Hoy

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Ganarse los garbanzos ( Pésame al arzobispo de Mérida-Badajoz)
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José Moreno Losada | 06-09-2016 | 19:31| 0
Ha muerto Elías Morga, el padre de nuestro arzobispo Celso.
Ayer hablaba con Don Celso, nuestro arzbobispo, y gran parte de la conversación fue en torno a sus padres y la situación de ultimidad que ya estaban viviendo, algo que le preocupaba  por los cuidados que necesitaban y la entrega de sus hermanas. Hoy me comunican que ha muerto su padre, ya casi centenario, al enterarme he buscado esta reflexión que hice hace un tiempo sobre la figura de mi padre y lo que nos enseñaron, los  niños y adolescentes de la postguerra, los que jugaron poco y se hicieron adultos muy pronto con la austeridad y el esfuerzo. El Padre de Don Celso pertenece a esa generación que dió  la vida y que hicieron de nuestro crecimiento su gloria y su orgulo. Uniéndome a sus sentimientos e invitando a la oración por su persona y por toda su familia, esposa, hijos, nuestro pastor. Bendecimos a Dios por la sencillez con la que nos trata nuestro pastor, sabiendo que seguro que hunde sus raíces en las entrañas paternas, en aquel que partía el pan en su casa y lo repartía a todos, siendo él el último en coger su bocado. Que Dios lo tenga en la gloria. Ellos son de un pueblecito de la Rioja, donde han estado acompañados este verano por Don Celso, y alguna temporada pasaron aquí en la casa del hijo cuando llegó a la diócesis. Algo nuestro va con él al cielo.

Ganarse los garbanzos

JESÚS decía a los apóstoles que había cosas que sólo las entenderían más tarde, quizá cuando ya Él no estuviera. Algo así pensaba yo, hoy, al ver mi plato de garbanzos, con su carne, tocino y chorizo, junto a una copa de buen vino, acordándome sobre todo de mi padre Gabriel.

Garbanzo, todos los días

Recuerdo cómo en mi infancia la comida de mediodía me resultaba monótona y poco apetecible. Llegar a casa y preguntar qué íbamos a comer era todo una, aunque la comida diaria eran los garbanzos, eso sí, con sus buenos aderezos para ser comida y plato único y completo. A mi madre le molestaba la pregunta, siempre respondía que había que comer lo que estaba en la olla y dar gracias, pero para mí descubrir que un día no era el mismo menú se convertía en motivo de alegría y gozo, tocaba hasta las palmas. Por otra parte me costaba comerlos y tonteaba, engañándolos con cebolla, tomate, lechuga. y haciendo mohines. Intentando liberarme y comer los menos posibles, y buscar algún complemento más gustoso a hurtadillas, de lo cual después incluso me confesaba provocando la sonrisa del confesor.

¿No quieres garbanzos…?

Un día, sentados todos a la mesa, junto a mi padre, un mediodía de verano riguroso -era cuando me costaba más aún tragarlos- empecé con el tonteo y exasperé a mi padre, que era muy paciente con nosotros, hasta el punto de que me puso el plato de los garbanzos en la cabeza y cayó al suelo haciéndose trizas, a la vez que me decía: «no quieres garbanzos, pues toma garbanzos». Después logré alcanzar a entender algunas cosas de la vida sencilla que justificaban perfectamente esa acción de corrección paterna, la lógica de la vida y del esfuerzo del trabajo duro. «Ganarse los garbanzos» era la expresión corriente para referirse a la lucha de la vida, de los padres especialmente en el mundo rural, saliendo a trabajar para que no faltaran en la mesa de cada día, como el pan. Mi padre era quien partía también el pan y lo repartía entre todos en la mesa, para coger él su trozo el último, como rito y símbolo de quién era el que se esforzaba y se hacía el último para que ninguno de nosotros pasara necesidad.

Irse a buscar los garbanzos para lo suyos

En aquella época veíamos salir cada año, tras las vacaciones de navidad, centenares de hombres de mi pueblo, en autobuses camino de Alemania. La crisis les obligaba en los sesenta a irse a más de mil kilómetros a buscarse los garbanzos de su familia. Eso ocurría cuando ya no había trabajo en el campo para todos, la maquinaria los había sustituido y había que salir fuera para seguir comiendo. Hasta entonces muchos de ellos se ganaban sus garbanzos incluso segándolos. Cuántas veces mi padre se levantaba a las dos o las tres de la mañana para coger su bicicleta e irse al lugar lejano donde iban a segarlos en la claridad del amanecer, para poder librarse de las horas más duras del sol insoportable del verano. Probablemente aquel día ya estuviera en la mesa con nosotros para comer, porque la noche antes se habría levantado en la madrugada para hacer ese oficio. Como para querer aguantar mis mimos de selección de comida y de desprecio de esos garbanzos por los que él no había apenas dormido, había sudado y sufrido esforzándose a más no poder.

Los garbanzos del Seminario

Después vino el Seminario a mis once años, donde ya era más difícil escaparse, y uno hacía el juego que podía, ponía pocos y movía la masa para que el plato pareciera más lleno ante la vigilancia de los que hacían de formadores y educadores, hasta que poco a poco la conciencia fue trabajando aquello de capricho, deseo y necesidad, y comencé a entender que lo de los garbanzos había que comerlos por necesidad dejando a un lado los caprichos. Entendí que en los garbanzos iba mucha vida de mucha gente.

El plato exquisito de hoy

Hoy llegué a casa y Milagros -persona que me sigue cuidando y ayudando en casa- me explicaba que había hecho caldo para guardarme y de paso unos garbanzos con todos sus aderezos. Curiosamente me dio alegría. Preparé mantel y mesa, coloqué todos los utensilios, oré recordando a mis padres, me sonreí pensando que me estarían viendo, y hasta hice foto para enviarla a mis hermanos que sé que se ríen con estas anécdotas vividas en mi familia de los garbanzos y mi ‘pobre’ infancia. También es verdad que hoy este plato bien cocinado es más deseo y excepción que obligación forzada y diaria. Pero estamos en crisis y parece que vamos a tener que volver a profundizar en aquello de «ganarse los garbanzos», ya sea en Alemania o sudando por estos lares.

El respeto y la lucha para ganarse hoy esos garbanzos

Por eso cada día le tengo más respeto a eso de ganarse los garbanzos, la lucha de cada familia desde la mañana para que no falte lo necesario en la mesa. Me resisto a aceptar un mundo, una sociedad, un mercado, donde se dificulte que cada uno pueda ganarse sus garbanzos, su pan de cada día. Tenemos que luchar para que esto no siga siendo así, si hace falta rompiendo el plato de los garbanzos en los corazones y cabezas de aquellos que en lugar de facilitar el camino para conseguirlos, ponen obstáculos y lo impiden desde su riqueza, indiferencia, poder y/o corrupción. Tenemos que hacerlo porque nos lo exige el Padre que parte el pan y quiere repartirlo para toda la humanidad, porque es toda la humanidad la que con su grito y su dolor cada día le dice: «Danos el pan nuestro de cada día», ese pan que, hoy yo, con esta imagen de recuerdo de mi infancia al ver el plato de cocido sobre mi mesa he traducido por: «ayúdanos a ganarnos los garbanzos de la vida y la familia».

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Cuestión de confianza???
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José Moreno Losada | 01-09-2016 | 11:23| 0

Politica y desconfianza

Ayer  se repetía en el congreso, una y mil veces, que se trataba de una cuestión de confianza lo que allí se estaba cociendo. El clima no sé si era de confianza real  o de desconfianzas mutuas, para seguir aumentándolas..

El ser humano vive por y desde la confianza, no hay otro modo de hacerlo. Somos fruto y semilla de la confianza, en medio de la debilidad. Cada día somos y vivimos desde el confiar mutuo: en la familia,  el trabajo, la educación, el tráfico,  la alimentación,  las conversaciones,  el juego,  la diversión,  el viajar, la salud, la administración… También en lo común, en lo público y necesariamente en la política. Esta política que nos trae de cabeza es un “desgobierno” producto de una total desconfianza.

