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Fecha: marzo, 2016
Resucitar para ser pan partido
José Moreno Losada 31-03-2016 | 10:29 | 0

PAN PARTIDO EN LA COMUNIDAD

“Contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”(Lc 24,35)

El Creador, el Padre amoroso, en la fuerza de la pasión por la humanidad, se hizo creatura, y la revolución se estableció en todo el universo por un Absoluto que se hacía señal en un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Un sencillo hombre de la historia de cada día, que anduvo por las calles, las plazas, los caminos, a pie descalzo para sentir en su propia vida lo que era la vida de lo humano. Ahí se abrió al misterio del pan de cada día y ahí aprendió a partirlo y a compartirlo. Su propia vida fue entendida como el pan que se parte y se reparte entre los hermanos, lo hizo en todo su vivir diario y lo celebró en la mesa de la entrega definitiva cuando selló una alianza eterna de amor con su cuerpo y con su sangre: “Tomad y comed todos de él”.

No podía morir esta entrega, este amor comprometido, este deseo de justicia y de misericordia sin límites. Lo crucificaron pero, al hacerlo, no lo enterraban, sino que lo sembraron para siempre. El amor es más fuerte que la muerte y se impone a ella. El pan partido se empodera del hambre de la humanidad en su deseo de fraternidad y esperanza, para alimentarla como pan de vida eterna. Y ahora todos podemos comer su cuerpo y beber su sangre, todos podemos ser habitados por el Resucitado que, como Dios destrozado, se nos da a trozos para que podamos vivir por Él, con Él y en Él.

El hombre resucitado encuentra en el pan de la Eucaristía el amén de la fidelidad radical del Padre al Hijo que lo resucita, y del Hijo al Padre que ha arriesgado en su existencia aceptando la cruz a favor de la liberación y salvación de todos los pueblos de la tierra. En el pan glorioso del resucitado está la fuerza que nos ayuda a proclamar que el inocente ajusticiado ha sido liberado para siempre y ya tiene alimento de vida eterna para todos, especialmente los que sufren, que es posible la justicia. No impidamos a Cristo estar realmente presente allí donde Él quiere estar, para llevar su Evangelio de dignidad, verdad y justicia. Hoy como nunca el reto está en que la presencia real de Cristo llegue como sanación, consuelo, dignidad, justicia, verdad, libertad a todos los que sufren en el alma o en el cuerpo.

 

TESTIMONIO

Hace unos meses, la madre de Cristina me escribía desde el hospital y me anunciaba que habíamos entrado en alerta “0”… Su hija se había estabilizado un poco y ahora era posible intentar el trasplante de su corazón para que pudiera seguir viviendo, aunque el pronóstico seguía siendo muy grave. Alrededor de ella se temblaba y se esperaba…Era posible esperar porque la grandeza de lo humano ante los límites es insospechable, y hay mucha bondad en la historia y en nuestro mundo.

Hoy Cristina ha llegado a su casa, ha dejado el hospital de Madrid…Ya ha dado sus paseos antes de salir de allí. Todo un milagro de amor realizado entre todos, médicos, enfermeros, familia, amigos… todo el amor le ha devuelto la vida, y así ha entrado en su casa, llena de amor, con un corazón nuevo que ha sido vitalizado por millares de corazones que la quieren y la animan, conocidos y anónimos, todos unidos por una esperanza y una ilusión. Ahora a caminar y a vencer dificultades, pero todas con amor.

 

El pan partido y entregado tiene como horizonte la fraternidad que se ejerce en la comunidad de la nueva alianza. Somos alimentados por un mismo cuerpo, bebemos en una misma sangre; ahí está el principio y el horizonte de nuestra vida en Cristo.

La comunidad del Resucitado no pude cerrar sus puertas por miedo, sino que está llamada a sentarse en medio del mundo y de las plazas, como hace el pan de cada día, para que a cada uno le llegue el trozo partido de su consuelo, su alivio, su descanso y su salvación. Para eso no hay otro camino que destrozarse en el amor para que otros nos puedan comer en su hambre, todos estamos llamados a comulgar diariamente trozos de Dios resucitado, en medio de la historia, para poder destrozarnos en la entrega y ser  trozos de vida para otros. Y el Dios Resucitado nos viene entregado en los retazos del vivir diario, en los encuentros con los rotos de la historia, así como en los gestos de compartir y de unidad que se nos ofrecen por parte de muchos hombres que hacen de su vida lugar de encuentro, recuperación, sanación y familia para los que más lo necesitan. Traer al centro de la comunidad a los rotos y excluidos ha de ser el oficio propio de los que se han encontrado con el resucitado, de la comunidad eclesial que quiere ser testigo de la esperanza en medio del mundo.

