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Categoría: Vinos y licores
Mis amigos del vino en Extremadura

Amelia Coloma, enóloga de Viñedos y Bodegas Coloma.

Amelia Coloma, enóloga de Viñedos y Bodegas Coloma.

Mi primer amigo en el mundo del vino fue Ramón Sánchez Arroyo (Bodegas Catalina Arroyo). Un personaje tan inolvidable como indescriptible. Farmacéutico y bodeguero, podía más en él el amor a su viña y a su vino que a su farmacia, hasta que finalmente tuvo que venderla para dedicarse de lleno a lo que le gustaba.

Las historias que viví con él darían para un libro si uno fuera escritor, que no es el caso. Pero quiero arrancar este artículo con el recuerdo de este amigo soñador, romántico, anarquista de derechas y personaje literario donde los haya. El me enseñó el catón del vino, esas nociones que un principiante necesita para penetrar en ese mundo. Con él aprendí  a conocer las primeras variedades de uvas y fui testigo de cómo disfrutaba haciendo seguimiento de sus cepas a lo largo del cultivo.

Después me enseñó a catar algunos vinos y a esperar pacientemente a los segundos aromas. Dejo pendientes las historias que podría contar de él, y de los múltiples viajes y aventuras que vivimos juntos y le utilizo hoy como pretexto para ofrecerles este artículo en el que quiero hablarles de mis relaciones con el vino.

Después conocí a un gran cultivador, al viticultor por excelencia. Otro personaje mítico, enamorado de sus cepas hasta límites que no pueden imaginar. Hablo de mi amigo Joaquín Salamanca, el más veterano de los agricultores  ecológicos extremeños. Un hombre al que las satisfacciones de la viña enfrentan con la burocracia administrativa. Y también, por qué no decirlo, con las dificultades del mercado y con la ignorancia de un sector en el que ni los convencionales ni los ecológicos saben apreciar los esfuerzos especiales que entraña este modelo agrícola, cuando se ejecuta con la autenticidad de este viticultor tradicional. También hay historias con Joaquín que espero contar en breve.

De él he aprendido varias cosas: el valor de la uva tempranillo y la eva-beba; de las cepas viejas; de las vendimias realizadas con esmero; y de los sueños de un viticultor al que la burocracia y el mercado le ponen los mayores impedimentos. Tengo la esperanza de que aguante en su lucha y con el apoyo de su hijo,  un joven agrónomo, vean sus sueños realizados en una sociedad del conocimiento, en la que éste sin embargo avanza tan despacio.

Después de ellos he conocido a otros, más de respajilón, de los que también he visto cosas interesantes. Es el caso de la Cooperativa San José de Villafranca, precursores de un vino ecológico, si bien les recuerdo mucho más por un vino que elaboraron en la celebración de su 50 aniversario, que era una joya difícil de olvidar. También conocí a José Luis, Presidente de Viña Oliva y de la Cooperativa Virgen de la Estrella, de los Santos de Maimona, que han hecho una labor importante con los vinos de eva-beba, sin olvidarme de su Maimona Crianza y de sus aceites. Y no puedo dejar de citar a Juan Leandro (Bodegas Romero), que en poco tiempo ha realizado una serie de reformas en su bodega dignas de elogio. Su opción por el vino ecológico me parece encomiable, destacando su Almonazar (reserva), Pradomayo, y el espumoso Burbujas de Eva-Beba.

De vez en cuando veo a Tato en el Hotel Las Cigüeñas (Bodega las Granadas Coronadas), con su vino Torre Julia; a Marcelino Díaz, personaje clave del vino extremeño, con su vino y cava Puerta Palma; y más de tarde en tarde a Isabel Mijares, veterana de la cultura del vino extremeño, nacional e internacional.