Paula, su primer dia de “guarde”

Esta mañana me llega la foto, por el watsap familiar –tan pesado como entrañable- , que nuestra niña más pequeña, Paula, va por primera vez a su guardería. Ni que decir tiene que es la más bella del mundo para todos nosotros y que lleva una alegría desmesurada para que no nos entristezcamos al ver que se va a quedar en un medio totalmente nuevo, todavía no se dará cuenta de que su madre se irá y ella quedará allí en otras manos, aunque seguro que lo sentirá. Al ver la foto y pararme en los sentimientos que me provoca me surge la cuestión de la confianza. No podemos vivir sin ella, mis sobrinos, tras haber auscultado las posibles guarderías, han tenido que optar por una y  confiar en ella. Le dejan hoy en sus manos su bien más preciado, por el que darían la vida. No dan a su hija, pero la depositan en la confianza del bien interno de esa institución y de los profesionales que la van a tratar. Ya lo tuvieron que hacer cuando en el seno materno, con el cuidado de profesionales, en reposo absoluto su madre la esperó con paciencia y amor. No podemos ser sin la confianza, la necesitamos para todo.

La confianza, la cuestión de lo humano

La cuestión es de dónde viene y a dónde nos lleva la confianza. Puede haber desconfianzas que vienen del “pecado”, personal y social, como ocurrió con Adán y Eva en el paraíso, cuando todos querían jugar a ser dioses por ellos mismos y  como consecuencia, se acusaron uno al otro en aquello que era iguales, donde estaban llamados a ser humanos y hermanos hicieron un foso de separación y división. También puede ser por envidia y competitividad en el deseo de ser los mejores o tener más que los demás, lo que llevó a Caín y Abel a una violencia destructiva,  haciendo de aquello que podría haberles llevado a la justicia y a la igualdad, en la alabanza del bienestar, un herramienta mortal. Desde allí viene la carrera de armamentos, de la que ayer no se habló,  que a veces trabaja con balas y otras con palabras duras de juicios severos y mortales, la del faraón en Egipto, esclavizando hasta axfisiar. Pero sobre todo puede venir de la ceguera solipsista, de los individualismos que no tienen corazón para entrar en el dolor y en el deseo de la dignidad de los humanos.  La ceguera que impide determinar cuáles son los sufrimientos, los problemas más graves, sus causas y consecuencias, y el posible modo de intervenir para sanar, ordenar, administrar y potenciar la realidad de un modo fraternal y humano. Es verdad que se hicieron referencias, muy pocas, a los pobres y sufrientes de nuestra sociedad, que no son pocos. Pero desde dónde se hicieron  y con qué intención.  A los grandes problemas del mundo laboral, educativo, de inmigración, sanidad… No dialogaron sobre ello, no presentaron sus ideales, ni convicciones, no hicieron análisis de las causas y sus consecuencias. Y así no pueden generar confianza, la que necesita una sociedad que ha de tener referentes e ideales de altura, para educar en la dignidad y la justicia. Convicciones profundas que provoquen adhesión e ilusión de compromiso y acción en la ciudadanía, que desarrollen la dimensión social y política de los ciudadanos.

Necesitamos recuperar la confianza política

Ayer, hoy y mañana, parece ser  que no buscarán caminos de solución para los que están pasando mal momento, o para el bien común. Se hablará de estrategias, aguante, turnos, para ver quién puede más o menos, o sea  un maremágnum que seguirá mermando en nuestra confianza política. Confianza que es la básica para la polis, para el bien común, para lo digno y lo humano. Nada nos hace más falta que la confianza política en la organización de lo público.

No hay duda de que nuestra sociedad, y sus políticos, necesitamos una conversión profunda de confianza y compromiso por lo humano. Ahora, en este país,  es un momento oportuno y sería una pena dejarlo de la mano, al arbitrio de veleidades y protagonismos individuales y partidistas, alejados del sentir común del pueblo, sin ser capaces de construir un horizonte esperanzador y plural. No hay alternativa, o tomamos las riendas  para un buen rumbo de nueva ciudadanía, o será una piedra de fuera, empujada por el dolor y la rabia,  la que venga a romper el imperio construido sobre bases de barro, y  entonces veremos confundido todo el oro, con la plata, el hierro y la miseria del barro en un desorden de un mundo ciego que no sabe de dónde viene ni a donde va. Son muchos los que están ya bajo las ruedas de ese carro que destruye, como en la visión  imperial del Nabucodonosor, cuando el profeta de lo sencillo, le avisaba del futuro de un imperio ciego que se autodestruye.

Volvamos a las convicciones, por Paula, por lo humano.

Aquí, ahora, ha surgido un pequeño profeta, anciano… como suelen ser los profetas  más verdaderos, el Papa Francisco –hay muchos más- que nos está invitando a convertirnos para llegar a la confianza de lo humano, como principio de vida y supervivencia de lo digno y lo justo para todos. La llamada está, el peligro acecha, los sufridos aguantan, y cada uno hemos de seguir confiando, porque nos va la vida en ello. Recuperar y devolver la confianza es asunto de todos, y también de nuestros políticos.Paula está en las manos de los profesionales de una guardería, todos estamos en las manos de todos. Nadie puede tirar la primera piedra, pero todos podemos poner una piedra  para cimentar la confianza en la vida de lo diario, de lo común y lo público. Ahora ha de ser el tiempo de la confianza, que habrá de tener como base la compasión y la misericordia para lo más humano y sufrido. Hoy en  Paula, veo la humanidad, y en nuestras manos, su guardería, en los políticos sus cuidadores, hagamos feliz a Paula, para que se realice y crezca en  todas sus dimensiones, y el camino de lo social y lo público que comienza hoy en su guardería sea un lugar verdadero de lo humano y lo justo.

N.B.: Su primer día mágnifico, ella espectacular muy de relaciones y disfrute, sus cuidadores muy dignos de confianza.

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El sacerdote y su biblioteca, al morir…
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José Moreno Losada | 30-08-2016 | 10:14| 0

Desde la biblioteca de un sacerdote fallecido

He pasado la tarde en conversación con el familiar de un sacerdote en la vivienda en la que permaneció hasta su muerte, que le llegó cuando se acercaba a los noventa años. Hace tiempo que alguien allegado me habló de que tenía entre sus enseres objetos y útiles litúrgicos que podrían servir en algún lugar, yo los recogí y los llevé hasta uno de los lugares en los que él había celebrado la eucaristía bastantes veces. Allí se han recuperado  sus  purificadores, corporales, alba, estolas, así como algún copón y hostiario, a manos de una buena mujer de esas que dan vida en las sacristías llenando de blancura y limpieza lo que sirve al altar. Poco después me llama el familiar que lo cuidó hasta el final y me dice que vaya para ver qué hacen con su biblioteca personal y sencilla de sacerdote, una vez que ellos se han apropiado de aquellos libros de interés personal en función de sus aficiones. Yo quedo con esta persona y allí he estado esta tarde, en la casa que fue de este compañero.

El duelo y lo entrañable de los libros

Primero ha sido una elaboración de duelo y consuelo del familiar que le acompañó en los  últimos años, haciéndose cargo de su realidad, y así facilitó algo que a él le hundía como persona cuando enfermó, como era tener que ultimar su vida en el asilo, ha muerto en su casa, en su cama, con una calidad de vida muy buena hasta momentos antes de expirar gracias a Dios y a este familiar. Después hemos pasado a su despacho, allí unas estanterías sencillas llenas de sus libros. Algunos enciclopédicos, sin siquiera estar abiertos, otros de uso  diario como sus  libros de la liturgia de las horas, los leccionarios. Un buen cuerpo de aquellos que tienen que ver con sus estudios de derecho canónico y otros de teología y moral, así como aquellos de espiritualidad sencilla. Y de notar aquellos que fueron de su infancia, como la gramática de latín. Me invita a escoger alguno de recuerdo para mí y elijo aquellos que yo tenía y que perdí, a los que le tengo afecto. Una edición bilingüe del Concilio  Vaticano II de la BAC normal,  otro sobre el cristianismo de De Lubac,  las “Entrañas del Cristianismo” de Olegario González de Cardedal, y otro muy sencillo, pero propio  de la espiritualidad de nuestra juventud cristiana, de Michel Quoist que llevaba por título “Oraciones para rezar por la calle”, símbolo de una espiritualidad secular, que unía vida y oración, calle y Dios. Recomiendo que todo lo demás pueda llevarse a la biblioteca del Seminario para ver que es de provecho para ella, y lo aceptan con alegría, también el Seminario fue parte importante de la vida de este sacerdote.

