Hoy
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El Papa: ¿poder fáctico?
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José Moreno Losada | 18-04-2016 | 08:10| 0

COMPASIÓN Y DEBILIDAD

El gesto requiere ser digerido. El Papa Francisco ha estado en Lesbos, la Iglesia ha de entrar en silencio, junto a su Pastor, para elaborar lo que el Papa ha visto y oído, para poder contarlo, así como para apropiarnos humana y espiritualmente de este gesto del hermano mayor que nos quiere confirmar en la fe. El gesto no es baladí, quiere entrar en las entrañas de lo auténtico a la luz del evangelio para proclamar  con el apóstol Pablo, mirando a Cristo – el crucificado que ha resucitado- que “la fuerza se realiza en la debilidad”. Necesitamos la clave fundamental cristológica para poder rumiar este gesto simbólico de la presencia del papa en medio de la mayor debilidad de la humanidad, para poder entrar en su dolor compartido, en su abrazo real, en esa intemperie de lo divino.

Cuando trato  de digerir y orar desde el gesto, queriendo que al menos no se pase sin dedicarle unos minutos, me encuentro que mi compañero Pepe Hermoso -sacerdote de Plasencia- ya da pinceladas de lectura creyente sobre este hecho,  el color de interpelación paterna, de radicalidad eclesial, de evangelio a pie de obra, y siento la necesidad y el gozo de poder compartirlo desde este lugar divino y humano:

NO ESTÁIS SOLOS

Lesbos, maldito y bendito Lesbos, en el que se nos ofreció ayer lo mejor versión de la razón de ser del cristianismo en esta Europa tan atemorizada y tan incapaz de juzgarse a sí misma con los ojos de sus víctimas. A quienes tantas veces se preguntan, desde la comodidad de su teoría o inquina partidista, para qué sirve la religión más allá de apaciguar angustias, satisfacer deseos y piedades personales, el Papa Francisco y los patriarcas Jerónimo y Bartomé… nos han dicho con su insólito y valeroso gesto en el campo de refugiados de Moria que el cristianismo y los cristianos tenemos siempre una clara e ineludible misión pública: mantener vivo el clamor y la memoria de los sufrimientos de los seres humanos en esta cultura del amnesia y la evasión; rechazar el pragmatismo democrático que reniega de la memoria del sufrimiento y fomenta la xenofobia y las fronteras cerradas que se va extendiendo como mancha grasienta por el mapa europeo elección tras elección; y colaborar con las demás religiones y con los hombres de buena para la salvación y la compasión social y política de nuestro mundo.

Y todo desde una asombrosa puesta en escena. Tan simple, tan falta de ceremoniales y protocolos, que los tres importantes personajes se movían tímidos, descolocados e inseguros y, sin embargo, atentos a escuchar y dispuestos a abrazar a quienes corrían y se arrodillaban desesperados ante ellos para compartir su dolor y su angustia. Aquí no había masas enfervorizadas que aclamaban y vitoreaban, sólo un rumor de niños y de gentes que miraban pero no parecían entender nada; no se alzaban pancartas con el “te quiere todo el mundo”, sino cartones improvisados en los que se leían “Necesitamos ayudad, ayuda, ayuda” “Salvadnos del genocidio”. Viendo todo ello tuve la sensación por primera vez en un acto con presencia de un Papa, de lo pequeña, impotente que puede ser la Iglesia y de la fuerza vigorosa que desde esa impotencia posee para conmover e impregnar al mundo de su compasión evangélica. Qué bien lo supo resumir el Papa en su regreso: ¡Esto es demasiado fuerte para mí”!.

Gracias Pepe, por ayudarnos a ver cómo la debilidad de un Papa nos puede mostrar la fuerza de la misericordia de un Dios amoroso y sencillo, como el de Jesús de Nazaret. Aquí no faltan razones para creer y para convertirse.

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Gases lacrimógenos
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José Moreno Losada | 11-04-2016 | 09:56| 0

“Dichosos los que lloran…ay de  los que ahora reís”.

Nos  cuentan que el Papa Francisco quiere ir a Lesbos, allí donde se están deportando a los pobres refugiados sin más miramientos, donde nos parece poco su llanto y su sufrimiento  y les ayudamos con los gases lacrimógenos.

¿Por qué quiere ir, qué es lo que le mueve?

DESALOJADOS

Todos somos peregrinos en la historia, nacemos y peregrinamos hacia un destino mistérico. Mientras vamos de camino todos necesitamos sentirnos alojados y nos da miedo vivir en la intemperie, desalojados, sin techo, ser transeúntes sin referencia de hogar y de calor humano y familiar. La realidad nos muestra una muchedumbre ingente de desalojados en nuestra sociedad por motivos diferentes:
Lo que está pasando hoy no es nuevo, aunque está teniendo más virulencia y está en nuestras puertas de un modo inusitado. En nuestro mundo hay 174 millones de migrantes con dirección al norte y 60 millones con dirección al sur, por razones y motivos variados. En lo que se refiere a los refugiados, este año más de 800.000 personas habrían llegado a Europa a través del Mediterráneo, y más de 3.400 habrían perdido la vida en esa ruta. Miles de personas –más de treinta mil en España- viven a la intemperie en la calle sin referencia de hogar alguno. A todo esto últimamente se suman los desahucios, según el CGPJ en el primer trimestre de 2013 se ejecutaron 19.468 desahucios, lo que arroja una media diaria de 216.
Efectivamente la pérdida del empleo y la vivienda, perder el trabajo, ser desahuciado, vivir en la calle, verse obligado a cambiar de lugar de residencia o país por miedo, persecución, pobreza… son cambios drásticos, situaciones de pérdidas que, vividas de manera prolongada en el tiempo, crea situaciones personales y familiares de sufrimiento, desesperanza, preocupación, incertidumbre. La persona entra en un estado de indefensión, en el que especialmente, necesita del amparo social y comunitario, la falta de éste hace que la persona se sienta desprotegida, desalojada y pueda llegar a experimentar la depresión y vacío existencial.

