Hoy
img
Autor: adolmar
¿Qué es y cómo funciona el Sistema Climático?
img
Adolfo Marroquín Santoña | 11-02-2013 | 2:02| 0

 

Repasando la evolución de nuestro planeta Tierra, desde sus orígenes, surge la idea de que “algo o alguien” ha estado controlando la citada evolución, para que las condiciones medioambientales no se desviaran de los valores que permitieron y mantuvieron la vida sobre nuestro planeta. A ese algo, el Dr. Lovelock lo denomina Gaia y para él es el conjunto formado por toda la biosfera del planeta; sin embargo, en mi opinión es más que eso, es algo más que la biosfera, es más bien el conjunto formado por todo el Sistema Climático del planeta Tierra, que puede ser considerado como un único organismo a escala planetaria en el que todas sus partes (Subsistemas) están casi tan relacionadas y son tan independientes como las células del propio cuerpo humano. Las partes de este Sistema Climático, son sus cinco Subsistemas: Atmósfera, Hidrosfera, Criosfera, Litosfera y Biosfera, que han estado y están interactuando permanentemente, desde que el mundo es mundo.

Lamentablemente, el elemento llamado hombre (en el sentido de género humano) que está incluido en la Biosfera, ha venido atacando a todos sus compañeros de viaje, de forma indiscriminada e insensata, y no sólo a sus compañeros de la propia Biosfera, que también, sino a todos los demás subsistemas, como he querido representar en las “líneas rojas” que he trazado en el gráfico siguiente, donde he enmarcado algunas de sus armas de ataque, al tiempo que el Sistema de defendía “líneas verdes” de esos ataques a través de sus Subsistemas.

 

 

El hombre atacó a la atmósfera con los gases CFCs, dando lugar al conocido en los medios como “agujero de ozono”, y sigue atacándola con los llamados Gases de Efecto Invernadero (GEI), responsables del rápido incremento del calentamiento global planetario; el hombre también inyecta en la estratosfera gases y elementos residuales que perturban el equilibrio, procedentes de vuelos a alta cota de los modernos aviones. La hidrosfera y la litosfera son para el hombre basureros donde acumular sus basuras y residuos, muchos de ellos altamente contaminantes. El hombre ataca también a sus compañeros de la biosfera, a través de una creciente deforestación, de una sobreexplotación de suelos y recursos, poniendo en peligro la propia biodiversidad, y así un largo etc.

El hecho de no haber atacado todavía, al menos no directamente, a la criosfera, en concreto a la Antártida, donde se concentra más del 90 % de todo el hielo del planeta, se debe no a que la respete más que al resto de los Subsistemas, pese a los numerosos Convenios y Tratados Antárticos suscritos, sino al hecho de su lejanía y aislamiento, pero sobre todo a que las condiciones meteorológicas y climáticas son tan extremas en la Antártida que “de momento” no le compensa, pero el riesgo está ahí, amenazante.

Por su parte, el Sistema Climático se defiende de los ataques, protegiendo a su “buque insignia” que es la atmósfera, mediante los otros Subsistemas, de forma que la hidrosfera, a través sobre todo de los océanos, que absorben millones de toneladas del dióxido de carbono que ha inyectado el hombre, trabajo para el que la hidrosfera cuenta también con la biosfera, a través de la fotosíntesis. Por otra parte, la litosfera y la propia hidrosfera, colocan en la atmósfera millones de toneladas de aerosoles que filtran la radiación solar incidente, ayudando a mitigar el calentamiento global del Sistema Climático; mitigación a la que contribuye también la criosfera, absorbiendo enormes cantidades de calor, a cambio de la fusión del hielo.

 

 

De los poco más de mil millones de personas que habitaban el planeta a principios del siglo XX hemos pasado a más de siete mil millones en la actualidad, con el agravante de que cada uno de nosotros consume ahora, en promedio, del orden de cuatro veces más energía que nuestros abuelos, de forma que el consumo energético se ha multiplicado aproximadamente por 24 en un siglo, siendo los combustibles fósiles (el carbón, el petróleo y el gas) las fuentes que han alimentado ese crecimiento. Todo un ejemplo de desarrollo insostenible.

