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Categoría: Ganadería
La historia de mi yegua Lola

Juan Serna con su yegua Lola.

Juan Serna con su yegua Lola.

A través de mi gran amigo Joaquín Conesa me fui aficionando al mundo de los caballos. Ir a ver su Yeguada, “Nobleza del Guadiana”, es un espectáculo lleno siempre de sorpresas. Hasta que un día decidí tener una potra suya, que él eligió y para lo que me dio toda clase de facilidades. Así fue como Lola llegó, con apenas un año, a mi pequeña república de la Estación de Magacela. Tenía el bello empedrado de los caballos tordos de esa casa, y un porte que auguraba una futura yegua hermosa. Yo no tenía idea del manejo de caballos por lo que continuamente consultaba a Joaquín y a Dioni, su mayoral, sobre lo que tenía que ir haciendo. La tenía sobre alimentada, por lo que el animal cogió una hechuras impresionantes. Convivía con una burra con la que hizo buenas amistades, aunque enseguida quedó claro quién mandaba allí y que había que compartir el comedero, cada una por su lado, para que Lola no dejara a Jacinta sin comer.

Lola con la burra Jacinta, con la que convive en hermandad.

Lola con la burra Jacinta, con la que convive en hermandad.

A los tres años Lola llegó a la edad adulta y se le buscó un gran caballo, siempre de la mano de Joaquín. Cuando regresó venía preñada, con aires de señora respetable, con una  fuerza y corpulencia que imponía, y a los diez meses nos trajo un potro negro, precioso, al que mimaba con celo y al que vimos crecer sin casi darnos cuenta. Al cabo de un año empezamos a pensar qué haríamos con un caballo, sin las instalaciones adecuadas para tenerle separado, cuando el celo le llevara a saltarse parentescos. Entonces vino el trueque del potro por la yegua Rubia que, aunque bastardilla, y sin el linaje de Lola, era un animal dócil, que había sido montada y podría tener otras utilidades. Lola impuso desde el principio su autoridad a Rubia, pero enseguida se hermanaron, y hasta hoy.

Pensamos entonces en llevar a Lola a un profesional para poder montarla,  y así lo hicimos, pero aquello no fue una idea brillante. El profesional parece que la echaba de comer y poco más, así que  volvió casi como  se fue, y allí no había un dios que se atreviera a montarla. Su nobleza seguía intacta y se dejaba querer y acariciar, pero no había quien la pusiera la jáquima. Y en estas llegó la nueva cubrición y el segundo parto, cuando ya Lola empezaba a perder ese empedrado que los caballos tordos suelen perder para mutar al blanco, lo que no evita que sigan siendo bellos.

En esta segunda ocasión pudimos ver lo caprichosos y estúpidos que pueden ser algunos animales. Tuvo que parir Lola, en una noche de final de marzo, fría hasta dejarlo de sobra y con una lluvia que era carámbano, en pleno barrizal, teniendo su cuadra abierta. Cuando llegamos horas antes de amanecer, el potro ya había nacido y estaba embarrado y aterido de frío. Lo limpiamos y le dimos masajes y tenía una ganas de vivir que se veía en cómo intentaba agarrarse a las ubres, pero Lola, debía tener grietas y con el dolor no podía amamantarlo.

Era domingo y Dioni estaba de viaje. El potro no pudo encalostrarse, aunque intentábamos ordeñarla apenas podíamos; porque  el dolor no la dejaba. Hasta el día siguiente no pudimos traer la leche en polvo para caballos, pero ya era demasiado tarde. Aquel precioso potrillo negro se quedó en nuestras manos por nuestra inexperiencia y falta de medios, algo que nunca podremos olvidar.

Ya en la tercera cubrición tuvimos a Lola un tiempo con un caballo negro jabeño (de La Haba), de fina estampa, pero no hubo forma de que quedara preñada y con la ayuda de Joaquín la llevamos a La Remonta, con seis o siete años, y de nuevo  la mala suerte se alió con ella. Cuando llegó la hora Lola malparió, al tener dos potros: uno nació muerto y el otro apenas duró una hora. Cuando el veterinario llegó, horas después, tuvo que hacerle una limpia a vida o muerte, advirtiendo que la yegua podría quedar estéril después de lo que había sufrido en el parto.