LA SEÑAL DE DIOS: un desalojado

“Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.” (Lc 2,6-7)
En el tiempo de Navidad escuchamos repetidamente que la señal de Dios, según el evangelio, es el desalojo, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre porque no había alojamiento para él. Como le puede ocurrir a cualquier refugiado, perseguido, desahuciado, emigrante, transeúnte. Está clara la identificación de Dios con los que no tienen vivienda, con los que son “peregrinos del mundo y la historia”, no hay duda de que es verdad que se ha hecho uno con ellos, y que por eso puede decir que lo que le hagamos a ellos se lo hacemos a Él. En la cruz le dieron vinagre para su sed, en su llanto de expiración, para que no quedara en esta frontera.

EL LÍO DE LA MISERICORDIA

Desde nuestro Dios, que se nos muestra en Jesús como pobre, perseguido, peregrino, transeúnte, desalojado, estamos llamados a “dar posada al peregrino”, a acoger al que está desalojado, desahuciado, en la calle, a la intemperie.“La ‘buena acogida’ comprende desde la hospitalidad a la comprensión, la valorización necesaria para el recíproco reconocimiento; destierra los prejuicios y busca una convivencia en armonía. Nuestra sociedad es, y en el futuro próximo será, en mayor medida, multiétnica e intercultural. Como cristianos la actitud que habríamos de adoptar ante los inmigrantes está recogida en la Ley de Santidad: “Si un inmigrante se instala en vuestra tierra, no le molestaréis; será para vosotros un nativo más y le amarás como a ti mismo, pues también vosotros fuisteis inmigrantes en Egipto” (Lv 19, 33-34).

Compromiso:

– Seguir al Papa Francisco en sus planteamientos concretos ante los hechos que están ocurriendo.
– Relaciones de acogida, vecindad y fraternidad con los que nos rodean y especialmente con los que han llegado de fuera. Hacer de nuestra casa un espacio abierto y de acogida.
– Tratamiento laboral justo a todos los inmigrantes en nuestros espacios familiares, empresariales. Apoyo a sus reivindicaciones justas y solidarias.
– Tener presente a los inmigrantes en todos los foros y contar con ellos en nuestras programaciones: Familiares, escolares, comunidades parroquiales, Movimientos, asociaciones.
– Dejarnos evangelizar por los inmigrantes, aprender de sus historias, de sus actitudes solidarias..

-Colaborar con las instituciones que cuidan de los  refugiados, de los que viven en la calle y de los transeúntes o peregrinos.

Orando:


Dios Padre de todos, que en tu gran amor y misericordia nos has querido dar a tu propio Hijo, para amarnos hasta el extremo y darnos tu Espíritu para que habite en nuestros cuerpos como un templo suyo. Tú que habitas en nuestro interior y que quieres que te abramos las puertas de nuestra vida, siendo nuestro creador, te has hecho criatura y te has mostrado débil y pequeño en un nacimiento lleno de intemperie, de pobreza y desalojo. Tu señal nos deja perplejos y confusos: ¿por qué has querido ser siervo siendo rey, vivir a la intemperie siendo tu el señor de la creación, ser peregrino y no tener donde reclinar la cabeza si eres señor de los Cielos y de la tierra?
Miramos nuestro mundo y su dolor en millones de hermanos que son deshabitados y desalojados, que viven en el margen y a la intemperie, solos y a pie de la historia y del mundo. Los vemos con tu corazón y comenzamos a entender tu mensaje, ellos son nuestros hermanos y en ellos te revelas tú para con nosotros. Los ha elegido para venir a habitar en nuestros corazones y en nuestras casas, sabemos que cada vez que nos acercamos y nos hacemos prójimos de ellos, te acogemos a Ti y te adentras de nosotros para darnos tu vida y tu gracia. Ayúdanos a entender que cuando ejercemos la hospitalidad favoreciendo a los que no tienen hogar ni calor estamos adentrándonos en tu verdadera señal y tú estás naciendo en nosotros y en nuestros corazones. Queremos verte en los refugiados actuales, peregrinos, emigrantes, perseguidos, transeúntes, desahuciados, abre nuestros ojos y nuestro corazón desde Belén y desde el Calvario.

 

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Visitar enfermos: ¿algo del pasado?
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José Moreno Losada | 05-04-2016 | 11:39| 0

¿Sanos o enfermos?

 Hablar de  salud y enfermedad en nuestro mundo no es nada fácil, depende del lugar y del dolor con que se mire. La Organización Mundial de la Salud dice que la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social;  se trata de una salud integral que atiende a las dimensiones fundamentales de la persona. En el lenguaje cotidiano, la enfermedad es entendida como una idea opuesta al concepto de salud: es aquello que origina una alteración o rompe la armonía en un individuo, ya sea a escala molecular, corporal, mental, emocional o espiritual. No es casual que la palabra salud tenga que ver con la palabra salvación, mientras que la palabra enfermo tenga que ver con debilidad, inseguridad y dolor.

 Nos valen estos conceptos sencillos para mirar nuestro mundo, la sociedad actual y nuestras propias personas. Está claro que la enfermedad está presente y se manifiesta de múltiples formas que impiden en desarrollo integral y armónico de la naturaleza y de la humanidad, el listado sería fácil para cualquiera de nosotros: desastre ecológico, hambrunas y enfermedades que afectan una gran masa de la población mundial, así como la situación de depresión, soledad y tristeza –de baja estima- que se vive en los países más ricos que parecen tenerlo todo. A esto se suma lo que viene como límite propio de nuestra propia naturaleza humana, siempre expuesta a la debilidad de la enfermedad, la limitación física, psíquica o espiritual, la muerte, de un modo u otro.

 No hay duda de que hay enfermedad, pero sobre todo de que hay enfermos, con dolor y sufrimiento

 

Compasión y misericordia

 Ante esta realidad, se nos invita a vivir la misericordia entrañable de nuestro Dios, que nos interpela y nos lanza a vivir algo propio de lo divino hecho humano: “visitar a los enfermos”. Conviene que nos paremos y profundicemos en esta obra de misericordia y en su alcance más profundo, tanto por lo que otros pueden necesitar de nosotros, como lo que nosotros podemos enriquecernos en el encuentro con el mundo de los enfermos.

