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Fecha: marzo, 2017
59: Gracias a la vida
José Moreno Losada hace 21 horas | 0

Gracias a la vida: 59

Llego de una cena regalada, llena de encanto, en el marco de lo universitario, de lo creyente y de lo humano, donde hemos hablado del aprendizaje por servicio. Me preparo para terminar el día, para completarlo agradecido y alguien me avisa de que estoy a punto de cumplir años… el 27 de marzo, llego a los 59. Y eso me enciende el alma, pongo de fondo la canción de gracias a la vida y comienza el corazón creyente a agradecer, agradecer, agradecer… y no paro.

Hace unos días escribía sobre el doblado de mi casa como su alma, donde el espíritu me ganaba y me seducía para el recuerdo entrañable y la valoración del presente regalado. Y esta noche me recuerdo abrazado a mi madre en la infancia sintiendo su calor y su ternura, me vuelvo a sentir a cabritos en los hombros de mi padre, caminando a casa de mis abuelos, rodeado de mis hermanos, sintiendo a todos mis primos y mis tíos como algo propio y mío. Y sueño con mi calle, con mi infancia, mis amigos, mis vecinos, mis compañeros de escuela… y bendigo a Dios. Ese pueblo, esa iglesia, esos caminos, esos juegos, esas piteras, esos mandados… no paro, no puedo parar, la fiesta, el entierro, la feria, la semana santa, la nochebuena… el campo, el cortijo, las gallinas, el dolor y la alegría, el suelo y la esperanza, el mieido y la confianza de un niño abierto, alegre y  atrevido.

Y me veo con la maleta a los once años, la manta, el guardapolvo, en el seminario menor, rodeado de vida y de gente, de letra, ciencia y de espíritu. Corazón abierto, ojos grandes, deseos de vivir y saber, sin miedos, lanzado y con riesgo… en el frío y la esperanza,  creyendo sin límites. Y  el paso al mayor decidido y abierto, sabiendo evangelio y sintiendo un Dios que me seduce y me invita de un modo especial que me hace privilegiado. Recuerdo el día que con temor y temblor dije ante el obispo y la iglesia: “Sí, quiero con la gracia de Dios”, para servirle a El y a los hombres, al pueblo. Y el camino abierto a lo que la voluntad divina dispusiera…

Y ahora me encuentro con un camino hecho: Cheles, amor primero, Olivenza y San Jorge hechuras de trabajo a destiempo con compañeros queridos, Salamanca donde se me abrieron más los ojos, el seminario como formador y profesor un trecho de acción y conformación nunca acabada, tensión permanente, la universidad horizonte siempre abierto, caminos de acción y revisión de vida, amores  que no acaban, que siempre permanecerán, nunca sabré gozar y agradecer la vida que he recibido en el quehacer de la pastoral universitaria, en el campus, lo amo y lo quiero, soy un privilegiado coronado con la corona que no se marchita de una comunidad que me supera y me quiere.

Y dese ahí, pasos, nombres, sitios… Perú, Parroquia de Guadalupe,  Jec, Profesionales cristianos, Equipos de Nuestra Señora,  Por ellos,  Centro Escucha,  Grupo de innovación didáctica, estudio del evangelio, Ecuador…. Tantos y tanto.

Y aquí sigo… en el borde, con 59, queriendo aprender a vivir esta etapa, este momento, y mirando con vergüenza al Señor de la vida, que con tanta ternura, me sigue preguntando: “ Pepe, me quieres…” y  yo queriendo decir, con mucha timidez y mucho dolor, en esta misma noche: “Señor, tú sabes que te quiero”, y me gustaría “quererte más y mejor”, pero aunque creo,  “aumenta mi fe”.

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Barrer el “doblao” de mi casa
José Moreno Losada 22-03-2017 | 12:28 | 0

(In memoriam de mi madre Dolores)

Camino de Granja

HLa imagen puede contener: una o varias personas y personas de pieoy he ido, con mis hermanos, a nuestro pueblo, Granja de Torrehermosa,  a la casa de mis padres, la nuestra. Si nos preguntaran a qué hemos ido, la respuesta sería simple: a barrer el doblao de nuestra casa, la que está en la calle Cervantes, en la que vivieron nuestros abuelos, mi madre y sus hermanos, mis padres, nosotros sus hijos, y la que han vivido como propia mis sobrinos, sus nietos, así como muchos de nuestros primos, en la que siempre han entrado y salido con total confianza los vecinos, en la que muchos han sido acogidos y en la que se ha compartido todo, la que estuvo llena del cariño de mi madre y del trabajo de mi padre y su honradez. Allí hemos nacido, gozado, sufrido, comido, crecido, enfermado, allí han muerto seres queridos, hemos dormido y, sobre todo hemos soñado.

