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Categoría: CLIMATOLOGÍA
Cambio climático, catástrofe o negocio

01-cambio-clima-y-beneficiosPermítanme revisar y comentar aquí algunos hechos:

1.- Nunca, desde hace casi un millón de años, la concentración de GEI (Gases de Efecto Invernadero), había alcanzado y superado las 400 ppm (partes por millón) como está ocurriendo en la actualidad, manteniéndose la tendencia creciente.

2.- Nunca, desde hace casi dos siglos, se habían registrado tantos y tan violentos FMA (Fenómenos Meteorológicos Adversos) extendiéndose a todo el planeta.

3.- Nunca se ha hecho el caso necesario y suficiente, a los avisos que sobre este tema vienen difundiéndose, entre otros, por parte del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), creado en 1988, que ha emitido ya cinco informes de evaluación sobre el cambio climático, sus causas, posibles repercusiones y estrategias de respuesta.

4.- Nunca deberíamos esperar que algunos de los gobernantes actuales, que en muchos países tienen como única formación la adquirida en su larga etapa de políticos profesionales, entiendan la relación causa-efecto entre GEI y FMA, como les viene advirtiendo reiteradamente el IPCC, donde también hay políticos, no nos engañemos, pero donde al menos existen, a su alrededor, muchos y buenos científicos climáticos.

Pese a todo, en 2015 tuvo lugar en París la vigésimo primera sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) de la que nació el conocido como Acuerdo de París, en el que se estableció, no sin muchas dudas, reservas y objeciones, el marco global de lucha contra el cambio climático, que debería regir a partir de 2020. Un intento, supuestamente global, para resolver los problemas que causaría el cambio climático, éste sí realmente global.

Y ahí tienen ustedes a Donald Trump, presidente de uno de los países más poderosos y contaminantes del planeta, que como gobernante no procede de la cantera de políticos profesionales, sino del mundo de los “negocios a la americana”, y que quiere excluir de la COP21 a los EEUU, porque tiene sus dudas en la citada relación causa-efecto GEI-FMA, pero, sobre todo, por su convencimiento de que ese acuerdo perjudicaría a la economía de su país, aun cuando medioambientalmente fuera beneficioso para el planeta en su conjunto.

En la actualidad, varios de los mayores bancos del mundo han promovido, junto con la ONU, la transparencia financiera en materia climática; entre estos bancos, con un capital de más de siete billones de dólares, se pueden citar a ANZ, Barclays, Bradesco, Citi, Itaú, National Australia Bank, Royal Bank of Canada, Santander, Standard Chartered, TD Bank Group y UBS.

Sinceramente, no dudo que estos bancos, y algunos más que, llegado el caso, se les irán uniendo, tengan buenísimas intenciones, pero naturalmente sería utópico pensar que entre esas intenciones no figure la de su propio beneficio; lo que, por otra parte es no sólo lícito y lógico, sino fundamental en un mundo regido por las finanzas y la obtención de máximos beneficios económicos. Obviamente, los bancos y las entidades financieras en general no son organizaciones sin ánimo de lucro (OSAL), sino muy al contrario, son organizaciones que persiguen el máximo lucro posible. Hasta ahí, todo bastante normal y natural.

Sin embargo, el cambio climático es, hoy por hoy, uno de los mayores problemas a que se enfrenta la humanidad; en este diagnóstico coinciden tanto científicos, como políticos, empresarios y hasta los propios banqueros. Pero, el cambio climático que estamos padeciendo en la actualidad, y el que padeceremos si las cosas no cambian mucho y pronto, no se ha producido de forma natural, al menos no totalmente, puesto que ha sido causada sobre todo por la enorme y rapidísima acumulación de GEI en la atmósfera y en los océanos, como consecuencia de un modelo productivo inadecuado e insostenible, en el que hay responsables y víctimas.

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En la imagen superior, he colocado a la izquierda los países más contaminantes del mundo, coloreados de marrón oscuro a blanco, con el significado de cuanto más oscuro el color, más pecador, es decir más responsable por su acción contaminante; como se puede comprobar a simple vista, los máximos responsables de este problema se sitúan en el hemisferio norte. En la derecha figuran los países que más padecerán las consecuencias, coloreados también en marrón, pero significando ahora que cuanto más oscuro el color, más víctimas, es decir más muertos a consecuencia del cambio climático. Al contrario que antes, se comprueba ahora que las víctimas se concentran en países situados en el hemisferio sur.

Dicho lo anterior, lo cierto es que casi todos, somos responsables de haber llegado a la actual situación climática, y todos somos víctimas. Sin duda, somos responsables y, a la vez, somos víctimas, pero debe quedar claro que unos son mucho más responsables que otros y estos otros serán mucho más víctimas que aquellos unos.

Sin embargo, en la cobertura, tanto científica como periodística de este fenómeno de dimensiones planetarias, frecuentemente se ignora el papel de los causantes, y se dirige el foco sólo a los efectos y a las víctimas. Si nos planteamos, por ejemplo, porqué el presidente Trump ha querido sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París, la realidad hay que buscarla, no en la justicia social, ni en la seguridad climática, sino la seguridad de la economía de su país, como dijo ya claramente en su toma de posesión: “America first”.

Ahora bien, esa seguridad económica buscada, les va a crear en el futuro muy poca seguridad meteo-climática, a los “súbditos americanos” de Trump, como se han encargado de demostrar algunos de los recientes huracanes, como Harvey, Katia, Irma, José, … y los que vendrán después, siguiendo la ruta marcada por las aguas cálidas de los océanos, consecuencia del calentamiento global del planeta.

