Hoy

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Categoría: Crisis y dolor
Barrer el “doblao” de mi casa

(In memoriam de mi madre Dolores)

Camino de Granja

HLa imagen puede contener: una o varias personas y personas de pieoy he ido, con mis hermanos, a nuestro pueblo, Granja de Torrehermosa,  a la casa de mis padres, la nuestra. Si nos preguntaran a qué hemos ido, la respuesta sería simple: a barrer el doblao de nuestra casa, la que está en la calle Cervantes, en la que vivieron nuestros abuelos, mi madre y sus hermanos, mis padres, nosotros sus hijos, y la que han vivido como propia mis sobrinos, sus nietos, así como muchos de nuestros primos, en la que siempre han entrado y salido con total confianza los vecinos, en la que muchos han sido acogidos y en la que se ha compartido todo, la que estuvo llena del cariño de mi madre y del trabajo de mi padre y su honradez. Allí hemos nacido, gozado, sufrido, comido, crecido, enfermado, allí han muerto seres queridos, hemos dormido y, sobre todo hemos soñado.

Los niños vecinos ya profesionales

El vecino Miguel, el que vimos nacer como niño de la Mercedes, hoy  ha sido el que me ha entregado las llaves de la puerta nueva, tras haber realizado, como albañil de confianza, una obra de puesta a punto en la casa para poder recuperarla en su mejor estado, para volver a ella y disfrutarla; después ha llegado Mané que será el pintor que la embellezca y su hermana Manola que se encargará de la limpieza última. Todo un proceso de actualización y cuidado hecho con personas de la calle, de las de toda la vida, las que hemos  visto nacer, crecer, y ahora ya vecinos maduros, con una confianza total nos tratan como familia y posibilitan hacer con  paz y serenidad esas cosas que en el mundo son tan difíciles, porque falta el fiarse, la confianza familiar y amistosa.

Los hermanos en el doblado

Los hermanos, cada uno con su cepillo, hemos llegado con la misión clara de adecentar el doblado de la casa, pues tras el arreglo y repaso del tejado había caído mucha tierra y escombros sobre el piso. Además hacía más de diez años que no se barría, el tiempo desde que mi madre lo hizo la última vez, antes de ir perdiendo sus fuerzas y no poder volver a su casa. Ella, cuando llegaba el tiempo bueno, se subía bien temprano, regaba con agua para que se asentara, se pasaba horas y horas, incansable y quedaba todo limpio, ordenado, sabía perfectamente todo lo que tenía y donde. No tiraba nada, porque todo se podía reciclar, ahora los albañiles han podido utilizar azulejos de hace más de treinta años para arreglar detalles que de otro modo hubieran sido imposible. Ella misma nos decía: cuando yo no esté ponéis un camión abajo y tiráis todo lo que queráis, pero mientras yo viva, ni hablar. Allí había detalles de mil cosas y mis historias, que hablaban de personas, vidas, trabajos, fiestas, llanto, nacimiento, luto, útiles de cientos de faenas y cosas para la casa. Cosas usadas y viejas, cosas queridas… Mis hermanos aprovecharon un viaje anterior, para obedecerla en aquello de que pondríamos el camión para deshacer todo aquello. Pero hoy quedaba lo que no fueron capaces de tirar, lo que también a ellos les hablaba de vida, historia, amor, no cosas de valor material sino símbolos de los que fueron y de los que somos. De esas que el alma no te deja tirar porque unen pasado, presente e incluso futuro, desde la tinaja de los dulces de la abuela, al primer juguete que compraron al primer nieto. El cuadro con el nacimiento del  recordatorio del primer hijo y la foto pintada de la hermana joven que murió, por las tifoideas,  en el pueblo de origen, Villagarcía de la Torre,y por cuyo duelo y dolor tuvieron que venir a vivir a Granja, o las de las bodas de nuestros  tíos, o todos los cestos donde se recogían los huevos de las gallinas en el campo. Una vez más, el silencio se ha apoderado de nosotros, barríamos en silencio, sólo comentarios de vida y sentimientos profundos de lo que nos iban sugiriendo los sacramentales que separábamos para poder barrer mejor: el baúl, las ballestas de los pájaros, las tinajas, los baños, las herramientas de trabajo, las cantareras, el sillón, algunas sillas, los cuadros, el primer ventilador  y la túrmix, los tentemozos, la altamuces del abuelo… y la reflexión.