Los niños vecinos ya profesionales

El vecino Miguel, el que vimos nacer como niño de la Mercedes, hoy  ha sido el que me ha entregado las llaves de la puerta nueva, tras haber realizado, como albañil de confianza, una obra de puesta a punto en la casa para poder recuperarla en su mejor estado, para volver a ella y disfrutarla; después ha llegado Mané que será el pintor que la embellezca y su hermana Manola que se encargará de la limpieza última. Todo un proceso de actualización y cuidado hecho con personas de la calle, de las de toda la vida, las que hemos  visto nacer, crecer, y ahora ya vecinos maduros, con una confianza total nos tratan como familia y posibilitan hacer con  paz y serenidad esas cosas que en el mundo son tan difíciles, porque falta el fiarse, la confianza familiar y amistosa.

Los hermanos en el doblado

Los hermanos, cada uno con su cepillo, hemos llegado con la misión clara de adecentar el doblado de la casa, pues tras el arreglo y repaso del tejado había caído mucha tierra y escombros sobre el piso. Además hacía más de diez años que no se barría, el tiempo desde que mi madre lo hizo la última vez, antes de ir perdiendo sus fuerzas y no poder volver a su casa. Ella, cuando llegaba el tiempo bueno, se subía bien temprano, regaba con agua para que se asentara, se pasaba horas y horas, incansable y quedaba todo limpio, ordenado, sabía perfectamente todo lo que tenía y donde. No tiraba nada, porque todo se podía reciclar, ahora los albañiles han podido utilizar azulejos de hace más de treinta años para arreglar detalles que de otro modo hubieran sido imposible. Ella misma nos decía: cuando yo no esté ponéis un camión abajo y tiráis todo lo que queráis, pero mientras yo viva, ni hablar. Allí había detalles de mil cosas y mis historias, que hablaban de personas, vidas, trabajos, fiestas, llanto, nacimiento, luto, útiles de cientos de faenas y cosas para la casa. Cosas usadas y viejas, cosas queridas… Mis hermanos aprovecharon un viaje anterior, para obedecerla en aquello de que pondríamos el camión para deshacer todo aquello. Pero hoy quedaba lo que no fueron capaces de tirar, lo que también a ellos les hablaba de vida, historia, amor, no cosas de valor material sino símbolos de los que fueron y de los que somos. De esas que el alma no te deja tirar porque unen pasado, presente e incluso futuro, desde la tinaja de los dulces de la abuela, al primer juguete que compraron al primer nieto. El cuadro con el nacimiento del  recordatorio del primer hijo y la foto pintada de la hermana joven que murió, por las tifoideas,  en el pueblo de origen, Villagarcía de la Torre,y por cuyo duelo y dolor tuvieron que venir a vivir a Granja, o las de las bodas de nuestros  tíos, o todos los cestos donde se recogían los huevos de las gallinas en el campo. Una vez más, el silencio se ha apoderado de nosotros, barríamos en silencio, sólo comentarios de vida y sentimientos profundos de lo que nos iban sugiriendo los sacramentales que separábamos para poder barrer mejor: el baúl, las ballestas de los pájaros, las tinajas, los baños, las herramientas de trabajo, las cantareras, el sillón, algunas sillas, los cuadros, el primer ventilador  y la túrmix, los tentemozos, la altamuces del abuelo… y la reflexión.

