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Categoría: BIO-CLIMATOLOGÍA
La luz solar es esencial para nuestra salud

01-corazon-solar-bateria-y-gusLa vida sobre nuestro planeta Tierra sería totalmente imposible, al menos tal como la conocemos hoy, sin la presencia vital del Sol. Esto es tan evidente que, en sentido general, no procede recordarlo, pero tal vez sí convenga recordar algunas características que, aun siendo conocidas, no son muy tenidas en cuenta, pese a irnos en ello nuestra salud.

El tipo de vida actual nos lleva a vivir gran parte de cada día, sin la luz natural del Sol. En invierno, la mayoría de los humanos, al menos mientras dura nuestra vida laboral, nos levantamos antes del orto, es decir antes de la salida del Sol, trabajamos la mayor parte del día en puestos de trabajo, los que tienen la suerte de tenerlo, sin luz natural, y en la mayoría de los casos regresamos a casa después del ocaso, cuando el Sol está ya por debajo del horizonte. Pues bien, la falta de luz natural, de luz solar en concreto, es muchas veces causa de desánimo, apatía, cansancio injustificado y hasta algunas depresiones; males estos, que suelen manifestarse preferentemente en la época del año, próxima al oscuro invierno.

Sin embargo, cuando, a finales del siglo XIX, se perfeccionó la lámpara incandescente, creímos haber encontrado la solución a todos nuestros problemas de falta de luz y, desde entonces, la vida de la mayor parte de la población mundial se ha convertido en un fenómeno fundamentalmente “de interior”. Nuestra vida se desarrolla entre las cuatro paredes de la casa o el trabajo, y bajo iluminación artificial, pero esa no es una buena solución, puesto que la vida depende de la luz del Sol y, de hecho, son muchos los procesos de la Naturaleza que se rigen por esa luz. Y la vida de los humanos no es, por supuesto, una excepción a esa regla.

En consecuencia, casi simultáneamente al exponencial crecimiento del número de bombillas incandescentes, que alumbraron la vida del mundo desde la puesta en el mercado de aquellas bombillas, comenzó la realización de estudios comparativos sobre la luz natural y la artificial, desde el punto de vista de sus efectos sobre los seres humanos. Por lo que, muy pronto se supo que nuestro organismo necesitaba de la luz del Sol, no sólo para eludir la oscuridad nocturna o la de los espacios interiores, sino sobre todo para mantener un equilibrado desarrollo, dado el positivo efecto de la luz solar sobre nuestro sistema nervioso.

Parece lógico pensar que, para intentar resolver el nuevo problema planteado, deberíamos recurrir a bombillas, y equipos de luz artificial, que trataran de imitar la luz solar y sus propiedades. Y así se intentó, y se sigue intentando, mediante numerosos estudios dirigidos a obtener la luz más adecuada, que sería la más parecida a la luz solar. Los primeros resultados se centraron en desarrollar lámparas, o bombillas fluorescentes, que lograran producir una iluminación de color blanco puro, similar a la del Sol, y que contuvieran todas las longitudes de onda de los distintos colores que componen el arco iris.

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En la imagen superior se muestran, a la izquierda los dos espectros (intensidad de la radiación en función de la longitud de onda) correspondientes a la luz solar fuera de la atmósfera (AM0), y su perfil cuando alcanza el suelo del planeta (AM1,5), después de atravesar la atmósfera, apareciendo en esta figura el área de ultravioleta (UV) y el infrarrojo (IR) a izquierda y derecha, respectivamente, del visible (VIS). Fijándonos sólo en la luz visible, la parte derecha de la imagen superior presenta los espectros correspondientes a la luz solar diurna, la denominada luz día, junto a los espectros correspondientes a una bombilla incandescente, un tubo fluorescente, una lámpara halógena, y dos bombillas LED, una de luz fría y otra de luz cálida.

Puede observarse que, los muchos avances en la investigación y en la tecnología, llevaron a fabricar las llamadas lámparas de espectro completo, es decir en las que están presentes prácticamente todas las longitudes de onda de la luz solar. Al mismo tiempo, entre los objetivos propuestos, uno esencial, además de que las lámparas tuvieran una composición espectral, equivalente a la solar, era que las lámparas presentaran una reducción en las frecuencias asociadas a los rayos ultravioletas (UV), eliminando así los efectos nocivos de estos. En la imagen presentada, puede verse como, excepto en el caso de la iluminación fluorescente, que tenía espacios casi vacíos en algunas longitudes de onda, todos los espectros de las demás luminarias contenían prácticamente todas las longitudes de onda de la luz solar, si bien con intensidades bastante diferentes a las de la luz recibida del Sol.

Por otra parte, no fue hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando se consolidó la Teoría de los Biofotones. Un fotón es una partícula de luz que se propaga en el vacío, y cuando los fotones entran en relación con sistemas biológicos, como plantas, animales o personas, pasamos a denominarlos biofotones. Pues bien, parece que, el primero en estudiar a fondo las interrelaciones entre los fotones y las células, fue el doctor Fritz Albert Popp, director del Instituto de Biofísica de Kaiserslautern (Alemania), para quien los biofotones, y por tanto la luz, eran los responsables de establecer la comunicación entre los seres vivos y sus células, por lo que, según este investigador, el origen de muchas de nuestras enfermedades podría encontrarse en una falta de luz en las células.

El Dr. Popp demostró que todas las células tienen relación directa con la luz solar, que todas ellas tienen y emiten su propia luz, y que todas reciben información de la luz natural. Todo esto explicaría por qué una mala iluminación puede provocar cambios de humor y de conducta, bajo rendimiento, falta de concentración, sensación de estrés, irritabilidad, ansiedad, trastornos del sueño, mareos, malestar general y cansancio injustificado.