Orando desde el silencio de una biblioteca desalmada

Ahora llego a mi casa, entro en mi pobre biblioteca para colocar estos regalos sacramentales del compañero ya glorificado, y pienso que un día harán lo mismo con ella, y hojeando el libro de Quoist, orar desde la calle y la vida,  me sale una oración sencilla que comparto desde los sentimientos al ir viendo y seleccionando sus libros:

“Padre, en esta tarde te he visto en el silencio de la ausencia, en los libros callados de una biblioteca sencilla de un cura, de un hombre que, tocado por ti, quiso llevar tu luz a los hombres, con sus riquezas y sus pobrezas personales. Ahora la estancia, con sus estanterías y sus libros, estaba muy callada, no triste, pero si aletargada, deseando salir de ese espacio que ya tiene otro horizonte y otro sentido. Según he ido viendo los libros y tocándolos, sentía y reconocía la vida de este compañero y pensaba en sus sentimientos, en sus oraciones, en sus alegrías y tristezas, en sus saberes y estudios, en sus gustos y hobbies, en su soledad y en su compañía. Te doy la gracias porque sé que no ha estado solo en ningún momento en la última etapa de su vida cuando era dependiente, que lo que era su miedo fue vencido con el cuidado y la ternura de un ser querido que optó por él y se entregó. Te doy gracias por esta persona, este familiar, que estuvo a punto en el momento oportuno, y que supo hacer hogar y acogida, lo que se presentaba con dolor, soledad y hundimiento.

Te ruego por él para que esté ya gozando en el cielo con tu presencia y tu amistad, y te pido por los que andamos todavía en el ejercicio ministerial, los que andamos con una pequeña biblioteca todavía viva y esperanzada, ayúdanos a saber que estamos llamados a la humildad del que está de paso, del que pone toda su confianza en ti, sabiendo que  tú nunca lo vas a  abandonar. Que no perdamos nuestro tiempo ni nuestras fuerzas en aquellos que la polilla y la carcoma corroe, que nuestra sabiduría tenga fondo. Que sepamos irnos, ligeros de equipaje, para encontrarte con libertad, no dejes que nos atemos a nada, que nada nos impida ser tuyos y de los demás, y que todo lo que seamos y hagamos sea transversalizado y transfigurado por tu gracia y tu ternura.  Agradezco la conversación larga y tendida con la persona que lo cuidó y lo tocó queriendo ser fiel a sus necesidades y que supo llevar con gracia y paciencia su enfermedad y sus debilidades, dale  Señor el ciento por uno, alégrale su vida, dale la paz y la serenidad del deber amoroso cumplido. Y a todos nosotros, los compañeros del presbiterio,  ayúdanos a ser agradecidos y contemplativos con todas las  personas que, en nuestra soledad y debilidad sacerdotal, se acercan con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza para animarnos y acompañarnos como madres, hermanos y hermanas. Y mi último ruego pedigueño, que el día que tu me llames definitivamente, algún alma sencilla al tocar mis libros eleve una pequeña oración desde ellos hacía tí, para que yo te abrace   mientras la escuchas”.

José Moreno Losada. Sacerdote.

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El corazón de un cura rural
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José Moreno Losada | 27-08-2016 | 14:22| 0

El nuevo cura de Pallares

Miguel Ángel García Encinas, al que nombramos normalmente como “Guadi” entre los compañeros, está encargado hace años de la parroquia de Monesterio, pero también ha venido atendiendo como sacerdote en Montemolín, ahora le encargan de Pallares y deja éste último. A la hora de hacer estos cambios, aunque parezcan sin importancia, los sentimientos ministeriales se interpelan y se preguntan, del cómo y por qué vamos  de una comunidad a otra y , sobre todo, con el espíritu que se desea ir. Por eso me ha parecido muy interesante esta comunicación, reflexión, lectura creyente -como le queramos llamar- de  este sacerdote ante este pueblo al que va a ir acompañar ministerialmente cuando ya hace dos décadas que comenzó su itinerario de cura de almas. Podríamos decir que es una confesión de corazón, a pie descalzo y a fe desnuda:

El sentimiento creyente del nuevo cura de Pallares

“Creo en la Iglesia”

Me situaba ante el día de hoy, ante el inicio oficial de mi servicio a  esta Parroquia de S. María Magdalena de Pallares, en estos días de tantas presentaciones y tomas de posesiones de tantos compañeros que están disponibles para la Iglesia Diocesana y su pastor, D. Celso, hasta el punto de aceptar cambios, mudanzas, nueva misión y nuevas realidades… Eso me hacía pensar en el día de hoy en mi postura y sentir ante la Iglesia, tanto la diocesana como la universal y doméstica. Y al hacerlo me reafirmo esta tarde ante vosotros sin dudarlo en la afirmación del credo: “creo en la Iglesia”. Pero no en cualquier Iglesia, Creo en ésta Iglesia concreta de Mérida- Badajoz, con tanta gente buena y tanta misión tan bien realizada; y con sus defectos y pecados, pero yo Creo en ésta Iglesia y no en la que otros quieren presentarme.
Sé que en el credo hay graduación de verdades de fe, que no es lo mismo decir creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu que en la Iglesia. La institución eclesial no es tanto objeto directo de fe, como contenido divino, cuanto del lugar desde el que creo y en el que vivo mi fe en el Dios de la vida y sin la cual no hubiera llegado a ser la persona que soy, ni tener la esperanza que tengo, ni el amor y la entrega a la que aspiro en medio de mis pecados y debilidades.

Desde lo vivido y conocido
Pero hoy al comenzar un servicio nuevo en esta comunidad de Pallares, me reafirmo en mi afecto y amor a la Iglesia, y puedo hacerlo desde los pastores que he conocido; tanto desde Don Antonio Montero, como Don Santiago, y don Celso, que  es el que me envía aquí con vosotros desde el día de hoy. Ninguna de las posibles debilidades que en ellos o en mis compañeros sacerdotes se den, van a poner en cuestión la realidad fundamental que es la comunidad eclesial como lugar en el que se gesta mi fe. Todas sus atenciones y desvelos lo son para agradecer al Padre el cuidado que nos tiene. Puedo estar en disconformidad con algunos de sus planteamientos; y deseo mostrar con claridad mis pensamientos –sabiendo que yo soy tan o más pecador que ellos- pero el ser de la Iglesia forma parte de mi ser y desde ahí lo vivo, tanto en lo bueno –que es con mucho lo más- como en lo defectuoso que tenemos que sufrir unos de otros. Sé que no debo caer en la tentación de confundir la Iglesia identificándola con uno de ellos, ni conmigo mismo y mis opciones.
Pero hoy siento que creo en la Iglesia desde el fondo de ella, desde sus entrañas enraizadas en el Padre. Y ahí veo la Iglesia de mi origen, la de mis padres  y abuelos emigrantes que dejaron su tierra querida de Granada; sencillos y callados en el sufrimiento y fuertes en la lucha por nosotros y en el sentido de la vida ganado día a día en medio de esfuerzos  garantizados en la confianza en el Señor.

Desde la propia historia personal

Ahí está la iglesia de mi barrio en la que me crié, las comunidades en las que he servido y trabajado en estos 20 años de sacerdocio; su gente, sus devociones, sus catequesis, sus rezos, sus fiestas, sus alegrías, sus dolores. La iglesia que me llevó al seminario siendo un joven de 18 años , creyendo en mí, confiando en mí, cuando solo era un muchacho desorientado ante la vida y la fe. Creo en la  Iglesia desde esa vivencia de Seminario, de compañeros, de formadores, de profesores, de actividades veraniegas…tanto y tantos han conformado mi existencia y  mi personalidad que  no sería la persona que soy sin toda esa vida eclesial regalada. Creo en la Iglesia desde mi sacerdocio, a veces tibio, vivido en Los Santos de Maimona, Azuaga y Malcocinado, Badajoz con su seminario diocesano, Fregenal de la Sierra y Bodonal de la Sierra, Monesterio y Montemolín donde tanto aprendo y seguiré aprendiendo en estos últimos años… hilos, hilvanes de una historia impagable de vivencias con el pueblo, la gente. Y en concreto desde unos cristianos y cristianas que me han llevado en volandas, para que vuele más y para que corrija mejor mis defectos, aceptándolos y entendiendo que no hay mayor  perfección que la compasión integral para nosotros mismos y para los demás.