 

“Señor resucitado, queremos ser pan partido para el pueblo, trozos de tu aleluya para todo sufrimiento y tristeza en nuestro mundo”

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Pascua Cristiana: entre la luz y el dolor
José Moreno Losada 28-03-2016 | 1:32 | 0

Pascua con sabor agridulce

(Entre  Ávila y Pakistán)

Amanezco con la alegría de una resurrección que se me da a borbotones en medio una comunidad de jóvenes universitarios de distintos lugares de España, que pertenecen al movimiento de la Juventud Estudiante Católica, un movimiento especializado de acción católica que apuesta por vivir su fe encarnada en el ambiente estudiantil.

Han sido cuatro días intensos, de una profundidad vital impresionante, donde adultos de distinto tipo –sacerdotes, religiosas, profesores, periodistas…-, que hemos compartido el espacio, hemos sido sorprendidos por entender que lo que estábamos viviendo era  algo único. Más de cincuenta jóvenes entre 16 y 30 años que se plantean en serio cuestiones tan centrales como luchar contra las injusticias en los institutos, participar en los espacios estudiantiles y sociales desde el ser universitario y joven, o adentrarse contra el  sufrimiento laboral  y favorecer espacios de realización en el ejercicio del trabajo, entendiendo que este es mucho más que un salario, que se hizo el trabajo para el hombre y no el hombre para el trabajo.

Lo hemos hecho en un espacio privilegiado, un albergue al costado de las murallas de Ávila, en la universidad de la mística. Allí el Evangelio se nos ha hecho compañero de camino, la lectura creyente nos ha hecho arder el corazón, la cruz se ha transformado en vida, el pan lo hemos amasado con nuestras vidas, los clavos han tenido nombre, el crucificado ha tenido rostro de joven asesinado en Siria, compañero de militancia, y la resurrección se nos ha dado a trozos desde un Dios destrozado que nos ha abierto a la esperanza de que otro mundo es posible, y de que nuestra debilidad lo puede hacer tocada por la fuerza del resucitado que se nos da en estampas de lo más cotidiano, de lo más sencillo y lo más cercano. Por eso nuestra fe incluso se ha hecho baile y nuestra celebración fiesta y silencio, al mismo tiempo. Hemos pasado por el misterio de nuestra pascua personal, juvenil, estudiantil, eclesial, social, y desde ahí nos duele todo lo que le duele a la humanidad, creciendo en el deseo de un Reino que ya está viniendo, pero que quiere de nosotros para hacerse más real y más auténtico, para tocar más realidades sufrientes y desesperanzadas,  compadecerlas y con pasión darles nuestra vida.  Hemos visto, junto a jóvenes llenos de vida y de esperanza,  la pasión y nos hemos abierto a la compasión. El Aleluya final ha sido nuestro canto de misión y envío con el deseo de que saber mostrar el rostro del resucitado en trozos de vida y encuentro en todos nuestros espacios diarios juveniles estudiantiles y profesionales.

Y toda esta luz y este sentimiento de gracia y esperanza, ha chocado en la mañana de pascua, cuando todavía estaba ardiendo el Cirio de la luz del Cristo resucitado, el que nunca quiere apagarse, con la noticia de mujeres y niños que han muerto en un parque paquistaní, cuando estaban celebrando la fiesta de la Pascua, de ese resucitado del que nosotros también somos parte. El odio  y la violencia, una vez más se han vestido de crucificado, de terror, de muerte y han acabado con lo sencillo de vidas humildes y esperanzadas, que creen en la paz y en la bondad de lo humano y se manifiestan en las calles y en las plazas de los pueblos, sin ningún miedo porque el resucitado les ha traído la alegría, la paz y la esperanza.

