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Categoría: BIO-CLIMATOLOGÍA
El clima puede que se defienda atacando

En un artículo anterior, que titulaba “Calor, frío y viceversa, alguien está loco”, les exponía a ustedes las anomalías térmicas padecidas por gran parte de Europa, y sobre todo España, a finales de la primavera y comienzo del verano del 2017. Pues bien, de momento los modelos climáticos de predicción indican que, durante gran parte de este verano las altas temperaturas se van a prolongar, en el hemisferio norte, por lo que he decidido comentar con ustedes algunas cosas, referidas a sus reales, o al menos potenciales, efectos sobre nuestra salud o nuestras actividades de esas altas temperaturas.

En un artículo que aparece en una edición reciente de la revista “Nature Climate Change”, en la U.S. National Library of Medicine, se afirma que las ciudades podrían ser las más afectadas por el cambio climático, puesto que el asfalto, el hormigón, los coches, los equipos de aire acondicionado, etc., intensifican el efecto del calor en las ciudades, dando lugar a las conocidas como “islas de calor urbanas”.

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Esto se agrava cuando las superficies naturales como la vegetación y el agua son reemplazadas por el cemento y el asfalto, que captan el calor de la radiación solar y lo reemiten en forma de radiación infrarroja de onda larga. Se calcula que, para 2050, el efecto de la isla de calor hará que se añadan, como media, al menos 2 ºC, a las previsiones del calentamiento global en las grandes ciudades.

Las temperaturas crecientes aumentarán los costos económicos de la vida en las ciudades de varias formas; por ejemplo, los costos potenciales incluyen el aumento del consumo de energía para la refrigeración, con aumento en la contaminación del aire y el agua, así como una productividad más baja de los trabajadores. Se piensa que poner en marcha medidas de adaptación, a nivel de cada ciudad, para limitar el calentamiento local, producirán en el futuro importantes beneficios económicos netos, para casi todas las ciudades del mundo, y conviene tener en cuenta que las ciudades, que cubren apenas un 1 % de la superficie de la Tierra, producen casi un 80 % del PIB mundial, consumiendo cerca del 78 % de la energía del planeta, y acogiendo a más de la mitad de la población del mismo.

En la revista “Science Advances”, se afirma, lo que por otra parte es evidente, que dormir mal puede tener un enorme impacto en las personas, tanto en su la calidad de vida, como en el rendimiento en el trabajo, por lo que las crecientes temperaturas nocturnas que el cambio climático está trayendo podrían significar que millones de personas duerman cada vez peor, puesto que el cambio hará que, muy probablemente, aumente la frecuencia de temperaturas nocturnas inusualmente altas.

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En el estudio, llevado a cabo en Estados Unidos, se realizaron encuestas sobre miles de personas, domiciliadas por todas las regiones del país, que cada día anotaban cómo habían dormido la noche anterior. Posteriormente los investigadores recogieron los datos meteorológicos de cada noche, en cada una de las ciudades en que vivía cada participante de la encuesta, y compararon las temperaturas nocturnas con los reportes de insomnio, encontrando que en las noches calurosas es más difícil conciliar el sueño para todos, pero lo es más para las personas con ingresos bajos y de más edad.

Las causas son que las personas con poco dinero suelen vivir en lugares que, o no disponen de aire acondicionado, o no pueden permitirse dejar funcionando el equipo todo el tiempo. Por otro lado, las personas mayores no pueden regular su temperatura corporal tan bien como las más jóvenes, lo que las hace más vulnerables al calor. Evidente, si se daban las dos circunstancias, es decir para las personas mayores con ingresos bajos, se encontró que fueron las que tuvieron más dificultades: 10 veces más noches de insomnio que todas las demás.

No recuerdo haber oído hablar de este asunto a los gobiernos, ni a los políticos en general, y sería deseable ir ocupándose y hasta preocupándose por ello, sobre todo en aquellos países que, como España, van camino de encontrarse CON TODO: muy altas temperaturas, muy alta población de edad avanzada y muy bajas pensiones.

El estudio del que se han obtenido estos datos se ha hecho en Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo y que tiene un clima relativamente templado, de forma que podemos anticipar que los efectos serán bastante más graves en países como España, Portugal, Italia o Grecia. De lo contrario llegaremos a que unas noches cálidas más frecuentes, podrían conducir a un aumento en los fallecimientos de personas mayores, que necesitan el sueño para recuperarse del estrés por el calor. Ánimo gobiernos y políticos… (¡Montoro, absténgase!).

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En otro orden de cosas, la revista “Nature Ecology and Evolution”, publica un artículo en el que se afirma que el cambio climático podría favorecer que se produzcan más incendios forestales extremos en todo el mundo en las próximas décadas. En este trabajo se analizaron los datos de casi 500 incendios forestales extremos que se produjeron en todo el mundo entre 2002 y 2013. Los autores del estudio concluyeron que, salvo que se tomen medidas para rebajar la emisión de gases invernadero, habría en el mundo un aumento de entre un 20 y un 50 % en el número de días en que las condiciones serían óptimas para los incendios, siendo máximo este riesgo en zonas como Australia o Europa, y más en concreto los países ribereños del Mediterráneo.

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En un estudio publicado recientemente, por un equipo de científicos de la Universidad de Hawái, en la revista “Nature Climate Change”, se afirma que habrá más olas de calor letales con el cambio climático. A día de hoy, más o menos un 30 % de las personas del mundo están expuestas a olas de calor letales cada año, e incluso con los esfuerzos que podrían conducir a una reducción significativa en las emisiones de gases que fomentan el cambio climático, un 48 % de la población seguirá estando en riesgo en 2100, según el equipo internacional de investigadores, que ha desarrollado este trabajo.