Reflexión y silencio

“La casa, la de la sencillez y lo ordinario, tiene doblado, el cuerpo tiene alma, y en ese alma doblada de la casa del pueblo,  la memoria, la voluntad y la inteligencia de los que somos y vivimos, de una familia que continua. La memoria de lo amado, lo querido, lo sudado y lo sufrido, hecho trozos, gastado pero fecundo, auténtico lleno de huellas y de sudor entregado, amor  certificado por el tiempo del ayer, del presente que se fecundó, para que nosotros tuviéramos futuro. Lo voluntad inconfundible y determinada de que la vida se tiene para darla, que venimos para irnos, que no nos podemos atar a nada pero tenemos que valorarlo todo y saber cuidar y guardar, porque lo de reciclar es un modo de  vivir más que de ahorrar, y lo pasado tiene un gran valor para hoy  y para mañana. Y la inteligencia de que sabe distinguir lo importante de lo secundario, lo primero de lo segundo, lo esencial de lo insignificante. La sabiduría del momento vivido con gracia, luz, cariño y alegría, sabiendo que cuando el otro se encuentra bien con nosotros y  goza, nuestra gozo llega a plentitud, sea en los padres, en los hijos, en los hermanos, en los nietos o en los vecinos.” Todo esto se movía en nuestras almas desde esa alma callada de la casa que es nuestro doblado. Y se hacía más vivo, cuando visitando a la tía Victoria, que se alegra y se emociona cuando nos ve “porque la sangre es la sangre” –aunque la demencia ya le rompa externamente su memoria y su inteligencia pero no su voluntad y afecto- se hacía más vivo su recuerdo de la casa de barriocuervo,  la de los suyos, sus padres, sus hermanos, su infancia, su juventud, aunque le cuesta poner tiempo y fechas en su confusión.

La lección: cuatro días

El hermano mayor nos daba la lección del día, cuando parábamos  a comer en el paso por Llerena: “Yo ya me he dado cuenta de eso que cuesta entender, veo que van faltando todos nuestros padres, tíos, algunos quedan muy mayores, y somos nosotros ya los mayores, la vida son cuatro días. Nos creemos que la vida es …, pero son cuatro días, lo siento cuando leo eso del salmo: “mil años en tu presencia son como un ayer que pasó, una vela nocturna…somos como la hierba que nace y se renueva por la maña y por la tarde se seca y la siegan”. Y uno de esos cuatro ha sido hoy, donde de un modo concentrado, en el simple ejercicio de barrer una estancia de nuestra casa, el doblado, se nos hace evidente  la identidad, nos descubre la debilidad de lo fuerte, lo sencillo de lo importante, lo único y verdadero de lo falso. Sí, hoy hemos hecho lo que hacían  mi padre y mi madre, barrer y ordenar el doblado, seguir tocando el alma de esta familia.

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Las cenizas y el amor de la madre

“El amor es más fuerte que la muerte”

(Desde el dolor esperanzado de una madre rota)

En los próximos días llegarán las cenizas de dos jóvenes y serán depositadas en un camposanto de un pueblo extremeño donde reposarán con los suyos. El quehacer de enterrarlos de su madre me abren al dolor esperanzado del sentido de la vida en la resurrección.

María José Risco , es extremeña de corazón universal como muestra su currículum y su vida, por eso va a traer las cenizas de sus dos hijos queridos a nuestra tierra para que descansen con los suyos para siempre. Lo hace en cuaresma, en tiempo de ceniza, cuando hablamos de la muerte como el camino para la vida. Lo hace con el corazón roto, con la entrañas abiertas y desgajadas, abrazada al hijo que le queda en esta historia, para poder seguir abrazándolo físicamente y ser, por él, abrazada, como sacramento de una realidad  familiar que exige ser eterna porque ha sido verdadera y única.

Quedan atrás los años en que, tocada de inquietud y de sentido profundo del bien interno de su profesión, traspasó los mares y se encarnó en Guatemala, para adentrarse con corazón y vida en proyectos de cooperación  en el deseo de una justicia que iguala y dignifica a los humanos. Guatemala fue su casa, su pueblo, su vida y, por lo mismo, su amor, allí se enamoró y se casó, fruto del matrimonio, nacieron sus tres hijos. Ella, siempre consciente, de que los hijos son de la vida y no propios, caminó con ellos animando sus alas de libertad, verdad, compromiso con la vida y su propio interior, con sus ilusiones y sus esperanzas. Libertad que posibilitó que Guillermo viviera con ella, estudiando en España, y que Alejandro y Cristina realizaran sus vidas, junto a su padre que falleció hace un año, en el mismo día que acaban de morir ellos,  en tierras gualtemaltecas, formándose y trabajando en aquella realidad en la que se sentían identificados, amando sus posibilidades y sus limitaciones, como si fueran propias.

