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Autor: juan sena
Mis amigos del vino en Extremadura
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Juan Serna Martín | 28-10-2016 | 5:04| 3

Amelia Coloma, enóloga de Viñedos y Bodegas Coloma.

Amelia Coloma, enóloga de Viñedos y Bodegas Coloma.

Mi primer amigo en el mundo del vino fue Ramón Sánchez Arroyo (Bodegas Catalina Arroyo). Un personaje tan inolvidable como indescriptible. Farmacéutico y bodeguero, podía más en él el amor a su viña y a su vino que a su farmacia, hasta que finalmente tuvo que venderla para dedicarse de lleno a lo que le gustaba.

Las historias que viví con él darían para un libro si uno fuera escritor, que no es el caso. Pero quiero arrancar este artículo con el recuerdo de este amigo soñador, romántico, anarquista de derechas y personaje literario donde los haya. El me enseñó el catón del vino, esas nociones que un principiante necesita para penetrar en ese mundo. Con él aprendí  a conocer las primeras variedades de uvas y fui testigo de cómo disfrutaba haciendo seguimiento de sus cepas a lo largo del cultivo.

Después me enseñó a catar algunos vinos y a esperar pacientemente a los segundos aromas. Dejo pendientes las historias que podría contar de él, y de los múltiples viajes y aventuras que vivimos juntos y le utilizo hoy como pretexto para ofrecerles este artículo en el que quiero hablarles de mis relaciones con el vino.

Después conocí a un gran cultivador, al viticultor por excelencia. Otro personaje mítico, enamorado de sus cepas hasta límites que no pueden imaginar. Hablo de mi amigo Joaquín Salamanca, el más veterano de los agricultores  ecológicos extremeños. Un hombre al que las satisfacciones de la viña enfrentan con la burocracia administrativa. Y también, por qué no decirlo, con las dificultades del mercado y con la ignorancia de un sector en el que ni los convencionales ni los ecológicos saben apreciar los esfuerzos especiales que entraña este modelo agrícola, cuando se ejecuta con la autenticidad de este viticultor tradicional. También hay historias con Joaquín que espero contar en breve.

De él he aprendido varias cosas: el valor de la uva tempranillo y la eva-beba; de las cepas viejas; de las vendimias realizadas con esmero; y de los sueños de un viticultor al que la burocracia y el mercado le ponen los mayores impedimentos. Tengo la esperanza de que aguante en su lucha y con el apoyo de su hijo,  un joven agrónomo, vean sus sueños realizados en una sociedad del conocimiento, en la que éste sin embargo avanza tan despacio.

Después de ellos he conocido a otros, más de respajilón, de los que también he visto cosas interesantes. Es el caso de la Cooperativa San José de Villafranca, precursores de un vino ecológico, si bien les recuerdo mucho más por un vino que elaboraron en la celebración de su 50 aniversario, que era una joya difícil de olvidar. También conocí a José Luis, Presidente de Viña Oliva y de la Cooperativa Virgen de la Estrella, de los Santos de Maimona, que han hecho una labor importante con los vinos de eva-beba, sin olvidarme de su Maimona Crianza y de sus aceites. Y no puedo dejar de citar a Juan Leandro (Bodegas Romero), que en poco tiempo ha realizado una serie de reformas en su bodega dignas de elogio. Su opción por el vino ecológico me parece encomiable, destacando su Almonazar (reserva), Pradomayo, y el espumoso Burbujas de Eva-Beba.

De vez en cuando veo a Tato en el Hotel Las Cigüeñas (Bodega las Granadas Coronadas), con su vino Torre Julia; a Marcelino Díaz, personaje clave del vino extremeño, con su vino y cava Puerta Palma; y más de tarde en tarde a Isabel Mijares, veterana de la cultura del vino extremeño, nacional e internacional.

Mi mayor hallazgo en los últimos años ha sido encontrar en el Salón del Gusto de Slow Food, en Turín, a Rafael Pérez, español afincado en Zurich  (Suiza) y maestro de los grandes vinos; de los populares; de los vignerons. Él es mi Robert Parcker particular, y a él recurro cada vez que quiero saber algo sobre cualquier vino, en la seguridad de que me dará la información precisa. Rafael es una enciclopedia que vaga por el mundo sin dejar nunca de sorprenderte.

