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Autor: jose.moreno.losada_933
El imán y el párroco, un té en la mezquita
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José Moreno Losada | 14-03-2017 | 11:03| 0

En el Gurugú.

 (Praxis del diálogo interreligioso)

Hace tiempo el arzobispo de Mérida-Badajoz me encargó  animar la delegación de ecumenismo y diálogo interreligioso, a partir de entonces voy desarrollando esa sensibilidad y buscando datos y elementos que favorezcan los objetivos propios de dicho diálogo y encuentro. Me sorprende y me anima mucho el ver gestos que ya se dan desde lo sencillo en los ámbitos rurales,   en los barrios sencillos, allí donde se encuentran personas con culturas y sensibilidades religiosas distintas. Hace unos días, en el camino hacia Zafra, donde nos reunimos quincenalmente un grupo de sacerdotes para realizar juntos lo que llamamos “estudio del evangelio” como formación permanente de nuestro ministerio, me comentaba Lolo Matos su visita y encuentro reciente con  Adel, el Imán de Badajoz, en la mezquita que está ubicada en la demarcación de su parroquia en el barrio del Gurugú. Habían coincidido varias veces y tenía pendiente esta visita, el Imán ya fue a visitarlo a la parroquia, en la fiesta de Navidad, para felicitarlo a él y a la comunidad cristiana, con una felicitación que incluía versículos del Corán donde se habla de un modo venerable de la Virgen María.

Lolo me comentaba con mucha ilusión lo que había supuesto el encuentro en la mezquita, lo que le había aportado y le pedí que pusiera por escrito de un modo sencillo lo que me estaba comentando, para que se viera qué es lo que queremos decir cuando hablamos del diálogo interreligioso, y que se descubriera en ese nivel de barrio sencillo. Estos encuentros son espacios de paz y de esperanza, esta ha de ser la respuesta a los fundamentalismos y los rechazos. Me alegra compartir con vosotros esta reflexión del amigo Lolo  y del imán Adel,  es una forma de poner en el candelero las claves de lo que ha de ser nuestro diálogo interreligioso y de lo que hemos de fomentar en nuestra Iglesia Diocesana:

El mejor té de Badajoz

El párroco

Ayer probé el mejor té de Badajoz. Ya había coincidido en varias ocasiones con Adel Najjar, imán de la mezquita de Badajoz, en la comisión de salud y en todas ellas había recibido su invitación a pasar por la mezquita. Volvimos a coincidir en la inauguración de “Badajoz, una ciudad de acogedora con las personas refugiadas” y aquí tiré de agenda para no dilatar más en el tiempo esta visita que cada vez que pasaba por la calle Gurugú , la media luna me murmuraba que tenía pendiente. Tenemos una deuda que nos pesa con tantas personas a las que hemos dado la espalda como sociedad… Badajoz quiere ser ciudad acogedora. Adel también tuvo que salir hace muchos años de la ciudad de Gaza, en la que nació. Siempre se ha sentido bien acogido en Badajoz.

Varios miembros de la comunidad nos recibieron. Me acompañaba Pepe, voluntario de Cáritas y miembro activo de nuestra parroquia. La casa de oración es casa de acogida, y eso es lo primero que experimentamos. Los mayores de la comunidad nos reciben y Mohamed, el más joven, nos prepara el té mientras guiados por Adel vamos conociendo el lugar y la historia de esta comunidad islámica en la ciudad de Badajoz. Él llegó a estudiar medicina en la Universidad de Extremadura en los años  ochenta y hoy es referente del mundo islámico en nuestro país.

La visita da para conversar, al deleite del té verde magrebí, de la convulsa situación de los tiempos en los que vivimos, de la barbarie a la que lleva el fanatismo religioso, pero sobre todo del gozo de experimentarse sobrecogido por la transcendencia, de estar en las manos de Otro y de cómo esto nos proyecta al diálogo y la convivencia.