Mi mayor hallazgo en los últimos años ha sido encontrar en el Salón del Gusto de Slow Food, en Turín, a Rafael Pérez, español afincado en Zurich  (Suiza) y maestro de los grandes vinos; de los populares; de los vignerons. Él es mi Robert Parcker particular, y a él recurro cada vez que quiero saber algo sobre cualquier vino, en la seguridad de que me dará la información precisa. Rafael es una enciclopedia que vaga por el mundo sin dejar nunca de sorprenderte.

No quiero terminar este periplo sobre el vino sin hablarles de una gran mujer, Amelia Coloma (Coloma, Viñedos y Bodegas), con la que voy a tener el placer de conversar ampliamente en breve, y a la que dedicaré un capítulo de “La Extremadura que viene”. Amelia, que proviene de tres generaciones de bodegueros, es enóloga, cultivadora de sus propias viñas y elaboradora de vinos interesantes que exportan a varios países. De una cultura exquisita y de gran sencillez (por las referencias que voy encontrando), espero me cuente cosas de gran interés sobre el vino en general, sobre el extremeño en particular, y sobre los proyectos futuros que comparte con sus hermanos Helena y Félix.

Seguiremos hablando de vinos, de vez en cuando. No lo duden.

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Eva-Beba, una uva que reivindica su memoria en Extremadura

La uva beba, un manjar delicioso que debería ser promocionado como un producto extremeño de calidad.

La uva eva-beba, un manjar delicioso que debería ser promocionado como un producto de calidad.

La primera referencia que tuve de la uva Eva-Beba me la dio hace muchos años Ramón Sánchez Arrollo, uno de los genios del vino extremeño que nos dejó hace tiempo, pero que tengo siempre en mi memoria. Más tarde pude ver cómo la Revista “Origen”,  en su número 50,  dedicaba un reportaje de dos páginas a contar las excelencias de esta gran uva extremeña, y le dediqué un primer artículo en el diario HOY,  el 24/7/2010, con la información que tenía y, sobre todo, con el testimonio del mejor viticultor que he conocido en Extremadura, Joaquín Salamanca, al que dediqué dos post en mi Blog “Del Huerto a la Granja”.

Entonces supe que la Cooperativa Virgen de la Estrella, de los Santos de Maimona, elaboraba dos vinos con esta uva, “Viña Maimona” y “Eva Dulce”. También, que la Cooperativa Cave San José de Villafranca, elaboraba un vino ecológico, “Eco-Viña Canchal”, con las tres uvas autóctonas extremeñas: pardina, cayetana y eva-beba.

Y más tarde, puede probar el vino espumoso (cava, para que nos entendamos) excelente que hace Bodegas Romero, en El Raposo y que llama “Burbujas de Eva-Beba”. Esta es la lenta evolución de la uva Eva-Beba en cuanto al vino se refiere, que no pasa por ahora de algo testimonial, tras el largo período de tiempo que ha estado en el olvido, como tantos otros grandes productos extremeños.

La gran uva de mesa: Este es el reto que tiene nuestra gran uva extremeña. Si en el pasado fue una de las más apreciadas en España y en los mercados centroeuropeos, ¿por qué no vamos a ser capaces de hacer valer de nuevo esa cualidad, ahora que surgen por todas partes nichos de mercado para productos autóctonos de gran calidad?

Parece ser que tenemos más de 1.000 hectáreas de Eva-Beba en Extremadura. Una estrategia de ir poniéndola en los mejores circuitos comerciales, por fases, empezando por la de mejor calidad, tanto en cultivo ecológico como convencional, sería una iniciativa oportuna e inteligente.

Por supuesto, acreditándola con su merecida Denominación de Origen y con los apoyos necesarios para ello. Ya se hizo una experiencia hace tres años con El  Corte Inglés, que no prosperó porque la empresa elegida para su introducción, al ser una tema menor para ella, quemó la experiencia reteniendo una semana la uva envasada hasta que llegaba al lineal. Para un producto perecedero una semana envasada es letal.

Sin embargo, quedó claro que se trataba de un producto de primor, y sólo había que agilizar su distribución y exposición al público, porque en esa firma comercial tenían memoria de la gran calidad de esta uva.