No quiero terminar este periplo sobre el vino sin hablarles de una gran mujer, Amelia Coloma (Coloma, Viñedos y Bodegas), con la que voy a tener el placer de conversar ampliamente en breve, y a la que dedicaré un capítulo de “La Extremadura que viene”. Amelia, que proviene de tres generaciones de bodegueros, es enóloga, cultivadora de sus propias viñas y elaboradora de vinos interesantes que exportan a varios países. De una cultura exquisita y de gran sencillez (por las referencias que voy encontrando), espero me cuente cosas de gran interés sobre el vino en general, sobre el extremeño en particular, y sobre los proyectos futuros que comparte con sus hermanos Helena y Félix.

Seguiremos hablando de vinos, de vez en cuando. No lo duden.

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La historia de mi yegua Lola
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Juan Serna Martín | 29-07-2016 | 11:32| 3

Juan Serna con su yegua Lola.

Juan Serna con su yegua Lola.

A través de mi gran amigo Joaquín Conesa me fui aficionando al mundo de los caballos. Ir a ver su Yeguada, “Nobleza del Guadiana”, es un espectáculo lleno siempre de sorpresas. Hasta que un día decidí tener una potra suya, que él eligió y para lo que me dio toda clase de facilidades. Así fue como Lola llegó, con apenas un año, a mi pequeña república de la Estación de Magacela. Tenía el bello empedrado de los caballos tordos de esa casa, y un porte que auguraba una futura yegua hermosa. Yo no tenía idea del manejo de caballos por lo que continuamente consultaba a Joaquín y a Dioni, su mayoral, sobre lo que tenía que ir haciendo. La tenía sobre alimentada, por lo que el animal cogió una hechuras impresionantes. Convivía con una burra con la que hizo buenas amistades, aunque enseguida quedó claro quién mandaba allí y que había que compartir el comedero, cada una por su lado, para que Lola no dejara a Jacinta sin comer.

Lola con la burra Jacinta, con la que convive en hermandad.

Lola con la burra Jacinta, con la que convive en hermandad.

A los tres años Lola llegó a la edad adulta y se le buscó un gran caballo, siempre de la mano de Joaquín. Cuando regresó venía preñada, con aires de señora respetable, con una  fuerza y corpulencia que imponía, y a los diez meses nos trajo un potro negro, precioso, al que mimaba con celo y al que vimos crecer sin casi darnos cuenta. Al cabo de un año empezamos a pensar qué haríamos con un caballo, sin las instalaciones adecuadas para tenerle separado, cuando el celo le llevara a saltarse parentescos. Entonces vino el trueque del potro por la yegua Rubia que, aunque bastardilla, y sin el linaje de Lola, era un animal dócil, que había sido montada y podría tener otras utilidades. Lola impuso desde el principio su autoridad a Rubia, pero enseguida se hermanaron, y hasta hoy.

Pensamos entonces en llevar a Lola a un profesional para poder montarla,  y así lo hicimos, pero aquello no fue una idea brillante. El profesional parece que la echaba de comer y poco más, así que  volvió casi como  se fue, y allí no había un dios que se atreviera a montarla. Su nobleza seguía intacta y se dejaba querer y acariciar, pero no había quien la pusiera la jáquima. Y en estas llegó la nueva cubrición y el segundo parto, cuando ya Lola empezaba a perder ese empedrado que los caballos tordos suelen perder para mutar al blanco, lo que no evita que sigan siendo bellos.

En esta segunda ocasión pudimos ver lo caprichosos y estúpidos que pueden ser algunos animales. Tuvo que parir Lola, en una noche de final de marzo, fría hasta dejarlo de sobra y con una lluvia que era carámbano, en pleno barrizal, teniendo su cuadra abierta. Cuando llegamos horas antes de amanecer, el potro ya había nacido y estaba embarrado y aterido de frío. Lo limpiamos y le dimos masajes y tenía una ganas de vivir que se veía en cómo intentaba agarrarse a las ubres, pero Lola, debía tener grietas y con el dolor no podía amamantarlo.

