Hoy

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Pablo Ráez, Ora pro nobis
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José Moreno Losada | 11-03-2017 | 21:06| 0

“Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él”

  Acaba de comenzar la cuaresma, el miércoles de ceniza me ayudaba a introducirme en ella un vídeo televisivo de Pablo Ráez, el joven de Marbella, que con su modo de vivir la enfermedad y de enfrentarse a la muerte, se ha adentrado en el corazón de la sociedad española y ha sido noticia priorizada en todos los medios de comunicación social, ocupando lugar privilegiado en los telediarios durante varios días.El jueves compartía un día de oración con los sacerdotes de mi diócesis, acompañados por el arzobispo, el cual eligió un texto evangélico en el que se nos invitaba a ser pequeños y como niños ante el Reino de Dios. Orando ante el santísimo enseguida me vino a la mente las imagen y el testimonio de Pablo.

Comenzó mi contemplación con una de las frases de su padre en el reportaje, cuando comentaba que al entrar en la planta de tratamiento para la leucemia en el hospital, con su pequeña maleta, su hijo le dijo: “Papá, ahora ya se acabó mi infancia”. Le tocaba vivir y enfrentarse a una situación de dureza profunda, se le pedía una madurez nueva que tenía que elaborar y estrenar, él era consciente de la frontera que estaba pasando en ese momento tan simbólico.

Después todo un proceso de dos años en el que por su modo de vivir la enfermedad, tan auténtico y original, ha traspasado la muerte de un modo singular y fecundo. Y eso es lo que ayer me seducía de su persona y su testimonio, cuando comenzábamos una cuaresma que una vez más apunta a la Pascua de la Resurrección, a la plenitud de la vida, a la vida eterna a la que se llega por la puerta de la cruz y de la muerte. Desde ahí surgía en mi interior una oración agradecida al Padre y a Pablo Ráez: “Gracias Padre, por darme este signo vivo de tu espíritu resucitado en la persona de Pablo Ráez… por él, hoy creo y espero más en la resurrección”. Hoy sentía el deseo de parafrasear con el apóstol Pablo que “si Cristo ha resucitado, Pablo Ráez también resucitará”.

Contemplaba, a la luz de su testimonio, que este joven había vivido en lo oculto y lo anónimo del mundo, como Jesús en Nazaret, había intentado salir de la monotonía y buscaba en el deporte el lugar de la originalidad, las claves del vivir superándose y logrando su propio lugar específico, pasando de un deporte a otro y entregándose a fondo en ellos. Rechazaba estar en un sofá, quería encauzar su impulso y activismo en aspectos positivos para su persona.

Vivía centrado en él y en los que le rodeaban como la inmensa mayoría de la sociedad, en una infancia prolongada. Pero el hachazo de una analítica realizada por razones casi deportivas, el sufrimiento de una rodilla, le llevó a la frontera de su infancia -su autocentramiento- y de la vida. Y tuvo que entrar en el deporte del despojamiento y del espíritu. En el entrenamiento del yo que se desnuda de todo ego para abrirse a la alteridad viviendo lo más propio, en este caso su enfermedad. Y ahí, con todo el ánimo de su espíritu se abrió al Espíritu de un modo radical y nuevo.

Desde la enfermedad se acercó a la búsqueda del sentido en el interior profundo de su yo y se abrió a los demás, a todos los enfermos de un modo original y único, a toda la sociedad con un mensaje de salvación y de esperanza profético, a la vez que se adentraba en el misterio de lo divino, para entender la existencia como proyecto, en un juego realmente comprometido, con una normas que no venían dictadas por uno mismo sino que las imponía una naturaleza débil en proceso, cargada de limitación, sufrimiento y muerte.

Ahí unió fe y vida, salvación y enfermedad, vida y muerte, oscuridad y esperanza. Se abrazó a Cristo y supo vivir y morir como él, siendo auténtico y original. Entendiendo la vida y la muerte desde el amor y la entrega, siendo para los demás, transmitiendo una “Buena noticia”, desde la pobreza y el mayor dolor, desde el más profundo despojamiento del ego, entregando su yo para que los demás tuvieran vida y esperanza, con una filosofía llena de confianza y de fuerza. Y todo ello envuelto en dolor, debilidad y miedo, no sintiéndose héroe, sino humano y compasivo.

Hizo de su enfermedad, su vida pública, ahí donde muchos se esconden, él animado por el espíritu, se presentó en medio del pueblo, en los caminos, las plazas, las escuelas… en ese vehículo de las redes, que no solo enredan sino que también cuando encuentran la luz de una vida auténtica, se convierten en lugar de salvación y solidaridad.

Ha sido un signo de salvación y de resurrección desde el cáncer, desde la muerte, desde la cruz, realmente como Jesús. Por eso, rezo al Padre dando gracias por su testimonio, Pablo Ráez es para mí una razón para creer en la resurrección, alguien así no puede morir, alguien así nos habla de que hay justicia divina y que no morirá para siempre, el que ha muerto como Cristo -bautizado, confirmado, comulgado en El- está ya en su gloria y, desde la comunión de los santos, será nuestro valedor y nuestro campeón de vida en la enfermedad y en la muerte.

He sentido alegría y envidia sana, por ese amigo-padrino, Pepe el sacerdote, que te ha acompañado y ha vivido este proceso de paso pascual, de la muerte a la resurrección. Imagino su experiencia vital al bautizarte, confirmarte y servirte el pan de la vida en la Eucaristía, y lo que Dios le habrá enriquecido con tu persona y tu experiencia. Yo también estoy muy agradecido a Dios por los signos de vida que descubro en los jóvenes.

Hoy, al comenzar esta cuaresma, ante Jesús en el altar, oro con confianza: “Pablo Ráez, confesor de la fe, testigo de la resurrección, ora pro nobis”.

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Las cenizas y el amor de la madre
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José Moreno Losada | 08-03-2017 | 16:09| 0

“El amor es más fuerte que la muerte”

(Desde el dolor esperanzado de una madre rota)

En los próximos días llegarán las cenizas de dos jóvenes y serán depositadas en un camposanto de un pueblo extremeño donde reposarán con los suyos. El quehacer de enterrarlos de su madre me abren al dolor esperanzado del sentido de la vida en la resurrección.

María José Risco , es extremeña de corazón universal como muestra su currículum y su vida, por eso va a traer las cenizas de sus dos hijos queridos a nuestra tierra para que descansen con los suyos para siempre. Lo hace en cuaresma, en tiempo de ceniza, cuando hablamos de la muerte como el camino para la vida. Lo hace con el corazón roto, con la entrañas abiertas y desgajadas, abrazada al hijo que le queda en esta historia, para poder seguir abrazándolo físicamente y ser, por él, abrazada, como sacramento de una realidad  familiar que exige ser eterna porque ha sido verdadera y única.

