos aquí las diferentes sombras que arrastran las fuentes de luz convencionales, desde la natural del día, hasta las artificiales, más o menos elaboradas, en busca de algunas de esas sombras que son potencialmente perjudiciales para nuestro bienestar.

En un artículo anterior, que titulaba “La luz es claridad, pero también oscuridad”, me refería básicamente a la contaminación lumínica, consecuencia de un inadecuado direccionamiento de la luz artificial; comentaba asimismo allí que los efectos de la iluminación nocturna sobre el organismo humano, son más severos con la utilización de la luz azul, que con la conocida como luz cálida, de mayor longitud de onda, por lo que si queremos descansar y “cargar las pilas” durante las horas nocturnas, deberíamos evitar la utilización de lámparas que emitan luz de longitud de onda por debajo de la luz azul o violeta. Pues bien, echemos ahora un nuevo vistazo a la luz que nos alumbra y a sus sombras.

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La luz de día, luz procedente del Sol, que es la verdadera luz natural presenta su máxima intensidad, en el intervalo de las longitudes de onda visibles para los humanos. En esa banda el espectro de la luz de día es continuo, sin grandes picos ni huecos, siendo la proporción de los colores de onda corta (azul) mayor que la de los colores de onda larga (rojo). Desde el punto de vista de la potencial influencia sobre la salud humana, resulta importante distinguir entre la luz natural, que nos llega del Sol, y la artificial, que se compone también de luz visible, ultravioleta e infrarroja, pero en proporciones que, pueden llegar a ser muy diferentes de las de la luz solar, como podemos ver a la derecha de la imagen superior, que corresponde a una bombilla incandescente.

La luz de día, es la que disfrutamos, gratuitamente por cierto, durante la mayor parte de las horas centrales entre el orto (salida del Sol) y el ocaso (ocultación del Sol), y tiene fundamentalmente dos componentes, la primera es la luz directa, es decir, la luz que llega a la superficie de la Tierra directamente desde el Sol, tras atravesar la atmósfera terrestre, por lo que sólo estará disponible plenamente, cuando el cielo esté despejado de nubes. La segunda componente es la luz difusa, cuyo origen es también el Sol, pero que no nos llega desde él directamente, sino que es absorbida por las partículas, sólidas o líquidas, suspendidas en la atmósfera y reemitida después por éstas.

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Como se aprecia en la ampliación que se incluye bajo la figura anterior, la luz visible es una pequeñísima parte del espectro total de radiaciones electromagnéticas, que van desde las ondas más largas, como son las ondas de radio, hasta las ondas más cortas, como los rayos cósmicos. La citada ampliación de la parte inferior, corresponde a la luz solar, fuera de la atmósfera, que incluye la visible, junto a sus vecinos, los cálidos rayos infrarrojos y los más cortos, pero biológicamente muy activos, rayos ultravioletas.

Debemos recordar que tanto la luz natural como la artificial pueden alterar el reloj biológico humano y el sistema hormonal, causándonos problemas de salud; en este sentido, es importante conocer y analizar los niveles de las componentes ultravioletas y azules de la luz que estemos utilizando, puesto que, en determinadas circunstancias, son potencialmente las más dañinas. Conviene señalar que después de la puesta del Sol y antes del amanecer, la luz difusa que nos llega del cielo, puede contener una gran dosis de color azul intenso.

La luz azul, que puede ser beneficiosa o no, según las circunstancias, nos la encontramos de hecho por todas partes. Cuando estamos de día al aire libre, la luz solar viaja a través de la atmósfera, donde las ondas de luz azul, las más cortas y de mayor energía, chocan con las moléculas del aire causando que se disperse fuertemente en todas las direcciones. Esto es lo que hace que el cielo se vea azul.

En su forma natural, nuestro cuerpo utiliza la luz solar azul para regular sus ciclos naturales de sueño y vigilia, lo que es conocido como el ritmo circadiano. Cuando no hay luz natural, comienza el ciclo nocturno para nuestro cuerpo, que está regulado por la producción de melatonina, una hormona que resulta indispensable para que nuestro cuerpo descanse, se desintoxique y se regenere durante la noche.

