El cartel esconde al candidato

El cartel esconde al candidato, lo enmascara, lo diluye, lo aleja. Está en la foto, pero no es su vivo retrato. A veces, ni se parece. A Fernández Vara (PSOE) el cartel le aporta humanidad hinchándole los cachetes. A Monago (PP), la americana y la corbata le dan un aspecto de estirado que él corrige mitineando en cazadora. A Escobar (IU), que es un hombre de sonrisa fácil, el cartel le proporciona aspecto de misionero, de sacerdote secularizado, de hombre solidario, pero ajeno a la revolución que presagian las encuestas.
Miguel Celdrán, todavía candidato a la alcaldía de Badajoz, no tiene foto de cartel. En su lugar han puesto la imagen borrosa de un peligrosísimo delincuente que trae en jaque al FBI. El tipo esboza una sonrisa que no llega ni a mueca. ¡Qué horror! Por supuesto, Celdrán es inocente. Al que debería detener el FBI es a su asesor de imagen. Y al fotógrafo. En Badajoz hay una foto decente de un tal Vegas que nadie sabe quién es.
En los pueblos, los aspirantes a alcalde se retratan en mangas de camisa y los alcaldes aspirantes a seguir, en camisa o con americana. No piden el voto, solo se asoman a la cartelería arropados por sus líderes. Parecen más naturales que los candidatos de ciudad, pero tampoco son ellos. En esas fotografías faltan la ropa de trabajo, la furgoneta, el mostrador…
Jaime Aguilar

El rifirrafe de las perras

Vara gana 4.000 euros al mes. No es mucho comparado con lo que ganan muchos alcaldes, consejeros y presidentes autonómicos en España. Pero sí es mucho comparado con lo que gana la mayoría de los extremeños. Es lo que tiene esto de publicar el sueldo, que siempre va a haber alguien que se irrite porque gana menos y cree que trabaja más que tú. Vara quiere que Monago enseñe su declaración de Hacienda, pero Monago se hace el sueco porque sabe que en la vida lo mejor es que nadie conozca lo que ganas: si es mucho, dirán que no te lo mereces; si es poco, dirán que eres idiota. Pero lo importante no es qué gana cada candidato, sino que Vara ha entrado en el rifirrafe de las perras y las acusaciones, que hasta ahora había evitado. Los estrategas aseguran que lo hace para que el foco de la campaña se centre en Monago y en él y se olvide de Zapatero. Lo tiene complicado porque Zapatero llega el miércoles y le va a complicar la estrategia. Las campañas políticas de ganador son aquellas que se hacen con grandes ideas y grandes sentimientos, sin entrar en el cuerpo a cuerpo, que se deja para los aspirantes desesperados. Si Vara cambia de estrategia y ataca puede ser por dos razones: o se equivoca o las encuestas no terminan de estar claras y no queda más remedio que jugar a candidato con incertidumbres.
Quisquilla

Pactos

Pedro Escobar, líder consorte de Izquierda Unida en Extremadura, dice que no pacta. Ni con el PSOE ni con el PP. ¡Que no! Y hace bien. ¿Para qué ir ofertando la honra cuando no hay necesidad? Que esto de las urnas tiene su intríngulis y, a veces, hasta hay que esperar al dictamen de los jueces. Lo mismo decide pactar Escobar, que va por Badajoz, y entra en la Asamblea Víctor Casco, que ya fue líder supremo de los izquierdos en Extremadura y va por Cáceres. Y la verdad, uno no se imagina a Escobar dándole órdenes a Casco. El gordo Casco y el flaco Escobar sentados sobre los brazos del mismo sillón presidencial emeritense discutiendo si sientan como muñeco de vetrílocuo a Vara o a Monago y queriéndole, los dos a la vez, meter el puño bajo los trapos hasta el mismísimo foramen mágnum.
El pacto va a ser la prueba del algodón de estos comicios autonómicos. Si hay necesidad de pactar, Monago gana las elecciones y Fernández Vara la Presidencia. Y si no hay posibilidad de pacto, Vara o Monago-Monago o Vara ganan la Presidencia sin que IU entre en la Asamblea. En ambos supuestos pierden los votantes y militantes de IU, aunque alguno de ellos levante las alfombras del coche oficial y las sustituya por césped de naturaleza búlgara. Del rojo al verde pasando por el amarillo. Es la izquierda unida. ¿Qué fue del PCE?
Jaime Aguilar