Quedan atrás los años en que, tocada de inquietud y de sentido profundo del bien interno de su profesión, traspasó los mares y se encarnó en Guatemala, para adentrarse con corazón y vida en proyectos de cooperación  en el deseo de una justicia que iguala y dignifica a los humanos. Guatemala fue su casa, su pueblo, su vida y, por lo mismo, su amor, allí se enamoró y se casó, fruto del matrimonio, nacieron sus tres hijos. Ella, siempre consciente, de que los hijos son de la vida y no propios, caminó con ellos animando sus alas de libertad, verdad, compromiso con la vida y su propio interior, con sus ilusiones y sus esperanzas. Libertad que posibilitó que Guillermo viviera con ella, estudiando en España, y que Alejandro y Cristina realizaran sus vidas, junto a su padre que falleció hace un año, en el mismo día que acaban de morir ellos,  en tierras gualtemaltecas, formándose y trabajando en aquella realidad en la que se sentían identificados, amando sus posibilidades y sus limitaciones, como si fueran propias.

Y ahora el dolor de una violencia mortal, en aquella tierra y pueblo amado,  los arrebata no sólo del abrazo de la madre sino también de la vida. Empujados por la violencia y la pobreza del robo, sin sentido, en una estructura de corrupción y poca seguridad,  han sido arrojados de este mundo y han tenido que vivir su horizonte personal  de muerte en la juventud más pura y más nueva, cuando sólo contaban con veinte años. Dos vidas, mellizos en una misma hora,   abiertas al amor y la esperanza, llenas de fuerza y de alegría, con un entusiasmo que sobrepasaba el tiempo y no encontraba lugar para tanta inquietud y  deseos de vivir y hacer.

El lugar que fue fecundado con la inquietud y la generosidad de aquella voluntaria joven, después madre consagrada, ahora se convierte en cementerio  triste de una luz apagada en este horizonte. Aquella voluntaria, hoy es forzada desde unas cenizas que sólo son amadas por lo que fueron, pero aún no apaga la luz de lo vivido y se agarra a esa realidad tan pura y auténtica, para poder seguir esperando  junto a la cruz, de pie –como la madre de Cristo-, erguida por la verdad de lo amado, por la fuerza de lo vivido, por el deseo de lo eterno, sabiendo y esperando que la injusticia y el mal no tengan la última palabra.

Ahora le toca a esta madre y a esta mujer, de raíces fuertes y firmes como las encinas de esta tierra extremeña, elaborar un duelo desde el credo de sus entrañas, el credo que asentado sobre el deseo de la justicia, de la igualdad y de la dignidad humana, le empuja con dolor a expresar que “el amor –como dice la Sagrada Escritura- es más fuerte que la muerte”, que el amor no puede morir y los amados tampoco. Ahora le toca, con los dolores de aquel parto doble, gritar  y esperanzarse de que habrá  un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que éstos que están grabados a fuego en el corazón de los suyos,  especialmente de ella como madre y de su hijo como hermano, vivirán para siempre y volverán a encontrarse. Ahora le toca, con el llanto de la madre herida, manifestar que todo ha merecido la pena, que ha sido afortunada en su ser y hacer, en la vida de estos hijos que ha acabado  tan injustamente, pero no sin sentido porque han amado y son amados, que quiere seguir trabajando por la igualdad y la dignidad de todos los hombres y en especial de ese pueblo que le ha roto sus entrañas y al que ha querido y quiere entrañablemente.

Y yo, que acabo de recibir la noticia, de un buen amigo, Pedro, que está unido en la verdadera amistad con María José, y se encuentra en aquellas tierras para facilitar el viaje de los restos para ser enterrados en la debilidad de la ceniza, en tierra extremeña, rezo a Dios, imaginando el dolor de la madre, por una violencia tan injusta, lo imagino en un corazón tan humano, tan voluntario, tan comprometido, tan maternal, con esa pregunta eterna por el mal injusto y el dolor inocente, desde el amor más puro. Ahora su fe, sólo su fe movida por el amor, la podrá mantener en pie y le da fuerzas  para escribir  la líneas que acabo de leer  con las que se ha dirigido al pueblo de Guatemala para una celebración eucarística en honor de sus hijos, que estuvo llena de vida y de esperanza, entre jóvenes y  personas queridas, con cantos de resurrección y amor. La misma  fe que  le mueve a desear una celebración aquí, en nuestra tierra, que transmita lo que sus hijos le transmitían a ella: ilusión y esperanza, de ese amor que por verdadero es más fuerte que la muerte.

José Moreno Losada. Sacerdote.

 

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Badajoz y los refugiados, por la acogida
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José Moreno Losada | 04-03-2017 | 23:21| 0

 

 

“No solo de pan vive el hombre” Resultado de imagen de badajoz acogida  refugiados

Hoy ha habido un encuentro  festivo y reivindicativo en la plaza del ayuntamiento de Badajoz mostrando el deseo de que nuestra ciudad sea acogedora con los refugiados y se comprometa  activamente en la respuesta y concreción de los miles  que España se comprometió  a acoger, y que de seguir al ritmo que vamos cubriríamos el cupo en el año 2025: ¡ A buenas horas mangas verdes¡ Entre los que han participado había instituciones eclesiales y miembros de comunidades cristianas. En nuestra parroquia se comunicó el Domingo pasado esta actividad y se invitó a participar en ella como un gesto de cuaresma, mostrando un deseo de acogida y compartir con aquellos que se encuentran desplazados y huidos. Las razones  son bien sencillas, sólo basta hacer una reflexión tan sencilla como hicimos  hace unas semanas con los niños en nuestra parroquia.  Creo que sería buena hacerla en muchos espacios, eclesiales y ciiviles, incluidos  asamblea de Extremadura, ayuntamientos, etc.  A ver qué os parece:

 

“Porque fui refugiado…¿cuando? En 2017”

Tema: Compartiendo con los que tienen hambre y los refugiados
Objeto: Reloj de arena que marque un minuto.
Evangelio: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber… Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?…De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”Mateo 25: 35, 37, 40
El minuto del deseo:Has oído a alguien decir, “Espera un minuto”. Es verdad que a veces un minuto puede parecer mucho tiempo. Otras veces un minuto parece pasar muy rápido. En esta mañana he traído un reloj de arena. Posiblemente habéis visto uno de estos relojes. Cuando giras el reloj, la arena tarda un minuto en pasar de la parte de arriba a la de abajo. Voy a girar el reloj y deseo que en ese minuto penséis en las cosas que os gustaría comer. ¿Estáis listos? Bien… ¡en sus marcas, listos, fuera!¿Pensastéis en muchos alimentos deliciosos para comer? Yo sí. Pensé en pollo frito, papas majadas con una salsita por encima, hamburguesa, “hot dogs”, pizza, bizcocho, galletas, mantecados, dulces; y mucho más. ¿En qué pensastéisvosotros? (Dale tiempo para que digan algunos de los alimentos en que pensaron, si el tiempo lo permite.)El minuto del hambre y la muerte:¿Sabéis que en ese minuto que estuvimos pensando en las cosas que nos gustaría comer, diecisiete personas en el mundo mueren de hambre? De esos diecisiete personas que murieron trece eran niños y niñas como tú. Jesús y los pobres refugiados:

Jesús estaba hablándole a un grupo de personas un día y les dijo: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber… ” “¿Cuándo hicimos eso?”, preguntaron.

