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Categoría: Enigmas y fenómenos extraños
Baalbek y sus descomunales piedras

Hoy no es posible, o al menos es raro, cruzarnos con personas que no lleven consigo un teléfono móvil. Es la moda. Pues bien, todo parece indicar que, hace algunos miles de años y en casi todas las regiones del mundo, debía ser raro salir a los caminos y no encontrarse con grupos de los habitantes locales llevando consigo un bloque de granito, de varias toneladas de peso. Por supuesto esto que acabo de escribir es una broma, pero lo cierto es que llama la atención cómo aparecieron obras megalíticas, casi simultáneamente y en cualquier zona del planeta, como si fuera la moda en aquellos momentos.

En algunos artículos anteriores “Grandes enigmas que nos plantean las grandes piedras” , “El misterioso ajuste de las piedras poligonales”, “Machu Picchu, piedras llenas de preguntas”, me preguntaba, al estudiar las características de aquellos monumentos megalíticos, “para qué, quién y sobre todo cómo” se construyeron aquellas impresionantes obras megalíticas levantadas hace siglos, e incluso milenios, pero que siguen guardando las respuestas a esas tres preguntas, como misterios no resueltos.

Pues bien, nuevamente nos encontramos con más de esos misterios en Baalbek, una ciudad situada al este del Líbano, que era una ciudad fenicia floreciente cuando los griegos la ocuparon en el año 331 a.C., convirtiéndose después en una colonia romana, bajo el emperador Augusto, en el transcurso de los tres siglos siguientes. Los romanos construyeron allí un conjunto monumental de tres templos, tres patios y una muralla, dándose la circunstancia de que, en aquellos alrededores, aparecen algunas de las piedras más gigantescas jamás manejadas por el hombre.

La cantera de donde se cortaron y extrajeron las piedras está al sur dela ciudad de Baalbeck, y en esa misma cantera se encuentran aún algunos enormes bloques, considerados como los más grandes de piedra labrada encontrados en el mundo, y que fueron cortados hace más de 2.000 años. Resulta curioso que la forma y dimensiones de muchas de esas enormes piedras fueran, muy aproximadamente las mismas, es decir prismas de unos 20 metros de largo, por unos 5×5 metros en sus medidas transversales. Hoy día estas colosales piedras están colocadas en la base de algunas construcciones, o bien simplemente abandonadas cerca de la propia cantera, donde sirven únicamente para que los turistas y viajeros curiosos se suban a ellas o se fotografíen en grupos a su vera.

Pero las cuestiones que se plantean son, como casi siempre, para qué se tallaron bloques prismáticos de aquellas dimensiones, quién talló las caras de los enormes prismas, varios de ellos hoy prácticamente semienterrados en gran parte, y sobre todo cómo pensaban los autores “levantar y transportar” esa barbaridad de piedra. Sin embargo es evidente que se hacía, puesto que varios de esos bloques pueden verse, colocados es sus sitios, en la base de las paredes que rodean la Gran Terraza, de la que se presenta una vista panorámica al comienzo de estas líneas.

La Gran Terraza es una plataforma construida con las mayores piedras talladas del mundo, bloques megalíticos que fueron cortados con precisión y colocados para formar los basamentos de los 460.000 metros cuadrados de superficie, que constituyen la enorme plataforma. En ella se encuentran los tres colosales bloques conocidos como el “Trilithon”, bloques colocados horizontalmente en la base de una construcción, cada uno de los cuales mide del orden de 20 metros por 5 y por 4.

Teniendo en cuenta que la densidad del granito, según su variedad, está entre 2,5 y 2,7 toneladas por metro cúbico, resulta que el peso de cada uno de esos monolitos monstruosos era, como mínimo de 20x5x4x2,5= 1.000 toneladas; son de granito rojo, y fueron extraídos de la cantera, que sigue existiendo, aproximadamente a un kilómetro de distancia de la Gran Terraza.

En esta terraza se encuentra el grupo de bloques de piedra más pesados de todo aquel área; en su muro sudeste existe una hilera de 9 bloques de granito, cada uno de ellos con un peso de unas 300 toneladas; justo en el lado opuesto, el muro sudoeste y a la misma altura, existe otra hilera de 6 bloques de las mismas características, y asentados sobre ellos, los tres gigantescos bloques, que antes mencionábamos, conocidos con el nombre del “Trilithon”.

A comienzos del siglo XX, entre 1898 y 1905,  una misión arqueológica alemana dirigida por Otto Puchstein, realizó la primera excavación a fondo en las ruinas de Baalbek, durante la cual, se encontró que la gran terraza, aparentemente sólida en conjunto, está constituida por sólidos megalitos únicamente en sus muros externos, los que rodean el recinto. Mientras que en el interior del mismo, bajo el foro, encontraron un laberinto de cámaras rellenas de escombros compactados, con paredes de ladrillo en la típica forma romana de panal y, finalmente, debajo de todo esto, se encontraba el lecho de roca sólida.

Los cimientos de los templos que levantaron los romanos están cimentados en el lecho de la roca sólida para poder soportar su peso, ya que la plataforma simplemente se hundiría si descansaran sobre ella. Las paredes megalíticas del contorno son en realidad un muro de contención en declive.