Era domingo y Dioni estaba de viaje. El potro no pudo encalostrarse, aunque intentábamos ordeñarla apenas podíamos; porque  el dolor no la dejaba. Hasta el día siguiente no pudimos traer la leche en polvo para caballos, pero ya era demasiado tarde. Aquel precioso potrillo negro se quedó en nuestras manos por nuestra inexperiencia y falta de medios, algo que nunca podremos olvidar.

Ya en la tercera cubrición tuvimos a Lola un tiempo con un caballo negro jabeño (de La Haba), de fina estampa, pero no hubo forma de que quedara preñada y con la ayuda de Joaquín la llevamos a La Remonta, con seis o siete años, y de nuevo  la mala suerte se alió con ella. Cuando llegó la hora Lola malparió, al tener dos potros: uno nació muerto y el otro apenas duró una hora. Cuando el veterinario llegó, horas después, tuvo que hacerle una limpia a vida o muerte, advirtiendo que la yegua podría quedar estéril después de lo que había sufrido en el parto.

Así sucedió, y desde entonces Lola no ha vuelto a salir en calor, al  menos que yo sepa, aunque tampoco hemos querido forzar una nueva cubrición. La yegua terminó de mutar a blanca, sigue feliz con la Rubia como compañera y no fue a parar al matadero, como suele suceder a estos animales cuando quedan estériles, pero ¿cómo sacrificar a un animal al que has visto crecer, mutar, sufrir y disfrutar con una vida placentera como la que ella lleva?

Muchos te dicen: si no  la montas y no te cría ¿para qué coño la quieres? Siempre me acuerdo de la anécdota que me cuenta Joaquín de un  caballo exportado a Méjico, que en un concurso, tras dos años sin ver a su dueño, al pasar por la tribuna donde éste se encontraba, se paraba en seco, relinchando al conocerlo a pesar de la distancia.

Solo los que conviven con los caballos saben los lazos que pueden establecerse con ellos, y lo gratificante que puede ser tenerlos, aunque no los montes o no puedan ya criar por circunstancias desgraciadas como las que les he contado. Lola seguirá aquí mientras pueda tenerla o la encuentre una finca en la que la traten bien, pueda ir a verla y que viva como una reina los años que le queden. Cada día la hablo y acaricio, como  a la Rubia, que es muy envidiosa y no tiene culpa de su menor linaje, y les llevo alguna golosina siempre que puedo, sea un poco de pan, una manzana o algún membrillo, que es lo que realmente las vuelve locas.

En mi recorrido por aquel predio republicano (que será seguramente la única república que voy a conocer), en la que tanto jumento tengo o he tenido, puedo asegurarles que no hay animal más cariñoso, inteligente y agradecido, que esas yeguas, que saben latín a pesar de no tener estudios. Y todo ello se lo debo a Joaquín Conesa y a su hija Maleni, que llevan los caballos españoles por el mundo y con ellos el nombre y la marca Extremadura.

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El Club de los Amigos de las Gallinas
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Juan Serna Martín | 09-06-2016 | 12:03| 3

Las gallinas han acompañado al hombre, y lo han alimentado, a lo largo de su historia

Las gallinas han acompañado al hombre, y lo han alimentado, a lo largo de su historia

Los amigos de las gallinas, CIAGA (Club Internacional de Amigos de las Gallinas) es un club de románticos y admiradores de las gallinas camperas, que buscan un pretexto para divertirse, defendiendo a unas aves que siempre acompañaron la vida familiar, dando sus huevos y su carne a quienes las crían como uno de los manjares de excelencia en toda la historia de la humanidad.

El pasado día 5 de junio, en la finca El Rañaco, de Pedro Pazos, conocido de ustedes en este Blog, tuvo lugar el primer encuentro de unas gentes que quieren promover el huevo de campo e ir consumiendo cada vez menos los huevos de granja intensiva. Hacía falta encontrarse en un marco especial, en el que las buenas tradiciones y los mejores alimentos locales y artesanos, presidieran esa pequeña fiesta de creación de un Club sin burocracia alguna, sin estatutos y sin cuotas, que congregue a gentes que tienen una sensibilidad y aficiones comunes, y un sentido festivo de la vida.