Así sucedió, y desde entonces Lola no ha vuelto a salir en calor, al  menos que yo sepa, aunque tampoco hemos querido forzar una nueva cubrición. La yegua terminó de mutar a blanca, sigue feliz con la Rubia como compañera y no fue a parar al matadero, como suele suceder a estos animales cuando quedan estériles, pero ¿cómo sacrificar a un animal al que has visto crecer, mutar, sufrir y disfrutar con una vida placentera como la que ella lleva?

Muchos te dicen: si no  la montas y no te cría ¿para qué coño la quieres? Siempre me acuerdo de la anécdota que me cuenta Joaquín de un  caballo exportado a Méjico, que en un concurso, tras dos años sin ver a su dueño, al pasar por la tribuna donde éste se encontraba, se paraba en seco, relinchando al conocerlo a pesar de la distancia.

Solo los que conviven con los caballos saben los lazos que pueden establecerse con ellos, y lo gratificante que puede ser tenerlos, aunque no los montes o no puedan ya criar por circunstancias desgraciadas como las que les he contado. Lola seguirá aquí mientras pueda tenerla o la encuentre una finca en la que la traten bien, pueda ir a verla y que viva como una reina los años que le queden. Cada día la hablo y acaricio, como  a la Rubia, que es muy envidiosa y no tiene culpa de su menor linaje, y les llevo alguna golosina siempre que puedo, sea un poco de pan, una manzana o algún membrillo, que es lo que realmente las vuelve locas.

En mi recorrido por aquel predio republicano (que será seguramente la única república que voy a conocer), en la que tanto jumento tengo o he tenido, puedo asegurarles que no hay animal más cariñoso, inteligente y agradecido, que esas yeguas, que saben latín a pesar de no tener estudios. Y todo ello se lo debo a Joaquín Conesa y a su hija Maleni, que llevan los caballos españoles por el mundo y con ellos el nombre y la marca Extremadura.

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El Club de los Amigos de las Gallinas

Las gallinas han acompañado al hombre, y lo han alimentado, a lo largo de su historia

Las gallinas han acompañado al hombre, y lo han alimentado, a lo largo de su historia

Los amigos de las gallinas, CIAGA (Club Internacional de Amigos de las Gallinas) es un club de románticos y admiradores de las gallinas camperas, que buscan un pretexto para divertirse, defendiendo a unas aves que siempre acompañaron la vida familiar, dando sus huevos y su carne a quienes las crían como uno de los manjares de excelencia en toda la historia de la humanidad.

El pasado día 5 de junio, en la finca El Rañaco, de Pedro Pazos, conocido de ustedes en este Blog, tuvo lugar el primer encuentro de unas gentes que quieren promover el huevo de campo e ir consumiendo cada vez menos los huevos de granja intensiva. Hacía falta encontrarse en un marco especial, en el que las buenas tradiciones y los mejores alimentos locales y artesanos, presidieran esa pequeña fiesta de creación de un Club sin burocracia alguna, sin estatutos y sin cuotas, que congregue a gentes que tienen una sensibilidad y aficiones comunes, y un sentido festivo de la vida.

Tras un período de intercambio en las redes sociales, en el que las imágenes de gallos, gallinas y pollitos se intercambiaron entre ellos, fue cogiendo fuerza la idea de crear este Club, al que se pone pomposamente el título de Internacional, porque desde el principio están presentes en él amigos de Portugal, Suiza, Italia, etc. y sobre todo de Extremadura. Ahora, poco a poco, se pretende ir dando a conocer el fabuloso mundo de la avicultura, con historias que enternecerán y hasta sorprenderán a quienes lo forman y a quienes lo sigan en el Grupo Abierto que se ha creado en Facebook

Hay un hombre, un investigador del INIA, fallecido hace unos años, Don Fernando Orozco, que dedicó su vida a las gallinas y que ha dejado reflejada en su obra una tarea digna del mayor reconocimiento. En sus trabajos de campo, cuenta cómo fue recorriendo cortijos por los campos de Extremadura para ver cómo en ese mestizaje de razas gallineras todavía podían encontrase ejemplares de algunas razas autóctonas concretas, como es el caso de la “castellana negra”, la “andaluza perdiz”, o la “franciscana” o “utrerana”, que habían sido gallinas populares por todo el suroeste español y muy queridas por sus rusticidad y adaptación al clima, que acompañaron siempre a la familias campesinas formando una parte importante de su sustento.

