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Autor: adolmar
O cambiamos de modelo energético o cambiamos de planeta
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Adolfo Marroquín Santoña | 21-01-2016 | 8:07| 0

“La generación y el consumo de energía ha sido la solución de muchos de nuestros problemas y el problema de muchas de nuestras soluciones” (Adolfo Marroquín)

El gran desarrollo alcanzado actualmente por la humanidad en muchos campos, es evidente que no en todos, provoca un enorme aumento en el consumo energético,  y la utilización de los “combustibles fósiles” (carbón, petróleo, gas, etc.), que han venido resolviendo el problema de la demanda, a un elevado precio que estamos pagando con nuestro dinero, mes a mes, lo que, aun siendo caro, es el menor de los costes, puesto que el mayor coste es que en el futuro seguiremos pagando con nuestra salud y la de nuestros descendientes.

También un coste elevado radica en que las reservas de combustibles fósiles son finitas, y además muchas de ellas a no muy largo plazo, de forma que no debemos perder de vista que un planeta sin reservas de combustibles y con los depósitos de otras materias primas también tendiendo a desaparecer, sería un planeta muy poco atractivo para habitar en él. Pero además mientras llega ese final, estaremos dañando la calidad de nuestra vida actual (contaminación) y más la de nuestra vida futura (cambio climático).

De las fuentes de energía conocidas en la actualidad, la única que podemos considerar como verdaderamente alternativa, es decir una fuente capaz de satisfacer por ella misma una gran parte de la demanda energética,  para el presente y para el futuro, es la que tiene lugar en el interior del Sol y de las estrellas, es decir la energía nuclear de fusión.

En la actualidad se está tratando de imitar, naturalmente a pequeña escala, esta magnífica fuente de energía, en unas instalaciones construidas en Cadarache (en el SE de Francia, cerca de Marsella), cuyas obras comenzaron hace años y que albergará todos los elementos necesarios para el funcionamiento de un reactor, al que se ha denominado ITER, en latín “El camino”, en el que participan 35 países, entre ellos la Unión Europea, Rusia, Estados Unidos, India, Japón, Corea, y otros.

 

El 11 de marzo de 1982, en una entrevista hecha para el Diario HOY de Extremadura, y que se tituló “La energía nuclear un mal necesario”, yo me refería a la energía nuclear de fisión (la mala) calificándola como “un mal”, y afirmaba que las energías renovables no estaban en aquel entonces suficientemente desarrolladas para sustituir a los combustibles fósiles y a la propia energía nuclear, apuntando que habría que aguantar esos males como necesarios, hasta que pudiéramos disponer del ITER que ahora, 34 años después, está en fase de construcción.

Yo anticipaba entonces, en 1982, que esta energía nuclear de fusión (la buena) estaría operativa para el año 2030, con reactores comerciales funcionando, y aunque no se puede fijar una fecha concreta para la puesta en el mercado de esta energía, la Agencia Internacional de la Energía prevé que para finales del siglo en curso la tercera parte del consumo energético global podrá ser abastecido mediante la energía nuclear de fusión.

Como también he dicho repetidamente, en varias comunicaciones desde el año 1978, y como sigo diciendo ahora, hasta que tengamos alguna otra solución, lo prudente es recurrir a las ENERGÍAS RENOVABLES, a todas las energías renovables (solar, eólica, hidráulica, biomasa, geotérmica, olas, mareas, y algunas otras) que en efecto son renovables, y que aunque no sean una alternativa para sustituir a todas las energías contaminantes, sí pueden ayudar mucho a la hora de frenar el desarrollo de éstas.

No debemos olvidar que la demanda de energía es creciente, de forma que si conseguimos que la cuota de participación de las renovables también crezca a un ritmo igual o mayor, habremos frenado mucho los daños medioambientales al planeta y también habremos mantenido en lo posible sus yacimientos de recursos.

 

  

 

Lo bueno de las hemerotecas es que, cuando alguien dice cosas y alguien publica esas cosas, queda constancia de lo que se ha dicho y de quién y cuándo lo ha dicho. Lo malo de las hemerotecas es que al repasar su contenido, se puede  comprobar que gran parte de lo que se dijo sirvió de poco.”

