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Fecha: agosto, 2016
El sacerdote y su biblioteca, al morir…
José Moreno Losada 30-08-2016 | 12:14 | 0

Desde la biblioteca de un sacerdote fallecido

He pasado la tarde en conversación con el familiar de un sacerdote en la vivienda en la que permaneció hasta su muerte, que le llegó cuando se acercaba a los noventa años. Hace tiempo que alguien allegado me habló de que tenía entre sus enseres objetos y útiles litúrgicos que podrían servir en algún lugar, yo los recogí y los llevé hasta uno de los lugares en los que él había celebrado la eucaristía bastantes veces. Allí se han recuperado  sus  purificadores, corporales, alba, estolas, así como algún copón y hostiario, a manos de una buena mujer de esas que dan vida en las sacristías llenando de blancura y limpieza lo que sirve al altar. Poco después me llama el familiar que lo cuidó hasta el final y me dice que vaya para ver qué hacen con su biblioteca personal y sencilla de sacerdote, una vez que ellos se han apropiado de aquellos libros de interés personal en función de sus aficiones. Yo quedo con esta persona y allí he estado esta tarde, en la casa que fue de este compañero.

El duelo y lo entrañable de los libros

Primero ha sido una elaboración de duelo y consuelo del familiar que le acompañó en los  últimos años, haciéndose cargo de su realidad, y así facilitó algo que a él le hundía como persona cuando enfermó, como era tener que ultimar su vida en el asilo, ha muerto en su casa, en su cama, con una calidad de vida muy buena hasta momentos antes de expirar gracias a Dios y a este familiar. Después hemos pasado a su despacho, allí unas estanterías sencillas llenas de sus libros. Algunos enciclopédicos, sin siquiera estar abiertos, otros de uso  diario como sus  libros de la liturgia de las horas, los leccionarios. Un buen cuerpo de aquellos que tienen que ver con sus estudios de derecho canónico y otros de teología y moral, así como aquellos de espiritualidad sencilla. Y de notar aquellos que fueron de su infancia, como la gramática de latín. Me invita a escoger alguno de recuerdo para mí y elijo aquellos que yo tenía y que perdí, a los que le tengo afecto. Una edición bilingüe del Concilio  Vaticano II de la BAC normal,  otro sobre el cristianismo de De Lubac,  las “Entrañas del Cristianismo” de Olegario González de Cardedal, y otro muy sencillo, pero propio  de la espiritualidad de nuestra juventud cristiana, de Michel Quoist que llevaba por título “Oraciones para rezar por la calle”, símbolo de una espiritualidad secular, que unía vida y oración, calle y Dios. Recomiendo que todo lo demás pueda llevarse a la biblioteca del Seminario para ver que es de provecho para ella, y lo aceptan con alegría, también el Seminario fue parte importante de la vida de este sacerdote.

Orando desde el silencio de una biblioteca desalmada

Ahora llego a mi casa, entro en mi pobre biblioteca para colocar estos regalos sacramentales del compañero ya glorificado, y pienso que un día harán lo mismo con ella, y hojeando el libro de Quoist, orar desde la calle y la vida,  me sale una oración sencilla que comparto desde los sentimientos al ir viendo y seleccionando sus libros:

“Padre, en esta tarde te he visto en el silencio de la ausencia, en los libros callados de una biblioteca sencilla de un cura, de un hombre que, tocado por ti, quiso llevar tu luz a los hombres, con sus riquezas y sus pobrezas personales. Ahora la estancia, con sus estanterías y sus libros, estaba muy callada, no triste, pero si aletargada, deseando salir de ese espacio que ya tiene otro horizonte y otro sentido. Según he ido viendo los libros y tocándolos, sentía y reconocía la vida de este compañero y pensaba en sus sentimientos, en sus oraciones, en sus alegrías y tristezas, en sus saberes y estudios, en sus gustos y hobbies, en su soledad y en su compañía. Te doy la gracias porque sé que no ha estado solo en ningún momento en la última etapa de su vida cuando era dependiente, que lo que era su miedo fue vencido con el cuidado y la ternura de un ser querido que optó por él y se entregó. Te doy gracias por esta persona, este familiar, que estuvo a punto en el momento oportuno, y que supo hacer hogar y acogida, lo que se presentaba con dolor, soledad y hundimiento.