Y ahora el dolor de una violencia mortal, en aquella tierra y pueblo amado,  los arrebata no sólo del abrazo de la madre sino también de la vida. Empujados por la violencia y la pobreza del robo, sin sentido, en una estructura de corrupción y poca seguridad,  han sido arrojados de este mundo y han tenido que vivir su horizonte personal  de muerte en la juventud más pura y más nueva, cuando sólo contaban con veinte años. Dos vidas, mellizos en una misma hora,   abiertas al amor y la esperanza, llenas de fuerza y de alegría, con un entusiasmo que sobrepasaba el tiempo y no encontraba lugar para tanta inquietud y  deseos de vivir y hacer.

El lugar que fue fecundado con la inquietud y la generosidad de aquella voluntaria joven, después madre consagrada, ahora se convierte en cementerio  triste de una luz apagada en este horizonte. Aquella voluntaria, hoy es forzada desde unas cenizas que sólo son amadas por lo que fueron, pero aún no apaga la luz de lo vivido y se agarra a esa realidad tan pura y auténtica, para poder seguir esperando  junto a la cruz, de pie –como la madre de Cristo-, erguida por la verdad de lo amado, por la fuerza de lo vivido, por el deseo de lo eterno, sabiendo y esperando que la injusticia y el mal no tengan la última palabra.

Ahora le toca a esta madre y a esta mujer, de raíces fuertes y firmes como las encinas de esta tierra extremeña, elaborar un duelo desde el credo de sus entrañas, el credo que asentado sobre el deseo de la justicia, de la igualdad y de la dignidad humana, le empuja con dolor a expresar que “el amor –como dice la Sagrada Escritura- es más fuerte que la muerte”, que el amor no puede morir y los amados tampoco. Ahora le toca, con los dolores de aquel parto doble, gritar  y esperanzarse de que habrá  un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que éstos que están grabados a fuego en el corazón de los suyos,  especialmente de ella como madre y de su hijo como hermano, vivirán para siempre y volverán a encontrarse. Ahora le toca, con el llanto de la madre herida, manifestar que todo ha merecido la pena, que ha sido afortunada en su ser y hacer, en la vida de estos hijos que ha acabado  tan injustamente, pero no sin sentido porque han amado y son amados, que quiere seguir trabajando por la igualdad y la dignidad de todos los hombres y en especial de ese pueblo que le ha roto sus entrañas y al que ha querido y quiere entrañablemente.

Y yo, que acabo de recibir la noticia, de un buen amigo, Pedro, que está unido en la verdadera amistad con María José, y se encuentra en aquellas tierras para facilitar el viaje de los restos para ser enterrados en la debilidad de la ceniza, en tierra extremeña, rezo a Dios, imaginando el dolor de la madre, por una violencia tan injusta, lo imagino en un corazón tan humano, tan voluntario, tan comprometido, tan maternal, con esa pregunta eterna por el mal injusto y el dolor inocente, desde el amor más puro. Ahora su fe, sólo su fe movida por el amor, la podrá mantener en pie y le da fuerzas  para escribir  la líneas que acabo de leer  con las que se ha dirigido al pueblo de Guatemala para una celebración eucarística en honor de sus hijos, que estuvo llena de vida y de esperanza, entre jóvenes y  personas queridas, con cantos de resurrección y amor. La misma  fe que  le mueve a desear una celebración aquí, en nuestra tierra, que transmita lo que sus hijos le transmitían a ella: ilusión y esperanza, de ese amor que por verdadero es más fuerte que la muerte.

José Moreno Losada. Sacerdote.