El deseo de  una Iglesia encarnada y abierta…
Creo en la Iglesia que nos pide e interpela para que miremos juntos el momento actual, y que ahora nos recuerda constantemente –más desde el Papa Francisco- que volvamos a Jesús y miremos con ojos de justicia y caridad a los hermanos, especialmente a los que sufren y viven en el dolor y la pobreza.
Por eso hoy vengo con ganas y alegría a esta comunidad de Pallares, con el deseo de regenerarme eclesialmente, de ver en positivo esta realidad del Espíritu que nos pide renovación interna y profunda a nuestra iglesia diocesana. Vengo con el deseo de ser nuevo, de convertirme, de volver al amor primero, de recuperar el rostro genuino de esta Iglesia que debe ser continuidad de la encarnación del Hijo para que todo hombre se pueda encontrar con el evangelio de Jesucristo. Hoy pido por mis obispos, Antonio, Santiago y Celso, pero sobre todo pediré que el Señor me saque de mis tibiezas eclesiales, de mis amores e inquietudes olvidadas o gastadas, de mis incoherencias y dobleces, de mis dudas institucionales, que me lleve a una fidelidad renovada y creativa. Rezo para que este momento eclesial no sea para destruir sino para convertirnos y construir la Iglesia de la fe, la que ilumina y  transforma con un corazón lleno de los sentimientos de Cristo, sin ahogarse en la institucionalización que paraliza.
Y me acerco a vosotros con la misma disponibilidad y cercanía que siempre me han caracterizado como persona y pastor. Desde hoy me pongo a vuestra disposición y espero que vayamos conociéndonos como personas y cristianos, compartiendo juntos la alegría del Evangelio de Jesús.
Muchas gracias a todos.

Miguel Angel García Encinas.

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La vida, nos trae y nos lleva
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José Moreno Losada | 23-08-2016 | 13:36| 0

“No hay vuelta, la vida  nos trae y nos lleva”

(Volver a la casa y al pueblo)

Volver sentidos y entregados

Amalgama de sentimientos confundidos, sin control. Aparentemente normalización, alegría, buenas presencias y palabras amables y de cariño… pero el frío interior corta el ánimo, la ausencia se hace grito de la presencia que duele, el vacío no sólo está hueco sino caído, y no sabes cómo sentirlo, mucho menos cómo decirlo y compartirlo. Nos hemos subido al coche para volver, hemos salido de Granja de Torrehermosa, íbamos ya por Azuaga, el silencio era total, pero ninguno de los tres  hermanos estábamos callados en nuestro interior, todos musitando, sintiendo, elaborando, controlando, evaluando, repasando. Al menos yo,  detalle por detalle, palabra por palabra, gesto por gesto, persona por persona, mirada por mirada, lleno el corazón y soledad sentida. Al ir, íbamos entre bromas y risas, al volver venimos sentidos, vencidos y entregados, porque volver no es volver sino aceptar lo que va dejando de ser.

Hoy el deseo vital hubiera sido detener las olas de nuestra historia, para que no sigan yendo y viniendo para que de una vez se estén quietas, pero la realidad no lo permite. Puedes volver al recuerdo, pero no detener el futuro que se te viene y se te impone aunque no quieras en su marcha permanente: la casa habitada por el silencio, fotografías de momentos detenidos sólo con el alma pero ya acabados y ultimados, deseo de restablecerlo todo, de obrarlo de nuevo,  para que siga siendo igual, cuando ya no puede ser, ya no cabe, esa ola se fue y aunque estemos de fondo, yendo y viniendo nosotros, ellos ya no están y otros se están yendo por el mismo camino y la misma debilidad.

Los  que quedan de ella

Hemos ido a los de cerca, a los hermanos de la madre, para encontrar lo mismo, la ola sigue, y ahora sin suavidad, ya tocando bordes de ellos, dando olvidos, delgadez, lágrimas de presente y de amor sincero pero en el olvido de nombres, de relaciones y referencias. Disimulamos y mostramos que todo sigue igual pero el mayor ya está en el borde, ya no borda solo pinta, y toca acariciarlo y dejar que nos toque los pies  en la orilla de la vida, con el vaivén de  su debilidad olvidada y con su yo. Ese yo que pide ser reconocido, cuando él mismo comienza a dejar de conocerse en lo más entrañable y en lo  más querido, aunque guarda con corazón la foto vieja de sus padres como algo de actualidad sin ocaso.

La nacencia

Nos hemos detenido en la calle, en la puerta de la casa en la que nacimos, aprendimos a andar y amar, a jugar y a reír, a llorar y caernos, hemos querido volver a  la infancia. La hemos abrazado entrando en casa de los vecinos, para oler a los nuestros que se fueron. Los hemos vistos cariñosos, han caído lágrimas, nos han besado como padres, nos han aliviado en emoción,  pero también ya están en su borde. Nos hemos  emocionado con sus hijas, nos hemos reído con el recuerdo, pero ya acabado y consumado, sólo dispuesto para pasarlo por el corazón. Nos hemos dicho que estábamos muy bien, los que ayer fuimos niños de una misma edad, pero metidos debajo de la ola que sigue yendo y viniendo, gastando la piedra y la concha del vivir y del querer en todos, aunque en cada uno a su manera.

La ola de la vida es imparable

Hoy, hemos vuelto al pueblo, hemos entrado en la casa, hemos besado a los que quedan, nos hemos parado en la nacencia, pero  íbamos riendo como quien puede  parar la ola del ayer, y ha sido  ella  la que ha jugado con nosotros y nos ha quedado atrás, confirmando que el pasado, pasado está, y el presente corre con otras olas que traen un futuro rápido. Vaivenes que siguen quedando rotos en el volver de la ola, en la vida convertida en la  arena de los que queremos. De ellos, los que nos siguen enseñando y presagiando que de las olas, del vaivén de la vida, sólo queda el sentimiento y el amor de ese toque que, aunque no podemos detenerlo al ir y al volver, en su tensión  va llenando la vida en aquello mismo que la va vaciando. Somos ir y venir, ellos se fueron,  ahora otros  están en los bordes de la ola y no podemos detenerlos ni en su soledad, ni en sus olvidos, ni en su delgadez o sordera, y nosotros ya lo sabemos por haber caminado con los nuestros.

Tenemos la señal de la vida: saber vivir, saber morir

Volvemos en silencio contemplativo, el silencio que nos da  el tener la señal de la vida. Sentimos que  ya ha pasado nuestro momento de crecimiento y ahora nos toca abrirnos para ir bajando en ternura y suavidad el tramo de lo más querido y más necesitado de nuestra propia historia y nuestro propio yo. Ya es hora de volver a reencontrarnos, recordarnos, unirnos y disponernos para entregarnos en la orilla de la vida, porque no hay vuelta, sólo nos queda la esperanza de  que haya otra orilla y allí nos reencontremos de una vez para siempre en un mar en calma divina y serena, abrazados eternamente a los que quisimos. Ahora, con nuestro cariño nos toca ser sombra de ternura y generosidad para que otros  puedan crecer.

José Moreno Losada

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“Adiós orante al abuelo centenario”
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José Moreno Losada | 17-08-2016 | 13:17| 0

Vivir y morir  con dignidad

 

Morir en paz

Hace dos días  Jesús me llamaba y me comunicaba que el abuelo Paco ya estaba en las últimas, requería mi presencia para orar con ellos en esta despedida tan entrañable y sentida.  Recibió la unción y  yo conectaba con los amigos y conocidos del facebook para pedir su oración de acompañamiento a Paco, el abuelo de Jesús Sánchez, que estaba en sus últimos momentos:“En el día de la Asunción, oración sacramental sencilla, entrañable, humana, filial, agradecida, pacífica , de consuelo y alivio, de despedida para la eternidad. Francisco Sánchez -98años-  ha recibido la unción de enfermos rodeado de sus hijos que, aunados en sus manos entregadas y vencidas, han rezado el Padre nuestro en su nombre con un corazón lleno de vida y esperanza en sus últimos latidos. Oremos con esta familia de Francisco, en estos momentos, cuando está dando sus pasos últimos hacia el Padre.”