A este autor piensan dedicar sus primeros textos de divulgación, ya que fue el creador e impulsor de la gallina “extremeña azul”, en una tarea sin prisas, que sirva de información y divertimento a todo el grupo de amigos que en estos momentos se aproxima al centenar.

A lo largo de la jornada de constitución en El Rañacose pusieron en común viandas y guisos, provenientes de las distintas comarcas, que hicieron las delicias de los asistentes, demostrando una vez más, la riqueza culinaria de una tierra tan llena de buenos alimentos, que todavía se conservan a pesar de la industrialización cada día mayor de los productos alimentarios que llegan a nuestra mesa. En la sobremesa se cantaron jotas, canción española y hasta tangos, que dieron la nota musical a quienes saben disfrutar del arte del buen comer y el buen vivir.

El broche final lo pusieron los amigos del Alentejo (Arronches) aportando buena literatura popular, relativa a esa querida comarca de la Raya Portuguesa y los de Fregenal obsequiándonos con la revista literaria Saber Popular, incluyendo el Refranero de Agricultura, con  más de 500 refranes que encierran el conocimiento y la imaginación legados a través de los siglos, de toda una cultura rural que algunos dicen que está condenada a desaparecer.

Un momento del primer encuentro de los amigos de las gallinas en Extremadura.

Un momento del primer encuentro de los amigos de las gallinas en Extremadura.

A partir de ahora la tarea es buscar nuevos escenarios de fincas o dehesas modélicas en las que seguir celebrando estos encuentros, con el ánimo  de aprender y divulgar todos estos tesoros, en el que el huevo y la gallina estarán siempre presentes. Ni que decir tiene que el huevo estuvo en la mesa del Rañaco, en forma de huevo relleno (comida popular en la romerías de nuestros pueblos), tortillas de espárragos y gurumelos empanadillas, ensaladas, etc. e hizo las delicias de todos, junto a la patatera, la chanfaina,  la lengua estofada, la mandanga y el ajoblanco y el gazpacho de cerezas. Todo ello con la cerveza artesana Sevebrau y algunos vinos pitarreros y de algunas bodegas y variedades autóctonas, cerraron una jornada inolvidable.

Por último, conviene destacar la iniciativa desarrollada en este Club, consistente en el trueque. Esta actividad, practicada desde los tiempo más remotos, consiste en el intercambio de productos entre los amigos que tienen manjares distintos y se lleva ya un tiempo practicando. Huevos por naranjas (las hay excelentes en distintas zonas extremeñas). Huevos por cerezas, verduras, frutas, criadillas, cecina, quesos artesanos, espárragos (blancos, verdes y silvestres), cervezas, vinos, licores (hay una destilación artesana excelente en algunas zonas). Todo ello está abriendo unas expectativas prometedoras al recuperar una forma de relacionarse que no sólo no debe perderse, sino que debería promocionarse cada día más.

Esta pequeña historia del Club Internacional de Amigos de las Gallinas (CIAGA) no ha hecho más que empezar. Esperemos que nos permita relatos en este Blog tan placenteros como el que hoy les cuento.

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A por el jamón de oveja merina

Los jamones de oveja merina enel secadero.

Los jamones de oveja merina en el secadero.

Faysal Mrad Dali es un belga-tunecino pionero de la charcutería Gourmet pensada para el mundo musulmán. Desde principios de 2015, Jaume Garicano es su socio colaborador, catalán amable que me explica los  pormenores de este proyecto. Y Miguel Cabello es el primer personaje con el que abrí este Blog del diario HOY. Ganadero tradicional, rey de las ovejas merinas negras en España, y de otro puñado de razas ganaderas autóctonas por las que se le conoce en todas partes.