 

 

Algunos datos de referencia sobre el reactor nuclear de fusión más próximo a nosotros, es decir del Sol, resultan verdaderamente espectaculares:

1.- En ese enorme Reactor Nuclear de Fusión, cada segundo 564 Mtm (Millones de toneladas) de Hidrógeno se transforman en 560 Mtm de Helio y los otros 4 Mtm se transforman en energía solar radiante, que es emitida radialmente en todas las direcciones alrededor del Sol.

2.- La Tierra recibe apenas “media milmillonésima parte”, es decir el 0,000 000 000 5 % de toda la energía que el Sol emite; lo que supone los 1.367 W/m2 (la conocida como Constante Solar), que alcanzan el “disco receptor” que la Tierra presenta, vista desde el Sol.

3.- La “edad” del Sol es de aproximadamente 4.500 millones de años y se estima que está en la mitad de su vida, de forma que le quedan aún otros 4.500 millones de años.

Repasemos los números del Sol, ya que de su estabilidad y futuro dependen los nuestros:

 

 

EN MI OPINIÓN PARECE  URGENTE REVISAR Y CAMBIAR EL MODELO ENERGÉTICO ACTUAL, PARA LO CUAL DEBERÍAMOS:

1.- Aumentar la eficiencia en la conversión de energía y cambiar la tendencia de la intensidad energética, es decir conseguir más PIB con menos consumo.

2.- Fomentar, a todos los niveles la investigación, implantación y desarrollo de todas las ENERGÍAS RENOVABLES.

3.- Utilizar todos los medios a nuestro alcance para reducir a mínimos la utilización de COMBUSTIBLE FÓSILES.

4.- Poner en marcha mecanismos para el secuestro del CO2, es decir impedir que el que se genere en adelante llegue a la atmósfera y tratar de “capturar y enterrar” el que ya está en ella, puesto que aunque eso no sea más que esconder el problema, estaremos ayudando al planeta en su lucha contra el cambio climático.

5.- Replantearnos  posturas respecto a la energía nuclear, manteniendo la de fisión en la mínima proporción y durante el menor tiempo que sea posible. Y al mismo tiempo apoyando al máximo la de fusión, que de momento es nuestra única alternativa para poder atender la creciente demanda futura, sin tener que padecer graves daños colaterales.

 Adolfo Marroquín Santoña

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Hoy hay vida en la Tierra, gracias a la que hubo ayer
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Adolfo Marroquín Santoña | 07-01-2016 | 10:41| 0

Podría pensarse que el título es una evidencia, pero como veremos no es tan evidente, puesto que parece muy probable que ayer hubo vida en otros planetas, en los hoy no la hay. La idea de que la propia vida existente en el planeta Tierra fuera la que modeló las condiciones medioambientales, para ajustarlas a sus propias necesidades aparece ya en 1875, en un artículo publicado en la Scientific American. Ciertamente, existen indicios suficientes que apuntan a que la Tierra es lo que es, gracias a la vida que existió en ella.

Sabemos que la Tierra, nació como cuerpo espacial independiente, hace 4,5 eones (Un  eón equivale a 1.000 millones de años), y los primeros rastros de vida sobre el planeta Tierra se detectan en algunas rocas sedimentarias, cuya edad ronda los 3 eones (3.000 millones de años), estimándose que en los primeros tiempos, tal vez a lo largo de todo el primer eón, fueron millones las formas de vida elementales, de cuerpo blando, que se extinguieron sin dejar huella de su existencia.

Cuando se examina el universo globalmente, e incluso observando sólo nuestra propia galaxia, la vía láctea, y se analiza el polvo interestelar  y las nubes gaseosas de las que surgieron, y siguen surgiendo, nuevos soles y planetas, se encuentran moléculas simples y compuestas, a partir de las cuales podría generarse la vida elemental, tal como ocurrió en la propia Tierra tres eones atrás. Resulta por tanto que, en estos mismos momentos se está pasando, en algunas zonas del universo, por las mismas fases que la Tierra hace 4,5 eones.

