Hoy
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Autor: jose.moreno.losada_933
“Con pasión y compasión” (Semana Santa)
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José Moreno Losada | 16-03-2016 | 2:45| 0

La procesión va por dentro

 Ya suenan tambores y trompetas, pasos de costaleros cargados con cientos de kilos de solidaridad en el lugar de la imágenes. Se comienzan a preparar con, pasión, todos los pasos que van a ser procesionados por miles de cofrades y contemplados por millones de personas, que de esta manera plástica y artística se acercan a los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Muchos verán la nueva película sobre la resurrección en estos días, y como las procesiones, de gran calado artístico, cultural y, cómo no, religioso, van a ser respiradas por toda la ciudadanía de un modo u otro, en un contexto que mezcla con facilidad la ambigüedad de la indiferencia, lo pagano y la religiosidad popular. Pero, con más sentimientos o menos, serán procesiones desde la expresión fundamentalmente externa aunque vaya cubierto el rostro. La fragelación, la cruz a cuestas, la crucifixión, incluidas las pasiones vivientes,  no expresarán mucho más que el recuerdo vivo y entrañable de la figura de Jesús y de su contexto histórico, amén de sus palabras y sus gestos que han quedado sellados en la historia para siempre.

 La pasión de hoy

En medio de toda esta realidad, que hemos de mirar con cariño y juzgar con ternura, si cabe una pregunta sencilla: ¿Aquí está toda la semana santa? ¿existen otros modos de estar y entrar en ella en este siglo XXI? ¿Se puede celebrar la pasión, muerte y resurrección del Galileo, Jesús de Nazaret, desde la actualidad más palpitante? Hace pocos días vivíamos  el planteamiento europeo frente a los pobres refugiados. Son hechos simbólicos de una pasión más universal y diaria, que ahora les ha tocado vivirla en la parcialidad de los sirios, pero que otros días estuvieron en nuestros propios sentimientos y sangre de guerras fratricidas. Hemos bebido un cáliz que nos ha hecho temblar por dentro y cuestionarnos con una profundidad  escalofriante lo que se refiere al ser humano: ¿hasta dónde podemos llegar todos en lo bueno y en lo malo? ¿”En qué parte de la frontera estamos y cómo contemplamos la situación que el papa describe como tercera guerra mundial refiriéndose a todos los lugares tocados de violencia, sufrimiento, persecución, huida, muerte, miseria…”? Son cuestiones que permanecen en el silencio de nuestras personas, en los minutos de silencio, en las liturgias celebradas, y que manifiestan que la procesión va por dentro y requiere contemplación y respuesta.

 Jóvenes estudiantes “con pasión y compasivos”

En  esta procesión, que va por dentro, estamos implicados  muchas personas de a pie y de la calle, de todos los credos e ideologías, y entre ellos quiero destacar a  un grupo de jóvenes estudiantes  de Extremadura que se van a dirigir a Ávila, a la universidad e la mística, porque quieren vivir la pasión con-pasión, implicarse e interrogarse a la luz del evangelio del crucificado que ha resucitado. Serán un centenar estudiantes, en su mayoría universitarios, que vienen de distintas zonas de España – País Vasco, Extremadura, Castilla, Andalucía, Madrid, Canarias.- a un encuentro de formación y  celebración en estos días de Semana Santa. Su lema de convocatoria es “con pasión y compasión, por la JEC”. Se identifican como jóvenes estudiantes cristianos (JEC), llevan  tiempo preparándose para este encuentro y pretenden analizar sus vidas, especialmente sus ser estudiantes, desde la humanidad de Jesús de Nazaret. Quieren ponerle nombre y palabras propias, desde sus vidas en los medios juveniles, sociales, políticos y estudiantiles, al mensaje, al proyecto, a la pasión y contradicción, y a la resurrección de Jesucristo.