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Lamentablemente, y aunque sea muy triste tener que reconocerlo, lo cierto es que no se va a plantear ningún cambio ni del funesto modelo energético, ni del desarrollo insostenible, mientras ello suponga perder beneficios. Pero ¿se puede conseguir reducir riesgos climáticos y aumentar beneficios? Pues eso será muy difícil, por no decir imposible. Sin embargo, ahí están los financieros (bancos) y los políticos (gobiernos) para plantearse la cuadratura del círculo, consiguiendo hacer negocio ante las catástrofes que acompañan y acompañarán al cambio climático.

Se trata, dicen, de un esfuerzo colectivo dirigido por ONU – Medio Ambiente (ONU-MA), para fortalecer la evaluación y divulgación que hacen las instituciones financieras sobre los riesgos y oportunidades relacionados con el clima. La iniciativa permitirá a los bancos, dicen, seguir las recomendaciones de los grupos de trabajo, presentadas recientemente en la cumbre del G20. Al mejorar, dicen, su comprensión de los riesgos y oportunidades relacionados con el clima, las instituciones estarán mejor capacitadas para ayudar a financiar la transición hacia una economía más estable y sostenible.

Según plantea el propio Erik Solheim, Director Ejecutivo de ONU-MA, “El mensaje de los pesos pesados del mundo financiero es claro: el cambio climático plantea una amenaza real y seria para nuestra economía. Al mismo tiempo, hay enormes oportunidades de negocio en el campo de la acción climática. La transparencia sobre cómo las instituciones financieras mitigan los riesgos y aprovechan las oportunidades mientras hacemos frente al cambio climático es crucial para impulsar a los mercados a apoyar activamente un mundo resiliente, bajo en carbono”.

Ojalá sea así y llegue el momento en que todos ganemos en este negocio en el que, por ahora, la mayoría perdemos, mientras sigue habiendo responsables y víctimas.

Adolfo Marroquín Santoña

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En clima, como en otras cosas, el peligro es la velocidad

Recuerdo haber oído decir en una ocasión que “las balas no matan, lo que mata es la velocidad que llevan”; lo que resulta ser una absoluta evidencia…; y lo mismo podríamos decir de los accidentes de tráfico, en los que resulta también evidente que lo que mata es la velocidad de los vehículos implicados, puesto que estando aparcados son bastante inofensivos. Pues bien, aunque no siempre resulte tan evidente, la velocidad es también el problema fundamental en relación con el conflicto climático, en que estamos metidos; concretamente la velocidad con la que hemos inyectado en la atmósfera los tristemente famosos GEI (Gases de Efecto Invernadero).

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Si las emisiones de esos gases hubieran sido razonablemente lentas, entendiendo por tal el ritmo de emisión compatible con la capacidad de absorción por parte del Sistema Climático de nuestro planeta, como había venido ocurriendo a lo largo de los siglos anteriores al XIX, no hubiera pasado nada, o casi nada, puesto que la naturaleza, que no soporta las prisas y los desequilibrios, se hubiera encargado de mantener el deseable equilibrio; evitándose así el calentamiento global del planeta y las consecuencias asociadas, incluidas las numerosas anomalías climáticas, que se conocen bajo la denominación general de Cambio Climático.

Según datos del IPCC (Intergubernamental Panel sobre Cambio Climático) la temperatura promedio del planeta, como consecuencia de la emisión de GEI, fundamentalmente del famoso dióxido de carbono (CO2), se incrementó en 0,7 ºC durante el pasado siglo XX y de acuerdo con las estimaciones aumentará del orden de entre 2 y 4 ºC en el presente siglo. Estos valores pueden parecernos poco importantes, y sin embargo suponen el mayor y más rápido aumento, de los últimos cientos de miles de años.

La superficie terrestre absorbe el calor de la radiación solar incidente y vuelve a irradiarlo hacia la atmósfera y el espacio. Pero, los gases de efecto invernadero absorben buena parte de este calor, impidiendo su devolución hacia el espacio exterior, y volviendo a reemitirlo hacia la superficie del planeta.

Este proceso es lo que se conoce popularmente como “efecto invernadero”, pero quizás sería más apropiado denominarlo “efecto de abrigo”. Aunque los gases de efecto invernadero constituyen tan sólo el 1% del total de los gases presentes en la atmósfera, su capacidad de atrapar el calor, abrigando al planeta e impidiendo la devolución de ese calor al espacio, es enorme. Y nosotros, al quemar cada día más combustibles fósiles, en la práctica estamos amontonando más y más capas de abrigo que calientan el planeta tanto, y tan rápidamente, que la naturaleza no es capaz de adaptarse.

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Por otra parte, el vapor de agua es sin duda el más importante de los gases de efecto invernadero que ocurren naturalmente, ya que es responsable del 60% de dicho efecto, en comparación con el dióxido de carbono, que aporta tan sólo el 26%. Si bien las actividades humanas no aumentan la cantidad de vapor de agua en la atmósfera directamente, lo cierto es que el calentamiento producido por otros gases, como el CO2, provoca más evaporación y aumenta la cantidad de vapor de agua que puede contener la atmósfera. De hecho, desde 1988 nuestros satélites han detectado un incremento en la humedad atmosférica sobre los océanos, del orden del 7% por cada grado centígrado de calentamiento.