Tras un período de intercambio en las redes sociales, en el que las imágenes de gallos, gallinas y pollitos se intercambiaron entre ellos, fue cogiendo fuerza la idea de crear este Club, al que se pone pomposamente el título de Internacional, porque desde el principio están presentes en él amigos de Portugal, Suiza, Italia, etc. y sobre todo de Extremadura. Ahora, poco a poco, se pretende ir dando a conocer el fabuloso mundo de la avicultura, con historias que enternecerán y hasta sorprenderán a quienes lo forman y a quienes lo sigan en el Grupo Abierto que se ha creado en Facebook

Hay un hombre, un investigador del INIA, fallecido hace unos años, Don Fernando Orozco, que dedicó su vida a las gallinas y que ha dejado reflejada en su obra una tarea digna del mayor reconocimiento. En sus trabajos de campo, cuenta cómo fue recorriendo cortijos por los campos de Extremadura para ver cómo en ese mestizaje de razas gallineras todavía podían encontrase ejemplares de algunas razas autóctonas concretas, como es el caso de la “castellana negra”, la “andaluza perdiz”, o la “franciscana” o “utrerana”, que habían sido gallinas populares por todo el suroeste español y muy queridas por sus rusticidad y adaptación al clima, que acompañaron siempre a la familias campesinas formando una parte importante de su sustento.

A este autor piensan dedicar sus primeros textos de divulgación, ya que fue el creador e impulsor de la gallina “extremeña azul”, en una tarea sin prisas, que sirva de información y divertimento a todo el grupo de amigos que en estos momentos se aproxima al centenar.

A lo largo de la jornada de constitución en El Rañacose pusieron en común viandas y guisos, provenientes de las distintas comarcas, que hicieron las delicias de los asistentes, demostrando una vez más, la riqueza culinaria de una tierra tan llena de buenos alimentos, que todavía se conservan a pesar de la industrialización cada día mayor de los productos alimentarios que llegan a nuestra mesa. En la sobremesa se cantaron jotas, canción española y hasta tangos, que dieron la nota musical a quienes saben disfrutar del arte del buen comer y el buen vivir.

El broche final lo pusieron los amigos del Alentejo (Arronches) aportando buena literatura popular, relativa a esa querida comarca de la Raya Portuguesa y los de Fregenal obsequiándonos con la revista literaria Saber Popular, incluyendo el Refranero de Agricultura, con  más de 500 refranes que encierran el conocimiento y la imaginación legados a través de los siglos, de toda una cultura rural que algunos dicen que está condenada a desaparecer.

Un momento del primer encuentro de los amigos de las gallinas en Extremadura.

Un momento del primer encuentro de los amigos de las gallinas en Extremadura.

A partir de ahora la tarea es buscar nuevos escenarios de fincas o dehesas modélicas en las que seguir celebrando estos encuentros, con el ánimo  de aprender y divulgar todos estos tesoros, en el que el huevo y la gallina estarán siempre presentes. Ni que decir tiene que el huevo estuvo en la mesa del Rañaco, en forma de huevo relleno (comida popular en la romerías de nuestros pueblos), tortillas de espárragos y gurumelos empanadillas, ensaladas, etc. e hizo las delicias de todos, junto a la patatera, la chanfaina,  la lengua estofada, la mandanga y el ajoblanco y el gazpacho de cerezas. Todo ello con la cerveza artesana Sevebrau y algunos vinos pitarreros y de algunas bodegas y variedades autóctonas, cerraron una jornada inolvidable.

Por último, conviene destacar la iniciativa desarrollada en este Club, consistente en el trueque. Esta actividad, practicada desde los tiempo más remotos, consiste en el intercambio de productos entre los amigos que tienen manjares distintos y se lleva ya un tiempo practicando. Huevos por naranjas (las hay excelentes en distintas zonas extremeñas). Huevos por cerezas, verduras, frutas, criadillas, cecina, quesos artesanos, espárragos (blancos, verdes y silvestres), cervezas, vinos, licores (hay una destilación artesana excelente en algunas zonas). Todo ello está abriendo unas expectativas prometedoras al recuperar una forma de relacionarse que no sólo no debe perderse, sino que debería promocionarse cada día más.