Luego las condiciones para que aparezcan embriones de la vida en el futuro de alguno de estos sistemas planetarios en gestación, están dadas y el cómo evolucione esa vida en los próximos eones dependerá, en la mayoría de los casos, de la propia vida y de cómo ésta actúe para conseguir que su entorno sea el más favorable para el desarrollo de la vida allí.

Una vez establecido que lo ocurrido en la aparición de la vida en la Tierra, es muy similar a lo que está ocurriendo en muchos puntos del universo, veamos cómo y por qué ha evolucionado aquí en la Tierra como lo ha hecho, tratando de analizar cuál de estas dos posibilidades ha sido la que más se ha acercado a la pasada realidad:

1.- El Sistema Climático se ha ido desarrollando, adaptándose al entorno.

2.- El Sistema Climático ha ido adaptando el entorno, para poder desarrollarse.

El Sistema Climático es el conjunto de cinco Subsistemas (atmósfera, hidrosfera, litosfera, criosfera y biosfera) y para conocer mejor ¿Qué es y cómo funciona ese Sistema?.

Empecemos por llamar la atención sobre lo curioso que resulta que la fusión nuclear jugó un importante papel en el origen de nuestro planeta y resulta que en la actualidad, miles de millones de años después, sigue estando de actualidad por sers la única fuente de energía, que aún no ha alcanzado la fase comercial, pero que puede ser considerada como verdaderamente alternativa, es decir capaz de sustituir a la fisión nuclear y con el tiempo a casi todas las demás energías, incluidas las conocidas como energías renovables.

Recordemos aquí la gran diferencia entre ambas fuentes de energía nuclear, la de Fisión = Romper (MALO) y la de Fusión=Unir (BUENO). De hecho, el Sol es un enorme Reactor Nuclear de Fusión, en el que cada segundo 564 Mt (millones de toneladas) de hidrógeno se transforman en 560 Mt de helio y los restantes 4 Mt se transforman en energía radiante, que es emitida al espacio y una pequeña parte de ella alcanza la Tierra, aportándonos la más conocida de las energías renovables, la energía solar.

Pues bien, es casi seguro que, previamente a la aparición en el espacio del planeta Tierra, tuvo lugar la combustión de una estrella, fusionándose sus átomos de hidrógeno y después los de helio. Como resultado de aquella combustión se formaron los elementos más pesados, como el sílice, el hierro, e incluso uranio y plutonio, que se acumularon en la zona central, el futuro núcleo, del naciente astro que hoy conocemos como Tierra.

De hecho estamos viviendo entre los restos de una inmensa explosión nuclear de fusión, y en la actualidad, muchos eones después, la corteza terrestre conserva aún materiales radiactivos, procedentes de aquella detonación original.

La historia del clima terrestre a través de los tiempos, es uno de los argumentos de más peso, para defender la idea contenida en la llamada Hipótesis GAIA. A finales de los años 70, el Dr. James Lovelock, biofísico, nacido en Inglaterra en 1919, presentó una teoría, de acuerdo con la cual todo el conjunto que constituye el ecosistema terrestre se comporta como una sola entidad viva capaz de autorregularse homeostáticamente. En biología, la homeostasis es precisamente el conjunto de fenómenos de autorregulación, conducentes al mantenimiento de una relativa constancia en las composiciones y las propiedades del medio interno de un organismo.

Lovelock bautizó su teoría con el nombre de GAIA (vocalización inglesa del nombre de la diosa de la mitología griega GEA, que representaba a la Tierra). Durante sus decenios de vida, la Hipótesis Gaia se ha convertido no sólo en una de las teorías científicas más conocidas, sino también en una de las más controvertidas.

Si a lo largo de los millones de años de vida de nuestro planeta la temperatura del mismo hubiera dependido únicamente del intercambio de energía entre el suelo y la atmósfera, podrían haberse alcanzado, como indica la figura superior, condiciones extremas de entre -60 ºC (línea C) y +110 ºC (línea A) y, de haber sucedido esto, prácticamente toda la vida, al menos tal como la conocemos hoy, habría desaparecido de la faz de la Tierra, lo que también hubiese sucedido si las temperaturas hubieran seguido pasivamente el incremento de radiación solar (estimada por la línea B) .