Podría parecer que, de acuerdo con los datos disponibles, el emplazamiento es de origen romano, sin embargo estos enormes megalitos ya estaban allí mucho antes de que los romanos construyeran su templo encima. De hecho, antes que ellos, los griegos ya habían construido sobre la terraza, e incluso los fenicios, que la utilizaron como base y cimentación de sus monumentos y construcciones.

En cuanto a los bloques del famoso Trilithon, recordemos que se trata de tres bloques contiguos, de 1.000 toneladas de peso cada uno. ¿Cómo es posible que hayan sido desplazados desde la cantera hasta su posición final en la plataforma, por quien fuera que lo hiciera? No se puede entender cómo piedras de ese tamaño pudieron ser talladas, cortadas, transportadas y encajadas exactamente donde les correspondía, no se sabe con qué tecnología se logró, no solo cortarlas y pulirlas sino levantarlas y transportarlas hasta la zona de construcción e izarlas hasta su nivel de instalación, un hecho que aun hoy sería prácticamente imposible con la moderna tecnología.

En la actualidad, la que es probablemente la grúa móvil más poderosa del mundo, una verdadera bestia de la ingeniería, la Liebherr LTM 11200-9.1, una grúa móvil, sobre ruedas, fabricada en 2007, capaz de levantar hasta 1.200 toneladas, podría hacerlo, y no sin algunas dificultades; pero “cuesta creer” que hace dos o tres mil años tuvieran nada parecido a ese monstruo mecánico; por tanto la cuestión es… ¿Cómo lo hicieron? Porque la realidad es que, como mostrábamos en la imagen anterior, ahí están colocados, y bien encajaditos, los tres colosales bloques que constituyen el conjunto conocido como el “Trilithon”.

Finalmente, para añadir algo más de misterio a la Gran Terraza de Baalbek, diremos que, en su entorno, se han encontrado numerosos bloques de piedra, con huellas vitrificadas, un fenómeno geológico que solo puede asociarse a la acción de una potente fuente de calor, a altísima temperatura. Si esas huellas obedecen a un proceso geofísico natural, ocurrido en el área de la cantera de donde procedían los bloques; o si, por el contrario, tienen relación con el corte y tallado de dichos bloques o incluso, tal vez, con el transporte y elevación de los mismos, es algo que permanece, como uno más de los enormes enigmas que siempre acompañan a las enormes obras megalíticas.

Adolfo Marroquín Santoña

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Machu Picchu, piedras llenas de preguntas

Algunas preguntas que se presentan al estudiar las características de muchos monumentos megalíticos son las de “para qué, quién y cómo” se construyeron aquellas descomunales obras. En dos artículos anteriores “Grandes enigmas que nos plantean las grandes piedras” y “El misterioso ajuste de las piedras poligonales” comentaba algunos aspectos relacionados con esas preguntas en obras megalíticas construidas hace siglos, e incluso milenios, pero que siguen guardando las respuestas a esas tres preguntas, como misterios no resueltos.

En el caso de las ruinas de Machu Picchu, que permanecieron ocultas y abandonadas, durante 400 años, rodeadas de selva y en medio de impresionantes picos andinos, las preguntas quedan flotando en el aire de aquellas alturas. Cuando a comienzos del siglo XX fue redescubierto este lugar, no se encontraron en él registros escritos o grabados, ni nada que pudiera arrojar luz sobre su historia; de forma que, a diferencia de otras grandes obras megalíticas, como las pirámides de Guiza, en las que aparecen numerosas inscripciones, en Machu Picchu hay que basarse, casi exclusivamente, en suposiciones.

No se sabe siquiera cuál sería el nombre original de estas ruinas, aunque se especula con que ese nombre podría haber sido Llaqtapata; sin embargo, el nombre por el que es conocido en la actualidad, el de Machu Picchu, proviene simplemente de su orografía y tamaño; la traducción más exacta se refiere al tamaño, significando Machu Picchu, el pico más grande y Huayna Picchu, el pico más pequeño.

Lo cierto es que el conjunto está considerado como una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería, con algunas características que llaman la atención, como su sistema de drenaje, que comentaremos después, y la manera perfecta de encajar cada piedra con las que le rodean. Es destacable que las piedras en los muros eran trabajadas de manera individual, recurriendo para ello al método de las piedras poligonales, que ya comentamos en un artículo anterior, adaptando los bordes y ángulos a los variables formatos e inclinaciones de los lados correspondientes a las piedras vecinas.

Todo el conjunto se construyó en un área situada a una elevación del orden de 2.400 metros sobre el nivel del mar, y en la proximidad de la zona existen dos fallas geológicas, que apuntan al riesgo de potenciales movimientos sísmicos, pese a lo cual las edificaciones han permanecido piedra sobre piedra, si bien algunas de estas piedras, como se muestra en la figura, han sufrido los efectos de los sismos, pudiendo apreciarse grandes grietas, a diferencia del perfecto encaje original de las piedras próximas no afectadas.