El cambio climático ha puesto a la humanidad en un camino que se hará cada vez más peligroso y difícil de revertir; más vale que muy pronto se tomen serias medidas para la disminución de las emisiones de los GEI (Gases de Efecto Invernadero) en todo el planeta; porque, de no hacerlo así, el clima nos hará la vida… ,digamos que “muy incómoda”.

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Pero saben ustedes qué es lo más triste de este asunto, pues el hecho de que quienes tienen que tomar las decisiones necesarias, y sobre todo imponer, a ser posible convenciendo, que esas decisiones se cumplan, Y NO LO HACEN, son las personas, organizaciones y naciones más ricas y poderosas del mundo; mientras que quienes más padecerán este pecado de omisión, llegando incluso a la PÉRDIDA DE VIDAS, serán las naciones y personas más pobres y débiles de este planeta.

En fin, que Dios, o quien tenga esa responsabilidad, castigue a unos y premie a otros, de acuerdo con la responsabilidad y sufrimientos de cada uno, ¡AMÉN!

Adolfo Marroquín Santoña

 

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Ideas meteo-climáticas sobre el confort y la salud humana

“Todo aquel que quiera estudiar medicina correctamente debe conocer las siguientes materias: Primero, debe tener en cuenta los efectos de cada estación del año, y las diferencias que existen entre ellas. En segundo lugar, debe estudiar los vientos fríos y los cálidos, tanto los que son comunes a todos los países, como los que son propios de cada región…” (Hipócrates, médico en la antigua Grecia, entre los años 460 a 370 a.C., en su Tratado de los aires, las aguas y los lugares).

En efecto, cuatro siglos antes de Cristo, ya señalaba Hipócrates la forma en que los vientos fríos y los cálidos afectan a las personas y la posible conexión entre las epidemias y las condiciones meteorológicas. Desde entonces, muchos estudios científicos han certificado de forma taxativa la enorme influencia que los fenómenos atmosféricos tienen sobre la salud humana. No es sólo que una ola de frío provoque episodios de hipotermia o de congelación; o que una ola de calor ocasione muertes por golpes de calor y deshidratación. Lo que los estudios llevados a cabo ponen de manifiesto es el aumento de enfermedades y de mortalidad que se deriva de dichos fenómenos como consecuencia, en gran número de casos, de agravamiento de enfermedades crónicas en personas vulnerables, en particular niños y, sobre todo, ancianos.

La variable más estudiada por ser, sin duda, la más importante en cuanto a efectos en enfermedades y mortalidad, ha sido la temperatura. No obstante, lo que actúa en un momento determinado sobre el organismo de una persona, no es sólo la temperatura, sino una determinada combinación de características de la atmósfera de la que forman parte variables meteorológicas, como la citada temperatura, la humedad, la fuerza del viento, la presión barométrica, etc., y otras no meteorológicas, pero muy relacionadas con ellas, como la contaminación química, la presencia de aerosoles, el contenido polínico del ambiente o la electricidad atmosférica, la existencia de iones, con cargas positivas o negativas, etc.. Todos estos factores son los que actuando conjuntamente sobre individuos con mayor o menor grado de vulnerabilidad a los mismos producen en ellos determinados efectos sobre su salud.

Pero, por simplificar, si nos fijamos sólo en la temperatura, que como decíamos es sin duda la más importante y estudiada, en su relación con el confort y salud humanas, llegando incluso, en casos extremos, a la mortalidad, se observa que presenta las tasas más altas para temperaturas mínimas muy bajas, a finales del otoño y comienzos del invierno en nuestras latitudes; y también tasas muy altas para temperaturas máximas muy elevadas, normalmente en los meses centrales del verano.

Lógicamente, en esto, como en tantas cosas de la vida, en el término medio suele estar la virtud, de forma que  las tasas de malestar más bajas, a causa de las temperaturas, se dan en días en que las temperaturas se sitúan alrededor de un punto medio, que es diferente de unas zonas a otras, y que depende del clima propio de cada lugar, puesto que corresponde a aquella temperatura que el organismo humano asume como” normal”, para esa zona y en esa época del año.

Otra magnitud importante, desde el punto de vista del confort humano, es la que suele denominarse “sensación térmica”, que no viene dada sólo por la temperatura, sino por una combinación de dicha temperatura con otras variables, como son la humedad o el viento, e incluso la presencia de iones eléctricos en la atmósfera; hasta el punto que la expresión sensación térmica, se ha hecho bastante popular a través de los medios de comunicación.

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Aclaremos que la temperatura que nos hacen llegar los citados medios de comunicación es la que marca un termómetro seco, es decir el normal que todos conocemos y que utilizamos en nuestras casas cuando tenemos fiebre; pero dado que por el contrario, la piel humana funciona a estos efectos, no como un termómetro seco, sino más bien como un termómetro húmedo (aquel cuyo bulbo se mantiene permanentemente humedecido), resulta que, en general, no coincidirá la temperatura que se nos dice en los medios con la que notamos sobre nuestra piel.

En consecuencia, la temperatura del aire que marca el termómetro seco en el exterior, no siempre es un indicador de confianza para conocer el frío o el calor que las personas sienten. La sensación térmica suele utilizarse para indicar el nivel de incomodidad que los humanos sienten a raíz de la combinación de la temperatura y la velocidad del viento en invierno y de la temperatura, la humedad y la velocidad del viento en verano. Todo ello para tratar de explicar los motivos por los que aunque la temperatura del aire sea la misma, unos días sentimos más calor y otros días sentimos más frío.

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La temperatura interna normal del cuerpo en reposo oscila entre los 36 y los 37,5 ºC mientras que la de la piel, en contacto con el exterior, es aproximadamente 0,5 ºC menor. La capacidad del organismo de mantener la temperatura corporal dentro de unos márgenes tan estrechos, a pesar de las amplias variaciones de la temperatura ambiental, es posible gracias a un sofisticado sistema regido por el centro termorregulador del hipotálamo que permite equilibrar los mecanismos de producción y pérdida de calor y mantener de esa forma constante la temperatura.