 

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Badajoz y los refugiados, por la acogida

 

 

“No solo de pan vive el hombre” Resultado de imagen de badajoz acogida  refugiados

Hoy ha habido un encuentro  festivo y reivindicativo en la plaza del ayuntamiento de Badajoz mostrando el deseo de que nuestra ciudad sea acogedora con los refugiados y se comprometa  activamente en la respuesta y concreción de los miles  que España se comprometió  a acoger, y que de seguir al ritmo que vamos cubriríamos el cupo en el año 2025: ¡ A buenas horas mangas verdes¡ Entre los que han participado había instituciones eclesiales y miembros de comunidades cristianas. En nuestra parroquia se comunicó el Domingo pasado esta actividad y se invitó a participar en ella como un gesto de cuaresma, mostrando un deseo de acogida y compartir con aquellos que se encuentran desplazados y huidos. Las razones  son bien sencillas, sólo basta hacer una reflexión tan sencilla como hicimos  hace unas semanas con los niños en nuestra parroquia.  Creo que sería buena hacerla en muchos espacios, eclesiales y ciiviles, incluidos  asamblea de Extremadura, ayuntamientos, etc.  A ver qué os parece:

 

“Porque fui refugiado…¿cuando? En 2017”

Tema: Compartiendo con los que tienen hambre y los refugiados
Objeto: Reloj de arena que marque un minuto.
Evangelio: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber… Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?…De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”Mateo 25: 35, 37, 40
El minuto del deseo:Has oído a alguien decir, “Espera un minuto”. Es verdad que a veces un minuto puede parecer mucho tiempo. Otras veces un minuto parece pasar muy rápido. En esta mañana he traído un reloj de arena. Posiblemente habéis visto uno de estos relojes. Cuando giras el reloj, la arena tarda un minuto en pasar de la parte de arriba a la de abajo. Voy a girar el reloj y deseo que en ese minuto penséis en las cosas que os gustaría comer. ¿Estáis listos? Bien… ¡en sus marcas, listos, fuera!¿Pensastéis en muchos alimentos deliciosos para comer? Yo sí. Pensé en pollo frito, papas majadas con una salsita por encima, hamburguesa, “hot dogs”, pizza, bizcocho, galletas, mantecados, dulces; y mucho más. ¿En qué pensastéisvosotros? (Dale tiempo para que digan algunos de los alimentos en que pensaron, si el tiempo lo permite.)El minuto del hambre y la muerte:¿Sabéis que en ese minuto que estuvimos pensando en las cosas que nos gustaría comer, diecisiete personas en el mundo mueren de hambre? De esos diecisiete personas que murieron trece eran niños y niñas como tú. Jesús y los pobres refugiados:

Jesús estaba hablándole a un grupo de personas un día y les dijo: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber… ” “¿Cuándo hicimos eso?”, preguntaron.

Jesús les dijo, “Si lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

Tenemos mucho por qué ser agradecidos, ¿no es cierto? La pregunta que debemos hacernos es, ¿Estamos dispuestos a compartir con aquellos que no son tan afortunados? ¿Compartirás de lo que tienes con otros que están en necesidad? Recuerda, cuando compartes es como si estuvieras compartiendo de lo que tienes con Jesús.

Oración: Señor, Tú nos has dado tanto… Permite que deseemos compartir lo que tenemos con otros en necesidad. Amén.

 

 Creo que queda claro por qué  los cristianos han de moverse en este tema:

 

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“Entre el ego y el yo” (Miércoles de ceniza)

La ceniza en el centro AFAEX

Terminado el ajetreo de los carnavales, volvemos a la rutina, tocada de singularidad, para los que nos sentimos cristianos. La liturgia nos adentra en el tiempo de la cuaresma a través del rito centenario de la imposición de cenizas en este miércoles, que nos abre la cuarentena del paso por el desierto con las armas de la oración, el ayuno y la limosna.

Como corresponde a mi ministerio hoy me toca el oficio de imponer la ceniza a los fieles y me dispongo en la mañana para que no me ocurra lo que León Felipe avisa en su poema:   “No sabiendo los oficios los haremos con respeto. Para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.” Pero es la misma mañana la que se encarga de espabilarme, lo hace en el centro AFAEX. Paco me avisa de que vaya al centro vecino de la parroquia, centro de día para enfermos del alzheimer, porque él estará fuera. Hacemos una pequeña liturgia, con cantos, evangelio y la imposición de la ceniza. La siguen fielmente como de un recuerdo vivo y presente, se unen los trabajadores. Ha sido un momento de paz y calma, serenidad y cierta alegría, a mí me ha dejado en mi interior una clave para entender el sentido de  esta liturgia y del tiempo cuaresmal que comenzamos. Más de una vez he escrito sobre estos enfermos y la aparente pérdida del “yo”, cuando el yo queda en manos de los que te quieren y te cuidan, porque tú ya no lo conduces. Es impresionante la relación entre la mente y el cerebro, ese misterio permanente con el que nacemos y en el que morimos sin más luz de lo que somos y lo que amamos para seguir viviendo.