La Palabra y la vida

Pocas horas después, rodeado de sus tres hijos y nueras, expiraba. Yo recibía la llamada de Jesús que me comunicaba que el abuelo, con la paz de la unción, ya se había despedido para siempre y había pasado a la otra orilla de la vida, en el mismo día en que celebrábamos la asunción de la Virgen en cuerpo y alma a los cielos.  Al día siguiente nos encontrábamos en el tanatorio para preparar con sencillez el rito de solemne  despedida en el entierro  del padre y del abuelo querido. Me tocaba recabar sentimientos y vida, algunos ya conocidos, de sus seres más queridos, para hacer lectura creyente, a la luz de los textos bíblicos apropiados. Conversamos entre lágrimas, anécdotas y también sus risas, la vida mezcla todo y todo es  y tiene vida. Los textos propuestos por Jesús, su nieto,  hacían referencia a elementos fundamentales: Evangelio lucano, “un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre…en la debilidad Dios nos da su señal más fuerte y grandiosa”, así habían sido los últimos años de Paco, desde que quedó ciego y, más tarde, paralítico, donde sólo la grúa y el corazón de los que le rodeaban lo habían movido para que nunca tuviera ni la más mínima escara. El salmo de la vida familiar y cotidiana como prenda de la bendición de Dios: “Tu mujer como parra fecunda, tus hijos como renuevos de olivos, comerás del fruto de tu trabajo, te irá bien…”, un siglo de salmo cumplido. Y en el horizonte la verdad del Apocalipsis, como horizonte y sueño de lo amado, porque “ya no habrá llanto, ni luto, ni dolor… ni ceguera, ni parálisis…”. Su hija Pilar fue la voz para proclamar esta palabra de Dios tan cumplido en la sencillez de su padre y de su casa, la que le ha cuidado con todo su ser.

Digno en la vida y en la muerte

Las claves de la homilía, a la luz de  la palabra elegida, no tenían mucha dificultad: “Vivir y morir en la dignidad”. Un hombre que había entendido la dignidad, la había construido y la había dado a los otros: En su trabajo fue fiel y luchador infatigable, con los vecinos fue honrado, con su mujer  fue cuidadoso y lleno de ternura, con sus hijos ejerció un amor exigente y comprometido para construirlos sobre roca firme en la que pudieran asentarse otros, y con los nietos ejerció el mimo y el orgullo de la exageración, como expresaba muchas veces: “los hijos me han salido buenos, los nietos cojonudos”. La fe fue más la que compartió su esposa Sacramento, aquella de la que podía decir con orgullo: “qué monja se ha perdido la Iglesia, y que no le permitía ningún exabrupto para no ofender al Señor. Y esta dignidad que de él nacía, la ha recibido colmada, a lo largo de su existencia,  en la obediencia y el respeto de sus hijos, en la consideración de sus conciudadanos, en el cariño de su esposa, en la admiración de los nietos, pero sobre todo en el cuidado y la ternura que ha tenido en los últimos años de su vida, cuando le tocó volver a la dependencia total del niño envuelto en pañales, en un cuerpo de agotamiento entregado por toda una vida realizada y gastada en ser y en hacer junto a otros y para otros. Ahí han estado, la hija Pilar que ha hecho de la debilidad paterna su centro  y fortaleza de vida, los hijos Franciso y Juan que no la han dejado nunca sola, los nietos atentos, y como un ángel Silvia, esa cuidadora entrañable, que se ha sumado a la familia por la vía de la compasión y la misericordia ejercida con obras de lo diario, esas obras que no se pagan ni con todo el oro del mundo. Amén de los profesionales que han cuidado del bien interno de su profesión acompañando a este hombre enfermo. En Paco, no hay duda de que Dios ha sido el Dios de la dignidad y de la longevidad sostenida por el amor y el cuidado. Ahora sólo queda el consuelo del amor realizado de la vida cumplida, del sueño esperado.

Oración entrañable ante el abuelo ultimado

Por eso la celebración ha tenido un enmarque de oración gloriosa en la voz y el corazón del nieto agradecido, Jesús Sánchez, que en nombre de todos los que han querido y quieren a Paco – ahora resucitado y glorioso- se ha dirigido al Padre poniéndolo en sus manos:

“Mi abuelo ha vivido hasta el final. Señor, tú lo regalaste como criatura divina en brazos de sus padres, junto con otros seis hermanos. Vino a la vida desde tu corazón de inmensa bondad y belleza. Hoy vive en Ti, en el espacio hermoso que preparaste desde antiguo para él. En brazos nos lo trajiste, en brazos te lo entregamos, con la intuición inquieta de que de la vida, a la vida regresa.

Le despedimos en abrazo habitado, testigos de que en su vida la limitación, el cuidado y la dependencia nos ha hecho más sensibles, mejores, más abiertos al amor. Padre, te ha servido del inválido para seguir enseñándonos a amar.

Creo Señor, en la vida que no acaba. Creo que, si entre abrazos marchaste, Paco, con abrazos y sonrisas y besos te recibirán. Te estaban esperando.

Porque hoy el último de mis abuelos se reúne con su padre con su madre, con sus hermanos, con su esposa. Y con el resto de mis abuelos. Les recuerdo a los cuatro conversando mientras yo, niño, jugaba cerca. En la mañana de este agosto, la tertulia comienza de nuevo, esta vez con la siempre nueva alegría de la gloria.

Gracias Señor, por la vida que no cesa.”

 

 

José Moreno Losada

 

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Las olimpiadas y el Espíritu: en cuerpo y alma.
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José Moreno Losada | 16-08-2016 | 20:49| 0

“Correr, luchar… por una corona que no se marchita”

La grandeza de los atletlas

Llego del descanso veraniego y me dejo seducir por las imágenes plasmáticas televisivas que nos dan primeros planos, nos hacen  espectadores privilegiados de las pruebas deportivas en las olimpiadas de Brasil, algo nunca soñado. Tener este privilegio de poder vivir al detalle preciso y exacto lo que acontece allende de los mares. La belleza de las pruebas y el ejercicio de los atletas nos arrastran y nos elevan hasta en el espíritu, los mismos comentaristas  loan el trabajo, la dificultad, la superación, el dominio, la entrega, la colaboración, el equipo, la deportividad… hasta el papa Francisco se ha hecho eco de esta imagen de dominio, equilibrio, belleza, unidad, valores, etc. de los que son ejemplo para el mundo las olimpiadas y los participantes en ellas.

La riqueza del cuerpo almado y del alma encarnada

Siempre el ser humano en la comprensión de su realidad entendió que la unidad de su ser pasaba  por la riqueza del su cuerpo como expresión de su construcción personal. El cuerpo es tarea de lo humano, porque no hay humanidad sin corporeidad. Hasta el punto de que es inviable hablar del espíritu humano sino es desde su corporeidad, y no es posible hablar de su cuerpo humano sino es de su ser almado. No hay alma sin cuerpo, ni realidad de cuerpo humano sin ser almado, los dualismos dialécticos y contrarios han sido siempre enemigos de la belleza, la bondad y la unidad que el génesis proclamaba al hablar de ser humano en su estructura de cuerpo almado y de alma encarnada. Por eso, ver a jóvenes con ese dominio del cuerpo, interrelacionándose e incluso compitiendo ordenadamente, nos eleva en el alma y nos seduce. Cuántos habrán contemplado estas imágenes y habrán sentido- miles, millones-, pensado, querido, dolido, ilusionado, motivado…al  tiempo que habrán sido interpelados en sus vidas y en sus modos de tratar y vivir su corporeidad. Seguro que  la realidad que hemos contemplado en los deportistas, más allá de sus logros,  ha dinamizado pensamientos positivos y deseos de tratar y ser mejores cuerpos en nuestro ser personal.