Básicamente, cuando la temperatura ambiental es elevada se ponen en marcha diversos mecanismos que permiten al cuerpo perder calor, como son:

1.- Aumento de la frecuencia cardíaca y dilatación de los vasos sanguíneos periféricos, lo que conlleva un incremento del flujo sanguíneo de la piel y la consiguiente pérdida de calor al exterior por irradiación.

2.- Sudoración. Al evaporarse el sudor se produce un enfriamiento corporal. Por cada gramo de agua que se evapora desde la superficie corporal se pierden calorías.

3.- Hiperventilación. Al incrementarse la frecuencia respiratoria aumenta la cantidad de calor y vapor, que expulsamos con el aire, en cada espiración.

Por el contrario, en caso de descenso de la temperatura exterior el sistema de termorregulación intenta mantener la temperatura corporal constante a través de:

1.- Aumento de la producción de calor mediante un aumento del metabolismo. El temblor (tiritona) no es sino un mecanismo reflejo mediante el que se desprenden grandes cantidades de calor en los músculos.

2.- Reducción de las pérdidas de calor mediante una vasoconstricción cutánea, lo cual disminuye la cantidad de calor que transporta la sangre desde el interior a la superficie del cuerpo.

A medida que la temperatura ambiente se aleja de esa zona de bienestar, por uno u otro lado, el sistema termorregulador aumenta su actividad y los ajustes que deben producirse a través de los mecanismos descritos se experimentan como sensación de malestar térmico. Puede llegar un momento en que si las temperaturas alcanzan valores extremos los mecanismos de termorregulación se vean desbordados, con el consiguiente riesgo para la salud que ello supone. Para cada individuo, en función de su edad, de su estado de salud previo y de algunas otras variables, aumenta o disminuye su fragilidad ante esa agresión.

La realidad es que, si la temperatura se encuentra entre 20º y 25 ºC; la humedad relativa del ambiente entre un 40% y un 70%; la velocidad del aire no es inferior a 0,15 m/s ni superior a 0,25 m/s; y la presión atmosférica está en torno a 1013,2 milibares y con ionización negativa… nos sentimos estupendamente. Esa franja de valores definen el confort ambiental, tanto en la calle, como dentro de casa, donde cuando nos separamos de dicha franja procuramos reestablecerla mediante la climatización, calefacción o refrigeración, según convenga.

Y como siempre que se trate del futuro de nuestro confort, salud, seguridad y temas afines, es prudente recordar que el indudable cambio climático al que asistimos, acelerado en las últimas décadas por el creciente aumento de GEI (Gases de Efecto Invernadero) presentes en la atmósfera, tendrá a lo largo del siglo en curso un impacto colosal sobre la salud de las personas, tanto de forma directa, al aumentar en frecuencia y duración los fenómenos extremos, como indirectamente al afectar al hábitat y las condiciones socioeconómicas de millones de seres humanos.

Adolfo Marroquín Santoña

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Algunas preguntas y respuestas, sobre el ambiente que nos rodea

Durante el pasado mes de agosto, mi amigo José Manuel Gordillo, competente periodista de la Cadena COPE y hombre multidisciplinar donde los haya, me propuso mantener algunos diálogos, bajo el formato Pregunta-Respuesta, dentro del espacio Las mañanas de la COPE, dirigido por él. Puesto que los temas tratados durante aquellas entrevistas me parecieron de interés general, me animo a publicar un resumen de lo tratado, con el mismo formato con el que se emitieron:

¿A QUÉ SE DEBE EL ACTUAL CALENTAMIENTO GLOBAL DEL PLANETA?

. – La energía que nos llega del Sol no ha variado en siglos e incluso milenios, manteniéndose en la conocida como constante solar, que son 1.367 vatios por metro cuadrado (w/m2), y ANTES, gran parte de esa energía alimentaba los procesos del Sistema Climático (atmósfera, litosfera, hidrosfera, criosfera y biosfera), y el resto, es decir lo que el planeta no necesitaba, se devolvía al espacio. Pues bien, AHORA esa devolución está frenada por los Gases de Efecto Invernadero (GEI).

. – La concentración de CO2 en la atmósfera ha aumentado, desde mediados del s. XIX, por la actividad humana, debido fundamentalmente al uso de combustibles fósiles y a la deforestación.

. – Las concentraciones actuales de los citados GEI: CO2, CH4 (metano) y N2O (óxido nitroso) son muy superiores a los últimos 800.000 años, sobre los que se dispone de datos, procedentes de los testigos de hielo obtenidos de los glaciares continentales y, sobre todo, antárticos. Superándose en la actualidad las 400 partes por millón en volumen (ppmv).

. – Los océanos se han calentado y ese calentamiento llega hasta los 2.000 m de profundidad, lo que supone un enorme almacenamiento de calor. El nivel medio del mar ha aumentado 20 cm, desde el comienzo del siglo XX y la temperatura media del planeta ha aumentado más de 1 ºC y crece cada vez con mayor rapidez.

¿CUÁLES HAN SIDO LAS ANOMALÍAS TÉRMICAS MÁS RECIENTES?

. – Cada una de las últimas tres décadas ha sido más cálida que las anteriores desde 1850, siendo la primera década del siglo XXI la más cálida de todas, y todo parece indicar que la segunda lo será aún más. Según la NASA, la temperatura media en los primeros seis meses de 2016 superó en 1,3 °C, los valores de comienzos del siglo XX, lo que supone un auténtico record.

. – Por otra parte, en 2016 todos y cada uno de los meses se batieron récords, tanto de temperaturas, como en la menor extensión mensual del hielo en el Ártico.