Esta pequeña historia del Club Internacional de Amigos de las Gallinas (CIAGA) no ha hecho más que empezar. Esperemos que nos permita relatos en este Blog tan placenteros como el que hoy les cuento.

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Las aventuras de Pedro Pazos, un pionero rural
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Juan Serna Martín | 21-04-2016 | 6:58| 3

Pedro Pazos.

Pedro Pazos.

Corrían los años setenta, creo que hacia la mitad de esa década nos llevaron un día a la finca “El Rañaco”, por el entorno de Valdecaballeros. Aquello parecía ser una “Comuna”, en la que un grupo reducido de amigos  intentaban olvidarse de la vida urbana. Hacían una agricultura que llamaban “biológica”. Tenían colmenas y animales varios, como  cabras, caballos, burros, gallinas…y recolectaban productos silvestres. Utilizaban algunas energías alternativas en pequeña escala: un aerogenerador de segunda mano, y algunos paneles solares de primera generación.

Habían establecido su “república independiente” en un lugar recóndito y silvestre, en el que también había puesto sus ojos la Central Nuclear de Valdecaballeros. Pronto se informaron de lo que entrañaba ese tipo de energía, y la declararon la guerra, informándonos a otros extremeños de lo que aquello suponía. Lo contaban desde la perspectiva de la técnica y la ciencia, con una buena dosis de filosofía sobre una sociedad industrial  de la que abominaban porque conducía al hombre unidimensional que ya retratara Marcuse.

Creo que ellos eran más bien de Prohudon, Bakunin y los grandes libertarios, y también, por supuesto partidarios del amor libre; aunque eran conscientes de lo fácil que era proclamarlo y lo difícil que era vivirlo, sin que ello generara conflictos en el grupo, por lo que no hacían proselitismo de ello.

No eran partidarios de drogas duras, aunque uno de ellos plantó un poco de “maría” que se extendió como la mala hierba junto a los tomates y hubo que quitarla antes de que les acarreara algún conflicto con la Guardia Civil. En el fondo querían demostrar que era posible una vida autónoma y autosuficiente, una especie de “comunismo libertario” fuera de la burocracia de las instituciones, aunque a veces les llamaran hippies por ello. Aquellos primeros “neorurales” disfrutaron a fondo en aquel edén, pero a pesar de lo bella y romántica de su experiencia, las grandes  limitaciones, propias y ajenas, acabaron con la utopía, pasando los resistentes a otra etapa menos pretenciosa.

Junto a Pedro Pazos vivimos las movilizaciones contra Valdecaballeros y nuestros primeros escarceos con la agricultura biológica, organizando debates contra los pocos ingenieros nucleares que se atrevían a comparecer en los actos que organizábamos, hasta que trajimos a Gaviria, Naredo y compañía, hicimos “Extremadura Saqueada” y llegamos a las grandes movilizaciones que concluyeron con el cierre de la Central.

En la siguiente etapa, Pedro se compró un carro y se empeñó en dar la vuelta a España con su familia dentro, unos ratos a pie y otros andando, en lo que debió ser una aventura apasionante y de la que todavía conserva ese carro insólito que desafió durante un tiempo a la civilización del automóvil. ¿Se imaginan un carro tirado por una yegua y un caballo “entero”, atravesando túneles, carreteras y caminos de todo tipo? o ¿intentando cruzar la frontera de Marruecos en un Ferry, quedando bloqueados al pasar Ceuta, en “territorio de nadie”, desde donde no les dejaron seguir, ni les dejaban volver porqué venían de Marruecos sin haber entrado en él? Esta surrealista historia es para novelarla y llevarla al cine.

En fin, cuando el dinero se iba acabando jornaleaban en la aceituna o en la vendimia, y seguían su camino sorprendidos ellos mismo de cómo puede sobrevivirse gastando lo imprescindible, y de la buena gente que se encuentra por esos caminos. A lo largo de esta aventura de varios años, le dio tiempo a Pedro y su compañera de que les naciera un hijo, y a la yegua de parir un potro y quedar preñada de nuevo antes de finalizar este viaje de varios años.