Mártires y confesores de hoy

Recordaremos a Elías, un miembro universitario de JEC, sirio, que fue asesinado y que creyó en la paz y la justicia, en la posibilidad de la fraternidad en medio de su pueblo. Desde el confesarán  que otro mundo es posible y que de alguna manera ya lo están viviendo, porque “la procesión va por dentro”. Trabajan en la construcción de sus personas porque quieren ser críticos y transformadores en sus medios, especialmente el instituto y la universidad, buscan analizar la realidad desde lo más profundo de la misma, se empeñan en descubrir que lo más importante en la vida es lo que se puede hacer por los demás, tienen la esperanza de poner todo su saber y su estudio, con todas sus titulaciones, al servicio de los más débiles y pobres de la sociedad. Saben que todo esto es difícil y genera contradicción en su propio  interior y en los espacios familiares, sociales, institucionales; pero  también están convencidos que el proceso ya está en marcha y merece la pena, porque ellos mismo van sintiendo como sus sentimientos se han transformado y  va siendo posible lo que no lo parecía, porque la fuerza de ese Jesús sigue estando viva  y no deja de ganar corazones de gente que no tiene miedo y aceptan el reto de la responsabilidad de la sociedad y de la vida.

Aleluya

Son jóvenes que llevan la procesión por dentro y yo, que soy un testigo privilegiado de la vida de muchos de ellos en la vida diaria de la universidad y he  compartido con ellos más de un encuentro, os puedo decir que hay motivos para la esperanza. Jóvenes estudiantes de Badajoz irán a Ávila, que va a ser la sede de muchos sueños y de muchos proyectos de personas que sin duda van a ser en sus vidas señales de respuesta de Dios  para una sociedad que vive en la inseguridad y en el miedo, y que no se atreve a apostar con radicalidad por la participación en la construcción un mundo con claves de verdadera justicia y fraternidad. ¡Chapeau  para  los jóvenes inquietos de toda España  que en estos días van a encontrarse en  la tierra de la mística española –como muchos otros harán por otros lugares-, porque su procesión va por dentro, “con pasión y compasión”¡

 

José Moreno Losada.

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“Consumatum est”: Alfonso Merchán
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José Moreno Losada | 12-03-2016 | 2:32| 0

Cuando nos encontramos con una persona nonagenaria, incluso octogenaria avanzada, que se mueve con agilidad de cuerpo y mente, decimos que firmaríamos para nosotros lo mismo en nuestra vejez. Hoy yo siento el deseo de firmar, no en la edad pero sí en el vivir, bajo el sello de Alfonso Merchán y su llegada a la muerte. Es más me uniría al modo en el que creo que se ha presentado al Padre, en el Hijo, tocado por el Espíritu y exclamando con paz y serenidad – algo que le caracterizaba-, el grito cristológico, que en pocos días celebraremos en Viernes Santo: “Todo está consumado”, todo está cumplido.

Foto de José Moreno.

Recuerdo mi llegada a Olivenza hace treinta y tres años. Allí conocí a los Alfonsos, y a sus retoños queridos, después aumentados. Una casa que fue mi casa, una mesa que fue mi mesa, una verdad compartida y buscada, una iglesia fiel y amable. Eso de la acogida que hablamos ahora y que para ellos era pan nuestro de cada día. Desde entonces los he entendido como referente de iglesia doméstica y de ciudadanía comprometida. Y en mi camino de vuelta, por el campo sereno que él amaba, he pedido al Padre Dios, recordar flashes de Alfonso para orar y consolarme. Y aquí algunos:

“O Dios o el dinero”:
El siempre eligió, junto a ella –Alfonsa-, lo “humano”, para elegir así lo divino. Recuerdo su trabajo primero en el banco, allí donde apretaban dos intereses con la misma divinidad, el banco con sus historias de ascensos y sus domas, y los clientes que amaban su dinero sobre todas las cosas. Su insatisfacción por esta liturgia de desencanto que quitaba la gracia a la vida, durante toda una jornada. A golpe de flexo y de noches, con la ayuda de su familia, preparó sus estudios en la Uned y opositó a la enseñanza, donde se veía más vocacionado y servicial, y así fue. Su ser profesor le permitió vivir con otro horizonte y sentido su trabajo, y abandonar aquel Dios tan falso del dinero.

