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Volver a Granja

Volver a Emaús… (Granja de Torrehermosa)

Los whastsapp están a tope, estamos nerviosos, inquietos, deseosos, ilusionados, esperanzados, animados… la mayoría preparando las maletas, algunos ya han llegado, el deseo les ha empujado a llegar antes. Parece un sueño,pero es una realidad. Hace… bueno fue en 1969, cuando, en el colegio libre adoptado de Granja de Torrehermosa, unos cuarenta chavalillos llegábamos a hacer primero de bachillerato, dejábamos la escuela nacional y  nos  atrevíamos a pasar la frontera para hacer esos estudios que parecían de mayores, aunque todos íbamos con nuestros pantalones cortos y con las carteras usadas de la escuela pública, allí estaban casi los mismos maestros, con algún licenciado contratado por el ayuntamiento y venido de Galicia,  pero con otro estilo, con otras claves. Allí, animados por el cura, nos hicimos una fotografía de grupo. Una fotografía de aquel estado de  inocencia y sueños por estrenar, la misma que ha estado silenciada y discreta durante décadas y décadas en nuestras casas y cajones… más de cuarenta y siete años.

En aquel  momento éramos sueño, ilusión, fuerza, empuje, naturalidad, niños  y niñas con voluntad y ganas de caminar y abrir horizontes. Nos respaldaban padres irrepetibles que tenían claro que darían todo lo que fuera de ellos mismos para que nosotros avanzáramos y no quedáramos sometidos a la esclavitud de lo que no cambia ni progresa. Creían en nosotros, nos querían y nos empujaban, no tenían miedo a que superáramos sus límites, más bien éramos su orgullo y no bendijeron con la gracia de los sencillos y el empuje de los que tienen tanta esperanza que no miran atrá,s ni cuentan lo que fue su pasado para que no nos pese lo más mínimo.

Años de estudios, unos más otros menos, cada uno eligiendo camino, y saliendo en la búsqueda del mañana, de la gracia de saber vivir en otro lugar, con otros, sabiendo y haciendo. Unos para Barcelona, otros para Madrid, Sevilla, Córdoba,Bilbao, Badajoz… Algunos enraizaron en el propio pueblo, otros se quedaron sin ninguna raíz en él.  Otros quedaron en el camino en plena juventud – grabado en el corazón de todos por lo que supone la muerte del amigo- otro ya maduro por infortunio, alguno enfermo… la mayoría buscando su estado de vida, casados, con hijos, ya nietos, otros solteros  y también viviendo la viudez, alguno sacerdote –es mi caso. Cada uno con su historia, con su vida, los suyos. Y en el discreto cajón esquinado la foto callada y testimonial de que fuimos sueño, amigos, compañeros, proyecto.

Y  hoy, cuando se acerca ya el Domingo,30 Abril, estamos nerviosos porque esa foto nos ha despertado y sacado del olvido. Ya hace meses, algún ángel, de los que se llevan dejar por los mejores sentimientos, se pone a la búsqueda y casi captura de los  pitufos y pitufas que estábamos en esa foto. La pregunta de fondo: ¿dónde estarán, se acordarán, les gustará reencontrarse…? Y la respuesta superó la expectativa, uno a uno vamos mostrando que no sólo nos acordamos y deseamos, sino que necesitamos expresar, sentir, compartir, recuperar esa realidad que nos pertenece y nos configura. Han  sido meses de locura, con los medios de comunicación facilitadores para el reconocimiento y la conversación, miles de recuerdos, fotos de todos  y todas, risas, lágrimas, pequeños encuentros… no se puede contar. Y ahora en unas horas el pueblo, se va a ver poblado de ese grupo, como en aquel entonces, para hacernos la misma foto, en el mismo sitio, pero cargados de historias que no olvidan las raíces sino que quieren volver a tocarla y sentirla. Necesitamos vernos, tocarnos, abrazarnos, decirnos, recordarnos, reírnos, llorar, jugar, bailar, cantar, gritar, rezar, aplaudir, agradecer, perdonarnos los olvidos y las distancias y recobrarnos. Volvemos a Granja de Torrehermosa y será un hecho único, hay personas que vuelven tras haberse marchado con quince años y ahora tocan casi los sesenta y vuelven porque no pueden no volver al recibir una llamada, 45 años después, que le dice te recordamos, te queremos, nos gustaría que tú también estuvieras. Indescriptible.