En relación con estas dolencias, se ha observado que muchas de las deficiencias, asociadas al estado de ánimo, empiezan a manifestarse en otoño, y que su efecto se prolonga a los meses de invierno. Es frecuente que estos síntomas se traten con antidepresivos, pero hay especialistas que afirman que “una alteración del ritmo determinada por la falta de luz sólo puede combatirse con luz”, basando esta afirmación en el hecho de que al ser la luz responsable de la producción y regeneración hormonal, e influyendo por ello sobre nuestro estado anímico, físico y mental, lo importante es que las personas depresivas o que estén atravesando momentos de desánimo utilicen el revitalizador efecto de la luz natural en cualquier época del año, pero especialmente en los meses de otoño e invierno.

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La fototerapia es una técnica de tratamiento que emplea radiaciones electromagnéticas de origen natural o artificial para el tratamiento de algunas enfermedades dermatológicas; habiendo se demostrado también su utilidad en trastornos del estado de ánimo como la depresión. Esta recomendación de aprovechar los beneficios que reporta tomar el sol, con moderación, es muy antigua y de hecho era ya utilizada en las prescripciones de los médicos en la Grecia clásica del siglo X. Siglos después, con el paso del tiempo y una vez claramente probados los efectos beneficiosos del sol en enfermos con infecciones de piel, se puso de moda potenciar estancias en los balnearios, que anunciaban los beneficios de la luz solar.

Origen, y parte esencial de la fototerapia, es la helioterapia, que utiliza la exposición al sol de manera dosificada para fines terapéuticos, siempre en base a una serie de cuidados, que evitan, o al menos limitan, algunos de los efectos, potencialmente perjudiciales, que podría ocasionar una exposición excesiva a la radiación solar. Algunos consejos elementales, entre otros, a aplicar antes de “tumbarse al sol”, son el comenzar la exposición progresivamente, evitar las horas de mayor intensidad solar y proteger las zonas especialmente sensibles del organismo, como los ojos.

Como cualquiera de nosotros puede comprobar “en sus propias carnes”, la exposición moderada del cuerpo humano al sol produce, física y psicológicamente, una sensación de salud, de sosiego natural y bienestar general, además de una acción estimulante; esa formidable fuente de energía que es el Sol desencadena una serie de procesos biológicos y bioquímicos esenciales para la vida del hombre. Por citar sólo algunos de ellos, favorece la formación de vitamina D, refuerza el sistema inmunológico, estimula la circulación y contribuye a la regulación de estados depresivos.

De manera que, si usted tiene la suerte de poder incluir en su vida más luz solar, al tiempo que quita de ella algo de luz artificial, eso que saldrá ganando. Y si, para colmo de suerte, tiene la posibilidad de dar frecuentes paseos por el campo, la montaña o la playa, y tumbarse un ratito al sol, hágalo sin dudarlo, y su organismo se lo agradecerá, mejorando su salud física y mental, que buena falta nos hace a todos.

Adolfo Marroquín Santoña

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El clima y sus cambios, frente a la salud

01-antes-y-despues-del-cambio-climaticoA nivel mundial, el número de desastres naturales relacionados con la meteorología, y con las cambiantes condiciones que acompañan al cambio climático, se ha triplicado desde los años sesenta, y cada año esos desastres causan decenas de miles de muertes, sobre todo en los países en desarrollo.

En un artículo de la Universidad de Carolina del Norte (EE. UU.), recientemente publicado por HealthDay, se afirma que, si no se hace nada para abordar el problema del cambio climático que estamos padeciendo, decenas de miles de muertes prematuras adicionales podrían ocurrir en todo el mundo como consecuencia de la contaminación atmosférica.

Por su parte, la OMS (Organización Mundial de la Salud) prevé que, entre 2030 y 2050, el cambio climático causará un incremento de muertes cada año, superior incluso al previsto hasta ahora, debido a la malnutrición, el paludismo, la diarrea, la malnutrición, la malaria, el dengue y el propio estrés calórico, porque muchas de las enfermedades más mortíferas, son muy sensibles al clima y es de prever que se agravarán con el cambio climático.

Por otra parte, el aumento del nivel del mar y unos fenómenos meteorológicos cada vez más violentos, sobre todo en las zonas costeras, destruirán hogares y otros muchos servicios esenciales. No debemos olvidar que, más de la mitad de la población mundial vive en una franja de 60 km de ancho a lo largo de las costas de mares y océanos, por lo ambos acontecimientos, subida del nivel del mar y aumento de fenómenos violentos, pueden obligar a muchas personas a tratar de protegerse, cambiando su lugar de residencia y desplazándose a zonas más seguras, lo que aumentará a su vez el riesgo de efectos en la salud, en aspectos que van desde trastornos mentales, asociados al estrés de todo cambio, hasta enfermedades transmisibles.

La OMS advierte de que la creciente variabilidad, tanto temporal como espacial, de las precipitaciones afectará también, al suministro de agua dulce, lo que provocará escasez de ésta, con lo que puede ponerse en peligro la higiene, aumentando las enfermedades. En los casos extremos, la escasez de agua causará la temible sequía y su funesta compañera, la hambruna. Se estima que a finales del siglo XXI es probable que el cambio climático haya aumentado la frecuencia e intensidad de las sequías a nivel regional y mundial.

Al mismo tiempo, el efecto combinado del aumento de las temperaturas y la variabilidad de las lluvias reducirán probablemente la producción de alimentos básicos en muchas de las regiones más pobres del planeta. Lo que aumentará la actual malnutrición y desnutrición, que actualmente causan ya millones de defunciones cada año. Las temperaturas extremas del aire, durante los meses centrales del año, contribuyen directamente a las defunciones por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, sobre todo entre las personas de edad avanzada.

Como muestra, en la ola de calor que sufrió Europa en el verano de 2003, se registró un incremento de la mortalidad, cifrado en 70.000 defunciones. Las temperaturas altas provocan además un aumento de los niveles de ozono troposférico, es decir el conocido como “ozono-malo”, que se acumula en las capas bajas de la atmósfera, junto al suelo, donde actúa como contaminante, junto con algunas otras componentes nocivas del aire, que agravan las enfermedades respiratorias.