Ahora, en la presente vendimia, hay una iniciativa preparada con el apoyo de la Fundación Maimona, para que la Eva-Beba sea degustada y conocida por expertos de la agroalimentación, por las autoridades competentes, y por los medios de comunicación a fin de ir dando pasos para dotarla de la comercialización que merece.

A tal efecto se prepara en Mérida un acto gastronómico, en el que estarán presentes los vinos y el cava que de ellas se elaboran, para terminar con la degustación final de la uva, a fin de que ésta sea conocida y valorada en nuestra propia tierra, y los asistentes puedan comprobar por qué esta uva conquistó en tiempos pasados los mejores mercados.  Si se consigue este gran objetivo, será el momento de empezar a preparar los pasos para llevarla donde merece, de forma planificada y con los interlocutores adecuados para ello.

Dicen las malas lenguas que si esto lo cogieran los vascos harían con ello lo que han hecho con el vino Chacolí o el queso Idiazábal, a pesar de ser alimentos de producción limitada. Espero que en Extremadura aprendamos a poner en valor reliquias gastronómicas como la uva Eva-Beba.

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Carlos, hortelano, viticultor y avicultor: un parado de lujo

Carlos Moreno con sus viñas recién podadas.

Carlos Moreno con sus parras recién podadas.

Carlos Moreno es un “coronel” de La Coronada afincado desde hace muchos años en Don Benito. Instalador y reparador de electrodomésticos y antenista de televisiones, no hay artilugio en una casa que se le resista, al tiempo que es capaz de recuperar o reciclar muchos de los cachivaches que han sido desechados por viejos. La historia es que, después de trabajar 31 años en una empresa de este sector, fue despedido como consecuencia de “la crisis”.

Ahora, con 55 años, a pesar de ser conocidas sus habilidades y su pericia profesional no encuentra ya trabajo, lo que cuestiona las buenas perspectivas económicas que tanto airean algunos. Ni siquiera la eficacia profesional demostrada durante tantos años es suficiente para reinsertar en la vida laboral a un trabajador tan cualificado. Lo cual es una vergüenza para una sociedad que nos está llevando para atrás con salarios de miseria, empleo por horas o días, jóvenes que apenas han llegado a tener vida laboral, y gente mayor que no encuentra trabajo a pesar de sus conocimientos.

Carlos Hortelano

Carlos aprovechó la circunstancia de verse parado de pronto, y organizó bien su huerto, en el que tiene un poco de todo: hortalizas diversas, aromáticas, frutales varios y un pedazo pequeño de viña. Busca semillas antiguas y plantas de todas clases que intercambia con otros aficionados y planifica sus cultivos, de forma que vayan rotando adecuadamente para beneficio del suelo, al que solo abona con estiércol y restos de materia orgánica, haciendo enmiendas calizas cuando hace falta. Siempre tiene algo que llevarse a la boca, aparte de tener los ajos,  patatas y cebollas de cada temporada, lo que unido a los avíos de la matanza, patatera, chorizos y salchichones, hace que siempre pueda improvisarse un buen aperitivo en su casa.

Con su pitarra.

Con su pitarra.

 

Carlos, elaborador de sus propios vinos

De toda la vida ha hecho su pitarra comprando las uvas, y ahora quiere tener su propia cosecha con las variedades que le gustan de su pequeño majuelo. Sólo elabora unos 300 litros para el gasto de casa y la familia, y hacer trueque con algunos amigos. El proceso, según me cuenta, es: recolectar por la mañana temprano, con la uva fresca.

La muele con su despalilladora sacando por un lado el mosto y, por otro, el escobajo. Cuece (fermenta) al segundo día, y cuando suelta el color saca las heces. Hace un segundo estrujado con la prensa, y echa el caldo al cono, donde fermenta entorno a 20 óo 25 días. Luego tapa el cono herméticamente hasta la decantación. Trasiega después a otro cono el vino limpio.