Ese Domingo vamos a tener un momento para  celebrar la misa recordando a los que ya no están, compañeros, profesores, padres, esposos, y para dar gracias por la vida. Curiosamente corresponde el evangelio de los discípulos de Emaús, aquellos que volvían a su aldea de origen dolidos porque aquellos sueños y expectativas  no se habían cumplido y venían como fracasados. Pero al encontrarse con el compañero de camino, que les recordó y les revivió su experiencia y deseo junto al Maestro, les ardió el corazón y dieron media vuelta para ir corriendo a Jerusalén y decirle a los compañeros que no estaba muerto, ni fracasado, que su sueño estaba vivo y bien despierto. Así nos está ocurriendo a nosotros, desde esa foto que nos hablaba de lo que éramos, de lo perdido, de lo olvidado, de lo muerto… ahora resulta que por compañeros de camino se nos han abierto los ojos, nos está ardiendo el corazón, y nos sentimos alegres de poder volver al mismo  pueblo, a las mismas calles, al mismo Cristo, a la misma escuela, a la misma foto, pero llenos de vida y esperanza, porque no estamos muerto, sólo hemos estado dormidos y alguien nos ha despertado para vivir más y más juntos. Ahora toca fecundar el encuentro y alimentarlo. Comeremos, bailaremos, cantaremos, gritaremos… y todo será una bendición impagable.

José Moreno Losada

 

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LA SOLEDAD: Pasión vivente de madres.

IMAGEN Y REALIDAD

Ya están a punto los pasos, las imágenes que mueven las entrañas de muchos y los sentimientos religiosos de la muchedumbre, ya se acercan los silencios interiores, vivos y dolientes, ahogados en una nube de paganismo instaurado sin maldad, por pura inercia de los tiempos y de los péndulos, en una sociedad organizada desde el consumo y el placer, pero necesitada de sentido. Pero no se ha ahogado, ni terminado, el dolor y la pasión, que siguen campando a sus anchas en el destrozo de lo más digno y de lo más amado: el hijo querido.

Miro a la madre divina, a María, en su soledad y dolor, y me vienen cientos y miles de imágenes tocadas por el dolor del sufrimiento inocente, de los hijos rotos sin más razón que la ignominia y la irracionalidad de un poder faraónico que sólo destruye creyendo que así se hace dueño de la vida, aunque sólo es cómplice barato del desahucio de la muerte. Y en el maremágnum de ese sinsentido, me centro en una cuestión sencilla, imagino que la Virgen se preguntaría ante la cruz: ¿lo habré hecho mal como madre con este hijo mío? Y lo pienso porque en los últimos días me han quedado grabadas dos imágenes de madres, con sus rostros heridos, con sus almas en pena, con su impotencia contenida haciéndose esa pregunta ante alguno de sus hijos.

MADRES SOLAS, DE PIE  JUNTO A LA CRUZ

Una porque ve que su hija, con sus dificultades vitales, ha sido ganada por la dependencia de la cocaína –sin ellos darse cuenta-, que ha roto su belleza interior y se la ha llevado al dolor de la desorientación, del vacío y la nada. La ve bella a la vez que rota, inmadura y necesitada de apoyo y cariño, vuelta al seno hogareño, tras haber adquirido compromisos que no ha sido capaz de realizar por la debilidad de la esclavitud impuesta con el deseo de conquistar la libertad engañosa de vivir rápido y mucho, sin pensar nada. La otra, porque habiendo dado todo a su hija, la ve vivir sin fundamento, dando bandazos de vida y de muerte, sin más sentido para vivir que el desequilibrio afectivo, que lo mismo la lleva a la altura –queriendo ser ella princesa salvadora del hundido- que la arrastra al desprecio de sí misma, en el deseo de la muerte, y todo desde el rechazo de los más cercanos, especialmente a sus madres. Las dos madres con la pregunta dura de qué habrán hecho mal, las dos sintiéndose rechazadas por sus hijas, las mismas, que por otra parte se atan a ellas como única tabla de salvación, y las buscan cuando más hundidas y muertas están.