 

Las construcciones en Machu Picchu presentan recintos rectangulares, muchos de los cuales conservan sólo las paredes, siendo esas paredes frecuentemente diferentes entre sí, incluso aquellas que formaban parte del mismo recinto; las cubiertas de estas construcciones, a modo de techado, se hacían con troncos de árbol, ramas y paja. Las puertas y ventanas estaban construidas con formas trapezoidales, más anchas en la base que en el dintel, siendo ese dintel de madera o de piedra, y muy a menudo de un solo gran bloque.

No se ha conservado ninguna techumbre original, pero se está de acuerdo en que la mayoría de las construcciones tenían tejados a dos o cuatro aguas, y estaban formados por una armazón de troncos amarrados y cubierto por capas de paja. La fragilidad del tipo de paja y la copiosidad de las lluvias en la región hizo necesario que estas techumbres tuvieran grandes pendientes, de más de 60º, con lo que la altura de los techos duplicaba con frecuencia la altura del resto del edificio.

En el interior de los recintos era frecuente preparar nichos en las paredes, donde se colocarían ídolos u otros objetos; asimismo, bloques cilíndricos o rectangulares sobresalían a menudo de los muros, como si fueran grandes percheros, dispuestos en forma simétrica entre las hornacinas, los nichos y las ventanas, cuando las había.

El área edificada en Machu Picchu es de unos 530 metros de largo por 200 de ancho e incluye al menos 172 recintos. El complejo está dividido en dos grandes zonas: la zona agrícola, formada por conjuntos de terrazas de cultivo; y la zona urbana, que es donde vivieron sus ocupantes y donde se desarrollaron las principales actividades civiles y religiosas. Ambas zonas están separadas por un muro, un foso y una escalinata.

Una parte apreciable de las ruinas que se pueden ver en la actualidad son en realidad reconstrucciones recientes, como se aprecia al comparar las imágenes obtenidas en la década de 1910, durante su redescubrimiento, con las actuales.

 

La materia prima de todas las construcciones conservadas era el granito, de color blancuzco, que procedía de las canteras situadas en el entorno del propio complejo incaico y que fue trabajado con barras y otras herramientas de bronce, puesto que no se usaban herramientas de hierro en el antiguo Perú, y con martillos hechos con rocas más duras, siendo alisadas por abrasión, utilizando arena.

Las terrazas de cultivo de Machu Picchu tienen el aspecto de grandes escalones construidos sobre la ladera. Son estructuras formadas por un muro de piedra y un relleno de diferentes capas de material que facilitan el drenaje, evitando que el agua se estanque en ellos, lo que provocaría el desmorone de su estructura. Este tipo de construcción permitió que se cultivara sobre esas terrazas, mientras que otros andenes de menor ancho, que se encuentran en la parte baja de Machu Picchu, alrededor de toda la ciudad, no tenían fines agrícolas, sino que servían como auténticos muros de contención del conjunto.

 

Por otra parte, como decíamos, la gran pluviometría de la zona, en la que se registran cantidades de precipitación que superan incluso los 2.000 litros por metro cuadrado al año, obligaron a construir muchas y empinadas terrazas, dotadas de un magnífico drenaje, que evitara la acumulación del agua, y que además permitieran canalizar el agua sobrante, que era dirigida para aportar permanentemente agua a las numerosas fuentes construidas en distintos puntos del área.

Existen en la ciudad más de 600 terrazas, limitadas por un muro de piedra, y conteniendo en su interior las diferentes capas que garantizaban el necesario drenaje; en la base inferior había un relleno de piedras grandes, que aportaban estabilidad al conjunto, y sobre ese relleno se situaban una capa de piedras más pequeñas, otra capa de grava y otra de arena. Finalmente el conjunto se cubría con tierra de cultivo, con un espesor del orden de un metro, tierra que solía proceder del valle, al pie de la montaña.

 

Otra obra de magnífica ingeniería, dentro del recinto de Machu Picchu, es la canalización del agua, procedente, por una parte de un manantial situado a 2.458 metros de elevación, y por otra de la infiltración de las aguas de lluvia, directamente o a través de los sistemas de drenaje de las terrazas. La distribución del agua se hizo mediante un sistema de 16 caídas artificiales de agua, la mayoría de las cuales están cuidadosamente talladas en bloques poligonales, y rodeadas de canaletas labradas en la roca para dirigir el agua.

 

En la actualidad, desde 1983, Machu Picchu forma parte de la Lista de Lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, como parte de todo un conjunto cultural y ecológico conocido bajo la denominación de Santuario Histórico de Machu Picchu. Más recientemente, el 7 de julio de 2007, fue declarada una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno en una ceremonia celebrada en Lisboa (Portugal).

Esas nuevas siete maravillas del mundo moderno se eligieron por votación popular bajo criterios estéticos, económicos, turísticos y recreativos más que por su importancia histórica o su mérito artístico; no obstante, la distinción cuenta con gran eco, lo que deriva en un importante reclamo mundial para la captación de turismo. De hecho, Machu Picchu constituye hoy en día el principal destino turístico del Perú con más de 600.000 visitantes al año, siendo uno de los destinos más deseados por los viajeros de todo el mundo.