Jesús les dijo, “Si lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

Tenemos mucho por qué ser agradecidos, ¿no es cierto? La pregunta que debemos hacernos es, ¿Estamos dispuestos a compartir con aquellos que no son tan afortunados? ¿Compartirás de lo que tienes con otros que están en necesidad? Recuerda, cuando compartes es como si estuvieras compartiendo de lo que tienes con Jesús.

Oración: Señor, Tú nos has dado tanto… Permite que deseemos compartir lo que tenemos con otros en necesidad. Amén.

 

 Creo que queda claro por qué  los cristianos han de moverse en este tema:

 

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“Entre el ego y el yo” (Miércoles de ceniza)
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José Moreno Losada | 01-03-2017 | 11:29| 0

La ceniza en el centro AFAEX

Terminado el ajetreo de los carnavales, volvemos a la rutina, tocada de singularidad, para los que nos sentimos cristianos. La liturgia nos adentra en el tiempo de la cuaresma a través del rito centenario de la imposición de cenizas en este miércoles, que nos abre la cuarentena del paso por el desierto con las armas de la oración, el ayuno y la limosna.

Como corresponde a mi ministerio hoy me toca el oficio de imponer la ceniza a los fieles y me dispongo en la mañana para que no me ocurra lo que León Felipe avisa en su poema:   “No sabiendo los oficios los haremos con respeto. Para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.” Pero es la misma mañana la que se encarga de espabilarme, lo hace en el centro AFAEX. Paco me avisa de que vaya al centro vecino de la parroquia, centro de día para enfermos del alzheimer, porque él estará fuera. Hacemos una pequeña liturgia, con cantos, evangelio y la imposición de la ceniza. La siguen fielmente como de un recuerdo vivo y presente, se unen los trabajadores. Ha sido un momento de paz y calma, serenidad y cierta alegría, a mí me ha dejado en mi interior una clave para entender el sentido de  esta liturgia y del tiempo cuaresmal que comenzamos. Más de una vez he escrito sobre estos enfermos y la aparente pérdida del “yo”, cuando el yo queda en manos de los que te quieren y te cuidan, porque tú ya no lo conduces. Es impresionante la relación entre la mente y el cerebro, ese misterio permanente con el que nacemos y en el que morimos sin más luz de lo que somos y lo que amamos para seguir viviendo.

Polvo eres y en polvo te convertirás…

La reflexión me ocupa y me desborda en este día que invita a la conversión. Entiendo que la conversión ha de darse entregando el “ego” al “yo”.  Recuerdo que la expresión antigua al imponer la ceniza era lacónica: “acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”. Y medito a la luz de esta enfermedad que se presenta como olvido de lo inmediato y lo actual para reavivar de un modo radical el pasado  en la infancia más desnuda. En ese olvido de lo actual se cifra pérdida del control del yo, para entregarse como un niño débil  y necesitado en las manos de los que te sostienen y de los que necesitan amor y cuidado. Pienso que en la sociedad actual y en nuestra cultura se da la tentación de la contrario, hambrientos de presente y agarrados a él por el poder, el placer y la riqueza, nos olvidamos del origen auténtico de cada uno de nosotros, de ese origen que es clave del futuro: la debilidad de un yo que se forja en la relación del amor y del cuidado mutuo. El “ego” se come al “yo” y lo disfraza de una eternidad lisonjera y atrevida, que queda desnudada en los signos de lo débil que siempre acechan y amenazan, aunque los obviemos e ignoremos. Hoy necesitamos volver con el corazón a la debilidad de la infancia y de la vejez, para saber quiénes somos y a dónde vamos, para recuperar el verdadero sentido y el valor de nuestro yo junto al nosotros de la humanidad y del mundo.

Adelgazar el “ego”

El psiquiatra Castilla del Pino decía que el hombre actual debía adelgazar su yo, ese sentido de la originalidad y singularidad de lo humano para sentirse más cosa del mundo, yo hoy en esta meditación entiendo que el evangelio me llama a adelgazar el ego para fortalecer el yo. Es el ego el que se derrumba con la realidad de su contingencia, no somos los que sabemos, lo que podemos, ni siquiera lo que gozamos, somos los que amamos y queremos, complementados con  lo amados y queridos que somos por los otros. El evangelio nos invita a fortaleceré el verdadero yo sin disfrazarlo de ego,  ahí está el reto entregar el ego para que el yo sea original y auténtico en el amor. Todo lo demás polvo es y en polvo se convertirá.

Ante mí, los otros y Dios

Pablo d´Ors  escribe invitando a recorrer un camino de profundidad y anonimato, entregando el ego y recuperando el yo,  en las claves cuaresmales de lo humano y de lo divino: Ante los demás, vivir la generosidad de los que se entregan en silencio sin pedir nada a cambio; ante Dios, la oración callada del que se sabe criatura y necesita fundamento para sentirse amado y poder aspirar a la vida de lo eterno; ante mí mismo el ayuno de todo aquello que siendo autorreferencia me impide crecer por dentro en sabiduría y gracia, en libertad verdadera.

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“HAS ELEGIDO VIDA”
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José Moreno Losada | 27-02-2017 | 12:36| 0

“HAS ELEGIDO VIDA”

(In memoriam Juan Martín González)

Venimos a la existencia, no arrojados sino enviados:

Así llegó Juan al mundo y a la historia, en una familia sencilla y honrada. De sus padres recibió la luz de una existencia agradecida, en una infancia y juventud educada, en la que creció en estatura, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres. Adquirió y conquistó una personalidad que es la que le ha caracterizado a lo largo de toda su vida. Ahí fue hijo y hermano, familiar entrañable, descubriendo la ternura y el cuidado que después le han acompañado toda su vida. Todo lo vivió agradecido.

Saber ser y saber hacer, vocación y vida

Vocacionado entra, muy joven,  en el camino del magisterio  e hizo de la profesión un lugar de encuentro con los otros, un mundo de relaciones y de servicio a lo largo de toda su vida en lugares y con personas distintas, como compañeros y discípulos.

Cuando el amor es donación y fidelidad

Vivió la grandeza del amor y el enamoramiento en el encuentro con  Rosa, su esposa fiel, con la que ha compartido la vida hasta la muerte, hasta el último suspiro ya deseado para lograr el descanso, en una vida que se ha hecho corta pero fecunda, en una ausencia que ahora parece una nube, pero que será sacramento dolorido de su presencia.

Padre amable

De ese amor y esa entrega, la corona de los hijos Rubén y Juan Manuel, paternidad a pequeños sorbos para que no se escapara ningún momento de sus vidas, entre la protección cuidada y el deseo de su libertad, para que fueran ellos mismos con autenticidad y originalidad.