Te ruego por él para que esté ya gozando en el cielo con tu presencia y tu amistad, y te pido por los que andamos todavía en el ejercicio ministerial, los que andamos con una pequeña biblioteca todavía viva y esperanzada, ayúdanos a saber que estamos llamados a la humildad del que está de paso, del que pone toda su confianza en ti, sabiendo que  tú nunca lo vas a  abandonar. Que no perdamos nuestro tiempo ni nuestras fuerzas en aquellos que la polilla y la carcoma corroe, que nuestra sabiduría tenga fondo. Que sepamos irnos, ligeros de equipaje, para encontrarte con libertad, no dejes que nos atemos a nada, que nada nos impida ser tuyos y de los demás, y que todo lo que seamos y hagamos sea transversalizado y transfigurado por tu gracia y tu ternura.  Agradezco la conversación larga y tendida con la persona que lo cuidó y lo tocó queriendo ser fiel a sus necesidades y que supo llevar con gracia y paciencia su enfermedad y sus debilidades, dale  Señor el ciento por uno, alégrale su vida, dale la paz y la serenidad del deber amoroso cumplido. Y a todos nosotros, los compañeros del presbiterio,  ayúdanos a ser agradecidos y contemplativos con todas las  personas que, en nuestra soledad y debilidad sacerdotal, se acercan con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza para animarnos y acompañarnos como madres, hermanos y hermanas. Y mi último ruego pedigueño, que el día que tu me llames definitivamente, algún alma sencilla al tocar mis libros eleve una pequeña oración desde ellos hacía tí, para que yo te abrace   mientras la escuchas”.

José Moreno Losada. Sacerdote.

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El corazón de un cura rural
José Moreno Losada 27-08-2016 | 4:22 | 0

El nuevo cura de Pallares

Miguel Ángel García Encinas, al que nombramos normalmente como “Guadi” entre los compañeros, está encargado hace años de la parroquia de Monesterio, pero también ha venido atendiendo como sacerdote en Montemolín, ahora le encargan de Pallares y deja éste último. A la hora de hacer estos cambios, aunque parezcan sin importancia, los sentimientos ministeriales se interpelan y se preguntan, del cómo y por qué vamos  de una comunidad a otra y , sobre todo, con el espíritu que se desea ir. Por eso me ha parecido muy interesante esta comunicación, reflexión, lectura creyente -como le queramos llamar- de  este sacerdote ante este pueblo al que va a ir acompañar ministerialmente cuando ya hace dos décadas que comenzó su itinerario de cura de almas. Podríamos decir que es una confesión de corazón, a pie descalzo y a fe desnuda:

El sentimiento creyente del nuevo cura de Pallares

“Creo en la Iglesia”

Me situaba ante el día de hoy, ante el inicio oficial de mi servicio a  esta Parroquia de S. María Magdalena de Pallares, en estos días de tantas presentaciones y tomas de posesiones de tantos compañeros que están disponibles para la Iglesia Diocesana y su pastor, D. Celso, hasta el punto de aceptar cambios, mudanzas, nueva misión y nuevas realidades… Eso me hacía pensar en el día de hoy en mi postura y sentir ante la Iglesia, tanto la diocesana como la universal y doméstica. Y al hacerlo me reafirmo esta tarde ante vosotros sin dudarlo en la afirmación del credo: “creo en la Iglesia”. Pero no en cualquier Iglesia, Creo en ésta Iglesia concreta de Mérida- Badajoz, con tanta gente buena y tanta misión tan bien realizada; y con sus defectos y pecados, pero yo Creo en ésta Iglesia y no en la que otros quieren presentarme.
Sé que en el credo hay graduación de verdades de fe, que no es lo mismo decir creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu que en la Iglesia. La institución eclesial no es tanto objeto directo de fe, como contenido divino, cuanto del lugar desde el que creo y en el que vivo mi fe en el Dios de la vida y sin la cual no hubiera llegado a ser la persona que soy, ni tener la esperanza que tengo, ni el amor y la entrega a la que aspiro en medio de mis pecados y debilidades.