A la naturaleza, no le gustan las prisas, le gusta por el contrario tomarse su tiempo, “darle tiempo al tiempo”; la realidad es que los procesos geológicos, durante los que se han originado los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas, etc.), se han medido en  millones de años y también los cambios climáticos naturales, no forzados por el hombre, en decenas o cientos de miles de años. Sin embargo, el actual cambio brusco de costumbres energéticas por parte del hombre, que supone la inyección en la atmósfera de inmensas cantidades de Gases de Efecto Invernadero (GEI), en poco más de un siglo, desde el comienzo de la Revolución Industrial, le supone a la Naturaleza un duro trauma que no acaba de asimilar.

En realidad, como decíamos al comienzo, son muchos los indicios que nos permiten pensar que ciertamente existe algo (Gaia, Sistema Climático, o como queramos llamarle) que controla y coordina todo lo que ocurre en nuestro entorno natural. Sin embargo, aunque bien está pensar que ese algo nos echará una mano para resolver los serios problemas climáticos que se nos avecinan, lo prudente es echar mano nosotros mismos del sabio refranero español, que nos recuerda aquello de “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Adolfo Marroquín Santoña

Ver Post >
¿Nos salvará Gaia, la Diosa de la Tierra?
img
Adolfo Marroquín Santoña | 05-02-2013 | 5:57| 0

 

A finales de los años 70, el Dr. James Lovelock, biofísico, nacido en Inglaterra en 1919, presentó una teoría, de acuerdo con la cual todo el conjunto que constituye el ecosistema terrestre se comporta como una sola entidad viva capaz de autorregularse homeostáticamente. En biología, la homeostasis es precisamente el conjunto de fenómenos de autorregulación, conducentes al mantenimiento de una relativa constancia en las composiciones y las propiedades del medio interno de un organismo.

Lovelock bautizó su teoría con el nombre de GAIA (vocalización inglesa del nombre de la diosa de la mitología griega GEA, que representaba a la Tierra). Durante sus decenios de vida, la Hipótesis Gaia se ha convertido no sólo en una de las teorías científicas más conocidas, sino también en una de las más controvertidas.

La Tierra ha mantenido una temperatura bastante constante durante toda la evolución de la vida, y si bien es cierto que la temperatura media planetaria se ha movido, a lo largo de los millones de años anteriores, aproximadamente entre los 10 ºC y los 20 ºC, con una media de alrededor de 13 ºC o 14 ºC, es también cierto que el ritmo de esas subidas y bajadas fue siempre lo suficientemente lento como para permitir que los seres vivos se adaptaran al cambio.

Desde que existe nuestro planeta, su clima ha está cambiando permanentemente, pero la gran diferencia entre los cambios climáticos anteriores, ajenos a la acción del hombre, y  el cambio climático actual, que ha sido causado en gran medida por las actividades humanas, según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (el conocido IPCC), radica en la velocidad de ocurrencia, velocidad de cambios que, a lo largo de millones de años fueron muy lentos, durando miles de años cada subida o bajada, pero que en el caso del cambio climático actual, está teniendo lugar a una velocidad tan grande que da lugar a muchas dudas sobre la capacidad de adaptación de los seres vivos a las nuevas condiciones climáticas.

 

 

Si a lo largo de los millones de años de vida de nuestro planeta la temperatura del mismo hubiera dependido únicamente del intercambio de energía entre el suelo y la atmósfera, podrían haberse alcanzado, como indica la figura superior, condiciones extremas de entre -60 ºC (línea C) y +110 ºC (línea A) y, de haber sucedido esto, prácticamente toda la vida, al menos tal como la conocemos hoy, habría desaparecido de la faz de la Tierra, lo que también hubiese sucedido si las temperaturas hubieran seguido pasivamente el incremento de radiación solar (estimada por la línea B) . Parece por tanto razonable pensar que si las cosas han evolucionado como lo han hecho, manteniéndose las condiciones compatibles con la vida, debe ser porque algo, o alguien, ha controlado la evolución … ¿Habrá sido Gaia?.