“Dad y se os dará”:
YO creo que entendió el imperativo primero, y creyó que esa era ya su propia paga, la alegría de ser generoso. Lo de recibir lo guardaba en secreto, porque para él cuando se compartía sólo le dábamos al otros, necesitado, algo de lo que realmente le pertenecía en justicia”. Supo transmitir a sus familia que lo de ser generoso y compartir, no era cuestión de creencias sino de justicia, y que nos correspondía a todos ser ciudadanos y justos. Que la austeridad debía ser un principio de vida para ser humanos, y que la alegría estaba más allá de lo que se tenía o se consumía, porque la gracia está en el ser y en la autenticidad. Por eso sus deseos no fueron nunca más allá de su corazón.

“La medida que uséis…”:
No entró en el juicio ni en la condena y se mostró disponible. En la sociedad, en el pueblo, en la Iglesia. Habló con transparencia y manifestó siempre lo que creía y el evangelio le sugería, no desde la condena, sí desde la interpelación siendo él el primero que se miraba en su viga sin querer sacar la brizna de paja al otro en su ojo. Cuando le juzgaron no respondió con condena, su paz y su confianza en Dios y en lo humano fueron firmes. Fue fiel bautizado en la Iglesia, ciudadano honrado en la sociedad, profesional justo en el instituto, paisano amable, cercano y sencillo en el pueblo. La medida que buscaba era de pasar haciendo el bien y, a ser posible, curando a los que podía, y acompañando a todos.

“Amaos unos a otros”:
Nunca le oí un discurso, siendo culto y sabio como era, pero si le vi los gestos propios de los cristianos: fraternidad y comunidad. Eran los retos de la fe que tenían incrustrados en su matrimonio, ser sacramentos de unidad y de cercanía en todos los espacios para facilitar la clave fundamental del evangelio que era el amor y el perdón. Siempre estuvieron en la búsqueda del profundo y de que hermanaba, no sólo entre nosotros y los de siempre, sino de un modo universal y justo. Para ellos eran hermanos los de las cofradías y los rumanos, sin orden de prioridad ni distinción, y había que compartir más con éstos que con aquellos, porque el crucificado se identifica más con los que sufren. Su papel en la parroquia no era de cargos, sino que pretendían ser de servicio, en momentos más buenos o menos buenos, la comunidad está más allá de los momentos. La Iglesia es Iglesia de hermanos y no de jerarquías, de justicia y no de privilegios, de autenticidad y no de ornatos… y esto sin acritud.

“Tened los sentimientos de Cristo”:
Crecido a los pies del Cristo de la Misericordia, conoció al Jesús del Evangelio, al de Nazaret, y desde ahí entendió que la grandeza de Dios pasa por la vida oculta de lo diario: su familia, su matrimonio, su profesión, su pueblo, su parroquia, el mundo. Hizo eco del evangelio en lo diario y en lo sencillo. Por eso fue padre en el Padre, amó con locura sencilla: Pilar, Rosa, María José, Fátima…nietos… no predicó, amó, perdonó, acarició, cuidó, animó, acompañó, se alegró, lloró, se entregó, siempre, con fidelidad. Y desde ahí mismo fue hijo, hermano, familiar, amigo.

Foto de José Moreno.

“Carne de mi carne”:
Y una identidad no disimulada, sino proclamada a los cuatro vientos, él y ella: los Alfonso. Lo del nombre pudo ser casualidad, lo de la identificación ha sido gracia de Dios llevada en tesoros de barro con una dignidad imitable. Su amor ha sido tanto, tanto…que a fuerza de ser humano ha sido divino, y todos somos testigos de cómo se querían. Se han querido hasta la muerte, sin límites. Ahora Alfonso lo tiene más fácil para seguir amando, porque lo hace desde la frontera de lo eterno, le costará más a Alfonsa que tendrá que vivir ese amor, que es más fuerte que la muerte, desde el recuerdo de lo absoluto vivido en los instantes y , sobre todo, desde el sueño futuro de la fe que mantiene viva la esperanza de que volveremos a encontrarnos abrazados en el Cristo Glorioso. Ahora a vivir místicamente y sacramentalmente esa unión que, a fuerza de haber sido tan humana y tan auténtica, es más fuete que la muerte y que el dolor que esta produce.