El secreto es que el oxígeno nunca esté en contacto con el vino y tener las vasijas llenas. Luego va embotellando en lotes de 50 botellas, sin utilizar conservantes. Cada año hace finalmente algunos orujos de hierbaluisa, romero, tomillo, higo chumbo, zarza mora, etc. lo que hacen unos finales de comida excelentes y dejan un regusto en el recuerdo imposible de olvidar.

 

Carlos, avicultor

Aparte del huerto y la elaboración de su propio vino, la gran afición de Carlos son sus gallinas, tradición que le viene desde niño en la casa familiar. Hace unos 20 años el Ministerio de Agricultura nos dio un amplio lote de gallinas autóctonas de diversas razas española a varios criadores de La Serena. Allí venían razas como: negra castellana, utrerana franciscana, catalana del Prat (blanca y leonada), Euskal oiloa y Pardo de león. A partir de aquí, Carlos contacta con otros aficionados y crean la Asociación Avícola “El Corral”, de la cual es presidente, y organizan la primera Feria Avícola de Razas Autóctonas en Extremadura, y una de las primeras de España y luego las van extendiendo por otros pueblos.

Tras sus contactos con Fernando Orozco, Técnico del Ministerio de Agricultura y máxima autoridad en materia avícola en España, deciden dedicarse especialmente a la gallina azul extremeña, entrando en contacto con la Consejería de Agricultura de la Junta de Extremadura que quiere facilitarles el material genético que tiene en la Finca de la Orden, aunque ellos valoran más el prototipo racial que han ido consiguiendo los criadores en todos estos años.

Mantienen una gran actividad, participando en todo tipo de exposiciones y visitando asociaciones por diversos puntos de España y consultan publicaciones técnicas y científicas para ir mejorando su actividad. Carlos tiene su incubadora, como otros aficionados y socios con los que intercambia huevo, y van sacando polladas continuamente para ir consiguiendo animales cada vez más mejorados y ajustados a la raza extremeña, con los que han ganado ya muchos concursos.

Junto a su torreta con antena de televisión, paneles solares, depósito de agua, parabólica y ducha.

Junto a su torreta con antena de televisión, paneles solares, depósito de agua, parabólica y ducha.

Carlos, y el futuro

Carlos no sabe qué le depara el futuro profesionalmente. Meterse a emprendedor a estas alturas de su vida no es tarea fácil, dada la enorme competencia existente, el coste del equipamiento necesario para establecerse, y la crisis galopante que sigue, digan lo que digan los políticos de turno.

Mientras va agotando el tiempo de la ayuda al desempleo que percibe, sigue pensando qué va a hacer y buscando trabajo sin mucha esperanza. La realización de todas estas tareas y aficiones  le ayuda a afrontar la situación profesional sobrevenida. Su casa es una buena muestra de recuperación y reciclaje de artefactos domésticos.

Con su matanza, la huerta, las conservas, vinos y licores cada vez que vas a visitarle está garantizado pasar un buen rato,  con buenas viandas y buena conversación. Y no puedes dejar de pensar que estás ante un parado de lujo. ¿Cómo puede esta sociedad prescindir de individuos con esta cualificación profesional y estos valores e inquietudes? Estoy seguro de que algo inventará Carlos para sobrevivir, aparte de mantener su autonomía y autoconsumo de los productos más insospechados que, a la vez, son manjares sólo al alcance de quien sabe cultivarlos y elaborarlos.

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Joaquín y Antonio Salamanca: Dos generaciones en la viña

Joaquín Salamanca y su hijo Antonio recogiendo su uva selecta.

Joaquín Salamanca y su hijo Antonio recogiendo su uva selecta.

A Joaquín Salamanca le recordarán los lectores de este blog como “un vigneron extremeño”. Viticultor sabio, heredero de la antigua cultura de la vid que nos legaron los pueblos lusitanos y celtas y que, más tarde, extendieran los romanos, ha sabido conservar el legado aprendido de su padre y ampliado por él hasta convertirse en el viticultor ecológico más antiguo de Extremadura.