 

 

Ciertamente, una idea muy tranquilizadora, en la que a todos nos gustaría creer, es que existe algo o alguien (alguna clase de ente superior, por supuesto bondadoso) que puede intervenir y salvarnos de las cosas que van mal en nuestro mundo. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el candidato para este “algo” ha sido Dios (no importa a qué dios se adorara en cada tiempo y lugar).

Según Lovelock, ese “algo” se llama Gaia, y para él es el conjunto formado por toda la biosfera del planeta. Sin embargo, en mi opinión, Gaia es más que la biosfera, para mí, ese ente autorregulado pasa a ser todo el conjunto del  Sistema Climático, conjunto que puede ser considerado como un único organismo a escala planetaria en el que todas sus partes (Subsistemas) están casi tan relacionadas y son tan independientes como las células del propio cuerpo humano.

Las partes de este Sistema Climático, son sus cinco Subsistemas: Atmósfera, Hidrosfera, Criosfera, Litosfera y Biosfera, y los intercambios entre ellos constituyen la base del equilibrio en nuestro planeta. Dejaremos el análisis de estos intercambios para otro post, para tratar de entender cómo se organiza y cómo trabaja nuestro Sistema Climático.

Adolfo Marroquín Santoña

Ver Post >
Badajoz, Cáceres y el Agua
img
Adolfo Marroquín Santoña | 30-01-2013 | 9:10| 0

 En artículos anteriores “Planeta Tierra y el Agua”, “Europa y el Agua”, “España y el Agua”, “Extremadura y el Agua (I)”“Extremadura y el Agua (II)”, comentábamos la situación actual y previsible de las aportaciones y disponibilidad de agua, a las escalas respectivas. Nos proponemos ahora echar una ojeada a los datos de precipitación registrados en los dos Observatorios Meteorológicos centenarios de que disponemos en Extremadura, el de Badajoz (1864 a hoy) y el de Cáceres (1907 a hoy).

En los datos de precipitación del Observatorio Meteorológico de Badajoz, con casi un treintenio más de datos disponibles que el Observatorio de Cáceres, se puede observar una tendencia al decrecimiento (línea roja, ajustada a la serie de datos por el método de mínimos cuadrados); pero esta tendencia no es estadísticamente significativa y de hecho no aparece en el caso de los datos de Cáceres, de forma que sólo debe ser considerada como un efecto de los datos de precipitación correspondientes a los primeros años del siglo XX, un período conocido como “decenio anómalo”, que al tener valores elevados, muy por encima de la media, pesan mucho en la serie de Badajoz y menos en la de Cáceres que comenzó más tarde.

 

 Una anomalía en la tendencia, que sí aparece claramente, tanto en la serie de valores de Badajoz como en la de Cáceres, es la correspondiente a las precipitaciones del mes de marzo, claramente decrecientes en ambas series, como puede apreciarse en los gráficos que se incluyen más abajo.

En cuanto a la tendencia “a futuro” de estas series, como localidades extremeñas, les es de aplicación lo que planteábamos en el artículo “Extremadura y el Agua (II)”, en el sentido que las precipitaciones que prevén los modelos climáticos para el año 2025 y para el 2050, bajo el escenario de emisiones A2 muestran de forma general una reducción de las precipitaciones. Así la precipitación media estimada para el año 2025 disminuirá de media un 5% respecto al valor de referencia (1961-90), mientras que la reducción será mucho mayor para el 2050, alcanzándose pérdidas de un 25% o más, respecto a los valores de la serie 61-90. Los resultados obtenidos bajo el escenario de emisiones B2, presentan un comportamiento muy diferente del A2, con una importante aridez en la totalidad del territorio extremeño, mientras que para 2050 se espera una distribución  mucho más parecida a la del periodo de referencia (1961-90).