Adolfo Marroquín Santoña

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El misterioso ajuste de las piedras poligonales

En un artículo anterior trataba de exponer algunos de los grandes enigmas que plantean las grandes piedras, muchas de ellas con un peso de varias toneladas, y que “algunos alguienes” parecían manejar, hace cientos y hasta miles de años, con una facilidad que hoy día, con todos los avances de la moderna tecnología, no seríamos capaces de hacer, e incluso tendríamos serias dificultades simplemente para cortar, tallar y pulir tales bloques.

Me preguntaba entonces, y me sigo preguntando ahora, para qué, quién y cómo hicieron aquellas descomunales obras, del tipo de los centenares de pirámides y otras construcciones repartidas por medio mundo. Pero cuando las cosas toman un cariz ofensivo para nuestros hipotéticos avances tecnológicos, por parte de aquellos “alguienes”, es cuando, en plan casi de exhibición, se permiten tallar los grandes bloques sobre la marcha, a medida que se iban necesitando en la obra, haciéndolo además a mano y con herramientas rudimentarias.

Juzguen ustedes mismos…

 

La imagen de la izquierda corresponde a la conocida como “Piedra de los 12 ángulos”, cuéntenlos y verán el porqué del nombre, que es una de las que más llama la atención y probablemente la más fotografiada por los visitantes de estos muros megalíticos, que pueden verse en la ciudad de Cuzco, a 1.105 km de Lima (Perú). Lo que más llama la atención es que esa enorme piedra se ensambla, ajustándose perfectamente, a once piedras periféricas, cuatro en la base, dos en cada lado y tres en la parte superior, lo que nos obliga a concluir que todas ellas fueron talladas “en la obra”.

La piedra de la derecha en la imagen es otra piedra también famosa, próxima a la anterior, pero que “solo” tiene diez ángulos, y está conectada a cuatro piedras en su base, una en cada uno de sus lados y cuatro en la parte superior, en total  diez piedras, diez ángulos.

La perfección con que eran capaces de ajustar, los autores de aquella obra, la forma de cada piedra a la de las demás que la rodeaban en la construcción, era tal que entre un bloque y otro no cabe ni la hoja de una navaja, e incluso los bordes de unión entre bloques están biselados, presentando el necesario rebaje oblicuo en todo el contorno. Resulta un verdadero enigma cómo se pudo conseguir esa perfección en el tallado, dado que las herramientas, en el caso concreto de la época de los incas, eran “martillos” de piedra, como se presentan en la figura, de manejo manual, y cuya dureza era solo ligeramente mayor que la de la roca a tallar.

 

El sacerdote jesuita José de Acosta, que viajaba por Perú con los conquistadores, escribió en 1589: “Los edificios y fábricas que los Incas hicieron en fortalezas, en templos, en caminos, en casas de campo y otras, fueron muchos y de gran trabajo (…) y no usaban de mezcla, ni tenían hierro ni acero para cortar y labrar las piedras, ni maquinas, ni instrumentos para traerlas; y con todo eso están tan sólidamente labradas, que en muchas partes apenas se ve la juntura de unas con otras.

Fíjense en el perfecto ajuste entre los cinco bloques, a la izquierda de la imagen superior, y reparen en que para que los dos bloques de la fila superior encajaran como lo hacen, con los de la fila inferior, la base de los de arriba tuvo que ser tallada antes de subirlos y ensamblarlos; sin que fuera posible utilizar el clásico método de “prueba y error”, puesto que eso hubiera obligado a desmontar lo ya montado, cada vez que hubiera un error. La verdad es que resulta difícil de entender esa precisión en la ejecución del trabajo, sin maquinaria alguna y contando con las herramientas que contaban, pero allí están los miles de bloques en cientos de obras.

Y, para acabar de completar el misterio, todas esas piedras están estrechamente unidas, sin argamasa, y no sólo han soportado los ataques humanos y las agresiones medioambientales, sino también los frecuentes terremotos de la región.

En un manual donde se anuncia la maravilla que constituye Machu Picchu, se incluyen precisamente unas líneas sobre las construcciones de piedras poligonales, de hecho, se dice, aún se tienen muchas dudas sobre cómo lo hicieron para que esas piedras, perfectamente talladas, encajen con tal precisión, sin ningún tipo de pegamento que las sujete entre sí.

Existen muchas dudas generadas por la falta de información, o de crónicas y archivos antiguos, sobre el uso de estas técnicas, si bien existen algunas hipótesis, dentro de las posibilidades lógicas. La más aceptable, indica un comienzo con paredes normales, que empiezan, como es natural por la parte más baja, y donde las filas superiores se van complicando, siendo las más difíciles de armar, puesto que las piezas de piedra debían encajar perfectamente, con las demás, con las ya colocadas, que las sustentaban y rodeaban.

Esta técnica que es posible encontrar en muchas zonas de Cusco, donde se tallaban las caras inferiores de los bloques a superponer a los ya colocados, golpeando esas caras ligeramente con pequeños martillos de piedra, tallándolas para que ajustaran esa superficie inferior a la superior de la capa ya instalada. Esta labor sería relativamente simple cuando se tratase de piedras pequeñas, porque podían ponerse y quitarse aplicando el antes citado método de “prueba y error”; pero la cosa se complicaba enormemente al hacerlo con piedras de varias toneladas de peso.