Polvo eres y en polvo te convertirás…

La reflexión me ocupa y me desborda en este día que invita a la conversión. Entiendo que la conversión ha de darse entregando el “ego” al “yo”.  Recuerdo que la expresión antigua al imponer la ceniza era lacónica: “acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”. Y medito a la luz de esta enfermedad que se presenta como olvido de lo inmediato y lo actual para reavivar de un modo radical el pasado  en la infancia más desnuda. En ese olvido de lo actual se cifra pérdida del control del yo, para entregarse como un niño débil  y necesitado en las manos de los que te sostienen y de los que necesitan amor y cuidado. Pienso que en la sociedad actual y en nuestra cultura se da la tentación de la contrario, hambrientos de presente y agarrados a él por el poder, el placer y la riqueza, nos olvidamos del origen auténtico de cada uno de nosotros, de ese origen que es clave del futuro: la debilidad de un yo que se forja en la relación del amor y del cuidado mutuo. El “ego” se come al “yo” y lo disfraza de una eternidad lisonjera y atrevida, que queda desnudada en los signos de lo débil que siempre acechan y amenazan, aunque los obviemos e ignoremos. Hoy necesitamos volver con el corazón a la debilidad de la infancia y de la vejez, para saber quiénes somos y a dónde vamos, para recuperar el verdadero sentido y el valor de nuestro yo junto al nosotros de la humanidad y del mundo.

Adelgazar el “ego”

El psiquiatra Castilla del Pino decía que el hombre actual debía adelgazar su yo, ese sentido de la originalidad y singularidad de lo humano para sentirse más cosa del mundo, yo hoy en esta meditación entiendo que el evangelio me llama a adelgazar el ego para fortalecer el yo. Es el ego el que se derrumba con la realidad de su contingencia, no somos los que sabemos, lo que podemos, ni siquiera lo que gozamos, somos los que amamos y queremos, complementados con  lo amados y queridos que somos por los otros. El evangelio nos invita a fortaleceré el verdadero yo sin disfrazarlo de ego,  ahí está el reto entregar el ego para que el yo sea original y auténtico en el amor. Todo lo demás polvo es y en polvo se convertirá.

Ante mí, los otros y Dios

Pablo d´Ors  escribe invitando a recorrer un camino de profundidad y anonimato, entregando el ego y recuperando el yo,  en las claves cuaresmales de lo humano y de lo divino: Ante los demás, vivir la generosidad de los que se entregan en silencio sin pedir nada a cambio; ante Dios, la oración callada del que se sabe criatura y necesita fundamento para sentirse amado y poder aspirar a la vida de lo eterno; ante mí mismo el ayuno de todo aquello que siendo autorreferencia me impide crecer por dentro en sabiduría y gracia, en libertad verdadera.

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“HAS ELEGIDO VIDA”

“HAS ELEGIDO VIDA”

(In memoriam Juan Martín González)

Venimos a la existencia, no arrojados sino enviados:

Así llegó Juan al mundo y a la historia, en una familia sencilla y honrada. De sus padres recibió la luz de una existencia agradecida, en una infancia y juventud educada, en la que creció en estatura, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres. Adquirió y conquistó una personalidad que es la que le ha caracterizado a lo largo de toda su vida. Ahí fue hijo y hermano, familiar entrañable, descubriendo la ternura y el cuidado que después le han acompañado toda su vida. Todo lo vivió agradecido.

Saber ser y saber hacer, vocación y vida

Vocacionado entra, muy joven,  en el camino del magisterio  e hizo de la profesión un lugar de encuentro con los otros, un mundo de relaciones y de servicio a lo largo de toda su vida en lugares y con personas distintas, como compañeros y discípulos.

Cuando el amor es donación y fidelidad

Vivió la grandeza del amor y el enamoramiento en el encuentro con  Rosa, su esposa fiel, con la que ha compartido la vida hasta la muerte, hasta el último suspiro ya deseado para lograr el descanso, en una vida que se ha hecho corta pero fecunda, en una ausencia que ahora parece una nube, pero que será sacramento dolorido de su presencia.