¿CUÁLES SON LAS PREVISIONES PARA EL PLANETA, EN EL S. XXI?

. – Cambios en las variables climáticas: incremento de la temperatura, disminución de las áreas de hielo y nieve, subida del nivel del mar, irregular distribución de las precipitaciones, por ejemplo, disminuciones del 20% en algunos países de la Cuenca Mediterránea, pudiendo alcanzarse hasta el 40% en la Península Ibérica.

. – Aumento del número de tormentas y su intensidad.

. – Mayor presencia de riadas e inundaciones, con largos períodos de sequía intermedios.

. – Mayor frecuencia de incendios forestales.

. – Extensión de plagas y enfermedades hacia nuevas zonas, debido a los cambios de las variables del clima.

. – Pérdida de capacidad productiva agrícola e incremento de la erosión del suelo.

¿CUÁNTAS CUMBRES DEL CLIMA SE HAN CELEBRADO Y CÓMO VAN LOS RESULTADOS?

. – Aunque con diferentes nombres van ya unas 16 Cumbres o Reuniones Globales sobre el Clima, con resultados más bien escasos; y la última la llamada “Acuerdo de París”, de diciembre del 2015, hay que admitir que aparentemente plantea grandes soluciones y expectativas, pero personalmente abrigo algunas dudas, como pueden ser:

1.- Todos los países (196) acordaron mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 2 ºC y, si es posible, no llegar a 1,5 ºC respecto al comienzo del s. XX; lo que me parece muy difícil, en primer lugar porque ya ha aumentado 1 ºC y además porque, en mi opinión, el Acuerdo presupone un elevado “buenismo” de los firmantes, que la realidad vivida hasta ahora demuestra que es muy dudoso.

2.- Por ejemplo, el Acuerdo crea mecanismos voluntarios de revisión. Los países deberán presentar un primer balance en el 2023 y, después cada cinco años. Pero los compromisos de reducción de GEI (Gases de Efecto Invernadero), por los países no serán jurídicamente vinculantes, es decir tal como solicitó Estados Unidos.

 3.- Los países firmantes se comprometen a alcanzar el máximo de emisiones de GEI “tan pronto como sea posible”, para después reducirlas. O sea, cada uno a su aire. Además, a las potencias emergentes como China e India no se les obliga a reducir emisiones y sólo se les pide que hagan esfuerzos. También se excluyen del tratado las emisiones de la aviación y el transporte marítimo, pese a que suponen un 8% de las emisiones mundiales de GEI.

¿A MEDIO Y LARGO PLAZO SE VA A NOTAR MUCHO EL CALENTAMIENTO GLOBAL? ¿EN TODO EL PLANETA? ¿Y EN EXTREMADURA?

. – Sí, el calentamiento será efectivamente global y afectará por tanto a todo el planeta, pero en algunos países para BIEN (Canadá, norte de EEUU, Noruega, Suecia, etc., y en general altas latitudes, tanto en Hemisferio Norte como en el Hemisferios Sur);  y en otros para MAL (caso de España en general y de Extremadura en particular); p. ej. en el caso de BADAJOZ, una subida MEDIA de 2 ºC, nos llevaría en ENE y FEB a disfrutar de unas temperaturas máximas medias que pasarían de los 14 ºC actuales a los 16 ºC , lo que resultaría agradable, pero en JUL y AGO esas temperaturas medias pasaría de los 34 ºC actuales a los 36 ºC, lo que ya no sería tan agradable, pero además daría lugar a días de temperaturas máximas absolutas por encima de los 46 ºC, muy desagradables.

¿QUÉ SON LAS GLACIACIONES Y CUÁNDO LLEGARÁ LA PRÓXIMA?

. – Las glaciaciones, son secuencias de miles de años durante los que el planeta ha permanecido casi cubierto de hielo. Son épocas en las que los hielos polares, tanto del Ártico como en el Antártico, se extienden hasta cubrir gran parte del planeta. Desde hace millones de años se han producido numerosas glaciaciones, cada una de ellas de unos 100.000 años de duración y con una variación de la temperatura media, del orden de 10 ºC.

. – Algunas posibles causas de las glaciaciones son, entre otras: Los cambios en la composición de la atmósfera (GEI); los cambios en la órbita terrestre (ciclos de Milankovitch); los movimientos de la corteza terrestre; las variaciones en la propia actividad solar; la dinámica orbital Tierra-Luna; el impacto de meteoritos de grandes dimensiones; y por supuesto las erupciones volcánicas.

. – La última glaciación terminó hace unos 10.000 años, y en condiciones normales, deberíamos estar ya camino de la próxima, y así estaba ocurriendo, puesto que en los últimos milenios la temperatura media del planeta estaba disminuyendo a razón de  -0,1 a -0,2 ºC cada 1.000 años, hasta que hace poco más de 150 años, hemos cambiado la tendencia, pasando de un enfriamiento a un calentamiento de  +1º a +2 ºC cada 100 años.

SI LLEVÁBAMOS MÁS DE 1.000 AÑOS CAMINO DE OTRA GLACIACIÓN ¿POR QUÉ CAMBIÓ LA TENDENCIA?

Algunas causas de los cambios de esa tendencia de las temperaturas, de valores decrecientes a crecientes, fueron:

. – En el siglo XVIII el invento de la máquina de vapor, por Newcomen y Watt, máquina que resultaría fundamental para el desarrollo de la revolución industrial en todo el mundo.

. – En el siglo XIX, el petróleo, conocido hacía siglos, pero poco utilizado, se convirtió en fuente combustible, vía gasolina, para millones de vehículos que proliferaron a partir de entonces.

. – En los siglos XX y XXI, el masivo consumo de combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas), que ha acompañado al desarrollo insostenible, que estamos viviendo.