Los estudios sugieren, que los constructores incas, usaron maquetas, hechas con materiales ligeros, quizá arcilla, que posiblemente reproducían exactamente el estado de la bancada en que se estaba trabajando; el uso de este método habría facilitado mucho los trabajos, incluso con rocas enormes.

Gran parte de las piedras de los muros incas, sobre todo las de bloques no demasiado grandes, presentan una especie de abultamiento en la parte inferior, que podría servir como asa, para sujetar y manejar mejor el bloque, durante la construcción. Pero sigue siendo un misterio cómo se sujetaban y manejaban los grandes bloques, de cientos y hasta miles de kilos.

Adolfo Marroquín Santoña

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Grandes enigmas que nos plantean las grandes piedras

Desde siempre he tenido curiosidad, y me han resultado intrigantes, los para qué, los quién y los cómo de los muchos monumentos megalíticos que pueden encontrarse a lo largo y ancho de nuestro planeta Tierra. Aclaremos que, al referirme a esos monumentos, utilizo el adjetivo megalítico en el sentido de “Construido con grandes piedras sin labrar”, ampliado por mi cuenta a “o incluso labradas”, para incluir todas aquellas construcciones, humanas o no (que eso está por aclarar), en las que se han utilizado enormes piedras.

Como consecuencia de lo anterior he encontrado, buscando por aquí y por allá, mucha información sobre este tipo de monumentos, pero la mayor parte de esa información era puramente descriptiva, es decir se cuenta lo que allí hay, acompañando la descripción con interesantes fotografías, que suscitan, pero no aclaran, enormes dudas sobre las tres cuestiones que antes planteaba (para qué, quién y cómo).

Las ideas y teorías que flotan sobre casi todas las informaciones encontradas, plantean que son enigmas, misterios, etc., o bien se tiran a la piscina de las elucubraciones y tratan de explicar alguna de las tres cuestiones, sobre todo la del cómo, mediante algunas hipótesis difíciles de entender, y más difíciles aún de aceptar. Entre esas hipótesis una muy frecuentemente utilizada es la de la intervención en esas obras de extraterrestres, a lo que habría que preguntarse si la intervención consistió en “echar una o varias manos (tal vez tuvieran más de una)”, o bien si su fuerza era tan descomunal que podían mover esos bloques con facilidad, o bien si disponían de herramientas muy avanzadas que les permitían mover bloques de piedra, con pesos de decenas de toneladas; claro que entonces la pregunta sería si esos viajeros llevaban las herramientas en sus naves interestelares, para arreglar esas cosillas que podían presentarse. En fin, que la hipótesis extraterrestre sería cómoda pero muy difícil de entender.

Otra hipótesis manejada, ésta más bien referida a las pirámides de Centro y Sudamérica, era que los indígenas conocían el secreto de enigmáticos “mejunjes”, obtenidos de algunas plantas de aquellos territorios, que dotaban a los bloques a los que se les aplicaba de una plasticidad tal, que se podían manejar como si fueran de plastilina. Pero entonces, aun admitiendo que tal mejunje existiera y estuviera dotado de tales propiedades, permanece la cuestión de cómo se las arreglaban para transportar esos enormes bloques, fueran de sólida roca o de piedra fluidificada, hasta las alturas en las que se encuentran en muchos de los emplazamientos.

El caso más conocido, o al menos el más popular, de esos monumentos megalíticos es el de las famosas pirámides de Egipto, sobre todo las tres pirámides de la meseta de Giza, que son las construidas, o eso se cree, por los faraones Keops, Kefrén y Micerino. Pero en otras zonas del planeta existen cientos o miles de pirámides, distribuidas por muchos otros países, que plantean los mismos o muy parecidos enigmas a la hora de responder los antes planteados para qué, por quién y cómo de sus construcciones.

En las pirámides egipcias, otra de las hipótesis manejadas es que transportaban los enormes bloques mediante trineos que hacían deslizarse sobre la arena, bien directamente o bien utilizando rodillos de madera, que se iban colocando delante del trineo o plataforma de transporte. Una vez llevados los bloques “a pie de obra”, el subirlos hasta la altura de las hileras en que debieran integrarse se haría, según otras teorías, mediante enormes rampas de arena alrededor de la pirámide. De esto, lo único evidente es que sí que tenían a mano arena suficiente para hacer esas inmensas rampas, pero sigue sin quedar claro cómo cortar y preparar los bloques en las canteras, recordemos que estamos hablando de cuatro o cinco mil años atrás, y que las herramientas eran de piedra, de madera o como mucho de cobre.

 

Pero admitamos que, con un poco de suerte (¿?) y con aquellas herramientas, fueron capaces de cortar los millones de bloque que se necesitaron para levantar aquellas pirámides, y ahora pensemos que había que transportarlos por tierra (arena) o por agua (Nilo), y tengamos en cuenta que los bloques de las pirámides de Giza tienen pesos que van de los dos mil a los cuarenta mil kilos. Pero admitamos que, con un poco de suerte (¿?) y con plataformas o trineos de madera, fueron capaces de llevarlos “a pie de obra”. Bueno, pues ahora hay que ascender, a lo largo de cientos de metros, por las rampas de arena, no compactada, hasta llevarlos a su lugar de encaje y anclaje, lo que pudo hacerse por arrastre puro y duro sobre la arena, o mediante rodillos de troncos, que sin duda se hundirían en ella.

