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La patata, la reina de nuestros huertos
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administrador | 19-04-2013 | 16:07

Patatas de todas las variedades. / Reuters

Patatas de todas las variedades. / Reuters

Huertos y hortelanos ofrecen estos días un espectáculo desigual en cuanto a la presencia de un rico tubérculo en esos pequeños mosaicos en los que se cultiva un poco de todo. El temporal de frío y agua persistente durante tanto tiempo ha hecho que las patatas vayan este año tardías.

Los que madrugaron en su cultivo sufrieron las heladas o se les enguachinaron, por lo que han tenido que volver a sembrarlas. Los que tenían espacios abrigados y podían desaguar las tienen ahora preciosas, y son la envidia de los que no pudimos ponerlas antes.

Ahora, de pronto, nos viene la calor y empieza la lucha entre los dos gremios que componemos el mundo de los pequeños hortelanos: los que curan con dinamita, porque dinamita es los tratamientos utilizados por la moderna agroquímica, y los que no curan o, en caso extremo, lo hacen con algún producto orgánico.

Ambos lo tenemos difícil. Unos, porque tienen el suelo esterilizado, sin defensas, de tanto matar a cañonazos todo lo que se mueve. Otros, porque aunque te esfuerces por tener un suelo vigoroso, en el que la lucha biológica sea posible (vean las mariquitas comiéndose a los pulgones), lo que haga tu vecino de al lado puede  afectar a tus cultivos.

En cualquier caso, siempre es más recomendable producir en la pequeña escala que en los grandes monocultivos industriales, aunque sean estos los que llenan la cesta de esas grandes masas de gentes que llamamos consumidores.

Intento hablarles nada menos que del cultivo de la patata: ese fruto que tanto ha contribuido a matar hambrunas y salvar a la humanidad, en el que los sabores, colores, textura, tamaños, etc. son tantos que nunca acabaremos de conocerlos. Por ello, lo que hagas en el suelo y lo que utilices en su cultivo va directamente a su carne, que es la que nos canta en el paladar cómo ha sido tratada en sus cuatro meses de vida.

Originarias y domesticadas en los Andes Centrales, y cultivo de subsistencia durante largo tiempo, los españoles trajeron ese tesoro biológico del Nuevo Mundo, y con el tiempo llegó a constituirse en una parte importante de la dieta alimenticia de la población mundial.

Por ello, aunque haya sucumbido a las exigencias de la modernidad, y haya que hablar de millones de hectáreas y millones de toneladas de este producto, su cultivo en pequeña escala, sobre todo ahora que volvemos al estado de la escasez y el malestar, es de una importancia vital para las familias que cultivan su huerto, y también para los que el paladar todavía les permite distinguir entre una “patata de estiércol” y una “patata de nitrato”.

Este es el dilema de la sociedad actual: agroquímica cada día más dura e insaciable, o reciclaje de la materia orgánica. La lucha será larga pero la eclosión de los pequeños huertos en todos los rincones del mundo no hay quien la pare. Como dice mi amigo Pepe Reyes: “los huertos son un lienzo de arte y reservorio de conocimiento, no sólo agrario, sino también de participación ciudadana”

Viajar a Portugal y comer peixe sin guarnición de suaves patatas hervidas no es fácil. Lo mismo puede decirse de Galicia y otros muchos lugares. No digamos las papas arrugás de Canarias, independientemente del mojo que les acompañe. Y lo mismo podemos decir de muchos de los pueblos de  nuestra España rural, donde se tiene a orgullo no comer patatas congeladas.

Recolección de patatas.

Recolección de patatas.

La patata de origen conocido, sean con huevos fritos, al rebujón, gobernás, con arroz y/o bacalao, asadas, hervidas, en ensalada, a la vinagreta, a la brava o en tortilla, no tienen que saber a nitrato. Hay que notar que han tenido una buena crianza, y si es posible, conocer al huerto y al hortelano, para lo que las normas sanitarias deben tener presente que la pequeña escala existe, y no poner multas a quienes las crían, tan estúpidas como que el criador no extendió factura, o que la furgoneta con que la acerca unos kilos a sus vecinos no reúne las condiciones legales. Esto está pasando en nuestra tierra, aunque no me crean.

Termino contándoles que he visitado los casi 100 huertos municipales de mi pueblo y prácticamente todos han salvado sus patatas. Estas reinan entre las lechugas, puerros, cebollas, etc., y las últimas habas que aun les quedan a algunos.

Mi amigo Paco, que tiene el mejor huerto de estos contornos, fue de los aguachinados. Ahora se debate en si las vuelve a sembrar o ya es demasiado tarde.

Justo, el hortelano al que le robaban las liebres que criaba, y todo lo que pillaban (le ha robado siete veces), tiene las patatas preciosas.

Y Picotín, ese hortelano “morisco” al que ya le conocéis los amigos de este blog, tiene un patatar tan adelantado que me dice su mujer que, para finales de mayo, las prueban.

Otros tendremos que esperar este año hasta julio, aunque intentaremos hacer trueque con pago posterior a cuenta

Quiero terminar recomendándoles que lean, si pueden, un gran libro“La Patata en España” (historia y agroecología del tubérculo andino), de Javier López Linage, publicado por el Ministerio de Agricultura, y mirarán al mundo de la patata con otra cara.

Y también sabrán que la tortilla de patatas se inventó en Villanueva de la Serena, aunque este asunto no hayan sabido todavía explotarle quienes rigen los destinos de esta ciudad.

Vean el enlace que les acompaña sobre la crónica que ofreció en su día el diario HOY y se animarán a leer el libro que les estoy recomendando.

 

Sobre el autor Juan Serna Martín
Va a hacer tres años que inicié este Blog en el diario HOY. Con pausas mayores o menores, según las circunstancias, he ido dando cuenta en él de personas, oficios y productos que han llamado mi atención en mis viajes por los pueblos de Extremadura. Sin periodicidad metódica, intentaré seguir contando las experiencias modélicas que encuentro y los avatares que rodean a cada una de ellas, con la intención de que sirvan de referencia a las enormes posibilidades que tiene esta tierra de ofrecer productos tradicionales o singulares, para la gente que los añora o sabe valorarlos. También para recuperar oficios o actividades cada día más escasas, algunas de las cuales están en trance de desaparición. Vaya aquí mi homenaje a los emprendedores que voy encontrando en el camino.