Padre amable

De ese amor y esa entrega, la corona de los hijos Rubén y Juan Manuel, paternidad a pequeños sorbos para que no se escapara ningún momento de sus vidas, entre la protección cuidada y el deseo de su libertad, para que fueran ellos mismos con autenticidad y originalidad.

Señalado por la riqueza de la amistad

Rodeado de amigos, en la sabiduría de que la vida  es vida cuando se comparte y se celebra. Débiles pero amigos, para caminar juntos y desbrozar caminos de novedad y de agrado, en la vivencia de la sencillez de los momentos y los lugares.

Criatura y creador

Todo tocado de color y creatividad, en la humildad del artista la grandeza de reflejar lo creado con la luz de lo nuevo y lo atrevido para que la huella, sin dejar de serlo, fuera mínima, y así dejar  que la obra fuera más auténtica.

Juan, tu eres mi hijo amado, en ti me complazco

Soy testigo de que has sido un buscador de Dios y su evangelio. Lo has tenido a tu lado y le has abierto las puertas, en lo bueno y en lo duro, en lo seguro y en el riesgo, en la luz y en la noche. El ha estado a tu puerta y ha llamado, y tú has sentido que cuando le abrías entraba y cenaba contigo, en  la mesa de la esperanza y del amor.

Adiós…

Y ahora estamos aquí, toda esta asamblea, junto a tu familia querida, queriendo ser sacramento junto a tu persona, hemos venido a celebrar esta comida sagrada –de la que tú has sido comensal tantas veces- comida de despedida, poniendo tu persona en el altar de Dios, en la patena de la ofrenda y en el cáliz de la vida cumplida y merecida. Hemos escuchado la Palabra de Dios buscando consuelo y serenidad, sabiendo que tú, Padre del Cielo,  acoges a los cansados y agobiados que desean tu descanso. Hoy queremos sentir que Juan ya ha entrado en tu gloria y tiene la vida que no se marchita, pero también queremos tu consuelo, tu fuego de esperanza, para vivir este momento con la luz y el color de los cielos y atardeceres que Juan contemplaba y recreaba pintándolos con sus manos y su corazón.

Necesitamos hacer lectura creyente, Señor, de tu historia con él, imaginar y creer en el encuentro definitivo que  nuestro hermano ya ha tenido contigo. Y nos sirve para ello, la palabra de la vida. Tú has puesto ante él vida y muerte, luz y oscuridad,  y él ha querido ser fiel  a su conciencia y vivir con el deseo de lo auténtico, aun en medio de su debilidad. Hoy tú lo habrás recibido con la ternura de Padre y nosotros escuchamos el eco de tu abrazo en el corazón de nuestra fe:

“El encuentro del Padre Dios y este hijo querido”

Oración:

-          Juan querido, hijo mío,  no tengas miedo, vienes entrando a la luz en el corazón de mi hijo crucificado, el ha estado contigo, abrazado a ti y a los tuyos en tu enfermedad, y ahora te acompaña, con la gracia de resucitado, para que tú tengas la alegría y la vida consumada. La paz sea contigo, mi paz, la que mi amor quiere regalarte, la que tú has buscado siempre en el interior de tu conciencia.

” Puesto que has sido fiel en lo poco, pasa a la fiesta y a la mesa de mi reino”:

 