Tras la gesta del carro, no sé si para aliviar las deudas que le deparó la lucha contra tanto molino de viento, se volvió de nuevo a algunas grandes empresas de ingeniería en las que había trabajado, comprobando que había olvidado muchas de sus prácticas de ingeniero industrial. Recuperadas éstas y hasta el inglés que también tenía abandonado le ofrecieron la dirección de proyectos importantes que le llevaron a Indonesia (Isla de Java), a Portugal, de nuevo a Indonesia (Isla de Sumatra) y finalmente a China, donde se hizo cargo de un gran proyecto, con el que puso fin a aquella etapa ingenieril.

En ella pudo ver  cómo evolucionaba el mundo del gran capitalismo, al tiempo que ganaba algún dinero y tomaba nota de la técnica a aplicar a sus sueños sobre la energía solar. Tras ese largo periplo aterrizó de nuevo por El Rañaco, y creó una de las primeras empresas de instalaciones solares de Extremadura, llegando a emplear directa e indirectamente a una treintena de empleados y subcontratistas, y en ella se ha jubilado después de superar una serie de obstáculos técnicos y burocráticos que para qué contarles.

Para terminar esta historia de un pionero extremeño sin par, les diré que una vez jubilado crea, junto a Carmen Ibáñez y Mario Morales, el Proyecto REBIBIR, sin ánimo de lucro, que mediante la ayuda de gente solidaria y algunas entidades se ha dedicado unos años a realizar pozos solares con bombeo directo y huertos ecológicos en Mauritania, gestionados luego por mujeres de aquellos poblados. Les han hecho las obras, aportado la tecnología y el equipamiento, las semillas, etc. y les han enseñado a manejarlo en una zona desértica a la que han llevado un sueño que aquellos bereberes no podían imaginar.

Todo ello motivando a personas y entidades para lograr la financiación de esos proyectos de bajo coste (18.000 euros cada huerto y pozo solar)  en los que han puesto imaginación, esfuerzo y trabajo durante unos años. Han logrado apoyos del Ayuntamiento de Logrosán (un pozo) Diputación de Cáceres (medio pozo), un municipio francés pagó 12.000 euros para traer a España y formar a un grupo de mujeres, que son las que se encargan de la agricultura. Pero sobre todo fueron personas particulares las que han estado apoyando el proyecto, además de organizar festivales y conciertos como el  de María Espada, que ayudaron mucho a ello.

Finalmente ha pasado un tiempo en Cuba, en la que le habría gustado replicar el proyecto de Mauritania en Santiago de Cuba, en una finca tropical en Sierra Maestra, pero la burocracia oficial del Régimen de Fidel le creaba tantos problemas que tuvieron que desistir. No sé si se dará por vencido o acabará lográndolo, pero si sé que aunque esté jubilado no dejará de sorprendernos con alguna nueva iniciativa en El Rañaco o en Cuba, cuyas estancia comparte temporalmente.

Reencontrarme hoy con Pedro Pazos, en esa dehesa mítica de El Rañaco, para dar rienda suelta a todos estos recuerdos nos ha deparado unas horas de placer y añoranzas difíciles de explicar en este Blog “Del Huerto a la Granja” que he retomado gracias a su amistad y a nuestros recuerdos. Con unas habas tiernas, queso, embutidos y pan, todo de El Rañaco, nos hemos despedido hasta un nuevo encuentro en la Granja de Magacela, en la que haremos trueque de productos, proyectos y recuerdos.

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Eva-Beba, una uva que reivindica su memoria en Extremadura
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Juan Serna Martín | 11-09-2015 | 9:02| 3

La uva beba, un manjar delicioso que debería ser promocionado como un producto extremeño de calidad.

La uva eva-beba, un manjar delicioso que debería ser promocionado como un producto de calidad.

La primera referencia que tuve de la uva Eva-Beba me la dio hace muchos años Ramón Sánchez Arrollo, uno de los genios del vino extremeño que nos dejó hace tiempo, pero que tengo siempre en mi memoria. Más tarde pude ver cómo la Revista “Origen”,  en su número 50,  dedicaba un reportaje de dos páginas a contar las excelencias de esta gran uva extremeña, y le dediqué un primer artículo en el diario HOY,  el 24/7/2010, con la información que tenía y, sobre todo, con el testimonio del mejor viticultor que he conocido en Extremadura, Joaquín Salamanca, al que dediqué dos post en mi Blog “Del Huerto a la Granja”.