La olimpiada del Espíritu

Del mismo modo pasaba hace un mes en Polonia, allí más de un millón de jóvenes, selección de otros muchos, expresaban el trabajo y el cuidado de su espíritu, de sus personas encarnadas y almadas. Allí se reunieron para celebrar unas jornadas de juventud donde el horizonte, la carrera y la meta era el amor y la misericordia entrañable. Un ejercicio que requiere del alma y de todo el ser para poder realizarse en verdaderas obras. El Papa iluminó aquellos juegos  del Espíritu,con palabras sabias, invitando a salir del diván de lo cómodo y lo indiferente, donde engorda y muere el espíritu, para ser protagonistas de sus vidas y aceptar el reto de hacer un mundo mejor y más cuidado, tanto en la relación con la naturaleza como con toda la humanidad. Allí también se abrían horizontes y deseos de bondad, interpelación de inquietud y compromiso para todos los que lo siguieron y contemplaron con corazón abierto. Pero todos estos encuentros luminosos requieren ser preparados y vividos en realidades mas cotidianas y permanentes para ser posibles.

Estudiantes Extremeños con Espíritu

Yo he sido testigo en esta etapa veraniega de ámbitos olímpicos de jóvenes del Espíritu – seguidores de Jesús- bien encarnados, de estudiantes con espíritu cristiano. El primero a nivel regional, en Losar de la Vera, donde una cincuentena de jóvenes de quince a treinta años, mitad de institutos y mitad universitarios, durante ocho días entraron en el  ejercicio de formación integral acerca de cuestiones de calado vital como son las modas para los adolescentes y el tema de la afectividad, la sexualidad y la pareja para los más jóvenes. Ocho días de gozo, encuentro, reflexión, oración, pero sobre todo de formación juvenil con claves directas de protagonismo y de búsqueda personal en orden a las personas que quieren ser y construir, para no hacer vidas sobre arena. Cada año vengo convertido e interpelado por estos jóvenes, sencillos y normales, que están en nuestras aulas pero que son olímpicos de un espíritu sano, abierto, inquieto. Los descubro como buscadores, creyentes, limpios, abiertos… no hay duda de que van obteniendo  y luciendo una corona que no se marchita.

Jóvenes de todo el mundo por una corona que no se marchita

La segunda parte, que no he vivido directamente, pero que la he seguido con el corazón y las imágenes, ha sido – como las olimpiadas- un encuentro internacional que se ha celebrado en Madrid, organizado por la juventud estudiante católica. Jóvenes de más de 25 países de cuatro continentes han estado una semana completa tratando cosas fundamentales del Espíritu y de lo humano. A la luz del espíritu del Papa Francisco en la “Laudato, Si”, han reflexionado juntos y compartido vivencias sobre la problemática ecológica de nuestro mundo, el cuidado de la casa, así como de la problemática de lo humano, el cuidado del hermano, la violencia y la paz. Han  participado desde un joven palestina, arriesgada y comprometida, de quince años, hasta africanos, latinos, indios… Todos movidos por el ejercicio de un espíritu de jóvenes que creen en la humanidad, en la posibilidad de un mundo nuevo, movidos por la convicción de que les habita el Espíritu de Jesús que los hace atletas de la bondad y del amor en la construcción del mundo. Espíritu que no cree en desigualdades, fronteras, separaciones, corrupciones, destrucción, que gime con dolores de parto ante una nueva creación que se avecina, que se está gestando en corazones de jóvenes como estos.

Alvaro y Carmen, atletas en cuerpo y alma.

Soy testigo de que esta preparación ha estado fundamentalmente en manos de dos jóvenes universitarios extremeños, Álvaro  Mota y Carmen Ledesma, ellos como verdaderos atletas llevan años de formación y entrenamiento, por eso se lanzaron a la organización de este encuentro internacional. Han quedado extenuados, como los buenos atletas, porque lo han dado todo para hacerlo posible, pero también sé que la corona que les habita y les encabeza no se va a marchitar porque saben dónde está su tesoro y allí están poniendo el corazón.  Son, sin duda, atletas del Espíritu. No buscan el éxito sino la corona de la vida que no se marchita y se comparte para que todos tengan más vida. Aunque todos le daríamos la medalla de oro en dobles, por aquello de que el Señor los envió de dos en dos.

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Ha muerto el cura de la UVA, el de los obreros
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José Moreno Losada | 12-08-2016 | 14:18| 0

HA MUERTO JESUS MARTÍN MENDIETA, UN APOSTOL DEL MUNDO OBRERO

Acaba de morir un sacerdote nacido en el mundo obrero y dedicado en alma vida y corazón al mismo. Ha fallecido en la residencia sacerdotal de la diócesis de Bilbao, donde fueron sus comienzos y desde donde evangelizó en Galicia, Andalucía y Extremadura, siendo el cura de la UVA durante decenios. Incansable apóstol del mundo obrero y de las barriadas pobres. Traigo a colación esta reflexión que elaboré para un material del apostolado seglar, sobre el ministerio sacerdotal y el laicado.

Hecho de vida

Suelo ir a una peluquería del barrio en el que vivo y el barbero, Paco, siempre habla de lo que sabe que interesa a sus clientes. A mí me habla del barrio, de la parroquia, de los sacerdotes, porque sabe dónde me muevo. Recuerdo que un día me comentaba el homenaje que el barrio, en el que vive gente pobre y muy sencilla, había organizado a un sacerdote que se había significado en su labor social y había muerto; yo le comenté que ese año don Jesús Martín, el cura de la «UVA», cumplía sus cincuenta años de sacerdocio, pero él me contestó que a don Jesús no le hacían homenaje porque era uno más del barrio. Me callé y muchas veces me sirve de oración en mi vida sacerdotal esta afirmación.

Es cierto, Jesús Martín es uno más del barrio, ahora tiene ochenta y siete años y vive en una residencia para sacerdotes, pero todos los días se pone en marcha en el bus urbano y se dirige a su barrio con su gente, y allí sigue celebrando la Eucaristía con el nuevo párroco. Los conoce a todos, se sabe el nombre de los que conducen autobuses, de las mujeres que salen a diario a realizar limpieza en el centro de la ciudad, te dice el nombre y el número de todos los que están en la cárcel y que son de su parroquia, la cantidad de analfabetos, de parados…; a los niños, que él mismo ha bautizado, les da caramelos, y continuamente va cargado con la edición del TÚ, hoja mensual de la HOAC, que en ocasiones él lee a los que no saben hacerlo. Ha celebrado la vida, la muerte y los sufrimientos de todos ellos y ha deseado transmitir la fe y la esperanza, les ha entregado la Palabra de vida en las catequesis y grupos de vida y les ha perdonado en nombre del Padre.

Vivió su infancia en el País Vasco, pudo ser un bandido, dice él, pero se dejó tocar por el Dios de la vida y siempre ha estado al lado de los obreros y ha buscado anunciarles y vivir con ellos el Evangelio, en su tierra, en Sevilla, en Ferrol y, por último, en la ciudad de Badajoz, en esta parroquia pobre y humilde de un barrio marginal de la ciudad.

Un consiliario apóstol de la HOAC, un sacerdote de cuerpo entero entregado con radicalidad allí donde la Iglesia lo ha llamado a trabajar por el reino entre los últimos; lo que más le satisface y le alimenta actualmente es hacer la voluntad del Padre, sin importarle mucho los resultados, y siempre se despide con su «hasta mañana en el altar».

El presbítero: ministerio que sirve y acompaña en nombre de Jesús

El barbero me contestó que a don Jesús no le hacían homenaje porque era uno más del barrio».

Palabras sencillas que nos hablan de la Iglesia como sacramento de unidad en medio de los hombres. Así es Dios, que en Jesucristo se hace compañero de la humanidad entrando más dentro de ella que ella misma (Flp 2, 6-11).
Los presbíteros, por tanto, deben presidir de forma que, buscando, no sus intereses, sino los de Jesucristo, trabajen juntamente con los fieles seglares y se porten entre ellos a imitación del Maestro, que entre los hombres «no vino a ser servido, sino a servir, y dar su vida en redención de muchos» (Mt 20, 28) (PO 9).

Mirando a Cristo

«Al cura Jesús lo que más le satisface y le alimenta actualmente —como siempre— es hacer la voluntad del Padre, sin importarle mucho los resultados, y siempre se despide con su “hasta mañana en el altar”».