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Una cuestión que podemos plantearnos es ¿a qué regiones y a qué personas afectarán más los efectos del cambio climático? Pues bien, en la práctica todas las áreas del planeta se verán afectadas, pero ciertamente algunas regiones son más vulnerables que otras. Por ejemplo, los habitantes de los pequeños estados insulares en desarrollo y de otras regiones costeras, megalópolis y regiones montañosas y polares son especialmente vulnerables. Los niños, en particular los de los países pobres, son una de esas poblaciones más en riesgo ante los problemas sanitarios previsibles y que además se verán expuestos por más tiempo a las consecuencias sanitarias de los cambios. Se prevé así mismo que los efectos en la salud serán más graves en las personas de mayor edad y, lógicamente, en las personas con achaques, dolencias o enfermedades preexistentes.

A corto plazo, las perturbaciones meteorológicas intensas, que se presentan como anomalías térmicas, con calor o frío alejados de los valores estadísticamente normales, para la época del año en la región de que se trate, también pueden afectar gravemente a la salud, causando estrés térmico, y provocando el aumento de la mortalidad por enfermedades cardiacas y respiratorias. Otro aspecto a tener en cuenta  es que el aumento de la temperatura global modificará los niveles y la distribución estacional de aerosoles naturales, como el polen, lo que puede provocar asma. De hecho, hay aproximadamente 300 millones de personas en el mundo que padecen asma y se teme que, con la esperada elevación de la temperatura del planeta, aumente el número de personas con dicha enfermedad.

Frente a tanto riesgo asociado al cambio climático ¿estamos haciendo algo los humanos para tratar de paliar los daños? Pues, de momento, casi lo único que podemos decir aquí, al respecto, es aquello que decía Humphrey Bogart a Ingrid Bergman, y que quedaba tan bien, en la famosa película Casablanca… ¡Siempre nos quedará París! Refiriéndonos, en este caso, al conocido como Acuerdo de París, que fue el primer pacto internacional, al más alto nivel, para reducir las emisiones de gases contaminantes, de efecto invernadero, a la atmósfera.

Este Acuerdo, fue ratificado en París en diciembre de 2015, por casi 200 naciones, entre las que se encontraban Estados Unidos, con el presidente Obama, y también China, es decir los dos mayores contaminadores del mundo. Se presentó allí un plan mundial de actuaciones, para mantener el calentamiento del planeta muy por debajo de 2 °C, lo que se estimó como imprescindible para no superar el llamado “punto de no retorno”, por encima del cual las consecuencias de los potenciales daños, asociados al cambio climático, serían irreversibles.

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Sin embargo, de momento al menos, parece que el citado Acuerdo de París presenta algunas sombras que pueden apagar, o al menos oscurecer, sus luces. Porque, aunque hay que admitir que aparentemente este Acuerdo plantea soluciones, con muchas expectativas de éxito, lo cierto es que existen algunas dudas, como son:

1.- Todos los países participantes, cerca de 200, acordaron mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 2 ºC y, si fuera posible, no llegar siquiera a 1,5 ºC respecto al comienzo del siglo XX; lo que me parece muy difícil, en primer lugar porque ya ha aumentado más de 1 ºC y además porque, en mi opinión, el Acuerdo presupone un elevado “buenismo” de los firmantes, y la realidad vivida hasta ahora demuestra que “no todo el mundo es tan bueno”.

2.- El Acuerdo crea mecanismos voluntarios de revisión, de acuerdo con los cuales, los países deberán presentar un primer balance en el 2023 y, después cada cinco años. Pero los compromisos de reducción de GEI (Gases de Efecto Invernadero) por parte de los países no serán jurídicamente vinculantes, tal como solicitó Estados Unidos, lo que posteriormente, con Trump en la Casa Blanca, ha complicado aún bastante más las cosas.

3.- Los países firmantes se comprometían a comenzar la reducción de emisiones de gases “tan pronto como fuera posible”. O sea, cada uno a su aire. Además, a las potencias emergentes como China e India no se les obligaba a cuantificar la reducción de emisiones y sólo se les pedía que hicieran esfuerzos por cumplir. También se excluían del tratado las emisiones de la aviación y el transporte marítimo, pese a que suponen un 8% de las emisiones mundiales de GEI.

4.- Finalmente, la llegada de Donald Trump a la Presidencia de los EEUU, y su intención, manifestada en varias ocasiones durante su campaña electoral, de “sacar” a EEUU del bloque de países comprometidos con el Acuerdo de París, apunta a serias dificultades en el cumplimiento del mismo.

Es sabido, que la mayor parte de la causa del cambio climático está en el modelo energético que hemos mantenido durante décadas, quemando combustibles fósiles y emitiendo contaminantes, literalmente como si no hubiera un mañana. Pero el gran problema que se esconde tras ese modelo y por tanto tras la deseada solución es la economía. Sabemos cuál es el problema, conocemos la solución y sabemos cómo resolverlo, pero es muy caro. Sin embargo, no perdamos la esperanza, porque “Siempre tendremos París”.

Adolfo Marroquín Santoña

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La ciencia avanzando, y nosotros con estos pelos

01-investigador-y-pelo-vegetalConsidero que el estudio de la influencia del clima en la salud humana, debería ser de interés siempre, pero más aún en estos tiempos de cambios climáticos, por lo que, buscando ampliar conocimientos sobre el particular he entrado en el sitio de la NLM (National Library of Medicine) de los EEUU, donde me han llamado la atención, entre los fondos disponibles, algunos artículos sobre las interrelaciones clima-salud, que analizaré a la brevedad posible. Pero de momento, los que me han llamado la atención son unos que trataban de la pérdida de cabello, la denominada alopecia, y en los que se incluían consideraciones y se analizaban potenciales causas.

Ciertamente, este tema no tenía, en principio, mucha relación con mi búsqueda inicial, pero me pareció que contenía aspectos que podrían ser de interés para muchas personas, de forma que opté por informarme y trasladar a ustedes algunos de los citados aspectos.