Recordemos, como indicábamos en el citado post anterior, que en el escenario A2 se considera que el mundo evolucionará manteniendo nuestro actual comportamiento, con un crecimiento lento y cada vez más desigual entre las distintas regiones del planeta. Mientras que en el escenario B2 se considera un mundo más sostenible, tanto a nivel ambiental como económico y social. La protección medio ambiente y la igualdad social están más arraigados, y es un mundo que crece a menor ritmo, pero de forma más sostenible.

 

 Hablar del agua desde el punto de vista de la meteorología es hablar del ciclo hidrológico, al que algunos llaman ciclo hidroilógico dado lo poco lógico que les parece su comportamiento. En efecto, aunque la física de la atmósfera explica sin lugar a dudas las causas de todos los procesos que tienen lugar en ella, lo cierto es que, vistos desde fuera e incluso a veces desde dentro, no se acaban de entender muy bien esos aparentes caprichos extremos de la madre naturaleza que son las sequías o las inundaciones. En realidad hay que admitir que la naturaleza es todo menos maternal a la hora de repartir el agua entre sus hijos. Sin embargo, antes de acusar a nuestra madre, deberíamos preguntarnos si nosotros, los seres humanos, nos comportamos realmente como buenos hijos respecto a ella.

¿Será la naturaleza la que es ilógica? o ¿Seremos nosotros los que con nuestro mal comportamiento la hemos obligado a castigarnos sin paga (agua)?. Antes de contestar a esa pregunta convendría que refrescáramos nuestra memoria con temas como el de la deforestación, el dióxido de carbono, el efecto invernadero, los CFCs, el “agujero” de ozono y algunos otros.

Ciertamente en los últimos decenios no hemos tratado demasiado bien al medio ambiente, por lo que nada deberíamos objetar si la naturaleza nos pasa ahora factura. Sin embargo confiamos siempre en que nuestros pecados, en forma de agresiones al suelo que nos sustenta y al aire que nos envuelve, serán perdonados, y lo cierto es que así ha sido. Y así seguirá siendo, siempre y cuando seamos lo suficientemente razonables y prudentes como para no cruzar los umbrales de daño permanente al medio que nos rodea.

 

 La ciudad de Badajoz ha crecido y previsiblemente seguirá creciendo hasta llegar a ser, dentro de relativamente poco tiempo, una de esas gratas ciudades con una población en torno al cuarto de millón de habitantes, lo suficientemente grande como para tener prácticamente de todo y lo suficientemente pequeña como para no resultar agobiante para sus habitantes. ¿Contribuirá nuestro clima al desarrollo favorable de la ciudad?. Si analizamos las series históricas de los registros de precipitación en Badajoz, no encontramos nada que nos haga pensar lo contrario. Cierto que la atmósfera nos ha deparado algunos sustos, incluido el terrible e inolvidable noviembre de 1997, y cierto también que las aportaciones desde las nubes han dado saltos espectaculares de unos años a otros, pasando de los cerca de los 900 litros por metro cuadrado en el año 1907, a sobrepasar apenas los 220 litros por metro cuadrado en el cercano 2005.

Sin embargo, con ser muy variable y voluble, nuestro clima ha cumplido siempre con el refranero, escampando después de las tormentas y lloviendo después de las sequías. En cualquier caso, de un clima que, cada año, pone a disposición de la ciudad casi quinientos litros de agua por metro cuadrado como media, no puede decirse que sea cicatero desde el punto de vista hídrico; pensemos que esa cantidad equivale a una capa uniforme de casi medio metro de espesor cubriendo cada año todo nuestro entorno.

