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Categoría: Cultivos
Eva-Beba, una uva que reivindica su memoria en Extremadura

La uva beba, un manjar delicioso que debería ser promocionado como un producto extremeño de calidad.

La uva eva-beba, un manjar delicioso que debería ser promocionado como un producto de calidad.

La primera referencia que tuve de la uva Eva-Beba me la dio hace muchos años Ramón Sánchez Arrollo, uno de los genios del vino extremeño que nos dejó hace tiempo, pero que tengo siempre en mi memoria. Más tarde pude ver cómo la Revista “Origen”,  en su número 50,  dedicaba un reportaje de dos páginas a contar las excelencias de esta gran uva extremeña, y le dediqué un primer artículo en el diario HOY,  el 24/7/2010, con la información que tenía y, sobre todo, con el testimonio del mejor viticultor que he conocido en Extremadura, Joaquín Salamanca, al que dediqué dos post en mi Blog “Del Huerto a la Granja”.

Entonces supe que la Cooperativa Virgen de la Estrella, de los Santos de Maimona, elaboraba dos vinos con esta uva, “Viña Maimona” y “Eva Dulce”. También, que la Cooperativa Cave San José de Villafranca, elaboraba un vino ecológico, “Eco-Viña Canchal”, con las tres uvas autóctonas extremeñas: pardina, cayetana y eva-beba.

Y más tarde, puede probar el vino espumoso (cava, para que nos entendamos) excelente que hace Bodegas Romero, en El Raposo y que llama “Burbujas de Eva-Beba”. Esta es la lenta evolución de la uva Eva-Beba en cuanto al vino se refiere, que no pasa por ahora de algo testimonial, tras el largo período de tiempo que ha estado en el olvido, como tantos otros grandes productos extremeños.

La gran uva de mesa: Este es el reto que tiene nuestra gran uva extremeña. Si en el pasado fue una de las más apreciadas en España y en los mercados centroeuropeos, ¿por qué no vamos a ser capaces de hacer valer de nuevo esa cualidad, ahora que surgen por todas partes nichos de mercado para productos autóctonos de gran calidad?

Parece ser que tenemos más de 1.000 hectáreas de Eva-Beba en Extremadura. Una estrategia de ir poniéndola en los mejores circuitos comerciales, por fases, empezando por la de mejor calidad, tanto en cultivo ecológico como convencional, sería una iniciativa oportuna e inteligente.

Por supuesto, acreditándola con su merecida Denominación de Origen y con los apoyos necesarios para ello. Ya se hizo una experiencia hace tres años con El  Corte Inglés, que no prosperó porque la empresa elegida para su introducción, al ser una tema menor para ella, quemó la experiencia reteniendo una semana la uva envasada hasta que llegaba al lineal. Para un producto perecedero una semana envasada es letal.

Sin embargo, quedó claro que se trataba de un producto de primor, y sólo había que agilizar su distribución y exposición al público, porque en esa firma comercial tenían memoria de la gran calidad de esta uva.

Ahora, en la presente vendimia, hay una iniciativa preparada con el apoyo de la Fundación Maimona, para que la Eva-Beba sea degustada y conocida por expertos de la agroalimentación, por las autoridades competentes, y por los medios de comunicación a fin de ir dando pasos para dotarla de la comercialización que merece.

A tal efecto se prepara en Mérida un acto gastronómico, en el que estarán presentes los vinos y el cava que de ellas se elaboran, para terminar con la degustación final de la uva, a fin de que ésta sea conocida y valorada en nuestra propia tierra, y los asistentes puedan comprobar por qué esta uva conquistó en tiempos pasados los mejores mercados.  Si se consigue este gran objetivo, será el momento de empezar a preparar los pasos para llevarla donde merece, de forma planificada y con los interlocutores adecuados para ello.

Dicen las malas lenguas que si esto lo cogieran los vascos harían con ello lo que han hecho con el vino Chacolí o el queso Idiazábal, a pesar de ser alimentos de producción limitada. Espero que en Extremadura aprendamos a poner en valor reliquias gastronómicas como la uva Eva-Beba.

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Carlos, hortelano, viticultor y avicultor: un parado de lujo

Carlos Moreno con sus viñas recién podadas.

Carlos Moreno con sus parras recién podadas.