¿Han intentado ustedes caminar y arrastrar un objeto pesado por la arena seca y suelta de una playa? Es difícil, muy difícil y tanto más cuanto más seca esté la arena y más pesado sea el objeto a arrastrar. Por el contrario, arrastrar ese mismo peso sobre la arena húmeda de la orilla de la playa resulta mucho más llevadero. Pues, para tratar de entender cómo podrían haberlo hecho los egipcios, echemos una ojeada a la reconstrucción de la representación encontrada en la tumba de Dyehutyhotep, antiguo monarca del Alto Egipto, en la que se muestra cómo, un gran número de obreros egipcios, distribuidos en cuatro cordadas, tiran del trineo sobre el que se asienta una colosal estatua.

 

En la representación que se ofrece, llama la atención la figura que se encuentra sobre el trineo, a los pies de la estatua, que parece que está “echando algo”, justo por delante de la zona por la que se va a deslizar el trineo. Pues bien, ese algo con el que se empapa la arena sobre la que ha de deslizarse el pesadísimo trineo, debía ser agua o mejor aún aceite, con lo que se conseguiría, incluso mejorándola, mayor solidez del apoyo y suavidad al deslizamiento, que la que citábamos antes para la arena húmeda de la orilla.

Esta idea se sustenta en las pruebas realizadas por un grupo de físicos de la Universidad de Ámsterdam, liderado por el profesor Daniel Bonn, que se dispuso a comprobar científicamente la teoría construyendo una pequeña versión de laboratorio de estos trineos (debajo a la derecha en la figura siguiente). Colocaron los trineos sobre arena, cargándolos con pesos proporcionales a los que debieron soportar los egipcios con los bloques de piedra sobre ellos, y calcularon cómo variaba la fuerza de tracción necesaria para arrastrarlos, frente a la resistencia que oponía la arena, y cómo variaba esa fuerza a medida que se iba humedeciendo ésta.

Así demostraron que la fuerza necesaria para tirar del trineo decrecía proporcionalmente al grado de rigidez de la arena. Y para lograr que la arena fuera más rígida, echaron agua sobre ella para endurecerla, obteniendo como resultado una clara disminución de la fuerza necesaria en el arrastre. Sin ese aporte de agua, la resistencia de la arena era el doble que con ella, de forma que los egipcios hubieran necesitado prácticamente el doble de trabajadores para arrastrar los pesados bloques de piedra.

 

Por dar algunos datos, aunque sean solamente como cifras orientativas, si nos fijamos por ejemplo en la pirámide de Keops, tal vez la más famosa de los cientos o miles de pirámides que pueblan el planeta, estaríamos hablando de unos tres millones de bloques de piedra, con pesos entre dos y cuarenta toneladas, y recubierto todo el conjunto de losas de caliza, de hasta dieciséis toneladas de peso, perfectamente pulidas.

Y todo esto había que hacerlo a lo largo de la vida del faraón correspondiente, con lo que echando unas cuentas elementales, encontramos que era necesario extraer de las canteras, transportar y encajar en su sitio, 357 bloques por día, lo que para una jornada laboral de 12 horas diarias, supone el suministro y manipulación de un bloque, de unas veinte toneladas de peso, cada dos minutos, y con una precisión casi milimétrica, tanto en su tallado como en su colocación.

De forma que lamento informarles que aquellas pirámides no se pudieron construir y que por tanto no existen, sencillamente porque, conocidos los datos, aquello no era posible, humanamente hablando. Ahora bien, dado que no hay nada tan terco como la realidad, y dado que esos monumentos megalíticos están allí, en Egipto, en Perú, en China, en México, en Sudán, y en tantos otros sitios, no habrá más remedio que admitir que se hicieron,… y no sólo se hicieron las pirámides, sino cientos de otros monumentos, llenos de enigmas y misterios que sin duda merecen que se les eche una ojeada inquisitiva, llena de admiración y de dudas. ¡Debemos hacerlo, y… lo haremos!

Adolfo Marroquín Santoña

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Catatumbo, la electricidad al acecho

 

Las descargas eléctricas no son simples exhibiciones de fuerza por parte de la naturaleza, por muy impresionantes que resulten, sobre todo para quien se encuentre próximo a ellas, sino que son el resultado de la búsqueda del equilibrio eléctrico entre las nubes, el suelo y la atmósfera de su entorno. El camino preparatorio de la descarga entre una nube y la tierra, o entre dos nubes, comienza dentro de las propias nubes de tormenta; con chorros de cargas negativas (electrones), que saliendo de la zona negativa (centro-inferior) de la nube se van acercando hacia tierra o hacia la zona positiva (superior) de otra nube, dando lugar a la llamada guía escalonada, que va trazando potenciales caminos de descarga.