Señalado por la riqueza de la amistad

Rodeado de amigos, en la sabiduría de que la vida  es vida cuando se comparte y se celebra. Débiles pero amigos, para caminar juntos y desbrozar caminos de novedad y de agrado, en la vivencia de la sencillez de los momentos y los lugares.

Criatura y creador

Todo tocado de color y creatividad, en la humildad del artista la grandeza de reflejar lo creado con la luz de lo nuevo y lo atrevido para que la huella, sin dejar de serlo, fuera mínima, y así dejar  que la obra fuera más auténtica.

Juan, tu eres mi hijo amado, en ti me complazco

Soy testigo de que has sido un buscador de Dios y su evangelio. Lo has tenido a tu lado y le has abierto las puertas, en lo bueno y en lo duro, en lo seguro y en el riesgo, en la luz y en la noche. El ha estado a tu puerta y ha llamado, y tú has sentido que cuando le abrías entraba y cenaba contigo, en  la mesa de la esperanza y del amor.

Adiós…

Y ahora estamos aquí, toda esta asamblea, junto a tu familia querida, queriendo ser sacramento junto a tu persona, hemos venido a celebrar esta comida sagrada –de la que tú has sido comensal tantas veces- comida de despedida, poniendo tu persona en el altar de Dios, en la patena de la ofrenda y en el cáliz de la vida cumplida y merecida. Hemos escuchado la Palabra de Dios buscando consuelo y serenidad, sabiendo que tú, Padre del Cielo,  acoges a los cansados y agobiados que desean tu descanso. Hoy queremos sentir que Juan ya ha entrado en tu gloria y tiene la vida que no se marchita, pero también queremos tu consuelo, tu fuego de esperanza, para vivir este momento con la luz y el color de los cielos y atardeceres que Juan contemplaba y recreaba pintándolos con sus manos y su corazón.

Necesitamos hacer lectura creyente, Señor, de tu historia con él, imaginar y creer en el encuentro definitivo que  nuestro hermano ya ha tenido contigo. Y nos sirve para ello, la palabra de la vida. Tú has puesto ante él vida y muerte, luz y oscuridad,  y él ha querido ser fiel  a su conciencia y vivir con el deseo de lo auténtico, aun en medio de su debilidad. Hoy tú lo habrás recibido con la ternura de Padre y nosotros escuchamos el eco de tu abrazo en el corazón de nuestra fe:

“El encuentro del Padre Dios y este hijo querido”

Oración:

–          Juan querido, hijo mío,  no tengas miedo, vienes entrando a la luz en el corazón de mi hijo crucificado, el ha estado contigo, abrazado a ti y a los tuyos en tu enfermedad, y ahora te acompaña, con la gracia de resucitado, para que tú tengas la alegría y la vida consumada. La paz sea contigo, mi paz, la que mi amor quiere regalarte, la que tú has buscado siempre en el interior de tu conciencia.

” Puesto que has sido fiel en lo poco, pasa a la fiesta y a la mesa de mi reino”:

 

  • Porque en medio de los tuyos, de tus padres, hermano, familia, desde lo sencillo de la vida, supiste recibir una educación y te abriste a la honradez y al deseo de lo bueno y de lo justo. Bendito seas, porque entendiste el mandato “honrarás a tu padre y a tu madre”.
  •  Porque hiciste de tu profesión un lugar de entrega y  fecundidad, fuiste maestro siendo servidor de los niños y niñas que te necesitaban, quisiste no llenarlos de conocimientos, sino prender en ellos el fuego de la vida, el deseo de aprender, el valor de sus capacidades y habilidades. Comprendiste mi invitación: “no he venido a ser servido sino a servir”.
  • Porque entendiste el amor de esposos como lugar unificación, supiste vivir la clave de aquella que era carne de tu carne y huesos de tus huesos, con un solo corazón y un solo alma. De la que siempre quisiste sentirte necesitado y a la que siempre quisiste coronarla como mujer fiel, hacendosa, que enriquece a todos los de su casa. Con Rosa has vivido el misterio más grande: “amaos como yo os he amado”.
  •  Porque escogiste ser padre en la tensión del cuidado de la protección y el ejercicio de respetar y generar libertad, de alegrarte de sus alegrías y abrazarlos en sus debilidades, de exigirles con ternura para que crecieran y de felicitarles por todo lo que era superación y bien-ser. Supiste hacer siempre el papel del Padre bueno en la parábola de tus hijos, con el mayor y el menor.
  • Porque no fuiste teórico de la amistad sino espacio abierto y compartido, espacio de fraternidad, casa abierta, mano generosa, respeto fecundo, y fiel en el respeto a la singularidad de cada uno. Ellos seguirán amando y cuidando a la amiga enamorada  que dejas en el mundo. En la amistad supiste vivir “la paz que yo os dejé y os di”
  • Y ahora entra en el paraíso y sigue creando todo lo bello y trascendente que ya imaginabas en tus pinceles, crea conmigo  y ayúdame a seguir coloreando el mundo con el arcoíris de lo bueno y lo justo. Con el salmista, en todos tus cuadros, supiste orar: “Grandes son tus obras Señor”.
  •  Me buscabas en tu vida, nos encontrábamos, pero no era suficiente, hoy ya estás conmigo, todo lo mío es tuyo, ahora todo será luz, vida, gracia, alegría, fuerza…  y tendrás la gracia del ángel y toda su alegría para seguir acompañando en la comunión de los santos a todos lo que quieres, porque el cielo no limita sino que abre y fecunda con un amor nuevo y eterno, y ahora te lo doy con mi abrazo. Cuántas veces he oído en tu corazón: “tu rostro buscaré Señor, no me escondas tu rostro…ahora ya todo es claridad y Tabor”.
  •  Puse ante ti fuego y agua,  y tú quisiste arder sin apagar nunca el amor, puse ante ti vida y muerte, y tu , aun sintiendo la muerte, seguiste siempre eligiendo la vida, puse ante ti luz y oscuridad, y tú hasta en los momentos más oscuros agradeciste los pequeños rayos de los que te acompañaban y te amaban. Bendito seas Juan y todos los que te abrazan y despiden en mi mesa y en el pan de la esperanza y de la vida eterna. “Ven y entra en mi descanso”
  • En la vida recibiste el ciento por uno, te quisieron muchos, y ahora tendrás la vida eterna, porque yo te amo y soy tu padre para siempre.
  • Y a todos los que sentís su partida os bendigo con la esperanza, este Juan que ahora habéis visto irse en la mayor de las debilidades, rodeado de vuestro amor, lo volveréis a encontrar glorioso y feliz, en el reino de la vida. El os estará aguardando y os ayudará a dar el paso que hoy ya ha culminado. Desde esta orilla será para vosotros: vuestro hijo, esposo, padre, amigo, maestro y, sobre todo, artista del amor y del esperanza. Confiad en mí y elegid la vida.