Parece por tanto razonable pensar que si las cosas han evolucionado como lo han hecho, manteniéndose las condiciones compatibles con la vida, debe ser porque algo, o alguien, ha controlado la evolución. ¿Habrá sido GAIA? ¿O habrá sido el Sistema Climático de la Tierra? ¿Y, no será tal vez que… ambas cosas son la misma cosa?

Lo cierto es que muchos de los planetas de nuestro sistema solar y de otros sistemas vecinos, debieron tener unas condiciones iniciales iguales, o por lo menos muy similares, a las del planeta Tierra, pero entonces ¿Por qué a lo largo del transcurso del tiempo desde que nació la vida aquí en la Tierra, las condiciones medias del clima terrestre se han mantenido en unos valores que, pese a sufrir variaciones, fueron siempre compatibles con la vida? Y ¿Por qué en otros planetas no ocurrió algo similar, es que en ellos no aparecieron los embriones elementales de vida?, ¿O tal vez sí aparecieron, pero en ellos no pudieron o no supieron apoyar al medio ambiente de su entorno, para que siguiera evolucionando, sin salirse de la banda de valores compatibles con la vida?

En nuestro caso, el clima del planeta Tierra no fue nunca un problema para la vida, que existía y evolucionaba en ella, y no lo fue porque nuestro Sistema Climático, y sobre todo la biosfera, hizo trabajar conjuntamente a sus componentes (la propia biosfera, la atmósfera, los océanos, las tierras emergidas y los hielos) para que no se cruzaran los umbrales de la banda de valores compatibles con la seguridad de la vida.

Lo que conocemos de los demás planetas, de nuestro propio sistema solar o de otros, demuestra que “su Sistema Climático” (¿Su GAIA?) no fue capaz de coordinarse  y trabajar tan eficazmente como el del sistema terrestre.

Por tanto, creo que está justificado el título de este artículo, es decir que “Hoy hay vida en la Tierra, gracias a la que hubo ayer”. Roguemos que Dios nos conserve la biosfera, y que incluso la aumente,… aunque nosotros no ayudemos mucho en ese sentido.

Adolfo Marroquín Santoña

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El planeta se nos va de las manos. Muchas Cumbres, pero el mismo clima
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Adolfo Marroquín Santoña | 23-12-2015 | 6:05| 0

Durante la COP21 recientemente celebrada en París, había concienciación y unanimidad en las observaciones de los científicos; la atmósfera de nuestro planeta se está calentando debido a la acumulación en ella de los gases de efecto invernadero, generados por la actividad humana. El objetivo de la Conferencia, era dar algunas respuestas a este fenómeno que pone en peligro el futuro de la presencia del ser humano en algunas áreas de nuestro planeta. Pues bien,… ¡Siempre nos quedará París!

Pasemos revista a algunos asuntos relacionados con el clima, sus cambios y sus cumbres:

¿Qué es una COP? Cuando se trata de asuntos relacionados con el clima y sus cambios, la COP es la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Como ejemplo, la COP21 es la celebrada en París en diciembre 2015. Después comentaremos lo hecho y lo dejado de hacer allí.

Desde hace ya varios años, los términos efecto invernadero, calentamiento global, cambio climático, extinción de especies, degradación de suelos, desertificación, biodiversidad, etc., se han hecho habituales en los medios de comunicación, por lo que resultan ya generalmente conocidos, al menos “de oídas” o “de leídas”, a pesar de lo cual siempre faltan cosas por conocer y aclarar. Por ejemplo, es frecuente llamar “cambio climático” al conjunto formado por las causas y sus efectos, cuando convendría separar ambos conceptos.

Frecuentemente se dice que son consecuencia del cambio climático cosas que poco o nada tienen que ver con él, y sin embargo no se le achacan situaciones que sí son consecuencia de ese cambio. Es como si se hubiera troceado el tema, separando las piezas como si se tratara de un puzle, y después se tratara de forzar la entrada de una pieza en un hueco, sea el suyo o no.