(Acaban de dar la noticia en la radio ayer en nuestras playas murió una madre y su hija de diez años… venían buscando sobrevivir y derechos, buscaban sólo la dignidad de sus vidas, luchadoras aparentemente vencidas)

VIDAS DESALMADAS: VACÍO Y SINSENTIDO

Y yo hago mi procesión interior, en este acompañamiento, descubriendo la dimensión desalmada de la historia, que vacía el interior de lo humano y lo llena de lo que no puede dar vida. Lo decían ellas, cada una por su parte y a su estilo, “hemos fallado, se lo hemos dado todo”. Así ha ocurrido, con la mejor de las intenciones, hemos cuidado su salud, su alimento, su formación intelectual en parte, sus habilidades lúdicas, sus caprichos pero hemos descuidado su espíritu, como si no fuéramos seres almados, nos hemos hecho desalmados. Ya decía Tomás de Aquino que el alma daba forma a la materia para que deviniera cuerpo humano, sin ella, la materia desalmada, es cadáver; y sin darle forma a la materia – sin vida concreta y real- el alma no tiene sentido. Aquí nos ha fallado la forma, la cultura líquida que podría favorecer la flexibilidad que posibilita mayor libertad del hombre y la sociedad, la hemos entendido como la ausencia de forma y estructura. Hemos colgado muchas cosas en nuestros niños y jóvenes, en nosotros mismos, pero hemos olvidado que sin perchas consistentes – sin verdadera interioridad- eso podía caer y destruirse en cualquier momento.

Así está siendo en muchos casos –la mayoría anónimos-, su belleza, su poder, su saber, su riqueza… sin interioridad son como la casa construida sobre arena. Pero no han sido las madres las que lo han hecho mal, tienen otros hijos que han respondido de otra manera, en los mismos contextos y posibilidades. Educa la tribu entera, aunque cada uno tiene sus responsabilidades. Es el mundo el que, por intereses de otro orden, pone en juego la interioridad y el espíritu de lo humano, así lo vemos actualmente en las batallas que se están librando con armamentos, medidas económicas, fronteras, Leyes de educación, familiares, políticas, corrupciones… Es una corriente ideológica y cultural, una forma de pensar, sentir y vivir.

HUMANIDAD Y DESEO, MADRE E HIJO

La virgen madre, ante el hijo crucificado, no es sino la humanidad que se inclina en todos los lugares en los que sus hijos, niños y jóvenes principalmente, entregan su espíritu no al buen Dios del bien ser, sino al faraón del bienestar que excluye, esclaviza y exige sus víctimas para mantener el poder. Y sólo hay un arma para vencer esta inercia envolvente, la cruz de un amor gratuito y generoso, que lucha hasta el final para que brille la verdad, la bondad y el bien.

Eso es lo que procesionamos en estos días, manifestamos que hay una ideología, una cultura, que necesitamos y que nos lleva a dejar de ser desalmados para armarnos con el alma del espíritu, de una interioridad que nos llena de sentido y nos da consistencia, el evangelio del amor que se entrega y encuentra su vida en la capacidad de amar y luchar a favor de los otros. En este sentido, he de reconocer que veo en estas madres el rostro triste pero firme de María de Nazaret, doliéndose por el vacío doloroso de los hijos, preguntándose si lo habrán hecho mal, pero firmes junto a la cruz para seguir apostando por ellos siempre, sin darse por vencidas. No hay duda de que en vosotras la procesión va por dentro. Deseo que veáis los signos vivos de la resurrección en la vida de vuestras dos hijas y que yo pueda cantar con vosotros el aleluya de lo humano con toda mi alma.