Todo esto da lugar a “la pescadilla que se muerde la cola”, puesto que, a su vez, este vapor de agua adicional aumenta el calentamiento, ya que, como hemos dicho, el vapor de agua es uno de los gases más potentes de efecto invernadero o abrigo. Por otra parte, la presencia de más vapor de agua también puede aumentar la producción de nubes, cuyo efecto es complejo, ya que pueden enfriar la atmósfera, reflejando la luz solar, y también calentarla, atrapando el calor. Es decir que, como vemos, estamos complicando a la naturaleza su tarea de seguir haciendo su trabajo, que es el de mantener el equilibrio.

Si bien las moléculas individuales de los otros gases de efecto invernadero, como el vapor de agua, son más potentes en términos de su capacidad de atrapar el calor, la enorme cantidad de dióxido de carbono introducida en la atmósfera durante el último siglo debido a las emisiones generadas por el ser humano y la capacidad de dicho gas de permanecer en la atmósfera durante decenas e incluso cientos de años, explican por qué el dióxido de carbono es un tema de permanente preocupación.

El incremento de la temperatura global causa alteraciones en los patrones del clima, una atmósfera más caliente, a la que no estamos dando tiempo de enfriarse de forma natural, almacena más energía y una atmósfera cargada de energía genera más y más eventos, cada vez más extremos y frecuentes, como está ocurriendo ya en la actualidad con la presencia de olas de calor en muchas áreas del mundo, alternándose espacial y temporalmente con olas de frío, dando lugar a anomalías en las temperaturas, pero también las precipitaciones, que alteran el día a día de los humanos.

De hecho, como decíamos, el cambio climático no sólo conlleva un aumento de las temperaturas medias a nivel mundial, sino que implica también un aumento en la variabilidad climática; batiéndose numerosos récords por altos valores, tanto de temperaturas como de precipitaciones, pero pasados unos meses, se presentan también récords en el número de días de heladas o en las sequías. Se trata por tanto de fuertes anomalías térmicas, pero también de anomalías que afectan y afectarán a todas las componentes del sistema climático y del medio ambiente en general.

Durante las últimas décadas hemos vivido cambios a escala planetaria, presididas por un calentamiento global, pérdidas de biodiversidad por la extinción de especies, destrucción de hábitats, etc. Y, en todos estos procesos, la responsabilidad de la actividad humana es evidente, no sólo por la emisión de gases contaminantes, sino por los cambios en los usos del suelo, por la urbanización descontrolada, por la extracción y explotación, a un ritmo totalmente imprudente, de los recursos naturales del planeta, etc.

En la actualidad ya hemos superado las 400 ppm (partes por millón) de CO2 en la atmósfera, y cada año batimos varios récords en temperaturas, con inviernos más calurosos y olas de calor en verano, los glaciares de montaña y también los casquetes en Groenlandia y en la Antártida están fundiéndose con rapidez, y la disminución del periodo de banquisa en el Ártico abre la amenazadora visión de un Polo Norte sin hielo, lo que ocurrirá tan pronto como en los veranos de la próxima década, desapareciendo el permafrost en muchas áreas del planeta, sobre todo en altas latitudes y montañas.

03-pasado-futuro-tempSabemos que nuestro planeta, a lo largo de los millones de años de su existencia, ha sufrido importantes cambios de temperatura; de hecho se dispone de datos que lo demuestran, a lo largo de las sucesivas glaciaciones, en los últimos 800.000 años, pero la velocidad a la que están ocurriendo los cambios en la actualidad es muy superior a la de los cambios climáticos anteriores, que eran naturales, y parece evidente que no podemos, o al menos no debemos, esperar décadas o siglos para constatar los efectos del actual cambio rápido en el aumento del nivel del mar, en la temperatura, en la fusión de los hielos, y todas las demás consecuencias, puesto que puede ser demasiado tarde para poner en marcha medidas de mitigación o de adaptación al cambio.

En la antigüedad de la historia de la Tierra, cuando el clima era mucho más cálido, el material vegetal quedaba enterrado en enormes ciénagas, con tal rapidez que no llegaba a descomponerse; después estos restos enterrados estuvieron sometidos a calor y presión, con lo que finalmente se transformaron en carbón. De forma análoga, los microorganismos enterrados en fondos marinos y lacustres a lo largo de la historia del planeta se convirtieron en petróleo. Estos procesos secuestraron grandes cantidades de carbono en forma de petróleo, gas natural y carbón. Al quemar después estos materiales, a un ritmo creciente, sobre todo en los últimos 150 años, hemos liberado a la atmósfera, muy rápidamente, el carbono que el planeta había almacenado a lo largo de cientos de millones de años.

Eso es precisamente lo que la naturaleza no soporta, las prisas, y más aún las prisas que provocan desequilibrios; de forma que, si no queremos entrar en conflicto con la propia naturaleza, o frenamos mucho y pronto la velocidad de nuestras emisiones, o la naturaleza nos hará pagar por ello… Y NO NOS GUSTARÁ CÓMO.

Adolfo Marroquín Santoña

 

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El Sol, y sus cinco ayudantes, origen del clima y sus cambios

01-sistema-climatico-e-inter-relacionesA lo largo del tiempo, durante miles y millones de años, el clima de la Tierra ha ido cambiando, y esto se debe a que muchos fenómenos terrestres, oceánicos y espaciales han participado en la modelación de los climas del planeta. El Sol es el principal agente generador del clima, puesto que prácticamente es la única fuente de la energía que alimenta el funcionamiento del Sistema Climático.