Hoy me fui a verle vendimiar en uno de sus pagos de uva eva-beba y me encontré allí con dos generaciones mano a mano, escogiendo con mimo y en cajas pequeñas unas uvas que fueron delirio en toda Centro-Europa como uvas de mesa de excelencia, y que hoy se muelen de mala manera en las bodegas de la zona. Joaquín sigue soñando con su proyecto de producir y elaborar su propio vino.

Su hijo Antonio estudia ingeniería agrícola y enología, para seguir la tradición de su padre e intentar realizar un proyecto de autor que dé a sus viñedos la categoría y el valor añadido que merecen.

Sin embargo, a pesar de producir la mejor materia prima de la zona, embarcarse en una bodega de pequeña escala para hacer vinos de gran calidad exige un esfuerzo inversor de alto riesgo para un agricultor modesto, además de la aventura toda vía más arriesgada de tratar con una Administración que pone todo tipo de trabas burocráticas a los pequeños proyectos, a los que exige tal cantidad de papeles y con tanta inseguridad que tiran para atrás a cualquier emprendedor por mucha propaganda que hagan sobre el emprendimiento.

La figura del vigneron (el que produce, elabora y vende sus propios vinos, según Sloow Food) es tratada en algunos países europeos con gran respeto, y sus vinos son apreciados por los consumidores más cultos y sensibles. Es un nicho de mercado pequeño, pero selecto.

En España y, sobre todo en Extremadura, esto sigue siendo un imposible. La inercia de las viejas cooperativas les lleva a mezclar las uvas buenas con las de menor calidad, despreciando incluso a las de denominación ecológica, y son pocas las se aventuran a hacer, aunque sea en pequeña escala, otros tipos de vino.

Y no les hablo de la recuperación de uva de mesa, como la eva-beba, para mercados de calidad, como se hizo durante mucho tiempo en el interior y el exterior. Si a eso le añaden que incluso algunos operadores del mercado ecológico intentan pagar las uvas de gran calidad al precio mínimo de las convencionales entenderán las dificultades que tienen viticultores como Joaquín, necesitados cada día más de hacer su propio proyecto para escapar de una situación sin salida.

Se da la circunstancia de que este año la Cooperativa San Isidro de Villafranca le está pagando a un precio mejor sus uvas tempranillo, de cepas de más de 50 años, lo que le compensa de sus mayores costes de producción y le estimula para seguir con su modelo agrícola ecológico.

Para hacer una bodega de pequeña escala hoy serían necesaria una inversión de 400.000 a 500.000 euros. Esta debería contar con 20.000 litros de depósitos, despalilladora, equipo de frío y prensa neumática, así como un tren de embotellado adecuado a esas producciones. Si la Administración diera confianza para tramitar sin problemas un proyecto así, y se encontrara la financiación adecuada este proyecto, ya estaría en marcha.

Joaquín con sus vinos artesanos.

Mientras eso llega, Joaquín elabora cada año pequeñas cantidades de vino artesano, con carácter experimental, para asegurarse de que puede hacerse algo distinto, fuera de una Denominación de Origen de la que tienen que prescindir algunas de las principales bodegas extremeñas para conquistar mercados a los que poco ayuda esa Denominación, pero por muchos cantos que se hagan a los emprendedores, sin disminuir la burocracia y crear líneas de financiación adecuadas a estas producciones de calidad, de escalas más pequeñas, no podrán salir adelante los vinos o uvas de mesa que pueden producirse en Extremadura.

Esperemos que la experiencia tradicional acumulada por estos sabios viticultores y el conocimiento técnico de algunos jóvenes vinculados a ellos les lleve a emprender nuevas experiencias que recojan lo mejor de nuestras tradiciones. Aparte de lo que Antonio pueda aprender de la Universidad, verle trabajar en la vendimia con su padre permite pensar que está realizando el mejor máster que un universitario puede hacer de cara al futuro. Las uvas que me traje como trueque de nuestros intercambios puedo asegurarles que bien merecen el mejor de los elogios. Como también lo merece el vino que la Cooperativa de Los Santos de Maimona está haciendo ya con la uva eva-beba.