Esta actitud del presbítero, de obediencia al Padre, sólo es sostenible fundamentándose en Cristo; si toda la comunidad ha de mirar a Cristo para ser signo y señal de su resurrección, los presbíteros dentro de ella «conseguirán la unidad de su vida uniéndose a Cristo en el conocimiento de la voluntad del Padre y en la entrega de sí mismos por el rebaño que se les ha confiado.
En este sentido el presbítero mirando a Cristo sabe que:

  • Es un hombre para los demás. Sus experiencias más profundas han de ser siempre accesibles a todos: «Los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1ss.).
  • Habla de Dios con las experiencias de todos sus hermanos que él hace suyas; incluso las más banales. Todo ello sin buscar gloria propia.
  • Su pasión es hacer la voluntad del Padre, que no quiere que nadie se pierda: pobres, ignorantes, pecadores…
  • Toda su actividad termina en el Padre. Los dones recibidos por el Padre han sido dados en hechos y palabras de salvación, y, ahora, enriquecidos por la acogida de los hombres, retornan al origen con ofrendas de alabanza.
  • Cristo es el único «Mediador» (1 Tm 2, 5) y el sacerdote ha de ser un intermediario para disponer los espíritus para ese gran acto de fe en la paternidad de Dios.

El presbítero en la comunidad eclesial

«Ha celebrado la vida, la muerte y los sufrimientos de todos ellos y ha deseado transmitir la fe y la esperanza, les ha entregado la Palabra de vida en las catequesis y grupos de vida y les ha perdonado en nombre del Padre…».

La identidad del presbítero como la de la comunidad eclesial es la de la «Comunión y Misión». El presbítero es testigo con la comunidad y en medio de ella y se siente llamado a que se realicen las claves fundamentales de la comunión (Hch 4, 32):

  • Todo lo tenían en común.
  • Tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús.
  • Al servicio del Reino: incorporando a los pequeños y a los pobres en la comunidad.

La misión, del mismo modo, es de la comunidad eclesial, y ahí tiene su especificidad el ministerio pastoral:

  • Salir a los caminos con las «palabras y los signos» de Jesús para anunciar la salvación en su persona.
  • La Palabra: leyendo creyentemente la vida y los acontecimientos de la historia humana.
  • Los sacramentos: celebrando la vida y las señales de la resurrección.
    • Bautizando en su nombre a los que se conviertan (Mt 28, 19).
    • «Haciendo esto en memoria suya» (cf. Lc 22, 19).

Para caminar y vivir unidos

El presbítero, discípulo del Resucitado «con» y «en medio» de la comunidad, para que él siga acompañando de modo encarnado a las personas de nuestro tiempo.

«Un presbítero diocesano, un consiliario de Acción Católica, un apóstol de la HOAC, un sacerdote de cuerpo entero entregado con radicalidad allí donde la Iglesia lo ha llamado a trabajar por el Reino entre los últimos».

La misión y la vivencia de la comunión no es fácil para nadie, todos necesitamos de todos para que se pueda realizar. Los presbíteros necesitan claramente de la ayuda de la comunidad a la que sirven para ser fieles a la misma, y esta también necesita presbíteros auténticos y originales que la ayuden a construirse en la unidad. El Concilio lo expresa con mucha claridad: «Este Sagrado Concilio, aun teniendo presente los gozos de la vida sacerdotal, no puede olvidar las dificultades en que se ven los presbíteros en las actuales circunstancias de la vida de hoy. Sabe también cuánto se transforman las condiciones económicas y sociales e incluso las costumbres humanas, y cuánto se muda el orden de valores en el aprecio de los hombres; por lo cual los ministros de la Iglesia, e incluso muchas veces los fieles cristianos, se sienten en este mundo como ajenos a él, buscando angustiosamente los medios idóneos y las palabras para poder comunicar con él. Porque los nuevos impedimentos que obstaculizan la fe, la aparente esterilidad del trabajo realizado, y la acerba soledad que sienten pueden ponerles en peligro de que decaigan sus ánimos» (PO 22).

José Moreno Losada.

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PALABRA, CORAZÓN Y MANOS
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José Moreno Losada | 10-08-2016 | 07:50| 0

DIÁLOGO INTERRELGIOSO: PALABRA, CORAZÓN Y MANOS

 

Monseñor Ayuso: ¿obispo de la curia o un apóstol para el diálogo?

En algún momento el Papa Francisco avisó de que no tenía sentido hacer obispos curiales, carrera eclesiástica. Recientemente consagró obispo a Miguel Angel Ayuso, un comboniano sevillano, que es actualmente Secretario del Pontifico Consejo Interreligioso y Viceprefecto de la comisión para las relaciones religiosas con los musulmanes. ¿Era una contradicción del papa? Creo que no.

Durante el verano tengo la suerte de pasar unos días en el seno de la casa de los franciscanos en el santuario de la Virgen de Regla. Me siento afortunado porque allí se pueden disfrutar de cosas que no tienen precio: el descanso, la luz, el mar, el silencio, el agua, los paseos… y la gente. Entre ellos un señor callado, discreto, anónimo que decían que era un monseñor de Roma.  Pero que este año lo he descubierto de un modo nuevo, al encontrarlo con la misma sencillez pero con el anillo de plata que le delata como nuevo obispo de la Iglesia católica. Eso ha dado pie a más conversación y encuentro personal.

Un apoyo y ánimo para mi trabajo en el campo del diálogo

Recuerdo cuando don Celso, arzobispo de Mérida-Badajoz, me hizo el encargo de animar la cuestión del ecumenismo y del diálogo interreligioso. Aunque había tenido contactos con este tema a nivel docente, no había realizado labor pastoral directa de calle con el mismo, ahora surgía un nuevo reto. Al buscar  información en las redes me encontré con que Miguel Ángel Ayuso, ese señor discreto de Regla que traía regalos de Roma y Jerusalén a los más desvalidos de la residencia, el tal monseñor, era una pieza clave en el dicasterio  romano dedicado al diálogo interreligioso, y especialmente en lo que se refiere a la comunidad islámica mundial. Preparado de desde el ámbito comboniano, ha estado más de veinte años entre Egipto y Sudán, ha ocupado cargos docentes sobre el mundo árabe e islámico, conocedor de lenguas, viajero incansabe… y hace unos años lo recabó Roma para trabajar, junto al Cardenal Turán, en esta labor tan urgente de la relación interreligiosa, por su conocimiento y experiencia tanto teológica, como pastoral, vivencial y dedicación de vida y alma a la causa.

Este año lo volvía a encontrar en la casa de espiritualidad de Regla, equipado con su anillo como indicación de su nueva situación ministerial. Toda la casa vivía el acontecimiento como algo propio y gozaban de esta cercanía del obispo, que seguía viviendo en la normalidad y humildad de todos los años, incluso más cercano y cariñoso, o al menos más expresivo.

Una bella conferencia sobre la misericordia y el diálogo entre las religiones

Ayer nos regaló una conferencia en el marco del claustro franciscano, al que acudieron feligreses de Chipiona, especialmente muchas personas de las que veranean en esta playa tan familiar y humanizadora, que tiene como centro el santuario de la Virgen. La comunidad franciscana, con motivo del año de la misericordia van organizando actividades de tipo espiritual y formativo acerca de esta actitud fundamental cristiana que hemos de traducir en obras. El obispo Ayuso intervino disertando sobre la “misericordia y el diálogo interreligioso”, desarrolló claves fundamentales de dicha actitud en el encuentro con otras religiones, aplicándolo a la relación personal en ámbitos culturales donde la realidad actual nos llama a convivir y a cuidar la casa común.

Claves sencillas y fundamentales

Las ideas fundamentales, partiendo de los últimos pontificados papales y subrayando el del Papa Francisco, que nos hizo llegar fueron sencillas como su persona, a la vez que de una gran profundidad y radicalidad. Expuso:

-El diálogo interreligioso es una condición urgente para la paz en el mundo, por eso es una necesidad y condición fundamental para los cristianos. Aunque no es sencillo, hemos de llegar al diálogo de la “amistad”, como el papa propone.

