Dos no riñen si uno no quiere

Dos no riñen si uno no quiere. Y el público no quiere, así que la vigente etapa de reflexión discurre por el llano, entre pedaladas de tedio, como si todo estuviese ya más que reflexionado y decidido. En este país hay mucho indeciso de boquilla. Pero, ¿a quién beneficia esta atonía electoral? Al electorado, desde luego, que vive ajeno a los mítines y, posiblemente, también beneficie a los populares. Antes, cuando llegaban estas fechas, la derechona sacaba a pasear al doberman, sediento y sin bozal. Ahora no. ¿El PP, ya no tiene perro? Sí, lo tiene, pero ha cambiado el doberman por un caniche. Se llama Mariano. Ladra mucho, pero no muerde y, sobre todo, asusta menos que Aznar o Casco. La peluquería hace mucho. Incluso la canina. En la Extremadura del PP está Monago, que no es ni doberman ni tampoco caniche, aunque tiene algo de perro de aguas; o por lo menos, de cruceros. Y así pasan los días en esta autonomía nuestra, devorando kilómetros, repartiendo piruletas y aburriendo a los periodistas con la falta de noticias relevantes. No hay ambiente de elecciones. ¿Cuál es mensaje estrella de esta feria de los programas? Ninguno. No hay. Ni hay perrito piloto ni tampoco muñeca chochona. Nada. Eso sí, José Luis Rodríguez Zapatero ya no es Bambi. Para el PP, ZP es Islero. El toro que mató a Manolete.
Jaime Aguilar

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