Una realidad, constatada por la observación,  es que los glaciares están derritiéndose en todo el mundo y que cada verano disminuyen más y más los hielos marinos, de forma que las criaturas marinas tienen ya dificultades para sobrevivir en aguas cada vez más cálidas y la disminución de las poblaciones de peces amenaza el sustento de aquellos, humanos o animales, que dependen de la pesca.

Los incendios forestales y las olas de calor producen cada año numerosos daños, e incluso muertes, a miles de personas, al tiempo que los cambios en los patrones de distribución de las enfermedades hacen que la población humana sea más vulnerable a brotes de infecciones, algunas de ellas graves. Al mismo tiempo, algunas regiones se enfrentan a grandes inundaciones, y otras atraviesan períodos de sequía de larga duración.

Todos estos eventos afectan enormemente a nuestra sociedad y a muchas de sus actividades, y las proyecciones de los climatólogos sugieren que estas situaciones seguirán presentándose en el futuro, y cada vez con mayor intensidad y frecuencia, de forma que estos temas seguirán dominando los titulares de los medios de comunicación. Pero a veces los artículos y las noticias que tratan de estos asuntos pueden parecer contradictorios, aunque en el fondo no lo sean, lo que puede dar lugar a confusión.

De alguna manera, la situación es similar a armar el puzle gigantesco del que hablaba, en el que cada pieza individual aporta un poco de información, pero a medida que colocamos más piezas en sus sitios, el puzle va adquiriendo una forma que podemos identificar, pese a que algunas partes aún quedan por terminar.

Veamos algunas de las causas de los cambios climáticos naturales, anteriores al actual. A lo largo del tiempo, el clima de la Tierra ha ido cambiando, y esto se debe a que muchos fenómenos terrestres, oceánicos y espaciales participan en la modelación de los climas del planeta. El Sol es el principal agente generador del clima, puesto que es la fuente de casi toda la energía. En los últimos dos siglos, la producción energética del Sol aumentó en aproximadamente un 0,1 %, lo cual supuso un calentamiento de 0,1 °C de la atmósfera terrestre en la primera mitad del siglo XX.

Sin embargo, los datos obtenidos desde 1979, cuando comenzamos a realizar mediciones desde el espacio de la energía aportada por el Sol, indican que si bien la Tierra ha seguido calentándose, no se ha producido ningún cambio significativo en la energía solar total que ha recibido, por tanto no parece que el calentamiento del planeta deba asociarse a cambios en la emisión de energía desde el Sol.

Mientras tanto, lo cierto es que el planeta sigue padeciendo un alarmante cambio climático y que se va haciendo necesario y urgente tomar medidas y soluciones globales. Para intentarlo son ya muchas las Cumbres del Clima celebradas y muchas también las COP entre los responsables, pero veamos qué ha pasado con la última, la COP21.

El Informe sobre el Acuerdo de París, fechado el 12 de diciembre de 2015, consta de 29 artículos, que “se extienden” a lo largo de 40 páginas, y en él se dicen muchas cosas, unas tan acertadas como:

“Somos conscientes de que el cambio climático representa una amenaza apremiante y con efectos potencialmente irreversibles para las sociedades humanas y el planeta y, por lo tanto, exige la cooperación más amplia posible de todos los países y su participación en una respuesta internacional efectiva y apropiada, con miras a acelerar la reducción de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero…”

Otras muy lógicas:

“Reconocemos la necesidad de promover el acceso universal a la energía sostenible en los países en desarrollo, en particular en los de África, mediante un mayor despliegue de energía renovable…”

Y, en fin, algunas otras llenas de tecnicismos legales-oficiales, con muchos “considerando, reconociendo, entendiendo, etc.”, que muestran cantidades ingentes de “buenismo” por parte de las Partes.

Pero, dicen los que se han leído el texto entero varias veces, que en ningún sitio han encontrado las medidas ”legalmente vinculantes”, es decir “obligantes” para entendernos, que serían lo único que podría dar cierta credibilidad al cumplimiento de lo acordado. La única novedad de este Acuerdo de Paris es que cita cifras y reconoce que no debemos superar los 2 ºC de ascenso de la temperatura media  del planeta, y que, a ser posible y si somos capaces, deberíamos aspirar a no superar el grado y medio de subida.