 

 

 

 

 

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“Amar siempre” -Homenaje a Manuel López-
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José Moreno Losada | 22-02-2017 | 11:55| 0

Querido Manuel:

Celebrar el amor en el dolor

ALa imagen puede contener: 2 personas, anteojos e interioryer ha sido uno de los días memorable, en los que al celebrar la Eucaristía, me sentí más sacerdote y más creyente. Alguna vez te lo dije, amigo Manuel,  pero hoy quiero hacerlo más explícito y público. Tu persona y tu presencia siempre han sido un motivo de ánimo y de referente evangélico para mí  y los que te rodeaban en la residencia de la Granadilla.

Paco, mi compañero, me  llamó para ver si podía yo celebrar un servicio litúrgico funerario en el tanatorio, a las cuatro de la tarde porque él no podía. Sabíamos que el difunto era un residente de la granadilla, pero nada más, creíamos que era uno de los enfermos que había recibido el sacramento de la Unción el domingo. Pero al llegar al tanatorio y entrar para rezar ante el féretro, todavía abierto, me di cuenta que era tu cadáver el que tenía delante de mis ojos.  Me sorprendió y me dolió, no lo esperaba, porque el último domingo que celebré en nuestro centro allí estabas tú, como siempre, bien atento y dispuesto, con ese clamor dominical que sostenemos: “Aquí no hemos venido a morir, aquí hemos venido a vivir”. Al verte yacente y sin aliento vital, sentí tu ausencia y me habitó enseguida el recuerdo entrañable de tu presencia y tu humanidad, lo que tú has sido para mí y mi ministerio en la residencia. Después me contaron que el corazón, agotado de tanto amar –pensé yo- , se había parado para siempre. Se me agolparon muchos sentimientos y alguno expresé en la homilía, sobre todo se me vino al corazón las veces que habíamos estado juntos ante el altar con la riqueza de la vida, en su amor y en su dolor y limitación.

El evangelio de la verdad

Cada celebración  dominical de la eucaristía en nuestra capilla te he visto atento y  participativo, sentado atrás donde era más fácil incorporar la silla de ruedas de tu esposa, ese tesoro que no has soltado en ningún momento de tu mano, el tesoro que  has cuidado, protegido, mimado, acariciado, como nadie. Por eso algunas veces he hecho referencia a vosotros en la homilía al aplicar el evangelio a la vida. Tú ha sido para mí referente evangélico en tu modo de estar en la residencia y de cuidar a Francisca, tu esposa, en su enfermedad. Cada vez que el evangelio hablaba de entrega gratuita, de amor sin medida, de fidelidad radical, de compasión y misericordia, se me venía al corazón tu imagen agarrado a tu esposa amada, internados los dos  en ese centro  donde se cuidan dependientes.

Ser pan partido

He orado muchas veces con una conversación sencilla que tuviste conmigo, al comienzo de tu  presencia en el centro. Habías ingresado a Francisca porque los medios que  necesitaba ya no se los podíais dar en la familia, en casa. Al comienzo tu venías todos los días a visitarla y cuidarla, pero eso no duró mucho, porque hiciste tu reflexión  y  te dijiste a ti mismo que si ella estaba aquí, tú te vendrías en cuanto pudieras con ella, para compartir esta etapa, estabas dispuesto a entregar tu independencia para hacer amable su dependencia, para que no le faltara ni un minuto tu cuidado y tu ternura. Ante su debilidad tú entregabas toda tu fortaleza, tu vitalidad para que ella tuviera amor.  Por eso cuando yo partía el pan  en el altar, no podía por menos que darme cuenta que era lo que tú estabas haciendo todos los días, partir tu tiempo para dárselo a ella muy poco a poco, que era el modo en que ella podía recibirlo porque ya no se da cuenta de casi nada, aunque siente y recibe amor.

El vino de la vida

Pero además yo observaba cómo, desde esta situación y debilidad, con esa silla de rueda siempre en tus manos y en todas partes, has ido creando un ambiente de paz y armonía entre los compañeros, has jugado, reído, cantado, paseado, y siempre lo has hecho con otros, creando familiaridad y fraternidad. A mí mismo me has hecho sentirme bien cientos de veces, desde el pago de un café con cariño, hasta la conversación tranquila, la alabanza a los pequeños detalles que yo pudiera tener. Me gustaba cómo me recibías y me tratabas, la sencillez y naturalidad con la que lo hacías, y como era tu forma de ser y de estar. Me animaba cómo me hablabas y presentabas a tus hijos y a tus nietos, tu orgullo de sentirte querido y acompañados por ellos. Por eso al alzar el cáliz con vino de la alegría, de la sangre entregada de nuestro Señor, ponía también tu bien ser y tu ánimo positivo en medio de la limitación.

Que Dios te tenga en la gloria, por haber amado tanto

Por eso hoy, en tu entierro, cuando he leído el texto evangélico del grano de trigo que cae en tierra y da mucho fruto me lo he creído a pie juntillas pensando en tu vida, y cuando he ofrecido el pan y el vino consagrados, he sentido la presencia real de Cristo allí en la asamblea, porque tú has sido un verdadero testigo de quien ama y da la vida con alegría. Sí, en la misa de tu despedida, rodeado de los tuyos, de tus amigos, de compañeros de la residencia, he dicho el “por Cristo, con él y en él” con una emoción profunda, he recordado que tu junto a Francisca, en su debilidad y límite total, has sido: ternura, compasión, entrega, gratuidad, serenidad, cuidado, familiar, sensato, sabio, amigo.  El evangelio se ha hecho vida una vez más: “Te doy gracias Padre, porque estas cosas tan importantes no se las has revelado a los sabios y poderosos de este mundo, sino a los más sencillos”. Tú has sido sencillo  y has amado hasta la muerte, por eso Dios te habrá dado ya lo que te mereces: LA GLORIA.

Sigue cuidándonos y protegiéndonos desde el cielo, te necesitamos hermano. No dejes de abrazarme.

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“Viaje apostólico a la Rioja”
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José Moreno Losada | 19-02-2017 | 22:06| 0

“De apóstoles y patrística, hoy”

El fin de semana me ha ofrecido la oportunidad de vivir y reconocer que las claves y raíces de la Iglesia de la que formo parte siguen permaneciendo hoy. Ha sido un viaje largo e intenso, al que podría calificarlo de eclesial, apostólico y patrístico. Me explico.

El curso pasado, en Mayo, en la asamblea del movimiento de Profesionales Cristianos de Acción Católica, del que formo parte activa, me pidieron que les acompañara en el equipo permanente como consiliario general. Ya lo había sido, en los primeros años de su nacimiento en el año 2002, cuando la Conferencia Episcopal lo aprobó para iniciar un proceso de evangelización en el ámbito profesional y cultural. Ahora tocaba seguir adelante con una realidad más consolidada, a la que se le ha pedido desde el espiscopado español  que presentara su proyecto evangelizador y de futuro, junto a los demás movimientos especializados de acción católica en España.