Nueva sangre de mártires que se hacen semilla de resurrección, nueva lectura creyente hecha de sufrimiento irracional: “Dichosos vosotros cuando insulten, os persigan, os calumnien de cualquier  modo por mi nombre, por mi causa…estad contentos, saltad de gozo, porque vuestros nombres están inscritos en el reino de la vida”. Nuestro sufrimiento quiere hoy revestirse de gozo en el crucificado que ha resucitado, ahí queremos ver todas las víctimas que han muerto en Pakistán  y que tienen rostro y nombre de toda persona que sufre y muere injustamente, sea en el lugar que sea, por la causa que sean, en la fe que sea. Todos son para nosotros el rostro de un Cristo que ha de ser glorificado. Y su mirada nos compromete a fraternizarnos y a responder al odio y a la violencia, con el amor, el perdón y la paz.  Hoy más que nunca necesitamos al resucitado que se encuentra con nosotros y nos dice: “Paz a vosotros, mi paz os dejo mi paz os doy… y id por todo el mundo a anunciad el evangelio del perdón y la vida”.

Creo que jóvenes como los que me han ayudado a vivir esta Pascua son los que han de transformar este mundo,  en sus manos está la paz, la alegría y el perdón.  Merece la pena apostar por aquellos que creen que es posible un mundo nuevo, un reino de paz y de justicia, el que nos está haciendo falta frente a tanto dolor injusto e inhumano. Gracias  a vosotros, mi esperanza se renueva y no se rinde ante atentados como estos.

 

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“Je suis humain”
José Moreno Losada 23-03-2016 | 3:00 | 0

Ojo por ojo y todo el mundo será ciego…

Comenzamos la pascua cristiana, y el marco se abre con sangre y dolor en Bruselas, el deseo de la paz se vuelve urgente y doloroso, ¿pero, de verdad, deseamos la paz auténtica de la que habla el Evangelio, la que trae Jesús de Nazaret, el crucificado que perdona?

La realidad, con este último hecho,  nos habla más bien de venganza y de violencia de un modo estructural y ambiental en nuestro mundo y en nuestra sociedad. Los datos nos hablan de un mundo en guerra y el Papa Francisco, proféticamente  lo viene denunciando  y llamando a la conversión, por eso nos habla de misericordia. En la Navidad nos ha hablado de un río de miseria y de violencia que  asola el mundo, cuestionó de esta manera: “¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo?”. Estamos viviendo desde la ofensa y la venganza, por eso podemos hablar de  un mundo en guerra: la guerra de Siria, la del África subsahriana (Sudán del Sur, República centroafricana, Etiopía, Uganda, Congo), en la zona de Asia y el Pacífico, en América Latina (especialmente Colombia), en la zona De Oriente medio y el norte de África; y, finalmente, en Europa  con los refugiados (Ucrania). Desde principios de siglo no había en el mundo un mapa de conflictos tan extenso y con tantos fuegos abiertos a la vez como el que tenemos en el presente. En el fondo de todos los conflictos está siempre la ofensa, los que se sienten ofendidos por los otros. Ya el adagio nos habla que si nos movemos desde la ofensa la marea de la violencia será imparable y la paz será imposible.

La ofensa se adentra en el corazón del hombre e invita al rencor para permanecer unido a él. Cuando eso ocurre la muerte se apodera de lo humano, y  acaba con el otro  que me ha ofendido al mismo tiempo que acaba con la bondad y la paz del que se venga. Cuando eso ocurre las sociedades se vuelven poco humanas y habitables, la sospecha, la desconfianza, la frialdad, la indiferencia, la lejanía se apoderan de los sentimientos y nos hacemos cada vez más cerrados e individualistas en todos los ámbitos: políticos, regionales, económicos, sociales, familiares, religiosos, deportivos… podemos decir de algún modo que la ofensa por la ofensa acaba con todo, da muerte a todos los que se adentran en ella con el rencor. Las heridas son enormes y el sufrimiento se extiende y se universaliza como una marea imparable, así se generan los ríos de miseria y sufrimiento humano.

Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…

Siguiendo al Evangelista Lucas, cada vez que rezamos con la oración propia de los cristianos, pedimos a Dios el perdón de nuestros pecados, de nuestras ofensas con respecto a El, pero también añadimos lo que ha de ser nuestra especificidad de seguidores de Jesús en medio del mundo :”así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Presentamos nuestro deseo de perdonar toda ofensa y toda injuria recibida en nuestra vida. El perdón, en primer lugar, de las ofensas que los “hermanos” nos hacen “siete veces al día”: “Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás” (Lc 17,3-4). Pero no sólo a los hermanos, sino “a todo deudor”, es decir, a los enemigos, a

quienes les odien, maldigan y maltraten (Lc 6,27-28; 6,22). El odio, la maldición y los malos tratos, las injurias y la proscripción “por causa del Hijo del hombre” es la deuda que deben perdonar los cristianos, como Cristo en la cruz les perdonó a ellos. Respondiendo al mal
con el bien, “serán hijos del Altísimo”: “Amad a vuestros enemigos; haced el bien y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y perversos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso…. perdonad y seréis perdonados” (Lc 6,35-37). 