Adel tiene que dejarnos para dirigir la oración del anochecer. Con la cadencia de los rezos muslimes yo fotografío por la ventana el templo parroquial mientras que sobrecogido, en éste “Tabor”, quiero escuchar al Dios de la Vida.

EL IMÁN

Así lo comentaba Adel en  facebook:

“Esta tarde recibimos en la mezquita de Badajoz al párroco de la iglesia nuestra señora de Asunción, Lolo Matos, y el voluntario Pepe Blanco.

El objetivo de la visita es fomentar las buenas relaciones entre las dos comunidades ubicadas en la misma barriada.

Charlamos sobre la convivencia y el respeto, y compartimos un té en un ambiente reinado por la alegría y amistad.”

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Pablo Ráez, Ora pro nobis
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José Moreno Losada | 11-03-2017 | 10:06| 0

“Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él”

  Acaba de comenzar la cuaresma, el miércoles de ceniza me ayudaba a introducirme en ella un vídeo televisivo de Pablo Ráez, el joven de Marbella, que con su modo de vivir la enfermedad y de enfrentarse a la muerte, se ha adentrado en el corazón de la sociedad española y ha sido noticia priorizada en todos los medios de comunicación social, ocupando lugar privilegiado en los telediarios durante varios días.El jueves compartía un día de oración con los sacerdotes de mi diócesis, acompañados por el arzobispo, el cual eligió un texto evangélico en el que se nos invitaba a ser pequeños y como niños ante el Reino de Dios. Orando ante el santísimo enseguida me vino a la mente las imagen y el testimonio de Pablo.

Comenzó mi contemplación con una de las frases de su padre en el reportaje, cuando comentaba que al entrar en la planta de tratamiento para la leucemia en el hospital, con su pequeña maleta, su hijo le dijo: “Papá, ahora ya se acabó mi infancia”. Le tocaba vivir y enfrentarse a una situación de dureza profunda, se le pedía una madurez nueva que tenía que elaborar y estrenar, él era consciente de la frontera que estaba pasando en ese momento tan simbólico.

Después todo un proceso de dos años en el que por su modo de vivir la enfermedad, tan auténtico y original, ha traspasado la muerte de un modo singular y fecundo. Y eso es lo que ayer me seducía de su persona y su testimonio, cuando comenzábamos una cuaresma que una vez más apunta a la Pascua de la Resurrección, a la plenitud de la vida, a la vida eterna a la que se llega por la puerta de la cruz y de la muerte. Desde ahí surgía en mi interior una oración agradecida al Padre y a Pablo Ráez: “Gracias Padre, por darme este signo vivo de tu espíritu resucitado en la persona de Pablo Ráez… por él, hoy creo y espero más en la resurrección”. Hoy sentía el deseo de parafrasear con el apóstol Pablo que “si Cristo ha resucitado, Pablo Ráez también resucitará”.

Contemplaba, a la luz de su testimonio, que este joven había vivido en lo oculto y lo anónimo del mundo, como Jesús en Nazaret, había intentado salir de la monotonía y buscaba en el deporte el lugar de la originalidad, las claves del vivir superándose y logrando su propio lugar específico, pasando de un deporte a otro y entregándose a fondo en ellos. Rechazaba estar en un sofá, quería encauzar su impulso y activismo en aspectos positivos para su persona.

Vivía centrado en él y en los que le rodeaban como la inmensa mayoría de la sociedad, en una infancia prolongada. Pero el hachazo de una analítica realizada por razones casi deportivas, el sufrimiento de una rodilla, le llevó a la frontera de su infancia -su autocentramiento- y de la vida. Y tuvo que entrar en el deporte del despojamiento y del espíritu. En el entrenamiento del yo que se desnuda de todo ego para abrirse a la alteridad viviendo lo más propio, en este caso su enfermedad. Y ahí, con todo el ánimo de su espíritu se abrió al Espíritu de un modo radical y nuevo.