Reflexión y silencio

“La casa, la de la sencillez y lo ordinario, tiene doblado, el cuerpo tiene alma, y en ese alma doblada de la casa del pueblo,  la memoria, la voluntad y la inteligencia de los que somos y vivimos, de una familia que continua. La memoria de lo amado, lo querido, lo sudado y lo sufrido, hecho trozos, gastado pero fecundo, auténtico lleno de huellas y de sudor entregado, amor  certificado por el tiempo del ayer, del presente que se fecundó, para que nosotros tuviéramos futuro. Lo voluntad inconfundible y determinada de que la vida se tiene para darla, que venimos para irnos, que no nos podemos atar a nada pero tenemos que valorarlo todo y saber cuidar y guardar, porque lo de reciclar es un modo de  vivir más que de ahorrar, y lo pasado tiene un gran valor para hoy  y para mañana. Y la inteligencia de que sabe distinguir lo importante de lo secundario, lo primero de lo segundo, lo esencial de lo insignificante. La sabiduría del momento vivido con gracia, luz, cariño y alegría, sabiendo que cuando el otro se encuentra bien con nosotros y  goza, nuestra gozo llega a plentitud, sea en los padres, en los hijos, en los hermanos, en los nietos o en los vecinos.” Todo esto se movía en nuestras almas desde esa alma callada de la casa que es nuestro doblado. Y se hacía más vivo, cuando visitando a la tía Victoria, que se alegra y se emociona cuando nos ve “porque la sangre es la sangre” –aunque la demencia ya le rompa externamente su memoria y su inteligencia pero no su voluntad y afecto- se hacía más vivo su recuerdo de la casa de barriocuervo,  la de los suyos, sus padres, sus hermanos, su infancia, su juventud, aunque le cuesta poner tiempo y fechas en su confusión.

La lección: cuatro días

El hermano mayor nos daba la lección del día, cuando parábamos  a comer en el paso por Llerena: “Yo ya me he dado cuenta de eso que cuesta entender, veo que van faltando todos nuestros padres, tíos, algunos quedan muy mayores, y somos nosotros ya los mayores, la vida son cuatro días. Nos creemos que la vida es …, pero son cuatro días, lo siento cuando leo eso del salmo: “mil años en tu presencia son como un ayer que pasó, una vela nocturna…somos como la hierba que nace y se renueva por la maña y por la tarde se seca y la siegan”. Y uno de esos cuatro ha sido hoy, donde de un modo concentrado, en el simple ejercicio de barrer una estancia de nuestra casa, el doblado, se nos hace evidente  la identidad, nos descubre la debilidad de lo fuerte, lo sencillo de lo importante, lo único y verdadero de lo falso. Sí, hoy hemos hecho lo que hacían  mi padre y mi madre, barrer y ordenar el doblado, seguir tocando el alma de esta familia.

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Beber del agua de la vida…
José Moreno Losada 20-03-2017 | 12:09 | 0

Desde el pozo de la Samaritana…

Ha sido un fin de semana de profundización y contemplación de la vida  desde la trascendencia. Un privilegio del que disfrutamos unos pocos, la contemplación, algo que no es barato aunque si es gratuito cien por cien.  Ha sido de la mano de una maestra, Consuelo, una claretiana,  que tocada por la gracia, viene y nos lo cuenta para que nosotros también nos encontremos con el Otro de un modo nuevo y nuestros ojos se abran más y mejor, para que no se nos vaya nada de la vida y del paso de Aquél que es absoluto y que ha decidido amarnos más allá de lo que somos y hacemos. En un lugar de gozo y Tabor, propicio  para la oración y la transfiguración, en el santuario de la Montaña en Cáceres. Y hoy Domingo , tercero de Cuaresma, en el que se abre el sentido de la vida desde el agua bautismal, el agua que renueva, transforma, crea, da vida…nos hemos puesto a rezar y contemplar desde el pozo de la Samaritana, que era de Jacob, pero a partir de su experiencia personal se transformó en lugar de novedad para muchos con una fuerza inusitada, incluidos nosotros los que en la mañana hemos compartido la palabra y la mesa de la eucaristía, tocados por este Espíritu que se pone junto a nosotros en el pozo del cansancio y de la espera.