Este Sistema Climático (SC) esta a su vez constituido por cinco Subsistemas, a los que he calificado de ayudantes en el título de este artículo, puesto que son cooperantes necesarios para que las cosas sean como son en el clima. Vamos a echar una breve ojeada al papel e importancia que el Sol y algunos de sus citados ayudantes juegan en este asunto.

La energía que el Sol emite, y que la Tierra recibe, no es estrictamente constante, pero sus variaciones son proporcionalmente tan pequeñas, al menos por ahora, que no influyen de manera esencial en el cambio climático que venimos padeciendo. Sabemos que, en los dos últimos siglos, la producción energética del Sol aumentó en aproximadamente un 0,1 %, lo cual pudo suponer un aumento de apenas una décima de grado en la temperatura de nuestra atmósfera durante la primera mitad del siglo XX.

Sin embargo, los datos obtenidos desde 1979, cuando comenzamos a realizar mediciones desde el espacio de la energía aportada por el Sol, indican que la Tierra ha seguido calentándose, sin que se haya producido ningún cambio significativo en la energía solar media que ha venido recibiendo; por tanto, no parece que el actual calentamiento del planeta deba asociarse a cambios en la emisión de energía desde el Sol.

Por otra parte, algunos cambios producidos en los ciclos repetitivos de la órbita terrestre pueden afectar al ángulo de incidencia de la radiación solar, y con ello a los efectos de la energía solar incidente. El ángulo de inclinación del eje terrestre, el movimiento producido por la precesión de los equinoccios y el grado de estiramiento (excentricidad) de la órbita de nuestro planeta producen los llamados ciclos de Milankovitch que parecen ser los que activaron y desactivaron las glaciaciones de los últimos millones de años.

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Pero estos cambios tardan miles de años en producirse, o sea que tampoco parece ser ésta la causa del rápido calentamiento ocurrido en el planeta Tierra a lo largo del último siglo.

Por otra parte, a lo largo de millones de años, el movimiento de los continentes alteró profundamente el clima, provocando cambios en los casquetes polares y en la trayectoria de las corrientes oceánicas, que son las verdaderas responsables del transporte de energía, distribuyendo el frío y el calor desde y hacia los abismos oceánicos.

Estas corrientes, distribuidas por todos los océanos del planeta son, a su vez, las responsables de muchos de los procesos atmosféricos, que a lo largo del tiempo van perfilando los climas, y con ellos los paisajes, de las diferentes zonas. La presencia y cantidad de nieve y hielo en la Tierra también afecta a la meteorología, y a través de ésta al clima, ya que las superficies de hielo y nieve reflejan más energía solar que el manto terrestre o las aguas oceánicas, ambos más oscuros y por tanto con una mayor captación de la radiación energética. La inyección de aerosoles, cenizas y otras partículas, sólidas o líquidas en la estratosfera, por gigantescas erupciones volcánicas cada vez más frecuentes, también es capaz de enfriar el planeta.

La opacidad atmosférica que resulta, tras las fuertes erupciones volcánicas, puede hacer que disminuya la radiación solar entrante, por períodos de hasta uno o dos años, tras el suceso. El polvo y las pequeñas partículas arrojadas al aire, como consecuencia de la difusión de enormes nubes de polvo, procedente de los desiertos, por procesos naturales, o como resultado de actividades humanas, pueden producir efectos similares a los de los aerosoles volcánicos.

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La litosfera ha contribuido al reequilibrio del sistema climático en su conjunto. Existen numerosas referencias bibliográficas acerca de la gran actividad volcánica desde mediados del siglo XVIII, actividad que muy probablemente ha jugado un papel importante en el balance radiativo del planeta, por la inyección de enormes cantidades de aerosoles, que podríamos evaluarlas en millones de toneladas, que llegan a alcanzar la estratosfera, permaneciendo durante meses, e incluso años, durante los cuales se reduce la entrada de la radiación solar incidente y con ello el calentamiento del sistema.

Es conocido el efecto que determinadas erupciones volcánicas han tenido sobre el clima, en concreto sobre la temperatura del planea. Algunas conocidas erupciones, muy potentes, capaces de lanzar aerosoles hasta la estratosfera, en los siglos XIX y XX, fueron las de Tamborra en 1815, Krakatoa en 1883, Katmal en 1912, Santa Helena en 1980, El Chichon en 1982, Rebout en 1990, entre otras; todas las cuales dieron lugar a descensos globales en las temperaturas del planeta.

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Todos estos procesos y sus consecuencias, son bien conocidos, mientras que sin embargo no está suficientemente investigado, al menos en mi opinión, el papel del Sistema Climático (SC) en su conjunto, desde el punto de vista de la coordinación de sus cinco componentes, los cinco ayudantes del Sol, sobre todo bajo el aspecto de la organización y reparto de tareas entre los cinco. Por ejemplo podríamos planearnos si las erupciones volcánicas que antes citaba, que tanta importancia han tenido de suavizar el calentamiento, pudieran tener una “potencial voluntariedad”, como si hubieran sido decididas y ordenadas por parte del conjunto de los cinco ayudantes.

Esto puede parecer raro, puesto que supondría que la propia naturaleza ha tomado parte activa en las decisiones, sin embargo no es algo tan raro, y de hecho nos llevaría a una aproximación a la teoría que subyace tras la conocida como Hipótesis Gaia, que considera que el planeta en su conjunto actúa como lo haría un ser vivo, no siéndolo naturalmente… ¿o tal vez sí?, interactuado sus componentes, los cinco ayudantes, como lo harían las componentes del cuerpo humano, cuando se siente atacado por una enfermedad.