 Jesús de Nazaret se identificó con la misión del encuentro con los enfermos y los que sufren: «Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: “¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?”. Jesús les respondió: “Id y decidle a  Juan lo que estáis oyendo y viendo: los ciegos ven y los cojos andan,  los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan,  a los pobres se les anuncia la buena nueva (Mt 11,2-6)

 

De la pena al encuentro

 Visitar a los enfermos  supone pasar de la pena al encuentro. No  estamos llamados a penar sino a caminar junto al otro en la vivencia de su enfermedad, dolor y sufrimiento. El lugar del enfermo está en medio de la comunidad que lo sana, incorporándolo y cuidándolo, para que  no pierda su protagonismo ni el sentido de su vida. La misericordia nos llama a hacer más saludable nuestro mundo y nuestra sociedad. Hoy necesitamos recuperar e integrar el concepto del enfermo para llegar a vivir todos sanamente la enfermedad. Para ello se requiere:

•          Reflexionar y compartir cómo es nuestra consideración y relación con los enfermos que tenemos cercanos, cómo solemos reaccionar ante la enfermedad. Visitemos a los enfermos y eduquemos a los niños y jóvenes en esta obra de misericordia.

•          Analicemos si nuestros modos de consumo y hábitos de vida son sanos para nosotros y sanantes para los demás.

•          Cuidemos y defendamos, como propio, el sistema sanitario del que nos hemos dotado en nuestra sociedad. Este reto es tanto para los profesionales como para los usuarios, hemos de hacer un uso digno, justo y solidario de este servicio.

•          Pensemos nuestras comunidades parroquiales teniendo en cuenta a los enfermos, su dolor y sufrimiento.

•          Busquemos la relación viva  y cercana con las realidades de limitación y enfermedad que están a nuestro alcance: residencia de mayores, de discapacidades físicas y psíquicas, centros de alzheimer…

•          Colaboremos seriamente con las organizaciones que se preocupan de la salud a nivel universal, especialmente en los lugares de mayor pobreza y sufrimiento: Manos Unidas, Médicos Sin Fronteras, Medicus Mundi, Cruz Roja, etc.

 

Creyendo y orando

 Y los que  tenemos dimensión orante y creyente, oremos por los enfermos y por nosotros mismos, para que sepamos vivir la enfermedad:

 Querido  Jesús, tú tenías conciencia de que no necesitaban de médico los sanos, sino los heridos y rotos de la historia. Te identificaste con el dolor y el sufrimiento de los enfermos, lo aceptaste y lo sufriste hasta la muerte, y desde la vivencia radical de tu entrega, tu pasión y cruz, nos has mostrado que lo que hiciéramos a uno de los enfermos lo estaríamos haciendo contigo. En ti,  el Crucificado -que ha resucitado-, nos ha visitado Dios a todos nosotros, como humanidad enferma y herida, para salvarnos y llevarnos a la vida plena. Nos has visitado con las claves de la sanación, del perdón, de la esperanza, de la alegría,  de la comunidad.

 Tú hacías del enfermo el centro de la comunidad, enseñabas a todos que la debilidad había de ser compartida. Tú sabías darle  al enfermo el protagonismo que le correspondía, atento a lo que ellos querían. Tú colaborabas para que el ciego viera, el sordo oyera, el paralítico anduviera, el endemoniado se liberara… creías y soñabas con ellos, compartías su dolor y su vida, y por eso todos te buscaban. Tú eras su luz, su camino y su verdad.

 Hoy nos invitas a todos nosotros, como cristianos e iglesia, a mirar la humanidad desde la clave del dolor, a entrar en la enfermedad que rompe al hombre -tanto física, como psíquica y espiritualmente-. Nos llamas a cuidarnos y a sanarnos mutuamente con el aceite del consuelo, el vino de la esperanza y la ilusión de la fraternidad. Ayúdanos a entender que, en cada enfermo, hay un misterio y un tesoro de ternura y de misericordia para ser descubierto en el encuentro mutuo; también que, en la enfermedad del otro, hay salud y vida para mí.

 Que yo descubra, Señor, que en la visita, seré visitado por ti, si voy de corazón y me abro para compartir el camino con el dolido y el roto, que en su enfermedad y en su dolor estás Tú para mí. Dame un corazón como el tuyo para identificarme con los enfermos y sanarme con ellos en el camino de la única salvación que nos ofreces para todos.

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Luis, el pastor de Manchita
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José Moreno Losada | 01-04-2016 | 09:51| 0

Al estilo de Nazaret, un buen pastor

Estuve hablando en algunos momentos de la jornada con él, al final de la tarde cuando ya iba de recogida con su rebaño, antes de entrarlo en su enramada para el refugio de la noche, le dije que a ver si me pillaba un borreguillo para echarme una fotografía con él al cuello, con el deseo de emular al Papa Francisco en uno de sus gestos graciosos y simbólicos. yo con borregoA él le extrañó y Trini le hizo la explicación de lo que había hecho el papa, de lo que significaba desde el evangelio y la vida, la parábola del buen pastor, lo de oler a oveja, etc.  El lo comprendió perfectamente y se sonrió agradecido. La foto, gracias a él pude hacerla, sin él hubiera sido más difícil, porque las ovejas se fían del buen pastor pero no de un extraño e intruso, como en ese momento era yo.

He coincidido con Luis en dos o tres ocasiones y en todas ellas las referencias han sido las mismas, tanto por los lo que lo rodean que lo tienen como un hombre de confianza total, de una fidelidad a prueba de bomba, así como por las conversaciones y el contenido de las mismas  que marcan su sensibilidad por lo que hace y vive.  borregos de luisDe unas y otras se obtiene enseguida una conclusión: su quehacer de pastor, no es un simple oficio, es un saber incorporado desde la vida y el ser, una profesión.  Vamos que no hay duda que es real la distinción que hacía Jesús entre el buen pastor, el pastor auténtico, y el asalariado. Imagino que Jesús en su vida de Nazaret seguro que tuvo que conocer un pastor vecino como Luis el de la finca de la “monea” que inspiró sus imágenes de Dios y su identidad en su relación con la humanidad.