ORAR  desde la cruz y el atentado.

Rotos por el atentado de Bruselas, desde el Espíritu de la Pascua Cristiana el corazón se nos abre, guiados por el Papa Francisco, para mirar nuestra mundo y contemplamos junto  a él “un río de miseria y de violencia” que asola y hace sufrir a los humanos. Nuestro corazón necesita salir de la indiferencia y de la realidad envolvente de la dinámica de la ofensa, que hiere y nos deja siempre heridos. No queremos vivir desde la ofensa, deseamos acoger tu invitación paterna para entrar en tu corazón de misericordia y de perdón.  Queremos descubrirte en tu misericordia y desde nuestro corazón herido hoy te levantamos  nuestras súplicas de hijos pródigos, que deseamos volver a tu casa y ser de tu familia, entrando por la  puerta de tu perdón gratuito y amable. Queremos vivir a fondo tu obra de misericordia que nos invita a perdonar las ofensas y todas las injurias:

Enséñanos a saber acogernos a nosotros mismos en aquellos que nos duele y nos ofende de nuestras propias personas, aquello que no aceptamos con paz y nos lleva a ser ofensivos y violentos con los que nos rodean. Sánanos en nuestra propia soberbia y ayúdanos a reconciliarnos con nosotros mismos, a querernos como somos, a perdonarnos a nosotros mismos para saber perdonar a los demás. Que nunca olvidemos como supiste ponerte en la fila de los pecadores, con ternura, para adentrarte con todos en el Jordán y sentir caer sobre ti el agua del perdón y del deseo de la reconciliación personal y universal.

Descúbrenos como de la ofensa se sale por la vía de la humildad, que toma la iniciativa y hace del perdón el lugar del encuentro más allá del sentimiento ofendido. Que sepamos ver cómo siendo Dios, el santo, es el que se abaja, por amor humilde, y se acerca a la humanidad a traer un perdón, que no había sido pedido y que no fue reconocido por muchos. Ha sido la divinidad la que se ha acercado para hacerse misericordia, y ha aparecido en el mundo despojado y pobre, manifestando que necesita  El de la misericordia de los pecadores. Tú, en la  señal de un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre, nos invita a dar los primeros pasos para pedir perdón en la ofensa, haya venido de donde haya venido.

Haznos sentir tu perdón sin límites y la alegría de este poder de perdonar. Que sepamos mirarte en lo alto de la cruz, sanando a toda la humanidad y pidiendo al Padre nuestro perdón sin ningún límite: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Danos la alegría de tu Reino, la que muestra que hay más contento en el cielo por un solo pecador amado que se arrepienta que por miles, que siendo perfectos, no se han abierto a la vía de la compasión y del perdón fraterno. Ayúdanos a entender que el mayor poder que tú nos has dado, a través de tu Espíritu de resurrección, es el de poder perdonar todo, y que sabremos hacerlo cuando hayamos aceptado tu amor y tu perdón gratuito. Amén

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Geografías interiores
José Moreno Losada 20-03-2016 | 2:22 | 1

Joven, cristiano, músico. Amante de la poesía, el arte y la vida.
Hay jóvenes que se definen así, nada más y nada menos, están en medio del mundo, forman parte de él, son al mismo tiempo tan divinos como humanos, traen lo nuevo y van en silencio, procesionando  ”con pasión y compasión”. Bastaría con escucharlos para enriquecernos con su juventud apasionada e inquieta. Álvaro Mota, pacense, es uno de ellos, por eso hoy me callo en la pasión de este Domingo de Ramos y  le doy mi palabra:Geografías interiores
http://devivenciasycadencias.blogspot.com.es/2016/03/geografias-interiores.html

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Juan Ledesma: “In Vivo”
José Moreno Losada 17-03-2016 | 9:31 | 0

JUAN LEDESMA BRILLÓ

“No pasó inadvertido”

No hace mucho tiempo tuve la oportunidad de disfrutar del concierto  de IN VIVO, de liryc pop.  Tres tenores y un barítono de calidad que divulgan la riqueza de su canto haciéndola cercana y popular. Fue en el López de Ayala, cuando quise comprar la entrada ya estaban agotadas todas, pero fui afortunado por uno de los tenores que me facilitó poder entrar para gozar de este evento, se trata de Juan Ledesma. Una persona de esas que cuando llega a tu vida enseguida reconoces que está llena de profundidad y cuidado.