Por ejemplo, se sabe que el ciclo normal del crecimiento del cabello dura de 2 a 3 años y que cada pelo crece aproximadamente un centímetro al mes durante esta fase. Los estudios realizados aportan estadísticas, de las que se deducen que alrededor del 90% del cabello en el cuero cabelludo está creciendo simultáneamente, mientras que el 10% restante se encuentra en una fase de inactividad, de reposo podríamos decir. El reposo dura del orden de 3 a 4 meses, tras lo cual ese cabello inactivo se cae y en su lugar comienza a crecer nuevo cabello. La pérdida de cabello puede no ser permanente, puesto que los folículos pilosos no se destruyen, y a veces puede que sólo estén pasando una fase de descanso.

Pero ¿sabían ustedes que es normal que una persona pierda aproximadamente 100 cabellos de su cabeza cada día, y que en la mayoría de los casos esos cabellos vuelven a crecer?, ¿y sabían que el cuero cabelludo contiene normalmente alrededor de 100.000 cabellos? Naturalmente todas estas cifras se refieren a valores medios, de gentes medias, en condiciones medias, por lo que son meramente orientativos, de forma que, para individuos concretos, pueden presentarse importantes desviaciones de esos valores medios, e incluso desviaciones absolutas, en algunos casos.

Cada pelo sigue su “ciclo del cabello” de forma independiente del resto, lo que permite que mudemos nuestro pelo progresivamente a lo largo de todo el año. Sin embargo, a igualdad de todo lo demás, parece ser que a principios de otoño los cambios hormonales hacen que crezcan menos pelos nuevos que en otras estaciones. Eso implica que, si en condiciones normales se desprenden diariamente alrededor de 100 pelos, entre septiembre y noviembre la pérdida capilar puede duplicarse o triplicarse. El proceso no suele durar más de tres meses y no debe preocuparnos demasiado, porque, en la mayoría de los casos, suele ser reversible.

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Es un hecho que muchos hombres y algunas mujeres pierden pelo a medida que envejecen, pero también pueden perderlo si sufren ciertas enfermedades, como problemas de tiroides, diabetes o lupus, o si están tomando ciertas medicinas o, como es bien conocido, si se encuentran en tratamiento de quimioterapia por cáncer. Otras causas pueden ser el estrés, una dieta baja en proteínas, la existencia de un origen genético, con antecedentes familiares, o simplemente una mala nutrición. Cuando la calvicie es de origen genético, lo que significa que usted heredó un gen para la calvicie, no hay manera de evitarla; sin embargo, algunas otras causas de la pérdida excesiva del cabello sí pueden prevenirse.

Algunas pérdidas de cabello reparables, son las ocasionadas por problemas hormonales. Si usted sufre de hipotiroidismo o hipertiroidismo, su cabello puede caerse, más de lo normal y, por lo general, esta pérdida de cabello puede abordarse y minimizarse tratando su enfermedad de tiroides. También la pérdida de cabello puede ocurrir si las hormonas masculinas o femeninas, conocidas como andrógenos y estrógenos, están desequilibradas. En este caso, corregir el desequilibrio hormonal puede detener esa pérdida de cabello.

En la mayoría de los casos, la pérdida notable de cabello es gradual, lo que significa que ocurre durante un largo período de tiempo; esto es especialmente cierto en los hombres. La pérdida del cabello se considera excesiva cuando aparecen zonas aisladas de calvicie o bien cuando se produce un debilitamiento notable de todo el cabello, o de gran parte del mismo. También, en ocasiones, el cabello puede caerse de forma repentina, debido a un shock repentino, físico o emocional.

Es evidente que el pelo no es solamente el cabello que tenemos en la cabeza; de hecho, tenemos pelo (o vello) en casi todas las partes del cuerpo, excepto los labios, las palmas de las manos y las plantas de los pies. La mayor parte del pelo que tenemos en el cuerpo es fácil de ver, como por ejemplo el de las cejas, la cabeza, los brazos o las piernas. Según el lugar donde se encuentre, el pelo cumple diferentes funciones. El pelo de la cabeza, aparte de la componente estética, que suele llevar emparejada, proporciona a la misma cierta protección contra el frío, el calor y hasta los golpes. Las pestañas protegen los ojos, disminuyendo la cantidad de luz y polvo que puede penetrar en ellos; y las cejas protegen los ojos del sudor que puede gotear por la frente.

El pelo siempre crece a través de la piel de la misma manera, sin importar de dónde salga (de tu cabeza, brazo, pierna, etc.); comienza en la raíz capilar, debajo de la piel, donde las células se agrupan para formar la queratina, la proteína de la que están formadas las uñas. La raíz está dentro de un folículo, que es una especie de tubo pequeño insertado en la piel.

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El pelo crece de la raíz, sale del folículo y atraviesa la piel, haciéndose entonces visible. Los pequeños vasos sanguíneos que se encuentran en la base de cada folículo alimentan la raíz del pelo para permitir su crecimiento. Pero una vez que el pelo emerge de la superficie de la piel, las células que lo forman ya no están vivas. Las células de cada uno de los pelos que ves en tu cuerpo están muertas.

El tipo más común de pérdida de cabello se llama alopecia androgenética, también conocida como calvicie de patrón masculino o femenino. Tiende a ser hereditaria y provoca la caída gradual del cabello. A medida que los hombres envejecen, pueden empezar a perder cabello en la parte frontal de su cuero cabelludo. El patrón de pérdida de cabello para las mujeres es diferente. Su cabello puede debilitarse por todo el cuero cabelludo, pero a menudo es más evidente a lo largo de “la raya del peinado”. En cuanto al color del cabello, es debido a la melanina, la sustancia que también da color a la piel, de forma que cuanto más claro es el cabello, menos melanina estará presente; una persona con cabello negro o castaño tiene mucha más melanina que una con cabello rubio o pelirrojo. A medida que la gente envejece, la cantidad de melanina disminuye y es entonces cuando comienzan a salir las canas.

Un consejo para lucir un hermoso cabello, mientras dure, es seguir una dieta saludable. Suena raro, pero no lo es. Una dieta rica en nutrientes adecuados ayuda a nuestro cuerpo en general, y en particular a nuestro pelo, por lo que… ¡Debemos cuidar nuestro cabello de dentro hacia fuera!