En la conversación con Luis uno percibe enseguida que él no es como el asalariado que abandona a las ovejas o las deja al peligro de los que la atacan, me contaba como era su horario y lo hacía en referencia a las necesidades de las ovejas conciliando con las suyas de un modo casi perfecto, su dedicación es vital  y eso le produce orgullo. Las saca cada mañana y cada tarde con cuidado para que no les falte el alimento a sus horas y con sus  cuidados, por la mañana saca a las madres en solitario para que los borregos las dejen comer tranquilas, por las tardes las une con ellos para que mamen y coman juntos. Sabe de sus debilidades y enfermedades, por eso me dice Trini que es envidiable como pastor, porque las ovejas son sanísimas, con sus cuidados preventivos y atenciones. ovejas de luisAdemás sabe y conoce cada una de las cuatrocientas, él cuida de las que van quedando para madres, de los carneros, así como de su fecundación afirmando que no es partidario de las esponjas porque cuidando el modo natural se puede obtener los mismos resultados y a él le va muy bien con sus criterios. Las organiza y las ordena con la ayuda de unos perros que son como sus manos que al hilo de un pequeño silbido se entregan a la causa para facilitar la labor y que son guardianes fieles cuando él se ausenta, pero sin  nunca hacer daño a las ovejas. Conoce los mejores pastos y cultiva los mejores alimentos para ellas, lo que les da calidad de origen. Le da pena cuando los borregos con sus dos o tres meses tienen que ser embarcados para llegar a la mesa como producto extraordinario de la dehesa extremeña, pero sabe que esa es la filosofía  y la razón del rebaño en esa tierra, y busca cumplir con las parámetros que les exigen para entrar en los cánones del mejor producto para el mercado en las cooperativas cercanas. Observo cómo se pone en la puerta del redil y las va mirando una a una, seguro que si nota la ausencia de alguna se irá a la búsqueda para traerla al rebaño. Los dueños de la finca lo tienen  claro, las ovejas pueden estar y tienen que estar porque existe Luis, porque han encontrado un buen pastor. No sólo lo han encontrado sino que han crecido juntos, porque oveja maternalLuis es hijo de quien siempre fue pastor en esa tierra y le transmitió no sólo el hacer sino el sentir que es propio de un pastor excelente, donde se confirma que para ser pastor no vale cualquiera.

Por eso yo en mi interior siento la alegría de conocer un pastor como los que conoció Jesús en su tierra de Nazaret, y deseo ser en la vida como  es Luis, del mismo modo que Jesús deseó ser en la humanidad como alguno de sus vecinos que sería un pastor del mismo calado que lo es este pastor de la Manchita.

José Moreno Losada

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Resucitar para ser pan partido
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José Moreno Losada | 31-03-2016 | 08:29| 0

PAN PARTIDO EN LA COMUNIDAD

“Contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”(Lc 24,35)

El Creador, el Padre amoroso, en la fuerza de la pasión por la humanidad, se hizo creatura, y la revolución se estableció en todo el universo por un Absoluto que se hacía señal en un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Un sencillo hombre de la historia de cada día, que anduvo por las calles, las plazas, los caminos, a pie descalzo para sentir en su propia vida lo que era la vida de lo humano. Ahí se abrió al misterio del pan de cada día y ahí aprendió a partirlo y a compartirlo. Su propia vida fue entendida como el pan que se parte y se reparte entre los hermanos, lo hizo en todo su vivir diario y lo celebró en la mesa de la entrega definitiva cuando selló una alianza eterna de amor con su cuerpo y con su sangre: “Tomad y comed todos de él”.

No podía morir esta entrega, este amor comprometido, este deseo de justicia y de misericordia sin límites. Lo crucificaron pero, al hacerlo, no lo enterraban, sino que lo sembraron para siempre. El amor es más fuerte que la muerte y se impone a ella. El pan partido se empodera del hambre de la humanidad en su deseo de fraternidad y esperanza, para alimentarla como pan de vida eterna. Y ahora todos podemos comer su cuerpo y beber su sangre, todos podemos ser habitados por el Resucitado que, como Dios destrozado, se nos da a trozos para que podamos vivir por Él, con Él y en Él.

El hombre resucitado encuentra en el pan de la Eucaristía el amén de la fidelidad radical del Padre al Hijo que lo resucita, y del Hijo al Padre que ha arriesgado en su existencia aceptando la cruz a favor de la liberación y salvación de todos los pueblos de la tierra. En el pan glorioso del resucitado está la fuerza que nos ayuda a proclamar que el inocente ajusticiado ha sido liberado para siempre y ya tiene alimento de vida eterna para todos, especialmente los que sufren, que es posible la justicia. No impidamos a Cristo estar realmente presente allí donde Él quiere estar, para llevar su Evangelio de dignidad, verdad y justicia. Hoy como nunca el reto está en que la presencia real de Cristo llegue como sanación, consuelo, dignidad, justicia, verdad, libertad a todos los que sufren en el alma o en el cuerpo.

 

TESTIMONIO

Hace unos meses, la madre de Cristina me escribía desde el hospital y me anunciaba que habíamos entrado en alerta “0”… Su hija se había estabilizado un poco y ahora era posible intentar el trasplante de su corazón para que pudiera seguir viviendo, aunque el pronóstico seguía siendo muy grave. Alrededor de ella se temblaba y se esperaba…Era posible esperar porque la grandeza de lo humano ante los límites es insospechable, y hay mucha bondad en la historia y en nuestro mundo.

Hoy Cristina ha llegado a su casa, ha dejado el hospital de Madrid…Ya ha dado sus paseos antes de salir de allí. Todo un milagro de amor realizado entre todos, médicos, enfermeros, familia, amigos… todo el amor le ha devuelto la vida, y así ha entrado en su casa, llena de amor, con un corazón nuevo que ha sido vitalizado por millares de corazones que la quieren y la animan, conocidos y anónimos, todos unidos por una esperanza y una ilusión. Ahora a caminar y a vencer dificultades, pero todas con amor.