Cansados, con el cántaro vacío

La imagen puede contener: personas sentadas, tabla e interiorAllí una vez más he acudido yo también, como la Samaritana, cansado del camino y con el cántaro vacío,  buscando  cómo llenarlo en una fuente nueva, sabiendo que hay agua de vida, que en otras ocasiones la he bebido y me ha satisfecho, pero que en la vereda por no transitarla ha crecido la hierba y ahora me cuesta encontrar esa fuente que da vida, que sigo perdido más ocupado en la tareas que en el oficio de saber beber aguas   de vida en las fuentes de la verdad. Una vez más he constatado junto al pozo que quiero y necesito beber un agua nueva. Allí he recordado que cuando te he encontrado y he bebido en Ti,  a tu lado he sido más yo, he renovado mi identidad más profunda, he reconocido que lo que tú me ofreces me llena de verdad y me conduce a los otros con un espíritu nuevo, y he vuelto a pedirte que te encontraras conmigo y me diera el agua de la vida.  Y he sentido que te acercabas y me hablabas allí junto al pozo, como si hubieras llegado antes y cansado por el por el camino realizado te hubieras sentado para esperarme en mi cansancio y así poder abrazarme y aliviarme. Allí te he escuchado hoy de un modo nuevo y me has ganado sanando mi corazón al oírte con tu abrazo divino:

Nos has hablado al corazón

“Ven junto a mí, pon tu cansancio junto al mío. Te estaba esperando, trae tu cántaro vacío, el de la vida, del quehacer, el de tu sequedad, desorientación, el del  placer no logrado, trae tu desconsuelo, pero también tu tarea, tus trabajos, tu familia, tu amistad, tu entrega, tu compromiso… Ponlo a un lado, déjalo aquí, que vamos a beber gratis del agua de la vida. Respira profundo en el corazón del Padre y, vigilante, siente su paso paterno y su abrazo lleno de ternura, él trae frescura, serenidad, equilibrio, caricia, amor, cercanía, luz, es para ti, te trae la alegría, el gozo y la paz. Llenará tu cántaro vacío y tú serás fuente inagotable para que otros puedan beber en ti sin agotarte, porque estarás lleno de vida auténtica, de la que no está aquí o allí, sino en lo profundo de lo amado, allí donde el Padre te confirma : tu eres mi hijo amado.

 

Ahora iremos juntos

Ahora la tarea no será lo urgente, ni siquiera lo necesario, sino la gracia que acompaña la vida, la que te llena de gracia y gratitud, la que te lleva a adorar y confiar, la que te hace apóstol de lo gratuito en medio del mundo para que avance el reino de lo fraterno y de lo generoso.

Ahora estarás conmigo y no andarás en soledad, ni triste, ni agobiado, es más todo en ti será fecundo, incluso cuando no parezca eficaz. Avanza, sin miedo, con tus hermanos, adora y confía… y vuelve, vuelve junto a mí, porque yo estaré siempre contigo y tú, ya sabes, que sin mí no podéis hacer nada. Bebamos y gocemos de los que somos y de lo que amamos, porque sólo ahí está el agua de la vida, la que sacia tu sed de felicidad.

 

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El imán y el párroco, un té en la mezquita
José Moreno Losada 14-03-2017 | 11:03 | 0

En el Gurugú.

 (Praxis del diálogo interreligioso)

Hace tiempo el arzobispo de Mérida-Badajoz me encargó  animar la delegación de ecumenismo y diálogo interreligioso, a partir de entonces voy desarrollando esa sensibilidad y buscando datos y elementos que favorezcan los objetivos propios de dicho diálogo y encuentro. Me sorprende y me anima mucho el ver gestos que ya se dan desde lo sencillo en los ámbitos rurales,   en los barrios sencillos, allí donde se encuentran personas con culturas y sensibilidades religiosas distintas. Hace unos días, en el camino hacia Zafra, donde nos reunimos quincenalmente un grupo de sacerdotes para realizar juntos lo que llamamos “estudio del evangelio” como formación permanente de nuestro ministerio, me comentaba Lolo Matos su visita y encuentro reciente con  Adel, el Imán de Badajoz, en la mezquita que está ubicada en la demarcación de su parroquia en el barrio del Gurugú. Habían coincidido varias veces y tenía pendiente esta visita, el Imán ya fue a visitarlo a la parroquia, en la fiesta de Navidad, para felicitarlo a él y a la comunidad cristiana, con una felicitación que incluía versículos del Corán donde se habla de un modo venerable de la Virgen María.