El Acuerdo pide a cada país que, a partir de 2020, revise cada cinco años sus contribuciones, sin reducir sus objetivos, sino por el contrario, tratando de mejorar. Con objeto de alcanzar el equilibrio de las emisiones, en la segunda mitad del siglo XXI.

Por el bien de todos los inquilinos de este planeta, más bien “okupas” del mismo, ojalá que los políticos responsables del cumplimiento de los acuerdos, tomen las medidas necesarias y suficientes, para que el Sistema Climático de la Tierra no se convierta en una amenaza para la vida.

“Lo verdaderamente esencial en esta COP, como debió serlo, pero no lo fue, en todas las anteriores, no es redactar acuerdos, sino CUMPLIRLOS”

A los humanos que para el año 2100 nos sucedan en la ocupación de la Tierra, les deseamos que disfruten de los resultados obtenidos; pero, por si algo sale mal y han de padecer los errores que se cometan, está claro que… ¡Siempre les quedará París!

Adolfo Marroquín Santoña

 

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El año 2015, el más cálido registrado nunca
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Adolfo Marroquín Santoña | 11-12-2015 | 11:58| 0

 

Figura: Anomalías de la temperatura media para el período de enero a octubre de 2015 según el conjunto de datos HadCRUT.4.4.0.0. Las cruces (+) indican temperaturas superiores al percentil 90º, excepcionalmente elevadas, y las rayas (-) indican temperaturas inferiores al percentil 10º, lo que indica condiciones excepcionalmente frías. Fuente: Centro Hadley del Servicio Meteorológico de Reino Unido.

Los gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera alcanzaron nuevos niveles máximos durante el 2015 y, durante la primavera del hemisferio norte, la concentración media mundial de CO2 superó por primera vez la barrera de las 400 ppm (partes por millón). En consecuencia, el 2015 será probablemente el año más cálido del que se tienen datos, con las temperaturas en la superficie del océano en los niveles más altos, desde que se dispone de registros.

Esto viene a confirmar la tendencia de los últimos años, puesto que en conjunto, el quinquenio 2011 a 2015 ha sido también el más cálido registrado nunca, habiéndose producido durante ese período numerosos fenómenos meteorológicos extremos, en particular olas de calor, todo ello como consecuencia del cambio climático, que provoca, entre otros efectos, el que los océanos se calienten y el nivel del mar suba, puesto que los océanos han absorbido más del 90% de la energía acumulada en el sistema climático debido a las emisiones humanas de GEI. Las estimaciones más recientes del nivel del mar indican que el promedio mundial durante el primer semestre de 2015 fue el más elevado desde 1993, año a partir del cual se dispone de observaciones por satélite.

A lo largo del 2015 las olas de calor afectaron a Europa, África septentrional y Oriente Medio, a finales de primavera y en verano, batiéndose muchos récords de temperaturas máximas. En mayo, las temperaturas elevadas afectaron a Burkina Faso, Níger y Marruecos. En España y Portugal también se observaron temperaturas elevadas poco habituales. En julio hubo olas de calor en una amplia zona desde Dinamarca, al norte, hasta Marruecos, al sur, e Irán, al este.

 

Figura: Anomalías del promedio mundial anual de la temperatura en superficie, según datos de HadCRUT4.4.0.0 (la línea negra y la zona gris indican el intervalo de incertidumbre del 95%), GISTEMP (azul) y NOAAGlobalTemp (naranja). El promedio para 2015 es una cifra provisional basada en los meses de enero a octubre de este año. Fuente: Centro Hadley del Servicio Meteorológico de Reino Unido.

¿Y cómo les han ido las cosas al Ártico y a la Antártida? Pues en el Ártico, desde que comenzaron a llevarse registros de manera uniforme, a finales de la década de 1970, se ha observado una tendencia general hacia una disminución de la extensión del hielo marino. En 2015, la extensión mínima de hielo marino se observó el 11 de septiembre y fue de 4,41 millones de km2, la cuarta más baja jamás registrada por satélite.