 

El pan partido y entregado tiene como horizonte la fraternidad que se ejerce en la comunidad de la nueva alianza. Somos alimentados por un mismo cuerpo, bebemos en una misma sangre; ahí está el principio y el horizonte de nuestra vida en Cristo.

La comunidad del Resucitado no pude cerrar sus puertas por miedo, sino que está llamada a sentarse en medio del mundo y de las plazas, como hace el pan de cada día, para que a cada uno le llegue el trozo partido de su consuelo, su alivio, su descanso y su salvación. Para eso no hay otro camino que destrozarse en el amor para que otros nos puedan comer en su hambre, todos estamos llamados a comulgar diariamente trozos de Dios resucitado, en medio de la historia, para poder destrozarnos en la entrega y ser  trozos de vida para otros. Y el Dios Resucitado nos viene entregado en los retazos del vivir diario, en los encuentros con los rotos de la historia, así como en los gestos de compartir y de unidad que se nos ofrecen por parte de muchos hombres que hacen de su vida lugar de encuentro, recuperación, sanación y familia para los que más lo necesitan. Traer al centro de la comunidad a los rotos y excluidos ha de ser el oficio propio de los que se han encontrado con el resucitado, de la comunidad eclesial que quiere ser testigo de la esperanza en medio del mundo.

 

“Señor resucitado, queremos ser pan partido para el pueblo, trozos de tu aleluya para todo sufrimiento y tristeza en nuestro mundo”

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Pascua Cristiana: entre la luz y el dolor
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José Moreno Losada | 28-03-2016 | 11:32| 0

Pascua con sabor agridulce

(Entre  Ávila y Pakistán)

Amanezco con la alegría de una resurrección que se me da a borbotones en medio una comunidad de jóvenes universitarios de distintos lugares de España, que pertenecen al movimiento de la Juventud Estudiante Católica, un movimiento especializado de acción católica que apuesta por vivir su fe encarnada en el ambiente estudiantil.

Han sido cuatro días intensos, de una profundidad vital impresionante, donde adultos de distinto tipo –sacerdotes, religiosas, profesores, periodistas…-, que hemos compartido el espacio, hemos sido sorprendidos por entender que lo que estábamos viviendo era  algo único. Más de cincuenta jóvenes entre 16 y 30 años que se plantean en serio cuestiones tan centrales como luchar contra las injusticias en los institutos, participar en los espacios estudiantiles y sociales desde el ser universitario y joven, o adentrarse contra el  sufrimiento laboral  y favorecer espacios de realización en el ejercicio del trabajo, entendiendo que este es mucho más que un salario, que se hizo el trabajo para el hombre y no el hombre para el trabajo.

Lo hemos hecho en un espacio privilegiado, un albergue al costado de las murallas de Ávila, en la universidad de la mística. Allí el Evangelio se nos ha hecho compañero de camino, la lectura creyente nos ha hecho arder el corazón, la cruz se ha transformado en vida, el pan lo hemos amasado con nuestras vidas, los clavos han tenido nombre, el crucificado ha tenido rostro de joven asesinado en Siria, compañero de militancia, y la resurrección se nos ha dado a trozos desde un Dios destrozado que nos ha abierto a la esperanza de que otro mundo es posible, y de que nuestra debilidad lo puede hacer tocada por la fuerza del resucitado que se nos da en estampas de lo más cotidiano, de lo más sencillo y lo más cercano. Por eso nuestra fe incluso se ha hecho baile y nuestra celebración fiesta y silencio, al mismo tiempo. Hemos pasado por el misterio de nuestra pascua personal, juvenil, estudiantil, eclesial, social, y desde ahí nos duele todo lo que le duele a la humanidad, creciendo en el deseo de un Reino que ya está viniendo, pero que quiere de nosotros para hacerse más real y más auténtico, para tocar más realidades sufrientes y desesperanzadas,  compadecerlas y con pasión darles nuestra vida.  Hemos visto, junto a jóvenes llenos de vida y de esperanza,  la pasión y nos hemos abierto a la compasión. El Aleluya final ha sido nuestro canto de misión y envío con el deseo de que saber mostrar el rostro del resucitado en trozos de vida y encuentro en todos nuestros espacios diarios juveniles estudiantiles y profesionales.

Y toda esta luz y este sentimiento de gracia y esperanza, ha chocado en la mañana de pascua, cuando todavía estaba ardiendo el Cirio de la luz del Cristo resucitado, el que nunca quiere apagarse, con la noticia de mujeres y niños que han muerto en un parque paquistaní, cuando estaban celebrando la fiesta de la Pascua, de ese resucitado del que nosotros también somos parte. El odio  y la violencia, una vez más se han vestido de crucificado, de terror, de muerte y han acabado con lo sencillo de vidas humildes y esperanzadas, que creen en la paz y en la bondad de lo humano y se manifiestan en las calles y en las plazas de los pueblos, sin ningún miedo porque el resucitado les ha traído la alegría, la paz y la esperanza.

Nueva sangre de mártires que se hacen semilla de resurrección, nueva lectura creyente hecha de sufrimiento irracional: “Dichosos vosotros cuando insulten, os persigan, os calumnien de cualquier  modo por mi nombre, por mi causa…estad contentos, saltad de gozo, porque vuestros nombres están inscritos en el reino de la vida”. Nuestro sufrimiento quiere hoy revestirse de gozo en el crucificado que ha resucitado, ahí queremos ver todas las víctimas que han muerto en Pakistán  y que tienen rostro y nombre de toda persona que sufre y muere injustamente, sea en el lugar que sea, por la causa que sean, en la fe que sea. Todos son para nosotros el rostro de un Cristo que ha de ser glorificado. Y su mirada nos compromete a fraternizarnos y a responder al odio y a la violencia, con el amor, el perdón y la paz.  Hoy más que nunca necesitamos al resucitado que se encuentra con nosotros y nos dice: “Paz a vosotros, mi paz os dejo mi paz os doy… y id por todo el mundo a anunciad el evangelio del perdón y la vida”.