Desde lo vivido y conocido
Pero hoy al comenzar un servicio nuevo en esta comunidad de Pallares, me reafirmo en mi afecto y amor a la Iglesia, y puedo hacerlo desde los pastores que he conocido; tanto desde Don Antonio Montero, como Don Santiago, y don Celso, que  es el que me envía aquí con vosotros desde el día de hoy. Ninguna de las posibles debilidades que en ellos o en mis compañeros sacerdotes se den, van a poner en cuestión la realidad fundamental que es la comunidad eclesial como lugar en el que se gesta mi fe. Todas sus atenciones y desvelos lo son para agradecer al Padre el cuidado que nos tiene. Puedo estar en disconformidad con algunos de sus planteamientos; y deseo mostrar con claridad mis pensamientos –sabiendo que yo soy tan o más pecador que ellos- pero el ser de la Iglesia forma parte de mi ser y desde ahí lo vivo, tanto en lo bueno –que es con mucho lo más- como en lo defectuoso que tenemos que sufrir unos de otros. Sé que no debo caer en la tentación de confundir la Iglesia identificándola con uno de ellos, ni conmigo mismo y mis opciones.
Pero hoy siento que creo en la Iglesia desde el fondo de ella, desde sus entrañas enraizadas en el Padre. Y ahí veo la Iglesia de mi origen, la de mis padres  y abuelos emigrantes que dejaron su tierra querida de Granada; sencillos y callados en el sufrimiento y fuertes en la lucha por nosotros y en el sentido de la vida ganado día a día en medio de esfuerzos  garantizados en la confianza en el Señor.

Desde la propia historia personal

Ahí está la iglesia de mi barrio en la que me crié, las comunidades en las que he servido y trabajado en estos 20 años de sacerdocio; su gente, sus devociones, sus catequesis, sus rezos, sus fiestas, sus alegrías, sus dolores. La iglesia que me llevó al seminario siendo un joven de 18 años , creyendo en mí, confiando en mí, cuando solo era un muchacho desorientado ante la vida y la fe. Creo en la  Iglesia desde esa vivencia de Seminario, de compañeros, de formadores, de profesores, de actividades veraniegas…tanto y tantos han conformado mi existencia y  mi personalidad que  no sería la persona que soy sin toda esa vida eclesial regalada. Creo en la Iglesia desde mi sacerdocio, a veces tibio, vivido en Los Santos de Maimona, Azuaga y Malcocinado, Badajoz con su seminario diocesano, Fregenal de la Sierra y Bodonal de la Sierra, Monesterio y Montemolín donde tanto aprendo y seguiré aprendiendo en estos últimos años… hilos, hilvanes de una historia impagable de vivencias con el pueblo, la gente. Y en concreto desde unos cristianos y cristianas que me han llevado en volandas, para que vuele más y para que corrija mejor mis defectos, aceptándolos y entendiendo que no hay mayor  perfección que la compasión integral para nosotros mismos y para los demás.

