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Categoría: Conservas
El Miajón de los Castúos: un escaparate de Extremadura en Madrid

 

Cata de productos extremeños en uno de los locales del Miajón de los Castúos en Madrid.

Cata de productos extremeños en uno de los locales del Miajón de los Castúos en Madrid.

Imagínense un sitio en Madrid donde, aparte de ver toda la gama de productos del cerdo ibérico, desde el mejor jamón hasta la humilde patatera, te encuentras con paté de perdiz de Maguilla, pimientos del piquillo de Moraleja, espárragos de La Vera, escamas de sal con aromáticas y especias de Guareña (a la carne le da un toque espectacular), confitura de cebolla y rollito de queso de cabra de Valdecaballeros, mermeladas, picotinas y aguardiente de cerezas del Jerte, bombón de higo de Almoharín, queso de cabra fresco de los Ibores, turrón de Castuera y los mejores vinos y cavas, todo ello elaborado en Extremadura, teniendo como bandera “El Miajón de los Castúos”. Bueno. pues este edén existe, y tiene tres tiendas que son a la vez restaurante, bar de tapas, y terrazas en el entorno del estadio Santiago Bernabeu.

Esta aventura cultural, gastronómica y empresarial, que reúne más de 100 productos excepcionales extremeños se inició hace más de 20 años en Madrid, en la calle Infanta Mercedes (zona de Cuzco), promovida por un grupo de amigos y empresarios también extremeños, que no se lo pensaron dos veces a pesar de que se trataba de un proyecto de alto riesgo montado en la capital de España, donde existe una oferta tan amplia de productos gastronómicos y gourmets con los que había que competir a base de alimentos desconocidos en su mayor parte.

La historia que les estoy contando pasó grandes apuros iniciales ante la imposibilidad de abrirse un espacio y mantenerse con solamente productos extremeños. Tanto, que se planteó su cierre al poco tiempo de su nacimiento. Pero el promotor principal de esta idea, el extremeño Vicente Sánchez-Cano, de Zalamea de la Serena, creía firmemente en el proyecto y planteó a sus socios la compra de todas las acciones para seguir él en solitario con la andadura de una empresa que ahora ha cumplido veinte años. Lo que empezó como una tienda se ha convertido hoy en tres establecimientos situados en la mejor zona de Madrid, con los dos nuevos locales abiertos en Serrano, esquina a Concha Espina, y en Paseo de la Habana junto al Bernabeu.

Uno de sus aciertos fue dirigirse a los madrileños en general, sin agitar mucho la bandera del extremeñismo que, con el tiempo, se ha ido incorporando poco a poco a su red de clientes, siendo no obstante la gente de Madrid la que ha ido reconociendo un espacio gourmet, distribuido en cuatro grandes secciones: Todos los productos derivados del cerdo ibérico, los quesos y las tortas, los vinos y licores y el resto de productos envasados y enlatados desde el pimentón a la miel, pasando por las mermeladas, aceites, espárragos, aceitunas, dulces, etc., procurando que todos ellos fueran productos de calidad y singularidad contrastada, dirigidos a un público con cierto nivel adquisitivo que era el que podía consumirlos.

Una de las batallas más duras ha sido conseguir vender los vinos extremeños. La gente pedía un Rioja o un Ribera del Duero y, en blancos, un Alvariño o un Rueda, pero los vinos extremeños eran desconocidos, de alta graduación, ásperos, duros e incluso caros en la relación calidad/precio. Con el tiempo esto ha ido cambiando. En los últimos años han mejorado notablemente y los bodegueros extremeños van entendiendo que los precios han de ir acompasados con la calidad del producto, aunque sigue habiendo vinos que no guardan todavía esa proporción.  

Entrada del Miajón de los Castúos en la calle Serrano de Madrid.

Entrada del Miajón de los Castúos en la calle Serrano de Madrid.