Carlos Moreno es un “coronel” de La Coronada afincado desde hace muchos años en Don Benito. Instalador y reparador de electrodomésticos y antenista de televisiones, no hay artilugio en una casa que se le resista, al tiempo que es capaz de recuperar o reciclar muchos de los cachivaches que han sido desechados por viejos. La historia es que, después de trabajar 31 años en una empresa de este sector, fue despedido como consecuencia de “la crisis”.

Ahora, con 55 años, a pesar de ser conocidas sus habilidades y su pericia profesional no encuentra ya trabajo, lo que cuestiona las buenas perspectivas económicas que tanto airean algunos. Ni siquiera la eficacia profesional demostrada durante tantos años es suficiente para reinsertar en la vida laboral a un trabajador tan cualificado. Lo cual es una vergüenza para una sociedad que nos está llevando para atrás con salarios de miseria, empleo por horas o días, jóvenes que apenas han llegado a tener vida laboral, y gente mayor que no encuentra trabajo a pesar de sus conocimientos.

Carlos Hortelano

Carlos aprovechó la circunstancia de verse parado de pronto, y organizó bien su huerto, en el que tiene un poco de todo: hortalizas diversas, aromáticas, frutales varios y un pedazo pequeño de viña. Busca semillas antiguas y plantas de todas clases que intercambia con otros aficionados y planifica sus cultivos, de forma que vayan rotando adecuadamente para beneficio del suelo, al que solo abona con estiércol y restos de materia orgánica, haciendo enmiendas calizas cuando hace falta. Siempre tiene algo que llevarse a la boca, aparte de tener los ajos,  patatas y cebollas de cada temporada, lo que unido a los avíos de la matanza, patatera, chorizos y salchichones, hace que siempre pueda improvisarse un buen aperitivo en su casa.

Con su pitarra.

Con su pitarra.

 

Carlos, elaborador de sus propios vinos

De toda la vida ha hecho su pitarra comprando las uvas, y ahora quiere tener su propia cosecha con las variedades que le gustan de su pequeño majuelo. Sólo elabora unos 300 litros para el gasto de casa y la familia, y hacer trueque con algunos amigos. El proceso, según me cuenta, es: recolectar por la mañana temprano, con la uva fresca.

La muele con su despalilladora sacando por un lado el mosto y, por otro, el escobajo. Cuece (fermenta) al segundo día, y cuando suelta el color saca las heces. Hace un segundo estrujado con la prensa, y echa el caldo al cono, donde fermenta entorno a 20 óo 25 días. Luego tapa el cono herméticamente hasta la decantación. Trasiega después a otro cono el vino limpio.

El secreto es que el oxígeno nunca esté en contacto con el vino y tener las vasijas llenas. Luego va embotellando en lotes de 50 botellas, sin utilizar conservantes. Cada año hace finalmente algunos orujos de hierbaluisa, romero, tomillo, higo chumbo, zarza mora, etc. lo que hacen unos finales de comida excelentes y dejan un regusto en el recuerdo imposible de olvidar.

 

Carlos, avicultor

Aparte del huerto y la elaboración de su propio vino, la gran afición de Carlos son sus gallinas, tradición que le viene desde niño en la casa familiar. Hace unos 20 años el Ministerio de Agricultura nos dio un amplio lote de gallinas autóctonas de diversas razas española a varios criadores de La Serena. Allí venían razas como: negra castellana, utrerana franciscana, catalana del Prat (blanca y leonada), Euskal oiloa y Pardo de león. A partir de aquí, Carlos contacta con otros aficionados y crean la Asociación Avícola “El Corral”, de la cual es presidente, y organizan la primera Feria Avícola de Razas Autóctonas en Extremadura, y una de las primeras de España y luego las van extendiendo por otros pueblos.

Tras sus contactos con Fernando Orozco, Técnico del Ministerio de Agricultura y máxima autoridad en materia avícola en España, deciden dedicarse especialmente a la gallina azul extremeña, entrando en contacto con la Consejería de Agricultura de la Junta de Extremadura que quiere facilitarles el material genético que tiene en la Finca de la Orden, aunque ellos valoran más el prototipo racial que han ido consiguiendo los criadores en todos estos años.