Bendito amigo Alfonso, al recoger estos hilvanes de un vivir tan sencillo como el tuyo, no nos queda más remedio que oír en tu alma el grito cristológico amoroso de que todo está cumplido, y todos nosotros como el centurión ante la cruz de tu agonía y la autenticidad de tu vida, no podemos decir otra cosa que la que decía él ante Jesús: “Verdaderamente este hombre era justo” o en el decir de Machado “un hombre bueno”.


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Bajar a los infiernos, los cautivos de hoy
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José Moreno Losada | 10-03-2016 | 9:38| 0

Redimir al cautivo

Dentro de pocos días veremos procesionar, desde la fe y la tradición religiosa, a un Dios hecho cautivo, condenado y crucificado, pero la procesión ha de ir por dentro. Estamos todos llamados a redimir a los cautivos, cuando Europa cierra puertas a los desterrados que llaman a sus puertas. Profundicemos en esta obra de misericordia.

En España hay más de 65.000 personas presas, y solamente en las cárceles de Extremadura más de mil cien. Son los presos de nuestra sociedad. Desde ellos y la Pastoral Penitenciaria, podemos recordar una de las Obras de Misericordia que se nos proponen para vivir este año: “redimir al cautivo”. Esta obra nos invita a adentrarnos en el tema de la cautividad y sus sufrimientos en el mundo actual.

¿Quiénes son los cautivos hoy entre nosotros y de qué somos cautivos? Allí donde las personas pierden su libertad y sus libertades más fundamentales, se vive la experiencia de ser cautivos, son todos los que viven oprimidos, excluidos, manipulados, perseguidos, amenazados, violentados y atacados. Y todo ello de un modo personal o colectivo, interna o externamente, desde la proximidad o desde la lejanía, desde las redes familiares o desde las estructuras de nuestro mundo, y a veces, incluso, desde la propia cultura, economía, política o religión pervertidas. Cuando se dan estas situaciones de esclavitud, bajo cualquiera de sus formas, nos encontramos con situaciones infernales y dolorosas de miedo, ansiedad, fatiga, desánimo, silencio humillante y deseo de huida.

Son muchas las personas que se ven cautivas en situaciones infernales de las que les gustaría salir, liberarse, para poder tener libertad y paz, para vivir con dignidad, pero sienten que su situación es de dolor y que es muy difícil salir de ella. A eso es a lo que le llamamos «descender al infierno», «estar abajo», «ser cautivos». La lista es interminable y se hace a pie de noticia diaria y de calle: presos, adicciones –droga, sexo, alcohol, juego-, pobreza, maltrato de género e infantil, trabajos precarios e indignos, prostitución, refugiados, sin papeles, comercio de órganos… Todo ello, sin contar a personas con enfermedades y sufrimientos psicológicos que se sienten cautivos de la ansiedad, la depresión, la esquizofrenia… O de los que quedan heridos por la pérdida de un ser querido, por experiencias duras vividas y se encierran en un dolor sin esperanza y sin consuelo, como quien ya no tiene derecho a vivir en libertad y alegría. ¿Y Dios?, ¿y su misericordia?, ¿dónde está Él en este dolor?

Dios en cautividad

La mirada bíblica es directa en la respuesta cuando nos dice de Jesús que “Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote…los hombres que lo tenían preso se burlaban de él y le golpeaban”(Lc 22,54 y 63). Y no es menos clara cuando en boca de Jesús se habla de este modo del juicio universal: “Venid vosotros, benditos de mi Padre, id al Reino preparado para vosotros porque…Estuve preso y vinisteis a verme…cada vez que lo hicisteis con uno de estos humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,36)

El papa francisco, fiel a Jesús, no está invitando a ir a todas las periferias del mundo, donde se encuentran las situaciones infernales, allá donde hay que descender. Y lo primero que nos dice es que hay que ir con la humildad y sencillez más grande, para poder entrar en esas periferias, lo dice abiertamente desde su reflexión acerca de visitar a los presos: “la cárcel es una de las periferias más feas, con más dolor. Ir a la cárcel significa, ante todo, decirse a sí mismo: «Si yo no estoy aquí, como esta, como este, es por pura gracia de Dios». Pura gracia de Dios. Si no hemos cometido estos errores, incluso estos delitos o crímenes, algunos graves, es porque el Señor nos ha llevado de la mano. Se trata de reconocernos tan pecadores y tan necesitados como todos los seres humanos, por destrozados que puedan estar o sufrimientos que puedan cargar. De reconocer que Dios nos salva desde ellos, que en ellos está nuestra salvación y nuestro perdón.