Hace tiempo que Miguel, visionario del sector ganadero, viene hablándome de la necesidad de estrechar lazos con el mundo musulmán  para dar salida a los corderos y a las canales pesadas de nuestra cabaña ovina, dado el escaso consumo en España y en Extremadura de esta especie. Pero hace unas semanas me enseñó una foto que me impactó: Una red de perniles (jamones) de merinos negros, colgados en un secadero de la mejor zona de curación de jamones y embutidos, como es Cumbres Mayores, donde Faysal y Jaume curan sus chacinas de cordero, cabra y añojo.  Desde entonces no he podido resistir la tentación de traer a este Blog el relato de una experiencia impulsada por gentes que merece la pena conocer y seguir.
Faysal, el belga-tunecino, lleva diez años dándole vueltas al tema de una charcutería natural, conservada solo con sal y especias, sin ningún otro conservante, según las recetas tradicionales de nuestro terruño, pensada para el mundo musulmán. A esta idea va unida la de seleccionar bien los animales, materia prima de este producto ecológico y gourmet, en el mejor sentido de ambos conceptos: animales criados y alimentados naturalmente. Jaume, el catalán,  compartía los mismos ideales y deseaba unirse a este novedoso proyecto.

Faysal Mrad Dali y Miguel Cabello observan las ovejas merinas.

Faysal Mrad Dali y Miguel Cabello observan las ovejas merinas.

En cuanto se informaron por la Asociación Nacional de la Raza Merina vieron que el tronco racial de las merinas negras, es la base de esta raza ganadera autóctona, y que Miguel Cabello es un ganadero que ha sabido hacer uno de los mejores rebaños que existe en España y lo maneja en una zona, “La Siberia”, excepcional en cuanto a pastos, clima y naturaleza, bondades que se transmiten a los productos y luego a los comensales.

Y así nació el principio de esta buena amistad que ya está poniendo un bello proyecto en marcha. El salchichón es el primer producto cuya elaboración y curación ya está terminada, pero también elaboran chorizo, panceta, lomito, morcón y cecina. De todas formas el producto estrella va a ser el jamón de merino, del que cuelgan en estos momentos los primeros mil perniles en los secaderos.
Lógicamente realizan el sacrificio HALAL, en mataderos certificados, como es el caso de OVISO en Extremadura. Este rito exige que el matarife sea musulmán y trata de darle valor y agradecimiento ante Dios (Alá) a la muerte del animal, que ha de desangrar bien. Pero para Faysal, Halal significa también elegir el mejor animal criado de la manera más natural posible.

Este belga – tunecino va a abrir la primera tienda en Bruselas con su marca BALKIS GOURMET  y su lema, “ahora sí podemos”,  pensando en que ya los musulmanes podrán comer unos huevos fritos con chorizo, jamón, o panceta.

 

Las ovejas merinas pastan en la finca de Miguel Cabello en La Siberia.

Las ovejas merinas pastan en la finca de Miguel Cabello en La Siberia.

Esta iniciativa no se limita al mundo musulmán, tienen clientes de todos los horizontes culturales. Recuerdan e invocan el espíritu de AL ANDALUS,  donde tres civilizaciones supieron convivir durante siglos y compartir tantas cosas de la vida cotidiana.  A partir de ahora irán extendiendo sus productos para una red de clientes, no solamente musulmanes, y Miguel ira adaptando sus producciones ganaderas al ritmo que la demanda vaya exigiendo, para toda esta gama de embutidos y piezas nobles que abren un espacio nuevo de comercialización para ovinos, caprinos y vacunos, producidos en sistemas de manejo extensivos.

Ello implicará el entendimiento con otros actores del mundo ganadero y exigirá presentarlos también adecuadamente en los circuitos de la gastronomía y la cultura de los alimentos tradicionales.

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Carlos, hortelano, viticultor y avicultor: un parado de lujo

Carlos Moreno con sus viñas recién podadas.

Carlos Moreno con sus parras recién podadas.

Carlos Moreno es un “coronel” de La Coronada afincado desde hace muchos años en Don Benito. Instalador y reparador de electrodomésticos y antenista de televisiones, no hay artilugio en una casa que se le resista, al tiempo que es capaz de recuperar o reciclar muchos de los cachivaches que han sido desechados por viejos. La historia es que, después de trabajar 31 años en una empresa de este sector, fue despedido como consecuencia de “la crisis”.