La última iniciativa que Joaquín Salamanca va a realizar es ver si su proyecto merece el apoyo financiero de la denominada Banca Ética o Banca Verde, especializada en el apoyo a este tipo de proyectos, ya que la Banca convencional no es el mejor conducto para este tipo de iniciativas. Mientras, él sigue soñando con un proyecto que más tarde o temprano verá realizado.

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La maestría del ibérico y la cerveza extremeña

El ganadero Maldonado con los cerdos de raza ibérica.

El ganadero Maldonado con los cerdos de raza ibérica.

Conocí a Maldonado y Seve en distintos eventos. Ambos son personajes de este Blog y es un placer acompañarles de vez en cuando en sus correrías.

A Maldonado le conocí en el Hotel Wellington, en un sarao gastronómico de la alta braga madrileña en la que la materia prima que se elaboraba por grandes maestros (Arzak era el oficiante) era carne de sus cerdos.

A Seve, tras visitar su pequeña cervecería artesana, nos corrimos una fiesta inolvidable en su Stand de la Feria Hispano-Portuguesa (FEHISPOR),  en Badajoz, por la que circularon gentes de todos los pelajes. En ella, su cerveza puso la frescura y el placer de nuevos sabores que muchos no conocíamos en esta bebida y las tapas de ibéricos puros de Maldonado hicieron el resto. Los que pasaron por allí, y fueron muchos, son testigos de unas horas inolvidables, incluso los portugueses, que aportaron al final sus vinos alentejanos y ya no sabíamos si aquello era una monarquía o una república ibérica como dios manda.

A medida que pasa el tiempo ambos personajes van evolucionando y con ellos su arte y su producto. A Seve, una vez que ha corrido todas las ferias y saraos de pueblos y ciudades con su cerveza a cuestas, se la va quedando pequeña Extremadura. Ya se mueve con soltura por Madrid y las cinco cervezas que hoy elabora se van extendiendo como una mancha de aceite imparable, aunque él tenga claro que hace un producto artesano que está reñido con la cantidad.

Su última hazaña es el premio que le han otorgado en Sanghai cuya peripecia es la siguiente: Boris de Mesones, su gran amigo y gurú de la cerveza artesana, que ha sido su maestro, tiene un pequeño Brew-pub en Corea del Sur donde fabrica y vende su propia cerveza; aprovechando una visita de éste a Villanueva hicieron un ensayo para hacer una cerveza Indian Pale Ale con lúpulos americanos.

El cervecero artesano Seve en su taberna.

El cervecero artesano Seve en su taberna.

Después de mandar muestras a distintos amigos expertos coincidieron en que tenía una gran calidad y han decidido elaborarla juntos. Me informó también de que la Brewers Asociations (asociación americana de cerveceros artesanos) organizaba en Corea del Sur la copa del mundo en esta especialidad cervecera. “El itinerario seguido para hacer llegar mi cerveza reduciendo gastos fue de lo más pintoresco. A través de David Castro, maestro de la cervecería La Cibeles de Madrid, llegaron a Denver, donde se celebraba la copa del mundo.

Después de un periplo por diversos aeropuertos de EE UU y Japón llegaron a Corea, desde donde Boris las hizo llegar al campeonato de Sangahi ganando el tercer premio.” El orgullo de Seve es haber ganado un premio en China con una cerveza elaborada en su casa, con su maestro, que ahora se disponen a poner en el mercado conjuntamente.

Maldonado por su parte no para de expandirse por sitios selectos de algunos países, dado el alto valor añadido de sus productos ibéricos, en momentos además difíciles ya que la cabaña de porcino ibérico ha disminuido drásticamente y el precio de los cerdos ha subido casi un cincuenta por ciento. Sus jamones, enteros y con un loncheado especial han salido ya para Hong Kong. En Reino Unido trabaja regularmente con Fortum & Maison, una de las firmas del más alto nivel de alimentos gourmet, y se prepara para iniciar su comercio en Italia con Eatali-Gourmets, cadena extendida por EE UU y otros países.