El deseo de  una Iglesia encarnada y abierta…
Creo en la Iglesia que nos pide e interpela para que miremos juntos el momento actual, y que ahora nos recuerda constantemente –más desde el Papa Francisco- que volvamos a Jesús y miremos con ojos de justicia y caridad a los hermanos, especialmente a los que sufren y viven en el dolor y la pobreza.
Por eso hoy vengo con ganas y alegría a esta comunidad de Pallares, con el deseo de regenerarme eclesialmente, de ver en positivo esta realidad del Espíritu que nos pide renovación interna y profunda a nuestra iglesia diocesana. Vengo con el deseo de ser nuevo, de convertirme, de volver al amor primero, de recuperar el rostro genuino de esta Iglesia que debe ser continuidad de la encarnación del Hijo para que todo hombre se pueda encontrar con el evangelio de Jesucristo. Hoy pido por mis obispos, Antonio, Santiago y Celso, pero sobre todo pediré que el Señor me saque de mis tibiezas eclesiales, de mis amores e inquietudes olvidadas o gastadas, de mis incoherencias y dobleces, de mis dudas institucionales, que me lleve a una fidelidad renovada y creativa. Rezo para que este momento eclesial no sea para destruir sino para convertirnos y construir la Iglesia de la fe, la que ilumina y  transforma con un corazón lleno de los sentimientos de Cristo, sin ahogarse en la institucionalización que paraliza.
Y me acerco a vosotros con la misma disponibilidad y cercanía que siempre me han caracterizado como persona y pastor. Desde hoy me pongo a vuestra disposición y espero que vayamos conociéndonos como personas y cristianos, compartiendo juntos la alegría del Evangelio de Jesús.
Muchas gracias a todos.

Miguel Angel García Encinas.

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La vida, nos trae y nos lleva
José Moreno Losada 23-08-2016 | 3:36 | 0

“No hay vuelta, la vida  nos trae y nos lleva”

(Volver a la casa y al pueblo)

Volver sentidos y entregados

Amalgama de sentimientos confundidos, sin control. Aparentemente normalización, alegría, buenas presencias y palabras amables y de cariño… pero el frío interior corta el ánimo, la ausencia se hace grito de la presencia que duele, el vacío no sólo está hueco sino caído, y no sabes cómo sentirlo, mucho menos cómo decirlo y compartirlo. Nos hemos subido al coche para volver, hemos salido de Granja de Torrehermosa, íbamos ya por Azuaga, el silencio era total, pero ninguno de los tres  hermanos estábamos callados en nuestro interior, todos musitando, sintiendo, elaborando, controlando, evaluando, repasando. Al menos yo,  detalle por detalle, palabra por palabra, gesto por gesto, persona por persona, mirada por mirada, lleno el corazón y soledad sentida. Al ir, íbamos entre bromas y risas, al volver venimos sentidos, vencidos y entregados, porque volver no es volver sino aceptar lo que va dejando de ser.

Hoy el deseo vital hubiera sido detener las olas de nuestra historia, para que no sigan yendo y viniendo para que de una vez se estén quietas, pero la realidad no lo permite. Puedes volver al recuerdo, pero no detener el futuro que se te viene y se te impone aunque no quieras en su marcha permanente: la casa habitada por el silencio, fotografías de momentos detenidos sólo con el alma pero ya acabados y ultimados, deseo de restablecerlo todo, de obrarlo de nuevo,  para que siga siendo igual, cuando ya no puede ser, ya no cabe, esa ola se fue y aunque estemos de fondo, yendo y viniendo nosotros, ellos ya no están y otros se están yendo por el mismo camino y la misma debilidad.

Los  que quedan de ella

Hemos ido a los de cerca, a los hermanos de la madre, para encontrar lo mismo, la ola sigue, y ahora sin suavidad, ya tocando bordes de ellos, dando olvidos, delgadez, lágrimas de presente y de amor sincero pero en el olvido de nombres, de relaciones y referencias. Disimulamos y mostramos que todo sigue igual pero el mayor ya está en el borde, ya no borda solo pinta, y toca acariciarlo y dejar que nos toque los pies  en la orilla de la vida, con el vaivén de  su debilidad olvidada y con su yo. Ese yo que pide ser reconocido, cuando él mismo comienza a dejar de conocerse en lo más entrañable y en lo  más querido, aunque guarda con corazón la foto vieja de sus padres como algo de actualidad sin ocaso.