Y en el hemisferio sur, en la Antártida, la extensión mínima, se registró el 20 de febrero, fue de 3,58 millones de km2, la cuarta más baja desde que se tienen datos.

Con este panorama y su tendencia, resulta evidente que es ya inaplazable el tomar decisiones, a nivel planetario, para que el indudable cambio climático en que estamos inmersos produzca los menores daños posibles. En ese sentido la Cumbre Mundial del Clima, la COP21 celebrada en París, en diciembre del 2015, es la plataforma idónea para tratar de poner de acuerdo a científicos, políticos, empresarios y gentes de negocios, de forma que los acuerdos alcanzados sean los “necesarios y suficientes” para frenar la tendencia a que estamos llevando al Sistema Climático con nuestra insensatez.

Claro que, si hay algo que sea aún más importante que los acuerdos alcanzados, es QUE SE CUMPLAN. En esa línea, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, enfatizó la creciente participación del sector privado en el debate de las acciones de mitigación del cambio climático y pidió a los líderes empresariales mantener este compromiso, afirmando que los negocios del futuro dependerán de las decisiones que se tomen hoy.

Adolfo Marroquín Santoña

Fuente: OMM, Organización Meteorológica Mundial.

 

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Para orientarnos en el espacio, buscamos inteligencia extraterrestre
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Adolfo Marroquín Santoña | 03-12-2015 | 7:14| 0

El Proyecto SETI (cuyo nombre procede del acrónimo en inglés de Search for ExtraTerrestrial Intelligence, es decir “Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre”), nació a partir de un artículo publicado en la revista Nature en 1959 por los físicos Giuseppe Cocconi y Philip Morrison, en el que se planteaba la posibilidad de utilizar las comunicaciones por microondas para la tratar de captar alguna comunicación de potenciales civilizaciones lejanas.

El programa inicial SETI se amplió posteriormente, en los años 70, en base al impulso del conocido astrónomo Carl Sagan y su colega Frank Drake, creador de la famosa fórmula que estima que, teniendo en cuenta la magnitud del universo, ha de haber miles de civilizaciones inteligentes por el espacio. Ambos, Sagan y Drake, enviaron al espacio, en 1974 y desde el radiotelescopio (figura superior) instalado en Arecibo, Puerto Rico, un mensaje en dirección al cúmulo de estrellas M13, que contenía información sobre la composición del Sistema Solar, con datos de nuestro planeta y del ser humano, así como una imagen del propio radiotelescopio de Arecibo con el dato de su diámetro.

El mensaje (a la derecha en la figura) fue cuidadosamente diseñado, en formato código binario, tratando de que fuera lo más inteligible posible para una potencial civilización receptora, aunque ellos sabían bien que el problema era que dicha emisión tardaría 25.000 años en llegar a sus eventuales destinatarios y que otros tantos años tardaría su respuesta en volver a nosotros. Evidentemente el intento era eso, sólo un gesto bienintencionado, pensando en un lejanísimo futuro.

Pero, volviendo al SETI, durante años, la única señal a la que se asignó una cierta posibilidad de tener un origen extraterrestre y de “significar algo”, se recibió el 15 de agosto de 1977, fecha en la que en el radiotelescopio Big Ear entró una señal de radio, de origen desconocido, durante exactamente 72 segundos, proveniente de la zona oriental de la constelación de Sagitario y alcanzando una intensidad 30 veces superior al ruido de fondo, por lo que resultaba claramente identificable.

La secuencia de dicha señal fue 6EQUJ5, y se pensó que podría ser, en efecto, el mensaje de una civilización extraterrestre inteligente, si bien podía ser simplemente alguna interferencia cercana al radiotelescopio, pero dado que era la única señal potencialmente útil, recibida en años, se optó por localizar el punto del espacio desde donde parecía provenir y orientar la antena del radiotelescopio hacia ese punto. Desgraciadamente todos los intentos posteriores de obtener una señal proveniente de la misma dirección no encontraron nada significativo.