Adolfo Marroquín Santoña

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Las anomalías del clima se veían venir desde el siglo XIX

01-antes-y-despues-del-cambicliDesde hace ya varios años, los términos efecto invernadero, calentamiento global, cambio climático, extinción de especies, degradación de suelos, desertificación, y otros, se han hecho habituales en los medios de comunicación, por lo que resultan ya generalmente conocidos, al menos “de oídas” o “de leídas”, a pesar de lo cual siempre faltan cosas por conocer y aclarar. Por ejemplo, es frecuente llamar “cambio climático” al conjunto formado por las causas y sus efectos, cuando convendría separar ambos conceptos.

Frecuentemente se dice que son consecuencia del cambio climático cosas que poco o nada tienen que ver con él, y sin embargo no se le achacan situaciones que sí son consecuencia de ese cambio. Es como si se hubiera troceado el tema, separando las piezas como si se tratara de un puzle, y después tratásemos de forzar la entrada de una pieza en un hueco, sea el suyo o no.

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Algunas realidades, constatadas por la observación, son que los glaciares están derritiéndose en todo el mundo y que, con cada verano, disminuyen más y más los hielos marinos, de forma que las criaturas marinas tienen ya dificultades para sobrevivir en aguas cada vez más cálidas y la reducción de las poblaciones de peces amenaza el sustento de aquellos que dependen de la pesca.

Los incendios forestales y las olas de calor son cada vez más frecuentes y violentos, produciendo cada año numerosos daños materiales, y lo que es peor incluso pérdidas de vidas, al tiempo que los cambios en los patrones de distribución de las enfermedades hacen que la población humana sea más vulnerable a brotes de infecciones, algunas de ellas graves, que hasta ahora no nos habían atacado. Al mismo tiempo, algunas regiones se enfrentan a inundaciones devastadoras, mientras que otras atraviesan períodos de sequía de larga duración.

Todos estos eventos afectan enormemente a nuestra sociedad y a muchas de sus actividades, y las previsiones de los climatólogos sugieren que estas situaciones seguirán presentándose en el futuro, y cada vez con mayor intensidad, de forma que estos temas seguirán dominando los titulares de los medios de comunicación. Sin embargo, el tema no es nuevo, puesto que hace más de siglo y medio que este asunto ha venido preocupando y ocupando a los científicos. Volviendo al símil del puzle, la situación es similar a armar uno de ellos gigantesco, en el que cada pieza individual aportara un poco de información, pero de manera que, a medida que colocamos más piezas en sus sitios, el puzle va adquiriendo una forma que podemos identificar, pese a que algunas partes aún quedan por terminar.

03-svante-arrheniusHoy en día, prácticamente la totalidad de los climatólogos, sobre todo aquellos de primera línea, que tienen un cierto prestigio, coinciden en que las partes del puzle, que hemos logrado armar hasta ahora, muestran claramente que en efecto se está produciendo un cambio climático inducido por la actividad humana. Pero ésta no es una teoría reciente, puesto que ya en el siglo XIX, un respetado científico sueco llamado Svante Arrhenius publicó una serie de artículos e incluso un libro en 1896, en los que hacía una predicción que, en aquellos momentos parecía descabellada, pero que, con el transcurso del tiempo, demostró ser acertada.

Arrhenius estaba investigando el ciclo del carbono con un colega, un estudio que incluía, entre otras cosas, un cálculo aproximado de los cambios producidos en el nivel de dióxido de carbono (CO2) por procesos naturales tales como la meteorización de las rocas, las erupciones volcánicas y la absorción de dicho gas por los océanos. Esto se había hecho ya en décadas anteriores al trabajo de Arrhenius, pero lo que nadie se había planteado antes era considerar como una posible fuente de CO2, al propio ser humano y sus actividades, planteándose la pregunta ¿Será posible que el ser humano llegue a cambiar el clima en el futuro?

Arrhenius calculó que sería suficiente duplicar el dióxido de carbono presente, en su época, en la atmósfera para que la temperatura de la Tierra aumentara del orden de 5 a 6 °C, pero a él le tranquilizaba pensar que, al ritmo de emisiones de 1896, esa subida tardaría miles de años en producirse. Sin embargo, para cuando sus artículos y publicaciones sobre el tema salieron a luz, concretamente en 1908, la cantidad de carbón que se estaba quemando había aumentado tanto que Arrhenius cambió su estimación anterior, modificando sus previsiones y pasando el plazo que él había estimado en miles de años a “unos pocos siglos”.

Por otra parte, esta aceleración en la emisión de gases de efecto invernadero, no preocupaba demasiado a Arrhenius, que incluso creía que un clima más cálido sería beneficioso, lo que únicamente se comprende, si tenemos en cuenta que él vivía en Estocolmo, a unos pocos cientos de kilómetros del círculo polar ártico, donde una subida de temperaturas se veía como algo lleno de interesantes posibilidades.

Arrhenius ganó el Premio Nobel de Química en 1903, y transcurrido más de un siglo desde sus estimaciones originales, se ha encontrado que fueron sorprendentemente cercanas a los mejores cálculos actuales. Hoy día los climatólogos no tenemos ninguna duda de que estamos inmersos en un cambio climático y de que la rapidez con la que se está desarrollando ha sido inducida por la actividad humana. Y, por supuesto, lejos del optimismo de Arrhenius, válido únicamente para algunas áreas de Suecia, las consecuencias del cambio no pueden considerarse como globalmente beneficiosas, sino más bien todo lo contrario.