En el caso de descargas nube-suelo, en el suelo, bajo la nube, se ha producido la acumulación de cargas positivas (iones), que han sido atraídas por las negativas de la base de la nube. Se sabe que en las nubes de tormenta la parte superior posee cargas positivas, mientras que en la parte central e inferior de la nube predominan las cargas negativas, con lo que la nube tomaría forma de “dipolo eléctrico”. Pero, frecuentemente se presenta también un pequeño centro, con cargas positivas, en la base de la nube, pasando por tanto a formarse un “tripolo eléctrico”.

Desde la tierra, las cargas positivas intentan también cerrar el circuito eléctrico, alzándose hacia la nube, dando lugar a las sondas de conexión que van subiendo, aunque con mucha más lentitud y “torpeza” que las cargas negativas que están bajando.

Cuando la guía descendente enlaza con la sonda ascendente, tiene lugar el contacto y se produce la primera descarga de retorno, que va de suelo a nube, descarga que es mucho más potente, intensa y brillante que los tramos en zigzag descendentes. Posteriormente se repetirán varias réplicas, descendiendo de nube a suelo las cargas negativas y ascendiendo de suelo a nube las positivas, continuando el proceso hasta quedar neutralizadas las cargas.

Ahora bien, cuando las circunstancias del entorno hacen que la carga eléctrica de las nubes presentes se regenere y mantenga, prácticamente continua, entonces el proceso de descarga se hace también prácticamente continuo, dando lugar a tormentas eléctricas recargadas y reiteradas, cuya duración puede llegar a ser de varias horas. Estos casos no son inusuales, dentro de ciertos límites, pero los que sí resultan extraordinarios son los casos como el que ocurre en Catatumbo (Venezuela)

 

Catatumbo es un rincón de Venezuela donde caen nada menos que 1,6 millones de rayos por año; tras las investigaciones del porqué Catatumbo es un punto con tanta actividad de descargas eléctrica, se ha llegado a la conclusión de que los vientos cálidos y húmedos en niveles bajos, próximos al suelo, procedentes del Mar Caribe y la presencia de los Andes y las sierras de Perijá que rodean al lago Maracaibo, crean condiciones ideales para recargar las tormentas eléctricas, especialmente en la zona suroccidental de la cuenca del lago. Las altas montañas pueden conducir al desarrollo y la persistencia de grandes nubes, que se recargan cuando los vientos sostenidos aportan más y más humedad a la zona.

El origen de este fenómeno está en el efecto orográfico de estas cordilleras que encierran y frenan a los vientos del noreste produciéndose nubes de gran desarrollo vertical, concentradas principalmente en la cuenca del río Catatumbo. Este fenómeno es muy fácil de ver desde cientos de kilómetros de distancia, es decir, desde el propio lago por lo que también se conoce el fenómeno como el Faro de Maracaibo, ya que las embarcaciones que surcaban la zona podían navegar durante la noche sin problemas en la época de la navegación a vela.

Este singular fenómeno meteorológico consiste en una sucesión de tormentas, casi continuas, con abundantes descargas nube-nube, nube-tierra y viceversa, formando un arco voltaico semipermanente a media altura de la zona de desarrollo de las nubes de tormenta, a unos cinco kilómetros sobre el terreno, con una gran carga eléctrica que se mantiene “al acecho” sobre los cielos del Estado de Zulia, en Venezuela, estimándose que se producen descargas eléctricas sobre la desembocadura del rio Catatumbo entre 240 y 260 noches al año, con flashes de sus relámpagos que pueden verse durante 7 o 10 horas cada noche, lo que supone una actividad eléctrica en su atmósfera muy por encima de lo normal en el resto del planeta.

El estatus de Catatumbo como capital de las tormentas eléctricas del mundo fue reconocido oficialmente en enero de 2014, cuando fue incluido en el Libro Guinness de los Récords como el lugar con más alta concentración de relámpagosen el mundo,estimados en 250 por kilómetro cuadrado al año. El récord anterior lo tenía la región de Kifuka, en la República Democrática de Congo, con 152 relámpagos por kilómetro cuadrado al año.

 

Al fenómeno constituido por todos los relámpagos que se producen en aquella zona, considerado como el conjunto de tormentas eléctricas que ocurren a lo largo del año en toda la cuenca del Lago de Maracaibo, lo que supone un número global del orden de 250 por kilómetro cuadrado, se le denomina “Relámpago del Catatumbo”, porque avistándose desde lejos las distintas tormentas y sus descargas parecen ser una sola, tendiendo a situarse con mayor frecuencia cerca de la desembocadura del río Catatumbo, en el suroeste del Lago. Como decíamos antes, al fenómeno se le denomina “Relámpago de Catatumbo”, si bien ocasionalmente se les suele denominar también “Faro de Maracaibo”, dado que su permanencia en la zona ha servido de guía a navegantes, pescadores y viajeros.

Hace aproximadamente unos 500 años que existen referencias a estas descargas, observándose la ocurrencia de este fenómeno electro-atmosférico de características singulares, y desde hace ya algunos decenios, la observación satelital y el estudio detallado de las condiciones del contorno, ha permitido poner en marcha modelos de predicción a medio y largo plazo, orientados a la explotación del fenómeno como atracción turística, a lo largo de una extensa zona de la costa suroeste del Lago de Maracaibo.