Ahora, con 55 años, a pesar de ser conocidas sus habilidades y su pericia profesional no encuentra ya trabajo, lo que cuestiona las buenas perspectivas económicas que tanto airean algunos. Ni siquiera la eficacia profesional demostrada durante tantos años es suficiente para reinsertar en la vida laboral a un trabajador tan cualificado. Lo cual es una vergüenza para una sociedad que nos está llevando para atrás con salarios de miseria, empleo por horas o días, jóvenes que apenas han llegado a tener vida laboral, y gente mayor que no encuentra trabajo a pesar de sus conocimientos.

Carlos Hortelano

Carlos aprovechó la circunstancia de verse parado de pronto, y organizó bien su huerto, en el que tiene un poco de todo: hortalizas diversas, aromáticas, frutales varios y un pedazo pequeño de viña. Busca semillas antiguas y plantas de todas clases que intercambia con otros aficionados y planifica sus cultivos, de forma que vayan rotando adecuadamente para beneficio del suelo, al que solo abona con estiércol y restos de materia orgánica, haciendo enmiendas calizas cuando hace falta. Siempre tiene algo que llevarse a la boca, aparte de tener los ajos,  patatas y cebollas de cada temporada, lo que unido a los avíos de la matanza, patatera, chorizos y salchichones, hace que siempre pueda improvisarse un buen aperitivo en su casa.

Con su pitarra.

Con su pitarra.

 

Carlos, elaborador de sus propios vinos

De toda la vida ha hecho su pitarra comprando las uvas, y ahora quiere tener su propia cosecha con las variedades que le gustan de su pequeño majuelo. Sólo elabora unos 300 litros para el gasto de casa y la familia, y hacer trueque con algunos amigos. El proceso, según me cuenta, es: recolectar por la mañana temprano, con la uva fresca.

La muele con su despalilladora sacando por un lado el mosto y, por otro, el escobajo. Cuece (fermenta) al segundo día, y cuando suelta el color saca las heces. Hace un segundo estrujado con la prensa, y echa el caldo al cono, donde fermenta entorno a 20 óo 25 días. Luego tapa el cono herméticamente hasta la decantación. Trasiega después a otro cono el vino limpio.

El secreto es que el oxígeno nunca esté en contacto con el vino y tener las vasijas llenas. Luego va embotellando en lotes de 50 botellas, sin utilizar conservantes. Cada año hace finalmente algunos orujos de hierbaluisa, romero, tomillo, higo chumbo, zarza mora, etc. lo que hacen unos finales de comida excelentes y dejan un regusto en el recuerdo imposible de olvidar.

 

Carlos, avicultor

Aparte del huerto y la elaboración de su propio vino, la gran afición de Carlos son sus gallinas, tradición que le viene desde niño en la casa familiar. Hace unos 20 años el Ministerio de Agricultura nos dio un amplio lote de gallinas autóctonas de diversas razas española a varios criadores de La Serena. Allí venían razas como: negra castellana, utrerana franciscana, catalana del Prat (blanca y leonada), Euskal oiloa y Pardo de león. A partir de aquí, Carlos contacta con otros aficionados y crean la Asociación Avícola “El Corral”, de la cual es presidente, y organizan la primera Feria Avícola de Razas Autóctonas en Extremadura, y una de las primeras de España y luego las van extendiendo por otros pueblos.

Tras sus contactos con Fernando Orozco, Técnico del Ministerio de Agricultura y máxima autoridad en materia avícola en España, deciden dedicarse especialmente a la gallina azul extremeña, entrando en contacto con la Consejería de Agricultura de la Junta de Extremadura que quiere facilitarles el material genético que tiene en la Finca de la Orden, aunque ellos valoran más el prototipo racial que han ido consiguiendo los criadores en todos estos años.

Mantienen una gran actividad, participando en todo tipo de exposiciones y visitando asociaciones por diversos puntos de España y consultan publicaciones técnicas y científicas para ir mejorando su actividad. Carlos tiene su incubadora, como otros aficionados y socios con los que intercambia huevo, y van sacando polladas continuamente para ir consiguiendo animales cada vez más mejorados y ajustados a la raza extremeña, con los que han ganado ya muchos concursos.

Junto a su torreta con antena de televisión, paneles solares, depósito de agua, parabólica y ducha.

Junto a su torreta con antena de televisión, paneles solares, depósito de agua, parabólica y ducha.