– La  apertura y el verdadero diálogo viene desde una identidad con una profunda formación en nuestro ser cristiano  y una buena  información de las otras religiones.

– El diálogo de la amistad  es un compromiso: Saliendo de nosotros mismos con la palabra, escuchando la palabra del otro, haciendo que las palabras se encuentren y se unan, para que puedan encontrarse los corazones, y ha de acabar con un buen apretón de manos: Palabra, corazón y manos. Así de sencillo lo expone el papa Francisco.

– El diálogo no es algo teórico es un reto para vivirlo a pie de calle,  en todas las iglesias locales y parroquiales, sólo así se evitarán los simplismos que acaban que en fundamentalismos. La comunidad internacional a través de la ley ha de acabar con el terror que nos invade, y nosotros hemos de aprovechar este momento: para conocernos, amarnos, ayudarnos y defendernos de esta plaga de terrorismo que ataca al mundo y a la humanidad. Todos los que tenemos sentimientos religiosos hemos de unirnos en la lucha para la dignidad humana y el cuidado de la casa común de la creación.

– Es también momento de orar, de conversión, para hacer la paz nuestra tarea, pedirlo desde nuestros corazones religiosos.

– Concluyendo: La cuestión del diálogo hoy tiene una importancia fundamental, el papa nos dice que el diálogo interreligoso no es otra cosa que hacernos compañeros de viaje, en nuestro peregrinar terreno, hacia la verdad. Saber ir con todos los hombres de buena voluntad que tienen sentimientos religiosos auténticos, fuera de todo descarte y exclusión indiferente,  divisoria y violenta, buscando la verdad y el reino del paraíso prometido y esperado desde la fe.

Un ministerio sencillo para dialogar a pie descalzo

De este modo Monseñor Ayuso, traía a pie de calle y de playa los discursos y el trabajo elaborado y cuidado a nivel mundial del Vaticano en su trabajo por el verdadero diálogo entre las religiones, ni que decir tiene que no es un obispo para la curia, sino que se ha elegido un apóstol para la Iglesia del diálogo que quiere caminar por la amistad, el papa cuenta con él para esta labor tan esencial hoy. Subrayo esas claves del Papa para el diálogo, que seguro que van a ser las de este obispo para su misión apostólica: Palabra, corazón y manos.

José Moreno Losada, desde el Santuario de Regla en Chipiona.

 

 

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Los hábitos sí hacen al monje…
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José Moreno Losada | 31-07-2016 | 12:13| 0

Detalles y vida

Paso a paso. A nadie nos es extraño el adagio de que “el hábito no hace al monje”, aclarando que la vocación es cuestión interna de opción fundamental, y que la procesión, también el hábito, ha de ir por dentro. Ya lo decía Jesús en el Evangelio referenciando las filacterias de los fariseos y sus vestimentas externas, de las que siguen abundando,  y volviendo como reclamo de presencia e identidad, en los ámbitos religiosos, aunque el papa se ha descargado de bastante de ellas para poder andar más ligero de equipaje y hacer un camino más real y cercano al original del maestro.

Sin embargo, los hábitos  – costumbres, acciones, gestos, sentimientos, decir, acoger…- si hacen perceptible y cognoscible un quehacer y una misión. Lo digo al hilo de anécdotas vividas personalmente en días de descanso, unas en la playa con la familia y otras en la Vera con los estudiantes.

La Homilía y el tono

Relajado y gozoso en la playa de Chipiona con mis sobrinos y su niña pequeña Paula, que no llega al año, una señora mayor, tras escuchar cómo me dirijo y le hablo a la niña, se va acercando y me pregunta: ¿eres tú o no… porque estoy oyendo y me parece la voz de la predicación de mi parroquia, pero te veo  con una niña pequeña, con bañador… en toda esta barahunda y no me lo explicaba, pero tu voz, el tono, lo que decías, me ha confirmado, al poco estaba allí con su marido para saludarnos y hablar de los nietos y de nuestro quehacer de abuelos.

La,la,la,la, la…, una identidad de gozo.

Inconfundible la letra y original, verdad? Un día en medio de las aguas marinas y sus olas, contento como un niño a quien le hacen un regalo no esperado, entro  y grito, tarareo el lalalala gozoso de tono de aleluya. Mis cercanos, se ríen y me dicen  que cómo soy tan escandalaso. Les respondo que allí no me conoce nadie y me desahogo, que tengo ganas de gritar, en tono gracioso… y desde lejos hay alguien que comienza a gritar: Pepe, Pepe… y viene nadando a toda prisa para besarme con una alegría tremenda. Es Carmen Gema, una estudiante de biología, ya graduada, de nuestros grupos que está allí con su familia.  Ha escuchado tararear a mi modo ese lalala, y me dice que es inconfundible que no me veía, pero que al escucharlo sintió inmediatamente que era yo.  Un lalalala… tan compartido en espacios juveniles y estudiantiles, y coreado a veces por todos, remedando mis bromas tontas.

La gracia de estado

Nos explicaban en el Seminario que los sacerdotes teníamos la gracia de estado. Ante preguntas prácticas de algo tan teológico, un buen sacerdote, tan grande como sencillo, don Antonio Fuentes, nos ponía un ejemplo tonto y clarificador: “Estaréis en el bar del pueblo, estará alguien borracho, ya veréis que os conozca o no, acabará hablando con vosotros… y escucharéis”.  Había terminado el baño, mis familia a su apartamento, yo a mi residencia franciscana en  Regla. Me paro en un banco para ver caer el sol, mi hamaca a mi lado, mi toalla, en bañador… contemplando con paz la caída del astro sobre las aguas y su resplandor de despedida, esponjando el alma en su adiós. Vienen dos señoras, una agobiada, con ansiedad, débil, se hace prueba de azúcar ella misma,  se analiza, la otra le acompaña preocupada. Se siente en el mismo banco, le pregunto, le digo que se tranquilice… poco a poco se le va pasando, creo que le toqué su mano… se recupera y me dice: Mire, no sé que me ha pasado, pero usted me ha dado una paz, como si le rodeara algo  que me sanaba y tranquilizaba, no sé, como si fuera usted sacerdote o algo de eso, algo sagrado. Yo me acordé de la gracia de estado y de la simplicidad con la que lo explicaba Antonio Fuentes.

YO confieso…

En Losar de la Vera, Garganta de Cuartos, ocho días intensos y vivos. Un restaurante junto a la garganta, siete u ocho camareros…algunos de otros años, otros nuevos. Me suelo acercar a leer el periódico, descansar, tomar un café. Se acercan, uno a uno, en estos días todos me hablan de sus vidas, sus situaciones, hasta de sus fallos, preocupaciones, sus alegrías… sus vidas mucho más interesantes que las noticias del gobierno… La camarera me besa con alegría el último día, los camareros me abrazan y nos esperan para el curso que viene… Confesiones en toda regla sin saber por qué, y diciéndome padre… y yo sin hábito.

El facebook y los blogs

Me acerco a la Iglesia del Carmen de la Antilla, un tono de acogida y silencio agradable, tomo foto para compartir. Se acerca una señora de Zafra y me dice que si soy José Moreno Losada, me sorprendo porque no sé quién es. Me habla de sacerdotes conocidos, y me dice que al verme me ha reconocido, porque ella se lee todo lo que escribo en los blogs y me sigue. Me saluda con un cariño especial y me siente como alguien suyo. YO me quedo sintiendo su cariño y su delicadeza, su cercanía…y me alegra de que estemos compartiendo tanto sin yo saberlo.

Por tanto…

Lo confirmo sin duda que el hábito no hace mucho en el monje, pero que  el monje si ha de tener hábitos para que los otros puedan descansar y encontrar lo que Dios quiere darles, a través de instrumentos pequeños y débiles, como soy yo.

Gracias Padre, porque estas cosas se las has revelado a los sencillos y pequeños, y no a  los sabios y entendidos, si Padre así te ha parecido mejor. Dame los hábitos propios de tu sensibilidad y tu amabilidad por el mundo y los humanos. Que mi afectividad sea como la tuya, y tu ternura se empodere de mí. Que los que me rodean me sigan haciendo como tú quieres que sea y que yo me deje interpelar por ti, y todas las anécdotas entrañables que pones a mi lado.

 

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.