La historia que les estoy contando está hecha a base de tenacidad y convencimiento por parte de su promotor, que está asumiendo riesgos importantes por sacar adelante un proyecto en el que cree. Vicente es una persona sin afán de notoriedad, que no está pidiendo subvenciones y que sabe los riesgos que entraña emprender una empresa profesional que no debe depender de las ayudas administrativas.

Sin embargo, yo creo que lo que está haciendo es abrir un escaparate para Extremadura y para su sector agroalimentario al que debería prestarse mucha más atención por unos y otros, ya que no andamos sobrados de espacios comerciales de tan alta especialización y en sitios tan excepcionales.

Citarse con amigos en una de sus tiendas, en la del Paseo de la Habana por ejemplo, con cristaleras desde el suelo hasta el techo, sea para ver al Real Madrid, para tener un reunión de empresa, o para cualquier otro tipo de encuentro, es un espectáculo que, unido a los productos que puedas degustar, permanece en el recuerdo y hace más grata la estancia en la capital de cualquier visitante extremeño.

¿Hasta dónde quiere llegar este  emprendedor  natural de Zalamea de la Serena? No puedo imaginarlo. Sé que es una persona de una gran cultura gastronómica, que rastrea día a día los alimentos que se van produciendo en nuestra tierra y que, en cuanto ve algo que sobresale en calidad, lo incorpora a sus tiendas, a las que va ampliando y reformando continuamente hasta convertirlas en un espacio confortable y distinto al mundo de la alimentación convencional.  

Podría haberles hablado de otros muchos productos extremeños que he podido encontrar en El Miajón de los Castúos. Mejor pregunten a quienes ya lo conocen o compruébenlo ustedes mismos cuando tengan ocasión, y verán que Extremadura tiene un universo de alimentos excepcionales que ni siquiera conocemos los que vivimos dentro de ella.

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La huerta morisca de 'Picotín'

Picotín en su huerto morisco, donde obtiene frutos todo el año.

Picotín en su huerto morisco, donde obtiene frutos todo el año.

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Si ustedes van a Hornachos y preguntan por Antonio Nogales tal vez no sepan qué decirles, pero si dicen ‘Picotín‘ enseguida les dirán quién es y dónde se encuentra su huerta morisca, vergel que si visitan se les quedará en el recuerdo para siempre, tanto por la huerta como por el hortelano.

Recalé por allí hace algunos años  buscando un tomate rosado, sangre de toro le dicen, y me encontré dos joyas con las que mantengo desde entonces un idilio que espero sea de por vida: una huerta en pendiente, abancalada, con sus estanques que recogen el agua de la sierra y la reparten por sus bancalitos bien aprovechados, y un hortelano, tan cachazudo como inteligente, que te cuenta pacientemente el origen de su heredad, y lo que hace con sus frutas y verduras que cultiva permanentemente, con la sabiduría del artesano que se sabe continuador de una cultura morisca, que dejó huellas imborrables en este original pueblo de Hornachos, al que después de varios siglos siguen visitando los árabes expulsados de nuestro país, organizados desde entonces en Rabat, y que aún conservan las llaves de sus casas.

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Sobre el autor Juan Serna Martín
Va a hacer tres años que inicié este Blog en el diario HOY. Con pausas mayores o menores, según las circunstancias, he ido dando cuenta en él de personas, oficios y productos que han llamado mi atención en mis viajes por los pueblos de Extremadura. Sin periodicidad metódica, intentaré seguir contando las experiencias modélicas que encuentro y los avatares que rodean a cada una de ellas, con la intención de que sirvan de referencia a las enormes posibilidades que tiene esta tierra de ofrecer productos tradicionales o singulares, para la gente que los añora o sabe valorarlos. También para recuperar oficios o actividades cada día más escasas, algunas de las cuales están en trance de desaparición. Vaya aquí mi homenaje a los emprendedores que voy encontrando en el camino.