El lío de la misericordia

Si de verdad queremos entrar en la dinámica de nuestro Dios, en su lío de misericordia, hemos de escuchar su llamada a “descender a los infiernos” con El, como confesamos en nuestro credo, para ascender a la gloria con todos nuestros hermanos en una nueva humanidad y en una nueva creación. Los dolidos y los cautivos de la historia aguardan la buena noticia de su salud y su libertad, y Dios nos ha elegido a nosotros para ir hasta su dolor y su esclavitud para romper cadenas y abrir las puertas de una nueva posibilidad, porque no da a nadie por perdido. Nos envía no desde nuestra perfección, sino desde su misericordia para que nosotros, también pecadores, seamos misericordiosos como El.

¿Qué hacer?
– Desde la pastoral penitenciaria podríamos conocer más la realidad de los presos y condenados.
– Tenemos asociaciones y proyectos que trabajan con personas que sufren adicciones y están cautivos de distintos modos: alcohol, juego, drogas, sexo, redes. Hemos de colaborar económica y personalmente a esta gran labor.
– Conocemos también la cautividad de la enfermedad, minusvalías, así como todos los problemas de tipo psicológico, enfermedades mentales, que determinan mucho a grupos de personas que lo pasan muy mal, cautivos de sus mentes y pensamientos. Es fundamental estar cerca de todos los centros que trabajan con estas personas, acercarnos, ofrecernos, abrir espacios de encuentro, compartir con ellos, con sus familias y asociaciones.
– Cautivos, en fin, somos todos de nuestras debilidades y nuestros miedos y necesitamos de la fortaleza y el ánimo de los demás, así como ellos lo necesitan de nosotros, especialmente los más débiles.

ORAR DESDE LOS CAUTIVOS

Querido Padre, hoy estoy confundido, mi oración comienza con un sinsabor fuerte. Confiado en ti, he querido entrar en la misericordia por la puerta de la cautividad, atendiendo tu ruego de redimir a los cautivos. El escenario me supera, contemplo el dolor y el sufrimiento, sin sentido aparente, y me doy de bruces con el infierno en medio de la historia y de todos los que han descendido hasta él, encontrándose en lo más bajo, duro e indeseable de lo inhumano.

Mis ojos desean cerrarse, para que mi corazón no zozobre ni tiemble, pero no puedo hacerlo, porque al mismo tiempo, siento la voz de tu Hijo amado que con ternura me anima y me dice: “no temas, yo he vencido ese infierno, yo he descendido hasta él y traigo la liberación para que se pueda abrir toda puerta injusta, se sane todo dolor inhumano, salte todo cerrojo de esclavitud y de perdición, para que se anuncie el año de gracia del Señor”. Al oírle y contemplarle, con sudor de sangre y lágrimas en los ojos en el camino la pasión, con la cruz en sus hombros, alzado y crucificado en el calvario de la vida, me doy cuenta que mi Dios no es juez, sino hermano, víctima y consuelo, libertad y gracia, sanación y fuerza.

Te descubro compasivo con todos los cautivos de la historia, identificado con ellos, y veo tu rostro en el de ellos, que me espera para ser besado y darme a mí también, la salvación y la libertad que necesito. Sí, hoy siento tu invitación para abrazarme a los cautivos, como tú te abrazaste a todos los cautivos de tu pueblo y tus caminos, llegando hasta la muerte y una muerte de cruz. Siento que tu Espíritu de resucitado, me quiere quitar todos mis miedos para que arriesgue y sea capaz de adentrarme en las periferias, no desde el juicio ni desde la superioridad, sino desde la fraternidad de mi propia cautividad, que necesita ser liberada en el dolor y el sufrimiento de todos los últimos de la historia; todos aquellos que cargan con los infiernos, más desde su ser víctimas que agentes de su propia historia y su condena humana.