YA QUE NOSOTROS NO LO ARREGLAMOS ¿PODRÍAN LAS ERUPCIONES VOLCÁNICAS AYUDARNOS CON EL CLIMA? ¿SERVIRÍAN PARA REBAJAR EL CALOR GLOBAL?    

. – La inyección de aerosoles (cenizas y otras partículas, en la estratosfera), por grandes erupciones volcánicas cada vez más frecuentes, es capaz en efecto de enfriar el planeta. Los aerosoles, hacen disminuir la irradiación solar incidente, durante semanas y hasta años.

. – La litosfera, parte sólida del planeta, ayuda así al sistema climático en su conjunto. Existen muchas referencias desde mediados del siglo XVIII, sobre el papel de los aerosoles en el balance radiativo del planeta, reduciendo la entrada de la radiación y con ello el calentamiento de la Tierra.

. – Se conoce bien el efecto de algunas erupciones históricas de los siglos XIX y XX, sobre las temperaturas. Algunas de estas enormes erupciones fueron, entre otras,  las de TAMBORRA (Indonesia) en 1815, la del KRAKATOA (Indonesia) en 1883, la del SANTA HELENA (EEUU) en 1980, o la de EL CHICHÓN (Méjico) en 1982.

. – Los datos climáticos históricos planetarios demuestran que 15 de los 16 veranos más fríos ocurrieron después de grandes erupciones volcánicas.

Adolfo Marroquín Santoña

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La salud frente a las altas temperaturas

No existen dudas (o existen pocas y no muy sólidas) respecto a que el clima del planeta está cambiando. De hecho, por la propia naturaleza de los factores que perfilan el clima, éste está cambiando ahora y ha estado cambiando permanentemente, desde siempre, pero la enorme diferencia entre el cambio actual y el del pasado está en la rapidez con que se desarrolla el cambio actual, frente a la lentitud de los anteriores cambios.

Tampoco existe, dudas sobre el hecho de que el clima afecta a la salud humana, a nuestro bienestar y a la propia vida en el planeta. Por tanto, los rápidos cambios actuales darán lugar en un próximo futuro a un aumento de los problemas anteriores de salud, así como a nuevos riesgos y nuevas presiones sobre el medio ambiente. En Europa la OMS (Organización Mundial de la Salud) ya ha detectado algunos de esos efectos sobre la salud, así como cambios en la distribución geográfica de algunas enfermedades.

En concreto, la acumulación de GEI (Gases de Efecto Invernadero) en la atmósfera, debida fundamentalmente a la utilización de combustibles fósiles, está provocando un aumento de las temperaturas, dando lugar al calentamiento global del planeta y exponiendo a la población a fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes e intensos.

Los problemas de salud relacionados con la mayor frecuencia de olas de calor se han agravado también por el rápido aumento de los grupos de población más vulnerables, sobre todo las personas de edad avanzada, en especial las que viven en grandes ciudades de las regiones tropicales y subtropicales, aunque también en el resto del planeta.

Se ha comprobado que las olas de calor intensas y prolongadas, que se dan cada vez con mayor frecuencia, han provocado un incremento de fallecimientos, entre un 2 y un 5%por cada grado centígrado que supera un cierto umbral. Umbral que es diferente para las distintas áreas climáticas del planeta, puesto que depende del grado de adaptación de las personas a su clima local.

Algunas de las olas de calor más espectaculares han ocurrido en regiones del mundo relativamente ricas, habitualmente con temperaturas medias no muy elevadas. Como ejemplo, el calor registrado en gran parte de Europa en el verano de 2003 causó un incremento de las tasas de mortalidad 4 a 5 veces superior al previsto para los momentos de máximo calor en algunas ciudades, lo que provocó más de 70 000 fallecimientos en 12 países europeos.

El riesgo por las elevadas temperaturas afecta a las zonas rurales, pero es particularmente grave en las ciudades, donde el efecto de isla de calor puede elevar las temperaturas más de 5 °C, respecto a las que se encuentran fuera del casco urbano de esas ciudades; por otra parte, las altas temperaturas incrementan los efectos perjudiciales del ozono troposférico, el que se encuentra próximo al suelo, y de las partículas contaminantes en el aire.

 

El actual cambio climático, de acuerdo con el Quinto Informe de Evaluación del IPCC, incrementará la intensidad y frecuencia de estos fenómenos extremos, aumentará con ello los riesgos para la salud humana. Para mediados de este siglo XXI, los episodios extraordinarios de calor que en épocas pasadas venían ocurriendo una vez cada 20 años, como promedio, se producirán ahora con una frecuencia de uno cada 2 a 5 años.

Para el 2050 se estima que se habrá triplicado el número de personas con edad superior a 65 años, viviendo en ciudades y que en las regiones desarrolladas el aumento sea incluso mayor. En consecuencia, ese incremento del riesgo y el crecimiento de la población vulnerable aconsejarían que los avisos y alertas por episodios de altas temperaturas fueran una prioridad en los próximos decenios.

El resultado de numerosas investigaciones indica que la relación entre las temperaturas extremas, tanto las mínimas como las máximas, y la mortalidad suele tener forma de “U”, con una temperatura “central” de mínima incidencia que varía de unos lugares a otros, que como decía antes depende de la adaptación de la población al rango de temperaturas al que se venido encontrando expuesto, es decir de las temperaturas que responden al clima promedio de su región.

De forma que si se alcanzan valores extremos alejados de la temperatura de mínima incidencia, los mecanismos de termorregulación quedan desbordados. La mortalidad presenta una dinámica estacional caracterizada hasta ahora por la aparición de un máximo invernal y otro estival de menor amplitud; pero de cara al futuro, en el marco del cambio climático, el riesgo estival ira en claro aumento a lo largo del presente siglo, disminuyendo por contra el invernal.