La nacencia

Nos hemos detenido en la calle, en la puerta de la casa en la que nacimos, aprendimos a andar y amar, a jugar y a reír, a llorar y caernos, hemos querido volver a  la infancia. La hemos abrazado entrando en casa de los vecinos, para oler a los nuestros que se fueron. Los hemos vistos cariñosos, han caído lágrimas, nos han besado como padres, nos han aliviado en emoción,  pero también ya están en su borde. Nos hemos  emocionado con sus hijas, nos hemos reído con el recuerdo, pero ya acabado y consumado, sólo dispuesto para pasarlo por el corazón. Nos hemos dicho que estábamos muy bien, los que ayer fuimos niños de una misma edad, pero metidos debajo de la ola que sigue yendo y viniendo, gastando la piedra y la concha del vivir y del querer en todos, aunque en cada uno a su manera.

La ola de la vida es imparable

Hoy, hemos vuelto al pueblo, hemos entrado en la casa, hemos besado a los que quedan, nos hemos parado en la nacencia, pero  íbamos riendo como quien puede  parar la ola del ayer, y ha sido  ella  la que ha jugado con nosotros y nos ha quedado atrás, confirmando que el pasado, pasado está, y el presente corre con otras olas que traen un futuro rápido. Vaivenes que siguen quedando rotos en el volver de la ola, en la vida convertida en la  arena de los que queremos. De ellos, los que nos siguen enseñando y presagiando que de las olas, del vaivén de la vida, sólo queda el sentimiento y el amor de ese toque que, aunque no podemos detenerlo al ir y al volver, en su tensión  va llenando la vida en aquello mismo que la va vaciando. Somos ir y venir, ellos se fueron,  ahora otros  están en los bordes de la ola y no podemos detenerlos ni en su soledad, ni en sus olvidos, ni en su delgadez o sordera, y nosotros ya lo sabemos por haber caminado con los nuestros.

Tenemos la señal de la vida: saber vivir, saber morir

Volvemos en silencio contemplativo, el silencio que nos da  el tener la señal de la vida. Sentimos que  ya ha pasado nuestro momento de crecimiento y ahora nos toca abrirnos para ir bajando en ternura y suavidad el tramo de lo más querido y más necesitado de nuestra propia historia y nuestro propio yo. Ya es hora de volver a reencontrarnos, recordarnos, unirnos y disponernos para entregarnos en la orilla de la vida, porque no hay vuelta, sólo nos queda la esperanza de  que haya otra orilla y allí nos reencontremos de una vez para siempre en un mar en calma divina y serena, abrazados eternamente a los que quisimos. Ahora, con nuestro cariño nos toca ser sombra de ternura y generosidad para que otros  puedan crecer.

José Moreno Losada

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“Adiós orante al abuelo centenario”
José Moreno Losada 17-08-2016 | 3:17 | 0

Vivir y morir  con dignidad

 

Morir en paz

Hace dos días  Jesús me llamaba y me comunicaba que el abuelo Paco ya estaba en las últimas, requería mi presencia para orar con ellos en esta despedida tan entrañable y sentida.  Recibió la unción y  yo conectaba con los amigos y conocidos del facebook para pedir su oración de acompañamiento a Paco, el abuelo de Jesús Sánchez, que estaba en sus últimos momentos:“En el día de la Asunción, oración sacramental sencilla, entrañable, humana, filial, agradecida, pacífica , de consuelo y alivio, de despedida para la eternidad. Francisco Sánchez -98años-  ha recibido la unción de enfermos rodeado de sus hijos que, aunados en sus manos entregadas y vencidas, han rezado el Padre nuestro en su nombre con un corazón lleno de vida y esperanza en sus últimos latidos. Oremos con esta familia de Francisco, en estos momentos, cuando está dando sus pasos últimos hacia el Padre.”

