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Categoría: Comer sano
Los humanos ¿Qué somos? ¿Herbívoros, omnívoros o carnívoros?

Cada ser vivo se alimenta de la manera más adecuada a sus características fisiológicas y al ambiente en el que normalmente habita. Pero ¿cuál es la alimentación natural del ser humano?  En primer lugar hay que tener en cuenta que, con respecto a los animales mamíferos, a los que nosotros pertenecemos, hay tres modelos fundamentales de alimentación: herbívoros, carnívoros y omnívoros. ¿Cuál de esos modelos de alimentación le corresponde a los seres humanos? Vamos a analizar la cuestión con una cierta calma, ya que hay mucha confusión al respecto y, en ocasiones, es objeto de airadas polémicas.

¿Somos herbívoros? Estos son los animales que se alimentan exclusivamente de vegetales (hierba, hojas de los árboles, raíces, frutos, etc.). Los hidratos de carbono que contienen los vegetales en mayor cantidad son la celulosa, las pectinas, las gomas y la lignina. Estas sustancias tienen una estructura química peculiar, y ningún mamífero produce enzimas capaces de digerirlos.

¿Y cómo se las apañan las vacas? Todos los herbívoros, desde un cordero hasta un gorila, digieren los vegetales gracias a que en su aparato digestivo tienen un colon o intestino grueso muy largo, que está repleto de unas bacterias que son las que digieren las plantas que tragan estos animales. Nosotros no podemos sobrevivir comiendo solo hierba ya que nuestro colon es demasiado pequeño para poder digerirla.  No, no somos herbívoros.

Se suele decir que somos omnívoros. Estos son aquellos animales que, como el cerdo o el oso, pueden nutrirse con cualquier tipo de alimento vegetal o animal: hierba, carne, pescado. ¡Claro¡ Nosotros comemos de todo, así que somos omnívoros. Bueno, tranquilos, vamos a  ver. A un cerdo, si lo encerramos durante un mes  en  una carnicería bien abastecida vivirá tan a gusto y, al final, hasta habrá ganado peso.

Si luego a ese mismo cerdo lo encerramos durante otro mes en una finca donde solo haya hierba y encinas, como hacen en nuestra tierra durante la montanera de los cerdos ibéricos, el animal también vivirá feliz y, al cabo del mes, habrá aumentado su peso y su grasa, y habrá fabricado maravillosos jamones. Claro, es omnívoro, su fisiología y su aparato digestivo le permiten poder comer de todo.

Pero ¿Somos omnívoros los seres humanos? A cualquiera de nosotros si nos encerraran un mes en una carnicería sobreviviríamos felices y hasta engordaríamos. Pero si nos encerraran un mes en una dehesa nos moriríamos de hambre o, al menos, adelgazaríamos una barbaridad. No seríamos capaces de cubrir todas nuestras necesidades nutricionales solo a base de hierba, raíces y bellotas.  Claramente se ve que los seres humanos no somos omnívoros en el sentido estricto del término.

¡Vaya por Dios! Parece que solo nos queda ser carnívoros. Estos son los animales que se alimentan de carne (y de pescado), es decir, de alimentos de origen animal. Los carnívoros tienen un intestino delgado muy largo, que es la parte del aparato digestivo donde se digieren las grasas y las proteínas, que son los componentes fundamentales de la carne y el pescado. Pero tienen un colon muy pequeño, por eso no pueden alimentarse de vegetales.

En efecto, los seres humanos somos carnívoros, aunque no estrictos. Tenemos un intestino delgado enorme, de más de diez metros de longitud en una persona adulta. Así que estamos muy bien capacitados para digerir las grasas y las proteínas que abundan en los alimentos de origen animal (carne y pescado) y que escasean en los alimentos vegetales, salvo algunas pocas excepciones.

Tenemos un colon más corto que el de herbívoros y omnívoros. Seguimos sin poder digerir la hierba o las hojas de los árboles, pero podemos alimentarnos de algunos vegetales especiales como las frutas, las verduras y las hortalizas, que suelen tener algunas cantidades de almidón y azúcares sencillos que podemos digerir y asimilar. Y ahí se acaba todas nuestras posibilidades de alimentación vegetal natural.

Seguro que alguien ya habrá pensado: ¿Pero qué ocurre con los cereales, las legumbres y las patatas? Pues que nuestro intestino de carnívoros tampoco los puede digerir. ¡Pero si yo los como! exclamará alguno. Ya, pero se necesita recurrir a un truco: calentarlos. Los cereales, las legumbres y las patatas no los podemos consumir a no ser que los hayamos sometidos al calor mediante alguna forma de cocinado (desde las palomitas de maíz  a un cocido).  Por este procedimiento modificamos la estructura molecular de los cereales y las legumbres, y neutralizamos algunos agentes tóxicos que contienen, y así permitimos que nuestro aparato digestivo pueda asimilarlos.