Todas las formas de medición a nuestra disposición indican que el planeta está calentándose, y que hace varios decenios que la temperatura está bastante más alta que sus valores de referencia anteriores. Si bien un aumento del orden de 0,7 °C a lo largo del último siglo no parecería una gran amenaza, hay que recordar que se trata de un promedio mundial, por lo que la situación, para áreas concretas de nuestro planeta, está presentando ya valores que sitúan a muchas personas bastante lejos del confort deseable. Siendo el calentamiento mayor sobre tierra firme que sobre los océanos y mayor en las latitudes altas que en las regiones tropicales, como puede comprobarse en los siguientes gráficos de anomalías térmicas globales, generados por la University Corporation for Atmospheric Research.

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Es evidente que en la actualidad estamos ya experimentando algunos de los efectos asociados al cambio climático. Un ejemplo de ello podemos encontrarlo en cómo, recientemente, en los últimos decenios, se están registrando récords de temperaturas máximas, y episodios de intensas y prolongadas sequías, con una elevada frecuencia y con patrones similares en todo el planeta.

Mientras el clima global ha permanecido relativamente estable durante varios miles de años, las variaciones regionales en el clima han influido profundamente en la historia de la humanidad; ahora sabemos que lo contrario es cierto también, es decir que las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles y la deforestación de grandes áreas, han tenido una gran influencia en el clima de la Tierra.

El IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) llegó a la conclusión de que el efecto neto de las actividades humanas desde mediados del siglo XVIII ha sido un apreciable aumento de la temperatura a lo largo del siglo XIX, continuando, e incluso incrementándose, durante el XX y en el presente XXI. El IPCC atribuye la influencia humana en el calentamiento global principalmente al incremento de tres gases, que han resultado claves para atrapar calor en la atmósfera, el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.

Pues bien, la mayor parte de todo esto que hemos comentado, se sabía desde hace más de un siglo, y se ha venido anunciando y denunciando desde entonces, en todos los foros, a través de todos los medios y a todos los niveles, local, regional, nacional, continental y global, por desgracia con muchas reuniones, llenas de fotografías y brindis de los reunidos, pero vacías de unanimidad en los acuerdos y sobre todo de la voluntad en el cumplimiento de los mismos.

Ojalá que GEA (GAIA) nos eche una mano, antes de que crucemos el punto de no retorno.

Adolfo Marroquín Santoña

 

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El clima puede que se defienda atacando

En un artículo anterior, que titulaba “Calor, frío y viceversa, alguien está loco”, les exponía a ustedes las anomalías térmicas padecidas por gran parte de Europa, y sobre todo España, a finales de la primavera y comienzo del verano del 2017. Pues bien, de momento los modelos climáticos de predicción indican que, durante gran parte de este verano las altas temperaturas se van a prolongar, en el hemisferio norte, por lo que he decidido comentar con ustedes algunas cosas, referidas a sus reales, o al menos potenciales, efectos sobre nuestra salud o nuestras actividades de esas altas temperaturas.

En un artículo que aparece en una edición reciente de la revista “Nature Climate Change”, en la U.S. National Library of Medicine, se afirma que las ciudades podrían ser las más afectadas por el cambio climático, puesto que el asfalto, el hormigón, los coches, los equipos de aire acondicionado, etc., intensifican el efecto del calor en las ciudades, dando lugar a las conocidas como “islas de calor urbanas”.

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Esto se agrava cuando las superficies naturales como la vegetación y el agua son reemplazadas por el cemento y el asfalto, que captan el calor de la radiación solar y lo reemiten en forma de radiación infrarroja de onda larga. Se calcula que, para 2050, el efecto de la isla de calor hará que se añadan, como media, al menos 2 ºC, a las previsiones del calentamiento global en las grandes ciudades.

Las temperaturas crecientes aumentarán los costos económicos de la vida en las ciudades de varias formas; por ejemplo, los costos potenciales incluyen el aumento del consumo de energía para la refrigeración, con aumento en la contaminación del aire y el agua, así como una productividad más baja de los trabajadores. Se piensa que poner en marcha medidas de adaptación, a nivel de cada ciudad, para limitar el calentamiento local, producirán en el futuro importantes beneficios económicos netos, para casi todas las ciudades del mundo, y conviene tener en cuenta que las ciudades, que cubren apenas un 1 % de la superficie de la Tierra, producen casi un 80 % del PIB mundial, consumiendo cerca del 78 % de la energía del planeta, y acogiendo a más de la mitad de la población del mismo.

En la revista “Science Advances”, se afirma, lo que por otra parte es evidente, que dormir mal puede tener un enorme impacto en las personas, tanto en su la calidad de vida, como en el rendimiento en el trabajo, por lo que las crecientes temperaturas nocturnas que el cambio climático está trayendo podrían significar que millones de personas duerman cada vez peor, puesto que el cambio hará que, muy probablemente, aumente la frecuencia de temperaturas nocturnas inusualmente altas.

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En el estudio, llevado a cabo en Estados Unidos, se realizaron encuestas sobre miles de personas, domiciliadas por todas las regiones del país, que cada día anotaban cómo habían dormido la noche anterior. Posteriormente los investigadores recogieron los datos meteorológicos de cada noche, en cada una de las ciudades en que vivía cada participante de la encuesta, y compararon las temperaturas nocturnas con los reportes de insomnio, encontrando que en las noches calurosas es más difícil conciliar el sueño para todos, pero lo es más para las personas con ingresos bajos y de más edad.

