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Fecha: septiembre, 2013
La pitarra de Francisco, un sabor a tradición
administrador 30-09-2013 | 11:07 | 0

 

Francisco Bravo durante la vendimia de la uva con la que elabora luego sus vinos.

Francisco Bravo durante la vendimia de la uva con la que elabora luego sus vinos.

El vino pitarrero de Francisco Bravo Rodríguez es bien conocido en Siruela y algunos pueblos de La Siberia extremeña. No en vano lleva 40 años elaborándolo, ayudado por su mujer, Petra Chamero y por toda la familia cuando llega la hora de la vendimia.

Hijos de la cultura campesina de esta comarca extremeña, han hecho de todo en su vida: Desde labrar con una yunta compuesta por burro y yegua, arar, segar, trillar y limpiar los tercios que les tocaban de la dehesa pública del pueblo, hasta jornalear en las épocas que ello era posible.

Cuando llegó el feliz día en que heredaron la viña “El Empedrao” (que heredó su mujer del Tío Julián Pérez), la cosa se puso un poco más favorable para ellos; ya no era solo el olivar, sino que ahora había una viña con almendros en los bordes, y dos partes de peros y de higueras, que todavía mantienen como reliquias.

Desde entonces se empeñan cada año en el cuido de esa viña. Hacían las hoyas con esmero  hundiendo las cepas, y dejando que los sarmientos prosperaran y echaran raíces. Las primeras elaboraciones del vino se hacían pisando la uva que llevaban  con burro, en banastas de mimbre, hasta las “tenajas” (tinajas) de barro “empegado” por dentro en las que se elaboraba y que aún siguen utilizando.

Uvas recién recogidas antes de introducirlas en el pequeño molino.

Uvas recién recogidas antes de introducirlas en el pequeño molino.

Ahora la uva se muele en un pequeño molino, se despalilla y se echa en las tenajas. Al hacer un solo prensado, se elabora con una yema que es vino flor, lo que le da una gran calidad.   Durante un tiempo hay que “mercerlo” con un palo y un corcho hasta que la cáscara se quede abajo del todo.

Tras un proceso aproximado de dos a tres meses, el vino sale por un orificio situado en la parte baja del tonel (no en la baja del todo, que es para sacar las heces) y en el fondo quedan pieles y vinaza con la que elaboran un aguardiente de “muchos megatones”, con más de cuarenta grados “a la sombra”. Este lo elaboran con un alambique de cobre que compraron en Guadalupe hace 25 años, y que les costó casi 50.000 pesetas de las de entonces.

El jugo de la uva recién molida permanece entre dos o tres meses en las 'tenajas'.

El jugo de la uva recién molida permanece entre dos o tres meses en las 'tenajas'.

En la olla en la que elaboran el aguardiente echan un poco de bálago, la cáscara de la uva, unos higos y un poco de matalauva. Ponen la copa arriba y se llena de agua que hay que ir renovando a medida que se calienta mientras dura la destilación.

Como en todo cultivo, los años son irregulares y pueden dar de media unas 40 o 50 garrafas de vino, de una arroba cada una, y unos veinte litros de aguardiente, haciendo también  algunas botellas de licor.

Francisco y Petra tienen ya su clientela de muchos años, gran parte en el pueblo y algunos que vienen de fuera, y le sacan sus buenas perritas a su cosecha de cada año. He tenido la suerte de beberme una garrafa de media arroba este año. Tanto de vista, clarete y transparente, como de nariz, buenos aromas los de la uva “alarije”,  y de boca, el vino de Francisco tiene un paladar muy equilibrado, propio de esta variedad que se conserva por las sierras de Guadalupe y la Siberia.

Para haberse degradado mucho la elaboración de los vinos de pitarra en los últimos tiempos, poniendo en el mercado vinos bastante mediocres a veces, Francisco y Petra conservan muy bien su viña y, sobre todo, su tradición a la hora de elaborarlo. Para mí son la mejor imagen del vigneron:  “el que cultiva y elabora su propio vino”.

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Seve, maestro de la cerveza artesana extremeña
administrador 06-09-2013 | 11:28 | 7

Seve en su taller de elaboración artesanal de cerveza en el que se ocupa prácticamente de todo.

Severiano Fernández de la Cruz en su taller de elaboración artesanal de cerveza, ubicado en Villanueva de la Serena, en el que se ocupa prácticamente de todo.

Los del portal de la Cerveza Artesana dicen en su búsqueda de la cerveza primigenia que cuando la civilización daba sus primeros pasos, hace más de 4.000 años, el jugo de cereales fermentados era muy popular en Mesopotamia. Sin embargo, además de los ingredientes básicos, la cebada y la escanda (un tipo de trigo) la receta  de la cerveza producida por los sumerios sigue siendo un misterio.