Por lo tanto, disfruten de la carne con tranquilidad de conciencia, pero con moderación. Siempre que puedan consuman la carne de animales que se han criado de manera natural, por ejemplo, las vacas retintas de las dehesas extremeñas o de los cerditos y pollos criados en el campo. Acompañen la carne con algún vegetal como guarnición o formando parte del guiso. No coman la carne que esté quemada, ni recurran a las carnes procesadas y fiambres salvo en circunstancias de extrema necesidad, y solo ocasionalmente consuman embutidos.

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No juegue a la lotería del cáncer

Sufrir cáncer es como una lotería, por lo que hay que tener los menos boletos posibles.

Sufrir cáncer es como una lotería, por lo que hay que tener los menos boletos posibles.

El pasado 4 de febrero se celebró el Día Mundial contra el Cáncer. Es un problema de salud de gran repercusión social ya que se ha convertido en la principal causa de muerte en España. El cáncer es fundamentalmente una lotería a la que jugamos solo por estar vivos, y de la que nadie quiere tener un boleto premiado. Pero todos sabemos que en esto de la lotería reducimos la probabilidad de que nos toque si compramos menos boletos. Y en la lotería del cáncer jugaremos menos números cuanto más saludables sean nuestra alimentación y nuestro estilo de vida.

La influencia de estos factores opera en dos direcciones: una buena alimentación y un estilo de vida activo reducen el riesgo de desarrollar cáncer, y una mala alimentación y el sedentarismo lo acrecientan. Les voy a proponer un decálogo para reducir nuestra participación en esa lotería fatídica y evitar que nos toque “el gordo” de un tumor.

1. Coma tres veces al día algo de verduras frescas, frutas enteras o licuadas (no en zumo), legumbres o cereales integrales. Alternando unas y otras durante la semana. No hay límite: cuanto más, mejor.

2. Consuma la menor cantidad posible de azúcares rápidos: dulces, pasteles, jarabes y siropes, bebidas con azúcar y azúcar refinada. Al parecer, las células cancerosas se alimentan exclusivamente de glucosa. Utilice edulcorantes artificiales, pero cada vez que se vacíe un envase compre un edulcorante diferente, y así no sobrecarga su organismo con el mismo producto.

3. Reduzca lo más que pueda el consumo de grasas saturadas y grasas trans (parcialmente hidrogenadas): manteca, mantequilla, margarinas, gordo de la carne, leche entera, platos preparados industrialmente, patatas y gusanitos de bolsa, etc.

4. Cocine de forma saludable: no apure el aceite de la freidora, y evite los restos de alimentos requemados dentro del aceite, no coma ni pan ni carne quemada. No consuma alimentos mohosos. No caliente (ni guarde calientes) los alimentos en envases de plástico.

5. Diariamente proporcione a su organismo abundantes grasas omega 3: algo de pescado azul, una cucharada de chía en la ensalada o en un yogur o tres nueces. No hay límite, cuanto más mejor. El cáncer tiene mucho que ver con un estado inflamatorio global, y los omega 3 son antiinflamatorios naturales.

6. Modere el consumo de alcohol a un máximo de dos copas de vino (mejor tinto) o dos vasos de cerveza al día. Si no bebe alcohol, mejor.

7. Inicie el día bebiendo un vaso de agua con limón en ayunas y espere unos minutos para desayunar. Hay una teoría muy en boga, aunque no confirmada suficientemente, que a las células cancerosas no le gusta lo alcalino. El limón proporciona citrato, que ayuda a controlar la acidez del organismo. También es útil añadir una punta de cucharita de bicarbonato al agua de bebida de la comida y de la cena.

8. Mantenga su peso corporal dentro de los límites recomendados: entre 20 y 26 de Índice de Masa Corporal. Más o menos, que los kilos de peso no superen los centímetros de talla por encima del metro.

9. Realice algo de ejercicio físico todos los días, de cualquier tipo, aunque lo más recomendado es caminar a buen paso al menos 45 minutos al día.

10. Procure relacionarse con amigos y familiares. Reduzca el número de horas que pasa delante de una pantalla, sumando móvil,  televisión, ordenador y videojuego.

 

Es curioso que hay un refrán antiguo que resume todo este decálogo con su peculiar y rotundo estilo: «Poco plato, mucho trato y gasta la suela de tus zapatos». Para terminar, tenga en cuenta que algún exceso, de vez en cuando, no es peligroso (bodas, bautizos, comuniones, fiestas señaladas y juergas con los amigos). El problema es la reiteración excesiva.

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¿Dieta mediterránea o dieta paleo?

Todos aceptamos sin reservas que una alimentación correcta y un estilo de vida saludable son los mejores avales para una vida sin enfermedades, larga y feliz. La dificultad reside en saber cuál es la alimentación y el modelo de estilo de vida más adecuados para alcanzar estos objetivos.

Y este dilema no es de ahora. En los años 20 del siglo pasado el prestigioso endocrinólogo Gregorio Marañón escribía: “No hay nada más mudable que la ciencia de la dietética, no hay año en que no cambie algo fundamental”. ¿Quién no suscribiría hoy esta afirmación?