Desde la enfermedad se acercó a la búsqueda del sentido en el interior profundo de su yo y se abrió a los demás, a todos los enfermos de un modo original y único, a toda la sociedad con un mensaje de salvación y de esperanza profético, a la vez que se adentraba en el misterio de lo divino, para entender la existencia como proyecto, en un juego realmente comprometido, con una normas que no venían dictadas por uno mismo sino que las imponía una naturaleza débil en proceso, cargada de limitación, sufrimiento y muerte.

Ahí unió fe y vida, salvación y enfermedad, vida y muerte, oscuridad y esperanza. Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él, siendo auténtico y original. Entendiendo la vida y la muerte desde el amor y la entrega, siendo para los demás, transmitiendo una “Buena noticia”, desde la pobreza y el mayor dolor, desde el más profundo despojamiento del ego, entregando su yo para que los demás tuvieran vida y esperanza, con una filosofía llena de confianza y de fuerza. Y todo ello envuelto en dolor, debilidad y miedo, no sintiéndose héroe, sino humano y compasivo.

Hizo de su enfermedad, su vida pública, ahí donde muchos se esconden, él animado por el espíritu, se presentó en medio del pueblo, en los caminos, las plazas, las escuelas… en ese vehículo de las redes, que no solo enredan sino que también cuando encuentran la luz de una vida auténtica, se convierten en lugar de salvación y solidaridad.

Ha sido un signo de salvación y de resurrección desde el cáncer, desde la muerte, desde la cruz, realmente como Jesús. Por eso, rezo al Padre dando gracias por su testimonio, Pablo Ráez es para mí una razón para creer en la resurrección, alguien así no puede morir, alguien así nos habla de que hay justicia divina y que no morirá para siempre, el que ha muerto como Cristo -bautizado, confirmado, comulgado en El- está ya en su gloria y, desde la comunión de los santos, será nuestro valedor y nuestro campeón de vida en la enfermedad y en la muerte.

He sentido alegría y envidia sana, por ese amigo-padrino, Pepe el sacerdote, que te ha acompañado y ha vivido este proceso de paso pascual, de la muerte a la resurrección. Imagino su experiencia vital al bautizarte, confirmarte y servirte el pan de la vida en la Eucaristía, y lo que Dios le habrá enriquecido con tu persona y tu experiencia. Yo también estoy muy agradecido a Dios por los signos de vida que descubro en los jóvenes.

Hoy, al comenzar esta cuaresma, ante Jesús en el altar, oro con confianza: “Pablo Ráez, confesor de la fe, testigo de la resurrección, ora pro nobis”.

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Las cenizas y el amor de la madre
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José Moreno Losada | 08-03-2017 | 5:09| 0

“El amor es más fuerte que la muerte”

(Desde el dolor esperanzado de una madre rota)

En los próximos días llegarán las cenizas de dos jóvenes y serán depositadas en un camposanto de un pueblo extremeño donde reposarán con los suyos. El quehacer de enterrarlos de su madre me abren al dolor esperanzado del sentido de la vida en la resurrección.

María José Risco , es extremeña de corazón universal como muestra su currículum y su vida, por eso va a traer las cenizas de sus dos hijos queridos a nuestra tierra para que descansen con los suyos para siempre. Lo hace en cuaresma, en tiempo de ceniza, cuando hablamos de la muerte como el camino para la vida. Lo hace con el corazón roto, con la entrañas abiertas y desgajadas, abrazada al hijo que le queda en esta historia, para poder seguir abrazándolo físicamente y ser, por él, abrazada, como sacramento de una realidad  familiar que exige ser eterna porque ha sido verdadera y única.

Quedan atrás los años en que, tocada de inquietud y de sentido profundo del bien interno de su profesión, traspasó los mares y se encarnó en Guatemala, para adentrarse con corazón y vida en proyectos de cooperación  en el deseo de una justicia que iguala y dignifica a los humanos. Guatemala fue su casa, su pueblo, su vida y, por lo mismo, su amor, allí se enamoró y se casó, fruto del matrimonio, nacieron sus tres hijos. Ella, siempre consciente, de que los hijos son de la vida y no propios, caminó con ellos animando sus alas de libertad, verdad, compromiso con la vida y su propio interior, con sus ilusiones y sus esperanzas. Libertad que posibilitó que Guillermo viviera con ella, estudiando en España, y que Alejandro y Cristina realizaran sus vidas, junto a su padre que falleció hace un año, en el mismo día que acaban de morir ellos,  en tierras gualtemaltecas, formándose y trabajando en aquella realidad en la que se sentían identificados, amando sus posibilidades y sus limitaciones, como si fueran propias.