Y te pido, tocado por tu gracia de crucificado-resucitado, que me ayudes a saber descender contigo a los infiernos humanos de los que sufren, para poder, también contigo, ser libre y ascender a la gloria de un reino de paz y de justicia verdaderas para todos.

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Arrugas: Lo divino de lo humano
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José Moreno Losada | 08-03-2016 | 12:58| 0


De los ojos y las manos de unas contemplativas:

Lo divino y lo humano sólo se revelan ante los ojos que tienen capacidad de contemplar. Contemplar es descalzarse ante la realidad para dejarla que hable en lo profundo del corazón más allá de la pura apariencia. Hay personas que hacen de la contemplación la vida, se convierten en fuentes donde los demás podemos beber. En la contemplación  descubren la sed del absoluto y guiadas por esa luz son capaces de beber en las fuentes de lo sencillo y de lo diario. Hoy me llega esta reflexión de una religiosa contemplativa, de ese tesoro de convento que tenemos en Talavera la Real, que es uno de los muchos que pueblan nuestra geografía extremeña. Éste  fue el primero que se fundó de la reforma carmelitana llevada a cabo por Teresa de Jesús, tiene más de cuatrocientos años.  Es una señal del absoluto en medio de un pueblo  rural, apuntando al cielo amando intensamente la tierra. Hoy nos hace tocar lo divino desde la contemplación de las arrugas de lo humano. Os invito a escuchar lo divino de lo humano, lo que ve una contemplativa joven y alegre en las manos arrugadas de una contemplativa anciana con corazón de niña.

ARRUGAS EN LAS MANOS
El pasar del tiempo lo veo en unas manos llenas de arrugas, llenas aún de una vida que se sigue entregando, aunque el alma de ésta anciana sigue siendo joven, toparse con ella en cada claustro, es una alegría, encuentras una palabra de aliento con solo ver sus ojos llenos de alegría, de amor, de una entrega hecha sin reservas.

No hay palabras para expresar la sabiduría de los ancianos, alguien me dijo una vez que los ancianos aguantan más a los jóvenes que los jóvenes a los ancianos, he meditado ésta frase mucho tiempo, he ido observando el día a día en el mundo, en los abuelos que se acercan, en los hijos que los cuidan, en los nietos que los rodean, en las monjas mayores con las que convivo, y es totalmente cierto. Nuestros ancianos ya han vivido lo que aún creemos que sólo vivimos nosotros, lo he visto en las miradas y sonrisas de un abuelo que siempre viene con sus nietos, aunque sean épocas diferentes, ellos poseen ese tesoro que en nosotros solamente estamos descubriendo, ellos han caído, pero no se han quedado allí, se han levantado, han vivido para que nosotros tengamos éste día.

Los abuelos gozan de las sonrisas, de los juegos de sus nietos, gozan con ellos; verlos, contemplarlos no solo produce ternura, sino que dan ganas de entregarse, de seguir viviendo y dando la vida con todo, cabe entrar aquí lo que dice san Pablo: “ningún sufrimiento es comparado con la Gloria que nos espera en el cielo”; y ellos, nuestros ancianos lo han vivido, saben que cualquier alegría supera cualquier sufrimiento.

Muchas veces gastamos nuestro tiempo en lo que no nos hace vivir, en lo que no nos da vida, y sinceramente, la vida es más sencilla de lo que pensamos, solo que estamos acostumbrados a vivir en el futuro, en lo que no existe, estamos acostumbrados a vivir fuera de la realidad; nuestros ancianos han gozado de compartir con los amigos, aún en su ancianidad lo hacen, disfrutan de estar juntos, porque tiempo atrás forjaron grandes lazos que se conservan en el tiempo, porque vivieron con realidad las relaciones con los demás. Hoy estamos en una era virtual, muchas veces dejamos de lado gozar del que tenemos a nuestro lado, de la belleza de la creación, de un sol espléndido que cae sobre unas hojas que muestran su verdor, de unos pétalos que se abren para ser acariciados por nuestro Dios. Nuestros ancianos han gozado de todo esto, han sabido vivir, no han dejado de vivir.