Volviendo al símil de nuestra madre naturaleza y teniendo en cuenta que no siempre hemos sido demasiado respetuosos para con ella, hemos de admitir que la paga (agua) que nos tiene asignada es justa. Otra cosa es que, como por otra parte pasa en las mejores familias, hay años en que se puede ser más generoso de lo habitual y otros en los que hay que apretarse el cinturón. Hagamos nosotros lo que recomendamos hacer a nuestros hijos en casos similares, sepamos administrar lo que tenemos y guardar cuando sobre, para poder tener cuando falte.

Adolfo Marroquín Santoña

Ver Post >
Extremadura y el Agua (2 de 2)
img
Adolfo Marroquín Santoña | 28-01-2013 | 1:56| 0

 

En artículos anteriores “Planeta Tierra y el Agua”, “Europa y el Agua”, “España y el Agua” y “Extremadura y el Agua (I)”, comentábamos la situación actual y previsible de las aportaciones y disponibilidad de agua, a las escalas respectivas. Nos proponemos ahora continuar con el análisis del tema para Extremadura, presentando las posibles, más bien habría que decir las probables, disminuciones en las precipitaciones previstas para el futuro en la Región.

De acuerdo con la publicación sobre los Impactos del Cambio Climático en Extremadura, (Editada por la Consejería de Industria, Energía y Medio Ambiente. Junta de Extremadura, 2011) que presenta las condiciones climáticas previstas para la primera mitad del siglo XXI en Extremadura, bajo los escenarios A2 y B2, cuyas características recordaremos en el párrafo siguiente, y tomando como referencia el periodo 1961-1990 y como años para los que se hace la predicción el 2025 y el 2050.

En el escenario A2 se considera que el mundo evolucionará manteniendo nuestro actual comportamiento, con un crecimiento lento y cada vez más desigual entre las distintas regiones del planeta.

En el escenario B2 se considera un mundo más sostenible, tanto a nivel ambiental como económico y social. La protección medio ambiente y la igualdad social están más arraigados, y es un mundo que crece a menor ritmo, pero de forma más sostenible.

 

 

Las precipitaciones que prevén los modelos climáticos para el año 2025 y para el 2050 en Extremadura, bajo el escenario de emisiones A2 muestran de forma general una reducción de las precipitaciones. Así la precipitación media estimada para el año 2025 disminuirá de media un 5% respecto al valor de referencia (1961-90), mientras que la reducción será mucho mayor para el 2050, alcanzándose pérdidas de un 25% o más. Los resultados obtenidos bajo el escenario de emisiones B2, presentan un comportamiento muy diferente. Así, el mapa para el año 2025 muestra tonos muy rojizos que delatan una importante aridez en la totalidad del territorio extremeño, mientras que el mapa para 2050 muestra un aspecto mucho más parecido al del periodo de referencia (1961-90).

 

 

Se podría así prever que en los próximos años y hasta 2025, las precipitaciones anuales en todos los puntos del territorio podrían sufrir una fuerte disminución, pudiéndose alcanzar pérdidas del orden de hasta el 40%, resultando un patrón de lluvias anuales muy por debajo de los registros actuales. Más allá del 2015, los modelos indican que cesaría la disminución de las precipitaciones anuales, e incluso pasándose a un aumento en muchas zonas de Extremadura, pero manteniéndose siempre por debajo de los valores actuales.

La imagen superior muestra los resultados de las pérdidas de precipitación prevista en Extremadura a lo largo del primer cuarto del siglo XXI, es decir para el 2025, obtenidos de los modelos climáticos en que se basa la antes citada publicación sobre los Impactos del Cambio Climático en Extremadura.

Por su  parte, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), señala que los modelos climáticos constituyen la mejor herramienta disponible hoy día para estimar como afectarán los cambios de las concentraciones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en los cambios en el clima. A medida que mejora el conocimiento de los procesos que tienen lugar en el sistema climático, mejora igualmente la habilidad para predecir los cambios climáticos que probablemente tendrán lugar.