Mantienen una gran actividad, participando en todo tipo de exposiciones y visitando asociaciones por diversos puntos de España y consultan publicaciones técnicas y científicas para ir mejorando su actividad. Carlos tiene su incubadora, como otros aficionados y socios con los que intercambia huevo, y van sacando polladas continuamente para ir consiguiendo animales cada vez más mejorados y ajustados a la raza extremeña, con los que han ganado ya muchos concursos.

Junto a su torreta con antena de televisión, paneles solares, depósito de agua, parabólica y ducha.

Junto a su torreta con antena de televisión, paneles solares, depósito de agua, parabólica y ducha.

Carlos, y el futuro

Carlos no sabe qué le depara el futuro profesionalmente. Meterse a emprendedor a estas alturas de su vida no es tarea fácil, dada la enorme competencia existente, el coste del equipamiento necesario para establecerse, y la crisis galopante que sigue, digan lo que digan los políticos de turno.

Mientras va agotando el tiempo de la ayuda al desempleo que percibe, sigue pensando qué va a hacer y buscando trabajo sin mucha esperanza. La realización de todas estas tareas y aficiones  le ayuda a afrontar la situación profesional sobrevenida. Su casa es una buena muestra de recuperación y reciclaje de artefactos domésticos.

Con su matanza, la huerta, las conservas, vinos y licores cada vez que vas a visitarle está garantizado pasar un buen rato,  con buenas viandas y buena conversación. Y no puedes dejar de pensar que estás ante un parado de lujo. ¿Cómo puede esta sociedad prescindir de individuos con esta cualificación profesional y estos valores e inquietudes? Estoy seguro de que algo inventará Carlos para sobrevivir, aparte de mantener su autonomía y autoconsumo de los productos más insospechados que, a la vez, son manjares sólo al alcance de quien sabe cultivarlos y elaborarlos.

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LA GRANJA-HUERTA DE PACO

Paco Peña con sus ovejas y mastines

Paco Peña con sus ovejas y mastines

Como huerto es perfecto, no he visto otro mejor en Extremadura. Como granja de autoabastecimiento, tampoco está mal. Paco, policía jubilado, también es un personaje peculiar, claro que primero fue agricultor y lo que bien se aprende nunca se olvida. Paco llegó de niño a las Vegas Altas del Guadiana, a Las Casas del Castillo, al lado del Castillo de la Encomienda. Su escuela fue el cultivo de algodón, tomates, pimientos… El arroz se plantaba “a piquete” y se segaba a mano. El maíz se regaba a pie y también las mazorcas se cosechaban a mano.. Eran los primeros tiempos del Plan Badajoz y en él los hijos de los colonos apenas podían ir a la escuela, empezaban a trabajar con siete u ocho años. Y así fue todo hasta la marcha al servicio militar.

 

En 1972, a partir de la vuelta de la mili es cuando estudia para policía, tras un año en la academia da un vuelco a su vida y pasa por diferentes zonas de España, desde Madrid a Bilbao, desde Badajoz a Don Benito Paco ha realizado distintas funciones como policía: motorista, conductor de autobuses, oficial, etc.

 

Cuando su larga vida profesional llegó a su fin Paco, que aún conserva su casa en el Castillo y es casi un museo lleno de curiosidades y antigüedades, se repliega en una parcelita de una hectárea que tiene en las afueras de Villanueva de la Serena, con una casa y dos naves en las que organiza su retiro dorado. Una huerta de unos 800 m2.  Una granja de 7000 metros que siembra de praderas, con cerramiento de maya cinegética. Y todos los aperos necesarios para las tareas de ambas: tractor pequeño, aporcadores hechos por él, arados, rotavator, hoces, guadañas, colección de azadas…etc.

 

Y ahí se produce su reencuentro con su vieja y sabia profesión. El huerto, en una tierra de arena espléndida, es el mejor que he visto en Extremadura. Los frutos que saca de él son bodegones dignos del mejor pintor. Su familia no da abasto para comer tanta exquisitez. Para el excedente, que es mucho, estamos los amigos. El trueque con él está garantizado. Los intercambios continuos nos vienen muy bien ya que  siempre hay diferencias de tiempo a la hora de cosechar. Y el aprendizaje a su lado es un arte.

 

Cilantro, alcachofas, patata, melocotón y ciruelo

Cilantro, alcachofas, patata, melocotón y ciruelo

Si empezamos por las aromáticas allí tenemos: cilantro, perejil, yerbabuena, romero, tomillo, albahaca, apio, toronjil…el berro aun se le resiste pero acabará consiguiéndolo.