Las causas son que las personas con poco dinero suelen vivir en lugares que, o no disponen de aire acondicionado, o no pueden permitirse dejar funcionando el equipo todo el tiempo. Por otro lado, las personas mayores no pueden regular su temperatura corporal tan bien como las más jóvenes, lo que las hace más vulnerables al calor. Evidente, si se daban las dos circunstancias, es decir para las personas mayores con ingresos bajos, se encontró que fueron las que tuvieron más dificultades: 10 veces más noches de insomnio que todas las demás.

No recuerdo haber oído hablar de este asunto a los gobiernos, ni a los políticos en general, y sería deseable ir ocupándose y hasta preocupándose por ello, sobre todo en aquellos países que, como España, van camino de encontrarse CON TODO: muy altas temperaturas, muy alta población de edad avanzada y muy bajas pensiones.

El estudio del que se han obtenido estos datos se ha hecho en Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo y que tiene un clima relativamente templado, de forma que podemos anticipar que los efectos serán bastante más graves en países como España, Portugal, Italia o Grecia. De lo contrario llegaremos a que unas noches cálidas más frecuentes, podrían conducir a un aumento en los fallecimientos de personas mayores, que necesitan el sueño para recuperarse del estrés por el calor. Ánimo gobiernos y políticos… (¡Montoro, absténgase!).

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En otro orden de cosas, la revista “Nature Ecology and Evolution”, publica un artículo en el que se afirma que el cambio climático podría favorecer que se produzcan más incendios forestales extremos en todo el mundo en las próximas décadas. En este trabajo se analizaron los datos de casi 500 incendios forestales extremos que se produjeron en todo el mundo entre 2002 y 2013. Los autores del estudio concluyeron que, salvo que se tomen medidas para rebajar la emisión de gases invernadero, habría en el mundo un aumento de entre un 20 y un 50 % en el número de días en que las condiciones serían óptimas para los incendios, siendo máximo este riesgo en zonas como Australia o Europa, y más en concreto los países ribereños del Mediterráneo.

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En un estudio publicado recientemente, por un equipo de científicos de la Universidad de Hawái, en la revista “Nature Climate Change”, se afirma que habrá más olas de calor letales con el cambio climático. A día de hoy, más o menos un 30 % de las personas del mundo están expuestas a olas de calor letales cada año, e incluso con los esfuerzos que podrían conducir a una reducción significativa en las emisiones de gases que fomentan el cambio climático, un 48 % de la población seguirá estando en riesgo en 2100, según el equipo internacional de investigadores, que ha desarrollado este trabajo.

El cambio climático ha puesto a la humanidad en un camino que se hará cada vez más peligroso y difícil de revertir; más vale que muy pronto se tomen serias medidas para la disminución de las emisiones de los GEI (Gases de Efecto Invernadero) en todo el planeta; porque, de no hacerlo así, el clima nos hará la vida… ,digamos que “muy incómoda”.

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Pero saben ustedes qué es lo más triste de este asunto, pues el hecho de que quienes tienen que tomar las decisiones necesarias, y sobre todo imponer, a ser posible convenciendo, que esas decisiones se cumplan, Y NO LO HACEN, son las personas, organizaciones y naciones más ricas y poderosas del mundo; mientras que quienes más padecerán este pecado de omisión, llegando incluso a la PÉRDIDA DE VIDAS, serán las naciones y personas más pobres y débiles de este planeta.

En fin, que Dios, o quien tenga esa responsabilidad, castigue a unos y premie a otros, de acuerdo con la responsabilidad y sufrimientos de cada uno, ¡AMÉN!

Adolfo Marroquín Santoña

 

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Calor, frío y viceversa, alguien está loco

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Ante los fenómenos meteorológicos adversos, o simplemente anómalos, frecuente acusamos al clima de estar loco, y hasta es muy probable que lo esté, pero sin embargo no nos damos cuenta de que tal vez le hemos vuelto loco nosotros, con nuestras continuas agresiones; en ese sentido, en la imagen anterior, el único que parece haberse fijado en algunas de las causas es el niño, con su irónico comentario.

Vamos a echar una breve ojeada a algunos aspectos de las tormentosas relaciones entre los humanos y el clima, preguntándonos quién empezó a atacar a quién y, sobre todo, cómo terminará esta absurda guerra. Y digo absurda porque, según la Real Academia, absurdo es todo aquello que es contrario y opuesto a la razón, algo que no tiene sentido.

Por lo que, dada la descomunal desproporción de fuerzas entre ambos contendientes,  resulta evidente que la humanidad puede llegar a ganar alguna pequeña batallita frente al Sistema Climático y a los cinco subsistemas que lo componen: Atmósfera (envuelta gaseosa del planeta), Hidrosfera (agua planetaria), Criosfera (todo el hielo), Litosfera (parte sólida de la Tierra) y Biosfera (conjunto de todos los seres vivos, incluido el hombre para desgracia del planeta), pero es evidente que, la mayoría de las batallas las ganará el ejército climático, y por supuesto el final de la guerra  tendrá al Clima como ganador. ¡No lo duden!

Y no será porque no se viene avisando, desde hace decenios, del peligro que corre el hombre, al agredir al medio ambiente. Como ejemplo, a continuación, adjunto dos diapositivas que he extraído de una presentación que yo mismo utilicé hace unos 30 años, en algunos artículos y conferencias, relacionadas con la meteorología, el clima y sus cambios.