Adolfo Marroquín Santoña

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El clima puede que se defienda atacando

En un artículo anterior, que titulaba “Calor, frío y viceversa, alguien está loco”, les exponía a ustedes las anomalías térmicas padecidas por gran parte de Europa, y sobre todo España, a finales de la primavera y comienzo del verano del 2017. Pues bien, de momento los modelos climáticos de predicción indican que, durante gran parte de este verano las altas temperaturas se van a prolongar, en el hemisferio norte, por lo que he decidido comentar con ustedes algunas cosas, referidas a sus reales, o al menos potenciales, efectos sobre nuestra salud o nuestras actividades de esas altas temperaturas.

En un artículo que aparece en una edición reciente de la revista “Nature Climate Change”, en la U.S. National Library of Medicine, se afirma que las ciudades podrían ser las más afectadas por el cambio climático, puesto que el asfalto, el hormigón, los coches, los equipos de aire acondicionado, etc., intensifican el efecto del calor en las ciudades, dando lugar a las conocidas como “islas de calor urbanas”.

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Esto se agrava cuando las superficies naturales como la vegetación y el agua son reemplazadas por el cemento y el asfalto, que captan el calor de la radiación solar y lo reemiten en forma de radiación infrarroja de onda larga. Se calcula que, para 2050, el efecto de la isla de calor hará que se añadan, como media, al menos 2 ºC, a las previsiones del calentamiento global en las grandes ciudades.

Las temperaturas crecientes aumentarán los costos económicos de la vida en las ciudades de varias formas; por ejemplo, los costos potenciales incluyen el aumento del consumo de energía para la refrigeración, con aumento en la contaminación del aire y el agua, así como una productividad más baja de los trabajadores. Se piensa que poner en marcha medidas de adaptación, a nivel de cada ciudad, para limitar el calentamiento local, producirán en el futuro importantes beneficios económicos netos, para casi todas las ciudades del mundo, y conviene tener en cuenta que las ciudades, que cubren apenas un 1 % de la superficie de la Tierra, producen casi un 80 % del PIB mundial, consumiendo cerca del 78 % de la energía del planeta, y acogiendo a más de la mitad de la población del mismo.

En la revista “Science Advances”, se afirma, lo que por otra parte es evidente, que dormir mal puede tener un enorme impacto en las personas, tanto en su la calidad de vida, como en el rendimiento en el trabajo, por lo que las crecientes temperaturas nocturnas que el cambio climático está trayendo podrían significar que millones de personas duerman cada vez peor, puesto que el cambio hará que, muy probablemente, aumente la frecuencia de temperaturas nocturnas inusualmente altas.

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En el estudio, llevado a cabo en Estados Unidos, se realizaron encuestas sobre miles de personas, domiciliadas por todas las regiones del país, que cada día anotaban cómo habían dormido la noche anterior. Posteriormente los investigadores recogieron los datos meteorológicos de cada noche, en cada una de las ciudades en que vivía cada participante de la encuesta, y compararon las temperaturas nocturnas con los reportes de insomnio, encontrando que en las noches calurosas es más difícil conciliar el sueño para todos, pero lo es más para las personas con ingresos bajos y de más edad.

Las causas son que las personas con poco dinero suelen vivir en lugares que, o no disponen de aire acondicionado, o no pueden permitirse dejar funcionando el equipo todo el tiempo. Por otro lado, las personas mayores no pueden regular su temperatura corporal tan bien como las más jóvenes, lo que las hace más vulnerables al calor. Evidente, si se daban las dos circunstancias, es decir para las personas mayores con ingresos bajos, se encontró que fueron las que tuvieron más dificultades: 10 veces más noches de insomnio que todas las demás.

No recuerdo haber oído hablar de este asunto a los gobiernos, ni a los políticos en general, y sería deseable ir ocupándose y hasta preocupándose por ello, sobre todo en aquellos países que, como España, van camino de encontrarse CON TODO: muy altas temperaturas, muy alta población de edad avanzada y muy bajas pensiones.

El estudio del que se han obtenido estos datos se ha hecho en Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo y que tiene un clima relativamente templado, de forma que podemos anticipar que los efectos serán bastante más graves en países como España, Portugal, Italia o Grecia. De lo contrario llegaremos a que unas noches cálidas más frecuentes, podrían conducir a un aumento en los fallecimientos de personas mayores, que necesitan el sueño para recuperarse del estrés por el calor. Ánimo gobiernos y políticos… (¡Montoro, absténgase!).

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En otro orden de cosas, la revista “Nature Ecology and Evolution”, publica un artículo en el que se afirma que el cambio climático podría favorecer que se produzcan más incendios forestales extremos en todo el mundo en las próximas décadas. En este trabajo se analizaron los datos de casi 500 incendios forestales extremos que se produjeron en todo el mundo entre 2002 y 2013. Los autores del estudio concluyeron que, salvo que se tomen medidas para rebajar la emisión de gases invernadero, habría en el mundo un aumento de entre un 20 y un 50 % en el número de días en que las condiciones serían óptimas para los incendios, siendo máximo este riesgo en zonas como Australia o Europa, y más en concreto los países ribereños del Mediterráneo.

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En un estudio publicado recientemente, por un equipo de científicos de la Universidad de Hawái, en la revista “Nature Climate Change”, se afirma que habrá más olas de calor letales con el cambio climático. A día de hoy, más o menos un 30 % de las personas del mundo están expuestas a olas de calor letales cada año, e incluso con los esfuerzos que podrían conducir a una reducción significativa en las emisiones de gases que fomentan el cambio climático, un 48 % de la población seguirá estando en riesgo en 2100, según el equipo internacional de investigadores, que ha desarrollado este trabajo.

El cambio climático ha puesto a la humanidad en un camino que se hará cada vez más peligroso y difícil de revertir; más vale que muy pronto se tomen serias medidas para la disminución de las emisiones de los GEI (Gases de Efecto Invernadero) en todo el planeta; porque, de no hacerlo así, el clima nos hará la vida… ,digamos que “muy incómoda”.