 

Las patatas (Jaerla, Desiré y Spunta) son las mejores de este contorno. Y qué decirles de sus alcachofas y sus cardos. Las lechugas (oreja de mulo y rizadas) son las más finas y las escarolas hacen unas ensaladas de lujuria. Tiene toda la familia de las coles y los mejores tomates que imaginarse puedan (rosado, pera, cherry, de cuelga, corrugados…). En pimientos no perdona ninguno (cuatro caras, italiano, morrón, del piquillo, guindas picantes y matanceras…etc.) Berenjenas (negras y jaspeadas) y qué decir de los rabanitos, remolachas y nabos. Las zanahorias en una tierra tan sueltas y con abono de estiércol bien cribado (es un exquisito para el estiércol) no tienen nada que ver en sabor con las industriales del “Súper”. Tampoco le faltan las fresas, acelgas, espinacas, cebollas y puerros. Y las calabazas, algunas han llegado a pesar noventa kilos, sin olvidarse de la cidra para el relleno de cabello de ángel.

 

Patata Jaerla

Patata Jaerla

Luego tiene un par de árboles frutales de cada clase: ciruelo, paraguayos, melocotón, peral, albarillo, manzano, cerezo, granado, olivo, laurel, higuera verde y negra, parras… Aquello es un vergel diseñado y labrado por el agricultor que fue en su etapa temprana de la vida, con la que ahora se ha reencontrado.

 

Alcachofas y cardos

Alcachofas y cardos

La granja es menos pretenciosa, pero en ella no faltan los palomos con su palomar, las gallinas y pollos tomateros, gansos y pavos  y hasta una pequeña granja de caracoles. Pero la reina de sus animales es la oveja, las cabras las tuvo que dejar porque siempre encontraban un hueco para irse a la parcela del vecino y era un disgusto tras otro. En esos 7000 metros vallados tiene una pradera de primor, con 15 ovejas reproductoras que no dejan de darle corderos todo el año, al tiempo que estercolan la tierra con el majadeo y aun le sobra estiércol para la huerta. Imagínense la labor de mejora que está haciendo en ese suelo de pratenses, comido a diente por sus ovejas y con rotaciones continuas, en el que no falta el riego con aspersores en la época en que es necesario. Sus dos mastines las don compañía a todas horas.

 

Calabacines, puerros, sandias-melones protegidos con garrafas de plástico

Calabacines, puerros, sandias y melones protegidos con garrafas de plástico

En fin, que con apenas una hectárea de terreno el amigo Paco se ha reencontrado con sus raíces y es el más feliz de los granjeros y hortelanos, a pesar de las palizas que se pega para obtener sus frutos y para tener en ordenado tanto cachivache ya que es un obseso del orden. Tomarse un vino con él y echar un rato en ese pequeño paraíso es uno de los placeres que tenemos sus amigos y hacer un poco de trueque, que hasta ahora es un asunto en el que hacienda no puede meter mano.

Juan y Paco, al fondo, en la cafetería Las Palmeras.

Juan y Paco, al fondo, en la cafetería Las Palmeras.

 

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Mis tomates favoritos

Tomate de la variedad 'sangre de toro'.

Tomate de la variedad 'sangre de toro'.

El tomate, de la familia de las solanáceas, es pariente cercano de la patata, y como ella, nace en un continente (América) y se hace famoso en otro (Europa). Pero para conocer la historia de esta hortaliza  tienen ustedes abundante documentación. Yo quiero hablarles hoy de los tomates que voy viendo por los huertos de nuestros pueblos, de algunas de sus variedades, y de su presencia en nuestras cocinas y en la alimentación de hoy.  Para ello tengo que recurrir a tres personajes a los que debo algunos descubrimientos.

Antonio Picotín, en su huerta morisca de Hornachos (al que ya le dediqué un post y un artículo) me enseñó lo que allí llaman el tomate “sangre de toro”, conocido en otros lugares como “rosado”, porque ese es su color. Su piel fina hace de esta variedad un fruto frágil que hay que consumir cuanto antes. Su perfume es inconfundible. Y su sabor, con un poco de sal gorda si se come “a pelo”, es tan sabroso como adictivo. Seguirás yendo a por otro mientras queden. Si los picas en una fuente, con un chorrito de buen aceite y las hierbas que te gusten, cilantro, orégano, berros, cebollita tierna, etc., ya es de lujuria. Y si antes los has visto colgar de unas matas frondosas que se descuelgan de una cerca de pizarra abancalada, se une todo a un recuerdo imposible de olvidar.