Sin embargo, existen todavía incertidumbres asociadas a la evolución futura de las emisiones de GEI, a la concentración de dichos gases en la atmósfera, a la simulación de los procesos en el seno del sistema climático, a las técnicas de regionalización, etc.

 

 

La citada AEMET, en un trabajo sobre Proyecciones Regionalizadas de Cambio Climático, explica que las técnicas de regionalización se agrupan en dos grandes métodos: estadísticos y dinámicos.

Los resultados regionalizados con métodos estadísticos, dan para la precipitación en Extremadura la evolución que se muestra en la imagen anterior, en los escenarios climáticos A2, A1B, B1, E1, cuatro escenarios posibles de emisión: emisiones altas (A2, en rojo), emisiones medias (A1B, en verde), emisiones bajas (B1, en azul) y un escenario de mitigación agresivo (E1, en negro), consistente con el objetivo de evitar que se superen 2ºC de calentamiento global medio respecto a los niveles pre-industriales:

Y los resultados regionalizados con métodos dinámicos, dan para la precipitación en Extremadura la siguiente evolución:

 

 

NOTA: Información adicional sobre los distintos escenarios de emisión puede encontrarse en el Informe Especial del IPCC – Escenarios de emisiones. Análogamente, información sobre las técnicas utilizadas en el cálculo y el acceso a los datos está disponible en  Escenarios AEMET.

Por nuestra parte, nos interesa remarcar, cómo en los escenarios y resultados presentados, por una parte por la Consejería de Industria, Energía y Medio Ambiente de la Junta de Extremadura y por otra por AEMET (en este caso apreciable sobre todo en los métodos de regionalización dinámica), ambos resultados coinciden en prever una disminución tanto en la magnitud de las precipitaciones como en el número de días en que tienen lugar, hasta el 2025 o 2030, así como un aumento a partir de esos años, aumento que se mantiene hasta el 2050, disminuyendo de nuevo a partir de esas fechas, hasta alcanzar valores mínimos de precipitación, tanto en cantidad como en número de días, para finales del siglo.

No obstante, antes de cerrar el tema del agua en Extremadura, creo que es conveniente añadir algunos datos locales, y sobre todo repasar lo que apuntan algunos actores de esta obra, que han tenido, tienen y tendrán mucho que decir sobre esto, como son la propia Naturaleza y su carta de presentación, con la Hipótesis GAIA; pero será en el próximo capítulo.

Adolfo Marroquín Santoña

Ver Post >
Extremadura y el Agua (1 de 2)
img
Adolfo Marroquín Santoña | 25-01-2013 | 4:35| 0

 

En algunos artículos anteriores “Planeta Tierra y el Agua”, “Europa y el Agua” y “España y el Agua”, comentábamos la situación actual y previsible de las aportaciones y disponibilidad de agua, a las escalas respectivas. Nos proponemos ahora bajar en la escala, analizando el tema para Extremadura.

Las modificación de la temperatura o de la precipitación sobre un territorio, debida a un cambio climático repercutirá evidentemente sobre los recursos hídricos del mismo, pues, a largo plazo, sus recursos renovables son igual a la diferencia entre la precipitación y la evapotranspiración, es decir la diferencia entre lo que entra y lo que sale).

Si, de acuerdo con los escenarios climáticos más probables, de entre los previsibles, las precipitaciones anuales disminuyen y las temperaturas aumentan, es claro que se producirá en el futuro una disminución de los recursos hídricos.

España en general, y Extremadura en particular, se encuentran situadas en una zona frontera entre áreas con climas de fuerte contraste, debidos a la confluencia de las perturbaciones polares y subtropicales, dentro de la circulación general atmosférica. Al norte de esa frontera podemos encontrar tipos de climas asociados a precipitaciones relativamente abundantes y regulares, mientras que al sur de la misma aumenta la aridez, y las lluvias son más escasas y espaciadas.