Jacuzzi no rima con socialista

Jacuzzi no rima con socialista. Hay que reconocer que los populares pueden jugar al pádel, no decir lo que cobran, relajarse en un jacuzzi y no pasa nada de nada. Pero es que tampoco van prometiendo la igualdad y nadie los cree cuando juegan a ser el partido de los obreros. El PP gestiona y punto, se le vota para eso y si se bañan en un jacuzzi después de jugar al pádel pues bueno, pues vale, pues para eso son de derechas. Pero los del PSOE no lo pueden hacer. Los socialistas tienen que bañarse en la piscina del pueblo y jugar a la petanca.
Es injusto, pero es lo que hay. Por eso le hacen tanto daño a los socialistas las noticias sobre coches oficiales, deportes elegantes (el limite está en las raquetas playeras, el tenis ya es pecado) y baños que vayan más allá de la charca del pueblo o la piscina municipal. El jacuzzi de Feval ni funciona ni se usa e igual ni tan siquiera es un jacuzzi, pero asocia al PSOE con el SPA y eso no lo toleran los votantes: «Míralos, con el paro que hay y estos bañándose».
Vara no se puede ir de crucero, qué le vamos a hacer, ni de montería y si se va a la playa, que no pase de Matalascañas. Se ha olvidado ya, pero ser de izquierdas es una religión, una manera de vivir, una exigencia continua, una coherencia perpetua… O sea, que fuera todos del jacuzzi.
Quisquilla

Ya no hay mítines como los de antes

Ya no hay mítines como los que había antes, cuando la gente iba a ver a Carrillo, para comprobar si era verdad que tenía rabo y cuernecillos, o a Felipe, para ver si era un encantador de serpientes vestido con cazadora, y a Guerra, para arengarle en su ataque a la derecha –¡Dales caña, Alfonso!–, o a Suárez, para verle la cara, o a Fraga, para admirarse de que, en verdad, le cupiese el Estado en la cabeza. La gente ya no va a los mítines a escuchar; va a hacer bulto y a llevarse, si puede, algún recolguín para casa, sea una promesa electoral o un caramelo. Hay programas electorales, pero no se aplaude ni se vota al programa, sino al programador. Mucho más que lo se hará si se gana, importa lo que se ha hecho mal hasta ahora –el PP acusa al PSOE de dilapidar el dinero público en caprichitos muy personales en Feval–, o lo que no se ha hecho: el PSOE le da a Monago 72 horas para presentar su declaración de bienes. Esto no es una campaña electoral, es un ajuste de cuentas. Por muchos discursos y besos y abrazos que se den, el futuro sólo puede ser una prolongación del pasado. José Antonio Monago, por si acaso, va repartiendo piruletas. No le garantizan la victoria, ni tampoco nos asegura que, si gana, será un buen presidente, pero le da apariencia de rey mago en cabalgata: Melchor, Monago y Escobar.
Jaime Aguilar

El PSOE apuesta por el nombre

El PSOE apuesta por el nombre: Guillermo. Lo prefiere a los apellidos. Guillermo suena mejor que Vara y mucho mejor que Fernández. Si se hubiera llamado José Antonio, como Monago, o Juan Carlos, como Ibarra, hubiera sido distinto. Además, lo de llamar por el nombre es muy sociata en Extremadura, donde Sánchez Amor siempre fue Nacho (Nachete para Guille), Heras siempre ha sido Carmen y Elia siempre será Elia. Cada noche te puedes empapar de estos personajes en la programación de Telepsoe. El programa que echan parece una reposición porque Vara dice lo mismo en Trujillo, en Almendralejo o en Azuaga. Y lo que dice parece responder a sus traumas y demonios. Recurre primero a la esencias del PSOE al recordar que hace 132 años Pablo Iglesias fundó el partido. Tras tocar la fibra sensible de la vieja militancia, Vara coloca la guinda que lo llevó al PSOE: pide al auditorio que los socialistas no dejen que la familia la defiendan otros. «A mi familia la defiendo yo», proclama. Vara era del PP en su juventud. Cuando se hizo mayor, se afilió al PSOE. Tenía sus dudas porque pensaba que los socialistas igual no defendían a la familia. Pero su vecino Rodríguez Ibarra lo convenció de lo contrario y Vara se hizo socialista. Ahora, cada noche en Telepsoe, recuerda su conversión y la justifica.
Quisquilla

Pierden las mujeres

Pierden las mujeres. Y por goleada. El número de ellos que encabezan las listas electorales en los municipios extremeños es muy superior al de ellas. Sólo en las ocho ciudades con más población (Badajoz, Mérida, Almendralejo, Don Benito, Villanueva de la Serena, Cáceres, Plasencia y Navalmoral) el tanteo es de 36 varones aspirantes a alcaldes por solo 12 mujeres que van para alcaldesas. La tercera parte. Si se tiene en cuenta a todos los ayuntamientos de ambas provincias, la derrota femenina es aún más hiriente. Hay muchas localidades sin una mujer cabeza de lista. La provincia de Badajoz es más machista que la de Cáceres, pues solo presenta a tres candidatas y a 28 candidatos, a pesar de que tiene cinco ayuntamientos entre esas ocho poblaciones. En la provincia cacereña hay nueve mujeres aspirantes a las alcaldías y ocho hombres. La ciudad más machista de Extremadura es Mérida: ninguna candidata y ocho candidatos. La más feminista, Cáceres, con seis candidatas y un candidato. Y no sólo está solo el varón cacereño en medio de seis Mariaantoñetas, sino que, además, es el candidato de otra mujer: Rosa Díez. O Monago pone en marcha el Instituto para la Recuperación del Hombre Cacereño –el PP es mucho más machista que el PSOE y hay cosas que la izquierda no puede hacer– o el candidato se extinguirá en Cáceres.
Jaime Aguilar