Conclusión: visita obligada todos los años a la huerta y al hortelano para hacer el acopio que sea posible de ellos, sabiendo que te espera la familia y los amigos como santo advenimiento. Luego tu compromiso será guardar las semillas y cultivar lo que puedas para honrar así al maestro Picotín.

El segundo amigo es Cristóbal Cansado, agrónomo, maestro del riego, bibliófilo y, sobre todo un enamorado de su pueblo. No todo el mundo sabe en esta tierra que Talavera la Real fue la capital del tomate extremeño. La tradición de este pueblo en el cultivo de esta bendita hortaliza alcanzó límites colosales, en tiempos en los que la labor se hacía con bestia y el trasporte con carros.

Mesa de alimentos elaborados a base de tomates talaveranos durante la II Degustación de Tomates de Talavera.

Mesa de alimentos elaborados a base de tomates talaveranos durante la II Degustación de Tomates de Talavera.

El tomate “negrito de talavera”, de sabor inconfundible, inundaba las casi cien huertas, que con sus correspondientes norias, componían el paisaje de unas gentes que hacían unos “Joyos” magistrales como semilleros, y “descogollaban” las matas (tarea que tiene su pericia) para conseguir unas cosechas más abundantes.

Les costará trabajo creer que los tomates talaveranos, envueltos en papeles de colorines, llegaban hasta Sevilla (cuatro/cinco días de carro, “sin autovía”). En la Plaza Alta de Badajoz los recibía el principal asentador, “El Torero” le llamaban, y eran famosos entre las familias pacenses. También llegaban a Cáceres y otros grandes pueblos de Extremadura, a los que además del tomate les vendían también la planta.

Para ver todas las curiosidades que se atesoran y guardan sobre esta historia les recomiendo que entren en la Web denominada “Crónicas de Talavera”, que conducen entre Cristóbal Cansado y Antonio Gómez, en las que encontrarán bastante información sobre el tomate “negrito de Talavera”, y una colección de fotos valiosísimas, que ayudan a entender la importancia que este fruto tuvo en la cultura y la economía de estas gentes.degi

Desde que estos amigos han estudiado  y publicado informes diversos sobre el tema se ha producido una identificación de los talaveranos con este cultivo, y con el impulso de las mujeres se celebra cada año una degustación de tomates en el pueblo que puede considerarse ya una gran fiesta local.

Y el tomate  “raf” me llega de la mano de otro gran amigo, maestro del periodismo español, hombre culto y enamorado de Extremadura, y del bello pueblo de Garrovillas de Alconétar donde José Julián Barriga, con el apoyo de su mujer, Pilar, y un amigo local hortelano, cultivan tomates y rosas.

Huerto de José Julián Barriga en Garrovillas de Alconétar, en el que se cultivan rosas y tomates 'raf'.

Huerto de José Julián Barriga en Garrovillas de Alconétar, en el que se cultivan rosas y tomates 'raf'.

Para conocer la afición y el interés por las tradiciones de la vida rural de este extremeño que ejerce de tal, les recomiendo la lectura de su último libro titulado Calleja del Altozano” (Edit. Beturia)  y entenderán por qué comparte la vida urbana con la rural continuamente.

Como ustedes saben, el tomate raf es de unas cualidades extraordinarias, no es un tomate híbrido como algunos creen, sino que se consiguió seleccionando tomates de diversas variedades tradicionales, cuyo origen está en la cuenca de Almería y ya es característico del pueblo de Muchamiel en Alicante.

Destaca por su sabor y textura, y está presente en las mejores cocinas y en los mercados más selectos, como acabo de comprobar en el mercado de La Boquería de Barcelona, y en el de San Miguel de Madrid.

Pues bien, este periodista-hortelano, que ha tenido la extravagancia (qué pena que no tengamos muchos intelectuales así de extravagantes) de cultivar tomates y rosas ha suscitado mi interés por incorporar esta variedad a mi huerto, y espero tener este año la primera cosecha que nos permita una degustación de lujo a los amigos de los tomates.