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Pero saben ustedes qué es lo más triste de este asunto, pues el hecho de que quienes tienen que tomar las decisiones necesarias, y sobre todo imponer, a ser posible convenciendo, que esas decisiones se cumplan, Y NO LO HACEN, son las personas, organizaciones y naciones más ricas y poderosas del mundo; mientras que quienes más padecerán este pecado de omisión, llegando incluso a la PÉRDIDA DE VIDAS, serán las naciones y personas más pobres y débiles de este planeta.

En fin, que Dios, o quien tenga esa responsabilidad, castigue a unos y premie a otros, de acuerdo con la responsabilidad y sufrimientos de cada uno, ¡AMÉN!

Adolfo Marroquín Santoña

 

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Ideas meteo-climáticas sobre el confort y la salud humana

“Todo aquel que quiera estudiar medicina correctamente debe conocer las siguientes materias: Primero, debe tener en cuenta los efectos de cada estación del año, y las diferencias que existen entre ellas. En segundo lugar, debe estudiar los vientos fríos y los cálidos, tanto los que son comunes a todos los países, como los que son propios de cada región…” (Hipócrates, médico en la antigua Grecia, entre los años 460 a 370 a.C., en su Tratado de los aires, las aguas y los lugares).

En efecto, cuatro siglos antes de Cristo, ya señalaba Hipócrates la forma en que los vientos fríos y los cálidos afectan a las personas y la posible conexión entre las epidemias y las condiciones meteorológicas. Desde entonces, muchos estudios científicos han certificado de forma taxativa la enorme influencia que los fenómenos atmosféricos tienen sobre la salud humana. No es sólo que una ola de frío provoque episodios de hipotermia o de congelación; o que una ola de calor ocasione muertes por golpes de calor y deshidratación. Lo que los estudios llevados a cabo ponen de manifiesto es el aumento de enfermedades y de mortalidad que se deriva de dichos fenómenos como consecuencia, en gran número de casos, de agravamiento de enfermedades crónicas en personas vulnerables, en particular niños y, sobre todo, ancianos.

La variable más estudiada por ser, sin duda, la más importante en cuanto a efectos en enfermedades y mortalidad, ha sido la temperatura. No obstante, lo que actúa en un momento determinado sobre el organismo de una persona, no es sólo la temperatura, sino una determinada combinación de características de la atmósfera de la que forman parte variables meteorológicas, como la citada temperatura, la humedad, la fuerza del viento, la presión barométrica, etc., y otras no meteorológicas, pero muy relacionadas con ellas, como la contaminación química, la presencia de aerosoles, el contenido polínico del ambiente o la electricidad atmosférica, la existencia de iones, con cargas positivas o negativas, etc.. Todos estos factores son los que actuando conjuntamente sobre individuos con mayor o menor grado de vulnerabilidad a los mismos producen en ellos determinados efectos sobre su salud.

Pero, por simplificar, si nos fijamos sólo en la temperatura, que como decíamos es sin duda la más importante y estudiada, en su relación con el confort y salud humanas, llegando incluso, en casos extremos, a la mortalidad, se observa que presenta las tasas más altas para temperaturas mínimas muy bajas, a finales del otoño y comienzos del invierno en nuestras latitudes; y también tasas muy altas para temperaturas máximas muy elevadas, normalmente en los meses centrales del verano.

Lógicamente, en esto, como en tantas cosas de la vida, en el término medio suele estar la virtud, de forma que  las tasas de malestar más bajas, a causa de las temperaturas, se dan en días en que las temperaturas se sitúan alrededor de un punto medio, que es diferente de unas zonas a otras, y que depende del clima propio de cada lugar, puesto que corresponde a aquella temperatura que el organismo humano asume como” normal”, para esa zona y en esa época del año.

Otra magnitud importante, desde el punto de vista del confort humano, es la que suele denominarse “sensación térmica”, que no viene dada sólo por la temperatura, sino por una combinación de dicha temperatura con otras variables, como son la humedad o el viento, e incluso la presencia de iones eléctricos en la atmósfera; hasta el punto que la expresión sensación térmica, se ha hecho bastante popular a través de los medios de comunicación.

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Aclaremos que la temperatura que nos hacen llegar los citados medios de comunicación es la que marca un termómetro seco, es decir el normal que todos conocemos y que utilizamos en nuestras casas cuando tenemos fiebre; pero dado que por el contrario, la piel humana funciona a estos efectos, no como un termómetro seco, sino más bien como un termómetro húmedo (aquel cuyo bulbo se mantiene permanentemente humedecido), resulta que, en general, no coincidirá la temperatura que se nos dice en los medios con la que notamos sobre nuestra piel.

En consecuencia, la temperatura del aire que marca el termómetro seco en el exterior, no siempre es un indicador de confianza para conocer el frío o el calor que las personas sienten. La sensación térmica suele utilizarse para indicar el nivel de incomodidad que los humanos sienten a raíz de la combinación de la temperatura y la velocidad del viento en invierno y de la temperatura, la humedad y la velocidad del viento en verano. Todo ello para tratar de explicar los motivos por los que aunque la temperatura del aire sea la misma, unos días sentimos más calor y otros días sentimos más frío.

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La temperatura interna normal del cuerpo en reposo oscila entre los 36 y los 37,5 ºC mientras que la de la piel, en contacto con el exterior, es aproximadamente 0,5 ºC menor. La capacidad del organismo de mantener la temperatura corporal dentro de unos márgenes tan estrechos, a pesar de las amplias variaciones de la temperatura ambiental, es posible gracias a un sofisticado sistema regido por el centro termorregulador del hipotálamo que permite equilibrar los mecanismos de producción y pérdida de calor y mantener de esa forma constante la temperatura.

Básicamente, cuando la temperatura ambiental es elevada se ponen en marcha diversos mecanismos que permiten al cuerpo perder calor, como son:

1.- Aumento de la frecuencia cardíaca y dilatación de los vasos sanguíneos periféricos, lo que conlleva un incremento del flujo sanguíneo de la piel y la consiguiente pérdida de calor al exterior por irradiación.

2.- Sudoración. Al evaporarse el sudor se produce un enfriamiento corporal. Por cada gramo de agua que se evapora desde la superficie corporal se pierden calorías.