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Adjetivos del corazón rural

MIÉRCOLES SANTO: ACENTO DE RESURRECCIÓN
Hoy , miércoles santo, hemos aprovechado para ir al pueblo y ver todo el proceso de actualización de la casa paterna, ese signo de vida y tradición, a la vez que de enraizamiento y enclave de la vida que nos une, de nuevo hemos vivido los tres hermanos una jornada entrañable en muchas dimensiones:
Fraternal: volver a encontrarnos los hermanos en un espacio tranquilo y propio para volver a las raíces y seguir sacando de ellas savia nueva, porque lo auténtico no muere si se alimenta, sino que permanece y se alegra con el recuerdo y la vida.
Alegre: No es la preocupación sino el gozo lo que nos convoca a acercarnos al pueblo, la calle, la casa. LLegamos y gozamos con el trabajo bien hecho, la albañileria, electricista, pintores, limpieza…todo desde la confianza más absoluta y desde el cuidado y el interés de vecinos que miran con cariño lo que hacen y le hemos pedido.
Vecindad: Volvemos a sentir el cariño de los vecinos, la seguridad de que son algo nuestro y nos toman como propios cuando nos ven aparecer y que les alegra vernos juntos a los tres. Es como un modo de hacer presente a mi madre y a mi padre entre ellos y nos lo explicitan con su alegría, sus bromas, sus lágrimas, sus invitaciones. Hoy he vuelto a casa con los roscos blancos de la pascua, mi vecina Justi sabe de cómo le gustaba a mi madre comerlos y traerlos a casa para este tiempo, y siempre ha estado atenta para que nunca le faltaran a mi madres los roscos blancos de Azuaga, y ahora como yo soy el que estoy solo me los regala a mí. Me los comeré como sacramental de amistad y de vecindad consagrada.
El comercio: hoy hemos querido entrar en la casa de la tia Clauda, en su comercio, que hoy regenta el primo David, su hijo más queño, aquello nos recuerda a todos ellos y al tío Valentín. Allí estaban las medias lunas que siempre fue un jujo comerlas, pero estaban los vecinos con sus compras de cercanía, las de toda la vida… y hemos disfrutado en un momento, hemos celebrado la vida, y hemos hecho presente aquellos lazos de familiaridad, gozo y amistad, de ayuda mutua, que sembraron nuestros mayores, a los que seguimos queriendo y teniendo presente como me decía la vecina Magdalenita. El comercio del pueblo, el de la calle, no es el mercado.
La calle: pasear juntos los tres, ir Cervantes abajo, saludando a Amparo y Fernan, besar a la Fernanda cintas, seguir por la calle de Pascasio hasta el valle, viendo que su hija mantiene con gusto su chalet en plena calle y que sigue habitándolo y gozándolo, entrar en la droguería con la Merce y localizar al pintor, saludar a las personas de la Caja rural y al trabajador Espinal Calero que celebré su matrimonio en el 2001 y esl presidente de la cofradía de Jesús Orando en el huerto, abrazar a Maricarmen Orellana vecina de la otra calle, residente en Sevilla, y a Pedro que fue e primero que casé cuando me ordené sacerdote. Llamar a la puerta del cura y saludar a la señora que lo cuida como un verdadero familiar, porque él no estaba en ese momento, sentir que alguien  pasa con el coche rápido  pero se da cuenta y da la vuelta por otra calle para abrazarnos, el hijo chico de la Marava que trabaja de maestro en Madrid y está aquí unos días…. la calle, la vida….
La Familia:  La tía Victoria y el tío Ramón, un momento de calidez y recuerdo inolvidable en una demencia que duele, pero que hoy ha estado casi callada para permitirnos reírnos juntos como siempre… sin olvidar el recuerdo nostálgico de los que se fueron y uno desearía volver a ver y tener cerca, porque no entiende como se han podido ir ni dónde están.
La casa preparada  y el deseo de volver más vivo: Un viaje largo, casi dos horas de ida y otras de vuelta… para estar dos o tres allí. Pero un día para compartir, querer, sentir, gozar, recordar, emocionarnos, saludar, alegrar, recibir, bendecir, agradecer, soñar, ilusionarnos, celebrar… y entender que hemos de volver. Nos queda mucho por ordenar y limpiar allí, por dentro de nosotros y por fuera. Allí hay algo que nos une y nos clave en la realidad de lo que somos y de donde venimos, desde ese algo, nos animamos para saber vivir y esperar con alegría y con ganas lo que cada día nos va regalando, porque la vida son cuatro días… y ya hemos vivido tres¡

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Feliz, Feliz en tu día (Viernes de Dolores).