En la de la izquierda figura el esquema de los procesos que intercambian el sistema climático y el hombre; éste atacando a los subsistemas y éstos tratando de buscar el equilibrio, para no alterar el clima. En la de la derecha, que presenta los niveles de vulnerabilidad ante el cambio climático, de distintas partes del mundo, yo remarcaba entonces como áreas de alto o muy alto riesgo las de Centro Europa y los países ribereños del Mediterráneo, incluida, de forma particular, la Península Ibérica; todo ello de acuerdo con las salidas de los modelos climáticos de la época.

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Pues bien, comparado éste antiguo (en ciencia, algo con más de 30 años es ya “antiguo”) mapa de “avisos de vulnerabilidad” con los mapas actuales del cuadrante del hemisferio norte, mapas elaborados por la Japan Meteorological Agency, de Tokyo,  que presento a continuación, en los que se han representado, en la parte izquierda, las anomalías térmicas ¡Calor!, correspondientes a la última semana de la primavera, del 14 al 20 de junio de 2017, en ºC, y a la derecha, tras una semana y una vez entrado el verano, las anomalías térmicas ¡Frio!, que se produjeron en la semana del 28 de junio al 4 de julio; referidos todos los valores, en ºC, a los colores de la escala que figura en la parte inferior.

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A la izquierda puede verse como, en la semana del 14 al 20 de junio, toda Europa y sobre todo España, sufrió unas elevadas temperaturas, muy por encima de los valores registrados para esa época en las series climáticas correspondientes, o sea lo que ya decíamos hace 30 años, como puede comprobarse a simple vista, comparando ambos mapas, el de la vulnerabilidad, de 1980, y éste actual.

A la derecha, pasada una semana, las anomalías de temperatura cambiaron de signo, pasando a ser éstas temperaturas, durante la semana del 28 de junio al 4 de julio, muy inferiores a las de las series climáticas. Entre ambas semanas se detectaron descensos de más de 12 o 14 ºC, y eso en los valores medios semanales; porque si se tratara de una caída en un día y en una zona limitada, podríamos explicarlo por un cambio de masa de aire asociado al paso de un sistema frontal frío, desapareciendo la anomalía después; pero un descenso de temperaturas de ese calibre, en un área tan grande como media Europa, y manteniéndose durante tantos días…

¿Es eso normal? No, no lo es. Es más bien raro, anómalo, algo que no tiene sentido; cosa de locos, vamos.

Ahora bien ¿quién está loco el clima o nosotros? Posiblemente ambos, pero si nos preguntáramos ¿quién empezó, quién fue el primero en agredir al otro? Ahí sí que habría que admitir que empezó el clima, puesto que lo del cambio climático no es cosa de ahora; muy al contrario, el clima es esencialmente cambiante, tanto temporal como espacialmente, desde hace millones de años y en todas las zonas del planeta.

04-tendencia-global-de-la-temperaturaPues bien, la mayoría de los climatólogos estamos convencidos de que lo que acaba de ocurrir, y yo acabo de referirles a ustedes, “no es el cambio climático”, pero sí es un eslabón en la cadena que forma la tendencia creciente de las temperaturas planetarias en el último siglo, lo que no significa naturalmente que las temperaturas vayan a ser crecientes mes a mes y año a año, pero sí que considerado el conjunto de las temperaturas de cada decenio, éstas son, y muy probablemente seguirán siendo, estadísticamente crecientes, salvo que se tomen medidas muy drásticas, en el tema de las emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero), cosa que, hoy por hoy, y más con la descabellada posición que el presidente Trump ha adoptado, parece poco probable.

Por tanto, incluyendo entre los muchos años de subida, alguno aislado de bajada, sin embargo, globalmente “la tendencia es la que es, claramente CRECIENTE”.

Y debemos tener siempre en cuenta que el Sistema Climático, como rector responsable del clima y sus cambios, es una parte esencial de la propia naturaleza, y como tal hay dos cosas que lleva muy mal: los desequilibrios y las prisas. Por lo que, durante millones de años, las temperaturas del planeta Tierra han venido sufriendo altibajos, es decir “cambios”, del orden del que estamos padeciendo ahora, pero… “vaya por Dios, siempre hay un pero”, y el pero, en este caso es que esos cambios, cuando eran naturales, es decir los provocaba la propia naturaleza a través del funcionamiento de su sistema climático, y tenían lugar a lo largo de unos cien mil años, el tiempo entre glaciaciones sucesivas, mientras que en la actualidad el cambio provocado por el hombre está siendo mil veces más rápido, puesto que se ha producido en poco más de cien años.

Pueden ustedes estar seguros de que, “si no dejamos de hacer lo que estamos haciendo”, es decir atacar  al medio ambiente, al sistema climático, éste se encargará de hacernos saber su disgusto, empleando en ello todo su poder, que es muchísimo, con lo que la pasada anomalía térmica, la sequía que se está produciendo, los frecuentes y cada vez más potentes huracanes, tornados y demás “puñetazos sobre la mesa” que está dando el clima, serán apenas caricias con lo que tendrán que pasar las próximas generaciones que sobrevivan en este planeta Tierra.

Pero como el ataque actual es nuestro nos habremos ganado las indeseables consecuencias del contraataque, así que, ni siquiera podremos quejarnos; de forma que, como se dice en Extremadura, bendita tierra: ¡AVE! ¡Otra cosa no hay!

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.