Y ahora el dolor de una violencia mortal, en aquella tierra y pueblo amado,  los arrebata no sólo del abrazo de la madre sino también de la vida. Empujados por la violencia y la pobreza del robo, sin sentido, en una estructura de corrupción y poca seguridad,  han sido arrojados de este mundo y han tenido que vivir su horizonte personal  de muerte en la juventud más pura y más nueva, cuando sólo contaban con veinte años. Dos vidas, mellizos en una misma hora,   abiertas al amor y la esperanza, llenas de fuerza y de alegría, con un entusiasmo que sobrepasaba el tiempo y no encontraba lugar para tanta inquietud y  deseos de vivir y hacer.

El lugar que fue fecundado con la inquietud y la generosidad de aquella voluntaria joven, después madre consagrada, ahora se convierte en cementerio  triste de una luz apagada en este horizonte. Aquella voluntaria, hoy es forzada desde unas cenizas que sólo son amadas por lo que fueron, pero aún no apaga la luz de lo vivido y se agarra a esa realidad tan pura y auténtica, para poder seguir esperando  junto a la cruz, de pie –como la madre de Cristo-, erguida por la verdad de lo amado, por la fuerza de lo vivido, por el deseo de lo eterno, sabiendo y esperando que la injusticia y el mal no tengan la última palabra.

Ahora le toca a esta madre y a esta mujer, de raíces fuertes y firmes como las encinas de esta tierra extremeña, elaborar un duelo desde el credo de sus entrañas, el credo que asentado sobre el deseo de la justicia, de la igualdad y de la dignidad humana, le empuja con dolor a expresar que “el amor –como dice la Sagrada Escritura- es más fuerte que la muerte”, que el amor no puede morir y los amados tampoco. Ahora le toca, con los dolores de aquel parto doble, gritar  y esperanzarse de que habrá  un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que éstos que están grabados a fuego en el corazón de los suyos,  especialmente de ella como madre y de su hijo como hermano, vivirán para siempre y volverán a encontrarse. Ahora le toca, con el llanto de la madre herida, manifestar que todo ha merecido la pena, que ha sido afortunada en su ser y hacer, en la vida de estos hijos que ha acabado  tan injustamente, pero no sin sentido porque han amado y son amados, que quiere seguir trabajando por la igualdad y la dignidad de todos los hombres y en especial de ese pueblo que le ha roto sus entrañas y al que ha querido y quiere entrañablemente.

Y yo, que acabo de recibir la noticia, de un buen amigo, Pedro, que está unido en la verdadera amistad con María José, y se encuentra en aquellas tierras para facilitar el viaje de los restos para ser enterrados en la debilidad de la ceniza, en tierra extremeña, rezo a Dios, imaginando el dolor de la madre, por una violencia tan injusta, lo imagino en un corazón tan humano, tan voluntario, tan comprometido, tan maternal, con esa pregunta eterna por el mal injusto y el dolor inocente, desde el amor más puro. Ahora su fe, sólo su fe movida por el amor, la podrá mantener en pie y le da fuerzas  para escribir  la líneas que acabo de leer  con las que se ha dirigido al pueblo de Guatemala para una celebración eucarística en honor de sus hijos, que estuvo llena de vida y de esperanza, entre jóvenes y  personas queridas, con cantos de resurrección y amor. La misma  fe que  le mueve a desear una celebración aquí, en nuestra tierra, que transmita lo que sus hijos le transmitían a ella: ilusión y esperanza, de ese amor que por verdadero es más fuerte que la muerte.

José Moreno Losada. Sacerdote.