  • Porque en medio de los tuyos, de tus padres, hermano, familia, desde lo sencillo de la vida, supiste recibir una educación y te abriste a la honradez y al deseo de lo bueno y de lo justo. Bendito seas, porque entendiste el mandato “honrarás a tu padre y a tu madre”.
  •  Porque hiciste de tu profesión un lugar de entrega y  fecundidad, fuiste maestro siendo servidor de los niños y niñas que te necesitaban, quisiste no llenarlos de conocimientos, sino prender en ellos el fuego de la vida, el deseo de aprender, el valor de sus capacidades y habilidades. Comprendiste mi invitación: “no he venido a ser servido sino a servir”.
  • Porque entendiste el amor de esposos como lugar unificación, supiste vivir la clave de aquella que era carne de tu carne y huesos de tus huesos, con un solo corazón y un solo alma. De la que siempre quisiste sentirte necesitado y a la que siempre quisiste coronarla como mujer fiel, hacendosa, que enriquece a todos los de su casa. Con Rosa has vivido el misterio más grande: “amaos como yo os he amado”.
  •  Porque escogiste ser padre en la tensión del cuidado de la protección y el ejercicio de respetar y generar libertad, de alegrarte de sus alegrías y abrazarlos en sus debilidades, de exigirles con ternura para que crecieran y de felicitarles por todo lo que era superación y bien-ser. Supiste hacer siempre el papel del Padre bueno en la parábola de tus hijos, con el mayor y el menor.
  • Porque no fuiste teórico de la amistad sino espacio abierto y compartido, espacio de fraternidad, casa abierta, mano generosa, respeto fecundo, y fiel en el respeto a la singularidad de cada uno. Ellos seguirán amando y cuidando a la amiga enamorada  que dejas en el mundo. En la amistad supiste vivir “la paz que yo os dejé y os di”
  • Y ahora entra en el paraíso y sigue creando todo lo bello y trascendente que ya imaginabas en tus pinceles, crea conmigo  y ayúdame a seguir coloreando el mundo con el arcoíris de lo bueno y lo justo. Con el salmista, en todos tus cuadros, supiste orar: “Grandes son tus obras Señor”.
  •  Me buscabas en tu vida, nos encontrábamos, pero no era suficiente, hoy ya estás conmigo, todo lo mío es tuyo, ahora todo será luz, vida, gracia, alegría, fuerza…  y tendrás la gracia del ángel y toda su alegría para seguir acompañando en la comunión de los santos a todos lo que quieres, porque el cielo no limita sino que abre y fecunda con un amor nuevo y eterno, y ahora te lo doy con mi abrazo. Cuántas veces he oído en tu corazón: “tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro…ahora ya todo es claridad y Tabor”.
  •  Puse ante ti fuego y agua,  y tú quisiste arder sin apagar nunca el amor, puse ante ti vida y muerte, y tu , aun sintiendo la muerte, seguiste siempre eligiendo la vida, puse ante ti luz y oscuridad, y tú hasta en los momentos más oscuros agradeciste los pequeños rayos de los que te acompañaban y te amaban. Bendito seas Juan y todos los que te abrazan y despiden en mi mesa y en el pan de la esperanza y de la vida eterna. “Ven y entra en mi descanso”
  • En la vida recibiste el ciento por uno, te quisieron muchos, y ahora tendrás la vida eterna, porque yo te amo y soy tu padre para siempre.
  • Y a todos los que sentís su partida os bendigo con la esperanza, este Juan que ahora habéis visto irse en la mayor de las debilidades, rodeado de vuestro amor, lo volveréis a encontrar glorioso y feliz, en el reino de la vida. El os estará aguardando y os ayudará a dar el paso que hoy ya ha culminado. Desde esta orilla será para vosotros: vuestro hijo, esposo, padre, amigo, maestro y, sobre todo, artista del amor y del esperanza. Confiad en mí y elegid la vida.

 

 

 

 

 

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“Amar siempre” -Homenaje a Manuel López-

Querido Manuel:

Celebrar el amor en el dolor

ALa imagen puede contener: 2 personas, anteojos e interioryer ha sido uno de los días memorable, en los que al celebrar la Eucaristía, me sentí más sacerdote y más creyente. Alguna vez te lo dije, amigo Manuel,  pero hoy quiero hacerlo más explícito y público. Tu persona y tu presencia siempre han sido un motivo de ánimo y de referente evangélico para mí  y los que te rodeaban en la residencia de la Granadilla.

Paco, mi compañero, me  llamó para ver si podía yo celebrar un servicio litúrgico funerario en el tanatorio, a las cuatro de la tarde porque él no podía. Sabíamos que el difunto era un residente de la granadilla, pero nada más, creíamos que era uno de los enfermos que había recibido el sacramento de la Unción el domingo. Pero al llegar al tanatorio y entrar para rezar ante el féretro, todavía abierto, me di cuenta que era tu cadáver el que tenía delante de mis ojos.  Me sorprendió y me dolió, no lo esperaba, porque el último domingo que celebré en nuestro centro allí estabas tú, como siempre, bien atento y dispuesto, con ese clamor dominical que sostenemos: “Aquí no hemos venido a morir, aquí hemos venido a vivir”. Al verte yacente y sin aliento vital, sentí tu ausencia y me habitó enseguida el recuerdo entrañable de tu presencia y tu humanidad, lo que tú has sido para mí y mi ministerio en la residencia. Después me contaron que el corazón, agotado de tanto amar –pensé yo- , se había parado para siempre. Se me agolparon muchos sentimientos y alguno expresé en la homilía, sobre todo se me vino al corazón las veces que habíamos estado juntos ante el altar con la riqueza de la vida, en su amor y en su dolor y limitación.