 

A aquella señal se la conoce desde entonces como señal WOW!, que es la exclamación inglesa, similar a ¡GUAU!, que se utiliza en español, y que fue la anotación que el investigador que estaba analizando los datos en aquel momento, escribió a mano en el rollo de papel de la impresora en que se iba presentando el registro de las señales entrantes. En principio parecía posible que aquella señal no se hubieran emitido por casualidad, pero a pesar de los muchos intentos no se ha conseguido ninguna interpretación razonable de “aquello”, al menos no por los que lo han intentado hasta ahora.

Posteriormente, a lo largo de los 22 años siguientes, no se volvió a identificar ninguna señal que pudiera considerarse como un mensaje potencialmente emitido desde el espacio, de forma voluntaria, no casual. En consecuencia a la vista del mucho esfuerzo y de los pocos o nulos resultados obtenidos, unido al hecho de la aparición de nuevas tecnologías de la comunicación, aconsejaron clausurar el programa SETI y poner en marcha su continuador, el SETI@home, manteniéndose en paralelo el funcionamiento de ambos programas durante unos años, permaneciendo después sólo el SETI@home, que será al que nos referiremos a partir de ahora.

Toda la información cósmica que llega a la Tierra en forma de radiación supone una enorme cantidad de datos, entrando de forma continua en las pantallas parabólicas receptoras, y para tratar saber si entre esos datos se esconde alguna señal procedente de seres vivos pertenecientes a otras civilizaciones, se requiere una enorme potencia de cálculo, tan grande que no era fácil encontrarla ni siquiera en las instalaciones mejor dotadas; por tanto a comienzos del siglo XXI actual, se hizo necesario buscar una solución basada en el trabajo en equipo, o más bien en equipos y cuantos más mejor.

 

Así nació el programa SETI@home, que ha ocupado a más de cinco millones de personas en todo el mundo, es un proyecto pionero en computación distribuida, lo que significa que, mediante la instalación de un sencillo software de salvapantallas (figura superior), todos los colaboradores voluntarios ceden una pequeña parte de la potencia de procesamiento de su ordenador; con objeto de poder estudiar toda la información recogida en los radiotelescopios, con la esperanza de que, entre todo el ruido que nos llega del universo y el que generan nuestros propios aparatos, pudiéramos en algún momento identificar un mensaje procedente del espacio, mensaje que suponíamos nos llegaría bajo la forma de una señal de radio de banda estrecha.

Fuimos muchos los colaboradores voluntarios, entre los que me incluyo yo mismo, que descargamos e instalamos en nuestros ordenadores el paquete de software de Berkeley, manteniendo nuestros ordenadores conectados las 24 horas del día, para tratar de ayudar a decodificar alguna de las señales de radiofrecuencia, recibidas por la red de radiotelescopios que se mantenían a la escucha. Pero “nada de nada”.

Ante tanto intento fracasado, cundió la idea de que algo se estaba haciendo mal, por ejemplo… ¿Por qué las señales que esperábamos recibir iban a ser señales de radio y además por qué en las frecuencias señaladas por nosotros? ¿Por qué no pensar que podrían ser señales laser en lugar de radio? En ese caso, puesto que la señal laser es prácticamente unidireccional, es decir que se propaga en línea recta, no como la radio que es omnidireccional, al propagarse en todas las direcciones, bajo la forma de ondas esféricas; resultaría mucho más difícil sintonizar la señal laser que la señal radio.

Y la cosa se complica mucho más si pensamos que aunque “ellos” emitieran señales laser o incluso radio, su sistema de comprimir y empaquetar la información, sistema que evidentemente no conocemos, haría muy difícil reconocer lo recibido como un mensaje de “ellos”, y más aún interpretar su contenido. Por otra parte ¿Por qué debemos suponer que su soporte de comunicación ha de ser en forma de ondas, de radio o laser? ¿Y si “ellos” no conocieran aún estos soportes, o bien los hubieran abandonado ya por otros más avanzados, que nosotros no conocemos aún?

 

Muchas dudas, muchas preguntas sin respuesta, muchos ¿Por qué… , sin contestación. Todo esto nos lleva a pensar que queda mucho por hacer, mucho camino recorrido, pero muchísimo más camino por recorrer. Pero recordemos los versos de nuestro genial Antonio Machado, cuando decía “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, y sigamos andando hacia las estrellas.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.