 

Si la temperatura corporal se eleva por encima de los 38 ºC los efectos en salud de las altas temperaturas abarcan desde deshidratación, calambres, golpe de calor, síncope por calor, arritmias, agravamiento de enfermedades previas y hasta, en el caso extremo, la muerte. Conviene remarcar que, de acuerdo con los estudios realizados, el colectivo más vulnerable a los efectos en salud de las olas de calor son los ancianos que viven en ámbito urbano, especialmente las mujeres.

En España, en 2005 utilizando los registros disponibles de temperaturas, el Ministerio de Medio Ambiente publicó la “Evaluación Preliminar de los Impactos en España por Efecto del Cambio Climático”, con Moreno Rodríguez, como coordinador del trabajo; calculándose las temperaturas umbrales para cada provincia a partir de las cuales se producen excesos de mortalidad.

En los resultados de aquella evaluación, como puede verse en una de las figuras que se adjuntan, en la que se muestran las temperaturas umbrales de definición de ola de calor en función del percentil 95 (es decir, por encima del 95% de los casos) de las series de temperaturas máximas diarias, registradas en el periodo de junio a septiembre, puede observarse cómo la mínima mortalidad ocurre a temperaturas más elevadas en las regiones más templadas, con un mayor impacto del calor en las latitudes frías y viceversa.

La definición de “ola de calor” no puede ser fija, ya que es imposible establecer una temperatura que sirva para todas las latitudes, y ni siquiera se puede fijar un percentil de la serie de temperaturas a la que se ve expuesta una población, pues la relación entre temperatura y mortalidad varía con el tiempo. La temperatura umbral que defina “ola de calor” deberá estar relacionada con las condiciones ambientales, sociales, económicas y demográficas de cada área concreta.

 

El número de noches y días calurosos, así como el de olas de calor han aumentado en las últimas décadas y según el último informe del IPCC continuarán aumentando a lo largo de este siglo, pero además conviene señalar que la previsión del aumento de las temperaturas para España es mayor que para el resto de Europa. Mal vamos.

En áreas urbanas, las deficiencias en el aislamiento térmico de las viviendas y el efecto “isla de calor” urbano, incrementan la retención del calor en las ciudades ydificultan su disipación, por lo que amplifican los efectos perjudiciales de las altas temperaturas, especialmente de noche.

De acuerdo con todo lo anterior parece prudente hacer el mayor caso posible al Decálogo de recomendaciones del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ante las altas temperaturas:

1.- Beba agua y líquidos con frecuencia, aunque no sienta sed y con independencia de la actividad física que realice.

2.- No abuse de las bebidas con cafeína, alcohol o grandes cantidades de azúcar.

3.- Preste especial atención a bebes y niños pequeños en general, así como a personas mayores y personas con enfermedades que puedan agravarse con el calor.

4.- Permanezca el mayor tiempo que le sea posible en lugares frescos, a la sombra o climatizados, y refrésquese cada vez que lo necesite.

5.- Procure reducir la actividad física y evitar realizar deportes al aire libre en las horas más calurosas, que normalmente se producirán entre las 12:00 y las 17:00 horas.

6.- Use ropa ligera, holgada y que permita la transpiración.

7.- Nunca deje ninguna persona en un vehículo estacionado y cerrado (especialmente a niños, ancianos o enfermos crónicos).

8.- Consulte a su médico ante síntomas que se prolonguen más de una hora y que puedan estar relacionados con las altas temperaturas.

9.- Mantenga sus medicinas en un lugar fresco; el calor puede alterar su composición y sus efectos.

10.- Haga comidas ligeras que ayuden a reponer las sales perdidas por el sudor (ensaladas, frutas, verduras, zumos, etc.).

 

Adolfo Marroquín Santoña

Fuentes: OMM, Organización Meteorológica Mundial y OMS, Organización Mundial de la Salud. MAGRAMA, Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.     

 

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Tenemos auras, con colores que no vemos

Ya el propio Diccionario de la lengua española (DRAE), define el aura señalando que, en parapsicología, es el halo que algunos dicen percibir alrededor de determinados cuerpos y del que se dan diversas interpretaciones; esto nos permite entender que el aura es algo que “algunos dicen percibir”, no que lo perciban con seguridad, y que al respecto existen “diversas interpretaciones”, es decir que, por parte de los científicos e investigadores de esta materia, se está lejos de llegar a un acuerdo generalizado.

Bastantes de las investigaciones desarrolladas en organismos científicos han concluido que la visualización del aura humana, por quienes dicen verla, debe ser generada en el cerebro. Este hecho de “ver el aura” sería consecuencia de un fallo en el funcionamiento de las interconexiones cerebrales del observador, fallo conocido como sinestesia, como consecuencia del cual, puede ocurrir que las personas afectadas vean orlas coloreadas alrededor de otras personas a las que conocen previamente.

Esta afección no es frecuente, pero tampoco es tan extraña, de hecho se ha encontrado que se presenta aproximadamente en una de cada dos mil personas entrevistadas. Admitida esa proporción, se plantea ahora la posibilidad de que lo que perciban sea una emanación de la energía que la otra persona desprende, energía que el ojo del observador, en combinación con su cerebro, convertiría en color, el cual dependería del estado de ánimo en que se encuentre el observado.

Antes de seguir adelante, tal vez convendría aclarar que el resultado de la combinación ojo humano + cerebro puede dar resultados un tanto irreales, como puede comprobarse recurriendo a las conocidas “ilusiones ópticas” que son frecuentemente publicadas en los medios, como en el siguiente par de ejemplos que les presento.