Lolo me comentaba con mucha ilusión lo que había supuesto el encuentro en la mezquita, lo que le había aportado y le pedí que pusiera por escrito de un modo sencillo lo que me estaba comentando, para que se viera qué es lo que queremos decir cuando hablamos del diálogo interreligioso, y que se descubriera en ese nivel de barrio sencillo. Estos encuentros son espacios de paz y de esperanza, esta ha de ser la respuesta a los fundamentalismos y los rechazos. Me alegra compartir con vosotros esta reflexión del amigo Lolo  y del imán Adel,  es una forma de poner en el candelero las claves de lo que ha de ser nuestro diálogo interreligioso y de lo que hemos de fomentar en nuestra Iglesia Diocesana:

El mejor té de Badajoz

El párroco

Ayer probé el mejor té de Badajoz. Ya había coincidido en varias ocasiones con Adel Najjar, imán de la mezquita de Badajoz, en la comisión de salud y en todas ellas había recibido su invitación a pasar por la mezquita. Volvimos a coincidir en la inauguración de “Badajoz, una ciudad de acogedora con las personas refugiadas” y aquí tiré de agenda para no dilatar más en el tiempo esta visita que cada vez que pasaba por la calle Gurugú , la media luna me murmuraba que tenía pendiente. Tenemos una deuda que nos pesa con tantas personas a las que hemos dado la espalda como sociedad… Badajoz quiere ser ciudad acogedora. Adel también tuvo que salir hace muchos años de la ciudad de Gaza, en la que nació. Siempre se ha sentido bien acogido en Badajoz.

Varios miembros de la comunidad nos recibieron. Me acompañaba Pepe, voluntario de Cáritas y miembro activo de nuestra parroquia. La casa de oración es casa de acogida, y eso es lo primero que experimentamos. Los mayores de la comunidad nos reciben y Mohamed, el más joven, nos prepara el té mientras guiados por Adel vamos conociendo el lugar y la historia de esta comunidad islámica en la ciudad de Badajoz. Él llegó a estudiar medicina en la Universidad de Extremadura en los años  ochenta y hoy es referente del mundo islámico en nuestro país.

La visita da para conversar, al deleite del té verde magrebí, de la convulsa situación de los tiempos en los que vivimos, de la barbarie a la que lleva el fanatismo religioso, pero sobre todo del gozo de experimentarse sobrecogido por la transcendencia, de estar en las manos de Otro y de cómo esto nos proyecta al diálogo y la convivencia.

Adel tiene que dejarnos para dirigir la oración del anochecer. Con la cadencia de los rezos muslimes yo fotografío por la ventana el templo parroquial mientras que sobrecogido, en éste “Tabor”, quiero escuchar al Dios de la Vida.

EL IMÁN

Así lo comentaba Adel en  facebook:

“Esta tarde recibimos en la mezquita de Badajoz al párroco de la iglesia nuestra señora de Asunción, Lolo Matos, y el voluntario Pepe Blanco.

El objetivo de la visita es fomentar las buenas relaciones entre las dos comunidades ubicadas en la misma barriada.

Charlamos sobre la convivencia y el respeto, y compartimos un té en un ambiente reinado por la alegría y amistad.”

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Pablo Ráez, Ora pro nobis
José Moreno Losada 11-03-2017 | 10:06 | 0

“Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él”

  Acaba de comenzar la cuaresma, el miércoles de ceniza me ayudaba a introducirme en ella un vídeo televisivo de Pablo Ráez, el joven de Marbella, que con su modo de vivir la enfermedad y de enfrentarse a la muerte, se ha adentrado en el corazón de la sociedad española y ha sido noticia priorizada en todos los medios de comunicación social, ocupando lugar privilegiado en los telediarios durante varios días.El jueves compartía un día de oración con los sacerdotes de mi diócesis, acompañados por el arzobispo, el cual eligió un texto evangélico en el que se nos invitaba a ser pequeños y como niños ante el Reino de Dios. Orando ante el santísimo enseguida me vino a la mente las imagen y el testimonio de Pablo.

Comenzó mi contemplación con una de las frases de su padre en el reportaje, cuando comentaba que al entrar en la planta de tratamiento para la leucemia en el hospital, con su pequeña maleta, su hijo le dijo: “Papá, ahora ya se acabó mi infancia”. Le tocaba vivir y enfrentarse a una situación de dureza profunda, se le pedía una madurez nueva que tenía que elaborar y estrenar, él era consciente de la frontera que estaba pasando en ese momento tan simbólico.