Profesionales y apóstoles

El viaje que acaba ahora, en la tarde del domingo, ha sido respondiendo a esta llamada. Llevamos un año de reflexión sobre la realidad y el proyecto de nuestro movimiento y, desde ahí, hemos elaborado el borrador del proyecto evangelizador en el que estamos inmersos y deseamos continuar  trabajando. He acompañado a María José Toledo  e Belén Plaza, de Badajoz y Zaragoza respectivamente, presidenta y secretaria del movimiento.  Una, médico cirujano, esposa y madre de dos hijos, otra, trabajadora social en la comunidad autónoma de Aragón donde trabaja en cuestiones de residencias y mayores. Nos hemos desplazado a Logroño, donde se encuentra el obispo consiliario de la Acción Católica, Carlos Escribano.

En el camino una parada en Palencia donde se encuentran  compañeros de misión, y comida con el que es consiliario de ellos en esa diócesis, Pepe Rabanal, para llegar en la tarde noche a nuestro destino, donde se sumaba Belén desde Zaragoza. Allí, acogidos por el obispo del lugar,  nos situamos en la tarea que nos convocaba. Mañana de trabajo como equipo permanente de cuestiones varias sobre todo de cara al trabajo del movimiento en este año sobre  el tema de la igualdad y las profesiones, así como de la sesión de estudios que tendremos a nivel nacional en Mayo. Preparación del material para el encuentro en la tarde con el obispo. Todo un trabajo de verdaderos discípulos de Cristo, que sintiendo su llamada a ser pescadores de hombres, dejan sus redes, y hacen cientos  y cientos de kilómetros para trabajar en comunión, siendo apóstoles comprometidos para la evangelización en medio del mundo, en el ámbito profesional y cultural, con una dedicación admirable e interpeladora de estos laicos, al menos para mí.

En comunión con los obispos

Por la tarde encuentro con Carlos Escribano, sobre un material elaborado a conciencia por el movimiento en el que se analiza la realidad, la historia del movimiento, las debilidades y fortalezas, lo específico y propio del mismo.  Desde ahí nuestro proyecto evangelizador, ultimado por un buen equipo de profesionales militantes, donde presentamos realmente el ser y el quehacer de este proceso evangelizador que asumimos y proponemos a la Iglesia de España para poder hacer llegar la buena noticia al mundo, a través de las profesiones y la cultura. Recordaba yo el viaje de Pablo, tras su iniciación como apóstol, a Jerusalén para encontrarse con los apóstoles y contrastar y dialogar en torno a su proyecto apostólico y evangelizador, para acordar modos  y lugares propios en comunión. Allí estábamos, desde el deseo apostólico, ante un obispo, propuesto por la Iglesia,  para vivir lo que llamamos “la cuarta nota”, nuestra comunión con los pastores de la Iglesia. De broma, decía yo, que la cuarta nota en esta ocasión nos había costado mil cuatrocientos kilómetros. Fueron más de tres horas intensas de diálogo, análisis, encuentro, comunión, enriquecimiento mutuo, confirmación en la fe y en la misión. Un ambiente fraterno y familiar que culminamos con una cena  compartida y alegre, de hermanos que agradecen al Padre la confianza que ha depositado en nosotros al poner nuestras manos esta labor y pedirnos que lo hagamos siendo uno, en verdadera comunión. La verdad que nos hemos vuelto confirmados en la fe y animados a nuestra misión, con la inquietud de poder presentarlo a los demás obispos para hacerlo más viable en las demás diócesis en las que todavía no se ha ofrecido como instrumento evangelizador y propio de la iglesia diocesana.

Padres de la Iglesia, hoy

Bien temprano, comenzábamos el viaje de regreso, pero el camino era distinto, ahora no volvíamos por la ruta de la plata, nos tocaba llegar a Madrid, por Soria, para acercarnos al Barrio de Pan Bendito, donde habíamos quedado con Pedro José Gómez Serrano, un hermano en la fe al que buscamos como acompañante para nuestra sesión de estudio. En el camino pensaba yo en la Iglesia primitiva y en aquellos que realizaron una labor insustituible, los santos padres. Aquellos que embebidos en la Palabra de Dios formaban y animaban a los cristianos con sus palabras y sus escritos, amén de con el ejemplo de sus vidas. Las comunidades  se alimentaban de sus trabajos y los buscaban para formarse y crecer.  Así era hoy, nosotros  buscábamos a Pedro José, como hermano mayor en la fe, para que nos ayude en nuestra reflexión. Necesitamos claves para un juzgar  teológico –Cristológico, eclesiológico, evangelizador- en lo que se refiere al ejercicio profesional como lugar de construcción del reino en lo que se refiere a la igualdad, como elemento de la fraternidad verdadera. Este año estamos descubriendo la desigualdad que se observa y se da  desde las profesiones que ejercemos, y queremos la iluminación sobre lo descubierto. Pedro José es un hombre creyente de recorrido profundo en el seguimiento de Jesús, de comunidad cristiana y  vida parroquial de base en un barrio muy sencillo, junto a gitanos e inmigrantes,  director del departamento de historia de economía mundial  en la Complutense –conocedor de la realidad del mundo y la sociedad acutal-, formado en teología   y docente en el instituto teológico de pastoral, esposo y padre de dos hijas estupendas. Reflexiona, escribe, del mundo y el evangelio, lo comparte, lo entrega con una disponibilidad inusitada, y se ilusiona con lo que le pides y le propones acogiéndolo como propio. No hay duda de que está en la línea de los padres de la iglesia primitiva, con la misma gracia y frescura. Una alegría de que pueda estar con nosotros para compartir nuestra sesión de estudios y ayudarnos a  profundizar en esa relación de vida y evangelio, desde el ser y el hacer profesional.

Vinos buenos, aquí y allí

Después camino a casa, con la luz de un sol impresionante, parada para  reponernos y alimentarnos, y  atardecer acogedor, en la mesa del altar, donde como los de Emaús, he puesto en manos del Padre este viaje apostólico y patrístico, en el que he sido enriquecido y enriquecido  por estas personas  del equipo y aquellos con los que nos hemos encontrado en la misión y en el deseo de ser apostólicos y auténticos. Sigo pensando y sintiendo que soy un afortunado… y el vino de la rioja  tan bueno como  los nuestros de Extremadura.

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La Roca de la Sierra, un pueblo ecuménico
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José Moreno Losada | 08-02-2017 | 23:29| 0

Del conflicto a la comunión

En el mes de Enero hemos celebrado el octavario de oración por la unidad de los cristianos. Son días intensos de ecumenismo en el camino del deseo de la unidad entre las iglesias cristianas para llegar a ser la única Iglesia de Jesucristo y así ser fieles al deseo profundo de Jesús de Nazaret cuando pedía en su oración ante el Padre de Dios que todos fuéramos uno como lo eran el Padre y él. Pero ese deseo  de unidad  este año tiene un sentido especial porque se cumple el quinto centenario del inicio de la reforma luterana, fecha simbólica y referencial para los “protestantes”.