Las manos que hace mucho gozaban de tanta jovialidad hoy han visto pasar muchos años, han visto formar parte de nuestra historia, han vivido desastres y alegrías, son manos que han mostrado vivir plenamente el instante y que aún lo siguen haciendo, que ven que la vida es más de lo que siempre pensamos o esperamos; son manos dispuestas a servir, siempre buscando servir en el silencio, servir en las pequeñas cosas.

Yudis Isabel de la Santa Cruz

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Terror, ideología y humanismo
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José Moreno Losada | 05-03-2016 | 8:08| 0

 Asesinadas: Berta y las misioneras de la Caridad

Han asesinado a Berta Cáceres, mujer de latinoamérica solidaria y comprometida con la causa de la pobreza, de su pueblo y de su tierra,líder del pueblo campesino. Ella fue la que leyó, ante el Papa Francisco,  la síntesis del congreso en el Vaticano que trató sobre los movimientos sociales y el mundo del trabajo. Al mismo tiempo han sido asesinadas cuatro misioneras de la caridad, junto a doce personas más, en un asilo de Yemen, fundado por la madre Teresa de Calcuta. Ahora diremos que todos somos ellas… pero no es verdad…todos no somos  Latinoamérica, Yemen, ni París,  Francia, Madrid, Londres, Siria, Sierra Leona, Lampedusa…pero el problema si es de todos, lo queramos o no. A los hechos me remito, puede pasar en cualquier sitio. El problema es de todos, de todos!

Ayer fue con Berta y las hermanas de la caridad, antesdeayer en ciudades de Europa. Una vida humana no vale más que otra vida humana, porque la dignidad de cada una es absoluta y no tiene precio, si alguien quisiera comprarla se haría despreciable. Despreciables son todos los hechos que destruyen al ser humano en cualquiera de ellos.

Cuando a una vida humana le ponemos precio y le damos valor desde la patria, el mercado, la política, la religión, los saberes y los poderes, nos adentramos en el camino de la ideología del terror, del miedo, del muro y la muralla, de la muerte y la destrucción. Ideologías que usarán doctrinas, normas y leyes para justificarse en lo que no hay justificación, ya sean de mercado, religión, frontera, política o sanitaria.

Frente a la ideología del terror y su terrorismo -sea del tipo que sea- no vale la indiferencia ni la neutralidad. No hay humanismo sin ideología, ya lo decía Nietzsche que “quien tiene un por qué para vivir, resiste cualquier cómo”. Por eso frente a la ideología del terror, necesitamos la ideología de la fraternidad, de la igualdad y de la libertad. Hemos de estar dispuestos a poner fundamento y razones a esta ideología y para esto sirven todos los materiales y todas la manos: Corán, Biblia, Enciclopedia, Filosofía, Política, Economía…Toda la tribu, con todos sus corazones y todas sus emociones. No hay humanismo sin corazón, y el corazón tiene razones que la razón no entiende.

Hoy es un día más en medio del terror del mundo,que ha atacado a personas entregadasy comprometidas,para  para dejarnos tocar en el corazón y abrir nuestros ojos a la verdad de un mundo que necesita misericordia, sanarse, quererse, convertirse, humanizarse. Cada uno que ponga en el asador toda su carne, todo su corazón, para que no haya más corazones de piedra capaces del terror en cualquiera de sus formas, que van dejando sus muertos en plazas y en templos de solidaridad y de compasión como el de estas mártires últimas, o en plazas y metros nuestros, en pateras en medio del mar, en alambradas de fronteras, en masas humanas de hambre y enfermedad.

Otro mundo es posible, y otra ideología nos hace falta, que se enraíce en el corazón de lo humano, en lo entrañable, en lo almado, en la misericordia y la compasión, para que pueda haber verdadera justicia, libertad, igualdad y paz. Mi Dios me empuja por este camino, es el mismo que al que rezaban estas mujeres, seguro que el tuyo – y tu propio  espíritu-  si lo escuchas de corazón también nos empuja en la misma dirección.

José Moreno Losada

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.