A la búsqueda de esta cultura milenaria, anterior incluso a la del vino, se lanzó nuestro amigo Severiano Fernández de la Cruz desde su Quintana de la Serena natal, leyendo todo lo que caía en sus manos y visitando los eventos más dispares que se realizaban entorno al mundo de la cerveza casera y artesana: reuniones de amigos, fiestas locales, ferias de la cerveza, visitas a “micro-cervecerías”, hasta llegar a convertirse en asiduo de la Feria Internacional de la Cerveza en Núremberg.

Todo ello canalizado desde el movimiento “HOMEBREW”, origen del sector de las micro-cervecerías y de los foros argentinos con el lema de “hágalo usted mismo”, que hicieron suyos los “ocupas” de Cataluña, donde aún siguen haciendo sus talleres de aprendizaje sobre la cerveza casera.

Hace un par de años, tras asistir a los festivales de la cerveza casera de Tolivia (Asturias),  Seve empieza a plantearse en serio su proyecto de pequeña industria de cerveza artesana, diseñado por él en su integridad.

Se instala en Villanueva de la Serena y busca a un buen maestro calderero que le haga el equipamiento en acero inoxidable que necesita para su pequeña sala de cocción, y de fermentación, se monta su pequeño tren de embotellado y su almacén y se lanza a la aventura creando dos tipos de cervezas: una tostada, la “Castúa”, y una rubia, Pilsen, al más puro estilo de Baviera, a las que integra en su marca “Sevebrau”, con las que va recorriendo los pueblos y ciudades extremeños.

Su tarea es tan difícil como “tirar el córner e ir al remate”: Diseño, elaboración, distribución, gestión administrativa, venta individualizada (puerta a puerta) y a algunos profesionales de la hostelería que se van atreviendo a incorporar poco a poco una cerveza extremeña distinta a la convencional y algo más cara que la del mercado… Todo corre de su cuenta, incluso la limpieza de las instalaciones, hasta que el negocio de para crear algún otro puesto de trabajo.

Sin embargo, deja muy claro que su gran ambición no es crecer ilimitadamente como la mayoría de los proyectos al uso. Su gran objetivo es hacer una gran cerveza artesana, que sea reconocida y querida por la gente por ser distinta y mejor que la que han venido bebiendo en sus canales habituales.

Por ahora trae la malta de la mejor calidad de Alemania (aunque cree que acabará encontrando por aquí algunas cebadas similares). La muele él mismo y la infusiona con agua caliente. Por sus propiedades encimáticas el almidón del cereal se convierte en azúcar (maltosa) y ésta es la “comida” preferente de las levaduras, que se encargan de fermentarlas y producir el alcohol y el gas carbónico (gasificación natural).

Luego añade los lúpulos y todo ello le da el sabor y el aspecto definitivo de su cerveza. Las especiales características del agua del río Zújar en Villanueva de la Serena  pone una nota más en la calidad final del producto que elabora.

El artesano extremeño con su cerveza.

El artesano extremeño con su cerveza.

Seve sigue participando en todo tipo de eventos feriales (ahora mismo se va a FEVAL, donde ha montado el stand, con sus cervezas “tostada” y “rubia”) y en fiestas populares locales con su bandera de la cerveza artesana, al tiempo que realiza múltiples actividades relacionadas con la divulgación de la cultura cervecera, tarea en la que reconoce el gran papel que están jugando las asociaciones de amigos de la cerveza casera, cuya eclosión es cada día mayor por todos los pueblos y zonas de España.

En conclusión, Seve a sus 50 años, tras más de una década de recogida de información y aprendizaje sobre la cultura de la cerveza, se ha reconvertido a sí mismo. Ha metido todos sus ahorros y su energía en una actividad en la que cree y de la que está enamorado, que empieza con buen pie y que le ha llevado a conseguir la única cerveza artesana producida realmente en Extremadura, de la que sólo falta que hasta la materia prima llegue pronto a conseguirse también en nuestra tierra.

Esperemos que algunos de nuestros agricultores cerealistas den un paso al frente y acaben ofreciéndole una cebada cervecera acorde con las exigencias que requiere la elaboración de una buena cerveza.

Si esto no es ser un buen emprendedor, en medio de una crisis que parece no tener fin,  que venga Dios y lo vea.  

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Sobre el autor Juan Serna Martín
Va a hacer tres años que inicié este Blog en el diario HOY. Con pausas mayores o menores, según las circunstancias, he ido dando cuenta en él de personas, oficios y productos que han llamado mi atención en mis viajes por los pueblos de Extremadura. Sin periodicidad metódica, intentaré seguir contando las experiencias modélicas que encuentro y los avatares que rodean a cada una de ellas, con la intención de que sirvan de referencia a las enormes posibilidades que tiene esta tierra de ofrecer productos tradicionales o singulares, para la gente que los añora o sabe valorarlos. También para recuperar oficios o actividades cada día más escasas, algunas de las cuales están en trance de desaparición. Vaya aquí mi homenaje a los emprendedores que voy encontrando en el camino.