El papa nos ha llamado a reforzar los caminos de la unidad y el encuentro. Él mismo lo hizo de un modo simbólico y universal al firmar con el presidente de  la federación de las iglesias luteranas  el documento  llamado “Del conflicto a la comunión”. En él se nos invitaba a unirnos a estas iglesias  hermanas para celebrar esta fecha tan conmemorativa para ellos. Pues bien, ese espíritu del Papa Francisco y ese deseo va haciéndose capilar en el cuerpo eclesial y va llegando poco a poco hasta la base, hasta el pueblo.  Y como siempre son los sencillos los que menos reparos tienen en vivir y acoger lo que es positivo y llama a la unión. Así lo he vivido y percibido hoy en la Roca de la Sierra, pequeña población situada a medio camino entre Badajoz y Cáceres. Allí  conviven la Iglesia católica, que  lleva siglos enraizada, dando luz y sentido a sus feligreses, y una reciente comunidad de la iglesia evangélica “de la Esperanza”.  La católica acompañada por el sacerdote Diego Valle, la evangélica  por el pastor Henri Boada.

Diego y Henri, dos pastores con corazón

Al conocer  a este pastor con motivo de la semana de la unidad, como delegado de ecumenismo en Badajoz,  hablamos de la posibilidad de hacer un gesto de comunión y oración compartida en esa localidad, donde hasta ahora se saludaban como conciudadanos pero no habían compartido como cristianos. La mayoría de los católicos nunca habían estado en el ámbito de ese centro evangélico que ocupa el local del antiguo cine del pueblo. Incluso Henri, al comienzo de estar en la población, alguna vez lo pasó mal por su singularidad religiosa. Le hablé de que  no iba a encontrar ningún obstáculo en el sacerdote, sino  más bien  acogida y cariño pastoral. Así ha sido según me ha confesado varias veces en la preparación de este evento.

Se conocieron, se saludaron y quedaron en preparar juntos una celebración de reconciliación y oración compartida entre las comunidades eclesiales. Se vieron en un espacio   sencillo, tomando un café en un bar del pueblo, la gente se alegraban de verlos juntos y lo expresaban con admiración. La idea era acercarse la comunidad católica a  su centro y celebrar juntos con motivo del quinto centenario de la reforma. La celebración litúrgica ha sido  tomada de los materiales elaborados por la comisión luterano-católica con motivo de la semana de la Unidad: “Del conflicto a la comunión. Nos apremia el amor de Cristo”.

Una repuesta de comunión y generosidad mutua: Unidos por la misericordia

La respuesta de la comunidad católica, ante la invitación del sacerdote,  ha sido desbordante, niños, jóvenes, matrimonio, mayores han acudido y abarrotado el local, sin prejuicios  ni miedos, con confianza y deseo de compartir. Los pastores gozosos y felices de esta comunión y cercanía, de esta fraternidad. Si algo había de muro o distancia, no hay duda de que hoy se ha caído. Allí han pedido perdón juntos por todo lo que ha sido división, rechazo, persecución, odio, exclusión, guerra…hemos reconocido la idiotez de los muros y las etiquetas que nos separan y dividen, viendo que eso nunca puede venir de Dios. Se ha escuchado la palabra de Dios, con el profeta Ezequiel que nos hablaba de un corazón nuevo frente al pasado, con el apóstol Pablo que nos decía que no podíamos mirarnos desde la carnalidad del egoísmo y la comparación, sino desde el amor de Cristo que nos apremia, y después el evangelista Lucas nos ha encendido con la parábola del Padre bueno que abraza a su hijo , cuando viene roto y dividido por la ceguera y el orgullo que conducen al fracaso personal y entre hermanos.  Tanto Henri como Diego han hablado en sus sermones al corazón de lo humano, desde los sentimientos de Cristo que nos muestra al Padre y han hablado de lo que nos une y nos llama a caminar juntos, para vivir con más profundidad nuestra relación con Dios y los hermanos.

Una celebración de la sencillez y del camino de la verdadera unidad

Ha sido una celebración de ecumenismo puro en la sencillez, el credo, el padrenuestro, la paz ha brillado y nos ha entrelazado con las manos y el corazón. Ha sido un paso más de amor entre los cristianos que se sienten llamados a ser testigos de ese amor en medio del mundo. Cada uno con sus riquezas y su historia, sabiendo que no están llamados al conflicto, ni siquiera a la fusión excluyente,  sino al enriquecimiento mutuo, para que todos puedan creer que Dios ha enviado a Jesucristo y  que todos nosotros, unos y otros, hemos sido salvados por él.

Soy testigo de que hoy en un pequeño pueblo de Extremadura, en la Roca de la Sierra,  se ha hecho a pie de calle, con calor y sabiduría rural, lo que el Papa y el representante luterano hicieron a nivel mundial. El pueblo sencillo entiende el mensaje y los gestos del Papa Francisco, que fiel al Concilio Vaticano II y a los 50 años de andadura del proceso ecuménico,  nos invita a estar más unidos, a conocernos y reconciliarnos  ante el altar y ante el mundo.

Felicito a la Roca de la sierra y a sus pastores por este signo de unidad y de comunión en Cristo y su gracia salvadora. Y os invito a ver la alegría y el gozo con que los pequeños vivían este momento: La voz y el corazón de los niños

José Moreno Losada. Delegado de Ecumenismo y diálogo interreligioso de Mérida-Badajoz.

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Luisa atardece en la Granadilla
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José Moreno Losada | 08-02-2017 | 09:00| 0

Vuelve a atardecer con ternura… y Luisa se despide

La imagen puede contener: cielo, árbol, crepúsculo, exterior y naturaleza

Marisa, médico compasiva en la residencia de la Granadilla, me hace llegar un sencillo mensaje y me dice que Luisa Torrado está en enfermería, bajo los efectos paliativos, en el trance de sus últimos pasos por este mundo. Su vida, tras un largo proceso de enfermedad cancerígena, toca a su fin terrenal y me dice que su familia desea que me pase por su habitación.

Acudir a un atardecer materno.

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Algo me impulsa a hacerlo rápido y llego a esa paz calmada,contemplando el atardecer lleno de paz y ternura, a ese silencio sagrado de sueño y suspiro, la veo postrada, acompañada por su hija entrañable, escena de calvario tocado de ternura y calma en la espera de una despedida para un sueño definitivo. Es un atardecer para mí lleno de paz en el dolor, de consuelo en la tristeza, de armonia en la filiación llorosa ante la marcha, ya ultimada, de la madre. Y la recuerdo en esta residencia, a la que venimos a vivir y no a morir, vitalista, esperanzada, graciosa, risueña, celebrativa, creyente, sencilla, natural, amiga, vecina, compañera…la observo con sus cejas que permanecen pintadas y su peluca descolocada pero firme, y la beso con el rito de la paz, la absuelvo con la cruz del Dios amado, la acaricio con la oración del padre nuestro.