Después todo un proceso de dos años en el que por su modo de vivir la enfermedad, tan auténtico y original, ha traspasado la muerte de un modo singular y fecundo. Y eso es lo que ayer me seducía de su persona y su testimonio, cuando comenzábamos una cuaresma que una vez más apunta a la Pascua de la Resurrección, a la plenitud de la vida, a la vida eterna a la que se llega por la puerta de la cruz y de la muerte. Desde ahí surgía en mi interior una oración agradecida al Padre y a Pablo Ráez: “Gracias Padre, por darme este signo vivo de tu espíritu resucitado en la persona de Pablo Ráez… por él, hoy creo y espero más en la resurrección”. Hoy sentía el deseo de parafrasear con el apóstol Pablo que “si Cristo ha resucitado, Pablo Ráez también resucitará”.

Contemplaba, a la luz de su testimonio, que este joven había vivido en lo oculto y lo anónimo del mundo, como Jesús en Nazaret, había intentado salir de la monotonía y buscaba en el deporte el lugar de la originalidad, las claves del vivir superándose y logrando su propio lugar específico, pasando de un deporte a otro y entregándose a fondo en ellos. Rechazaba estar en un sofá, quería encauzar su impulso y activismo en aspectos positivos para su persona.

Vivía centrado en él y en los que le rodeaban como la inmensa mayoría de la sociedad, en una infancia prolongada. Pero el hachazo de una analítica realizada por razones casi deportivas, el sufrimiento de una rodilla, le llevó a la frontera de su infancia -su autocentramiento- y de la vida. Y tuvo que entrar en el deporte del despojamiento y del espíritu. En el entrenamiento del yo que se desnuda de todo ego para abrirse a la alteridad viviendo lo más propio, en este caso su enfermedad. Y ahí, con todo el ánimo de su espíritu se abrió al Espíritu de un modo radical y nuevo.

Desde la enfermedad se acercó a la búsqueda del sentido en el interior profundo de su yo y se abrió a los demás, a todos los enfermos de un modo original y único, a toda la sociedad con un mensaje de salvación y de esperanza profético, a la vez que se adentraba en el misterio de lo divino, para entender la existencia como proyecto, en un juego realmente comprometido, con una normas que no venían dictadas por uno mismo sino que las imponía una naturaleza débil en proceso, cargada de limitación, sufrimiento y muerte.

Ahí unió fe y vida, salvación y enfermedad, vida y muerte, oscuridad y esperanza. Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él, siendo auténtico y original. Entendiendo la vida y la muerte desde el amor y la entrega, siendo para los demás, transmitiendo una “Buena noticia”, desde la pobreza y el mayor dolor, desde el más profundo despojamiento del ego, entregando su yo para que los demás tuvieran vida y esperanza, con una filosofía llena de confianza y de fuerza. Y todo ello envuelto en dolor, debilidad y miedo, no sintiéndose héroe, sino humano y compasivo.

Hizo de su enfermedad, su vida pública, ahí donde muchos se esconden, él animado por el espíritu, se presentó en medio del pueblo, en los caminos, las plazas, las escuelas… en ese vehículo de las redes, que no solo enredan sino que también cuando encuentran la luz de una vida auténtica, se convierten en lugar de salvación y solidaridad.

Ha sido un signo de salvación y de resurrección desde el cáncer, desde la muerte, desde la cruz, realmente como Jesús. Por eso, rezo al Padre dando gracias por su testimonio, Pablo Ráez es para mí una razón para creer en la resurrección, alguien así no puede morir, alguien así nos habla de que hay justicia divina y que no morirá para siempre, el que ha muerto como Cristo -bautizado, confirmado, comulgado en El- está ya en su gloria y, desde la comunión de los santos, será nuestro valedor y nuestro campeón de vida en la enfermedad y en la muerte.

He sentido alegría y envidia sana, por ese amigo-padrino, Pepe el sacerdote, que te ha acompañado y ha vivido este proceso de paso pascual, de la muerte a la resurrección. Imagino su experiencia vital al bautizarte, confirmarte y servirte el pan de la vida en la Eucaristía, y lo que Dios le habrá enriquecido con tu persona y tu experiencia. Yo también estoy muy agradecido a Dios por los signos de vida que descubro en los jóvenes.

Hoy, al comenzar esta cuaresma, ante Jesús en el altar, oro con confianza: “Pablo Ráez, confesor de la fe, testigo de la resurrección, ora pro nobis”.

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.