Creo que jóvenes como los que me han ayudado a vivir esta Pascua son los que han de transformar este mundo,  en sus manos está la paz, la alegría y el perdón.  Merece la pena apostar por aquellos que creen que es posible un mundo nuevo, un reino de paz y de justicia, el que nos está haciendo falta frente a tanto dolor injusto e inhumano. Gracias  a vosotros, mi esperanza se renueva y no se rinde ante atentados como estos.

 

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“Je suis humain”
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José Moreno Losada | 23-03-2016 | 14:00| 0

Ojo por ojo y todo el mundo será ciego…

Comenzamos la pascua cristiana, y el marco se abre con sangre y dolor en Bruselas, el deseo de la paz se vuelve urgente y doloroso, ¿pero, de verdad, deseamos la paz auténtica de la que habla el Evangelio, la que trae Jesús de Nazaret, el crucificado que perdona?

La realidad, con este último hecho,  nos habla más bien de venganza y de violencia de un modo estructural y ambiental en nuestro mundo y en nuestra sociedad. Los datos nos hablan de un mundo en guerra y el Papa Francisco, proféticamente  lo viene denunciando  y llamando a la conversión, por eso nos habla de misericordia. En la Navidad nos ha hablado de un río de miseria y de violencia que  asola el mundo, cuestionó de esta manera: “¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo?”. Estamos viviendo desde la ofensa y la venganza, por eso podemos hablar de  un mundo en guerra: la guerra de Siria, la del África subsahriana (Sudán del Sur, República centroafricana, Etiopía, Uganda, Congo), en la zona de Asia y el Pacífico, en América Latina (especialmente Colombia), en la zona De Oriente medio y el norte de África; y, finalmente, en Europa  con los refugiados (Ucrania). Desde principios de siglo no había en el mundo un mapa de conflictos tan extenso y con tantos fuegos abiertos a la vez como el que tenemos en el presente. En el fondo de todos los conflictos está siempre la ofensa, los que se sienten ofendidos por los otros. Ya el adagio nos habla que si nos movemos desde la ofensa la marea de la violencia será imparable y la paz será imposible.

La ofensa se adentra en el corazón del hombre e invita al rencor para permanecer unido a él. Cuando eso ocurre la muerte se apodera de lo humano, y  acaba con el otro  que me ha ofendido al mismo tiempo que acaba con la bondad y la paz del que se venga. Cuando eso ocurre las sociedades se vuelven poco humanas y habitables, la sospecha, la desconfianza, la frialdad, la indiferencia, la lejanía se apoderan de los sentimientos y nos hacemos cada vez más cerrados e individualistas en todos los ámbitos: políticos, regionales, económicos, sociales, familiares, religiosos, deportivos… podemos decir de algún modo que la ofensa por la ofensa acaba con todo, da muerte a todos los que se adentran en ella con el rencor. Las heridas son enormes y el sufrimiento se extiende y se universaliza como una marea imparable, así se generan los ríos de miseria y sufrimiento humano.

Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…

Siguiendo al Evangelista Lucas, cada vez que rezamos con la oración propia de los cristianos, pedimos a Dios el perdón de nuestros pecados, de nuestras ofensas con respecto a El, pero también añadimos lo que ha de ser nuestra especificidad de seguidores de Jesús en medio del mundo :”así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Presentamos nuestro deseo de perdonar toda ofensa y toda injuria recibida en nuestra vida. El perdón, en primer lugar, de las ofensas que los “hermanos” nos hacen “siete veces al día”: “Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás” (Lc 17,3-4). Pero no sólo a los hermanos, sino “a todo deudor”, es decir, a los enemigos, a

quienes les odien, maldigan y maltraten (Lc 6,27-28; 6,22). El odio, la maldición y los malos tratos, las injurias y la proscripción “por causa del Hijo del hombre” es la deuda que deben perdonar los cristianos, como Cristo en la cruz les perdonó a ellos. Respondiendo al mal
con el bien, “serán hijos del Altísimo”: “Amad a vuestros enemigos; haced el bien y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y perversos. Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso…. perdonad y seréis perdonados” (Lc 6,35-37). 

ORAR  desde la cruz y el atentado.

Rotos por el atentado de Bruselas, desde el Espíritu de la Pascua Cristiana el corazón se nos abre, guiados por el Papa Francisco, para mirar nuestra mundo y contemplamos junto  a él “un río de miseria y de violencia” que asola y hace sufrir a los humanos. Nuestro corazón necesita salir de la indiferencia y de la realidad envolvente de la dinámica de la ofensa, que hiere y nos deja siempre heridos. No queremos vivir desde la ofensa, deseamos acoger tu invitación paterna para entrar en tu corazón de misericordia y de perdón.  Queremos descubrirte en tu misericordia y desde nuestro corazón herido hoy te levantamos  nuestras súplicas de hijos pródigos, que deseamos volver a tu casa y ser de tu familia, entrando por la  puerta de tu perdón gratuito y amable. Queremos vivir a fondo tu obra de misericordia que nos invita a perdonar las ofensas y todas las injurias:

Enséñanos a saber acogernos a nosotros mismos en aquellos que nos duele y nos ofende de nuestras propias personas, aquello que no aceptamos con paz y nos lleva a ser ofensivos y violentos con los que nos rodean. Sánanos en nuestra propia soberbia y ayúdanos a reconciliarnos con nosotros mismos, a querernos como somos, a perdonarnos a nosotros mismos para saber perdonar a los demás. Que nunca olvidemos como supiste ponerte en la fila de los pecadores, con ternura, para adentrarte con todos en el Jordán y sentir caer sobre ti el agua del perdón y del deseo de la reconciliación personal y universal.

Descúbrenos como de la ofensa se sale por la vía de la humildad, que toma la iniciativa y hace del perdón el lugar del encuentro más allá del sentimiento ofendido. Que sepamos ver cómo siendo Dios, el santo, es el que se abaja, por amor humilde, y se acerca a la humanidad a traer un perdón, que no había sido pedido y que no fue reconocido por muchos. Ha sido la divinidad la que se ha acercado para hacerse misericordia, y ha aparecido en el mundo despojado y pobre, manifestando que necesita  El de la misericordia de los pecadores. Tú, en la  señal de un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre, nos invita a dar los primeros pasos para pedir perdón en la ofensa, haya venido de donde haya venido.