3.- Hiperventilación. Al incrementarse la frecuencia respiratoria aumenta la cantidad de calor y vapor, que expulsamos con el aire, en cada espiración.

Por el contrario, en caso de descenso de la temperatura exterior el sistema de termorregulación intenta mantener la temperatura corporal constante a través de:

1.- Aumento de la producción de calor mediante un aumento del metabolismo. El temblor (tiritona) no es sino un mecanismo reflejo mediante el que se desprenden grandes cantidades de calor en los músculos.

2.- Reducción de las pérdidas de calor mediante una vasoconstricción cutánea, lo cual disminuye la cantidad de calor que transporta la sangre desde el interior a la superficie del cuerpo.

A medida que la temperatura ambiente se aleja de esa zona de bienestar, por uno u otro lado, el sistema termorregulador aumenta su actividad y los ajustes que deben producirse a través de los mecanismos descritos se experimentan como sensación de malestar térmico. Puede llegar un momento en que si las temperaturas alcanzan valores extremos los mecanismos de termorregulación se vean desbordados, con el consiguiente riesgo para la salud que ello supone. Para cada individuo, en función de su edad, de su estado de salud previo y de algunas otras variables, aumenta o disminuye su fragilidad ante esa agresión.

La realidad es que, si la temperatura se encuentra entre 20º y 25 ºC; la humedad relativa del ambiente entre un 40% y un 70%; la velocidad del aire no es inferior a 0,15 m/s ni superior a 0,25 m/s; y la presión atmosférica está en torno a 1013,2 milibares y con ionización negativa… nos sentimos estupendamente. Esa franja de valores definen el confort ambiental, tanto en la calle, como dentro de casa, donde cuando nos separamos de dicha franja procuramos reestablecerla mediante la climatización, calefacción o refrigeración, según convenga.

Y como siempre que se trate del futuro de nuestro confort, salud, seguridad y temas afines, es prudente recordar que el indudable cambio climático al que asistimos, acelerado en las últimas décadas por el creciente aumento de GEI (Gases de Efecto Invernadero) presentes en la atmósfera, tendrá a lo largo del siglo en curso un impacto colosal sobre la salud de las personas, tanto de forma directa, al aumentar en frecuencia y duración los fenómenos extremos, como indirectamente al afectar al hábitat y las condiciones socioeconómicas de millones de seres humanos.

Adolfo Marroquín Santoña

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Algunas preguntas y respuestas, sobre el ambiente que nos rodea

Durante el pasado mes de agosto, mi amigo José Manuel Gordillo, competente periodista de la Cadena COPE y hombre multidisciplinar donde los haya, me propuso mantener algunos diálogos, bajo el formato Pregunta-Respuesta, dentro del espacio Las mañanas de la COPE, dirigido por él. Puesto que los temas tratados durante aquellas entrevistas me parecieron de interés general, me animo a publicar un resumen de lo tratado, con el mismo formato con el que se emitieron:

¿A QUÉ SE DEBE EL ACTUAL CALENTAMIENTO GLOBAL DEL PLANETA?

. – La energía que nos llega del Sol no ha variado en siglos e incluso milenios, manteniéndose en la conocida como constante solar, que son 1.367 vatios por metro cuadrado (w/m2), y ANTES, gran parte de esa energía alimentaba los procesos del Sistema Climático (atmósfera, litosfera, hidrosfera, criosfera y biosfera), y el resto, es decir lo que el planeta no necesitaba, se devolvía al espacio. Pues bien, AHORA esa devolución está frenada por los Gases de Efecto Invernadero (GEI).

. – La concentración de CO2 en la atmósfera ha aumentado, desde mediados del s. XIX, por la actividad humana, debido fundamentalmente al uso de combustibles fósiles y a la deforestación.

. – Las concentraciones actuales de los citados GEI: CO2, CH4 (metano) y N2O (óxido nitroso) son muy superiores a los últimos 800.000 años, sobre los que se dispone de datos, procedentes de los testigos de hielo obtenidos de los glaciares continentales y, sobre todo, antárticos. Superándose en la actualidad las 400 partes por millón en volumen (ppmv).

. – Los océanos se han calentado y ese calentamiento llega hasta los 2.000 m de profundidad, lo que supone un enorme almacenamiento de calor. El nivel medio del mar ha aumentado 20 cm, desde el comienzo del siglo XX y la temperatura media del planeta ha aumentado más de 1 ºC y crece cada vez con mayor rapidez.

¿CUÁLES HAN SIDO LAS ANOMALÍAS TÉRMICAS MÁS RECIENTES?

. – Cada una de las últimas tres décadas ha sido más cálida que las anteriores desde 1850, siendo la primera década del siglo XXI la más cálida de todas, y todo parece indicar que la segunda lo será aún más. Según la NASA, la temperatura media en los primeros seis meses de 2016 superó en 1,3 °C, los valores de comienzos del siglo XX, lo que supone un auténtico record.

. – Por otra parte, en 2016 todos y cada uno de los meses se batieron récords, tanto de temperaturas, como en la menor extensión mensual del hielo en el Ártico.

¿CUÁLES SON LAS PREVISIONES PARA EL PLANETA, EN EL S. XXI?

. – Cambios en las variables climáticas: incremento de la temperatura, disminución de las áreas de hielo y nieve, subida del nivel del mar, irregular distribución de las precipitaciones, por ejemplo, disminuciones del 20% en algunos países de la Cuenca Mediterránea, pudiendo alcanzarse hasta el 40% en la Península Ibérica.

. – Aumento del número de tormentas y su intensidad.

. – Mayor presencia de riadas e inundaciones, con largos períodos de sequía intermedios.

. – Mayor frecuencia de incendios forestales.

. – Extensión de plagas y enfermedades hacia nuevas zonas, debido a los cambios de las variables del clima.

. – Pérdida de capacidad productiva agrícola e incremento de la erosión del suelo.

¿CUÁNTAS CUMBRES DEL CLIMA SE HAN CELEBRADO Y CÓMO VAN LOS RESULTADOS?