Hasta hace pocos años el modelo indiscutible de alimentación y estilo de vida saludable era el que se engloba bajo la denominación genérica de “Dieta Mediterránea”. Todo procede de las investigaciones de un matrimonio de médicos estadounidenses, los esposos Key, que recorrieron diversos lugares del Mediterráneo por los años 50 de siglo XX.

Intentaban averiguar la razón de que los habitantes morenos y bajitos de los países ribereños del Mare Nostrum tuvieran menos infartos que los rubios, altos y sanotes del norte de Europa y de Estados Unidos. Fruto de sus estudios publicaron un libro que fue el origen del auge de la Dieta Mediterránea. Por cierto los Key conocieron en Madrid a un médico joven llamado Grande Covián, lo ficharon y se lo llevaron a USA.

Pero lo que hoy se considera dieta y estilo de vida mediterráneo no lo reconocerían los esposos Key, ni por supuesto lo asumiría como propio cualquier mediterráneo que se precie de serlo. La cuestión se ha desbordado hasta el punto de venderse en Internet botes con cápsulas de Dieta Mediterránea; incluso las hay de categoría “supreme”. Te comes un perrito caliente en un puesto callejero y, con el último sorbo de bebida, te tragas una de estas cápsulas, y ya has ingerido una sanísima dieta mediterránea.

Además uno de los ingredientes del estilo de vida mediterráneo que estudiaron los médicos americanos era su elevado nivel de actividad física diaria. Hoy día, los mediterráneos somos muy sedentarios. Ni siquiera actividades laborales como la agricultura precisan hoy del enorme esfuerzo que exigían hace años.

Dado este estado de la cuestión no extraña que otras alternativas saludables intenten desplazar a la caduca Dieta Mediterránea del número uno en el ranquin de modelos saludables a seguir. Uno de estos competidores potentes es la alimentación y el estilo de vida Paleo.

Estas recomendaciones de trasfondo paleolítico se basan en dos elementos esenciales. Vamos a analizarlos brevemente:

1) En primer lugar, hay que tener en cuenta el gran desarrollo de la genética, que ha demostrado que nuestra especie, el Homo sapiens sapiens, es muy reciente, de apenas 200.000 años de antigüedad (los de Atapuerca, que son mucho más antiguos, no tienen nada que ver con nosotros; son otra especie diferente).

Y sabemos que, en ese breve periodo de tiempo (evolutivamente hablando), apenas han cambiado nuestros genes. Así que todos nosotros somos hombres y mujeres paleolíticos. Tenemos una genética y una fisiología adaptada a la forma de vida que llevaban nuestros ancestros en África hace 200.000 años.

Los mismos dedos que hoy me permiten teclear en el ordenador este texto son los que a nuestros ancestros les permitieron fabricar herramientas de piedra, hueso o madera o pelar una fruta o una nuez.

2) En segundo lugar, hace unos 15 años irrumpió con fuerza la llamada Medicina darwiniana o evolucionista. Es una rama de la medicina que estudia la enfermedad, su prevención y su tratamiento desde la perspectiva de la evolución biológica. Y a la que yo me dedico con afán desde hace muchos años, y he contribuido con dos obras: El Mono Obeso, que trata la medicina darwiniana de la obesidad; y El Mono Estresado, que lo hace del estrés.

El principio fundamental de la Medicina Darwiniana establece que gran parte de las enfermedades que hoy nos afligen en las sociedades desarrolladas y opulentas son consecuencia de la incompatibilidad entre nuestro diseño evolutivo (paleolítico) y el uso que hoy le damos.

La conclusión final que se extrae al unir las dos premisas precedentes es que si queremos estar sanos, vivir muchos años y ser felices tenemos que lograr ser lo más paleolíticos que podamos dentro de esta sociedad sedentaria y opulenta en la que nos ha tocado vivir. Y cómo lograr esta proeza es lo que preconizan la dieta paleo y el estilo de vida paleo, que se están poniendo de moda en nuestra sociedad.

Pero ¿Cómo ser un buen paleolítico o paleolítica en nuestra sociedad de la Era Espacial? Evidentemente no se trata de que haya que ir a cazar la comida, ni que tengamos que ir disfrazados como los picapiedras al supermercado y pinchar con una lanza los botes de alimentos en las estanterías. No; es mucho más sencillo. A lo largo de los textos que irán apareciendo en este blog analizaremos y trataremos con detalle qué podemos hacer para ser unos buenos paleolíticos y lograr más salud y felicidad dentro del complicado mundo desarrollado que habitamos.

 

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Sobre el autor José Enrique Campillo
José Enrique Campillo Álvarez es médico especialista en nutrición y alimentación. Catedrático de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura, ya jubilado, se dedica a la labor divulgativa de sus relacionadas con la nutrición humana y el ejercicio físico. Conocido a nivel mundial tras la publicación de El Mono Obeso, ha seguido cosechando éxitos con otros como El Mono Estresado, la Cadera de Eva, Comer Sano para Vivir Mejor, y Adelgaza. Este blog estará dedicado a explicar cómo mantenerse sano y feliz desde la perspectiva de la Paleosalud.

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