VIERNES DE DOLORES EN EL CIELO
Silencio y recuerdo
Hoy la casa está en silencio. Miro y observo tus fotografías, algún beso emocionado… y recuerdo que los Viernes de Dolores, la casa era algo distinto, desde la mañana temprano andabas de acá para allá, pero el lugar central era en el sillón verde junto al teléfono. El teléfono fijo, ese que ya no suena casi nunca, a no ser por los vendedores inoportunos a las horas intenpestivas, que antes sonaba y, hasta a ellos tú les dabas conversación. Siempre recordaremos aquel seguro para la muerte, que te ofrecieron telefónicamente, para arreglar lo que se refiere a entierro y hacerlo más fácil para nosotros, y tú le dijiste que no podías darnos un disgusto, porque nosotros pensábamos dejarte con nosotros aunque fuera embalsamada… Hoy miro detalles… y observo el teléfono tranquilo y callado, ese que este día tu te unías a él por la mañana y no lo soltabas hasta bien entrada la noche… y todavía te quedaba preocupación por alguna llamada no recibida, por si le pasaría algo a esa persona. Y en poco tiempo la llamabas para ver cómo estaba.
Celebración celestial
Hoy curiosamente, como te digo, el teléfono me grita desde el silencio callado. Y eso me lleva a pensar en el cielo. Allí hoy habrás buscado tu sitio tranquilo, desde donde observarás con cariño cada amanecer para bendecirnos y cada atardecer para acariciarnos, y te habrás puesto a recibir los recuerdos queridos y entrañables, que se alzan como oración agradecida al cielo. Entre nosotros son palabras de recuerdos, envíos de fotos entrañables, miradas a cosas sencillas que son sacramentales de tu vida y tu persona en la relación con nosotros… pero esto mismo seguro que son toques de alegría, música, baile, sonrisas, abrazos, totalmente celestiales…cada recuerdo, cada oración, cada mirada allí se hará eterna e inolvidable. Y será el buen Dios, el que junto a padre, los abuelos, los tíos, los sobrinos – ya también la prima Ramona- te habrán cantado con gozo el feliz, feliz en tu día, Dolores… no sé como será la frase allí , amiguita que “Dios” te bendigo….
Te siguen queriendo y recordándote
Pero si aquí hay tantos detalles de que te recordamos y te recuerdan, que no será allí  arriba, donde nada de lo que ocurre en la tierra pasa inadvertido sino que se publica para que lo bueno se proclame. Hoy será el Señor el que te diga lo que aquí te decíamos: Madre cuánta gente se acuerda de ti y te quiere… y cojo en mis manos tus libretas usadas y gastadas, las que siempre llevabas contigo, y veo la lista innumerable de personas y sus teléfonos, cómo no se te pasaba a ti esa llamada de cariño en su santo…al pueblo, las vecinas,  la familia, las parroquias, Badajoz, las viudas, la legión, el Inserso… Doy gracias a Dios por ese modo de ser y relacionarte, por esas personas que aún hoy me paran en la calle para hablarme de ti y hacerme presente su recuerdo de corazón, y me besan como tú me besabas.
Feliz Día madre.
La imagen puede contener: 10 personas, personas de pie y traje

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Pablo Ráez, Ora pro nobis

“Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él”

  Acaba de comenzar la cuaresma, el miércoles de ceniza me ayudaba a introducirme en ella un vídeo televisivo de Pablo Ráez, el joven de Marbella, que con su modo de vivir la enfermedad y de enfrentarse a la muerte, se ha adentrado en el corazón de la sociedad española y ha sido noticia priorizada en todos los medios de comunicación social, ocupando lugar privilegiado en los telediarios durante varios días.El jueves compartía un día de oración con los sacerdotes de mi diócesis, acompañados por el arzobispo, el cual eligió un texto evangélico en el que se nos invitaba a ser pequeños y como niños ante el Reino de Dios. Orando ante el santísimo enseguida me vino a la mente las imagen y el testimonio de Pablo.

Comenzó mi contemplación con una de las frases de su padre en el reportaje, cuando comentaba que al entrar en la planta de tratamiento para la leucemia en el hospital, con su pequeña maleta, su hijo le dijo: “Papá, ahora ya se acabó mi infancia”. Le tocaba vivir y enfrentarse a una situación de dureza profunda, se le pedía una madurez nueva que tenía que elaborar y estrenar, él era consciente de la frontera que estaba pasando en ese momento tan simbólico.