. – Aunque con diferentes nombres van ya unas 16 Cumbres o Reuniones Globales sobre el Clima, con resultados más bien escasos; y la última la llamada “Acuerdo de París”, de diciembre del 2015, hay que admitir que aparentemente plantea grandes soluciones y expectativas, pero personalmente abrigo algunas dudas, como pueden ser:

1.- Todos los países (196) acordaron mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 2 ºC y, si es posible, no llegar a 1,5 ºC respecto al comienzo del s. XX; lo que me parece muy difícil, en primer lugar porque ya ha aumentado 1 ºC y además porque, en mi opinión, el Acuerdo presupone un elevado “buenismo” de los firmantes, que la realidad vivida hasta ahora demuestra que es muy dudoso.

2.- Por ejemplo, el Acuerdo crea mecanismos voluntarios de revisión. Los países deberán presentar un primer balance en el 2023 y, después cada cinco años. Pero los compromisos de reducción de GEI (Gases de Efecto Invernadero), por los países no serán jurídicamente vinculantes, es decir tal como solicitó Estados Unidos.

 3.- Los países firmantes se comprometen a alcanzar el máximo de emisiones de GEI “tan pronto como sea posible”, para después reducirlas. O sea, cada uno a su aire. Además, a las potencias emergentes como China e India no se les obliga a reducir emisiones y sólo se les pide que hagan esfuerzos. También se excluyen del tratado las emisiones de la aviación y el transporte marítimo, pese a que suponen un 8% de las emisiones mundiales de GEI.

¿A MEDIO Y LARGO PLAZO SE VA A NOTAR MUCHO EL CALENTAMIENTO GLOBAL? ¿EN TODO EL PLANETA? ¿Y EN EXTREMADURA?

. – Sí, el calentamiento será efectivamente global y afectará por tanto a todo el planeta, pero en algunos países para BIEN (Canadá, norte de EEUU, Noruega, Suecia, etc., y en general altas latitudes, tanto en Hemisferio Norte como en el Hemisferios Sur);  y en otros para MAL (caso de España en general y de Extremadura en particular); p. ej. en el caso de BADAJOZ, una subida MEDIA de 2 ºC, nos llevaría en ENE y FEB a disfrutar de unas temperaturas máximas medias que pasarían de los 14 ºC actuales a los 16 ºC , lo que resultaría agradable, pero en JUL y AGO esas temperaturas medias pasaría de los 34 ºC actuales a los 36 ºC, lo que ya no sería tan agradable, pero además daría lugar a días de temperaturas máximas absolutas por encima de los 46 ºC, muy desagradables.

¿QUÉ SON LAS GLACIACIONES Y CUÁNDO LLEGARÁ LA PRÓXIMA?

. – Las glaciaciones, son secuencias de miles de años durante los que el planeta ha permanecido casi cubierto de hielo. Son épocas en las que los hielos polares, tanto del Ártico como en el Antártico, se extienden hasta cubrir gran parte del planeta. Desde hace millones de años se han producido numerosas glaciaciones, cada una de ellas de unos 100.000 años de duración y con una variación de la temperatura media, del orden de 10 ºC.

. – Algunas posibles causas de las glaciaciones son, entre otras: Los cambios en la composición de la atmósfera (GEI); los cambios en la órbita terrestre (ciclos de Milankovitch); los movimientos de la corteza terrestre; las variaciones en la propia actividad solar; la dinámica orbital Tierra-Luna; el impacto de meteoritos de grandes dimensiones; y por supuesto las erupciones volcánicas.

. – La última glaciación terminó hace unos 10.000 años, y en condiciones normales, deberíamos estar ya camino de la próxima, y así estaba ocurriendo, puesto que en los últimos milenios la temperatura media del planeta estaba disminuyendo a razón de  -0,1 a -0,2 ºC cada 1.000 años, hasta que hace poco más de 150 años, hemos cambiado la tendencia, pasando de un enfriamiento a un calentamiento de  +1º a +2 ºC cada 100 años.

SI LLEVÁBAMOS MÁS DE 1.000 AÑOS CAMINO DE OTRA GLACIACIÓN ¿POR QUÉ CAMBIÓ LA TENDENCIA?

Algunas causas de los cambios de esa tendencia de las temperaturas, de valores decrecientes a crecientes, fueron:

. – En el siglo XVIII el invento de la máquina de vapor, por Newcomen y Watt, máquina que resultaría fundamental para el desarrollo de la revolución industrial en todo el mundo.

. – En el siglo XIX, el petróleo, conocido hacía siglos, pero poco utilizado, se convirtió en fuente combustible, vía gasolina, para millones de vehículos que proliferaron a partir de entonces.

. – En los siglos XX y XXI, el masivo consumo de combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas), que ha acompañado al desarrollo insostenible, que estamos viviendo.

YA QUE NOSOTROS NO LO ARREGLAMOS ¿PODRÍAN LAS ERUPCIONES VOLCÁNICAS AYUDARNOS CON EL CLIMA? ¿SERVIRÍAN PARA REBAJAR EL CALOR GLOBAL?    

. – La inyección de aerosoles (cenizas y otras partículas, en la estratosfera), por grandes erupciones volcánicas cada vez más frecuentes, es capaz en efecto de enfriar el planeta. Los aerosoles, hacen disminuir la irradiación solar incidente, durante semanas y hasta años.

. – La litosfera, parte sólida del planeta, ayuda así al sistema climático en su conjunto. Existen muchas referencias desde mediados del siglo XVIII, sobre el papel de los aerosoles en el balance radiativo del planeta, reduciendo la entrada de la radiación y con ello el calentamiento de la Tierra.

. – Se conoce bien el efecto de algunas erupciones históricas de los siglos XIX y XX, sobre las temperaturas. Algunas de estas enormes erupciones fueron, entre otras,  las de TAMBORRA (Indonesia) en 1815, la del KRAKATOA (Indonesia) en 1883, la del SANTA HELENA (EEUU) en 1980, o la de EL CHICHÓN (Méjico) en 1982.

. – Los datos climáticos históricos planetarios demuestran que 15 de los 16 veranos más fríos ocurrieron después de grandes erupciones volcánicas.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.