¿Se imaginan una ensalada, en una fuente grande, de sangre de toro, morenito de Talavera y raf? Espero añadir a este post esa foto histórica el día que se produzca. Y desde aquí les animo a que hagamos trueque y descubramos también otras variedades de esta hortaliza que sin duda nuestros pequeños hortelanos estarán cultivando por los pueblos de Extremadura.

De momento, Julián me va a proporcionar los plantones de los suyos, de los que ya ha enviado semillas que ya han germinado en el Estado de Idaho (USA), en la huerta de un ex Senador Demócrata de Estados Unidos.

Termino recomendando a los más interesados que lean el ensayo publicado por el INIA sobre “Variedades tradicionales de tomate, pimiento y melón, ensayadas en sistemas de producción ecológicos”, realizado en la Alta Extremadura durante los últimos tres años. Verán que merece la pena prestar atención a nuestras mejores hortalizas.

Y no se olviden del tomate de cuelga. Lo conservan en la mayoría de nuestros pueblos y tiene una propiedad única: puedes guardarlo durante muchos meses. En las tostadas que acabo de comerme he restregado un par de estos tomates y todavía me quedan dos cajitas llenas. Estamos en mayo y casi los puedo empalmar con la siguiente cosecha.

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La patata, la reina de nuestros huertos

Patatas de todas las variedades. / Reuters

Patatas de todas las variedades. / Reuters

Huertos y hortelanos ofrecen estos días un espectáculo desigual en cuanto a la presencia de un rico tubérculo en esos pequeños mosaicos en los que se cultiva un poco de todo. El temporal de frío y agua persistente durante tanto tiempo ha hecho que las patatas vayan este año tardías.

Los que madrugaron en su cultivo sufrieron las heladas o se les enguachinaron, por lo que han tenido que volver a sembrarlas. Los que tenían espacios abrigados y podían desaguar las tienen ahora preciosas, y son la envidia de los que no pudimos ponerlas antes.

Ahora, de pronto, nos viene la calor y empieza la lucha entre los dos gremios que componemos el mundo de los pequeños hortelanos: los que curan con dinamita, porque dinamita es los tratamientos utilizados por la moderna agroquímica, y los que no curan o, en caso extremo, lo hacen con algún producto orgánico.

Ambos lo tenemos difícil. Unos, porque tienen el suelo esterilizado, sin defensas, de tanto matar a cañonazos todo lo que se mueve. Otros, porque aunque te esfuerces por tener un suelo vigoroso, en el que la lucha biológica sea posible (vean las mariquitas comiéndose a los pulgones), lo que haga tu vecino de al lado puede  afectar a tus cultivos.

En cualquier caso, siempre es más recomendable producir en la pequeña escala que en los grandes monocultivos industriales, aunque sean estos los que llenan la cesta de esas grandes masas de gentes que llamamos consumidores.

Intento hablarles nada menos que del cultivo de la patata: ese fruto que tanto ha contribuido a matar hambrunas y salvar a la humanidad, en el que los sabores, colores, textura, tamaños, etc. son tantos que nunca acabaremos de conocerlos. Por ello, lo que hagas en el suelo y lo que utilices en su cultivo va directamente a su carne, que es la que nos canta en el paladar cómo ha sido tratada en sus cuatro meses de vida.

Originarias y domesticadas en los Andes Centrales, y cultivo de subsistencia durante largo tiempo, los españoles trajeron ese tesoro biológico del Nuevo Mundo, y con el tiempo llegó a constituirse en una parte importante de la dieta alimenticia de la población mundial.

Por ello, aunque haya sucumbido a las exigencias de la modernidad, y haya que hablar de millones de hectáreas y millones de toneladas de este producto, su cultivo en pequeña escala, sobre todo ahora que volvemos al estado de la escasez y el malestar, es de una importancia vital para las familias que cultivan su huerto, y también para los que el paladar todavía les permite distinguir entre una “patata de estiércol” y una “patata de nitrato”.

Este es el dilema de la sociedad actual: agroquímica cada día más dura e insaciable, o reciclaje de la materia orgánica. La lucha será larga pero la eclosión de los pequeños huertos en todos los rincones del mundo no hay quien la pare. Como dice mi amigo Pepe Reyes: “los huertos son un lienzo de arte y reservorio de conocimiento, no sólo agrario, sino también de participación ciudadana”

Viajar a Portugal y comer peixe sin guarnición de suaves patatas hervidas no es fácil. Lo mismo puede decirse de Galicia y otros muchos lugares. No digamos las papas arrugás de Canarias, independientemente del mojo que les acompañe. Y lo mismo podemos decir de muchos de los pueblos de  nuestra España rural, donde se tiene a orgullo no comer patatas congeladas.