En ellos, concretamente en el de la izquierda, los puntos de cruce de las líneas se ven blancos o negros, cuando en realidad son todos blancos, como podrán comprobar si observan la figura cerrando a medias los párpados. Y en el la derecha, si lo recorren con la vista le parecerá que los óvalos se mueven, lo que es evidentemente falso, como podrán también comprobar sin más que fijar la vista en uno de los óvalos.

 

Al final la cosa funciona de forma que el ojo (instrumento óptico) traslada al cerebro (centro de decisión), vía conexiones neuronales (cables orgánicos conductores de corrientes eléctricas), lo que ese ojo ha sido capaz de ver, es decir sólo aquellas longitudes de onda que están dentro del espectro visible, que no es más que una pequeñísima parte del espectro electromagnético, que está lleno de radiaciones que no vemos.

En la siguiente figura se puede ver, ampliada en la parte superior, la pequeña parte que el ojo humano puede ver, que corresponde a la pequeña zona comprendida entre el ultravioleta (UV) y el infrarrojo (IR). En la parte inferior de la imagen se muestra, a la izquierda, lo que vería un ojo humano normal al mirar a alguien que tapa su brazo con una bolsa de plástico negra y a la derecha lo que vería un ojo “especial” que pudiera contemplar la misma imagen, pero no en el espectro visible para los humanos, sino en el infrarrojo. Así pues, en este caso la combinación ojo+cerebro, ambos normales, nos ha engañado escamoteándonos el brazo, que evidentemente estaba allí.

Si se fijan en el espectro global, de donde hemos extraído y ampliado el visible, entresacando y mostrando sus colorines, pueden darse cuenta de la enorme cantidad de radiaciones que el ojo humano no ve. De hecho no vería ningún cuerpo, aunque estuviera delante de sus narices, sin más que tal cuerpo emitiera radiación que estuviera desde los rayos cósmicos, a la izquierda, de muy pequeña longitud de onda, hasta más a la derecha de las longitudes de las ondas de radio, en la zona de ultra bajas frecuencias y por tanto de muy grandes longitudes de onda. O sea que, hablando de radiaciones, EL OJO HUMANO VE MUCHO MENOS DE LO QUE EXISTE, O PUEDE EXISTIR, EN LA REALIDAD.

 

Por tanto, razonando en base a lo anterior, cuando la pareja ojo+cerebro no nos muestre el aura, no debemos concluir que el aura no exista o que no está allí; y en cuanto a los colores presentes en esas auras y su significado, tras investigaciones basadas en miles de entrevistas puede decirse, de una forma puramente orientativa, que podrían ser los de la siguiente relación color-significado:

Violeta.- Persona con pensamientos espirituales.

Azul oscuro.- Equilibrio, plenitud de vida y buena salud, capaz de transmitir energía.

Azul claro o turquesa.- Dinamismo, con mucha energía y buena organización.

Verde.- Paz y tranquilidad. Estado mental de reposo.

Amarillo.- Alto desarrollo espiritual.

Naranja.- Habilidad para ser maestros o guías.

Rojo.- Materialismo, que valora más lo material que lo espiritual.

Rosa.- Equilibrio entre lo espiritual y lo material.

Significado de los colores que podríamos considerar sucios (más oscuros que el fondo).

Marrón.- Persona de escasa espiritualidad.

Gris.- Problemas físicos o mentales. Depresión y pensamientos oscuros.

Blanco.- Enfermedad importante, con dolores físicos.

Estos resultados corresponden a los más frecuentemente citados por las personas con sinestesia, al cotejar sus indicaciones sobre los colores del aura, con las características que ellos mismos asignan a la persona observada.

Pero lo que las investigaciones no han resuelto aún es el por qué los sinestésicos perciben esas cosas y los demás no. Este misterio se resiste a ser resuelto, pese a que son muchas, y desde hace mucho tiempo, las investigaciones sobre qué es el aura y cómo se percibe. No obstante y pese a los enormes avances en ciencia y tecnología, la cuestión previa que se plantea es ¿cómo estudiar desde el punto de vista de la física algo tan intangible como el alma de una persona o sus estados anímicos?

 

Sin embargo, es un hecho que millones de personas en todo el mundo se ejercitan y actúan para mejorar su estado bioenergético, lo que debería mejorar el nivel de ese estado, reflejándose en su aura, aunque los resultados no puedan ser vistos por ellos. Como ejemplo, todos aquellos que se integran en las prácticas de la meditación, el yoga, la acupuntura, el tai-chi, el chi-kung, la homeopatía y tantas otras, trabajan en la línea de mejorar su bioenergía y por tanto su imagen, a la que hemos dado en llamar AURA.

Debemos confiar en que los avances científicos nos llevarán en el futuro a la deseada visualización del aura, que existir seguro que existe. De hecho hay algunas posibilidades, como son el uso de las cámaras fotográficas digitales, que aprovechan el llamado efecto Kirlian, la bioelectrografía computerizada y algunas otras.

De momento, disfrutemos de nuestra estancia en el planeta Tierra, sabiendo que tenemos un aura individual, que por ahora no vemos, pero que, un día no muy lejano, podremos ver gracias a los avances científicos y técnicos. ¡Y suerte a cada uno con su aura, que a fin de cuentas será… LA QUE NOS MEREZCAMOS!

Adolfo Marroquín Santoña

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Un clima mentalmente saludable

En los trabajos que se están desarrollando dentro de Comunidad Europea, al analizar los efectos del cambio climático en la salud humana, se dice que, en general, el actual cambio climático no hace surgir muchas amenazas sanitarias nuevas o desconocidas, pero sí que van a aumentar algunas interacciones entre el medio ambiente y la salud humana, con efectos más fuertes y pronunciados que los observados hasta ahora. Sabemos que el cambio climático va a afectar a la salud humana, ya sea de manera directa, caso de los efectos fisiológicos de calor y frío, o indirecta, por ejemplo, alterando los comportamientos, agravando la propagación de enfermedades, etc.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), define la salud mental como “el estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades; puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

Lamentablemente, la depresión se ha convertido en un trastorno cada vez más frecuente, encontrándose que altera muchas de las acciones y conductas de los individuos que la padecen, llevando a las personas afectadas a sentirse insatisfechas, con un sentimiento de frustración por no haber logrado aquello a lo que aspiraban.