Este hecho convierte a Extremadura en una región particularmente sensible ante el fenómeno de las variaciones interanuales de la precipitación. La agricultura, la producción de energía, el sector industrial, el abastecimiento público de agua y los ecosistemas: todos ellos son importantes y se disputan ese limitado recurso que es el agua disponible. El cambio climático está disminuyendo la previsibilidad del abastecimiento de agua; por ello es sumamente importante que se haga un uso más eficaz de ésta, en beneficio de todos los usuarios.

 

 

En una publicación sobre los Impactos del Cambio Climático en Extremadura, (Editada por la Consejería de Industria, Energía y Medio Ambiente. Junta de Extremadura, 2011) se presentan las condiciones climáticas previstas para la primera mitad del siglo XXI en Extremadura a partir de los datos suministrados por los modelos climáticos, bajo los escenarios A2 y B2, cuyas características se exponen someramente a continuación, y tomando como referencia el periodo 1961-1990 y como años para los que se hace la predicción el 2025 y el 2050.

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) elabora predicciones de las consecuencias del Cambio Climático para el futuro, que se conocen como escenarios del cambio climático y presentan previsiones para todo el siglo XXI. Dentro del  Informe Especial sobre Escenarios de Emisiones (IEEE), el IPCC maneja hasta 40 escenarios diferentes, como posibles. Restringiendo el número, para abreviar, podríamos pensar en cuatro escenarios alternativos, dependiendo de cómo enfoque la humanidad su futuro; ya sea manteniendo la prioridad en el crecimiento económico (escenarios A1 y A2) o bien dando mayor importancia a la sostenibilidad (escenarios B1 y B2); y limitándonos aún más, aquí y por ahora nos quedaremos sólo con dos escenarios, el A2 y el B2:

.- En el escenario A2 se considera que el mundo evolucionará manteniendo nuestro actual comportamiento, con un crecimiento lento y cada vez más desigual entre las distintas regiones del planeta.

.- En el escenario B2 se considera un mundo más sostenible, tanto a nivel ambiental como económico y social. La protección medio ambiente y la igualdad social están más arraigados, y es un mundo que crece a menor ritmo, pero de forma más sostenible.

 

 

La precipitación media anual de Extremadura para el periodo 1961-1990, que se utiliza como treintenio de referencia climática, está muy marcada por la orografía y el relieve. En la región noreste de la Comunidad Autónoma, concretamente en las cadenas montañosas que contornean el valle del Jerte, es donde se registran las precipitaciones más abundantes, desde 800 hasta 950 litros/m2 anuales. En el norte y noroeste de la provincia de Badajoz, se ubican los otros sistemas montañosos del Sistema Central, como la sierra de Santa Olalla, Sierra de Gata y la Peña de Francia, donde se registran precipitaciones anuales superiores a los 700 litros/m2.

Aparte de estos sistemas montañosos, el único punto de Extremadura donde se registran precipitaciones superiores a los 700 litros/m2 es en Las Villuercas, mientras que el resto del territorio extremeño presenta un rango de precipitaciones entre 400 y 550 litros/m2 anuales.

Los puntos más secos, con valores de precipitaciones anuales entre 300 y 350 litros/m2, se dan en los municipios de Valencia de las Torres e Higuera de la Serena.

La estación extremeña que registra un volumen de precipitación anual más elevado es la ubicada en las cercanías de Hervás, en el valle del Ambroz de la provincia de Cáceres; esta estación registró durante el periodo 1961-1990 una media de 1.265 litros/m2 de precipitación anual. Por otra parte, la estación de Lobón, situada entre Mérida y Badajoz, registró en el mismo periodo la menor precipitación media anual, con 281 litros/m2.

En un próximo artículo presentaremos las precipitaciones que prevén los modelos climáticos para el año 2025 y para el 2050 en Extremadura, bajo los dos escenarios de emisiones distintos, el A2 y el B2, considerados como los más probables.

Adolfo Marroquín Santoña

Ver Post >
Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.