Carlos, y el futuro

Carlos no sabe qué le depara el futuro profesionalmente. Meterse a emprendedor a estas alturas de su vida no es tarea fácil, dada la enorme competencia existente, el coste del equipamiento necesario para establecerse, y la crisis galopante que sigue, digan lo que digan los políticos de turno.

Mientras va agotando el tiempo de la ayuda al desempleo que percibe, sigue pensando qué va a hacer y buscando trabajo sin mucha esperanza. La realización de todas estas tareas y aficiones  le ayuda a afrontar la situación profesional sobrevenida. Su casa es una buena muestra de recuperación y reciclaje de artefactos domésticos.

Con su matanza, la huerta, las conservas, vinos y licores cada vez que vas a visitarle está garantizado pasar un buen rato,  con buenas viandas y buena conversación. Y no puedes dejar de pensar que estás ante un parado de lujo. ¿Cómo puede esta sociedad prescindir de individuos con esta cualificación profesional y estos valores e inquietudes? Estoy seguro de que algo inventará Carlos para sobrevivir, aparte de mantener su autonomía y autoconsumo de los productos más insospechados que, a la vez, son manjares sólo al alcance de quien sabe cultivarlos y elaborarlos.

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La liebre de Antonio

Antonio en su casa abovedada y suelo empedrado para el ganado.

Antonio en su casa abovedada y suelo empedrado para el ganado.

Antonio García Vallejo es mi vecino, un campesino antiguo que se dedicó con sus tres hermanos a las tareas del campo, además de atender a sus vacas y a un toro semental que cubría a las que le traían otros ganaderos.  Los muchachos de la calle, cuando veíamos al toro salir de casa cogido del cabestro de uno de ellos, nos íbamos detrás, hasta la era Cagancha, donde ya estaba esperándole la vaca con su amo, a cuyo encuentro iba el toro presuroso y cumplía su papel a la perfección.

Tras varios saltos, la vaca quedaba despachada y, tras realizar el pago, cada mochuelo volvía a su olivo y hasta el siguiente encuentro que no tardaría en llegar. Los chavales quedábamos encantados con el espectáculo de ver cómo el toro desenvainaba el cirio colorado, justo en el momento de la penetración, dejándonos ver una parte del semen sobrante, que se caía al suelo rebosante de tanta excitación producida por una vaca que llegaba bien preparada de calor a la cita. Luego ya teníamos tema de conversación para unos pocos de días.

Pasados muchos años quiso el azar que me fuera a vivir justo al lado de la vaquería de Antonio y sus hermanos, que era su propia casa. A ella íbamos a comprar la leche recién ordeñada los vecinos, que ellos nos medían con jarros de un litro, medio o un cuarto, hasta completar la dosis que cada uno quería, sin andar con muchos miramientos.

Hasta hace unos 15 años pudimos tomar leche fresca y con su nata, pero llegó la modernidad y en nombre de la ley tuvimos que ir al “súper” a por la leche esterilizada y envasada, y yo dejé de ir a casa de Antonio, donde pasé ratos muy placenteros, viendo el zoológico que en ella reinaba.

Podría hablarles de sus perros, sobre todo de Pepe, un perro muy especial. De sus borregos, de sus gallinas del pescuezo pelado, de los terneros… pero de lo que deseo hablar es de la liebre de Antonio, porque permanece en mi recuerdo al tiempo que él y yo vamos envejeciendo. De vez en cuando necesito hablar con él de aquella liebre, y siempre está presto a contarme detalles de aquella historia que nunca olvida.

La historia empezó el día en que se encontró a una liebre muy pequeña a la que los cazadores habían dejado sin madre. La crió con leche al principio, y enseguida a empezó a comer hierba que traían a diario con el carro para todos los bichos que tenían en el corral y las cuadras.

Ensayo sobre la liebre.

Ensayo sobre la liebre.

Era una liebre caprichosa, que se había criado entre perros, gatos y todas las bestias que poblaban la casa, pero sólo comía de las manos de Antonio, sin querer trato con ningún otro morador de aquella granja doméstica. Paseaba por las cuadras y el corral sin dejarse pisar nunca por aquellos bichos con pezuñas, y sin dejar de beber leche, incluso cuando ya era una liebre adulta.