No importa la edad, ni la condición social, la depresión es una enfermedad caracterizada por la tristeza, la pérdida de interés por casi todo, la presencia de sentimientos de culpa, con trastornos de sueño, falta o exceso de apetito y sensación de cansancio continuo.

La OMS señala que la depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo; se calcula que afecta a unos 350 millones de personas. La depresión es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad, alterando las actividades laborales, escolares y familiares.

En la búsqueda de las causas que pueden llevar al ser humano a padecer este tipo de enfermedad, se encuentra que las personas están constantemente influenciadas por el medio ambiente, los animales, las plantas y en general por todo su entorno. Están en marcha estudios sobre cómo el clima influye en el cuerpo y en el ánimo de las personas.

 

Los valores característicos de las estaciones climáticas, ligadas a las astronómicas, no son constantes y estables, por lo que provocan reacciones físicas y psicológicas. Es decir que, el clima puede afectar no sólo a los mecanismos fisiológicos del cuerpo, sino también al humor e incluso puede llegar a dominar las reacciones psicológicas de los individuos.

Si se analizan las diferentes estaciones del año, veremos que el ser humano pasa por los mismos ciclos que el clima. Es decir; la primavera que es el nacimiento, el verano la plenitud, el otoño la declinación y el invierno la muerte. Por eso no es extraño que las personas cambien de humor con los cambios estacionales.

Del mismo modo que existe el confort ambiental en el hogar (y cuando lo perdemos procuramos reestablecerlo mediante equipos de climatización), en el exterior también se pueden dar las condiciones climáticas perfectas: Si la temperatura se encuentra entre 20º y 25º; la humedad relativa del ambiente entre un 40% y un 70%; la velocidad del aire no es inferior a 0,15 m/s ni superior a 0,25 m/s; y la presión atmosférica está en torno a 1013,2 milibares y con ionización negativa, entonces… nos sentimos “en la gloria”.

Pero eso ocurre cada vez con menos frecuencia y nuestra vulnerabilidad va en aumento. Creemos que controlamos el entorno, pero lo cierto es él quien nos controla a nosotros, haciéndonos pagar por las agresiones que cometimos y cometemos sobre el medio ambiente.

Sucede por ejemplo que horas antes de una tormenta, la atmósfera está cargada de iones positivos, por lo que estamos irritables y nerviosos, faltos de concentración, con dolor de cabeza, e incluso con aumento de nuestra presión arterial. Pero una vez que la tormenta descarga, vuelven los iones buenos (los negativos) y nuestro organismo segrega la cantidad idónea de serotonina, la hormona del bienestar, con lo que las cosas mejoran claramente.

También sucede que, cuando hace mucho calor bajan nuestra tensión y nuestra glucosa, y nos sentimos sin energía, sufriendo migrañas, alergias y falta de atención. Y cuando se producen variaciones bruscas de la presión atmosférica, son más frecuentes los ictus y los accidentes cerebrovasculares.

Cuando hay olas de frío es normal que aumenten las bronquitis, las úlceras, los dolores artríticos, la ciática o el lumbago. Y la cosa se complica si el frío viene acompañado de humedad alta y de baja presión atmosférica, puesto que entonces hay que tener cuidado con el corazón, dado que aumenta el número de infartos que se producen.

 

A la vista de todo esto, y de muchos más aspectos que no detallamos aquí, es muy probable que el cambio climático tenga repercusiones importantes relacionadas con la salud en general y con la salud mental en particular, sin embargo en la actualidad es escasa la investigación sobre esto último. Parece lógico que, ante los cambios que se prevén, esta situación se debería remediar cuanto antes para que las autoridades competentes puedan tomar las medidas pertinentes contra el impacto del cambio climático sobre la salud.

Algunos autores calculan que este fenómeno provoca ya actualmente más de 150 000 muertes cada año, cifra que muy probablemente empeorará en las próximas décadas. Por otra parte, se prevé que el cambio climático provoque catástrofes naturales más frecuentes, y se sabe que tras un episodio catastrófico, surgen más problemas relacionados con la salud mental, como el trastorno por estrés postraumático, depresión grave, etc.

Como ejemplo pueden citarse los acontecimientos relacionados con el huracán Katrina, en Estados Unidos, que pusieron de manifiesto como la asistencia médica y psiquiátrica para quienes padecen enfermedades mentales puede deteriorarse drásticamente después de una catástrofe, justo cuando es más necesaria.

De cara al futuro, es más que previsible que la subida del nivel del mar obligará a desplazarse a millones de personas residentes actualmente en zonas litorales. También se espera que en las zonas azotadas por inundaciones, sequías y otros fenómenos extremos, se produzcan éxodos de grandes proporciones. Los movimientos migratorios masivos agravarán sin duda la aparición de enfermedades mentales en las poblaciones afectadas.

Aunque parece que se está tomando conciencia de los efectos del cambio climático en la salud mental, lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones se habla de dichos efectos en términos ambiguos e imprecisos, y en los debates rara vez participan quienes realizan investigaciones sobre la salud mental o aquellos con suficientes competencias y autoridad como para tomar decisiones. En consecuencia, parece poco probable que la salud mental figure en el orden del día de las próximas Cumbres del Clima.

Adolfo Marroquín Santoña

Fuentes: OMS, Organización Mundial de la Salud.  CORDIS, portal de la Comisión Europea para difusión de proyectos de investigación en la Unión Europea.

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.