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Las ondas de luz azul están entre las más cortas y de más alta energía en el espectro de luz visible. Estas “ondas azules” o de “Alta Energía Visible” (HEV, de sus siglas en inglés) parpadean más que las longitudes de ondas más largas, que son más débiles, y este parpadeo puede reducir la observación del contraste, afectando a la nitidez y la claridad de la visión; lo que puede ser una de las razones para explicar la fatiga visual, los dolores de cabeza, o la fatiga mental y física causada al permanecer muchas horas sentados frente a la pantalla de un ordenador o de cualquier otro dispositivo electrónico.

Desde los orígenes de la humanidad, el organismo humano evolucionó bajo las condiciones de la luz del día, por lo que las células humanas se fueron acomodando a esa luz natural disponible al aire libre. Por tanto, resulta lógico pensar que la composición espectral de la luz de día, incluyendo la parte no visible, debe tener influencia sobre el organismo humano. Al mismo tiempo, es muy probable que permanecer mucho tiempo bajo luz artificial, que carece de muchas de las propiedades de la luz natural, deberá tener efectos negativos. De ahí que pasar cada día un tiempo, digamos del orden de media hora, al aire libre debe ser algo a incluir en nuestra agenda diaria, puesto que simplemente con eso obtendremos la dosis diaria de luz natural necesaria para nuestro bienestar.

En la naturaleza, al aire libre, el ciclo circadiano de la luz, noche-día, produce una estimulación cíclica de los neurotransmisores, que son los mensajeros de la información entre neuronas. Nuestro reloj biológico responde a la luz, y la luz diurna favorece la producción de serotonina y dopamina, que activan la atención y estimulan la actividad. Por el contrario en ausencia de esos estímulos luminosos, aumenta la melatonina, que nos induce al sueño. Llevar la contraria al ciclo luminoso natural del Sol, provocará que se altere el ciclo hormonal, lo que dará lugar a que se “permuten los papeles”, ocasionando somnolencia matinal e insomnio nocturno.

La luz viaja “cabalgando” sobre ondas que emiten energía y tienen distintas longitudes de onda. Cuanto más corta es la longitud de onda, más alta es la energía que transporta. La luz azul tiene una de las longitudes de onda más cortas del espectro visible, y por tanto es de las más energéticas. Ahora bien, la luz azul es beneficiosa si es natural, es decir si está asociada a la luz de día, pero puede resultar perjudicial si forma parte de la luz artificial.

Durante el día, la componente azul de la luz artificial impide que nuestro cuerpo sintetice melatonina, lo que afectará a nuestro descanso y regeneración nocturna. Si durante las últimas horas del día nos exponemos a la luz azul artificial, esto retrasará varias horas la producción de melatonina en nuestro organismo, lo que nos hará más vulnerables. Además, otro fallo, otra sombra, de la luz artificial es que no tiene un espectro de colores, tan amplio ni tan continuo como el de la luz natural, por lo que no nos ofrece los beneficios de ésta.

Los principales beneficios y daños que podemos encontrar según sea la hora, del día o de la noche, que elijamos para exposición a la luz azul, son:

Beneficios de la luz AZUL natural – DIURNA

.- Ayuda a regular el ritmo circadiano, el ciclo natural del cuerpo de sueño y vigilia.

.- Aumenta el estado de vigilancia y alerta.

.- Aumenta la memoria y la función cognitiva.

.- Mejora el estado de ánimo.

Daños de la luz AZUL artificial – NOCTURNA

.- Interrumpe el ritmo circadiano.

.- Provoca síndrome de Fatiga Visual Digital: visión borrosa, dificultad para enfocar, ojos secos e irritados, dolores de cabeza, cuello y espalda.

.- Mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer.

.- Mayor riesgo de diabetes, enfermedades coronarias, obesidad y depresión.

.- Riesgo de pérdida de visión por la degeneración macular asociada a la edad.

Podríamos citar también otras sombras que acompañan a la luz, incluso a la natural cuando nos encerramos tras las ventanas, puesto que nos impiden recibir aquella parte de la luz solar que no puede cruzar el cristal de dichas ventanas, es decir la ultravioleta (UV), ya que el vidrio común, por su alto contenido en hierro, no permite el paso de las frecuencias UV. Y recordemos que los rayos UV, que recibimos al tomar el sol, son la única fuente natural de vitamina D.

Finalmente, es evidente que en invierno hay menos horas de luz natural y menor intensidad de la misma y que además, debido al frío, pasamos más tiempo en el interior de edificios, con una iluminación artificial, que no siempre es la más adecuada. De manera que, aunque se sabe que el abuso de los rayos ultravioleta puede provocar daños en la piel, sin embargo, actuando con la debida prudencia, deberíamos buscar un ratito cada día para escapar del encierro y echarnos a la calle, para disfrutar de nuestro amigo el SOL.