El evangelio de la verdad

Cada celebración  dominical de la eucaristía en nuestra capilla te he visto atento y  participativo, sentado atrás donde era más fácil incorporar la silla de ruedas de tu esposa, ese tesoro que no has soltado en ningún momento de tu mano, el tesoro que  has cuidado, protegido, mimado, acariciado, como nadie. Por eso algunas veces he hecho referencia a vosotros en la homilía al aplicar el evangelio a la vida. Tú ha sido para mí referente evangélico en tu modo de estar en la residencia y de cuidar a Francisca, tu esposa, en su enfermedad. Cada vez que el evangelio hablaba de entrega gratuita, de amor sin medida, de fidelidad radical, de compasión y misericordia, se me venía al corazón tu imagen agarrado a tu esposa amada, internados los dos  en ese centro  donde se cuidan dependientes.

Ser pan partido

He orado muchas veces con una conversación sencilla que tuviste conmigo, al comienzo de tu  presencia en el centro. Habías ingresado a Francisca porque los medios que  necesitaba ya no se los podíais dar en la familia, en casa. Al comienzo tu venías todos los días a visitarla y cuidarla, pero eso no duró mucho, porque hiciste tu reflexión  y  te dijiste a ti mismo que si ella estaba aquí, tú te vendrías en cuanto pudieras con ella, para compartir esta etapa, estabas dispuesto a entregar tu independencia para hacer amable su dependencia, para que no le faltara ni un minuto tu cuidado y tu ternura. Ante su debilidad tú entregabas toda tu fortaleza, tu vitalidad para que ella tuviera amor.  Por eso cuando yo partía el pan  en el altar, no podía por menos que darme cuenta que era lo que tú estabas haciendo todos los días, partir tu tiempo para dárselo a ella muy poco a poco, que era el modo en que ella podía recibirlo porque ya no se da cuenta de casi nada, aunque siente y recibe amor.

El vino de la vida

Pero además yo observaba cómo, desde esta situación y debilidad, con esa silla de rueda siempre en tus manos y en todas partes, has ido creando un ambiente de paz y armonía entre los compañeros, has jugado, reído, cantado, paseado, y siempre lo has hecho con otros, creando familiaridad y fraternidad. A mí mismo me has hecho sentirme bien cientos de veces, desde el pago de un café con cariño, hasta la conversación tranquila, la alabanza a los pequeños detalles que yo pudiera tener. Me gustaba cómo me recibías y me tratabas, la sencillez y naturalidad con la que lo hacías, y como era tu forma de ser y de estar. Me animaba cómo me hablabas y presentabas a tus hijos y a tus nietos, tu orgullo de sentirte querido y acompañados por ellos. Por eso al alzar el cáliz con vino de la alegría, de la sangre entregada de nuestro Señor, ponía también tu bien ser y tu ánimo positivo en medio de la limitación.

Que Dios te tenga en la gloria, por haber amado tanto

Por eso hoy, en tu entierro, cuando he leído el texto evangélico del grano de trigo que cae en tierra y da mucho fruto me lo he creído a pie juntillas pensando en tu vida, y cuando he ofrecido el pan y el vino consagrados, he sentido la presencia real de Cristo allí en la asamblea, porque tú has sido un verdadero testigo de quien ama y da la vida con alegría. Sí, en la misa de tu despedida, rodeado de los tuyos, de tus amigos, de compañeros de la residencia, he dicho el “por Cristo, con él y en él” con una emoción profunda, he recordado que tu junto a Francisca, en su debilidad y límite total, has sido: ternura, compasión, entrega, gratuidad, serenidad, cuidado, familiar, sensato, sabio, amigo.  El evangelio se ha hecho vida una vez más: “Te doy gracias Padre, porque estas cosas tan importantes no se las has revelado a los sabios y poderosos de este mundo, sino a los más sencillos”. Tú has sido sencillo  y has amado hasta la muerte, por eso Dios te habrá dado ya lo que te mereces: LA GLORIA.

Sigue cuidándonos y protegiéndonos desde el cielo, te necesitamos hermano. No dejes de abrazarme.

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.