Después todo un proceso de dos años en el que por su modo de vivir la enfermedad, tan auténtico y original, ha traspasado la muerte de un modo singular y fecundo. Y eso es lo que ayer me seducía de su persona y su testimonio, cuando comenzábamos una cuaresma que una vez más apunta a la Pascua de la Resurrección, a la plenitud de la vida, a la vida eterna a la que se llega por la puerta de la cruz y de la muerte. Desde ahí surgía en mi interior una oración agradecida al Padre y a Pablo Ráez: “Gracias Padre, por darme este signo vivo de tu espíritu resucitado en la persona de Pablo Ráez… por él, hoy creo y espero más en la resurrección”. Hoy sentía el deseo de parafrasear con el apóstol Pablo que “si Cristo ha resucitado, Pablo Ráez también resucitará”.

Contemplaba, a la luz de su testimonio, que este joven había vivido en lo oculto y lo anónimo del mundo, como Jesús en Nazaret, había intentado salir de la monotonía y buscaba en el deporte el lugar de la originalidad, las claves del vivir superándose y logrando su propio lugar específico, pasando de un deporte a otro y entregándose a fondo en ellos. Rechazaba estar en un sofá, quería encauzar su impulso y activismo en aspectos positivos para su persona.

Vivía centrado en él y en los que le rodeaban como la inmensa mayoría de la sociedad, en una infancia prolongada. Pero el hachazo de una analítica realizada por razones casi deportivas, el sufrimiento de una rodilla, le llevó a la frontera de su infancia -su autocentramiento- y de la vida. Y tuvo que entrar en el deporte del despojamiento y del espíritu. En el entrenamiento del yo que se desnuda de todo ego para abrirse a la alteridad viviendo lo más propio, en este caso su enfermedad. Y ahí, con todo el ánimo de su espíritu se abrió al Espíritu de un modo radical y nuevo.

Desde la enfermedad se acercó a la búsqueda del sentido en el interior profundo de su yo y se abrió a los demás, a todos los enfermos de un modo original y único, a toda la sociedad con un mensaje de salvación y de esperanza profético, a la vez que se adentraba en el misterio de lo divino, para entender la existencia como proyecto, en un juego realmente comprometido, con una normas que no venían dictadas por uno mismo sino que las imponía una naturaleza débil en proceso, cargada de limitación, sufrimiento y muerte.

Ahí unió fe y vida, salvación y enfermedad, vida y muerte, oscuridad y esperanza. Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él, siendo auténtico y original. Entendiendo la vida y la muerte desde el amor y la entrega, siendo para los demás, transmitiendo una “Buena noticia”, desde la pobreza y el mayor dolor, desde el más profundo despojamiento del ego, entregando su yo para que los demás tuvieran vida y esperanza, con una filosofía llena de confianza y de fuerza. Y todo ello envuelto en dolor, debilidad y miedo, no sintiéndose héroe, sino humano y compasivo.

Hizo de su enfermedad, su vida pública, ahí donde muchos se esconden, él animado por el espíritu, se presentó en medio del pueblo, en los caminos, las plazas, las escuelas… en ese vehículo de las redes, que no solo enredan sino que también cuando encuentran la luz de una vida auténtica, se convierten en lugar de salvación y solidaridad.

Ha sido un signo de salvación y de resurrección desde el cáncer, desde la muerte, desde la cruz, realmente como Jesús. Por eso, rezo al Padre dando gracias por su testimonio, Pablo Ráez es para mí una razón para creer en la resurrección, alguien así no puede morir, alguien así nos habla de que hay justicia divina y que no morirá para siempre, el que ha muerto como Cristo -bautizado, confirmado, comulgado en El- está ya en su gloria y, desde la comunión de los santos, será nuestro valedor y nuestro campeón de vida en la enfermedad y en la muerte.

He sentido alegría y envidia sana, por ese amigo-padrino, Pepe el sacerdote, que te ha acompañado y ha vivido este proceso de paso pascual, de la muerte a la resurrección. Imagino su experiencia vital al bautizarte, confirmarte y servirte el pan de la vida en la Eucaristía, y lo que Dios le habrá enriquecido con tu persona y tu experiencia. Yo también estoy muy agradecido a Dios por los signos de vida que descubro en los jóvenes.

Hoy, al comenzar esta cuaresma, ante Jesús en el altar, oro con confianza: “Pablo Ráez, confesor de la fe, testigo de la resurrección, ora pro nobis”.