Adolfo Marroquín Santoña

 

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Trozos de naturaleza como mascotas

En principio, cuando hablamos de mascotas, tendemos a pensar en gatos, perros o algún tipo de animal más o menos de ese estilo, pero lo cierto es que, de acuerdo con el Diccionario de la RAE (Real Academia Española) una mascota es una persona, animal o cosa que trae buena suerte. Es curioso que la RAE no diga “que se cree que trae buena suerte”, sino que afirma categóricamente que trae buena suerte. Parece evidente que, aparte de la gran dificultad que supondría acometer una comprobación científica de esa afirmación, lo que está claro es que la subjetividad tiene mucho que decir en este asunto.

Lo cierto es que son muchas las personas que disponen de amuletos, y que aseguran que los mismos tienen la virtud de alejar el mal y atraer el bien. Algunos de esos amuletos más frecuentes son la herradura, a la que se asigna la capacidad de ahuyentar el mal de ojo; la pata de conejo, con miles de años de ejercicio como talismán prácticamente en todos los continentes del mundo; el trébol de cuatro hojas, símbolo de la buena suerte que no es fácil de encontrar porque su frecuencia de aparición es de uno por cada 10.000 ejemplares de tres hojas; recientemente se utiliza cada vez más como talismán el Maneki-Neko o gatito de la fortuna, que es de origen japonés y no chino, como se afirma a veces.

 

Un caso interesante, sobre el que escribí un artículo hace tiempo, es la planta conocida como “Rosa de Jericó” (Anastatica Hierochuntica), considerada por muchos como un auténtico talismán viviente, con propiedades en las que podemos creer o no. Por mi parte, la primera vez que vi un ejemplar de esta planta, hace de ello unos 40 años, fue porque mi mujer, muy aficionada a todo tipo de plantas y flores, la había comprado en un puesto que encontró por la calle, donde el avispado vendedor le contó las muchas virtudes de la planta en cuestión y su beneficiosa influencia para el entorno donde se la cultivaba.

Lo cierto fue que, al verla metida en una bolsa y absolutamente seca, me pareció lo que era, es decir un hierbajo seco en forma de bola, sin mucho interés. Aunque admito que mi interés aumentó bastante al ver que dos horas después, tras ponerla sobre un plato con agua, el hierbajo seco se había transformado en una planta de un verde brillante que, desplegando sus ramas, cubría todo el plato.

 

Cuenta la leyenda que estando Jesús orando en el desierto, la Rosa de Jericó seguía sus pasos movida por el viento, lo que en efecto debía ser cierto, dado que como casi no tiene raíces, puede ser fácilmente levantada por el viento y llevada por éste a través del desierto. Cuenta también que la Rosa se detenía una y otra vez a los pies de Jesús y le acompañaba durante el día, rodando bajo la forma de bola que adopta cuando está seca. Después, al amanecer, la planta se abría con la humedad del rocío y ofrecía al Maestro las gotas de agua posadas sobre sus ramitas, en las que Jesús, sediento tras una noche de oración, calmaba su sed tomando con sus dedos el agua que le ofrecía la planta.

Y, sigue contando la leyenda que, agradecido el Señor, por haberle apagado la sed, la bendijo, por lo que, en muchos pueblos alrededor del mundo, se cree que quien adopta y cuida una Rosa de Jericó atrae para sí mismo y para los suyos, paz, fuerza, felicidad, suerte en los negocios, energías positivas, habilidad en el trabajo y bienestar económico.

 

Otros trocitos de naturaleza que muy frecuentemente son adoptados como mascotas y fuentes de buenas vibraciones son las gemas, pero no las gemas de primera división, sino más bien las de segunda o tercera. A grandes rasgos, podemos considerar que las gemas se dividen en dos grandes grupos: las piedras preciosas y las piedras semipreciosas. Se consideraban preciosas las cuatro principales gemas: Diamante, rubí, zafiro y esmeralda. Y las semipreciosas, mucho más abundantes como es natural, son entre otras: amatista, ágata, turquesa, topacio, ópalo, jade, ámbar, lapislázuli, malaquita, el cuarzo y sus variedades, etc.

El cuarzo en particular es conocido por su propiedad “piezoeléctrica”, por la que produce impulsos eléctricos al aplicarle una fuerte presión. Dado que toda corriente eléctrica lleva aparejado el correspondiente campo electromagnético, y que estos campos se asocian frecuentemente a procesos curativos, se ha extendido la idea de que el cuarzo posee vibraciones internas naturales mediante las que canaliza las buenas vibraciones externas hacia quienes lo tienen a mano. De hecho, la gemoterapia, es decir la sanación mediante las gemas, es conocida y practicada desde hace muchos años para diferentes enfermedades.

Se dice que el cuarzo y sus muchas variedades, así como otras piedras entre las que citábamos antes, nos hablan y, cuando son las adecuadas para una persona, se ofrecen a trabajar para esa persona, por lo que lo aconsejable es no comprar nunca una de esas piedras si antes no te ha elegido ella a ti. Es decir, que cuando estés delante de uno de esos expositores en los que con frecuencia se muestran, elige aquella que te entre por los ojos… y por los oídos.

Adolfo Marroquín Santoña

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Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.