Se subía a la azotea del pajar, y allí se aposentaba en un pequeño mirador desde el que observaba los movimientos de la casa, con especial atención a Antonio, que la llamaba cuando llegaba la hora de comer, y allí estaba ella solícita ante su ración, fuera leche, hierbas o cualquier resto de comida que su amo le guardaba.

Cuántas veces he lamentado no haber hecho una fotografía de aquella liebre inolvidable en su balcón, ante la que se me iban los ratos mientras me despachaban la leche. Un día eché de menos a la liebre en su atalaya. y le pregunte corriendo a Antonio: la había corrido un perro, se perdió en la calle, y nunca volvió a saber de ella.

Cada vez que hablamos de la liebre, Antonio se emociona. La crió; la trajo un compañero; la vio parir varias veces; la vio reinar en las cuadras, en el pajar, en el corral… hasta que un día desapareció, dejándole una pena que todavía conserva cada vez que me habla de ella.

Antonio ya se ha quedado sólo. Murieron sus hermanos, y ahora le asisten algunos familiares. Ya no hay animales en las cuadras ni hierba que traer, ni leche que despachar. El carro y otros enseres se vendieron. Ahora, en los ratos al sol de estos días tan largos, recordamos tiempos pasados. La liebre siempre está presente en nuestras conversaciones, y me ayuda a mantener la amistad con un hombre de otra época que ya no volverá, aunque yo conservo la esperanza de poder volver a comprar un día leche fresca, con su nata, para mandar  a tomar por culo a tanto envase estirilizado y a toda la higiene que le acompaña.

Espero que algunos de estos jóvenes que vuelven a la ganadería y queserías artesanas nos la vendan a los consumidores románticos que queremos volver a los tiempos de Antonio. Ya encontraremos la forma de decirle a los burócratas que no debe haber leyes que prohíban volver e tomar leche fresca, con su nata, a las familias que así lo deseamos.

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LA GRANJA-HUERTA DE PACO

Paco Peña con sus ovejas y mastines

Paco Peña con sus ovejas y mastines

Como huerto es perfecto, no he visto otro mejor en Extremadura. Como granja de autoabastecimiento, tampoco está mal. Paco, policía jubilado, también es un personaje peculiar, claro que primero fue agricultor y lo que bien se aprende nunca se olvida. Paco llegó de niño a las Vegas Altas del Guadiana, a Las Casas del Castillo, al lado del Castillo de la Encomienda. Su escuela fue el cultivo de algodón, tomates, pimientos… El arroz se plantaba “a piquete” y se segaba a mano. El maíz se regaba a pie y también las mazorcas se cosechaban a mano.. Eran los primeros tiempos del Plan Badajoz y en él los hijos de los colonos apenas podían ir a la escuela, empezaban a trabajar con siete u ocho años. Y así fue todo hasta la marcha al servicio militar.

 

En 1972, a partir de la vuelta de la mili es cuando estudia para policía, tras un año en la academia da un vuelco a su vida y pasa por diferentes zonas de España, desde Madrid a Bilbao, desde Badajoz a Don Benito Paco ha realizado distintas funciones como policía: motorista, conductor de autobuses, oficial, etc.

 

Cuando su larga vida profesional llegó a su fin Paco, que aún conserva su casa en el Castillo y es casi un museo lleno de curiosidades y antigüedades, se repliega en una parcelita de una hectárea que tiene en las afueras de Villanueva de la Serena, con una casa y dos naves en las que organiza su retiro dorado. Una huerta de unos 800 m2.  Una granja de 7000 metros que siembra de praderas, con cerramiento de maya cinegética. Y todos los aperos necesarios para las tareas de ambas: tractor pequeño, aporcadores hechos por él, arados, rotavator, hoces, guadañas, colección de azadas…etc.

 

Y ahí se produce su reencuentro con su vieja y sabia profesión. El huerto, en una tierra de arena espléndida, es el mejor que he visto en Extremadura. Los frutos que saca de él son bodegones dignos del mejor pintor. Su familia no da abasto para comer tanta exquisitez. Para el excedente, que es mucho, estamos los amigos. El trueque con él está garantizado. Los intercambios continuos nos vienen muy bien ya que  siempre hay diferencias de tiempo a la hora de cosechar. Y el aprendizaje a su lado es un arte.