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“HAS ELEGIDO VIDA”

“HAS ELEGIDO VIDA”

(In memoriam Juan Martín González)

Venimos a la existencia, no arrojados sino enviados:

Así llegó Juan al mundo y a la historia, en una familia sencilla y honrada. De sus padres recibió la luz de una existencia agradecida, en una infancia y juventud educada, en la que creció en estatura, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres. Adquirió y conquistó una personalidad que es la que le ha caracterizado a lo largo de toda su vida. Ahí fue hijo y hermano, familiar entrañable, descubriendo la ternura y el cuidado que después le han acompañado toda su vida. Todo lo vivió agradecido.

Saber ser y saber hacer, vocación y vida

Vocacionado entra, muy joven,  en el camino del magisterio  e hizo de la profesión un lugar de encuentro con los otros, un mundo de relaciones y de servicio a lo largo de toda su vida en lugares y con personas distintas, como compañeros y discípulos.

Cuando el amor es donación y fidelidad

Vivió la grandeza del amor y el enamoramiento en el encuentro con  Rosa, su esposa fiel, con la que ha compartido la vida hasta la muerte, hasta el último suspiro ya deseado para lograr el descanso, en una vida que se ha hecho corta pero fecunda, en una ausencia que ahora parece una nube, pero que será sacramento dolorido de su presencia.

Padre amable

De ese amor y esa entrega, la corona de los hijos Rubén y Juan Manuel, paternidad a pequeños sorbos para que no se escapara ningún momento de sus vidas, entre la protección cuidada y el deseo de su libertad, para que fueran ellos mismos con autenticidad y originalidad.

Señalado por la riqueza de la amistad

Rodeado de amigos, en la sabiduría de que la vida  es vida cuando se comparte y se celebra. Débiles pero amigos, para caminar juntos y desbrozar caminos de novedad y de agrado, en la vivencia de la sencillez de los momentos y los lugares.

Criatura y creador

Todo tocado de color y creatividad, en la humildad del artista la grandeza de reflejar lo creado con la luz de lo nuevo y lo atrevido para que la huella, sin dejar de serlo, fuera mínima, y así dejar  que la obra fuera más auténtica.

Juan, tu eres mi hijo amado, en ti me complazco

Soy testigo de que has sido un buscador de Dios y su evangelio. Lo has tenido a tu lado y le has abierto las puertas, en lo bueno y en lo duro, en lo seguro y en el riesgo, en la luz y en la noche. El ha estado a tu puerta y ha llamado, y tú has sentido que cuando le abrías entraba y cenaba contigo, en  la mesa de la esperanza y del amor.

Adiós…

Y ahora estamos aquí, toda esta asamblea, junto a tu familia querida, queriendo ser sacramento junto a tu persona, hemos venido a celebrar esta comida sagrada –de la que tú has sido comensal tantas veces- comida de despedida, poniendo tu persona en el altar de Dios, en la patena de la ofrenda y en el cáliz de la vida cumplida y merecida. Hemos escuchado la Palabra de Dios buscando consuelo y serenidad, sabiendo que tú, Padre del Cielo,  acoges a los cansados y agobiados que desean tu descanso. Hoy queremos sentir que Juan ya ha entrado en tu gloria y tiene la vida que no se marchita, pero también queremos tu consuelo, tu fuego de esperanza, para vivir este momento con la luz y el color de los cielos y atardeceres que Juan contemplaba y recreaba pintándolos con sus manos y su corazón.

Necesitamos hacer lectura creyente, Señor, de tu historia con él, imaginar y creer en el encuentro definitivo que  nuestro hermano ya ha tenido contigo. Y nos sirve para ello, la palabra de la vida. Tú has puesto ante él vida y muerte, luz y oscuridad,  y él ha querido ser fiel  a su conciencia y vivir con el deseo de lo auténtico, aun en medio de su debilidad. Hoy tú lo habrás recibido con la ternura de Padre y nosotros escuchamos el eco de tu abrazo en el corazón de nuestra fe:

“El encuentro del Padre Dios y este hijo querido”

Oración:

–          Juan querido, hijo mío,  no tengas miedo, vienes entrando a la luz en el corazón de mi hijo crucificado, el ha estado contigo, abrazado a ti y a los tuyos en tu enfermedad, y ahora te acompaña, con la gracia de resucitado, para que tú tengas la alegría y la vida consumada. La paz sea contigo, mi paz, la que mi amor quiere regalarte, la que tú has buscado siempre en el interior de tu conciencia.