 

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Badajoz y los refugiados, por la acogida
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José Moreno Losada | 05-03-2017 | 12:21| 0

 

 

“No solo de pan vive el hombre” Resultado de imagen de badajoz acogida  refugiados

Hoy ha habido un encuentro  festivo y reivindicativo en la plaza del ayuntamiento de Badajoz mostrando el deseo de que nuestra ciudad sea acogedora con los refugiados y se comprometa  activamente en la respuesta y concreción de los miles  que España se comprometió  a acoger, y que de seguir al ritmo que vamos cubriríamos el cupo en el año 2025: ¡ A buenas horas mangas verdes¡ Entre los que han participado había instituciones eclesiales y miembros de comunidades cristianas. En nuestra parroquia se comunicó el Domingo pasado esta actividad y se invitó a participar en ella como un gesto de cuaresma, mostrando un deseo de acogida y compartir con aquellos que se encuentran desplazados y huidos. Las razones  son bien sencillas, sólo basta hacer una reflexión tan sencilla como hicimos  hace unas semanas con los niños en nuestra parroquia.  Creo que sería buena hacerla en muchos espacios, eclesiales y ciiviles, incluidos  asamblea de Extremadura, ayuntamientos, etc.  A ver qué os parece:

 

“Porque fui refugiado…¿cuando? En 2017”

Tema: Compartiendo con los que tienen hambre y los refugiados
Objeto: Reloj de arena que marque un minuto.
Evangelio: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber… Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?…De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”Mateo 25: 35, 37, 40
El minuto del deseo:Has oído a alguien decir, “Espera un minuto”. Es verdad que a veces un minuto puede parecer mucho tiempo. Otras veces un minuto parece pasar muy rápido. En esta mañana he traído un reloj de arena. Posiblemente habéis visto uno de estos relojes. Cuando giras el reloj, la arena tarda un minuto en pasar de la parte de arriba a la de abajo. Voy a girar el reloj y deseo que en ese minuto penséis en las cosas que os gustaría comer. ¿Estáis listos? Bien… ¡en sus marcas, listos, fuera!¿Pensastéis en muchos alimentos deliciosos para comer? Yo sí. Pensé en pollo frito, papas majadas con una salsita por encima, hamburguesa, “hot dogs”, pizza, bizcocho, galletas, mantecados, dulces; y mucho más. ¿En qué pensastéisvosotros? (Dale tiempo para que digan algunos de los alimentos en que pensaron, si el tiempo lo permite.)El minuto del hambre y la muerte:¿Sabéis que en ese minuto que estuvimos pensando en las cosas que nos gustaría comer, diecisiete personas en el mundo mueren de hambre? De esos diecisiete personas que murieron trece eran niños y niñas como tú. Jesús y los pobres refugiados:

Jesús estaba hablándole a un grupo de personas un día y les dijo: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber… ” “¿Cuándo hicimos eso?”, preguntaron.

Jesús les dijo, “Si lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

Tenemos mucho por qué ser agradecidos, ¿no es cierto? La pregunta que debemos hacernos es, ¿Estamos dispuestos a compartir con aquellos que no son tan afortunados? ¿Compartirás de lo que tienes con otros que están en necesidad? Recuerda, cuando compartes es como si estuvieras compartiendo de lo que tienes con Jesús.

Oración: Señor, Tú nos has dado tanto… Permite que deseemos compartir lo que tenemos con otros en necesidad. Amén.

 

 Creo que queda claro por qué  los cristianos han de moverse en este tema:

 

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“Entre el ego y el yo” (Miércoles de ceniza)
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José Moreno Losada | 01-03-2017 | 12:29| 0

La ceniza en el centro AFAEX

Terminado el ajetreo de los carnavales, volvemos a la rutina, tocada de singularidad, para los que nos sentimos cristianos. La liturgia nos adentra en el tiempo de la cuaresma a través del rito centenario de la imposición de cenizas en este miércoles, que nos abre la cuarentena del paso por el desierto con las armas de la oración, el ayuno y la limosna.

Como corresponde a mi ministerio hoy me toca el oficio de imponer la ceniza a los fieles y me dispongo en la mañana para que no me ocurra lo que León Felipe avisa en su poema:   “No sabiendo los oficios los haremos con respeto. Para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.” Pero es la misma mañana la que se encarga de espabilarme, lo hace en el centro AFAEX. Paco me avisa de que vaya al centro vecino de la parroquia, centro de día para enfermos del alzheimer, porque él estará fuera. Hacemos una pequeña liturgia, con cantos, evangelio y la imposición de la ceniza. La siguen fielmente como de un recuerdo vivo y presente, se unen los trabajadores. Ha sido un momento de paz y calma, serenidad y cierta alegría, a mí me ha dejado en mi interior una clave para entender el sentido de  esta liturgia y del tiempo cuaresmal que comenzamos. Más de una vez he escrito sobre estos enfermos y la aparente pérdida del “yo”, cuando el yo queda en manos de los que te quieren y te cuidan, porque tú ya no lo conduces. Es impresionante la relación entre la mente y el cerebro, ese misterio permanente con el que nacemos y en el que morimos sin más luz de lo que somos y lo que amamos para seguir viviendo.

Polvo eres y en polvo te convertirás…

La reflexión me ocupa y me desborda en este día que invita a la conversión. Entiendo que la conversión ha de darse entregando el “ego” al “yo”.  Recuerdo que la expresión antigua al imponer la ceniza era lacónica: “acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”. Y medito a la luz de esta enfermedad que se presenta como olvido de lo inmediato y lo actual para reavivar de un modo radical el pasado  en la infancia más desnuda. En ese olvido de lo actual se cifra pérdida del control del yo, para entregarse como un niño débil  y necesitado en las manos de los que te sostienen y de los que necesitan amor y cuidado. Pienso que en la sociedad actual y en nuestra cultura se da la tentación de la contrario, hambrientos de presente y agarrados a él por el poder, el placer y la riqueza, nos olvidamos del origen auténtico de cada uno de nosotros, de ese origen que es clave del futuro: la debilidad de un yo que se forja en la relación del amor y del cuidado mutuo. El “ego” se come al “yo” y lo disfraza de una eternidad lisonjera y atrevida, que queda desnudada en los signos de lo débil que siempre acechan y amenazan, aunque los obviemos e ignoremos. Hoy necesitamos volver con el corazón a la debilidad de la infancia y de la vejez, para saber quiénes somos y a dónde vamos, para recuperar el verdadero sentido y el valor de nuestro yo junto al nosotros de la humanidad y del mundo.

Adelgazar el “ego”

El psiquiatra Castilla del Pino decía que el hombre actual debía adelgazar su yo, ese sentido de la originalidad y singularidad de lo humano para sentirse más cosa del mundo, yo hoy en esta meditación entiendo que el evangelio me llama a adelgazar el ego para fortalecer el yo. Es el ego el que se derrumba con la realidad de su contingencia, no somos los que sabemos, lo que podemos, ni siquiera lo que gozamos, somos los que amamos y queremos, complementados con  lo amados y queridos que somos por los otros. El evangelio nos invita a fortaleceré el verdadero yo sin disfrazarlo de ego,  ahí está el reto entregar el ego para que el yo sea original y auténtico en el amor. Todo lo demás polvo es y en polvo se convertirá.

Ante mí, los otros y Dios

Pablo d´Ors  escribe invitando a recorrer un camino de profundidad y anonimato, entregando el ego y recuperando el yo,  en las claves cuaresmales de lo humano y de lo divino: Ante los demás, vivir la generosidad de los que se entregan en silencio sin pedir nada a cambio; ante Dios, la oración callada del que se sabe criatura y necesita fundamento para sentirse amado y poder aspirar a la vida de lo eterno; ante mí mismo el ayuno de todo aquello que siendo autorreferencia me impide crecer por dentro en sabiduría y gracia, en libertad verdadera.

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.