La Palabra y la vida

Pocas horas después, rodeado de sus tres hijos y nueras, expiraba. Yo recibía la llamada de Jesús que me comunicaba que el abuelo, con la paz de la unción, ya se había despedido para siempre y había pasado a la otra orilla de la vida, en el mismo día en que celebrábamos la asunción de la Virgen en cuerpo y alma a los cielos.  Al día siguiente nos encontrábamos en el tanatorio para preparar con sencillez el rito de solemne  despedida en el entierro  del padre y del abuelo querido. Me tocaba recabar sentimientos y vida, algunos ya conocidos, de sus seres más queridos, para hacer lectura creyente, a la luz de los textos bíblicos apropiados. Conversamos entre lágrimas, anécdotas y también sus risas, la vida mezcla todo y todo es  y tiene vida. Los textos propuestos por Jesús, su nieto,  hacían referencia a elementos fundamentales: Evangelio lucano, “un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre…en la debilidad Dios nos da su señal más fuerte y grandiosa”, así habían sido los últimos años de Paco, desde que quedó ciego y, más tarde, paralítico, donde sólo la grúa y el corazón de los que le rodeaban lo habían movido para que nunca tuviera ni la más mínima escara. El salmo de la vida familiar y cotidiana como prenda de la bendición de Dios: “Tu mujer como parra fecunda, tus hijos como renuevos de olivos, comerás del fruto de tu trabajo, te irá bien…”, un siglo de salmo cumplido. Y en el horizonte la verdad del Apocalipsis, como horizonte y sueño de lo amado, porque “ya no habrá llanto, ni luto, ni dolor… ni ceguera, ni parálisis…”. Su hija Pilar fue la voz para proclamar esta palabra de Dios tan cumplido en la sencillez de su padre y de su casa, la que le ha cuidado con todo su ser.

Digno en la vida y en la muerte

Las claves de la homilía, a la luz de  la palabra elegida, no tenían mucha dificultad: “Vivir y morir en la dignidad”. Un hombre que había entendido la dignidad, la había construido y la había dado a los otros: En su trabajo fue fiel y luchador infatigable, con los vecinos fue honrado, con su mujer  fue cuidadoso y lleno de ternura, con sus hijos ejerció un amor exigente y comprometido para construirlos sobre roca firme en la que pudieran asentarse otros, y con los nietos ejerció el mimo y el orgullo de la exageración, como expresaba muchas veces: “los hijos me han salido buenos, los nietos cojonudos”. La fe fue más la que compartió su esposa Sacramento, aquella de la que podía decir con orgullo: “qué monja se ha perdido la Iglesia, y que no le permitía ningún exabrupto para no ofender al Señor. Y esta dignidad que de él nacía, la ha recibido colmada, a lo largo de su existencia,  en la obediencia y el respeto de sus hijos, en la consideración de sus conciudadanos, en el cariño de su esposa, en la admiración de los nietos, pero sobre todo en el cuidado y la ternura que ha tenido en los últimos años de su vida, cuando le tocó volver a la dependencia total del niño envuelto en pañales, en un cuerpo de agotamiento entregado por toda una vida realizada y gastada en ser y en hacer junto a otros y para otros. Ahí han estado, la hija Pilar que ha hecho de la debilidad paterna su centro  y fortaleza de vida, los hijos Franciso y Juan que no la han dejado nunca sola, los nietos atentos, y como un ángel Silvia, esa cuidadora entrañable, que se ha sumado a la familia por la vía de la compasión y la misericordia ejercida con obras de lo diario, esas obras que no se pagan ni con todo el oro del mundo. Amén de los profesionales que han cuidado del bien interno de su profesión acompañando a este hombre enfermo. En Paco, no hay duda de que Dios ha sido el Dios de la dignidad y de la longevidad sostenida por el amor y el cuidado. Ahora sólo queda el consuelo del amor realizado de la vida cumplida, del sueño esperado.