” Puesto que has sido fiel en lo poco, pasa a la fiesta y a la mesa de mi reino”:

 

  • Porque en medio de los tuyos, de tus padres, hermano, familia, desde lo sencillo de la vida, supiste recibir una educación y te abriste a la honradez y al deseo de lo bueno y de lo justo. Bendito seas, porque entendiste el mandato “honrarás a tu padre y a tu madre”.
  •  Porque hiciste de tu profesión un lugar de entrega y  fecundidad, fuiste maestro siendo servidor de los niños y niñas que te necesitaban, quisiste no llenarlos de conocimientos, sino prender en ellos el fuego de la vida, el deseo de aprender, el valor de sus capacidades y habilidades. Comprendiste mi invitación: “no he venido a ser servido sino a servir”.
  • Porque entendiste el amor de esposos como lugar unificación, supiste vivir la clave de aquella que era carne de tu carne y huesos de tus huesos, con un solo corazón y un solo alma. De la que siempre quisiste sentirte necesitado y a la que siempre quisiste coronarla como mujer fiel, hacendosa, que enriquece a todos los de su casa. Con Rosa has vivido el misterio más grande: “amaos como yo os he amado”.
  •  Porque escogiste ser padre en la tensión del cuidado de la protección y el ejercicio de respetar y generar libertad, de alegrarte de sus alegrías y abrazarlos en sus debilidades, de exigirles con ternura para que crecieran y de felicitarles por todo lo que era superación y bien-ser. Supiste hacer siempre el papel del Padre bueno en la parábola de tus hijos, con el mayor y el menor.
  • Porque no fuiste teórico de la amistad sino espacio abierto y compartido, espacio de fraternidad, casa abierta, mano generosa, respeto fecundo, y fiel en el respeto a la singularidad de cada uno. Ellos seguirán amando y cuidando a la amiga enamorada  que dejas en el mundo. En la amistad supiste vivir “la paz que yo os dejé y os di”
  • Y ahora entra en el paraíso y sigue creando todo lo bello y trascendente que ya imaginabas en tus pinceles, crea conmigo  y ayúdame a seguir coloreando el mundo con el arcoíris de lo bueno y lo justo. Con el salmista, en todos tus cuadros, supiste orar: “Grandes son tus obras Señor”.
  •  Me buscabas en tu vida, nos encontrábamos, pero no era suficiente, hoy ya estás conmigo, todo lo mío es tuyo, ahora todo será luz, vida, gracia, alegría, fuerza…  y tendrás la gracia del ángel y toda su alegría para seguir acompañando en la comunión de los santos a todos lo que quieres, porque el cielo no limita sino que abre y fecunda con un amor nuevo y eterno, y ahora te lo doy con mi abrazo. Cuántas veces he oído en tu corazón: “tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro…ahora ya todo es claridad y Tabor”.
  •  Puse ante ti fuego y agua,  y tú quisiste arder sin apagar nunca el amor, puse ante ti vida y muerte, y tu , aun sintiendo la muerte, seguiste siempre eligiendo la vida, puse ante ti luz y oscuridad, y tú hasta en los momentos más oscuros agradeciste los pequeños rayos de los que te acompañaban y te amaban. Bendito seas Juan y todos los que te abrazan y despiden en mi mesa y en el pan de la esperanza y de la vida eterna. “Ven y entra en mi descanso”
  • En la vida recibiste el ciento por uno, te quisieron muchos, y ahora tendrás la vida eterna, porque yo te amo y soy tu padre para siempre.
  • Y a todos los que sentís su partida os bendigo con la esperanza, este Juan que ahora habéis visto irse en la mayor de las debilidades, rodeado de vuestro amor, lo volveréis a encontrar glorioso y feliz, en el reino de la vida. El os estará aguardando y os ayudará a dar el paso que hoy ya ha culminado. Desde esta orilla será para vosotros: vuestro hijo, esposo, padre, amigo, maestro y, sobre todo, artista del amor y del esperanza. Confiad en mí y elegid la vida.

 

 

 

 

 

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.