Recolección de patatas.

Recolección de patatas.

La patata de origen conocido, sean con huevos fritos, al rebujón, gobernás, con arroz y/o bacalao, asadas, hervidas, en ensalada, a la vinagreta, a la brava o en tortilla, no tienen que saber a nitrato. Hay que notar que han tenido una buena crianza, y si es posible, conocer al huerto y al hortelano, para lo que las normas sanitarias deben tener presente que la pequeña escala existe, y no poner multas a quienes las crían, tan estúpidas como que el criador no extendió factura, o que la furgoneta con que la acerca unos kilos a sus vecinos no reúne las condiciones legales. Esto está pasando en nuestra tierra, aunque no me crean.

Termino contándoles que he visitado los casi 100 huertos municipales de mi pueblo y prácticamente todos han salvado sus patatas. Estas reinan entre las lechugas, puerros, cebollas, etc., y las últimas habas que aun les quedan a algunos.

Mi amigo Paco, que tiene el mejor huerto de estos contornos, fue de los aguachinados. Ahora se debate en si las vuelve a sembrar o ya es demasiado tarde.

Justo, el hortelano al que le robaban las liebres que criaba, y todo lo que pillaban (le ha robado siete veces), tiene las patatas preciosas.

Y Picotín, ese hortelano “morisco” al que ya le conocéis los amigos de este blog, tiene un patatar tan adelantado que me dice su mujer que, para finales de mayo, las prueban.

Otros tendremos que esperar este año hasta julio, aunque intentaremos hacer trueque con pago posterior a cuenta

Quiero terminar recomendándoles que lean, si pueden, un gran libro“La Patata en España” (historia y agroecología del tubérculo andino), de Javier López Linage, publicado por el Ministerio de Agricultura, y mirarán al mundo de la patata con otra cara.

Y también sabrán que la tortilla de patatas se inventó en Villanueva de la Serena, aunque este asunto no hayan sabido todavía explotarle quienes rigen los destinos de esta ciudad.

Vean el enlace que les acompaña sobre la crónica que ofreció en su día el diario HOY y se animarán a leer el libro que les estoy recomendando.

 

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Juana Labrador, una activista agroecológica

Juana Labrador.

Juana Labrador.

 En la finca “La Villeta”, en las vegas del río Zújar, vi llegar un día hace 25 años a una joven bióloga que tenía la insolencia de querer realizar la primera tesis doctoral sobre Agricultura Ecológica en España, tesis que culminó y defendió con brillantez ante una Universidad ignorante, escéptica y llena de reticencias hacia un modelo agroalimentario que le sonaba a chino.

Nos pedía entonces que, por favor, la dejáramos hacer prácticas y seguimiento en la que era entonces la primera explotación importante de este sector en nuestro país. A partir de ahí determinó su especialización en suelos y fertilización orgánica, dando a luz otras obras de carácter técnico que han recibido premios de diversas instituciones y ha sido de gran utilidad a este sector.

Pero Juana no era sólo una estudiosa de la agroecología. Su identificación con esta opción alimentaria la llevó a “tomar partido hasta mancharse”, convirtiéndose en agricultora de su propio huerto, en divulgadora del conocimiento de su práctica, en promotora de la primera asociación técnica,  la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE), de la que ha sido presidenta seis años, y en activista por tierra, mar y aire de sus productos y su expansión por toda la geografía española.

A trancas y barrancas logró que se impartiera esta asignatura en la Universidad de Extremadura, en la que ejerce la docencia en la Escuela de Ingenierías Agrarias de Badajoz, habiendo influido notablemente en que esta especialidad sea cada día más reconocida en el ámbito universitario.

Recuerdo que hace 20 años se implicó en un proyecto experimental, pionero entonces, basado en la recogida selectiva de basuras orgánicas domésticas,  realizado en el pueblo de La Coronada, cuyos residuos eran tratados con una mezcla de tierra, cal, cenizas y otros componentes, combinados con el riego y manejo adecuado, de los que se lograba un compost de gran calidad.

