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La “Joya” de Guadalupe y el silencio de los pastores
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José Moreno Losada | 08-09-2017 | 12:41

(En el día de Extremadura)

“No me la quitarán”

Allá por el año 1953, Pla y Daniel, cardenal de Toledo, comunicaba a los presidentes diocesanos de Acción Católica, de hombres y mujeres de su archidiócesis, algo dolido por la reorganización de las diócesis en España al hilo de los planteamientos preconciliares de organización y relación de lo eclesial y la organización territorial de los pueblos: “Me han quitado todo, pero no me quitarán la joya”. Al ser preguntado, por sus interlocutores, que cuál era la joya, respondió que la joya era “Guadalupe”. Hoy en 2017, 64 años después, los obispos implicados sucesivamente en el tema,  no han dado una solución a este problema que sigue en pie. En este sentido más que del silencio de los corderos, que vamos y venimos en este tema haciendo reflexiones y dando opiniones, hemos de hablar del silencio de los pastores. No es que no se hayan expresado personalmente y no hayan manifestado ante los órganos superiores, en Roma, lo que sienten y desean, sino que no han podido, o sabido, sentarse como pastores en una misma mesa a plantear el tema entre todos los implicados, y hacerlo desde una perspectiva evangelizadora y pastoral para avanzar y llegar a una solución digna que favorezca lo que sea mejor para la Iglesia y su pueblo creyente. No se trata de algo “reivindicativo”, sino pastoral y apostólico, sin que en ello nos juguemos, dicho sea de paso, la salvación. Está claro que es más preocupante la situación de pobreza y dolor de parte de nuestro pueblo que esta decisión canónica.

Posturas encontradas
Al hilo de las opiniones y planteamientos que nos han llegado a la base, parece ser que las posturas se han movido en estos terrenos:
– Dividir el arciprestazgo de Guadalupe y su asunción por las diócesis extremeñas.
– Pasar a Mérida-Badajoz sólo el monasterio de Guadalupe y su patrona y el resto de los pueblos y parroquias permanezcan perteneciendo a Toledo. Últimamente se habla de prelatura.
– Desde Toledo se afirma que no se pueden utilizar en el asunto los verbos “restituir o devolver”, pues eclesiásticamente sólo ha pertenecido a la archidiócesis de Toledo, desde hace casi diez siglos.

Cambiar el discurso y el sentido

Imagen relacionadaConsidero, con humildad, que todos estos términos y posturas, parecen dar cuenta de un diálogo en torno a la “joya”, como si de un bien material se tratara –cuestión indudable- eso ha hecho que estos 64 años hayan sido inútiles y aunque, a veces, parece que se ha rayado una posible solución siempre se ha vuelto atrás sin llegar nunca a buen puerto. Está demostrado que por esta vía, sólo hay conflictos, más o menos ocultos y silenciados de larga diplomacia eclesiástica sin solución, o silencios mutuos sin ponerse juntos en una mesa a hablar a corazón abierto con la mirada pastoral y evangélica que nos hace falta. Está claro que esta actitud que se les pide a todos los bautizados en su quehacer en las parroquias, comunidades, movimientos, se les pide también a todos los sacerdotes en su quehacer pastoral y ministerial, y de este mismo modo podemos pedírselo a nuestros pastores implicados en el tema de la zona de Guadalupe. Sería bueno que la reflexión fuera abierta y que junto a los prelados y vicarios generales, participaran también los franciscanos del monasterio, párrocos del arciprestazgo de Guadalupe, seglares de esa zona, representantes de la nunciatura apostólica, para saber elaborar una propuesta que pueda ser elevada a la Santa Sede, porque de allí vendrá lo que allí vaya con buen espíritu.

Nueva diócesis: Guadalupe y otras zonas.

Una posible solución estaría más allá de si la joya es mía, porque siempre lo ha sido, o es nuestra porque que somos su pueblo y es nuestra patrona, la que nace de la visión pastoral del concilio vaticano II y del espíritu de los escritos pastorales del papado actual, en consonancia ambos con lo que se refiere a la misión, envío y modos de ser de la Iglesia en medio del mundo. Se anima a que la Iglesia sea cercana, concreta, participativa, corresponsable, y para eso conviene que la propia organización de las diócesis sea acorde para facilitar los trabajos pastorales y la comunión de su obispo con el pueblo. Se anima a Diócesis cercanas en su organización y a eso ayuda el tamaño de las mismas. Sería encomiable y ejemplar una solución en la que todas las partes renunciaran a algunas de su pretensiones con el ánimo de hacer bien a la comunidad eclesial y favorecer la evangelización.

No ha de ser descabellada la solución, quizá la de mas sentido común, la creación de una nueva diócesis que incluyera Guadalupe junto a los territorios del actual arciprestazgo más la integración de otros territorios en las actuales diócesis extremeñas que además son bien alejados del centro de sus sedes episcopales. De este modo se conseguiría la dignidad histórica y pastoral que requiere la realidad de Guadalupe y la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz. El clero toledano se sabrían formando parte de una nueva diócesis de la que serían ellos parte creadora de la misma con su propia organización. Todo esto tendría sentido no sólo para reivindicar el monasterio de Guadalupe sino para el bien del pueblo de Dios que allí peregrina.

El ejemplo de Jerez

Estas ideas las pensaba y compartía con personas de diócesis distintas este verano, a los pies del santuario de Regla en Chipiona, lugar que puede servir de referencia de lo hablado. En los años ochenta, del siglo pasado, la archidiócesis de Sevilla llegaba hasta este santuario en Chipiona (Cádiz). Aquí Jerez era una vicaría de Sevilla y la propia archidiócesis propuso pastoralmente que este territorio, que civilmente pertenece a la provincia de Cádiz, se desmembrara eclesiásticamente de Sevilla y pasara a formar una nueva diócesis, cuyo primer obispo fue de su zona y los siguientes sevillanos. En Guadalupe podría ser el primero un franciscano, por ejemplo, como lo es Tánger, que después podría llegar a ser arzobispo de Toledo e incluso cardenal, como lo fue Amigo.

Hay razones variadas que apoyan una decisión pastoral conjunta de este tipo y que sería señal del verdadero diálogo pastoral y eclesial de nuestros obispos con sus presbiterios y pueblo: de tipo histórico, como iglesia evangelizadora y apostólica por toda América, como foco de espiritualidad mariana en Guadalalupe, su patronazgo del pueblo extremeño, así como las razones pastorales actuales de una iglesia cercana, compasiva, misionera, en salida desde lo sencillo y lo evangélico, que favorecería una nueva diócesis en el marco de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz, ya se habló más de una vez de Don Benito como posible sede de una nueva diócesis, con toda la serena.

Demos ejemplo eclesial en la organización

Esto lo escribo mientras de fondo, en este día de fiesta extremeño, televisan la eucaristía en el monasterio, presidida por Don Braulio, ayudado por los obispos extremeños, y rodeados de todos los representantes del pueblo extremeño, así como del pueblo sencillo. Es hora de abrirnos al evangelio y a planteamientos donde la Joya sea la del Reino de Dios y todo los demás se nos dé por añadidura. No se trata de reivindicar sino de encontrar caminos apostólicos y más evangelizadores, también en estos detalles. Necesitamos el ejemplo de nuestros pastores en esta cuestión para iluminar las que están en nuestra manos, que necesitan de  modos de comunión y corresponsabilidad. Deseamos que se encuentren los obispos implicados hablen y establezcan medios y modos de iluminación y sanación pastoral para esta situación y para mejor pastoreo.

Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.