También sigue dedicando especial interés a Portugal, donde mantiene el doble comercio de venta de sus productos ibéricos a la vez que compra una parte importante de los cerdos pretos alentejanos. Todo ello manteniendo el carácter tradicional y semiartesano de su pequeña industria. Desde el jamón Albarragena de la más alta gama, hasta sus productos más populares, como la patatera y la papada ahumada, Maldonado sigue sacando productos ibéricos puros a un mercado reducido cada día más selecto.

Ahora, en la cervecería Severbrau Tavern, ambos emprendedores ofrecen juntos la cerveza artesana y las tapas de productos ibéricos puros los fines de semana, aunando el genio creador de dos promotores pequeños de grandes productos y demostrando que la productos artesanía alimentaria extremeña tiene espacios de amplio recorrido regional, nacional e internacional, de los que no sabemos hasta dónde serán capaces de llegar.

Estoy convencido de que estos dos personajes, creadores de una artesanía que les abre un espacio propio dentro de dos productos de gran consumo, como son la cerveza y los embutidos y piezas nobles de los cerdos ibéricos, van a dar mucho que hablar en el futuro para bien de esta tierra que no anda sobrada de gentes con imaginación y capacidad de riesgo.

 

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El Miajón de los Castúos: un escaparate de Extremadura en Madrid

 

Cata de productos extremeños en uno de los locales del Miajón de los Castúos en Madrid.

Cata de productos extremeños en uno de los locales del Miajón de los Castúos en Madrid.

Imagínense un sitio en Madrid donde, aparte de ver toda la gama de productos del cerdo ibérico, desde el mejor jamón hasta la humilde patatera, te encuentras con paté de perdiz de Maguilla, pimientos del piquillo de Moraleja, espárragos de La Vera, escamas de sal con aromáticas y especias de Guareña (a la carne le da un toque espectacular), confitura de cebolla y rollito de queso de cabra de Valdecaballeros, mermeladas, picotinas y aguardiente de cerezas del Jerte, bombón de higo de Almoharín, queso de cabra fresco de los Ibores, turrón de Castuera y los mejores vinos y cavas, todo ello elaborado en Extremadura, teniendo como bandera “El Miajón de los Castúos”. Bueno. pues este edén existe, y tiene tres tiendas que son a la vez restaurante, bar de tapas, y terrazas en el entorno del estadio Santiago Bernabeu.

Esta aventura cultural, gastronómica y empresarial, que reúne más de 100 productos excepcionales extremeños se inició hace más de 20 años en Madrid, en la calle Infanta Mercedes (zona de Cuzco), promovida por un grupo de amigos y empresarios también extremeños, que no se lo pensaron dos veces a pesar de que se trataba de un proyecto de alto riesgo montado en la capital de España, donde existe una oferta tan amplia de productos gastronómicos y gourmets con los que había que competir a base de alimentos desconocidos en su mayor parte.

La historia que les estoy contando pasó grandes apuros iniciales ante la imposibilidad de abrirse un espacio y mantenerse con solamente productos extremeños. Tanto, que se planteó su cierre al poco tiempo de su nacimiento. Pero el promotor principal de esta idea, el extremeño Vicente Sánchez-Cano, de Zalamea de la Serena, creía firmemente en el proyecto y planteó a sus socios la compra de todas las acciones para seguir él en solitario con la andadura de una empresa que ahora ha cumplido veinte años. Lo que empezó como una tienda se ha convertido hoy en tres establecimientos situados en la mejor zona de Madrid, con los dos nuevos locales abiertos en Serrano, esquina a Concha Espina, y en Paseo de la Habana junto al Bernabeu.