Con el proyecto del compost.

Con el proyecto del compost.

El proyecto no tuvo luego continuidad por parte del Ministerio que lo financió, como era lo acostumbrado frecuentemente por la administración española, pero allí deben de estar archivados sus resultados.

A lo largo de este cuarto de siglo ha hecho de mosca cojonera de unas administraciones que pasaron de la burla y el escepticismo a un reconocimiento “forzado”, en el que la burocracia se encargaba de hacer estériles hasta las ayudas que establecía.

Ahí está el caso del olivar, o el del ovino, a los que se animó a inscribirse a muchos agricultores con el señuelo de las subvenciones, con tan mala gestión que muchos de ellos acabaron abandonándolo o permaneciendo en él sólo para cobrar las ayudas.

Afortunadamente hoy hay empresas en el sector del aceite que hacen las cosas con mucha más profesionalidad. Extremadura pasó de ser un lugar de vanguardia en productos ecológicos (el primero que inauguró esta sección en El Corte Inglés) a estar a la cola de España en la comercialización de estos productos.

La pregunta obligada a Juana es ¿por qué si España es el primer país productor de agricultura ecológica en Europa, es el último a la hora de consumir estos productos? Y ella piensa que hay varias razones: Por falta de conocimiento y preocupación por la importancia de la alimentación en la salud; por una pésima red de distribución interna, sobre todo en las escalas pequeñas y mercados de proximidad; por sus altos precios en las grandes superficies; por la ineficiencia de los organismos de control, tanto de los privados como de los públicos;  y por una burocracia que sigue creando problemas a los productores, elaboradores y comercializadores.

Juana podría escribir un libro sobre la lentitud en la reconversión agroecológica en España, y en Extremadura especialmente, a pesar del crecimiento imparable  que este sector experimenta en muchos países del mundo. Y no estaría mal que lo hiciera para que sirviera de estímulo a las administraciones, y de autocrítica al propio sector ecológico para que sus promotores y emprendedores corrijan algunos de los errores que tienen que enmendar para su expansión productiva y comercial.

Nuestro personaje de hoy está empeñada en el apoyo a los grupos de consumo en las ciudades extremeñas, forma parte de ECOBA (Grupo de Consumo de Badajoz) y ha promovido la creación de la pequeña tienda de alimentación ecológica Biocentro en Badajoz, porque está convencida de la importancia de encontrar canales de comercialización para los pequeños productores ecológicos de nuestros pueblos y para los consumidores sensibles a estos alimentos.

Tras dejar la presidencia de SEAE Juana sigue ahora en esta organización como directora de la Revista de Agricultura Ecológica, en la que tienen cabida tantos los temas técnicos como los de divulgación, así como las noticias de todo tipo que se producen en el sector y la gran actividad formativa que SEAE realiza por todo el territorio español.

También tiene más tiempo para cuidar su huerto y para implicarse en otras actividades como la defensa de la banca ética, social y verde, que va creciendo en España cada día con más fuerza.

De aquella bióloga inocente y atrevida me encuentro hoy a una profesional con una gran obra técnica publicada, a una profesora divertida que motiva a los alumnos, según me cuentan algunos, a una activista que como el perejil está en todas las salsas de la ecología, y a una hortelana que cuida a sus gallinas, y busca las semillas y plantas autóctonas que aun nos quedan. Conciliar la teoría con la práctica y seguir fiel a lo que has defendido durante tantos años no es tarea fácil en estos tiempos. En el caso de la agricultura ecológica y su lucha contra la burocracia creo que tiene garantizada una cosa: la santidad.

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Sobre el autor Juan Serna Martín
Va a hacer tres años que inicié este Blog en el diario HOY. Con pausas mayores o menores, según las circunstancias, he ido dando cuenta en él de personas, oficios y productos que han llamado mi atención en mis viajes por los pueblos de Extremadura. Sin periodicidad metódica, intentaré seguir contando las experiencias modélicas que encuentro y los avatares que rodean a cada una de ellas, con la intención de que sirvan de referencia a las enormes posibilidades que tiene esta tierra de ofrecer productos tradicionales o singulares, para la gente que los añora o sabe valorarlos. También para recuperar oficios o actividades cada día más escasas, algunas de las cuales están en trance de desaparición. Vaya aquí mi homenaje a los emprendedores que voy encontrando en el camino.