Lo conocí en el ámbito de un convento de clausura, de la mano del buen amigo, Pedro Monty –el gran descubre/talentos-,  donde nos deleitó con un aleluya de primer orden, celebrando el centenario de santa Teresa entre religiosas de contemplación y artistas en el convento de Talavera la Real, a partir de ahí hemos estado en contacto y he ido conociendo algo de su trayectoria personal, de la cual me siento orgulloso.

Un chaval sencillo y anónimo de la barriada de San Roque, de esos silenciosos de sonrisa amplia y mirada profunda, que no se hacen notar pero que se muestran disponibles y saben enriquecerse con todo lo que pasa a su lado. La banda de música de la cofradía, sus estudios, la parroquia, los campamentos, la familia, amigos… todo aquello que ayudara a desarrollar su persona, junto a otros, en la sencillez   y la humildad. Llegado a una edad de cierta adultez lucha por su futuro en algo que le cautiva y le atrae profesionalmente, se prepara  y acaba  trabajando en Valencia en una profesión de compromiso social y humano, sin perder nunca su referencia a Extremadura y a Badajoz. Y en esas anda cuando siente esa necesidad de seguir desarrollando sus dotes musicales pero ahora desde el canto. Comienza una nueva andadura que le va seduciendo y le va proponiendo actuar en distintos lugares y con distintas finalidades, y de este modo le comienzan a conocer y a valorar. Pasa por el concurso de la canción de Extremadura y ahí ya da su aldabonazo profesional que no ha parado, posteriormente le proponen formar parte de un grupo de tenores y ahí está por toda España, haciendo gozar a  miles de personas, con un disco en preparación que saldrá este verano.

Y se cumple un deseo soñado y querido por él cuando decide venir a interpretar, junto a sus compañeros, sus canciones de vida y luz  en la ciudad de Badajoz en el López de Ayala, en su tierra y con su gente. No cabía nadie más y fueron muchos los que se quedaron con las ganas de poder participar. Nos deleitaron con sus cantos y su cercanía,  debordando familiaridad. Y en medio, Juan Ledesma ,con el corazón henchido, las lágrimas a flor de piel, junto a sus padres, hermanos, sobrinos y junto  a todos los que en ese día había hecho una opción por estar con ellos y, sobre todo, con él, viniendo de muchos puntos de la geografía extremeña y de otros lugares más lejanos. Yo me sentí parte de ese evento y me alegré en el alma de participar en él. Gocé de la altura y la profesionalidad de todos, especialmente de la suya, del éxito que se respiraba en el agradecimiento del pueblo que se deleitaba con este regalo, soñando con poder disfrutarlos en un marco tan emblemático como el del teatro de Mérida con la orquesta de Extremadura. Cosa que pido y suplico desde aquí a los que lo pueden facilitar, para que podamos gozar de lo nuestro con los nuestros.

No deja de ser un gozo que un joven de nuestro pueblo, lleno de riquezas, con serenidad y sencillez, tenga un éxito que ha sido logrado no a la fuerza,  sino paso a paso, con autenticidad, ganado palmo a palmo, con deseo de perfección y de altura de miras. Con disponibilidad y cercanía sin perder su horizonte sino agrandándolo. Estoy seguro que su vida musical va a ser grande y rica, y yo me sentiré siempre agradecido de haberle conocido y haber compartido estos momentos y pasos con su persona. Sé de su interior y de su deseo de bien, de su humanismo y su cuidado con los que lo rodean,  sé de su canto y de su mística de joven y soñador, sé que su canto y su alma van al vuelo y buscan la luz y la vida, y sólo puede desearle que las siga encontrando y que nunca deje de buscarlas por ese camino de lo humilde y de lo sencillo. Enhorabuena Juan Ledesma, porque llevas un tesoro  y te muestras como vasija de barro. Ah, y de  tener que elegir alguna canción de las interpretadas por estos cuatro profesionales, elegiría sin duda la de MAMA, por la belleza de la misma y por la dedicación a tu madre, un sueño cumplido, ¿verdad?

 

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.