Uno de sus aciertos fue dirigirse a los madrileños en general, sin agitar mucho la bandera del extremeñismo que, con el tiempo, se ha ido incorporando poco a poco a su red de clientes, siendo no obstante la gente de Madrid la que ha ido reconociendo un espacio gourmet, distribuido en cuatro grandes secciones: Todos los productos derivados del cerdo ibérico, los quesos y las tortas, los vinos y licores y el resto de productos envasados y enlatados desde el pimentón a la miel, pasando por las mermeladas, aceites, espárragos, aceitunas, dulces, etc., procurando que todos ellos fueran productos de calidad y singularidad contrastada, dirigidos a un público con cierto nivel adquisitivo que era el que podía consumirlos.

Una de las batallas más duras ha sido conseguir vender los vinos extremeños. La gente pedía un Rioja o un Ribera del Duero y, en blancos, un Alvariño o un Rueda, pero los vinos extremeños eran desconocidos, de alta graduación, ásperos, duros e incluso caros en la relación calidad/precio. Con el tiempo esto ha ido cambiando. En los últimos años han mejorado notablemente y los bodegueros extremeños van entendiendo que los precios han de ir acompasados con la calidad del producto, aunque sigue habiendo vinos que no guardan todavía esa proporción.  

Entrada del Miajón de los Castúos en la calle Serrano de Madrid.

Entrada del Miajón de los Castúos en la calle Serrano de Madrid.

La historia que les estoy contando está hecha a base de tenacidad y convencimiento por parte de su promotor, que está asumiendo riesgos importantes por sacar adelante un proyecto en el que cree. Vicente es una persona sin afán de notoriedad, que no está pidiendo subvenciones y que sabe los riesgos que entraña emprender una empresa profesional que no debe depender de las ayudas administrativas.

Sin embargo, yo creo que lo que está haciendo es abrir un escaparate para Extremadura y para su sector agroalimentario al que debería prestarse mucha más atención por unos y otros, ya que no andamos sobrados de espacios comerciales de tan alta especialización y en sitios tan excepcionales.

Citarse con amigos en una de sus tiendas, en la del Paseo de la Habana por ejemplo, con cristaleras desde el suelo hasta el techo, sea para ver al Real Madrid, para tener un reunión de empresa, o para cualquier otro tipo de encuentro, es un espectáculo que, unido a los productos que puedas degustar, permanece en el recuerdo y hace más grata la estancia en la capital de cualquier visitante extremeño.

¿Hasta dónde quiere llegar este  emprendedor  natural de Zalamea de la Serena? No puedo imaginarlo. Sé que es una persona de una gran cultura gastronómica, que rastrea día a día los alimentos que se van produciendo en nuestra tierra y que, en cuanto ve algo que sobresale en calidad, lo incorpora a sus tiendas, a las que va ampliando y reformando continuamente hasta convertirlas en un espacio confortable y distinto al mundo de la alimentación convencional.  

Podría haberles hablado de otros muchos productos extremeños que he podido encontrar en El Miajón de los Castúos. Mejor pregunten a quienes ya lo conocen o compruébenlo ustedes mismos cuando tengan ocasión, y verán que Extremadura tiene un universo de alimentos excepcionales que ni siquiera conocemos los que vivimos dentro de ella.

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Sobre el autor Juan Serna Martín
Va a hacer tres años que inicié este Blog en el diario HOY. Con pausas mayores o menores, según las circunstancias, he ido dando cuenta en él de personas, oficios y productos que han llamado mi atención en mis viajes por los pueblos de Extremadura. Sin periodicidad metódica, intentaré seguir contando las experiencias modélicas que encuentro y los avatares que rodean a cada una de ellas, con la intención de que sirvan de referencia a las enormes posibilidades que tiene esta tierra de ofrecer productos tradicionales o singulares, para la gente que los añora o sabe valorarlos. También para recuperar oficios o actividades cada día más escasas, algunas de las cuales están en trance de desaparición. Vaya aquí mi homenaje a los emprendedores que voy encontrando en el camino.