Haznos sentir tu perdón sin límites y la alegría de este poder de perdonar. Que sepamos mirarte en lo alto de la cruz, sanando a toda la humanidad y pidiendo al Padre nuestro perdón sin ningún límite: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Danos la alegría de tu Reino, la que muestra que hay más contento en el cielo por un solo pecador amado que se arrepienta que por miles, que siendo perfectos, no se han abierto a la vía de la compasión y del perdón fraterno. Ayúdanos a entender que el mayor poder que tú nos has dado, a través de tu Espíritu de resurrección, es el de poder perdonar todo, y que sabremos hacerlo cuando hayamos aceptado tu amor y tu perdón gratuito. Amén

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Geografías interiores
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José Moreno Losada | 20-03-2016 | 13:22| 1
Joven, cristiano, músico. Amante de la poesía, el arte y la vida.
Hay jóvenes que se definen así, nada más y nada menos, están en medio del mundo, forman parte de él, son al mismo tiempo tan divinos como humanos, traen lo nuevo y van en silencio, procesionando  “con pasión y compasión”. Bastaría con escucharlos para enriquecernos con su juventud apasionada e inquieta. Álvaro Mota, pacense, es uno de ellos, por eso hoy me callo en la pasión de este Domingo de Ramos y  le doy mi palabra:Geografías interiores
http://devivenciasycadencias.blogspot.com.es/2016/03/geografias-interiores.html
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Juan Ledesma: “In Vivo”
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José Moreno Losada | 17-03-2016 | 20:31| 0

JUAN LEDESMA BRILLÓ

“No pasó inadvertido”

No hace mucho tiempo tuve la oportunidad de disfrutar del concierto  de IN VIVO, de liryc pop.  Tres tenores y un barítono de calidad que divulgan la riqueza de su canto haciéndola cercana y popular. Fue en el López de Ayala, cuando quise comprar la entrada ya estaban agotadas todas, pero fui afortunado por uno de los tenores que me facilitó poder entrar para gozar de este evento, se trata de Juan Ledesma. Una persona de esas que cuando llega a tu vida enseguida reconoces que está llena de profundidad y cuidado.

Lo conocí en el ámbito de un convento de clausura, de la mano del buen amigo, Pedro Monty –el gran descubre/talentos-,  donde nos deleitó con un aleluya de primer orden, celebrando el centenario de santa Teresa entre religiosas de contemplación y artistas en el convento de Talavera la Real, a partir de ahí hemos estado en contacto y he ido conociendo algo de su trayectoria personal, de la cual me siento orgulloso.

Un chaval sencillo y anónimo de la barriada de San Roque, de esos silenciosos de sonrisa amplia y mirada profunda, que no se hacen notar pero que se muestran disponibles y saben enriquecerse con todo lo que pasa a su lado. La banda de música de la cofradía, sus estudios, la parroquia, los campamentos, la familia, amigos… todo aquello que ayudara a desarrollar su persona, junto a otros, en la sencillez   y la humildad. Llegado a una edad de cierta adultez lucha por su futuro en algo que le cautiva y le atrae profesionalmente, se prepara  y acaba  trabajando en Valencia en una profesión de compromiso social y humano, sin perder nunca su referencia a Extremadura y a Badajoz. Y en esas anda cuando siente esa necesidad de seguir desarrollando sus dotes musicales pero ahora desde el canto. Comienza una nueva andadura que le va seduciendo y le va proponiendo actuar en distintos lugares y con distintas finalidades, y de este modo le comienzan a conocer y a valorar. Pasa por el concurso de la canción de Extremadura y ahí ya da su aldabonazo profesional que no ha parado, posteriormente le proponen formar parte de un grupo de tenores y ahí está por toda España, haciendo gozar a  miles de personas, con un disco en preparación que saldrá este verano.

Y se cumple un deseo soñado y querido por él cuando decide venir a interpretar, junto a sus compañeros, sus canciones de vida y luz  en la ciudad de Badajoz en el López de Ayala, en su tierra y con su gente. No cabía nadie más y fueron muchos los que se quedaron con las ganas de poder participar. Nos deleitaron con sus cantos y su cercanía,  debordando familiaridad. Y en medio, Juan Ledesma ,con el corazón henchido, las lágrimas a flor de piel, junto a sus padres, hermanos, sobrinos y junto  a todos los que en ese día había hecho una opción por estar con ellos y, sobre todo, con él, viniendo de muchos puntos de la geografía extremeña y de otros lugares más lejanos. Yo me sentí parte de ese evento y me alegré en el alma de participar en él. Gocé de la altura y la profesionalidad de todos, especialmente de la suya, del éxito que se respiraba en el agradecimiento del pueblo que se deleitaba con este regalo, soñando con poder disfrutarlos en un marco tan emblemático como el del teatro de Mérida con la orquesta de Extremadura. Cosa que pido y suplico desde aquí a los que lo pueden facilitar, para que podamos gozar de lo nuestro con los nuestros.

No deja de ser un gozo que un joven de nuestro pueblo, lleno de riquezas, con serenidad y sencillez, tenga un éxito que ha sido logrado no a la fuerza,  sino paso a paso, con autenticidad, ganado palmo a palmo, con deseo de perfección y de altura de miras. Con disponibilidad y cercanía sin perder su horizonte sino agrandándolo. Estoy seguro que su vida musical va a ser grande y rica, y yo me sentiré siempre agradecido de haberle conocido y haber compartido estos momentos y pasos con su persona. Sé de su interior y de su deseo de bien, de su humanismo y su cuidado con los que lo rodean,  sé de su canto y de su mística de joven y soñador, sé que su canto y su alma van al vuelo y buscan la luz y la vida, y sólo puede desearle que las siga encontrando y que nunca deje de buscarlas por ese camino de lo humilde y de lo sencillo. Enhorabuena Juan Ledesma, porque llevas un tesoro  y te muestras como vasija de barro. Ah, y de  tener que elegir alguna canción de las interpretadas por estos cuatro profesionales, elegiría sin duda la de MAMA, por la belleza de la misma y por la dedicación a tu madre, un sueño cumplido, ¿verdad?