 

Cilantro, alcachofas, patata, melocotón y ciruelo

Cilantro, alcachofas, patata, melocotón y ciruelo

Si empezamos por las aromáticas allí tenemos: cilantro, perejil, yerbabuena, romero, tomillo, albahaca, apio, toronjil…el berro aun se le resiste pero acabará consiguiéndolo.

 

Las patatas (Jaerla, Desiré y Spunta) son las mejores de este contorno. Y qué decirles de sus alcachofas y sus cardos. Las lechugas (oreja de mulo y rizadas) son las más finas y las escarolas hacen unas ensaladas de lujuria. Tiene toda la familia de las coles y los mejores tomates que imaginarse puedan (rosado, pera, cherry, de cuelga, corrugados…). En pimientos no perdona ninguno (cuatro caras, italiano, morrón, del piquillo, guindas picantes y matanceras…etc.) Berenjenas (negras y jaspeadas) y qué decir de los rabanitos, remolachas y nabos. Las zanahorias en una tierra tan sueltas y con abono de estiércol bien cribado (es un exquisito para el estiércol) no tienen nada que ver en sabor con las industriales del “Súper”. Tampoco le faltan las fresas, acelgas, espinacas, cebollas y puerros. Y las calabazas, algunas han llegado a pesar noventa kilos, sin olvidarse de la cidra para el relleno de cabello de ángel.

 

Patata Jaerla

Patata Jaerla

Luego tiene un par de árboles frutales de cada clase: ciruelo, paraguayos, melocotón, peral, albarillo, manzano, cerezo, granado, olivo, laurel, higuera verde y negra, parras… Aquello es un vergel diseñado y labrado por el agricultor que fue en su etapa temprana de la vida, con la que ahora se ha reencontrado.

 

Alcachofas y cardos

Alcachofas y cardos

La granja es menos pretenciosa, pero en ella no faltan los palomos con su palomar, las gallinas y pollos tomateros, gansos y pavos  y hasta una pequeña granja de caracoles. Pero la reina de sus animales es la oveja, las cabras las tuvo que dejar porque siempre encontraban un hueco para irse a la parcela del vecino y era un disgusto tras otro. En esos 7000 metros vallados tiene una pradera de primor, con 15 ovejas reproductoras que no dejan de darle corderos todo el año, al tiempo que estercolan la tierra con el majadeo y aun le sobra estiércol para la huerta. Imagínense la labor de mejora que está haciendo en ese suelo de pratenses, comido a diente por sus ovejas y con rotaciones continuas, en el que no falta el riego con aspersores en la época en que es necesario. Sus dos mastines las don compañía a todas horas.

 

Calabacines, puerros, sandias-melones protegidos con garrafas de plástico

Calabacines, puerros, sandias y melones protegidos con garrafas de plástico

En fin, que con apenas una hectárea de terreno el amigo Paco se ha reencontrado con sus raíces y es el más feliz de los granjeros y hortelanos, a pesar de las palizas que se pega para obtener sus frutos y para tener en ordenado tanto cachivache ya que es un obseso del orden. Tomarse un vino con él y echar un rato en ese pequeño paraíso es uno de los placeres que tenemos sus amigos y hacer un poco de trueque, que hasta ahora es un asunto en el que hacienda no puede meter mano.

Juan y Paco, al fondo, en la cafetería Las Palmeras.

Juan y Paco, al fondo, en la cafetería Las Palmeras.

 

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Sobre el autor Juan Serna Martín
Va a hacer tres años que inicié este Blog en el diario HOY. Con pausas mayores o menores, según las circunstancias, he ido dando cuenta en él de personas, oficios y productos que han llamado mi atención en mis viajes por los pueblos de Extremadura. Sin periodicidad metódica, intentaré seguir contando las experiencias modélicas que encuentro y los avatares que rodean a cada una de ellas, con la intención de que sirvan de referencia a las enormes posibilidades que tiene esta tierra de ofrecer productos tradicionales o singulares, para la gente que los añora o sabe valorarlos. También para recuperar oficios o actividades cada día más escasas, algunas de las cuales están en trance de desaparición. Vaya aquí mi homenaje a los emprendedores que voy encontrando en el camino.