Oración entrañable ante el abuelo ultimado

Por eso la celebración ha tenido un enmarque de oración gloriosa en la voz y el corazón del nieto agradecido, Jesús Sánchez, que en nombre de todos los que han querido y quieren a Paco – ahora resucitado y glorioso- se ha dirigido al Padre poniéndolo en sus manos:

“Mi abuelo ha vivido hasta el final. Señor, tú lo regalaste como criatura divina en brazos de sus padres, junto con otros seis hermanos. Vino a la vida desde tu corazón de inmensa bondad y belleza. Hoy vive en Ti, en el espacio hermoso que preparaste desde antiguo para él. En brazos nos lo trajiste, en brazos te lo entregamos, con la intuición inquieta de que de la vida, a la vida regresa.

Le despedimos en abrazo habitado, testigos de que en su vida la limitación, el cuidado y la dependencia nos ha hecho más sensibles, mejores, más abiertos al amor. Padre, te ha servido del inválido para seguir enseñándonos a amar.

Creo Señor, en la vida que no acaba. Creo que, si entre abrazos marchaste, Paco, con abrazos y sonrisas y besos te recibirán. Te estaban esperando.

Porque hoy el último de mis abuelos se reúne con su padre con su madre, con sus hermanos, con su esposa. Y con el resto de mis abuelos. Les recuerdo a los cuatro conversando mientras yo, niño, jugaba cerca. En la mañana de este agosto, la tertulia comienza de nuevo, esta vez con la siempre nueva alegría de la gloria.

Gracias Señor, por la vida que no cesa.”

 

 

José Moreno Losada

 

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Las olimpiadas y el Espíritu: en cuerpo y alma.
José Moreno Losada 16-08-2016 | 10:49 | 0

“Correr, luchar… por una corona que no se marchita”

La grandeza de los atletlas

Llego del descanso veraniego y me dejo seducir por las imágenes plasmáticas televisivas que nos dan primeros planos, nos hacen  espectadores privilegiados de las pruebas deportivas en las olimpiadas de Brasil, algo nunca soñado. Tener este privilegio de poder vivir al detalle preciso y exacto lo que acontece allende de los mares. La belleza de las pruebas y el ejercicio de los atletas nos arrastran y nos elevan hasta en el espíritu, los mismos comentaristas  loan el trabajo, la dificultad, la superación, el dominio, la entrega, la colaboración, el equipo, la deportividad… hasta el papa Francisco se ha hecho eco de esta imagen de dominio, equilibrio, belleza, unidad, valores, etc. de los que son ejemplo para el mundo las olimpiadas y los participantes en ellas.

La riqueza del cuerpo almado y del alma encarnada

Siempre el ser humano en la comprensión de su realidad entendió que la unidad de su ser pasaba  por la riqueza del su cuerpo como expresión de su construcción personal. El cuerpo es tarea de lo humano, porque no hay humanidad sin corporeidad. Hasta el punto de que es inviable hablar del espíritu humano sino es desde su corporeidad, y no es posible hablar de su cuerpo humano sino es de su ser almado. No hay alma sin cuerpo, ni realidad de cuerpo humano sin ser almado, los dualismos dialécticos y contrarios han sido siempre enemigos de la belleza, la bondad y la unidad que el génesis proclamaba al hablar de ser humano en su estructura de cuerpo almado y de alma encarnada. Por eso, ver a jóvenes con ese dominio del cuerpo, interrelacionándose e incluso compitiendo ordenadamente, nos eleva en el alma y nos seduce. Cuántos habrán contemplado estas imágenes y habrán sentido- miles, millones-, pensado, querido, dolido, ilusionado, motivado…al  tiempo que habrán sido interpelados en sus vidas y en sus modos de tratar y vivir su corporeidad. Seguro que  la realidad que hemos contemplado en los deportistas, más allá de sus logros,  ha dinamizado pensamientos positivos y deseos de tratar y ser mejores cuerpos en nuestro ser personal.