Entonces supe que la Cooperativa Virgen de la Estrella, de los Santos de Maimona, elaboraba dos vinos con esta uva, “Viña Maimona” y “Eva Dulce”. También, que la Cooperativa Cave San José de Villafranca, elaboraba un vino ecológico, “Eco-Viña Canchal”, con las tres uvas autóctonas extremeñas: pardina, cayetana y eva-beba.

Y más tarde, puede probar el vino espumoso (cava, para que nos entendamos) excelente que hace Bodegas Romero, en El Raposo y que llama “Burbujas de Eva-Beba”. Esta es la lenta evolución de la uva Eva-Beba en cuanto al vino se refiere, que no pasa por ahora de algo testimonial, tras el largo período de tiempo que ha estado en el olvido, como tantos otros grandes productos extremeños.

La gran uva de mesa: Este es el reto que tiene nuestra gran uva extremeña. Si en el pasado fue una de las más apreciadas en España y en los mercados centroeuropeos, ¿por qué no vamos a ser capaces de hacer valer de nuevo esa cualidad, ahora que surgen por todas partes nichos de mercado para productos autóctonos de gran calidad?

Parece ser que tenemos más de 1.000 hectáreas de Eva-Beba en Extremadura. Una estrategia de ir poniéndola en los mejores circuitos comerciales, por fases, empezando por la de mejor calidad, tanto en cultivo ecológico como convencional, sería una iniciativa oportuna e inteligente.

Por supuesto, acreditándola con su merecida Denominación de Origen y con los apoyos necesarios para ello. Ya se hizo una experiencia hace tres años con El  Corte Inglés, que no prosperó porque la empresa elegida para su introducción, al ser una tema menor para ella, quemó la experiencia reteniendo una semana la uva envasada hasta que llegaba al lineal. Para un producto perecedero una semana envasada es letal.

Sin embargo, quedó claro que se trataba de un producto de primor, y sólo había que agilizar su distribución y exposición al público, porque en esa firma comercial tenían memoria de la gran calidad de esta uva.

Ahora, en la presente vendimia, hay una iniciativa preparada con el apoyo de la Fundación Maimona, para que la Eva-Beba sea degustada y conocida por expertos de la agroalimentación, por las autoridades competentes, y por los medios de comunicación a fin de ir dando pasos para dotarla de la comercialización que merece.

A tal efecto se prepara en Mérida un acto gastronómico, en el que estarán presentes los vinos y el cava que de ellas se elaboran, para terminar con la degustación final de la uva, a fin de que ésta sea conocida y valorada en nuestra propia tierra, y los asistentes puedan comprobar por qué esta uva conquistó en tiempos pasados los mejores mercados.  Si se consigue este gran objetivo, será el momento de empezar a preparar los pasos para llevarla donde merece, de forma planificada y con los interlocutores adecuados para ello.

Dicen las malas lenguas que si esto lo cogieran los vascos harían con ello lo que han hecho con el vino Chacolí o el queso Idiazábal, a pesar de ser alimentos de producción limitada. Espero que en Extremadura aprendamos a poner en valor reliquias gastronómicas como la uva Eva-Beba.

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Sobre el autor Juan Serna Martín
Va a hacer tres años que inicié este Blog en el diario HOY. Con pausas mayores o menores, según las circunstancias, he ido dando cuenta en él de personas, oficios y productos que han llamado mi atención en mis viajes por los pueblos de Extremadura. Sin periodicidad metódica, intentaré seguir contando las experiencias modélicas que encuentro y los avatares que rodean a cada una de ellas, con la intención de que sirvan de referencia a las enormes posibilidades que tiene esta tierra de ofrecer productos tradicionales o singulares, para la gente que los añora o sabe valorarlos. También para recuperar oficios o actividades cada día más escasas, algunas de las cuales están en trance de desaparición. Vaya aquí mi homenaje a los emprendedores que voy encontrando en el camino.