Adolfo Marroquín Santoña

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En el futuro faltará agua y sobrará calor
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Adolfo Marroquín Santoña | 24-11-2017 | 11:49| 0

01-estado-del-clima-mundialHace ya unos años, el “International Food Policy Research Institute” (IFPRI), planteaba algunas preguntas y ponía sobre la mesa algunos temas para el debate: ¿Puede la Tierra producir alimentos suficientes para 9.000 millones de personas?, ¿Para 10.000 millones?, ¿Dónde está el límite de esas posibilidades? Pues resulta que se ha encontrado que el agua será uno de los principales factores que podrían limitar la producción futura de alimentos, y que este recurso escaso debe enfrentarse permanentemente a una fuerte, e insostenible, demanda creciente de usuarios de todo tipo.

En este planeta de nuestros pecados, que llamamos Tierra, los usos ambientales del agua, pueden ser clave para asegurar la sostenibilidad de la oferta frente a la demanda, no sólo del agua en sí, sino también de todos los alimentos que, a medio o largo plazo, no serían posibles sin ella; no obstante, pese a su enorme importancia, muchos de los estudios y conclusiones alcanzadas sobre el tema, son con frecuencia objeto de escasa atención. A nivel global, refiriéndonos a todo el planeta, que es como debemos considerar estos problemas, de nada sirve tener políticas, técnicas y tecnologías para ahorrar agua, si no se aplican y cumplen.

Cuando, en gran parte del planeta, los incentivos para el ahorro no existen, o no son claros, y cuando los organismos de control no existen, o no son claros, el resultado es un uso ineficaz del agua. Lo cierto es que todos, tanto los usuarios, como sobre todo las autoridades responsables, deberían dedicar mucha más atención a cuáles serán mañana los resultados de las decisiones que se tomen hoy.

En la actualidad, en todo el mundo se riegan más de 250 millones de hectáreas, casi cinco veces más que a comienzos del siglo XX. El riego ha ayudado a aumentar los rendimientos y la producción de la agricultura, pero el crecimiento de la población mundial hará que aumente la demanda de agua para consumo doméstico e industrial, y sobre todo para riego con el fin de satisfacer las necesidades de la producción de alimentos. Es evidente que el acceso seguro a agua para beber y para la higiene es crucial para mantener la salud; sin embargo, más de 1.000 millones de personas en todo el mundo carecen de agua suficiente para cubrir sus niveles mínimos de salud.

Globalmente, en la segunda mitad del siglo XX, la extracción de agua para fines domésticos e industriales creció en un 400%, el doble de lo que creció para la agricultura, donde en el mismo período el aumento fue “sólo” de un 200%. Por otra parte, los humedales almacenan agua durante las lluvias, la liberan en los períodos secos, y la purifican de muchos de sus contaminantes; pero desgraciadamente durante el siglo XX el planeta perdió más de la mitad de los humedales. Por otra parte, los bosques reducen la erosión y la sedimentación de los ríos y recargan el agua subterránea; pero desgraciadamente también los bosques están sufriendo el acoso del desarrollo insostenible. Y en el siglo XXI no parecen ir mucho mejor las cosas para este viejo problema, que se reactiva de nuevo, como viene ocurriendo, decenio a decenio, desde hace ya demasiado tiempo.

Como se muestra en el siguiente mapa, los problemas asociados a la escasez de agua en el planeta, tanto por ausencia física de la misma, como por carencias económicas para su gestión, es mucho mayor en los continentes y comarcas del Sur que en las del Norte.

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Pero, con carácter general, hablando de todo el planeta en su conjunto, se podría decir que no hay una escasez mundial del agua como tal, aunque, bajando al detalle, son muchos los países y regiones concretas que necesitan una solución urgente a los problemas críticos que se les presenta por el estrés hídrico, por tanto el problema debería ser tratado en su conjunto, considerando el agua como un recurso potencialmente suficiente, pero a la vez escaso en su accesibilidad; enfocando el problema más hacia la gestión del agua disponible y su redistribución, que a la disponibilidad en sí.

Sin embargo, lo cierto es que las anomalías pluviométricas, tanto en la distribución espacial como en la temporal de las precipitaciones, que el cambio climático está produciendo ya en todo el mundo, y que seguirá produciendo cada vez más en el futuro, creará serios problemas para mantener la disponibilidad permanente de agua para todo y para todos, que sin duda sería muy deseable, pero que, tal como van las cosas, no deja de parecerse bastante a una utopía.