La olimpiada del Espíritu

Del mismo modo pasaba hace un mes en Polonia, allí más de un millón de jóvenes, selección de otros muchos, expresaban el trabajo y el cuidado de su espíritu, de sus personas encarnadas y almadas. Allí se reunieron para celebrar unas jornadas de juventud donde el horizonte, la carrera y la meta era el amor y la misericordia entrañable. Un ejercicio que requiere del alma y de todo el ser para poder realizarse en verdaderas obras. El Papa iluminó aquellos juegos  del Espíritu,con palabras sabias, invitando a salir del diván de lo cómodo y lo indiferente, donde engorda y muere el espíritu, para ser protagonistas de sus vidas y aceptar el reto de hacer un mundo mejor y más cuidado, tanto en la relación con la naturaleza como con toda la humanidad. Allí también se abrían horizontes y deseos de bondad, interpelación de inquietud y compromiso para todos los que lo siguieron y contemplaron con corazón abierto. Pero todos estos encuentros luminosos requieren ser preparados y vividos en realidades mas cotidianas y permanentes para ser posibles.

Estudiantes Extremeños con Espíritu

Yo he sido testigo en esta etapa veraniega de ámbitos olímpicos de jóvenes del Espíritu – seguidores de Jesús- bien encarnados, de estudiantes con espíritu cristiano. El primero a nivel regional, en Losar de la Vera, donde una cincuentena de jóvenes de quince a treinta años, mitad de institutos y mitad universitarios, durante ocho días entraron en el  ejercicio de formación integral acerca de cuestiones de calado vital como son las modas para los adolescentes y el tema de la afectividad, la sexualidad y la pareja para los más jóvenes. Ocho días de gozo, encuentro, reflexión, oración, pero sobre todo de formación juvenil con claves directas de protagonismo y de búsqueda personal en orden a las personas que quieren ser y construir, para no hacer vidas sobre arena. Cada año vengo convertido e interpelado por estos jóvenes, sencillos y normales, que están en nuestras aulas pero que son olímpicos de un espíritu sano, abierto, inquieto. Los descubro como buscadores, creyentes, limpios, abiertos… no hay duda de que van obteniendo  y luciendo una corona que no se marchita.

Jóvenes de todo el mundo por una corona que no se marchita

La segunda parte, que no he vivido directamente, pero que la he seguido con el corazón y las imágenes, ha sido – como las olimpiadas- un encuentro internacional que se ha celebrado en Madrid, organizado por la juventud estudiante católica. Jóvenes de más de 25 países de cuatro continentes han estado una semana completa tratando cosas fundamentales del Espíritu y de lo humano. A la luz del espíritu del Papa Francisco en la “Laudato, Si”, han reflexionado juntos y compartido vivencias sobre la problemática ecológica de nuestro mundo, el cuidado de la casa, así como de la problemática de lo humano, el cuidado del hermano, la violencia y la paz. Han  participado desde un joven palestina, arriesgada y comprometida, de quince años, hasta africanos, latinos, indios… Todos movidos por el ejercicio de un espíritu de jóvenes que creen en la humanidad, en la posibilidad de un mundo nuevo, movidos por la convicción de que les habita el Espíritu de Jesús que los hace atletas de la bondad y del amor en la construcción del mundo. Espíritu que no cree en desigualdades, fronteras, separaciones, corrupciones, destrucción, que gime con dolores de parto ante una nueva creación que se avecina, que se está gestando en corazones de jóvenes como estos.

Alvaro y Carmen, atletas en cuerpo y alma.

Soy testigo de que esta preparación ha estado fundamentalmente en manos de dos jóvenes universitarios extremeños, Álvaro  Mota y Carmen Ledesma, ellos como verdaderos atletas llevan años de formación y entrenamiento, por eso se lanzaron a la organización de este encuentro internacional. Han quedado extenuados, como los buenos atletas, porque lo han dado todo para hacerlo posible, pero también sé que la corona que les habita y les encabeza no se va a marchitar porque saben dónde está su tesoro y allí están poniendo el corazón.  Son, sin duda, atletas del Espíritu. No buscan el éxito sino la corona de la vida que no se marchita y se comparte para que todos tengan más vida. Aunque todos le daríamos la medalla de oro en dobles, por aquello de que el Señor los envió de dos en dos.

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.