Una oración compartida en la debilidad

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Y me satisface cuando su hija me dice que estando en el hospital decía que cómo no iba yo a verla, el sacerdote, me alegra estar esta tarde a su lado y ver que musitaba con sus labios algunas de las palabras del avemaría que yo rezaba cerca de su oído, para que se sintiera acompañada por esa virgen de la Gracia que preside a su pueblo de Oliva de la Frontera. Y en la oración me acompaña el llanto silencioso de la hija, y el decir de Juan que en su discapacidad quiere decir en alto los finales de mi frase y que cuando ve que lo yo la beso en su frente, me dice que él también quiere besarla y la besa más fuerte que yo para despedirla…

Ella supo darnos su pan de alegría y de esperanza

La imagen puede contener: cielo, árbol, crepúsculo, exterior y naturaleza

…y al llegar a casa, con el tono rojizo de un cielo calmado ya sin sol, sigo recordándola, orante, prostrada en su lecho, ultimando, y siento que ella nos ha alimentado en la alegría de la vida. Y en ese momento  recibo ek envío de una canción por parte de Mónica, la canción que el próximo Domingo, día de Manos Unidas contra el hambre, van a cantar en la comunión, y siento que Luisa estará en ese pan viva y resucitada. Ella ha sido para nosotros en esta historia de la residencia de la Granadilla pan de alengría, optimismo y esperanza, y me emociono:
https://www.youtube.com/watch?v=rQQRt4G9Zb8

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El rezo de un cura hoy
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José Moreno Losada | 06-02-2017 | 19:19| 0

En la intemperie de un atardecer desnortado…

De nuevo Señor, al atardecer, siento la mano bendita y amorosa de tu bendición en el sol que declina y se desnuda en la ausencia, cuando ya va de caída. Contemplo cómo la nube grandiosa lo cubre y lo viste, como nodriza amable, para adentrarle en la noche de su descanso. Pero yo sigo con el interrogante peregrino de lo humano y lo divino, deseando saber, con todo lo creado que me rodea, quién es el hombre y a dónde va. Me lo pregunto en la mañana cuando ese sol comienza a brillar, y en la noche cuando con su marcha nos llega el frío y la oscuridad.

Hijos del momento
Somos, Padre, hijos del momento, nos vemos abocados a interpretar el presente y lo hacemos siendo perdidos, aunque hablamos de Oriente y Occidente, de Norte y de Sur, sin más referencia que los límites que nos sobrepasan y se imponen: ¿Qué nos está pasando? ¿Quién, qué y a qué nos están llamando? ¿Qué afirma este grito gigante y multitudinario de dolor humano sabido y contrastado? ¿De dónde viene la sordera universal en el ahogo de la dignidad machacada en la inocencia más pura y martirizada de la historia? ¿Qué intereses, tan anónimos como encarnados, son los que mueven los hilos de este mundo donde han sido expulsados y masacrados los quijotes y los buenos sanchopanzas?

En las nubes del dolor
¿Y dónde estás Tú, mi Dios… dónde tu rostro, tus manos, tu costado, tu sangre, tu cuerpo, tu cruz y tu calvario, tu amor, tu grito, tu sed compasiva y entregada en el espíritu? – Tu clamor en la brisa me responde: en las víctimas sacrificadas y en los corderos degollados. Y yo grito: “Silencio”, como si de una película del momento se tratara.

Iglesia en desasosiego
¿Dónde tu Iglesia, tus elegidos, tus apóstoles y enviados, los profetas del pueblo, los mártires y los confesores, la multitud de testigos que han lavado sus mantos en la sangre de aquél cordero… y dónde estoy yo, ellos…? Desorientados, desnortados, asegurados y acomodados, dormidos y separados, con discursos que no acaban y conceptos tan discutidos como vacíos, todo en la vaciedad de lo abstracto, de la coma y del término que justifica hasta la violencia y la separación. Señor, qué desajuste y desasosiego, cuando no acedia y apatía, necesito tu voz y tu ofrenda, como el ciego del camino pido un milagro para verte, para verme, para ver mi mundo, para entender el momento.

Señor, a dónde iremos?
Y sólo tu ofrenda, cuando cae la tarde, me envuelve y me salva de estos poderes e imperios que se imponen, tensos y acabados, dentro y fuera de tu cuerpo amado, de tu unidad querida, en la historia, la humanidad y el universo, la ofrenda de ti mismo como fuente y horizonte: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados…aprended de mí que soy manso y humilde”…

En la verdad desnuda de lo humano
Danos, Jesús, tu mirada y tu espíritu para desentrañar nuestro momento, enraízanos en ti y haznos crecer en tu gracia y tu luz. Envíanos de nuevo y libéranos de todos los miedos acomodaticios y conservadores que nos invaden y absorben en nuestra iglesia, en nuestras comunidades, en nuestras tradiciones. Lánzanos a la verdad desnuda de lo humano, a la compasión de las entrañas, al corazón de tu encuentro, allí donde todos están en ti y nada está fuera de tu amor. Rompe todos nuestros odres centenarios y carcelarios que nos detienen y anulan, danos el vino nuevo de tu espíritu, para que borrachos de tu gracia volvamos a ti y te encontremos encarnado, crucificado y resucitado, haz que volvamos a meter nuestros dedos y nuestras manos en tu costado y en tus clavos. Renuévanos por dentro y danos un espíritu firme, ayúdanos a ser creativos y creadores en la humildad del momento y en sencillo de la humanidad atribulada en los pobres y cansados de hoy.

Señor, que vea
Espíritu divino, te siento vivo en el deseo que me habita, aunque me veo roto y descosido por dentro y por fuera. Gracias por poder compartir con los hermanos, con los que busco cercanía y luz en lo desnortado y desorientado de nuestra ceguera institucional y nuestra pobreza pecadora. Tú nos vuelves a llamar y a invitar para seguir dando pasos, sin dar palos de ciego, desde un corazón compasivo, como el tuyo, abrazados con todos los que, como nosotros, esperan tu palabra de vida y tu aliento. Solo tú Señor, puedes abrir nuestros ojos y nosotros, como el ciego del camino, te suplicamos como Iglesia al atardecer: “Señor, que vea”.

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Sobre el autor José Moreno Losada
“Entre lo divino y lo humano, pero sin fronteras entre lo uno y lo otro, va deambulando mi vida de cada día, como la de todos. Me muevo como ciudadano de a pie en la ciudad secular, como hermano en medio del mundo y como oveja-pastor en el ámbito eclesial, y no soy más que puro intento de una identidad en estos caminos de lo humano y de lo divino. Abro este blog con el deseo de seguir siendo encuentro y, ojalá, para abrir los ojos, con todos vosotros, a lo trascendente y lo inmanente de nuestra historia cotidiana." Pepe Moreno Losada, nacido en Granja de Torrehermosa en 1958, ahora –ya mayor- sacerdote en Badajoz y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura.