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Autor: jose.moreno.losada_933
“El papa pide para Ucrania”
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José Moreno Losada | 19-04-2016 | 2:49| 0

Francisco, siguiendo con su línea de que obras y gestos son amores y no buenas razones, ha pedido que se realice una colecta en todas las comunidades católicas de Europa a favor de Ucrania para ayudar en atención a los refugiados. Nuestro Arzobispo se une y anima a esta colecta que se realizará el próximo domingo en todas las iglesias de nuestra diócesis dé Mérida-Badajoz, resalta que se trata de una acción  que tiene un sentido más allá de lo puramente económica, de comunión en el sentir  y de unidad ecuménica  e interreligiosa. Transcribo sus palabras a  los católicos  y personas de buena voluntad que deseen colaborar:

PRO UCRANIA,  COLECTA SOLIDARIA  E INTERRELIGIOSA

 El papa Francisco, como pastor universal, ungido por el deseo de que la misericordia y la compasión se hagan universales y la Iglesia sea portadora de ellas, nos ha convocado a todos los católicos europeos para una iniciativa que quiere ser gesto sacramental de la preocupación por la humanidad.

 El pasado domingo -dedicado a la misericordia-, tras la celebración de la Eucaristía, el Santo Padre anunció una colecta para recoger fondos en las parroquias de Europa, con el deseo de que se haga efectiva durante la misa del domingo, 24 de abril, para destinarlos a paliar la acuciante situación que se está viviendo en Ucrania. Haciendo alusión a sus palabras, advirtió que el deseo es ayudar «a quienes se encuentran en estas tierras golpeadas por la hostilidad, que ya ha causado varios miles de muertos», y «a quienes -más de un millón- se han visto obligados a abandonarlas ante la grave situación». Por ello, pidió «una generosa donación» a los fieles y «un gesto de caridad que, además de aliviar los sufrimientos materiales, quiere expresar mi cercanía y solidaridad y la de toda la Iglesia con Ucrania».

 Allí se encuentran más de 800.000 personas desplazadas en territorios, bajo control del Gobierno ucraniano, así como 2.700.000 personas en zonas bajo control de los separatistas prorrusos en el este del país. Cerca de medio millón de personas tienen «una urgente necesidad de recibir alimentos», pero las principales carencias son sanitarias. En la situación más dramática se encuentran los niños, pues unos 200.000 menores han tenido que abandonar sus casas y refugiarse en otras regiones alejadas del conflicto.

 Los fondos recogidos en la colecta serán repartidos como ayuda humanitaria para todos los necesitados y en cooperación con todas las representaciones religiosas del país, donde los católicos son cerca del 10 por ciento. El objetivo del Papa es, por tanto, alertar sobre una situación humanitaria que le preocupa mucho y que ha perdido la atención en los medios de comunicación, a pesar de su gravedad.

 Como podéis ver, la llamada y el signo están en la línea del lema de este año: «Sed misericordiosos como el Padre». Así, compartir los bienes es una de la claves de la medida de nuestra de fe y de nuestra conversión, más si lo que hacemos está dirigido a todos los hermanos, tanto cristianos como de otras religiones, dando un verdadero signo de comunión en el amor, que nos congrega en la unidad querida por Jesús en lo más profundo de su corazón: «Que sean uno, como tú y yo somos uno, para que el mundo crea».

 Nuestra colecta, por tanto, tiene un sentido de comunión en el sentir, de compartir en lo económico y de unidad -ecuménica y dialogante- en la esperanza de la verdadera libertad y salvación. Sé que esta llamada que el Pastor de la Iglesia universal nos hace, no va a caer en saco roto, porque soy consciente de vuestra generosidad, mostrada ya en muchas ocasiones. Os animo para que, en esta vieja Europa, arraigados en las raíces de nuestra tradición cristiana, con nuestra generosidad, demos testimonio de amor y de fe, mostrando que es posible renovarnos y nacer de nuevo en lo mejor del humanismo cristiano, que no sabe de indiferencia porque se abre a los sentimientos de Cristo. 

 El marco de la Eucaristía  y de la Pascua da sentido pleno a esta colecta que reconoce la presencia real de Cristo en los sufrientes de la historia, que el pan glorioso que compartimos nos llene de deseos de justicia y dignidad para todos.

 Agradezco de antemano vuestra preocupación e interés por esta colecta, que será signo de nuestra fe y esperanza, os bendigo en el Señor, asegurando que Él nos dará el ciento por uno y la vida eterna.

 

+ Celso Morga. Arzobispo Mérida-Badajoz

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El Papa: ¿poder fáctico?
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José Moreno Losada | 18-04-2016 | 10:10| 0

COMPASIÓN Y DEBILIDAD

El gesto requiere ser digerido. El Papa Francisco ha estado en Lesbos, la Iglesia ha de entrar en silencio, junto a su Pastor, para elaborar lo que el Papa ha visto y oído, para poder contarlo, así como para apropiarnos humana y espiritualmente de este gesto del hermano mayor que nos quiere confirmar en la fe. El gesto no es baladí, quiere entrar en las entrañas de lo auténtico a la luz del evangelio para proclamar  con el apóstol Pablo, mirando a Cristo – el crucificado que ha resucitado- que “la fuerza se realiza en la debilidad”. Necesitamos la clave fundamental cristológica para poder rumiar este gesto simbólico de la presencia del papa en medio de la mayor debilidad de la humanidad, para poder entrar en su dolor compartido, en su abrazo real, en esa intemperie de lo divino.

Cuando trato  de digerir y orar desde el gesto, queriendo que al menos no se pase sin dedicarle unos minutos, me encuentro que mi compañero Pepe Hermoso -sacerdote de Plasencia- ya da pinceladas de lectura creyente sobre este hecho,  el color de interpelación paterna, de radicalidad eclesial, de evangelio a pie de obra, y siento la necesidad y el gozo de poder compartirlo desde este lugar divino y humano:

NO ESTÁIS SOLOS

Lesbos, maldito y bendito Lesbos, en el que se nos ofreció ayer lo mejor versión de la razón de ser del cristianismo en esta Europa tan atemorizada y tan incapaz de juzgarse a sí misma con los ojos de sus víctimas. A quienes tantas veces se preguntan, desde la comodidad de su teoría o inquina partidista, para qué sirve la religión más allá de apaciguar angustias, satisfacer deseos y piedades personales, el Papa Francisco y los patriarcas Jerónimo y Bartomé… nos han dicho con su insólito y valeroso gesto en el campo de refugiados de Moria que el cristianismo y los cristianos tenemos siempre una clara e ineludible misión pública: mantener vivo el clamor y la memoria de los sufrimientos de los seres humanos en esta cultura del amnesia y la evasión; rechazar el pragmatismo democrático que reniega de la memoria del sufrimiento y fomenta la xenofobia y las fronteras cerradas que se va extendiendo como mancha grasienta por el mapa europeo elección tras elección; y colaborar con las demás religiones y con los hombres de buena para la salvación y la compasión social y política de nuestro mundo.

Y todo desde una asombrosa puesta en escena. Tan simple, tan falta de ceremoniales y protocolos, que los tres importantes personajes se movían tímidos, descolocados e inseguros y, sin embargo, atentos a escuchar y dispuestos a abrazar a quienes corrían y se arrodillaban desesperados ante ellos para compartir su dolor y su angustia. Aquí no había masas enfervorizadas que aclamaban y vitoreaban, sólo un rumor de niños y de gentes que miraban pero no parecían entender nada; no se alzaban pancartas con el “te quiere todo el mundo”, sino cartones improvisados en los que se leían “Necesitamos ayudad, ayuda, ayuda” “Salvadnos del genocidio”. Viendo todo ello tuve la sensación por primera vez en un acto con presencia de un Papa, de lo pequeña, impotente que puede ser la Iglesia y de la fuerza vigorosa que desde esa impotencia posee para conmover e impregnar al mundo de su compasión evangélica. Qué bien lo supo resumir el Papa en su regreso: ¡Esto es demasiado fuerte para mí”!.

Gracias Pepe, por ayudarnos a ver cómo la debilidad de un Papa nos puede mostrar la fuerza de la misericordia de un Dios amoroso y sencillo, como el de Jesús de Nazaret. Aquí no faltan razones para creer y para convertirse.

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Gases lacrimógenos
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José Moreno Losada | 11-04-2016 | 11:56| 0

“Dichosos los que lloran…ay de  los que ahora reís”.

Nos  cuentan que el Papa Francisco quiere ir a Lesbos, allí donde se están deportando a los pobres refugiados sin más miramientos, donde nos parece poco su llanto y su sufrimiento  y les ayudamos con los gases lacrimógenos.

¿Por qué quiere ir, qué es lo que le mueve?

DESALOJADOS

Todos somos peregrinos en la historia, nacemos y peregrinamos hacia un destino mistérico. Mientras vamos de camino todos necesitamos sentirnos alojados y nos da miedo vivir en la intemperie, desalojados, sin techo, ser transeúntes sin referencia de hogar y de calor humano y familiar. La realidad nos muestra una muchedumbre ingente de desalojados en nuestra sociedad por motivos diferentes:
Lo que está pasando hoy no es nuevo, aunque está teniendo más virulencia y está en nuestras puertas de un modo inusitado. En nuestro mundo hay 174 millones de migrantes con dirección al norte y 60 millones con dirección al sur, por razones y motivos variados. En lo que se refiere a los refugiados, este año más de 800.000 personas habrían llegado a Europa a través del Mediterráneo, y más de 3.400 habrían perdido la vida en esa ruta. Miles de personas –más de treinta mil en España- viven a la intemperie en la calle sin referencia de hogar alguno. A todo esto últimamente se suman los desahucios, según el CGPJ en el primer trimestre de 2013 se ejecutaron 19.468 desahucios, lo que arroja una media diaria de 216.
Efectivamente la pérdida del empleo y la vivienda, perder el trabajo, ser desahuciado, vivir en la calle, verse obligado a cambiar de lugar de residencia o país por miedo, persecución, pobreza… son cambios drásticos, situaciones de pérdidas que, vividas de manera prolongada en el tiempo, crea situaciones personales y familiares de sufrimiento, desesperanza, preocupación, incertidumbre. La persona entra en un estado de indefensión, en el que especialmente, necesita del amparo social y comunitario, la falta de éste hace que la persona se sienta desprotegida, desalojada y pueda llegar a experimentar la depresión y vacío existencial.

LA SEÑAL DE DIOS: un desalojado

“Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.” (Lc 2,6-7)
En el tiempo de Navidad escuchamos repetidamente que la señal de Dios, según el evangelio, es el desalojo, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre porque no había alojamiento para él. Como le puede ocurrir a cualquier refugiado, perseguido, desahuciado, emigrante, transeúnte. Está clara la identificación de Dios con los que no tienen vivienda, con los que son “peregrinos del mundo y la historia”, no hay duda de que es verdad que se ha hecho uno con ellos, y que por eso puede decir que lo que le hagamos a ellos se lo hacemos a Él. En la cruz le dieron vinagre para su sed, en su llanto de expiración, para que no quedara en esta frontera.

EL LÍO DE LA MISERICORDIA

Desde nuestro Dios, que se nos muestra en Jesús como pobre, perseguido, peregrino, transeúnte, desalojado, estamos llamados a “dar posada al peregrino”, a acoger al que está desalojado, desahuciado, en la calle, a la intemperie.“La ‘buena acogida’ comprende desde la hospitalidad a la comprensión, la valorización necesaria para el recíproco reconocimiento; destierra los prejuicios y busca una convivencia en armonía. Nuestra sociedad es, y en el futuro próximo será, en mayor medida, multiétnica e intercultural. Como cristianos la actitud que habríamos de adoptar ante los inmigrantes está recogida en la Ley de Santidad: “Si un inmigrante se instala en vuestra tierra, no le molestaréis; será para vosotros un nativo más y le amarás como a ti mismo, pues también vosotros fuisteis inmigrantes en Egipto” (Lv 19, 33-34).

Compromiso:

– Seguir al Papa Francisco en sus planteamientos concretos ante los hechos que están ocurriendo.
– Relaciones de acogida, vecindad y fraternidad con los que nos rodean y especialmente con los que han llegado de fuera. Hacer de nuestra casa un espacio abierto y de acogida.
– Tratamiento laboral justo a todos los inmigrantes en nuestros espacios familiares, empresariales. Apoyo a sus reivindicaciones justas y solidarias.
– Tener presente a los inmigrantes en todos los foros y contar con ellos en nuestras programaciones: Familiares, escolares, comunidades parroquiales, Movimientos, asociaciones.
– Dejarnos evangelizar por los inmigrantes, aprender de sus historias, de sus actitudes solidarias..

-Colaborar con las instituciones que cuidan de los  refugiados, de los que viven en la calle y de los transeúntes o peregrinos.

Orando:


Dios Padre de todos, que en tu gran amor y misericordia nos has querido dar a tu propio Hijo, para amarnos hasta el extremo y darnos tu Espíritu para que habite en nuestros cuerpos como un templo suyo. Tú que habitas en nuestro interior y que quieres que te abramos las puertas de nuestra vida, siendo nuestro creador, te has hecho criatura y te has mostrado débil y pequeño en un nacimiento lleno de intemperie, de pobreza y desalojo. Tu señal nos deja perplejos y confusos: ¿por qué has querido ser siervo siendo rey, vivir a la intemperie siendo tu el señor de la creación, ser peregrino y no tener donde reclinar la cabeza si eres señor de los Cielos y de la tierra?
Miramos nuestro mundo y su dolor en millones de hermanos que son deshabitados y desalojados, que viven en el margen y a la intemperie, solos y a pie de la historia y del mundo. Los vemos con tu corazón y comenzamos a entender tu mensaje, ellos son nuestros hermanos y en ellos te revelas tú para con nosotros. Los ha elegido para venir a habitar en nuestros corazones y en nuestras casas, sabemos que cada vez que nos acercamos y nos hacemos prójimos de ellos, te acogemos a Ti y te adentras de nosotros para darnos tu vida y tu gracia. Ayúdanos a entender que cuando ejercemos la hospitalidad favoreciendo a los que no tienen hogar ni calor estamos adentrándonos en tu verdadera señal y tú estás naciendo en nosotros y en nuestros corazones. Queremos verte en los refugiados actuales, peregrinos, emigrantes, perseguidos, transeúntes, desahuciados, abre nuestros ojos y nuestro corazón desde Belén y desde el Calvario.

 

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Visitar enfermos: ¿algo del pasado?
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José Moreno Losada | 05-04-2016 | 1:39| 0

¿Sanos o enfermos?

 Hablar de  salud y enfermedad en nuestro mundo no es nada fácil, depende del lugar y del dolor con que se mire. La Organización Mundial de la Salud dice que la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social;  se trata de una salud integral que atiende a las dimensiones fundamentales de la persona. En el lenguaje cotidiano, la enfermedad es entendida como una idea opuesta al concepto de salud: es aquello que origina una alteración o rompe la armonía en un individuo, ya sea a escala molecular, corporal, mental, emocional o espiritual. No es casual que la palabra salud tenga que ver con la palabra salvación, mientras que la palabra enfermo tenga que ver con debilidad, inseguridad y dolor.

 Nos valen estos conceptos sencillos para mirar nuestro mundo, la sociedad actual y nuestras propias personas. Está claro que la enfermedad está presente y se manifiesta de múltiples formas que impiden en desarrollo integral y armónico de la naturaleza y de la humanidad, el listado sería fácil para cualquiera de nosotros: desastre ecológico, hambrunas y enfermedades que afectan una gran masa de la población mundial, así como la situación de depresión, soledad y tristeza –de baja estima- que se vive en los países más ricos que parecen tenerlo todo. A esto se suma lo que viene como límite propio de nuestra propia naturaleza humana, siempre expuesta a la debilidad de la enfermedad, la limitación física, psíquica o espiritual, la muerte, de un modo u otro.

 No hay duda de que hay enfermedad, pero sobre todo de que hay enfermos, con dolor y sufrimiento

 

Compasión y misericordia

 Ante esta realidad, se nos invita a vivir la misericordia entrañable de nuestro Dios, que nos interpela y nos lanza a vivir algo propio de lo divino hecho humano: “visitar a los enfermos”. Conviene que nos paremos y profundicemos en esta obra de misericordia y en su alcance más profundo, tanto por lo que otros pueden necesitar de nosotros, como lo que nosotros podemos enriquecernos en el encuentro con el mundo de los enfermos.

 Jesús de Nazaret se identificó con la misión del encuentro con los enfermos y los que sufren: «Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: “¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?”. Jesús les respondió: “Id y decidle a  Juan lo que estáis oyendo y viendo: los ciegos ven y los cojos andan,  los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan,  a los pobres se les anuncia la buena nueva (Mt 11,2-6)

 

De la pena al encuentro

 Visitar a los enfermos  supone pasar de la pena al encuentro. No  estamos llamados a penar sino a caminar junto al otro en la vivencia de su enfermedad, dolor y sufrimiento. El lugar del enfermo está en medio de la comunidad que lo sana, incorporándolo y cuidándolo, para que  no pierda su protagonismo ni el sentido de su vida. La misericordia nos llama a hacer más saludable nuestro mundo y nuestra sociedad. Hoy necesitamos recuperar e integrar el concepto del enfermo para llegar a vivir todos sanamente la enfermedad. Para ello se requiere:

•          Reflexionar y compartir cómo es nuestra consideración y relación con los enfermos que tenemos cercanos, cómo solemos reaccionar ante la enfermedad. Visitemos a los enfermos y eduquemos a los niños y jóvenes en esta obra de misericordia.

•          Analicemos si nuestros modos de consumo y hábitos de vida son sanos para nosotros y sanantes para los demás.

•          Cuidemos y defendamos, como propio, el sistema sanitario del que nos hemos dotado en nuestra sociedad. Este reto es tanto para los profesionales como para los usuarios, hemos de hacer un uso digno, justo y solidario de este servicio.

•          Pensemos nuestras comunidades parroquiales teniendo en cuenta a los enfermos, su dolor y sufrimiento.

•          Busquemos la relación viva  y cercana con las realidades de limitación y enfermedad que están a nuestro alcance: residencia de mayores, de discapacidades físicas y psíquicas, centros de alzheimer…

•          Colaboremos seriamente con las organizaciones que se preocupan de la salud a nivel universal, especialmente en los lugares de mayor pobreza y sufrimiento: Manos Unidas, Médicos Sin Fronteras, Medicus Mundi, Cruz Roja, etc.

 

Creyendo y orando

 Y los que  tenemos dimensión orante y creyente, oremos por los enfermos y por nosotros mismos, para que sepamos vivir la enfermedad:

 Querido  Jesús, tú tenías conciencia de que no necesitaban de médico los sanos, sino los heridos y rotos de la historia. Te identificaste con el dolor y el sufrimiento de los enfermos, lo aceptaste y lo sufriste hasta la muerte, y desde la vivencia radical de tu entrega, tu pasión y cruz, nos has mostrado que lo que hiciéramos a uno de los enfermos lo estaríamos haciendo contigo. En ti,  el Crucificado -que ha resucitado-, nos ha visitado Dios a todos nosotros, como humanidad enferma y herida, para salvarnos y llevarnos a la vida plena. Nos has visitado con las claves de la sanación, del perdón, de la esperanza, de la alegría,  de la comunidad.

 Tú hacías del enfermo el centro de la comunidad, enseñabas a todos que la debilidad había de ser compartida. Tú sabías darle  al enfermo el protagonismo que le correspondía, atento a lo que ellos querían. Tú colaborabas para que el ciego viera, el sordo oyera, el paralítico anduviera, el endemoniado se liberara… creías y soñabas con ellos, compartías su dolor y su vida, y por eso todos te buscaban. Tú eras su luz, su camino y su verdad.

 Hoy nos invitas a todos nosotros, como cristianos e iglesia, a mirar la humanidad desde la clave del dolor, a entrar en la enfermedad que rompe al hombre -tanto física, como psíquica y espiritualmente-. Nos llamas a cuidarnos y a sanarnos mutuamente con el aceite del consuelo, el vino de la esperanza y la ilusión de la fraternidad. Ayúdanos a entender que, en cada enfermo, hay un misterio y un tesoro de ternura y de misericordia para ser descubierto en el encuentro mutuo; también que, en la enfermedad del otro, hay salud y vida para mí.

 Que yo descubra, Señor, que en la visita, seré visitado por ti, si voy de corazón y me abro para compartir el camino con el dolido y el roto, que en su enfermedad y en su dolor estás Tú para mí. Dame un corazón como el tuyo para identificarme con los enfermos y sanarme con ellos en el camino de la única salvación que nos ofreces para todos.

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Luis, el pastor de Manchita
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José Moreno Losada | 01-04-2016 | 11:51| 0

Al estilo de Nazaret, un buen pastor

Estuve hablando en algunos momentos de la jornada con él, al final de la tarde cuando ya iba de recogida con su rebaño, antes de entrarlo en su enramada para el refugio de la noche, le dije que a ver si me pillaba un borreguillo para echarme una fotografía con él al cuello, con el deseo de emular al Papa Francisco en uno de sus gestos graciosos y simbólicos. yo con borregoA él le extrañó y Trini le hizo la explicación de lo que había hecho el papa, de lo que significaba desde el evangelio y la vida, la parábola del buen pastor, lo de oler a oveja, etc.  El lo comprendió perfectamente y se sonrió agradecido. La foto, gracias a él pude hacerla, sin él hubiera sido más difícil, porque las ovejas se fían del buen pastor pero no de un extraño e intruso, como en ese momento era yo.

He coincidido con Luis en dos o tres ocasiones y en todas ellas las referencias han sido las mismas, tanto por los lo que lo rodean que lo tienen como un hombre de confianza total, de una fidelidad a prueba de bomba, así como por las conversaciones y el contenido de las mismas  que marcan su sensibilidad por lo que hace y vive.  borregos de luisDe unas y otras se obtiene enseguida una conclusión: su quehacer de pastor, no es un simple oficio, es un saber incorporado desde la vida y el ser, una profesión.  Vamos que no hay duda que es real la distinción que hacía Jesús entre el buen pastor, el pastor auténtico, y el asalariado. Imagino que Jesús en su vida de Nazaret seguro que tuvo que conocer un pastor vecino como Luis el de la finca de la “monea” que inspiró sus imágenes de Dios y su identidad en su relación con la humanidad.

En la conversación con Luis uno percibe enseguida que él no es como el asalariado que abandona a las ovejas o las deja al peligro de los que la atacan, me contaba como era su horario y lo hacía en referencia a las necesidades de las ovejas conciliando con las suyas de un modo casi perfecto, su dedicación es vital  y eso le produce orgullo. Las saca cada mañana y cada tarde con cuidado para que no les falte el alimento a sus horas y con sus  cuidados, por la mañana saca a las madres en solitario para que los borregos las dejen comer tranquilas, por las tardes las une con ellos para que mamen y coman juntos. Sabe de sus debilidades y enfermedades, por eso me dice Trini que es envidiable como pastor, porque las ovejas son sanísimas, con sus cuidados preventivos y atenciones. ovejas de luisAdemás sabe y conoce cada una de las cuatrocientas, él cuida de las que van quedando para madres, de los carneros, así como de su fecundación afirmando que no es partidario de las esponjas porque cuidando el modo natural se puede obtener los mismos resultados y a él le va muy bien con sus criterios. Las organiza y las ordena con la ayuda de unos perros que son como sus manos que al hilo de un pequeño silbido se entregan a la causa para facilitar la labor y que son guardianes fieles cuando él se ausenta, pero sin  nunca hacer daño a las ovejas. Conoce los mejores pastos y cultiva los mejores alimentos para ellas, lo que les da calidad de origen. Le da pena cuando los borregos con sus dos o tres meses tienen que ser embarcados para llegar a la mesa como producto extraordinario de la dehesa extremeña, pero sabe que esa es la filosofía  y la razón del rebaño en esa tierra, y busca cumplir con las parámetros que les exigen para entrar en los cánones del mejor producto para el mercado en las cooperativas cercanas. Observo cómo se pone en la puerta del redil y las va mirando una a una, seguro que si nota la ausencia de alguna se irá a la búsqueda para traerla al rebaño. Los dueños de la finca lo tienen  claro, las ovejas pueden estar y tienen que estar porque existe Luis, porque han encontrado un buen pastor. No sólo lo han encontrado sino que han crecido juntos, porque oveja maternalLuis es hijo de quien siempre fue pastor en esa tierra y le transmitió no sólo el hacer sino el sentir que es propio de un pastor excelente, donde se confirma que para ser pastor no vale cualquiera.

Por eso yo en mi interior siento la alegría de conocer un pastor como los que conoció Jesús en su tierra de Nazaret, y deseo ser en la vida como  es Luis, del mismo modo que Jesús deseó ser en la humanidad como alguno de sus vecinos que sería un pastor del mismo calado que lo es este pastor de la Manchita.

José Moreno Losada

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.