 

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“Con pasión y compasión” (Semana Santa)
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José Moreno Losada | 16-03-2016 | 13:45| 0

La procesión va por dentro

 Ya suenan tambores y trompetas, pasos de costaleros cargados con cientos de kilos de solidaridad en el lugar de la imágenes. Se comienzan a preparar con, pasión, todos los pasos que van a ser procesionados por miles de cofrades y contemplados por millones de personas, que de esta manera plástica y artística se acercan a los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Muchos verán la nueva película sobre la resurrección en estos días, y como las procesiones, de gran calado artístico, cultural y, cómo no, religioso, van a ser respiradas por toda la ciudadanía de un modo u otro, en un contexto que mezcla con facilidad la ambigüedad de la indiferencia, lo pagano y la religiosidad popular. Pero, con más sentimientos o menos, serán procesiones desde la expresión fundamentalmente externa aunque vaya cubierto el rostro. La fragelación, la cruz a cuestas, la crucifixión, incluidas las pasiones vivientes,  no expresarán mucho más que el recuerdo vivo y entrañable de la figura de Jesús y de su contexto histórico, amén de sus palabras y sus gestos que han quedado sellados en la historia para siempre.

 La pasión de hoy

En medio de toda esta realidad, que hemos de mirar con cariño y juzgar con ternura, si cabe una pregunta sencilla: ¿Aquí está toda la semana santa? ¿existen otros modos de estar y entrar en ella en este siglo XXI? ¿Se puede celebrar la pasión, muerte y resurrección del Galileo, Jesús de Nazaret, desde la actualidad más palpitante? Hace pocos días vivíamos  el planteamiento europeo frente a los pobres refugiados. Son hechos simbólicos de una pasión más universal y diaria, que ahora les ha tocado vivirla en la parcialidad de los sirios, pero que otros días estuvieron en nuestros propios sentimientos y sangre de guerras fratricidas. Hemos bebido un cáliz que nos ha hecho temblar por dentro y cuestionarnos con una profundidad  escalofriante lo que se refiere al ser humano: ¿hasta dónde podemos llegar todos en lo bueno y en lo malo? ¿”En qué parte de la frontera estamos y cómo contemplamos la situación que el papa describe como tercera guerra mundial refiriéndose a todos los lugares tocados de violencia, sufrimiento, persecución, huida, muerte, miseria…”? Son cuestiones que permanecen en el silencio de nuestras personas, en los minutos de silencio, en las liturgias celebradas, y que manifiestan que la procesión va por dentro y requiere contemplación y respuesta.

 Jóvenes estudiantes “con pasión y compasivos”

En  esta procesión, que va por dentro, estamos implicados  muchas personas de a pie y de la calle, de todos los credos e ideologías, y entre ellos quiero destacar a  un grupo de jóvenes estudiantes  de Extremadura que se van a dirigir a Ávila, a la universidad e la mística, porque quieren vivir la pasión con-pasión, implicarse e interrogarse a la luz del evangelio del crucificado que ha resucitado. Serán un centenar estudiantes, en su mayoría universitarios, que vienen de distintas zonas de España – País Vasco, Extremadura, Castilla, Andalucía, Madrid, Canarias.- a un encuentro de formación y  celebración en estos días de Semana Santa. Su lema de convocatoria es “con pasión y compasión, por la JEC”. Se identifican como jóvenes estudiantes cristianos (JEC), llevan  tiempo preparándose para este encuentro y pretenden analizar sus vidas, especialmente sus ser estudiantes, desde la humanidad de Jesús de Nazaret. Quieren ponerle nombre y palabras propias, desde sus vidas en los medios juveniles, sociales, políticos y estudiantiles, al mensaje, al proyecto, a la pasión y contradicción, y a la resurrección de Jesucristo.

Mártires y confesores de hoy

Recordaremos a Elías, un miembro universitario de JEC, sirio, que fue asesinado y que creyó en la paz y la justicia, en la posibilidad de la fraternidad en medio de su pueblo. Desde el confesarán  que otro mundo es posible y que de alguna manera ya lo están viviendo, porque “la procesión va por dentro”. Trabajan en la construcción de sus personas porque quieren ser críticos y transformadores en sus medios, especialmente el instituto y la universidad, buscan analizar la realidad desde lo más profundo de la misma, se empeñan en descubrir que lo más importante en la vida es lo que se puede hacer por los demás, tienen la esperanza de poner todo su saber y su estudio, con todas sus titulaciones, al servicio de los más débiles y pobres de la sociedad. Saben que todo esto es difícil y genera contradicción en su propio  interior y en los espacios familiares, sociales, institucionales; pero  también están convencidos que el proceso ya está en marcha y merece la pena, porque ellos mismo van sintiendo como sus sentimientos se han transformado y  va siendo posible lo que no lo parecía, porque la fuerza de ese Jesús sigue estando viva  y no deja de ganar corazones de gente que no tiene miedo y aceptan el reto de la responsabilidad de la sociedad y de la vida.

Aleluya

Son jóvenes que llevan la procesión por dentro y yo, que soy un testigo privilegiado de la vida de muchos de ellos en la vida diaria de la universidad y he  compartido con ellos más de un encuentro, os puedo decir que hay motivos para la esperanza. Jóvenes estudiantes de Badajoz irán a Ávila, que va a ser la sede de muchos sueños y de muchos proyectos de personas que sin duda van a ser en sus vidas señales de respuesta de Dios  para una sociedad que vive en la inseguridad y en el miedo, y que no se atreve a apostar con radicalidad por la participación en la construcción un mundo con claves de verdadera justicia y fraternidad. ¡Chapeau  para  los jóvenes inquietos de toda España  que en estos días van a encontrarse en  la tierra de la mística española –como muchos otros harán por otros lugares-, porque su procesión va por dentro, “con pasión y compasión”¡

 

José Moreno Losada.

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.