Desde todos los puntos de vista, el agua es nuestro recurso natural más importante. Más del 70% de la superficie del planeta Tierra está cubierta por agua. En los océanos se encuentra el 97,5% del agua planetaria, pero en forma de agua salada, y el resto, es decir sólo un 2,5% del total es agua dulce, pero la mayor parte de ésta no está en forma líquida, sino en forma de hielo, fundamentalmente en la Antártida, el Ártico, glaciares, etc., lo que complica su acceso y utilización. No obstante, lo cierto es que la cantidad de agua potable en el mundo sería suficiente, si pudiéramos disponer de ella, dónde y cómo quisiéramos.

Pero la realidad es que existen enormes desigualdades entre unas áreas y otras del planeta. Analizado el problema globalmente, resulta que de los 2.100 millones de personas que no disponen de agua de forma segura, 844 millones no tienen ni siquiera un servicio básico de agua potable. Esto incluye a 263 millones de personas que tienen que emplear más de 30 minutos en cada viaje que hacen para recoger agua de fuentes que se encuentran lejos de su hogar, y 159 millones que todavía beben agua no tratada, de muy dudosa salubridad, procedente de fuentes superficiales no vigiladas ni controladas.

En cuanto a las temperaturas planetarias, en una reciente publicación de la OMM (Organización Meteorológica Mundial) se señala que el 2017 va a ser uno de los tres años más cálidos registrados hasta ahora en el mundo, y al mismo tiempo uno de los que han presentado más episodios de efectos devastadores, como huracanes catastróficos y crecidas, alternando éstas con enormes sequías. A lo que hay que añadir que los indicadores del cambio climático a medio y largo plazo, como el incremento de las concentraciones de dióxido de carbono, el aumento del nivel del mar y la acidificación del océano, siguen apuntando previsiones nada optimistas.

La cubierta de hielo marino del Ártico continúa estando por debajo de la media, y la extensión del hielo marino de la Antártida, que se ha mantenido estable durante siglos, está alcanzando en la actualidad niveles mínimos, nunca registrados antes.

Las temperaturas del planeta, desde enero a octubre de 2017, han alcanzado una media global de aproximadamente 1,1 °C por encima de los niveles preindustriales, lo que en términos estadísticos de tendencia del clima es muy mal síntoma. El resultado, de momento, es que el período de 2013 a 2017 será el quinquenio más cálido jamás registrado.

El mapa de anomalías de las temperaturas medias planetarias, respecto al treintenio de referencia, 1981-2010, es el que se presenta a continuación; en él que puede apreciarse como la peor parte del calentamiento anómalo corresponde a las altas latitudes del Norte, con lo que el deshielo del Ártico se ha incrementado notablemente. El sur de Europa, concretamente en sus costas mediterráneas, presenta también altas anomalías, siendo España, y dentro de ella algunas comarcas de Andalucía, las que han registrado temperaturas medias del orden de más de 2 ºC, por encima de sus valores de referencia.

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Para el futuro, pero no un futuro muy lejano, sino el futuro en que vivirán nuestros hijos y nietos, ambas variables meteorológicas, las precipitaciones y las temperaturas, nos crearán bastantes complicaciones, en un caso por defecto y en el otro por exceso, complicaciones que tendrán importancia notable sobre nuestras condiciones de vida, e incluso sobre nuestra salud. Por tanto, todo lo que hagamos para moderar sus efectos será beneficioso para nosotros, y cuanto antes empecemos a tomar medidas de adaptación, tanto mejor para todos.

Refiriéndonos al sur europeo, en concreto España, y tanto más cuanto más al sur dentro de ella, nos espera una disminución de la precipitación anual, con un aumento del número de tormentas fuertes, con precipitaciones muy intensas, lo que dará lugar a frecuentes inundaciones, si no se prevén y mantienen los canales de descarga naturales; es decir la lluvia total será menor, pero acumulada en pocos e intensos episodios, por lo que vendrán acompañadas de un aumento de las sequías “intra-anuales” e interanuales. Y, para acompañar a estas sequías, la temperatura media seguirá en ascenso, con elevadas máximas absolutas y olas de calor. Lo que, a fin de cuentas, no será sino el clima que la humanidad, se ha ganado a pulso.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.