Vara se parece cada vez más a Fraga

Vara se parece cada vez más a Fraga. Va cogiendo ese carisma de patriarca regional al que aprecias más por lo que es que por lo que hace. Su perfil esférico le facilita caer bien y brilla más en el cuerpo a cuerpo de la calle que en la pedagogía política de los mítines. Vara se parece cada vez más a Fraga porque compite con él en kilómetros recorridos, en manos estrechadas, en pueblos visitados, en frases hechas… Es la política del padre o del abuelo. Personajes de respeto cuyas opiniones se acatan porque tienen un halo de infalibilidad papal que el pueblo llano no discute. Tenemos parados como nadie, un PIB renqueante, las pensiones y los sueldos más bajos del país, decenas de empresas cerrando porque los ayuntamientos de la región no pagan un euro… Todo eso da lo mismo si aparece el padre bueno en quien confías porque los otros son iguales, pero este, por lo menos, sabe que te llamas Floriana, Olegario o Diana y te consuela. Es complicado buscarle las cosquillas a Vara por sus propuestas electorales o por su estrategia de campaña. Vara propone refranes que nadie discute en don Benito, «La unión hace la fuerza», desgrana frases juiciosas incontestables en Trujillo: «No quiero fans, quiero compañeros». Así es imposible analizar, comparar, criticar… Fraga y Vara o el arte de consolar.
Quisquilla

Los socialistas ya no entusiasman

Los socialistas ya no entusiasman. Hace tiempo que dejaron de hacerlo. No hay más que asistir a sus actos electorales en Extremadura. Hace nada, el prólogo era un cantautor comprometido, después, mientras hablaban los candidatos, se gritaban consignas contra el capital y contra los fascistas y todo acababa con la concurrencia cantando o entonando la Internacional con el puño levantado y crispado por el sentimiento. La cosa empezó a cambiar cuando los cantautores fueron sustituidos por melosos grupos de música pop y la Internacional dio paso a esa musiquilla de peli de gladiadores que anima los mítines socialistas. Pero bueno, aún resistían los gritos contra los fachas, las banderas rojas y las enseñas republicanas. Todo eso se ha acabado. La utopía socialista se ha hecho tan madura y tan realista que hasta es posible. Y en los prolegómenos, en vez de tenderetes republicanos y posters de Pablo Iglesias, el protagonismo se lo lleva un extraño personaje llamado Míster Guille. ¿Pero a quién se le ocurre cambiar las casetes de Víctor Jara por Míster Guille? Por no haber es que ni tan siquiera hay rock ni pop, sino talleres de baile latino, de risoterapia y de monólogos. Lo del monólogo se entiende pues esta campaña, sin debates reales, parece un Club de la Comedia. ¿Pero la risoterapia?
Quisquilla

Esto es una feria

Esto es una feria. En el tiovivo dan vueltas los mensajes, las frases redondas, los eslóganes de campaña. «Con Guillermo, Extremadura puede más» y más y más, dice el eco. «Razones para cambiar» y cambiar y cambiar y que «Monago (sea) presidente». Para que «lo primero» sea «el empleo» hay que emplearlo primero a él en la Presidencia de la Junta. Nada es gratis en la feria. Las palabras suben, bajan y giran y giran y no dejan de girar en ‘los caballitos’. Siempre con la misma música, siempre al mismo ritmo, alumbradas siempre por los mismos focos y gestionadas por los mismos feriantes. Un poco más allá están los ponis, que mientras dan vueltas a la noria van dejando cagajones malolientes. Es la corrupción del negocio político. Los partidos de medio pelo prueban suerte en la tómbola, a ver si les toca un escaño o, mejor, media alcaldía, y los más pequeños se juegan sus escasos cuartos en las casetas de tiro. Ensayan la puntería y lo mismo se llevan para casa un mechero o un chupa-chups. En la feria hay para todos. Durante estos días, Extremadura es una pista de coches eléctricos y los candidatos se persiguen, chocan y lanzan chispas por arriba y por abajo. ¿Y el electorado? Los votantes ríen subidos al tren de los escobazos, pero hablan poco. Tienen la boca llena con nubes de algodón de azúcar.
Jaime Aguilar